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15/05/2026

el llibre de juny, context

 


    El último título de la temporada es una obra de teatro: “Historia de una escalera”, de Antonio Buero Vallejo.

    La obra fue estrenada en el Teatro Español (Madrid) la noche del 14 de octubre de 1949, con un clamoroso éxito. El 24/01/2025, unos meses después de cumplirse el septuagésimo aniversario de su estreno, en el mismo Teatro Español y con dirección de Helena Pimienta, se estreno un nuevo montaje de la mítica obra. En la presentación del espectáculo leemos:

    “El tiempo transcurre en esta escalera, verdadera protagonista del drama, mientras confluyen las vidas de sus vecinos; gentes sencillas que, con sus anhelos y frustraciones, tratan de sobrevivir en una sociedad imposible. Un argumento compuesto de pequeñas historias que transcurren durante tres momentos de nuestra historia (primavera de 1919, otoño de 1929 e invierno de 1949) y nos permiten, sin duda, encontrar coincidencias con la sociedad actual tres cuartos de siglo después.”


    El símbolo nuclear de la obra es esa escalera, un «tramo de escalera con dos rellanos». En este espacio tiene lugar toda la acción; se comentan los chismes y se escuchan las discusiones; allí se reflejan los proyectos y los sueños de todos sus vecinos.

    En cuanto a su temática, ¡¡¡¡de rabiosa actualidad!!!!, muestra la impotencia, el fracaso y la frustración que acompaña desde el comienzo a los protagonistas, quienes intentan, en vano, salir de la precaria situación en la que se encuentran, del medio social en el que se desenvuelven y de sus propias circunstancias personales.

    La obra presenta la vida de tres generaciones en un proceso cerrado y cíclico, pautado por la alternancia de dos estados anímicos: la desilusión y el fracaso. El autor, paralelamente, desarrolla una serie de motivos secundarios que concurren en el tema central de la frustración colectiva: la pobreza, las desigualdades sociales, la falta de oportunidades, …

    Miguel Ángel Villena, en su crítica del 8 de febrero de 2025 en “el Diario.es”, titulada: “Alquileres para ricos, juventud sin futuro y la luz por las nubes: en qué se parece la España de hoy a la de 'Historia de una escalera'”, la abre con las siguientes palabras:

    “Personajes atrapados en las carencias de sus viviendas, agobiados por las facturas de la luz y las bajas pensiones; jóvenes con un negro futuro; una sórdida comunidad de vecinos marcada por rencillas, amores y odios e incapaz de escapar de la maldición de una triste escalera. Este opresivo ambiente respira en Historia de una escalera, la obra maestra de Antonio Buero Vallejo escrita hace 75 años. Pero la trama interpela de forma asombrosa a la España de hoy. Helena Pimenta, directora del montaje que puede verse en el madrileño Teatro Español hasta el 30 de marzo, destaca la universalidad y la vigencia de esta pieza de Buero que abarca medio siglo XX. “La obra contiene gran parte de nuestra memoria”, afirma. "



    Raúl Losánez, en su artículo “Crítica de "Historia de una escalera": El público confirma la vigencia de Buero”, publicado en “La Razón”, el 24 de febrero de 2025, leemos:

    “ (…) los espectadores han agotado las localidades para todas las funciones de 'Historia de una escalera' hace ya muchos días. Y pocos habrá que salgan decepcionados cada noche; y menos que cuestionen la vigencia del texto, por más que la acción se enmarque en una particular realidad social y se sitúe en tres momentos temporales muy concretos y ya lejanos: 1919, 1929 y 1949. En efecto, si esta obra, de cuyo primer estreno se cumplen 75 años, merece tener más vida en los escenarios de la que hoy tiene no es porque su autor recrease de manera más o menos afinada un periodo histórico, ni porque hiciese siquiera un retrato más o menos fidedigno de una generación determinada. Lo que hace monumental -e inexorablemente vigente- al Buero de 'Historia de una escalera' es su capacidad para plasmar con extraordinario dramatismo y poética conmiseración, casi a modo de revelación catártica, una de sus grandes obsesiones temáticas: la incapacidad del ser humano para engranar la pureza de los sueños individuales en la maquinaria social y la consiguiente traición moral a sí mismo en el transcurso de su vida.”


    Rocío García, para “El País”, titula su artículo de fecha 27 de enero de 2025, “El escalofriante retrato vecinal de ‘Historia de una escalera’ vuelve a los escenarios 75 años después”

    “ “Hago teatro porque lo necesito. Es mi manera de enfrentarme a las preocupaciones humanas, sociales y filosóficas. ¿Para qué? Para comunicarme”. Las palabras escritas por Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916-Madrid, 2000) rebotan de pleno en la dramaturga Helena Pimenta (Salamanca, 70 años), que se enfrenta por primera vez a este autor clave del teatro en español con la dirección de su obra más emblemática, Historia de una escalera, un escalofriante retrato vecinal de la ante guerra y posguerra española. “Pretendo plantearme problemas y conflictos que padezco y padecen los demás. También lo hago con la pretensión de que los demás lo vean estética y apasionadamente. Busco ayudar a los otros y ser ayudados por ellos”, decía Buero Vallejo. “




25/01/2026

el llibre de febrer, context

 

LA FURIA DE LA LECTURA

Por qué seguir leyendo en el siglo XXI

Joaquín Rodríguez

Tusquets, 2021

346 páginas



    La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI, es un ensayo , publicado en enero de 2021, del profesor Joaquín Rodríguez.

    En la introducción, leemos: “Es un lugar común esgrimir que la lectura es capaz de hacernos mejores, intelectual y moralmente, y todos los planes de fomento y animación se basan, con absoluta ingenuidad, en promover los valores de la bondad, el goce y la erudición. ¿De verdad nos hace mejores personas leer? ¿Es realmente mejor una sociedad de lectores? ¿La lectura nos hace más sensibles, receptivos, compasivos e inteligentes? ¿Son las sociedades con los más altos índices de lectura aquellas donde se promueven, al mismo tiempo, los más altos valores de la dignidad humana? “(pág. 15) - Una cuestión, la de las supuestas bondades de la lectura, que ha sido objeto de controversia recientemente.

    El autor ha escrito este ensayo “para reclamar tres cosas: que necesitamos reflexionar sobre la relación que los lectores mantenemos con el objeto de nuestra devoción (…); que necesitamos comprender las razones de quienes no leen (…); que necesitamos adentrarnos en los entresijos históricos y antropológicos de la lectura, para entender la intrincada relación que los seres humanos han mantenido con ella (…). Aspiro, por eso, a que, sopesadas todas esas razones, cualquiera, incluso quienes no leen habitualmente, encuentren razones fundamentadas para hacerlo” (pág. 17); y para ello, destaca, “es relevante examinar algunos hitos relacionados con la lectura, porque la historia nos muestra cosas paradójicas que deberían hacernos dudar de su interés y provecho” (pág. 17).

