31 de gen. 2017

curiosidad


Transcribimos una nueva colaboración del amigo Francisco Jesús Galindo, esperando, deseando que nunca perdamos la curiosidad y el afán de conocer. Un abrazo, compañero.

CURIOSIDAD


Te ando buscando, Curiosidad,  hace tiempo que  te  llamo  mientras avanzo a tientas por la bruma  espesa de la distancia, para alcanzarte, para reencontrarme con tu estela iluminada, para hallarme a mí mismo sin miedo en el generoso acontecer del encuentro, del apasionado descubrimiento.

Pero no sé lo que pasa, porque me acontece lo que nunca imaginé ni supuse: que mi eco ya no regresa, que se pierde tras tu rastro por esas gargantas y barrancos de la Andalucía de mis sueños y de mi vida.... por ese mundo disfrazado de irreconocible  donde no hay fortuna peor que la de no saber cómo hallarte, la de no percibir tu señal de existencia.

Mi eco ya no te encuentra, Curiosidad, hace tiempo que regresa sin tu indicio y sin tu música... sin la espontaneidad intencionada de tu rebeldía imprescindible. Sería feliz recuperando las coordenadas de tus pasos....  las huellas de tus pies descalzos por los márgenes de los caminos de mi memoria.

Sin embargo, aún me veo frente al brillo de tu llama inagotable, avivando tantos afanes y pretensiones por saber, y  aunque no pueda calmar mi frío la calidez de tu presencia, sí que puedo recordarte, protegerme y esperarte a este otro lado del espigón donde rompen.... las olas del mar del abandono y la tristeza.

Curiosidad, déjame al menos escuchar tus latidos... mientras nadas en la calma de tu mar sin palabras, sobre las corrientes del todo y de la nada.

Te espero mañana.


Sanlúcar de Barrameda. 28/01/2017.
Francisco Jesús Galindo Sánchez

30 de gen. 2017

aun sin verte


El amigo, compañero y colaborador de este espacio Francisco Jesús Galindo,  nos ha enviado un poema, que compartimos con todos vosotros,  en el que canta, añorándola, la dulce ciudad  de Granada. 

AÚN SIN VERTE GRANADA…. AÚN SIN VERTE.

Aún sin verte Granada, aún sin verte….
Aún sin verte puedo imaginarte,
y esbozar tu esencia en los ecos de las músicas del agua,
que  con tanto celo los aljibes dormidos guardan….

Aún sin verte Granada,
imaginarte es escuchar tus ríos en su hondo cantar,
y  su palmoteo de mesura,
y  el ritmo alegre de sus saltos y sus danzas,
por las celosías de hiedra
de tus valles encantados.                                                 

Hoy he vuelto a verte Granada,
aún sin verte,
a través de los afluentes cantarines
 que endulzan mi asombro
con tus infinitas cascadas de palabras,
que perfuman el aire con sus soplos de corriente,
como murmullos de oratoria y de timbal,
 resonando en tu piedra milenaria,
y en las propias vértebras de tu alma quebrada. 

Aún sin verte Granada,
aún sin verte he logrado comprenderte,
aprendiendo a quererte soñándote,
aprendiendo a acariciarte sintiéndome caminante
 sobre tus calles empedradas,
siendo uno más de tus nazaríes del alma…
… solo eso, uno más y nada más.

Aún sin verte vuelo, vuelo… Granada, vuelo por ti.
Como tú aprendí…. a volar,
y  cuan cometa de colores a subir a las estrellas,
como globo sin tiempo,
como esfera aerostática campante en su vuelo libre
sobre torres y campanarios, minaretes y mezquitas,
abadías, monasterios…
 templos  que están mirando,
(allá donde el silencio clama)
tus manos de luz,  tus ojos de luna,
…. y tantos versos por voces cantados.

Si Granada,
cantados Granada mía…
 como se entona una nana,
como se pide un deseo,
como se  sostiene un juramento,
…. Como se grita justicia,
como el eco de un beso suena,
… como el amparo se clama. 

Granada, aún sin verte Granada,
puedo imaginarte en tu bondad sin cadenas,
insumisa,
liberada de toda intolerancia,
sin dueños ni miedos,
generosa,
defendiendo lo que amparas,
que cobijas y socorres.

Fue el viento,
un día me lo reveló aquel viento envuelto
 en el frio mantón de tus cumbres cercanas,
que tú, Granada….que tú lo eres todo
porque también eres madre… de la vida enamorada.

Granada, aún sin verte,
Puedo imaginarte,
porque aprendí a quererte…. Soñándote.

Francisco Jesús Galindo Sánchez.
Sanlúcar de Barrameda, a 6 de enero de 2017

29 de gen. 2017

jane eyre i la politica

Añadir leyenda
Jane Eyre es una novela sobre el poder y el conflicto, escrita en una época de inestabilidad política y social en una ciudad textil del norte industrial de Inglaterra.  La inquietud que suscitó la novela a la prensa conservadora por su reivindicación de la libertad individual; la denuncia del hambre voraz que reinaba, no solo en el aspecto físico, sino también intelectual y emocional, y una protagonista conflictiva que desafiaba a la autoridad,  puso en evidencia a una élite que se sentía amenazada: «Las ideas que han derrocado a la autoridad y han infringido todo código humano y divino en el extranjero y que en Inglaterra han promovido el cartismo y la sublevación son las mismas que se desprenden de Jane Eyre». En Gran Bretaña, durante la década de los cuarenta del siglo XIX, el movimiento cartista dio voz, a través de manifestaciones, sublevaciones y huelgas, a la indignación de los trabajadores, que se encontraban sumidos en la miseria por culpa de la industrialización y el capitalismo. Las masas, furiosas porque la producción mecanizada las había hundido en la pobreza, se habían organizado para denunciar la desigualdad, pedir el sufragio masculino universal y exigir la igualdad de derechos. La Europa de 1847 se encaminaba de un modo inexorable hacia las revoluciones de 1848. Charlotte escribió Jane Eyre durante el curso de estos acontecimientos, y la publicó cuando culminaban en lo que las clases dirigentes contemplaban como una orgía de violencia que amenazaba la «civilización» misma.

