29 de des. 2019

no dejes nunca de soñar




No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron,
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudaran a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Walt Whitman





27 de des. 2019

almudena grandes y la escritura prusiana




Almudena Grandes no abandona la escritura. Ni siquiera en agosto, con media España (y suena a poco) de vacaciones, en Rota (Cádiz), rodeada por una ola de despreocupados veraneantes. Cada mañana, ya sea invierno o verano, llueva, nieve o truene, la escritora se sienta frente al ordenador para dedicarle varias horas a la tarea. Sirva este verano como ejemplo: Grandes alterna la corrección de Los besos en el pan (que saldrá en noviembre) con la escritura del cuarto tomo de sus Episodios de una Guerra Interminable.

"No lo parezco, pero soy bastante prusiana", asegura por teléfono en un pausa a media mañana. Esa rectitud que le hace librarse incluso del clima nonchalant gaditano le ha llevado a programar la revisión de su nuevo libro en pleno verano. Eso, y las prisas. "Ha sido un libro sobrevenido, muy raro", explica. Terminó de escribirlo el 15 de julio. Dos meses antes, su editor le había propuesto recopilar sus artículos publicados en El País Semanal. "Pero a mí los libros de artículos no me gustan", objeta, "Me da la sensación de que los lectores van a encontrarse con algo que ya conocen".

La solución (o la perdición) fue el optimismo: "Algún día el optimismo me va a matar". Cuando leyó la recopilación de columnas, se dio cuenta de que "ahí había un libro mejor, pero más exigente". Sus "cuentecitos" semanales construidos en torno a la crisis han sido reescritos, y otros han sido añadidos, para encontrar ese libro posible. Después de dos meses, Grandes cree haber narrado "la vida de un barrio de Madrid" durante un año o dos de este crash económico. El título, Los besos en el pan, viene de un artículo escrito para The New York Times en el que hablaba de un gesto de posguerra quizás recuperado en los últimos años: "Si se caía un trozo de pan al suelo, nos obligaban a recogerlo y a darle un beso antes de devolverlo a la panera".

La costumbre más evidentemente "prusiana" de la autora tiene que ver con el "equilibrio entre los capítulos". "Tengo un lado neurótico con la estructura de las novelas. Si una casa es fea, siempre tiene arreglo si está bien construida. Si una casa es bonita, pero mal hecha, se caerá de todas formas", explica. Por eso no empieza un libro hasta que no está perfectamente definida su estructura, que tiene que atender a criterios casi matemáticos. Deben mantener una proporción, en la extensión pero también en la "densidad". En Los besos en el pan, los capítulos están entre las 4 y las 10 páginas, con una media de seis o siete, explica. Sus capítulos cortos de no ficción suelen rondar los tres folios; los cortos de ficción, cinco, y los largos de ficción, 25. La escritora da las cifras sin dudar un segundo. Y añade: "Los pacientes del doctor García [su próximo Episodio] tiene una estructura rara para mí: son 46 capítulos, 20 largos y 26 cortos".

Aunque no se considera "maniática", sí confiesa ser algo "supersticiosa, aunque solo con el trabajo". Un ejemplo: "Nunca imprimo lo que estoy escribiendo, porque un libro no se imprime si no está terminado". En la misma línea, el título no llega hasta el final porque "no se pone nombre a algo que aún no existe". El té que siempre tiene a mano cuando escribe en invierno y el agua fresca que toma en verano no son manías, sino costumbres, explica. Los tres meses que transcurren entre que termina un libro y que lo entrega (lo llama "meter en la nevera") sirven para alcanzar un necesario distanciamiento con la obra. Cuando transcurre ese tiempo, que aprovecha para dar a leer la novela a los más cercanos, llega la fase más dura de corrección: "Suprimo mucho, al darlo a leer veo la clave del efecto que el libro tiene en los lectores".