    Joaquín Rodríguez concluye en la introducción que “Es necesario reescribir la historia de la lectura para que la lectura siga teniendo el lugar que merece en una civilización como la nuestra, que vuelve a necesitar que salvaguardemos la condición y la dignidad humanas por encima de cualquier otra cosa. Saber ponerse en el lugar del otro; intentar entender los argumentos del otro; establecer puentes de diálogo a través de las palabras con el otro; consolidar principios éticos y convicciones morales irrenunciables y comunes no sujetos a los a veces caprichosos, y otras arteros, vaivenes de la historia.” (pág. 19)

    Por nuestra parte, en esta entrada glosaremos que se ha dicho sobre la lectura, de la mano de una selección de autores:

    
    El pedagogo y educador brasileño Paulo Freire, en su libro “La importancia de leer y el proceso de liberación”, reflexiona : “Creo que mucho de nuestra insistencia, en cuanto a profesores y profesoras, en que los estudiantes “lean”, en un semestre, un sinnúmero de capítulos de libros, reside en la comprensión errónea que a veces tenemos del acto de leer. En mis andanzas por el mundo, no fueron pocas las veces en que los jóvenes estudiantes me hablaron de su lucha con extensas bibliografías que eran mucho más para ser “devoradas” que para ser leídas o estudiadas. Verdaderas “lecciones de lectura” en el sentido más tradicional de esta expresión, a que se hallaban sometidos en nombre de su formación científica y de las que debían rendir cuenta a través del famoso control de lectura. En algunas ocasiones llegué incluso a ver, en relaciones bibliográficas, indicaciones sobre las páginas de este o aquel capítulo de tal o cual libro que debían leer: “De la página 15 a la 37”.”



  

 

El teórico literario Roland Barthes en su obra “El placer del texto”, defiende que la lectura no es un acto pasivo, sino que el lector “recrea”, “reinventa” el texto propuesto por el autor. Que la literatura es un espacio de deseo, no solo de significado y que su lenguaje (el literario) puede ser un espacio subversivo, donde se ponen en cuestión las estructuras del poder. Para Barthes, un texto ha de ser abierto, fragmentario, invitando al lector a jugar con él, interpretarlo y dejarse llevar.







 


   Para la escritora Virginia Woolf, en su obra “Como debería leerse un libro”, de 1926, destaca que en el acto de leer no hay reglas ni patrones, que cada uno de nosotros ha de encontrar su camino como lector, su ritmo y su manera de entrar en cada libro, ya que la lectura es una relación única entre lector y autor. Por ello, conseja abandonarse a la lectura, sin ningún tipo de prejuicios ni falsas expectativas, dándole la oportunidad al texto para que nos “penetre”.









    La psicóloga y pedagoga argentina Emilia Ferreiro, nos descubrió que el aprendizaje del lenguaje y la lectura no es una habilidad natural, sino que requiere un proceso cognitivo complejo, que los niños piensan, reflexionan y elaboran hipótesis sobre cómo funciona la escritura antes de saber leer convencionalmente, porque no aprenden por “repetición mecánica”, sino porque “comprenden” el sistema de lecto-escritura. Por ello, el sistema de enseñanza debe respetar el desarrollo cognitivo del niño.







    
Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu la lectura no es una práctica individual sino social, condicionada por el “habitus”; concepto que indica, en primer lugar, que la lectura es una práctica socialmente construida, no un talento natural. Nadie nace con gusto a leer, este se moldea en la familia, la escuela y el entorno social, por lo que cada individuo desarrolla un “habitus lector”, es decir, sus disposiciones que le orientan en cómo, qué y para qué lee. Y ese “habitus lector” está supeditado al capital cultural heredado y adquirido en el seno familiar, el ámbito escolar o institucional que se ha tenido.








10/01/2026

el llibre de gener, fragment

 

edició alemanya de 2022,
ed. Orlanda
amb traducció de
Michael Erbmeyer


    “Un día me vi. Casi nunca me miraba en el espejo, pero por casualidad tropecé con la imagen de una mujer de pómulos huesudos y pelo enmarañado, con una tristeza en el fondo de los ojos parecida a la que había detectado en los tuyos ese primer día en las tres torres. Fue eso. Más que la delgadez extrema, más que el malestar y la falta de ganas de vivir, descubrir el rastro de tu tristeza en mi propio reflejo me empujó a tomar una decisión. 

    Llamé al hospital en el que había estado ingresada para ver si el psiquiatra que me había atendido seguía trabajando allí. Me dijeron que no, pero que tenía una consulta privada. Llamé y pedí hora. 

    Se alegraba de volver a verme, dijo. Yo sentí que lo había decepcionado, que había vuelto a caer en el pozo de entonces. No he sido valiente, no he sido fuerte, no he podido. Volvieron los recuerdos de cuando vivía con mis padres, de aquel verano infernal, de los gritos y los techos bajos. Me di cuenta de que, aunque hubiera huido de allí y hubiera roto con todo, aunque fuera escritora, estudiante, trabajadora, madre, aunque hubiera superado tantas dificultades, en realidad seguía atrapada en mi litera de color rojo a dos palmos del techo. 

    Empecé a hablar sin parar, ese día y todos los que vinieron. De ti y de mi madre, de mi padre, de nuestra expulsión, de lo injusto que era todo, de la frustración de no poder cambiar las cosas, de que nadie nos comprendiera, de que nadie entendiera nuestra herida. Hablé de los hombres y de sexo, del amor que no existía, le aseguro que no existe, y del deseo y del cuerpo como problema. De que cuando no conseguía contar lo que me pasaba aparecían todos los antiguos demonios y se apoderaban de mi carne y la convertían, otra vez, en un amasijo de hilos entrecruzados que pertenecían a todo el mundo menos a mí. De que no había hecho nada para salvarte. 

    ¿Por qué no te había salvado? Cuando empecé a contarle tu historia, el modo en que te habías comportado en los últimos tiempos, desde que habíamos llegado a Barcelona y habías empezado a liarte con desconocidos arriesgando la vida, cuando dije en voz alta lo que habías estado haciendo me di cuenta: aquello no era libertad ni nada que se le pareciera, todo lo contrario, era un modo de castigarte por el fracaso de tus dos matrimonios: el primero tradicional, con un hombre que te había escogido tu madre. El segundo por amor, un amor de película que luego, en la práctica, se demostró una farsa. Yo siempre te daba la lata con mis inseguridades, mis neuras, te hablaba sin parar y no me di cuenta de que el hecho de que tú no expresaras tu dolor no significaba que tus heridas fueran menos profundas. Trabajar sin descanso para no tener ni un minuto libre para pensar, agotarte en el gimnasio, pedirles a tus amantes que te azotaran y te mordieran hasta dejarte marcada por todas partes, darte atracones que rompían los límites de tu cuerpo, exponerte, no ser más que sexo sobre tus plataformas, restricciones dietéticas y tratamientos estéticos dolorosos, todo eso, absolutamente todo formaba parte de lo mismo: la herida que supuraba, una herida ancestral y profunda que sigue abierta para muchas. ¿Por qué no lo vi? ¿Por qué me creí el cuento de que hacernos daño a nosotras mismas era libertad? Que la libertad era elegir aunque eligiéramos el sometimiento y el maltrato de siempre. Nos liberamos de muchas opresiones, pero no supimos deshacernos del masoquismo que a nuestras madres les había servido para sobrevivir. A ti te mató, ahora lo sé. El dolor, aunque fuera controlado, no resultó sanador a pesar de que lo defendieran teóricas de lo más modernas. A ti te provocó la confusión que te llevó a la muerte, ahora lo veo claro. No dejo de pensar que si me hubiera dado cuenta de esto entonces tal vez hubiera podido salvarte. Pudimos agarrarnos la una a la otra, ese fue nuestro único consuelo, pero nuestra amistad no bastó, no fue suficiente para aguantar tantas embestidas. Y venimos arrastrando la herida desde hace siglos. 