Sin embargo, ¿qué tenía que ver con el cartismo el relato de las penurias y vicisitudes de una niña huérfana, su escolarización, su trabajo como institutriz, su integridad cuando rehúsa mantener relaciones sexuales con su patrón, y su feliz y legítimo matrimonio final? En abril de 1848,  después de que las revoluciones europeas se propagaran por Italia, Alemania y el Imperio austríaco, al mes de la masiva petición cartista en Londres, la revista Christian Remembrancer acusó a Jane Eyre de bullir de «jacobinismo moral»: «Nunca ha habido un enemigo mejor. “¡Es injusto! ¡Es injusto!”, es el único argumento del que disponen en contra de [...] los poderes fácticos». En diciembre, tras el estallido y fracaso de las revoluciones, la Quarterly Review denunció que Jane Eyre era un libro de fundamentos anticristianos: «Que la novela se lamente de las comodidades de los ricos y las privaciones de los pobres» comporta «la reivindicación orgullosa y perpetua de los derechos del hombre, sobre los cuales no encontramos evidencia ni en la palabra de Dios ni en la providencia divina».

En 1855, la Blackwood’s Edinburgh Magazine, casi ocho años después de su publicación, relacionó las revoluciones europeas con Jane Eyre como expresión de las fuerzas de la anarquía social: «Simplemente, la olla a presión de la política ha explotado, arroja al caos a vuestro monarca francés y pone a otro en su lugar. Esta es vuestra verdadera revolución: Francia es solo uno de los poderes occidentales, pero las mujeres constituyen la mitad del mundo». La novela se leyó como un manifiesto feminista en un momento en que las mujeres casadas no estaban representadas en la legislación y, en el derecho anglosajón, no tenían potestad ni a la propiedad ni al divorcio; no podían votar ni acceder a la universidad ni a profesión alguna. El artículo de la Blackwood acusaba a Jane Eyre de respaldar una sublevación que abocaba a una generación de mujeres escritoras a la ordinariez y a la violencia. La emancipación femenina conjuraba los fantasmas de la permisividad sexual y la masculinización de la mujer y representaba una amenaza para el modelo patriarcal de la familia y el Estado. Mujeres como George Sand, la femme scandaleuse, la novelista que fumaba puros y llevaba pantalones, se habían presentado como candidatas en las elecciones del París revolucionario. Las mujeres habían luchado al lado de los hombres en las barricadas de París y Viena.

Estas anatematizaciones de Jane Eyre las desencadena su trasfondo de autoafirmación apasionada: «Yo me preocupo. Cuanto más absoluta sea la soledad, cuanto más sufra debido a la falta de amistades, cuanto más desvalida esté en el mundo, mayor será el respeto que sienta por mí misma». Que Jane se amotine en contra de sus patrones está en sintonía con la retórica de la pobreza y la enfermedad del mundo industrializado, donde el pueblo pasa hambre y es tratado como las máquinas a las que atiende y no honrado como ser humano.  Jane exige saber: « ¿Cree que soy una especie de autómata, una máquina sin sentimientos que puede vivir sin un mísero pedazo de carne ni una gota de agua?». Se reivindica como igual a su patrón y este no puede negarlo. La promesa de la protagonista, «obedeceré una ley otorgada por Dios y sancionada por los hombres», se fundamenta en sus ideas sobre la capacidad de soberanía del individuo.  De este modo, los derechos humanos se sitúan en el núcleo de la ética de Jane Eyre, y los críticos conservadores (a menudo, mujeres en una posición anómala que actuaban como policía femenina del pensamiento en pro de la ideología patriarcal) no iban errados al identificarlos.  El amor entre Jane y Rochester está politizado: «Esta relación de amor vertiginosa no es más que una declaración salvaje de los “Derechos Humanos” desde otra vertiente [...] “Deja que se me lleve, que se aproveche de mí, que me domine [...] deja que luchemos”».  Se interpreta el desafío erótico de Jane a su patrón como una licencia fruto de una libertad sexual absoluta, consecuencia del laissez-faire económico.

