09/05/2026

el llibre de maig, fragment

 

    "Vera usted, no sé si recuerda cuando hubo aquel accidente en Barajas, aquel en el que hubo ciento cincuenta muertos, yo acabé realmente hasta el mismo nabo de la gente diciendo que estaba conmocionada por los familiares de las víctimas y que se sentía solidaria y demás zarandajas de mierda. Qué cojones, a las víctimas no las conocían de nada, y en principio no se tendrían que sentir más o menos cercanos a esas víctimas que a las seis mil víctimas anuales de accidentes automovilísticos o que a las dieciséis mil anuales por enfermedades directamente relacionadas con la
contaminación del aire. Si uno lo piensa a fondo se debería sentir más cercano a las dos segundas clases de afectados, porque, quieras que no, el coche o el taxi o el autobús los coges todos los días y el aire contaminado lo respiras a diario, y estadísticamente, es mucho más fácil que te acabe matando un coche o una insuficiencia respiratoria a que la palmes en un avión. Pero es que el accidente de avión salía a todas horas en la tele, durante una semana no se habló de otra cosa, ponías la radio, encendías la tele, abrías Internet, y que si la caja negra, y que si la identificación forense, y que si las imágenes, y que si las declaraciones de los familiares, y que si las del ministro del Interior, y que si las del presidente de la compañía aérea. La hostia del puto avión ya pertenecía a la hiperrealidad, ya era más real que lo real, los espectadores, los oyentes, losinternautas sentían más cercano el accidente que los problemas desu vecino o de su compañero de trabajo. Imagínese que los mediosnos dieran la chapa una semana entera, veinticuatro horas al día,con la contaminación, y nos sacaran cada dos por tres a la mujer deuno que la ha palmado de un ataque de asma, o de una neumonía,y así nos tienen siete días, que si la saturación del dióxido decarbono, y que si las declaraciones de Al Gore, y que si las deEcologistas en Acción, y que si las de un neumólogo... Pues al cabode una semana la gente se pensaría un ratito lo de coger el coche,digo yo. Pero eso no le interesa al sistema, porque hay que vendercoches. Al sistema le conviene que te preocupes por las víctimas delaccidente aéreo, no que te preocupes por las de Palestina, o por losniños soldado de Nigeria, o por las niñas prostitutas de Camboya opor la trata de blancas en tu misma ciudad. A eso se referíaBaudrillard cuando hablaba de la hiperrealidad, a que los mediosconstruyen una realidad que es más real que la realidad.

    La imagen de los medios tiene que ser de consumo, rápido, desechable, y por lo tanto confortable. O sea, el accidente es triste, pero confortable, no te hace pensar. El problema surge cuando la imagen deja de ser confortable y complaciente. Porque en este momento el público reacciona, toma conciencia y la conciencia entra por los ojos. Por eso nadie vio en la tele a los niños iraquíes destrozados por las bombas, ni los féretros de los soldados regresando al país. No, qué va. Pero a los pobres yanquis les dieron la brasa a muerte con el caso Terri Schiavo. No sé si se acuerda, una tipa que estaba en coma y el marido quería desconectarla y los padres no. Día a día, hora a hora; el presidente y el gobernador firmaron excepciones, el juez las rechazaba, el marido salía en la tele, salían los padres... hasta que esta pobre mujer la palmó de una puta vez sin saber la cantidad de imágenes obscenas que había provocado, en el peor sentido de la palabra obsceno, el que nada tiene que ver con el sexo. Sin embargo, durante esas mismas semanas continuaron muriendo cientos de iraquíes, e incluso de soldados americanos, y ni siquiera fueron noticia, más allá de las estadísticas diarias que se publicaban. ¿Por qué? Porque no eran personas, no eran más que putos números. Y una sensibilidad que sólo se conmueve por las imágenes no se conmueve con los números. Los dos únicos momentos en que el público yanqui reaccionó indignado fue cuando se publicaron las fotografías de Abu Ghraib y cuando se emitió mi vídeo que mostraba a un soldado americano disparando contra un herido. Porque el público es gilipollas, ¿alguien piensa que en la guerra no pasan esas cosas?, ¿alguien cree todavía en ese cuento posmoderno de las guerras higiénicas?, ¿alguien cree de verdad que en una guerra no hay sangre, muerte y dolor? Sí. Muchos. Joder, una mayoría.

    Decía Steiner, creo, que lo que no se nombra no existe. Pero eso ha cambiado. Y ahora es: lo que no se ve en la tele no existe. Lo dijo Baudrillard: La Guerre du Golfe n'aura pas lieu. Y demostró que son los medios los que crean la opinión pública desde la hiperrealidad, que no es más que un puto simulacro, un simulacro infinito de una realidad que se desvanece en las imágenes digitales. Si usted lo piensa, en la hiperrealidad el 11 de septiembre fue mucho más dramático y espectacular que la invasión a Irak, que en la realidad fue mucho, pero mucho muchísimo más chunga. En fin, y dicho en bonito, como lo escribiría Mario en su tesis: es la burbuja digital, producida por los medios, la que forja los imaginarios sociales. No sé si me explico, o si lo dejo claro. Viene a ser que creemos lo que nos cuentan, y no lo que vemos."

Lo verdadero es un momento de los falso
Lucia Etxebarria
Santillana, 2010
páginas 381-384

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