    Al psiquiatra le conté que quería volver a ser niña, dejar todos los problemas atrás, que echaba de menos a mi madre y que quería que me cuidara como cuidan las madres, quería que viera crecer a su nieto, celebrar cumpleaños y fiestas, saber que, si me caía, habría alguien que me sostendría, que sostendría a mi hijo. 

    Le hablé de ti, pero por mucho que lo hiciera no conseguía desprenderme de la culpa. No solo no había atendido tu dolor, es que creía que te había empujado a algo que no pudiste soportar, me había aprovechado de ti. Primero de tu entusiasmo jovial, de tu pragmatismo y tu capacidad de decisión. Luego de tu compañía leal. ¿Qué había hecho yo por ti? Nada, absolutamente nada. ¿Por qué seguía yo viva? ¿Por qué merecía vivir mientras que tú te habías quedado tendida sobre el asfalto para siempre? 

    El psiquiatra me sugirió que te escribiera, que te mandara una carta. Y eso hice. 

    Al final creo que voy comprendiéndolo todo, voy poniendo orden, y dejarlo todo escrito aquí ha aliviado mi rabia, mi tristeza, mi sensación de impotencia. Nada de lo que cuento sirve para cambiar el pasado, pero sí para que quede constancia de lo ocurrido. La verdad profunda de nuestra historia era mucho más simple de lo que imaginábamos. No tenía que ver con el choque de culturas, con la integración, ni con estar entre dos mundos ni ninguna de las cosas que nos han ocupado tanto tiempo. Lo único que queríamos era ser amadas. Tal como éramos, sin más. Sin tener que recortarnos ni adaptarnos ni someternos. Ni tapadas ni hambrientas ni perforadas por mil agujas ni embadurnadas de cremas ni embutidas en telas. Solo con nuestros cuerpos, que somos nosotras, con nuestro carácter, que también somos nosotras, con nuestros pensamientos y nuestras emociones y nuestras heridas, las cicatrizadas y las abiertas. Nada más.”



El lunes nos querrán
Najat El Hachmi
Destino, 2021
Pág. 295-299



07/01/2026

el llibre de gener, lectures

 


    Najat El Hachmi: “Fa temps que busco una paraula que vulgui dir racisme i masclisme alhora”, amb aquest títol encapçalava el Roger Cassany la seva entrevista a l’autora del llibre del mes “Dilluns ens estimaran” per al diari digital "VilaWeb" -publicada el 15/02/2021, guanyadora del premi Nadal d'aquell any.

    A l’inicií de l’entrevista, Cassany pregunta: “ Dediqueu la novel·la “a les valentes que van sortir del camí recte per ser lliures”. Qui són aquestes valentes?; i El Hachmi respon: “Són moltes dones i noies que han viscut situacions semblants a les que apareixen a la novel·la, que s’han hagut d’enfrontar al seu entorn immediat per poder ser allò que eren i, simplement, per poder viure. Són dones que, a més, fora d’aquest entorn immediat, tampoc no han tingut les coses fàcils. S’han trobat amb diverses discriminacions, començant per la derivada del seu origen.”

    L’entrevistador replica: “Valentes com Najat El Hachmi…”, i li respon: “Com moltes dones! I, de fet, depèn com s’entengui la valentia. Jo crec que la valentia no és no tenir por d’allò que passarà ni saber encarar la incertesa, sinó que vol dir aprendre a superar i a sobreposar-se a aquesta por, encara que hi convisquis. Optar per no sobreposar-s’hi i conformar-se amb la repressió té un preu. Sobreposar-s’hi també en té un, és clar. Tot té un preu. Però preu per preu, millor ser lliure, encara que costi, que no pas assumir el sistema de submissió que et proposen.”


    Iñaki Ezkerra, en la seva crítica, publicada al diari “El Correo” de data 27/02/2021, destaca que: 

“ (...) uno de los logros del libro reside en que no cae ni en el panfleto ideológico ni en la habitual y artificial receta de la corrección política, sin complejidades y para consumo facilón de lectores biempensantes. No estamos ante una fría enumeración de injusticias abstractas sino ante una novela en todo el sentido del término, que convierte en sutilmente eficaz la denuncia de estas a través de la narración y la descripción de lo cotidiano, del modo en el que la cultura de la imposición y la represión, la sumisión y la humillación se plasman en las vidas diarias de los personajes y en los detalles más inocentes. Las formas de dominio que sufren esas mujeres le suenan al lector a verdad porque no le resultan del todo ajenas a su cultura sino genuinamente reconocibles. Esto es lo que hace la novela de Najat El Hachmi inapelable. A poco que mire al pasado de nuestro país, ese lector reconoce como menos lejanos de lo que quisiera a esos padres que prohíben a la hija que estudie, se maquille, salga a la calle, trabaje, suba al coche de un hombre y elija al chico con el que casarse o perder la virginidad.”


    Patricia Millán, al seu espai "Relatos en Construcción", entrevista l'autora, titulant l'entrevista "Los lunes nos querrán: hablar de todo y hacerlo bien”.

Vegem-ne un fragment:

    Has escrito un libro maravilloso. El primero tuyo que leo, pero estoy segura de que no el último. Lo he disfrutado mucho. Lo primero que te voy a preguntar es: ¿Por qué parece que no tenemos recuerdos alegres? Dicen los psicólogos que no, que siempre nos acordamos de lo bueno. Pero tu libro no es el recuerdo de lo bueno, es una sucesión de circunstancias que llegan y se sobrellevan como se puede.

    No son buenas, pero el hilo principal, el vínculo de la protagonista con su amiga, es para mí lo mejor que pasa en la novela. Es como si ese tesoro, esa amistad tan única que a veces tenemos la suerte de encontrar, siguiera viva a través de las páginas, a pesar de que todo lo que les ocurre en contra. Al final muchas de las cosas que tenemos que afrontar acaban suponiendo una presión muy importante sobre los vínculos principales que tenemos. El núcleo más profundo de la novela es para mí algo tremendamente alegre y bueno. Pero está sometido a todo ese todo ese contexto que tienen que afrontar ambas protagonistas. Necesitamos conflicto para construir una historia.

    El lunes nos querrán es un cúmulo. Partes un tema que es común a todas las mujeres: el paso de la adolescencia a la etapa adulta sumado a la cuestión del cuerpo, de la obsesión por la perfección física. Por si eso fuera poco, se añade el tema de la libertad en un ámbito religioso que, por mis circunstancias, a mí no me resulta familiar, al menos de primera mano.

    Se van acomodando a las presiones de algún modo. Es lo que nos ha tocado a la mayoría de las mujeres: que sobre nosotras se vaya construyendo toda una serie de estructuras articuladas con normas sociales, con presiones que a veces son explícitas y otras veces son más sutiles, con mensajes que te van llegando desde que eres muy pequeña que dicen que tienes que adaptarte, encajar dentro de unos determinados moldes, cambiar continuamente…

    Si analizamos, al margen del elemento religioso, o migratorio, o la clase social, que también nos condiciona mucho, todo lo que a una mujer, cualquier mujer, normal y corriente, le llega a lo largo de toda una jornada, de una jornada cualquiera, nos daremos cuenta de que nos bombardean todos los días con mensajes que van en esa dirección: hacernos sentir mal con lo que somos, que no sea suficiente. Además, nos transmiten la idea de que si las cosas no nos van bien es porque algo falla en nosotras. El problema no está en lo que ocurre, en cómo está todo organizado. Si no llegas a todo es porque estás mal organizada, no es porque tengas que hacer demasiadas cosas.”