La autora de Jane Eyre era conservadora y anglicana, así que no cabía duda de que no simpatizaba con los cartistas ni con los revolucionarios.  Pero Charlotte Brontë usaba un lenguaje fuerte y extremo, pues, a pesar de oponerse al radicalismo de sus amigas, Martha y Mary Taylor, había interiorizado su vocabulario.  Su ideología política poseía una doble vertiente: era una mezcla entre el conservadurismo reaccionario y el individualismo radical, con seguridad, a causa de haberse visto obligada, como mujer trabajadora, a ganarse la vida en un mundo que explotaba como mano de obra barata a las mujeres solteras.  En opinión del Saturday Review, «el matrimonio es la profesión de la mujer; y su formación —la de la dependencia— ha de amoldarse a esta vida; una mujer que no se casa, ha fracasado en su empresa: las institutrices están mal pagadas porque la mercancía que venden no tiene ningún valor». Jane Eyre constituye una denuncia encarnizada de la humillación de las mujeres de clase media, depauperadas por la élite: los Ingram, una familia rica y terrateniente que maltrata a las institutrices delante de Jane,  son gente despreciable, avariciosa, necia y vil. La novela no muestra deferencia alguna, e insiste en el valor y la dignidad del trabajo honrado. Manifiesta que los sirvientes y los criados, discretos y silenciosos como se supone que deben ser, observan, juzgan y maldicen a sus «superiores» bajo el techo de sus hogares ostentosos. Eso horroriza a la señora Reed, que queda estigmatizada por la maldición infantil de Jane. La obra también denuncia el maltrato infantil en las instituciones «benéficas». Desenmascara una sociedad enferma, trastornada e hipócrita.

El progreso económico de Jane resulta una alegoría de su autosuficiencia dentro de un mercado competitivo donde, como sirvienta, huérfana e institutriz, no pertenece ni a los criados ni a la clase privilegiada. Las condiciones de trabajo son tema de discusión entre Jane y su patrón, que «parece olvidar que me paga treinta libras al año justamente para obedecer sus órdenes». La «relación monetaria», que el profeta social Thomas Carlyle contemplaba, en el mundo moderno, como un agente deshumanizador de la relación entre el patrón y el trabajador y que degradaba a ambas partes, es uno de los temas de debate centrales en Jane Eyre. Cuando la chica de diecinueve años le dice a su patrón que «ningún ser que haya nacido libre debería someterse ni siquiera por dinero» a que el patrón lo trate con insolencia, él contesta: « ¡Ja! Me temo que son muchos los que han nacido libres y están dispuestos a someterse a lo que sea a cambio de un salario».  Las relaciones económicas se cuestionan de una forma radical.  Aun así, el curso de la trama tiende, en el fondo, al conservadurismo, pues Jane es una «dama» que resulta tener parientes en la alta burguesía y gana su «independencia» gracias a la fortuna heredada.

La retórica incendiaria de la novela nos ayuda a entender por qué su ideología pareció, a la generación de Charlotte Brontë, tan violentamente subversiva. Como los cartistas, que se autodenominaban «esclavos blancos»  y se juraban romper sus cadenas y fugarse de la prisión, la niña Jane, que (de nuevo como los cartistas) es una lectora voraz y tiene criterio para extraer sus propias conclusiones de las lecturas, reprende a John Reed con palabras tomadas de las sublevaciones de esclavos de la antigua Roma y del mundo moderno: « ¡Chico malvado y cruel! [...] te comportas como un tratante de esclavos, como un emperador romano...». El capítulo segundo empieza: «No paré de resistirme en todo el camino [...] como cualquier otro esclavo rebelde, estaba tan desesperada que habría hecho lo que fuera para escapar».  En los primeros capítulos se origina un diálogo entre la sumisión y la rebeldía, el encarcelamiento y la liberación, la lucha por la justicia y el deber de resistir, que no se abandona en toda la obra. La novela es contestataria: « ¿Que cómo me atrevo, señora Reed? ¿Cómo me atrevo? Porque es la verdad», grita la niña, agraviada.  Jane Eyre habla de esclavitud y revuelta;  la emoción que la impulsa es la rabia; y su temperamento es ardiente. Predominan las imágenes de calor y fuego; de hecho, Thornfield Hall y su propietario son castigados con un incendio provocado. La imaginería del fuego (Jane es «ardiente») va encendiendo la prosa. Todos los lugares donde la protagonista se aloja (Gateshead, Lowood, Thornfield, Moor House) constituyen una especie de Bastilla de la cual tiene que escapar, ya sea corriendo, cabalgando o a gatas (de Thornfield).

Los críticos contemporáneos, que se aproximan a la novela desde la perspectiva del siglo XXI, ponen el foco sobre la ideología sexual y racial de Jane Eyre.  A la protagonista ya no se la considera una mujer cualquiera, marginal y subversiva, sino alguien que auspicia a la clase media insular inglesa. Los críticos poscoloniales interpretan que la herencia de Jane procede del botín de la trata de esclavos; que Bertha Rochester, una antillana criolla, ya sea blanca o de raza mixta, es demonizada desde una ideología racista; y que la ficción concluye con un cómodo y exclusivo matrimonio entre los aristócratas terratenientes. Sostienen que el trato que recibe Bertha Rochester responde a «una incontestable ideología por completo imperialista».  Esta lectura, el trato de la primera esposa de Rochester como una maníaca amoral de una raza degenerada, insinúa un racismo nauseabundo que contamina los valores de la novela y del matrimonio de Jane.  Charlotte Brontë confesó que no se había preocupado mucho por la persona y los aprietos de Bertha, y que nunca los problemas de raza fueron un asunto relevante en Jane Eyre.