Por lo demás, asegura, ninguna mística. Durante la mañana hace pausas para picar algo o leer la prensa, quizás incluso para hacer alguna compra en el mercado o la cooperativa. A mediodía, se cocina. Por la tarde, se lee, se duerme, se va a la playa ("He descubierto que los madrileños somos tontos y que hay que bajar por la tarde"). Tiempo libre. ¿Para vivir? "Bueno... La escritura y la vida son la misma cosa. Escribir para mí es más vivir que ir a la playa". “

Clara Morales
Infolibre
30/08/2015

23 de des. 2019

los pacientes del doctor garcía

Los pacientes del doctor García

Almudena Grandes

Tusquets editores, 2017

Páginas 768


Almudena Grandes, Premio Nacional de Narrativa 2018


Almudena Grandes destaca que les seves novel·les han donat forma a les seves conviccions:

La recent guanyadora de el Premi Nacional de Narrativa, l'escriptora espanyola Almudena Grandes, afirma, en una entrevista a EFE, que les seves novel·les sobre la postguerra espanyola, l'última entrega li ha valgut el màxim guardó de les lletres a Espanya, han "donat forma "a les seves conviccions polítiques.

"No només m'han reafirmat en les meves conviccions sinó que han donat forma a les meves conviccions, les han solidificat i sobretot m'han donat arguments per sostenir-les", afirma avui Grandes (Madrid, 1960) des de Buenos Aires, on es troba per formar part del jurat del Premi Clarín de Novel·la 2018.

El Ministeri de Cultura i Esport espanyol li va concedir dimarts passat el premi Nacional de Narrativa per "Los pacientes del doctor García" (2017, Tusquets), el quart llibre del seu projecte "Episodios de una guerra interminable".

La novel·la aborda la lluita contra el franquisme des de la diplomàcia, quan la via diplomàtica era l'últim recurs dels republicans a l'exili per intentar que els aliats es recordessin de que seguien existint.

Encara que està "molt contenta" per aconseguir el Nacional i el qualifica com "un honor" inesperat, Grandes sosté que les històries que es va trobar després de publicar el llibre són les que la emocionen.

Recorda, commoguda i amb la veu trencada, les vegades que algú se li acosta en una fira del llibre i li diu que en la seva novel·la explica una història idèntica a la del seu pare, o la de la seva àvia que anava a veure el seu avi a la presó, o el passat d'una família espanyola. "El premi també és de totes aquestes persones", remata.

Per a ella, el "únic premi valuós de veritat, l'únic que no es pot arreglar, l'únic que no caduca, l'únic que no depèn de la voluntat d'un jurat, són els lectors i les lectores".

La madrilenya puntualitza que en la seva sèrie, el proper episodi vol tenir a punt entre "juny i setembre" de 2019, explica la postguerra des de "un punt de vista pràcticament inèdit", el de la resistència antifranquista.

"M'ha obligat a pensar molt sobre el meu país, a pensar molt sobre el que Ortega i Gasset va cridar" el problema d'Espanya ', que no ho hem resolt encara ", analitza, a el temps que celebra que aquest any el nou Govern socialista espanyol , presidit per Pedro Sánchez, hagi resolt "treure" les restes de dictador Francisco Franco (1939-1975) del Valle de los caídos.

En un mes intens per a ella - "a algú li ha d'anar bé", bromeja-, i mentre veu com al seu país l'Executiu lluita contra la idea que "la dreta creu que Espanya és de la seva propietat", Grandes observa amb preocupació moviments de tornada a l'extrema dreta similars als que apareixen en els seus llibres, com el cas del Brasil, on aquest diumenge Jair Bolsonaro es pot proclamar president.
A la fi la globalització era això, que trist: un avanç de l'extrema dreta planetari. És a dir, l'extrema dreta avança a Europa, avança al continent Llatinoamericà i, per descomptat, als Estats Units. El cas de Bolsonaro és especialment sagnant", subratlla.

Grandes estarà fins dimarts a Argentina, un dels seus països predilectes, que travessa una crisi econòmica que ha portat a el Govern de Mauricio Macri a tancar un rescat de 56.300 milions de dòlars amb el Fons Monetari Internacional (FMI).

L'autora, que situa parts de " Los pacientes del doctor García " a Argentina, tenia por del que s'anava a trobar al país, on estava el 2001 quan la nació va travessar la crisi que va desembocar en un corralito bancari.