    Al suplement “El Cultural”, del diari “El Español” , llegim la crítica de la Ascensión Rivas , titulada “El lunes perpetuo de Najat El Hachmi” i publicada el 15/02/2021, on afirma que: 

    “La obra de Najat El Hachmi es interesante en lo que tiene de esclarecedora sobre los entresijos de una cultura escasamente conocida fuera de su radio de acción. También porque revela la severa situación de intolerancia que sufren sus mujeres y que supone una destacada aportación a la causa feminista. Sin embargo, el texto resulta plano y en ocasiones parece que su autora no lo hubiera filtrado de forma adecuada. El estilo es simple, a veces con coloquialismos y clichés que lo afean, y que aparecen en forma de tópicos para desencanto del lector.”


    “Najat El Hachmi ahonda en la opresión femenina en su nueva novela

    La escritora catalana de origen marroquí cierra con ‘El lunes nos querrán’, premio Nadal, un ciclo narrativo donde indaga sobre mujer e identidad a partir de su biografía.”

    Així titula la seva crítica Carles Geli, per al diari "El País", de data 13/02/2021:

    “Ya no puedo dar más; he dedicado mi vida entera a pensar mi vivencia y las de los otros y ya está entendido y explicado”, asegura Najat el Hachmi ante su última novela, El lunes nos querrán (Destino; Edicions 62, en catalán), con la que obtuvo el premio Nadal hace apenas un mes. La historia de dos chicas jóvenes marroquíes de una periferia de la periferia que luchan con inocente ilusión para salir de un entorno opresivo y ser queridas y aceptadas con normalidad (quizá en ese lunes del título) bebe del agua del pozo más íntimo de la escritora catalana de origen marroquí (Beni Sidel, 41 años). Ha ido hasta el fondo como nunca. Y ya no hay más porque antes de ahí salieron también El último patriarca (la sombra del padre) y Madre de leche y miel (homenaje a la madre), que, junto con La hija extranjera (los primeros conflictos generacionales) y esta última (la batalla y la angustia profunda de ella) quizá conformen un friso narrativo definitivo del que ahora toma conciencia y que reata en lo ensayístico Siempre han hablado por nosotras. “Lo próximo escribiré otra cosa, algo distinto”, dice.

    Mientras, la lucha de las dos protagonistas de El lunes nos querrán por una vida normal (tomar una Coca-Cola, ver según qué series, ponerse unos tejanos, maquillarse, comer una hamburguesa, hablar con un chico, escoger a su futuro marido…) puede leerse como un homenaje a todas las que han iniciado una revolución silenciosa contra la opresión. De nuevo, feminismo e identidad en la prosa de El Hachmi. “Quería visibilizar estas heroicidades cotidianas, que no lucen ni pasan a la Historia, como un reconocimiento al desencanto que comporta muchas veces esa batalla sorda”. Una lucha clara en los años 90 y cuya transmisión parece haberse difuminado. “Está empezando a ser una herencia perdida porque no se está articulando un discurso que acompañe esa transferencia de experiencias que pasan sólo particularmente de una mujer a otra”. Ella misma es sujeto paciente de esa dificultad. “Si has superado todo esto no quieres revivirlo; cuando he intentado traspasar alguna experiencia a mi hija veo que le provoca un shock que desearía ahorrarle, claro”. Tampoco llega a las jóvenes de hoy porque “la educación actual transmite un legado donde las mujeres, musulmanas o no, no estamos; y si en España ya ha costado dar a conocer el papel de la mujer durante la Transición… Se necesita un cambio en la transmisión de la memoria de valores”, apunta.”




13/12/2025

el llibre de desembre, fragment

 

    “Agnes Bain se puso de puntillas sobre la moqueta y se asomó todo lo que pudo para sentir la brisa nocturna. El viento húmedo le besó la enrojecida piel del cuello y se coló por dentro del vestido. Era como la mano de un extraño, hizo que se sintiese viva, le recordó que estaba viva. Le dio un capirotazo a la colilla y la observó caer dieciséis pisos abajo, resplandecientes ascuas danzando en la oscuridad. Quería que la ciudad viese su vestido burdeos de terciopelo. Quería que los desconocidos la desearan, quería bailar con hombres que la sujetasen con orgullo entre sus brazos. Y, sobre todo, quería tomarse una copa, vivir un poco.

    Estiró las pantorrillas y apoyó la pelvis en el marco de la ventana, levantando el contrapeso que ejercían los dedos de sus pies. El cuerpo se inclinó hacia delante, hacia las luces ambarinas de la ciudad, y la sangre llevó color a sus mejillas. Extendió los brazos hacia las luces y, durante un breve instante, voló.

    Nadie se percató de la mujer voladora.

    Entonces pensó en inclinarse un poco más, se retó a sí misma a hacerlo. Sería tan fácil engañarse, podría convencerse de que volaba y, luego, cuando quisiera darse cuenta, estaría destrozada sobre el asfalto. El piso que aún compartía con su madre y con su padre la asfixiaba. Todo en ese espacio que se abría tras ella le resultaba pequeño. Aquellos techos tan bajos y sofocantes, de lunes a domingo, semana tras semana: una vida comprada a plazos en la que nada parecía pertenecerle de verdad.

    Con treinta y nueve años, un marido, tres hijos, dos de ellos ya criados como quien dice, y todos viviendo en el piso de su madre, Agnes se sentía una fracasada. Él, su maridito, que convenientemente dormía siempre en el borde opuesto del lecho marital, le sacaba de quicio con sus decadentes promesas de un futuro mejor. Agnes quería darle una patada a toda su vida, arrancarla como si fuese papel pintado. Rascar un poco con la uña y tirar.

    Alicaída, regresó a la sofocante habitación, sintiendo de nuevo la seguridad de la moqueta de su madre bajo los pies. Las demás mujeres no la miraron. Malhumorada, deslizó la aguja por el tocadiscos. Luego se echó el flequillo hacia atrás y subió el volumen más de la cuenta.

—Por favor, vamos a bailar un poco.”


Historia de Shugggie Bain
Títol original: Shuggie Bain (2020)
Douglas Stuart
Traduït per: Francisco González López
Editorial Sexto piso (2021)
Pàgines: 27-28

09/12/2025

el llibre de desembre, lectures

 

SINOPSI

    Història de Shuggie Bain és una novel·la tendra i devastadora sobre la pobresa i els límits de l'amor; una narració que, amb la seva compassiva mirada a la dolorosa lluita d'una dona contra l'addicció, la frustració i la solitud, s'erigeix ​​en un homenatge emocionant a la fe indestructible d'un fill que manté flotant la seva mare amb el seu amor incondicional. També és un retrat emocionalment esquinçador d'una família disfuncional copejada per les polítiques de l'era Thatcher i reflecteix fidelment el desolador clima social i anímic de Glasgow i els estralls causats a la classe treballadora.