Este enfoque del supuesto «tema central» de la novela no debería provocar que nos pase desapercibida la forma con que se aborda con contundencia, por ejemplo, la institucionalización del maltrato infantil: el subjetivismo mordaz de la obra familiariza al lector con los horrores del castigo corporal, la hambruna sistemática y la exposición al frío y a las enfermedades a que se sometía a los niños indefensos en las instituciones «filantrópicas» y «cristianas». Charlotte Brontë vio en la novela un medio para desenmascarar a una Inglaterra que se había construido sobre la violencia hacia los niños y los desamparados. La denuncia de Jane Eyre es mucho más sobrecogedora que el descubrimiento en Oliver Twist, de Charles Dickens (1838), de las barbaridades que ocurrían en los asilos para pobres después de la Poor Law, pues el lector burgués de Jane Eyre siente una empatía con el sufrimiento de la niña gracias a la intimidad que crea la narradora en primera persona, que disuelve el yo del lector en el yo de la niña.  Se adentra en la mente de Jane, se estremece al contemplar los azotes en la espalda desnuda de Helen, le conmueven sus sentimientos; el lector se ve expuesto al régimen de hambre en la escuela de Lowood, y se le induce a considerarlo en términos de la advertencia de Cristo: «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. [...] Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno» (Mateo 25:40-41). La violencia física y la brutalidad eran males endémicos en todas las escuelas, desde la más elitista hasta la institución más pobre.

La rebelión pueril de la «esclava sublevada» hace que el adulto estalle contra la injusticia del patriarcado. La protesta de Jane resulta explícitamente feminista en una nación donde millones de personas son silenciadas; este pasaje crucial del capítulo doce es muestra de ello:

“Resulta absurdo decir que la calma satisface a los seres humanos. En sus vidas debe haber acción, y si no la tienen, acabarán buscándola. Millones de personas se ven condenadas a una vida más monótona que la mía, y son millones los que se rebelan en silencio contra ese destino. Nadie sabe cuántas rebeliones, al margen de las políticas, fermentan en la masa de seres vivos que habita la tierra. [...] mujeres y hombres comparten los mismos sentimientos. Ellas, al igual que sus hermanos, también necesitan ejercitar sus facultades y un campo donde poder concentrar sus esfuerzos.”

Usa expresiones propias de los radicales: la doble mención a «millones» de personas y «la masa» evoca el aviso de los extremistas a las clases gobernantes de que los oprimidos superan en gran número a la reducida élite. Los cartistas se referían a la clase trabajadora como «los millones», un término ideado para causar temor. La actitud de Jane es explícitamente profética y amenazante: los oprimidos «deben» tener capacidad de acción, si no, «acabarán buscándola». La afirmación «mujeres y hombres comparten los mismos sentimientos» contradice una de las características fundamentales sobre la cual se edifican el Estado y la familia victorianos (y, por lo tanto, el orden patriarcal). El simbolismo que prevalece en la novela alude a lo subversivo, a la sublevación, la agitación, la revuelta, la erupción volcánica, el desorden y la explosión: en este contexto, el manifiesto feminista que se ha citado más arriba, aunque ahora sus exigencias nos parezcan insuficientes (la educación y profesionalización de la mujer), no se podría calificar sino de incendiario.

Jane Eyre fue reconocido enseguida como un libro escrito en el norte.  La autora vivía en el meollo del radicalismo industrial, cerca de los centros cartistas de Keighley, Dewsbury, Leeds, Huddersfield y Todmorden. Charlotte Brontë había sido testigo de la hambruna y el desempleo masivos. Cuando Jane deambula por los páramos de Whitcross, famélica y sin hogar, es tomada por una vagabunda, y hasta quizá por una ladrona o una prostituta: aunque la novela en general se sitúa en una época anterior, en la década de los años veinte del siglo XIX, este personaje evoca al lector una de las numerosas pordioseras que escapaban, después de la draconiana New Poor Law de 1834, del desempleo y las calamidades que sufrieron las mujeres en un mundo en el que dependían de los hombres.”
Stevie Davies
2006


27 de gen. 2017

la peli

La millor adaptació al cinema de la novel·la de la Charlotte Brontë, Jane Eyre,  es la del director Robert Stevenson, de l’any 1943 (aquí es va titular “Alma rebelde”). Amb guió de John Houseman, Aldous Huxley, Robert Stevenson, Henry Koster, el repartiment estava encapçalat per Orson Welles i Joan Fontaine, acompanyats per Margaret O'Brien, Peggy Ann Garner, John Sutton, Sara Allgood, Henry Daniell, Agnes Moorehead, Mae Marsh i Elizabeth Taylor.

Amb un guió molt sòlid , en el que va col·laborar gent com el prestigiós productor John Houseman o el novel·lista Aldous Huxley, partien no tant de la novel·la com de l'adaptació radiofònica que ja havia fet Orson Welles amb el Mercury Theatre.

D'altra banda, l'elecció de Joan Fontaine per encarnar Jane Eyre no podia va ser molt encertada.  Fontaine havia aconseguit fer-se famosa gràcies al seu paper protagonista en l'obra Rebeca, de l’any 1940, del mestre anglès Hitchcock, en la qual encarnava a un personatge molt semblant  al de la novel·la de Charlotte Brontë: una jove òrfena i insegura que s'acaba enamorant d'un misteriós noble . L'encarregat d'interpretar a Mr. Rochester va ser Orson Welles, que dota el personatge de més foscor encara que en el llibre.