"He vingut aquí i me'ls he trobat molt millor del que jo esperava, forts i animats, preocupats naturalment però amb molta energia", explica mentre valora la "resiliència" dels argentins, un "patrimoni de la humanitat", segons ella .

Amb Buenos Aires, a Grandes li passa alguna cosa que mai va succeir amb cap ciutat, a part de Madrid, a l'escriure sobre els llocs de la capital argentina per a la seva última novel·la, el seu cos va recuperar "aromes i una sensació física" de passejar per l'avinguda Alvear i la Plaça San Martín. Ara que sí que està a l'Argentina, en una setmana que es va convertir en intensa sense ella esperar cap premi, l'autora reposa la distinció aconseguida mentre prepara una trobada amb els seus seguidors porteños.

"Els lectors, de tots els (premis) que em poden donar, és el que jo aprecio més", reafirma.”

Pablo Ramón Ochoa
Agència EFE



22 de des. 2019

ruido y soledad

Tiempo de ruido y soledad

Crónica novelada de los días de la Gran Crisis

Felipe Alcaraz

Editorial Almuzara, 2012

Páginas: 304


“La novela de Felipe Alcaraz, Tiempo de ruido y soledad (Editorial Almuzara), lleva como subtítulo “Crónica novelada de los días de la Gran Crisis”. La acción se desarrolla entre el entierro de Marcelino Camacho, que se presenta como el final de una época, y las elecciones generales del 20N de 2011.  Se trata de una novela coral, una especie de tapiz donde se trenzan varias decenas de hebras en una prosa directa y una estructura vertiginosa. Un espacio público lleno del ruido de la sociedad actual donde se cruzan personajes muy conocidos de la política, con sus nombres reales, con personajes de ficción. Es una crónica casi cinematográfica que, con el telón de fondo de la crisis económica y social, revela las conspiraciones políticas que la acompañan, las políticas adoptadas y sus consecuencias ideológicas, culturales y sociales, en un momento en que la maquinaria financiera que impulsa al sistema aparece desnuda, sin disfraz alguno, ante la mirada atónita de la ciudadanía.

En Tiempo de ruido y soledad, que es la primera entrega de la trilogía “La disciplina de la derrota” (le han seguido La disciplina de la derrota, en el año 2013 y Serpentario o La agonía de un régimen, de 2014, ambos en la editorial Almuzara) junto a personajes que representan al sistema, hay otros que luchan por darle un sentido histórico a su vida; contiene también, a través de otros personajes, los rasgos de la derrota de esa cierta izquierda que ha querido combatir a la derecha pareciéndose a ella o que ha intentado superar la derrota asumiendo los valores de su adversario y disfrazándolos con los oropeles de la postmodernidad.

En la novela palpita un tiempo desconcertado donde el ruido de una política convertida en simulacro sustituye a los colectivos, apáticos y desmovilizados; un personaje se refiere a esta situación como la crónica no escrita de una paz social interminable. A la pasividad secular se suma la que recorre el franquismo, la Transición o la que atraviesa la sociedad española durante los cambios y ajustes que introduce la estrategia neoliberal. Un ruido, mezcla de espectáculo y competitividad, cuyo reverso exacto es la soledad, la nueva soledad producida y extendida por el capitalismo avanzado; se trata de una situación social y laboral que aísla a la gente a través de un dominio vertical sobre cada uno y que, en parte, diluye el concepto de clase social y la propia función de los sindicatos y fuerzas políticas. No es de extrañar la aparición de fenómenos sociales nuevos, inesperados, entre ellos el movimiento llamado 15-M, los “indignados”, que funcionan en la novela como una especie de voz colectiva contra una democracia trucada, sumida en un proceso degenerativo.

Un personaje femenino, Genara Sampedro, recorre toda la novela. En ella se sintetizan la lucha por recuperar un sentido histórico de las cosas a fin de pensar la vida como algo susceptible de ser cambiado, con un drama personal que contamina sus sentimientos y la atenaza a través de un complejo de culpa, del que se libra a través de su relación con otro personaje, inquieto y “remediador”, Luis Ángel. Tiempo de ruido y soledad es también una novela de amor, del amor posible en estos tiempos.