    El cor de la història és l'enllaç especial i irrompible que hi ha entre Shuggie i la seva mare, Agnes. Tots dos, fràgils i lluitadors. Agnes es refugia en la beguda per suportar el seu buit i els seus fracassos i Hugh Shuggie Bain, un noi dolç i solitari, lluita per convertir-se d'alguna manera en el noi normal que anhela desesperadament ser, però s'ha d'acceptar a si mateix sobreposant-se a prejudicis, assetjament i rebuig.



    Quan pregunten a l'autor quant n'hi ha d’ell mateix en el personatge de Shuggie Bain, contesta:

    “La història de Shuggie Bain és un llibre de ficció es nota en llegir-lo perquè hi ha moltes veus, molts personatges que volen explicar-te coses sobre la Shuggie i la seva mare Agnes i sobre el Glasgow dels vuitanta. Però vaig buscar moltes experiències de la meva pròpia infància per crear la trama.

    Vaig ser un noi que va créixer amb ajuda econòmica dels programes governamentals perquè Margaret Tatcher va desmantellar no només Glasgow, sinó la meva pròpia família i les seves oportunitats. Sóc el fill petit d'una mare soltera addicta des que tinc ús de memòria fins que la vaig perdre ben aviat quan era un adolescent. A més, era gai i parlem d'un temps en què a la classe treballadora la masculinitat era molt estreta així que quan escric d'amor, de pèrdua o de pobresa o d'aïllament, en parlo des de dins.”

LECTURES

A la pàgina “leer es vivir dos veces”, llegim:

“Uno de los libros más duros y más bonitos que he leído.

(...)

    He llorado, he llorado mucho leyendo el libro y ahora mismo, mientras escribo esta reseña, tengo de nuevo el corazón encogido releyendo algunos párrafos que subrayé en su momento. Es un libro bellísimo, con dos finales. El primero es lacrimógeno al máximo y el segundo deja una tímida sonrisa esperanzadora. El segundo final es con el que Stuart redimensiona el caso particular en caso social. Desgraciadamente hay muchos Shuggies en el mundo; muchos niños y niñas que sufren una violencia estructural de un sistema podrido. Stuart pone el enfoco en tres de los grandes problemas de las sociedades actuales: la homofobia, la violencia contra las mujeres y las consecuencias de la crisis económica en las clases bajas. Pero lo hace a través de una historia conmovedora. Y eso enfada y agita al lector porque personaliza el drama, nos enrabieta y queremos abandonar la novela casi al empezarla; pero os anima a seguir, sufrid con Shuggie, enfadaos tiernamente con Agnes y entended su situación, despreciad a los hombres de Agnes, y a las vecinas, y a los hijos de los mineros, pero intentad hacerlo sin juzgarles severamente pues, todos en este libro, son víctimas de algo que les sobrepasa. “


El Sergi Sánchez, a “El Periódico” del 14 de setembre de 2021, a la seva crítica de la novel·la diu:

    “La espléndida novela de Douglas Stuart, ganadora del Booker, carga contra la política social de los 80 en Gran Bretaña

    Cuesta cruzar el pasillo empapelado, con un denso olor a humedad, que nos conduce a esta espléndida novela. Huele a alcohol y a tristeza, y todo en ella está grasiento, tanto el carmín como el ‘fish & chips”. Es ese realismo social tan británico que Irvine Welsh heredó del nihilismo del ‘punk’ y de los jóvenes airados del teatro de fregadero (John Osborne, Joe Orton). Son las desgarradoras fotografías de Richard Bilmington -ceniceros a rebosar, sofás raídos, un hombre desdentado apurando una botella de whisky barato- que cristalizaron en una película que podría haber escrito Douglas Stuart, 'Ray & Liz'. El mundo que retrata 'Historia de Shuggie Bain' es sucio y sombrío y, sin embargo, es una novela sobre el amor, el cuidado, el sacrificio. Hay violaciones, incendios, abusos, adicciones y homofobia, pero lo más admirable es que el tremendismo de los hechos que cuenta “Historia de Shuggie Bain” nunca resulta grotesco ni efectista.”


    El Javier Aparicio Maydeu, a “El País", a l’article que titula “Como terciopelo abrasivo”, de data 17/09/2021, escriu:

    “La delicada sordidez textual lograda por Douglas Stuart no es sino el resultado de una variedad tonal y un sabio equilibrio entre lenguaje arrabalero y lirismo.

    Historia de Shuggie Bain es una narración de inequívoco carácter autobiográfico, y cuenta la infancia de un niño que crece en la decadente Glasgow de la reconversión industrial de los años ochenta, bajo la depresión en la que Thatcher sumió al Reino Unido, sufriendo el acoso de los otros chicos, que no ven en él sino a un mariquita, y cuidando de una madre que lucha contra el alcoholismo mientras fracasa a la hora de asumir que su marido mujeriego y sin escrúpulos abandonó a la familia. Shuggie es un niño asfixiado por su aciaga existencia, pero es un niño al fin y al cabo, y el autor ha sabido conferirle a su texto la frescura infantil, y más tarde adolescente, que ilumina la oscuridad del drama con frases de una asombrosa naturalidad que en ocasiones provocan la sonrisa inevitable de quien lee que es “imposible empezar bien ningún día con seis docenas de pollos crudos”. Detrás del escenario en el que se representa sobre todo una historia de amor entre un niño y su madre, envenenada por la necesidad de hacer frente al alcoholismo, a una masculinidad tóxica y a la homofobia, se siente la tensión social entre católicos y protestantes, y se advierte una feroz crítica política del thatcherismo que también puso en evidencia el fracaso de la idea de familia.”


    Iñigo Urrutia, a “El diario Vasco”, comença la seva resenya, de data 18/09/2021

    “Douglas Stuart y una atroz infancia en carne viva. El escritor retrata la dura experiencia de un niño “diferente” que trata de salvar a su madre alcohólica en un Glasgow obrero noqueado por el thatcherismo.

    Los episodios de violencia física y sexual, domésticos y callejeros, de los que serán víctimas madre e hijo impregnan la novela de una atmósfera de degradación, a la que también contribuyen personajes secundarios —canallas, abusones, maledicentes, y un lenguaje descarnado, cuando no brutal. No puede ser de otro modo para reflejar con un auténtico hiperrealismo una infancia atroz y, atravesada de un amor no correspondido.”






17/11/2025

el llibre de desembre, context

Glasgow, dècada 80s segle passat.
Imatge del fotograf francès Raymond Depardon


    Douglas Stuart, al seu assaig Poverty, Anxiety, i Gender in Scottish Working-Class Literature (Pobresa, ansietat i gènere a la literatura de la classe treballadora escocesa), publicat a l'espai Literary Hub, afirma que:

    "… al govern conservador al poder no li importaven en absolut els treballadors pobres i honrats. Es van dedicar a privatitzar la major part de la indústria manufacturera, eliminant tot suport als sindicats. En fer-ho, Margaret Thatcher va delmar la classe treballadora. Les seves polítiques van arrasar amb tota la indústria pesada de la costa oest d'Escòcia al lapse govern dividit per la distància i les diverses classes socials. Acer, vaixells, carbó, tot va desaparèixer on van anar i van caure en la desocupació crònica.