26 de gen. 2017

dona i literatura

Emily Dickinson
"Cuando abrimos Jane Eyre, no podemos reprimir la sospecha de que vamos a enfrentarnos a un imaginario anticuado y tan pasado de moda como la casa parroquial del páramo", escribió Virginia Woolf sobre la obra de Charlotte Brontë y las Cumbres borrascosas de su hermana Emily.  Es cierto que no debemos ignorar el contexto victoriano de Jane Eyre ni la educación anglicana y conservadora de su autora. Ni olvidar que Woolf escribió su ensayo The Common Reader en 1916, cuando la Inglaterra industrial se abalanzaba hacia la era de las sufragistas.

El papel tradicional de "ángel del hogar" era repudiado por estas mujeres. Las calles rugían con piquetes y manifestaciones violentas para exigir igualdad salarial, la autonomía de su propio útero y el derecho al voto.  La artífice de La señora Dalloway pertenecía a esa hornada de pensadoras británicas que buscaban la androginia al escribir y la ruptura de los códigos domésticos.  Por eso Woolf no compartía el uso de la falacia patética y los lamentos románticos de Brontë para reivindicar la represión sexual y económica del periodo anterior. "Toda la fuerza de Jane Eyre se manifiesta a través del yo amo, yo odio, yo sufro".

La mayor del triunvirato Brönte tampoco imaginó que su novela iba a ser tachada de manifiesto feminista, peligroso y erótico en octubre de 1847.  Posiblemente su visión de sí misma no se alejaba de la que describió Virginia Woolf medio siglo después. Pero tampoco era una niña mimada e inconsciente. Charlotte sabía muy bien que Jane Eyre era un cartucho cargado contra el sistema patriarcal y por eso entregó su manuscrito bajo el seudónimo asexual de Currer Bell. Detrás de su narrativa gótica y el final feliz entre Jane y Rochester, se escondía un relato mucho más revolucionario.

Brontë hablaba de desigualdad e insubordinación, también denunciaba la hipocresía de los clérigos y cuestionaba la superioridad de las autoridades. Esto, en una Europa de revoluciones contra el capitalismo y la industrialización, era poco menos que una invocación satánica. Las publicaciones más críticas con el movimiento obrero pronto acusaron a la novela de "jacobinismo moral", de fomentar la anarquía social y de acoger fundamentos anticristianos.
Mari Ann Evans

Charlotte Brönte nos podría parecer ahora casta y pura al lado de las escritoras modernas del fenómeno  tits and wits ("tetas y cerebros").  Pero en 1855, la revista Blackwood acusó a Jane Eyre de respaldar una sublevación de mujeres ordinarias y violentas.  El impacto fue acorde a una época en la que la profesión de las mujeres era ser esposa abnegada y madre amantísima. Y eso es algo que hasta Virginia Woolf tuvo que admitir: "Entendemos los inconvenientes de ser Jane Eyre. Ser institutriz y estar enamorada siempre ha sido una limitación en un mundo que, pese a todo, está lleno de personas que no son una cosa ni la otra".
Su emancipación femenina conjuraba unos fantasmas que, incluso dos siglos después, son difíciles de digerir para algunos. Recuperamos en su bicentenario algunas enseñanzas que nos dejaron Brönte, Jane Eyre y -por qué no- su loca del desván.

Las enseñanzas feministas

El ocaso de la soltera. Ahora asociamos la enseñanza con uno de los niveles intelectuales más altos de la sociedad. En la era victoriana era el purgatorio de las mujeres solteras. "El matrimonio es la profesión de la mujer. Por eso las institutrices están mal pagadas, porque la mercancía que venden no tiene ningún valor", decían los tabloides de la época. Jane Eyre representa una denuncia encarnizada contra la humillación de las trabajadoras en el ámbito laboral.

"¿Cree que soy una especie de autómata, una máquina sin sentimientos que puede vivir sin un mísero pedazo de carne ni una gota de agua?". Brontë, pese a que también despreciaba el trabajo de institutriz, se amotina en su obra ante unos patrones déspotas que matan de hambre a sus trabajadores.

Matrimonio esclavo. Bajo la legislación inglesa, la mujer era mera esclava de su marido y no podía votar ni acceder a una formación por muy brillante que fuese. "Como si los hombres fuesen los seres más sabios y menos proclives a irse por el mal camino". Por eso los críticos modernos de la obra no consiguen conciliar estas declaraciones feministas con el final de cuento de hadas entre Eyre y Rochester. ¿Ya está? ¿La reivindicativa Jane se rinde así de fácil ante la dictadura doméstica?

Sin embargo, durante la novela rehúye del dominio forzoso con Boclehurst, John Reed y Saint John Rivers. " Jamás he sido capaz de situarme en el lógico punto medio que hay entre la sumisión absoluta y la rebelión decidida". Antes morir pobre que aceptar una unión pragmática o mercenaria, pues no concebía el matrimonio como una salida de escape. Compromiso versus sacrificio.

Jane Austen

Una oda a la cultura. Aunque, como decíamos, la enseñanza superior era un bien negado a las mujeres, Charlotte Brontë se sabía culta. Y su Jane Eyre también lo era.

"-Chico malvado y cruel- grité-. Eres igual que un asesino, como un tratante de esclavos, como un emperador romano-. Yo había leído la Historia de Roma de Goldsmith, y me había formado una opinión sobre Nerón, Calígula y otros personajes parecidos". Defendía que incluso las niñas ricas, con el futuro resuelto por gozar de una buena dote, tenían que formarse para ser independientes y no caer en el "degradante" mercado matrimonial.