Como dice uno de los personajes, el profesor Gómez Arboleya: “La soledad es la marca de estos tiempos. Pero lo sabemos. Y eso sigue siendo importante… que alguna vez podamos hablar sabiendo lo que sabemos”.”

19 de des. 2019

¿cómo escribir un libro?




Extracto de la crónica publicada en el medio Multimedia San Roque que reseña la conferencia dictada por Almudena Grandes en la localidad de San Roque, Cádiz,  este verano, y que inauguraba los Cursos de Verano en dicha localidad:

Almudena Grandes ha indicado en la conferencia, titulada “Cómo escribir un libro”, que, tras una crisis, “no podía cuidar a mi hija Elisa y al mismo tiempo escribir, así que me hice con un cuaderno en el que apuntaba notas e ideas, pasé la crisis en el cuaderno, y a partir de ese momento, organizo toda mi literatura alrededor de ese cuaderno”.

“Me cuento el argumento para mí misma, lo hago bien, con adjetivos, adverbios, escribo ese argumento para seducirme a mí misma. Con mucha calma, así empiezo la novela, volcando el tema en el cuaderno. Tengo que tomar muchas decisiones y muy difíciles, normalmente, entre ellas, en qué persona escribo o el número de capítulos. Además, construyo a los personajes y los describo de manera muy exhaustiva aunque luego me sobran detalles” ha indicado la autora.

En el cuaderno también refleja las diferentes cronologías, “cuento muchas historias y deben encajar todas entre ellas” y la importancia de la estructura que Grandes considera lo más relevante de la novela, “otorga un valor expresivo fundamental, se trata de la válvula que regula el desarrollo emocional de los personajes, crea expectativas e interés. Para mi todos los capítulos tienen que tener las mismas páginas, los mismos capítulos, simetría, y me considero muy neurótica con este tema. Los andamios de una novela cuando no se ven, es que está bien estructurada y cuando me convence la estructura, y la lista de capítulos y lo que va a contar, entonces me pongo a escribir. Y aquí es dónde toma importancia el cómo”.”

 



16 de des. 2019

mercè

font de la Portaferrisa, en aquest carrer va néixer la Mercè

La Mercè, la mare de la nostra entranyable Emma, ens ha deixat avui. Deixem aquí el nostre petit homenatge de la gent de Vespres Literaris.




Quan l'hora del repòs hagi vingut per mi
vull tan sols el mantell d'un tros de cel marí;
vull el silenci dolç del vol de la gavina
dibuixant el contorn d'una cala ben fina.
L'olivera d'argent, un xiprer més ardit
i la rosa florint al bell punt de la nit.
La bandera d'oblit d'una vela ben blanca
fent més neta i ardent la blancor de la tanca.
I saber-me que sóc en el redós suau
un bri d'herba només de la divina pau.

Rosa Leveroni


15 de des. 2019

la autora del mes



Entrevista de Clarita Spitz a Almudena Grandes en el marco del V Carnaval Internacional de las Artes celebrado en Barranquilla, Colombia en el año 2011

“P: Como lectora, ¿cuáles son tus preferencias? ¿Ha habido alguna influencia no sólo en tu obra sino en tu vida y tu forma de escribir?