    La costa oest d'Escòcia a les dècades de 1970 i 1980 era una zona assolada per la desocupació massiva, barris marginals i una decadència generalitzada. L'absoluta manca d'oportunitats va propiciar dècades d'alcoholisme i de drogoaddicció que van reduir l'esperança de vida a alguns dels nivells més baixos d'Europa Occidental. L'efecte Glasgow descriu els factors invisibles que disminueixen l'esperança de vida d'un home en funció del tipus d'habitatge on resideix. Fins i tot avui dia, un home de la precària classe baixa de Glasgow morirà aproximadament onze anys abans que un home que encara conserva una feina i una mínima esperança.”

    Vegem aquest “Efecte Glasgow” que esmenta el nostre autor.

    A l'article “Historia de Shuggie Bain: clase e identidad en el Glasgow de los años 80”, publicat a la revista “El Salto”, per Pedro Luna Antúnez, el cinc de gener de 2022; llegim:

    “Las reconversiones industriales de finales de los años 70 propiciaron en 1979, cuando Margaret Thatcher accedió al poder, una caída de la producción industrial del 10% y un aumento de la tasa del paro del 141%. En 1982, Gran Bretaña ya contaba con más de tres millones y medio de parados. Ello unido una la elevada inflación y a la subida generalizada de los precios provocó que amplios sectores de la población acabasen sumidos en la marginalidad y dependiendo únicamente del colchón de unas precarias prestaciones por desempleo. Esta situación de vulnerabilidad social se hizo notar de manera muy palpable en el norte de Inglaterra y en Escocia, donde la industria pesada y en especial la minería habían sido elementos de cohesión y progreso para comunidades enteras. Tras el desmantelamiento de ese tejido industrial no fueron pocas las comunidades y los barrios que quedaron excluidos de un Estado del bienestar que parecía tener los días contados. Fue en este crudo contexto social en el que creció Shuggie Bain, y como el propio autor describe en la novela, predominaba en los barrios obreros de Glasgow una sensación de frustración y fracaso que hizo que la falta de trabajo fuese sustituida por el alcohol.”


    Ángel Villascusa, signa l'article " Las políticas económicas que hundieron Glasgow", publicat a la pàgina de la cadena SER el setze de setembre de 2014:

    “Desde que cerraran las empresas industriales, el número de desempleados se ha multiplicado. Hoy Glasgow tiene una tasa de paro dos veces mayor que la media del país. También ha aumentado dramáticamente el consumo de drogas y alcohol.”


Glasgow, dècada 80s segle passat.
Imatge del fotograf francès Raymond Depardon


    Al diari "El Mundo" llegim l'article "La adicción como refugio del paro", de Daniel Moltó, de data dos de març de 2014:

    “...la directora de Proyecto Hombre, Consagración Jareño, matiza que este es un problema que «puede afectar a todo el mundo», pero subraya que el riesgo es aún mayor cuando se carece de la estabilidad que ofrece un trabajo.

    El atolladero del paro también dificulta el combate contra la adicción. "Antes, muchos usuarios de los programas de rehabilitación y reinserción social mejoraban más rápidamente porque tenían un empleo que les proporcionaba esa red de seguridad. Ahora es común que acaben el tratamiento y sigan sin encontrar empleo, por lo que es más fácil recaer"”


Glasgow, 1980
Raymond Depardon


    Douglas Stuart, a l'assaig esmentat al principi d'aquesta entrada, reflexiona:

    “És difícil trobar alguna cosa positiva enmig de tanta privació, però si n'hi ha, potser és que aquestes condicions van establir les bases perquè germinessin algunes obres mestres absolutes de la paraula escrita.

    El plaer de la lectura va arribar a mi molt més tard. Quan un creix en aquestes circumstàncies, pot ser difícil trobar la pau necessària per refugiar-se als llibres. Els llibres són una via d'escapament, sí, però només quan vaig començar a veure el meu propi món, la meva pròpia gent, reflectida a les pàgines que tenia davant meu, vaig descobrir el veritable poder de les paraules. Els llibres són una finestra, un somni, una educació; però de vegades, i això és igual d'important, són un testimoni que nosaltres, i els qui som com nosaltres, som aquí. Aquests són els llibres que em fan sentir compres”.

    I aquests són els llibres que esmenta al seu assaig:

How Late It Was, How Late (1994) de James Kelman (1946), novel·lista, contista, dramaturg i assagista escocès.

    Stuart diu del llibre: “Aquest és un llibre directe i sense embuts, que alguns han descrit com a incòmode. Personalment, ho considero un gran elogi, no una crítica. Sammy, un borratxo empedreït de Glasgow, acaba de despertar en una cel·la policial després de diversos dies de gresca. Desperta completament cec, i el que passa a continuació es torna encara més estrany mentre intenta trobar el camí a casa, bregar amb la seva nova discapacitat i localitzar la seva núvia desapareguda.

    La peculiar parla de Glasgow ressona a la teva ment mentre recorres la ciutat amb Sammy, i t'endinses més en la seva ceguesa i paranoia a mesura que toreja amb burocràcies ineficients i policies malèvols.

    Quan vaig llegir aquest llibre per primera vegada, em va emocionar i va sorprendre alhora que hagués guanyat el Premi Man Booker. És ben sabut que va dividir el jurat entre els que van reconèixer la seva genialitat i els que es van retirar en senyal de protesta per considerar-lo vulgar, obscè i de baixa estofa, en el dialecte quotidià i vulgar; literalment, un «vandalisme literari».

    Com a escriptor escocès-nord-americà, les crítiques a aquest llibre em van deixar sense paraules. En els meus pitjors moments, de vegades em sento indigne; sento que la meva llengua regional no té prou qualitat per plasmar-la en el paper. És llavors quan penso en aquest llibre i en recordo la força. Kelman va escriure cada paraula amb veritat, i ho va fer de manera brillant. És una obra de ficció inoblidable.”


    The Trick Is to Keep Breathing (1989) de Janice Galloway (1955), va treballar com a professora durant deu anys abans de dedicar-se professionalment a l'escriptura. Aquest va ser el seu primer llibre publicat.

    Opina Stuart del mateix: “«He perdut la comoditat de sentir-me jo mateixa». Joy —un nom inapropiat— s'ensorra. Està de dol per la mort de la seva mare i l'ofegament accidental del seu amant casat, mentre sucumbeix a un aïllament creixent i una depressió alimentada per l'anorèxia i l'alcoholisme.

    La primera vegada que vaig llegir aquest llibre era massa jove per apreciar-ne el realisme psicològic. És un retrat impactant i amb un humor negre sobre la malaltia mental, la solitud i el malbaratament. Va guanyar el premi Whitbread a la millor primera novel·la perquè Galloway escriu amb una claredat sorprenent. Em meravella la proximitat amb què Galloway toca cada sentiment en carn viva.

    A la literatura del nord d'Anglaterra abunden els relats sobre l'ànima turmentada, l'alcohòlic. Però sol ser home, i en la seva misèria podem empatitzar amb ell, i, com a homes, ho acabem perdonant. Resulta pervers veure una dona passar per la mateixa autodestrucció. Està malament, però d'alguna manera hom sent més decepció per la seva lluita. Tot i això, aquest és un tabú nociu.

    Vaig créixer envoltat de dones que s'ensorraven, no només a casa meva, sinó als carrers limítrofs. A principis dels 80, sempre semblava haver-hi una mare, una esposa, esfondrant-se sota el pes asfixiant de no tenir res millor que esperar. Aquest llibre em va impulsar a entregar-me completament al meu personatge d'Agnes Bain en el seu pitjor moment, perquè Galloway presenta la seva pròpia heroïna imperfecta i no aparta la mirada ni un instant. L'autora ens mostra com a prop del desastre estem tots, com el dolor i la pèrdua ens poden destruir en un moment; com cada dia pot ser una lluita quan la vida es torna massa monòtona perquè ens importi alguna cosa.”