Muerte a la protagonista guapa. Charlotte le contó a su primera biógrafa, Elizabeth Gaskell, que había estado en desacuerdo con sus hermanas Emily y Anne cuando defendían que las protagonistas siempre tenían que ser bellas y finas. Ella respondió: "Os mostraré una heroína tan normal y bajita como yo, pero que será tan interesante como cualquiera de las vuestras".

Fue una decisión audaz, que los directores de cásting no han respetado en ninguna de las muchas adaptaciones de la novela, por cierto. “Está 'sin desarrollar', delgada y pequeña, tiene el pelo marrón y suave, ojos del mismo color, una cara rojiza y una boca grande a la que le faltan muchos dientes. En conjunto es sencilla, de frente cuadrada, ancha y saliente". Brontë no quería contar la historia de una simple Cenicienta, sino de una mujer que huía de los adornos y cultivaba su interior para no pensar en el exterior.

Bola extra: La loca del desván

No nos olvidamos de la fantástica Berta Rochester, la "loca del ático" más turbadora de la historia. Las investigadoras Sandra Gilbert y Susan Gubar identificaron en este personaje la dualidad de las escritoras victorianas para separar su yo angelical de su yo diabólico. En su ensayo feminista  Madwoman in the Attic: The Woman Writer and the Nineteenth-Century Literary Imagination, las autoras defendían que la literatura era un ejercicio catártico de las escritoras para desahogarse sin que fuesen tildadas de histéricas.

La loca del ático forma parte del imaginario de las hermanas Brontë, Mari Ann Evans, Jane Austen o Emily Dickinson tanto como sus cuerdas heroínas. Para defender esto, el libro se apoya en las observaciones de Virginia Woolf, quien recomendaba a sus colegas escribir para "matar el ideal ético y estético de mujer que la sociedad les había impuesto".

Virginia Woolf

Todas estas mujeres, desde Woolf hasta su 'anticuada' Brontë, eran vistas en cierta forma como locas del desván por desoír los mandatos patriarcales y dedicarse a su pasión: la literatura.”

Mónica Zas Marcos
el diario.es
20/04/2016


25 de gen. 2017

jane eyre al cinema



WOMAN AND WIFE (1918) d'Edward Josep.
Aquesta és una de les diverses produccions realitzades a Hollywood sobre el clàssic "Jane Eyre" en el període mut; amb Alice Brady com Jane Eyre, Elliott Dexter com Edward Rochester, Helen Lindroth com Grace Poole i Juliette Moore com Adele.

JANE EYRE (1921) d'Hugo Ballin.
Hugo Ballin va escriure i va dirigir aquesta adaptació muda de la història.   Protagonitza  com Jane Eyre , Mabel Ballin.

JANE EYRE (1934) de Christy Cabanne.

Versió sonora protagonitzada per Virginia Bruce com Jane Eyre, Colin Clive com Edward Rochester, Beryl Mercer com Mrs. Fairfax, Clarissa Selwynne com Mrs. Reed i Jean Darling com Jane Eyre de nena.


JANE EYRE (1944) de Robert Stevenson.
La millor adaptació, que inclou en el repartiment a Joan Fontaine com la principal protagonista i a Orson Welles en el paper de Mr. Rochester. Margaret O'Brien interpretava el paper d'Adele, Agnes Moorehead va encarnar a Mrs. Reed, Edith Barrett interpretava a Mrs. Fairfax i Hillary Brooke era Blanche Ingram.

JANE EYRE (1970) de Delbert Man.
Pel·lícula amb Susannah York com Jane Eyre, George C. Scott com Edward Rochester, Jack Hawkins en el paper de Mr. Brocklehurst, i Sara Gibson com Jane Eyre com nena.

JANE EYRE (1983) de Julian Amyes.
Minisèrie televisiva britànica amb Zelah Clarke i Timothy Dalton.


JANE EYRE, DE CHARLOTTE BRONTE (1996) de Franco Zeffirelli.
Charlotte Gainsbourg és Jane Eyre. Rochester està interpretat per William Hurt. Anna Paquin encarna Jane de nena, Fiona Shaw és Mrs. Reed i Joan Plowright és Mrs. Fairfax.

JANE EYRE (1997) de Robert Young.
Telefilm protagonitzat per Samantha Morton i Ciaran Hinds com a parella protagonista.

JANE EYRE (2011) de Cary Fukunaga.

Adaptació amb Mia Wasikowska i Michael Fassbender en els papers de Jane Eyre i Edward Rochester.


24 de gen. 2017

l'escola

A Dame’s School- Thomas Webster
A Anglaterra, al començament del segle XIX els nens no estaven obligats a anar a escola , però en 1899 tots els nois majors de 12 anys tenien l'oportunitat d'acudir a l'escola.

El caràcter de l'educació que rebien depenia molt de la fortuna que gaudien les seves famílies. Els nens rics podien ser educats a casa per un tutor privat o una institutriu, els nois (masculí) eren enviats a escoles com Eton o Harrow. Els fills de famílies de classe mitjana aprenien gramàtica en escoles o acadèmies privades. Els pobres....

