LA FURIA DE LA LECTURA
Por qué seguir leyendo en el siglo XXI
Joaquín Rodríguez
Tusquets, 2021
346 páginas
La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI, es un ensayo , publicado en enero de 2021, del profesor Joaquín Rodríguez.
En la introducción, leemos: “Es un lugar común esgrimir que la lectura es capaz de hacernos mejores, intelectual y moralmente, y todos los planes de fomento y animación se basan, con absoluta ingenuidad, en promover los valores de la bondad, el goce y la erudición. ¿De verdad nos hace mejores personas leer? ¿Es realmente mejor una sociedad de lectores? ¿La lectura nos hace más sensibles, receptivos, compasivos e inteligentes? ¿Son las sociedades con los más altos índices de lectura aquellas donde se promueven, al mismo tiempo, los más altos valores de la dignidad humana? “(pág. 15) - Una cuestión, la de las supuestas bondades de la lectura, que ha sido objeto de controversia recientemente.
El autor ha escrito este ensayo “para reclamar tres cosas: que necesitamos reflexionar sobre la relación que los lectores mantenemos con el objeto de nuestra devoción (…); que necesitamos comprender las razones de quienes no leen (…); que necesitamos adentrarnos en los entresijos históricos y antropológicos de la lectura, para entender la intrincada relación que los seres humanos han mantenido con ella (…). Aspiro, por eso, a que, sopesadas todas esas razones, cualquiera, incluso quienes no leen habitualmente, encuentren razones fundamentadas para hacerlo” (pág. 17); y para ello, destaca, “es relevante examinar algunos hitos relacionados con la lectura, porque la historia nos muestra cosas paradójicas que deberían hacernos dudar de su interés y provecho” (pág. 17).
Joaquín Rodríguez concluye en la introducción que “Es necesario reescribir la historia de la lectura para que la lectura siga teniendo el lugar que merece en una civilización como la nuestra, que vuelve a necesitar que salvaguardemos la condición y la dignidad humanas por encima de cualquier otra cosa. Saber ponerse en el lugar del otro; intentar entender los argumentos del otro; establecer puentes de diálogo a través de las palabras con el otro; consolidar principios éticos y convicciones morales irrenunciables y comunes no sujetos a los a veces caprichosos, y otras arteros, vaivenes de la historia.” (pág. 19)
Por nuestra parte, en esta entrada glosaremos que se ha dicho sobre la lectura, de la mano de una selección de autores:
El pedagogo y educador brasileño Paulo Freire, en su libro “La importancia de leer y el proceso de liberación”, reflexiona : “Creo que mucho de nuestra insistencia, en cuanto a profesores y profesoras, en que los estudiantes “lean”, en un semestre, un sinnúmero de capítulos de libros, reside en la comprensión errónea que a veces tenemos del acto de leer. En mis andanzas por el mundo, no fueron pocas las veces en que los jóvenes estudiantes me hablaron de su lucha con extensas bibliografías que eran mucho más para ser “devoradas” que para ser leídas o estudiadas. Verdaderas “lecciones de lectura” en el sentido más tradicional de esta expresión, a que se hallaban sometidos en nombre de su formación científica y de las que debían rendir cuenta a través del famoso control de lectura. En algunas ocasiones llegué incluso a ver, en relaciones bibliográficas, indicaciones sobre las páginas de este o aquel capítulo de tal o cual libro que debían leer: “De la página 15 a la 37”.”
El teórico literario Roland Barthes en su obra “El placer del texto”, defiende que la lectura no es un acto pasivo, sino que el lector “recrea”, “reinventa” el texto propuesto por el autor. Que la literatura es un espacio de deseo, no solo de significado y que su lenguaje (el literario) puede ser un espacio subversivo, donde se ponen en cuestión las estructuras del poder. Para Barthes, un texto ha de ser abierto, fragmentario, invitando al lector a jugar con él, interpretarlo y dejarse llevar.
Para la escritora Virginia Woolf, en su obra “Como debería leerse un libro”, de 1926, destaca que en el acto de leer no hay reglas ni patrones, que cada uno de nosotros ha de encontrar su camino como lector, su ritmo y su manera de entrar en cada libro, ya que la lectura es una relación única entre lector y autor. Por ello, conseja abandonarse a la lectura, sin ningún tipo de prejuicios ni falsas expectativas, dándole la oportunidad al texto para que nos “penetre”.
La psicóloga y pedagoga argentina Emilia Ferreiro, nos descubrió que el aprendizaje del lenguaje y la lectura no es una habilidad natural, sino que requiere un proceso cognitivo complejo, que los niños piensan, reflexionan y elaboran hipótesis sobre cómo funciona la escritura antes de saber leer convencionalmente, porque no aprenden por “repetición mecánica”, sino porque “comprenden” el sistema de lecto-escritura. Por ello, el sistema de enseñanza debe respetar el desarrollo cognitivo del niño.
Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu la lectura no es una práctica individual sino social, condicionada por el “habitus”; concepto que indica, en primer lugar, que la lectura es una práctica socialmente construida, no un talento natural. Nadie nace con gusto a leer, este se moldea en la familia, la escuela y el entorno social, por lo que cada individuo desarrolla un “habitus lector”, es decir, sus disposiciones que le orientan en cómo, qué y para qué lee. Y ese “habitus lector” está supeditado al capital cultural heredado y adquirido en el seno familiar, el ámbito escolar o institucional que se ha tenido.






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