Podeu llegir els altres títols que van inspirar Douglas Stuart a l'assaig que enllaço:




08/11/2025

el llibre de novembre, fragment

 


78

    "Què és el que solies dir, papa? Al mal que no hi ha resistència, el millor remei és la paciència. Doncs ha arribat el meu moment.

    —Bon dia —li dic sense abaixar la mirada.

    Ell sembla atordit, agafa unes pinces per a pastes, però la mà li traeix un tremolor. Ha envellit, els cabells que tenia arrissats i negres ara presenten vetes grises a les temples, i comença a tenir unes bones entrades. Em prenc la llibertat d’observar-lo amb calma: les comissures de la boca que apunten avall, la pell sota els ulls una mica inflada, el front solcat per tres línies horitzontals que, des que m’ha reconegut, s’han fet més profundes. Res de perfum de gessamí: ha perdut el costum de la flor darrere l’orella, com un arbre ressec. Les branques no, les branques resisteixen: els braços forts despunten de les mànigues arromangades, però el ventre és prominent i li tiba la bata de despatxar. Quan alça els ulls, els reconec tal com eren, però més mansos. M’ausculto el cor, a penes un batec d’emoció i torna al seu ritme. M’agafo jo sola una mà amb l’altra i l’estrenyo dues vegades, per fer-me companyia.

    Encara és guapo, en Paternò, no com als vint anys, quan el seu pas fendia l’aire i feia tombar fins i tot les santes. Guapo com qui ha conegut a la vida la tristesa d’haver guanyat sense mèrit, i no haverne tret res.

    —Voldria un pastís per a una celebració especial: què em puc emportar que ja estigui fet?

    En Paternò deixa les pinces, sospira i es posa bé els cabells amb els dits. Al racó esquerre de la botiga hi ha l’expositor dels pastissos, me l’assenyala amb el palmell de la mà dreta mirant amunt. M’acosto al petit aparador, les sandàlies fan un dèbil trepig sobre el marbre del terra. És per un taló trencat que ens trobem, avui, a banda i banda del taulell. M’aturo davant dels colors variats dels farciments i se’m fa la boca aigua com quan era petita.

    —Una cassata per a tota la meva família —dic, assenyalant la més grossa.




    Ell no respon, surt de darrere el taulell, s’atura, jo no reculo. Mira la vitrina, després a mi, reprèn els passos, en pocs segons ha extret la cassata de l’aparador i l’aguanta amb totes dues mans. De sobte li reconec l’olor de la pell, després ell es gira i torna al seu lloc. La força que em mantenia dreta fins ara sembla desaparèixer, com després d’una llarga cursa. Els genolls em tremolen per l’esforç mentre segueixo les seves accions com al ralentí: agafa una capsa de cartró, la col·loca al centre del taulell, hi fica el pastís, la tanca amb meticulositat, agafa un paper amb el seu cognom escrit, hi embolica la capsa, desenrotlla el cordill daurat d’un rodet, el talla amb les tisores, lliga el paquet i n’arrissa les puntes amb la fulla. Gestos neutrals, que no tenen res d’escabrós, mans sense crueltat, les mateixes que probablement al vespre acotxen la seva filla al llit. On és la fúria, on són el menyspreu i l’arrogància? I el mal que em va fer, el va travessar sense deixar-li cap marca? Tot el que li hauria volgut dir se’m mor a la gola, l’home amb qui he lluitat durant tant de temps no ha existit sinó en els meus malsons, i el que tinc al davant no es mereix ni ser el meu adversari.

    Assegut al tamboret al costat de la caixa, finalment el veig tal com és: em sembla cansat, envellit malament, defraudat, com tothom, per l’edat. Ell també ha perdut, ell també és una víctima: de la ignorància, d’una mentalitat antiquada, d’una masculinitat que cal demostrar a tothom i tothora, de lleis superades pel temps i per la història, si bé encara en vigor, almenys fins ahir. Tenia raó la Maddalena, papa, cap dona no és fràgil: només és fràgil qui està exposat a la injustícia.

    Miro el preu al cartellet dins la vitrina i deixo els diners al costat de la caixa. Agafo el paquet després que ell l’hagi deixat al marbre, ja gairebé soc fora quan m’arriba la seva veu.

    —Aquell dia no en vas voler, de cassata. Era mentida?

    Les seves paraules se’m fiquen sota la pell com un fibló d’eriçó, i per un moment torna a aflorar en ell l’altre, l’home que només de mirar-me m’omplia de vergonya. Tanmateix sé que no pot fer-me mal, perquè ja no soc la seva víctima. Té un to burleta, com abans, però la pregunta és sincera: vol saber, vol que li digui si és culpable o no. La resposta del tribunal no li va bastar, em demana que el jutgi, ara, al cap de vint anys, a la pastisseria que el seu pare li va deixar en herència.

    M’acosto al taulell, s’ha aixecat i em mira de fit a fit des de darrere, ara és ell el més dèbil.

    —No he de donar explicacions a ningú, sobre el que desitjo — responc, sense recular ni una passa. Les regles de la redempció són les més complicades: no les descobreixes fins que ja l’has aconseguit.

    —Per què has vingut, doncs? —insisteix, i aixeca el to de veu, que tanmateix es tenyeix d’inquietud, com si n’esperés un càstig, de mi—. Per dir-me que tenies raó de rebutjar tot el que t’oferia? Què hi has guanyat?

    Els seus crits no m’espanten: no és el meu perseguidor, és només un home, un home que ni tan sols ha entès a fons la seva culpa. Amb veu serena, com si fos davant la professora Terlizzi, pronuncio netament cada paraula perquè em sé bé la resposta.

    —He vingut a comprar amb els diners del meu sou el que tu, un dia de fa molts anys, em volies regalar per força. Que què hi he guanyat? La llibertat de triar.

    Alça les celles i no contesta. Sembla sincerament sorprès, com davant d’un fet que no havia considerat mai: la possibilitat d’haver d’acceptar una negativa.

    De l’entrada de la pastisseria arriba un so de passos petits.

    —Bon dia, senyoreta —diu una veueta darrere meu. Tots dos ens sobresaltem.

    —Hola, Marina —dic amb un somriure—, molt bon diumenge.

    M’ajupo al seu costat, li passo una mà pels cabells i surto al carrer. Travesso la plaça amb el paquet a les mans, altres alumnes em saluden junt amb les mares, algun vell s’atura a mirar, encuriosit de veure’m sortir de la pastisseria Paternò. Una ràfega de vent mou l’aire quiet i calent i jo accelero el pas, recorro el passeig de pressa, després trenco en direcció al mar i em poso a córrer fent la baixada a tota pastilla. Les regles de la cursa són sempre les mateixes, no canvien mai, i jo continuo caminant, braços i cames i cor, respiro amb la boca oberta, amb les galtes enceses, els cabells despentinats pel vent, el clatell humit de suor, fins que veig de lluny els blocs de pisos nous i el cotxe d’en Cosimino aparcat no gaire lluny de casa meva. La senyora Carmelina treu el cap per la finestra:

    —Ja hi són tots —diu, i em somriu. Jo m’afanyo cap a la porteria, però ella em torna a reclamar—: Olí, un moment: fa poc el carter t’ha portat això. —I em lliura un sobre de carta sense remitent. Me la fico a la bossa i corro per les escales, pujo els graons de dos en dos, toco el timbre, s’obre la porta i hi ets tu."