Quan la Reina Victòria va pujar al tron ​​en 1837, les úniques escoles disponibles per als nens pobres eren la caritat i les escoles de les parròquies o "Escoles de Dama" en què professores sense qualificació ensenyaven a casa seva. Les escoles "de drap" van ser obertes el 1840 en els districtes més pobres, on els professors eren sovint treballadors del barri, i on es feia servir qualsevol tipus d'edifici: estables, lofts, magatzems ... Posaven molt èmfasi en la lectura, escriptura i la aritmètica i, per descomptat, els estudis de la bíblia.  Aquesta classe d'educació es va estendre a assignatures industrials i comercials en moltes escoles.  Eren escoles de caràcter caritatiu en què la gent benestant donava diners i els voluntaris feien de professors. El president de la "London Ragged School Union" fundada el 1844 va ser Lord Shaftesbury. Va arribar a haver dues-centes d'aquestes escoles que van donar classe a més de 300.000 nens a tota la Gran Bretanya.

Aquesta associació també va ser la responsable de molts plans de benestar dirigits a millorar la vida dels nens de les famílies més pobres. Els sense llar van comptar amb refugis, es van crear menjadors per als famolencs i clubs de roba i bancs d'estalvis van ser oberts per minimitzar la pobresa. La Unió també s'esforçava a trobar treball per als seus pupils, llocs de treball que habitualment eren les forces armades per als nois i el servei domèstic per a les noies.

Des de 1870 el Govern va introduir un sistema d'educació que prohibia a les autoritats locals el cobrament d'impostos a les escoles. Això significava que tots els nois entre els 5 i els 13 anys podien anar a l'escola pagant un penic a la setmana. Tot i així molta gent no estava disposada a deixar els seus fills anar a les escoles, que sovint tenien per professors a altres xavals pobres de tot just 12 anys. Aquestes classes eren llargues i de vegades hi havia més de 60 alumnes.

La Llei d'educació de 1870 va crear escoles que estiguessin sota el control de l'electorat. A proposta de William Forster, el Ministeri d'Educació, encapçalat per William Gladstone,  va disposar que totes les regions podrien disposar d'un internat.  El 1874 s'havien fundat unes cinc-mil noves escoles.

Els internats donaven educació a nois entre els 5 i els 10 anys. En algunes àrees aquestes escoles van ser pioneres de nous mètodes educacionals, com ara separar les classes per edats, un saló per a activitats comunals i sales pròpies per a activitats pràctiques, els menjadors gratuïts per als nois de classe mitjana o que educadores visitessin a les mares en les cases per explicar-les els  beneficis de l'educació. Aquests Internats van veure la seva fi amb la Llei d'educació de 1902.


23 de gen. 2017

Haworth, la casa de les germanes Brontë


La casa està al costat d’un cementiri amb tombes de l'època de les escriptores - també actuals-, però cap de les Brontë reposa allà; i envoltada d'immensos erms.


Una societat beata i una història familiar plena de morts prematures, van ser l'ambient perfecte per a l'escriptura de Charlotte, Emily i Anne Brönte.  A aquest ambient "gòtic" va arribar el pare, des dels seus orígens humils, convertit en rector de Haworth.



La casa està plena de records de la infància i joventut dels seus fills, quan jugaven a crear els regnes d'Angria i Gondal. Les germanes van rebre una educació pròpia de senyoretes del seu temps, incloses les petites tortures que van servir d'inspiració a Charlotte per l'internat de Jane Eyre. La llegenda agrada presentar-les tancades i perdudes en el seu món de ficció i tenebres, però la veritat és que van viatjar fins i tot fins a Brussel·les; les seves novel·les van gaudir d'èxit i no estaven desconnectades del món cultural del seu temps, tot, això sí, en la justa mesura (molt escassa) concedida a les dones del seu temps.




El 1928, la Societat Brontë va adquirir HaworthParsonage, a la localitat de Haworth, West Yorkshire, que és on avui dia s'exhibeix el material de la família, dels amics i parents, incloent llibres, manuscrits, cartes, quadres, mobiliari i objectes personals. 




22 de gen. 2017

les germanes Brontë

Les tres germanes han estat immortalitzades en una estàtua situada davant de la casa natal i museu, a Haworth, Yorkshire.
La societat en l'època victoriana estava constreta per moralismes i una severa disciplina, amb rígids prejudicis i cruels interdiccions. Els valors victorians es podrien classificar com a "puritans" destacant en l'època els valors de l'estalvi, l'afany de treball, l'extrema importància de la moral, els deures de la fe i el descans dominical com a valors cabdals. Els homes dominaven l'escena tant en els espais públics com en la privacitat, les dones restaven als llocs privats, amb un estatus de submissió, cura dels fills i de la llar. Les condicions com la mandra es vinculaven amb els excessos i la pobresa amb el vici. La repulsió social cap al vici també es tradueix en el sexe,  relacionat amb baixes passions i un caràcter animal, salvatge provinent de la carn.

L’obra literària de Charlotte (1816 -1855), Emily (1818 -1848) i Anne (1820 -1849) Brontë presenta considerables diferències respecte a les directrius de la literatura victoriana. Les seves obres han transcendit l'època per transformar-se en clàssics de la literatura universal.

En el seu primer intent literari ,  Charlotte va enviar uns versos al poeta Robert Southey només per rebre per resposta que "La literatura no és un assumpte de dones i no hauria de ser-ho mai". Amb el descobriment de Charlotte d'un poemes d'Emily,  decideix convèncer a les seves germanes per publicar un llibre amb els poemes de totes que es va editar amb el títol Poemes per Currer, Eillis i Acton Bell (1846),  emprant cada germana les inicials del seu nom en pseudònims masculins. El llibre el van publicar amb els seus propis diners, i  només van vendre dos exemplars. En l’actualitat la poesia d'Emily Bronte ha estat reconeguda com una de les millors del segle XIX.