La decisió
"Oliva Denaro"
Viola Ardone
traducció de Mercè Ubach
Columna, 2023
pàgines 315-319


11/10/2025

el llibre d'octubre, fragment

 



    "Las últimas elecciones que recuerdo bajo el socialismo fueron en 1987. Yo misma escribí el poema que iba a leer, porque pensé que, como era demasiado joven para votar, aquel poema podía ser considerado mi bala. Pero después comencé a dudar de que el tipo de misil que yo había ideado pudiese considerarse lo suficientemente potente como para destruir a nuestros enemigos. Mi abuela me tranquilizó en cuanto a la calidad del poema, pero mis padres intentaron apaciguar mis expectativas diciéndome que no sabían si habría tiempo para recitarlo. Que dependía de la cola.

    Todavía era de noche cuando salimos de casa. Yo estaba nerviosa y apretaba con fuerza la mano derecha de mi padre, que estaba húmeda de sudor, igual que la mía. Hicimos cola delante del colegio electoral y, cuando se abrieron las puertas y llegó nuestro turno, recibimos una hoja blanca con una lista de nombres mecanografiados del Frente Democrático, la única organización que podía presentar candidatos. Mi padre marcó la hoja sin siquiera mirarla, la dobló dos veces y la introdujo en la urna roja. Tenía la vista clavada en el miembro de la mesa que en aquel momento ya estaba preparando otra hoja para entregarle a mi madre, que era la siguiente en la cola. Mi padre lo saludó con una inclinación de cabeza y el hombre de la mesa le respondió alzando el puño. Yo también levanté el puño, como hacía siempre que veía cualquier puño en alto.

    No recuerdo haber leído mi poema. Puede que cambiase de idea respecto a su calidad en el último minuto o que mis padres actuaran con astucia para sacarme de allí sin tener que humillarse aún más.

    Pero cuando llegó el día de las elecciones libres y limpias fue todo diferente. No tuvimos que levantarnos temprano. No había colas. A nadie le importaba si votábamos o no. Teníamos el día entero para votar y, si no nos apetecía, podíamos optar por no hacerlo. Todo el mundo remoloneó en la cama, como si todavía estuvieran decidiendo si merecía la pena interrumpir el sueño para acudir a las urnas y, en tal caso, a quién votar.

    El día anterior todos habían preparado la ropa que se iban a poner. Mi abuela, a la que solo había visto vestir de negro porque estaba de luto por la muerte de mi abuelo, sacó del baúl de madera una blusa de lunares blancos. Las últimas elecciones para las que se había vestido de punta en blanco fueron las de 1946. Me dijo que en aquella ocasión incluso se había puesto sombrero y un collar de perlas. Bromeó diciendo que probablemente el sombrero seguiría guardado en un armario del Estudio Nacional de Cine, donde había ido a parar la mayor parte de la ropa confiscada a las familias burguesas.

    Mis padres dudaron si ir a votar temprano o esperar. Nadie podía predecir cómo acabarían aquellas elecciones. Todo el tiempo salían a relucir las de 1946, unas elecciones que no habían terminado bien. Poco después, mis dos abuelos fueron detenidos y el resto de la familia, deportada. ¿Se repetiría la historia?

    —Entonces el mundo era diferente —señaló mi padre—. En 1946 los soviéticos habían ganado la guerra. Ahora la han perdido.

    —Los soviéticos, sí —le contestó mi madre visiblemente irritada —. El año pasado por estas fechas los soviéticos estaban acabados. ¿Y dónde estabais vosotros?, —preguntó. La pregunta era retórica, porque a continuación cambió el tono de voz para asestar el golpe final—: Preparando el desfile del Primero de Mayo.

    Mi padre negó con la cabeza con una convicción inesperada.

—Enver está acabado. El Partido está acabado —insistió—. No hay vuelta atrás.

    Unas semanas antes habían derribado la estatua de Enver Hoxha que estaba en la plaza principal de la capital. Los estudiantes habían hecho una huelga de hambre para exigir que se cambiase el nombre de la universidad, que todavía se llamaba Enver Hoxha. Mientras los funcionarios del Partido dudaban sobre la mejor manera de actuar ante aquella exigencia y planteaban un referéndum entre todos los estudiantes, los conflictos siguieron aumentando.

    Pero el Partido no estaba acabado. El Partido pronto se convertiría en un partido. Uno de muchos. Se llamaría el Partido Socialista de Albania y disputaría los escaños en el parlamento con otros grupos, cada uno de ellos tendría sus propios candidatos, periódicos, programas y su propia lista de nombres. Algunos de esos nombres eran de gente que había sido miembro del Partido, pero que había cambiado de bando. Otros se mantuvieron leales. El hecho de que el Partido pudiera romperse y multiplicarse de ese modo, que pudiera considerarse al mismo tiempo el remedio y la enfermedad, la raíz de todos los males y la fuente de toda esperanza, le dio una cualidad mítica que durante los años siguientes sería considerada la causa de todas las desgracias, un oscuro maleficio destinado a hacer que la libertad pareciera una tiranía y que lo necesario se viera como una opción. Liberarse de esa omnipresencia fue como descubrir de repente que habías estado llevando una mordaza de la que no eras consciente. El Partido se había ido, pero todavía seguía allí. El Partido estaba por encima de nosotros, pero también lo llevábamos muy dentro. Cada persona y cada cosa provenían de él. Su voz había cambiado, había adquirido un tono diferente y hablaba otro idioma. Pero ¿cuál era el color de su alma? ¿Se había convertido en lo que siempre debió ser? Solo la historia lo diría, pero en aquel momento la historia estaba por escribirse. Lo único que teníamos eran unas nuevas elecciones.

    —Votar es un deber —dijo Nini la noche anterior a que se abrieran los colegios electorales—. Si no votamos, dejamos que otra gente decida por nosotros. Acaba siendo lo mismo que antes, lo mismo que meter en la urna una lista única de candidatos sin ni siquiera leerla.

    Más adelante, la mañana de las elecciones, pensé en sus palabras. ¿Por qué mis padres dudaban en votar? ¿Por qué no salían a la calle a disfrutar de la libertad que tanto habían deseado? Los bostezos fingidos, aquella escenificación de quedarse en la cama y la simulada indecisión te hacían pensar que lo que habían querido todos esos años no era que sucedieran cosas concretas, sino que siguieran existiendo posibilidades abstractas. Llegado el momento en que había algo específico al alcance de la mano, mi familia tenía miedo de perder el control de la situación. En lugar de ejercer la libertad de elección que supuestamente les brindaba aquel sufragio intentaban mantener una alternativa a salvo de toda contaminación. Quizá querían evitar comprometerse con una política o con un individuo en concreto que pudiera acabar decepcionándolos. O quizá les preocupaba que se obtuvieran los mismos resultados gracias a la colaboración de millones de votantes que tenían motivos y principios distintos, y sus esperanzas se vieran convertidas en una mera ilusión.”

Libre
Lea Ypi
traducción de Cecilia Ceriani
Anagrama, 2023
Páginas: 158-161