Malgrat l’experiència , cada germana va escriure la seva pròpia novel·la. La primera va ser Jane Eyre de Charlotte, un èxit immediat que va provocar un escàndol per la forma directa, "vulgar" per a l'època,  d'abordar les passions dels protagonistes.  Després aparèixer Agnes Grey d'Anne, una àrida revelació basada en els comentaris autobiogràfics  d'una institutriu victoriana i finalment Cims borrascosos d'Emily, durant molt de temps desqualificat per la crítica. La intensitat del seu sentiment i la brutalitat dels personatges, les energies primitives d'amor i odi que impregnen la novel·la van ser jutjades com salvatges i grolleres pels crítics del segle XIX.


Avui les tres obres formen part del patrimoni de la literatura universal. 

15 de gen. 2017

l'autora del mes: un poema


LAMENTO

Hace mucho deseaba dejar
”la casa donde nací”;
hace mucho acostumbraba sufrir,
mi hogar parecía tan abandonado,
en otros años, sus habitaciones silenciosas,
estaban llenas de acechantes temores;
ahora, su memoria regresa
sobrecargada con tiernas lágrimas.
La vida y el matrimonio que he conocido,
cosas que en un tiempo fueron brillantes,
ahora, ¡cómo está flotando absolutamente
cada rayo de luz!
En medio del mar desconocido de la vida
ninguna isla bendita he encontrado;
finalmente, a través de toda su lucha de ola salvaje
mi pena es convocada al hogar.
¡Adiós, oscura y empinada profundidad!
¡Adiós, tierra extraña!
¡Abre, en la extensión sin nubes,
tu glorioso reino de antaño!
Sin embargo, cuando logré pasar a salvo
aquel irritante, cansado principio,
una voz amada, entre temblores y rugidos,
pudo convocarme nuevamente.
A pesar del brillo del alma de una rosa matutina
sobre el Paraíso para mí,
¡William! Incluso desde el descanso del Cielo
¡He vuelto, convocada por ti!
Esta tormenta que surge no retendrá
mi alma, exaltándola.
Todo mi cielo una vez estuvo en tu pecho,
¡y sólo allí será mío otra vez!
Charlotte  Brontë
 REGRET
 Long ago I wished to leave
“The house where I was born; “
Long ago I used to grieve,
My home seemed so forlorn.
In other years, its silent rooms
Were filled with haunting fears;
Now, their very memory comes
O’ercharged with tender tears.

Life and marriage I have known,
Things once deemed so bright;
Now, how utterly is flown
Every ray of light !
‘Mid the unknown sea of life
I no blest isle have found;
At last, through all its wild wave’s strife,
My bark is homeward bound.

Farewell, dark and rolling deep !
Farewell, foreign shore !
Open, in unclouded sweep,
Thou glorious realm before !
Yet, though I had safely pass’d
That weary, vexed main,
One loved voice, through surge and blast,
Could call me back again.


Though the soul’s bright morning rose
O’er Paradise for me,
William ! even from Heaven’s repose
I’d turn, invoked by thee !
Storm nor surge should e’er arrest
My soul, exulting then:
All my heaven was once thy breast,
Would it were mine again !

sol·licitud de col·laboració



Fa uns minuts que hem rebut aquest correu. Un lector novaiorquès del nostre bloc vol participar de les nostres lectures. Crec, no us sembla ?, que serà un plaer compartir les seves opinions

“Hola Vespres Literaris,  mi nombre es Anthony Sunset.  Soy estudiante de español en la Columbia University.  Hace desde un año y medio que sigo su página por internet y hoy he decidido escribir a su correo. Me presento. Nací en Brooklyn, muy cerca del Prospect Park., en 1990, aunque vivo hoy en Queens. Mi padre era un enamorado de Leonard Cohen, ponía sus discos a todas hora. Cuando cumplí catorce años  me regalo un ejemplar de Poeta en Nueva York, el libro de poemas de Federico García Lorca; no sé si por eso estudio en la Columbia, pero sí sé que por Lorca estudio español.

El marzo de 2016 ya les quise escribir, estaban leyendo Harper Lee, yo leí To Kill a Mockingbird en el noveno grado, al mismo tiempo que leía a Lorca. Me gustaría mucho haber dado mi opinión. Esta mañana de domingo he leído en su página que este mes leen Jane Eyre. Me gustaría mucho escribir del libro. ¿Puedo remitir mis mails para su página? Gracias”


Anthony Sunset

quatre contes de nadal, imatges


Miquel Esparrach

   
Reunió d’alt nivell



Nit de pau i bones festes
 
Quieta Nit

El batalló perdut






Avui hem gaudit de la proposta teatral dels companys de Passi-ho-bé Teatre, Quatre contes de Nadal, una adaptació dels contes de Pere Calders realitzada per l’autor cerdanyolenc Roger Puig Morales i amb la direcció de Miquel Esparrach i Carlos Soler.


Els quatre contes són: Reunió d’alt nivell, una reunió entre els Reis Mags i el Pare Noel; Nit de pau i bones festes, que critica àcidament la burocràcia ; Quieta Nit, una crítica sobre la nit que es celebra la missa del gall; i, finalment, El batalló perdut, conte que està situat un nadal de la Guerra Civil Espanyola.