R: Yo creo que he tenido muchísimas influencias como todo el mundo y para un escritor a veces es más difícil rastrear las influencias propias – se ve mejor desde afuera. Pero sí puedo hablar de una serie de libros que fueron capitales para mí. El primero de todos fue uno que me regaló mi abuelo paterno. Mis lectores saben que en mis libros siempre hay muchos abuelos y muchas nietas. Todos mis abuelos son ese abuelo y todas las nietas soy yo. Mi abuelo fue el primer hombre de mi vida y tuve una historia de amor muy potente con él. Para mi comunión me regaló una versión de La Odisea para niños, en prosa y ése fue el primer libro que yo leí en primera persona del plural. Tardé mucho en comenzarlo porque me decepcionó mucho el regalo; yo pensaba que me iba a dar algo más especial que un libro – yo tenía la ilusión de un tutú de ballet azul celeste. Sin embargo cuando lo empecé, desde el primer momento en vez de leer Ulises yo leía nosotros; me impliqué de tal manera que creo que ése fue el libro que me hizo escritora. Un clásico, aunque pueda parecer apabullante, me hizo pensar en que quería escribir, pero no sabía como quien. El segundo libro que recuerdo que me influyó mucho, como para compensar y para bajar el nivel, fue Mujercitas porque me enseñó que quería escribir como Josephine March – o sea, me dio un modelo. Yo no tenía mujeres escritoras en mi entorno. Pero tenía a Jo March en el libro.

P: De Benito Pérez Galdós además de la admiración, ¿siente que ha influido en alguna manera en su obra?

R: Tuve una experiencia básica como lectora y como escritora a mis quince años, cuando descubrí a Galdós, que ha sido un escritor muy importante para mí. Lo descubrí por casualidad y también a través del abuelo aunque él ya no vivía porque en la casa donde veraneábamos, en la sierra de Madrid, había pocos libros. Mi madre me daba dinero para comprar en la feria del Libro, pero a mediados de julio me los había leído todos. Cuando me había leído todo lo que había en esa casa, después de darle muchas vueltas me atreví a coger esos libros que me daban tanto miedo y tuve la suerte que la primera novela que encontré fue Tormento de Benito Pérez Galdós, me deslumbró mucho, me di cuenta de lo difícil que era el país en el que yo vivía. Porque para una niña del franquismo la historia de un cura que persigue a una huérfana y la hunde, era como de ciencia ficción. ¿Cómo es posible que aquí haya pasado algo así? ¿Qué clase de vida había en este país para que un escritor haya podido contar esto? Galdós fue fundamental para mí como lectora y luego como escritora. Creo que los maestros del XIX son los auténticos amos de este género, los que sabían de verdad qué era escribir una novela.

P: ¿A qué atribuyes esto?

R: Yo creo que el siglo XIX fue la gran época de la novela porque en aquel momento los novelistas todavía eran salvajes e inocentes y entonces podían asumir la tarea de crear mundos completos. Cuando pienso en Galdós, Tolstoi, Flaubert o Dickens veo como una sabana africana inmensa con un árbol o dos, una manada de elefantes y delante un personaje pequeñito mirándolo todo. Tenían el mundo entero para ellos. Sin embargo, cuando pienso en mi o cualquier escritor contemporáneo y veo a un personaje, lo veo del mismo tamaño pero, en una autopista de California con diecisiete carriles prohibidos, semáforos y desvíos. Nosotros hemos perdimos la inocencia y el estado salvaje. Deberíamos aspirar a la ambición de aquellos escritores, aunque no estamos en la misma situación sigo pensando que un novelista puede aspirar legítimamente a crear un mundo completo, a crear mundos completos.

P: ¿Qué significó para ti comenzar la carrera con la Sonrisa Vertical?

R: Fue un azar, algo muy extraño. Creo que las primeras novelas siempre son extrañas porque cuando uno escribe su primer libro ni siquiera sabe si está escribiendo un libro o un texto que va a acabar en un cajón. Cuando escribí Las Edades de Lulú no les ponía cara a los editores, ni a los críticos, ni a los lectores, ni cuando pasaba por delante de una librería tenía idea de que iba a estar al cabo de un tiempo en ese escaparate.
Había empezado cientos de novelas sin pasar del primer capítulo. Lo que hacía invariablemente era escribir uno o dos folios y los guardaba en un cajón; a las dos semanas los sacaba me parecían horribles y los rompía. Con Lulú fue como con todo lo demás, escribí siete folios, los guardé en un cajón los saqué y dije ah, ¡esto está bien!
Escribí Las edades de Lulú en un estado de inocencia y de salvajismo casi decimonónico y al final fue algo distinto a lo que pensaba, yo pretendía escribir una novela entre erótica, negra y sarcástica.

P: ¿Y qué pasó entonces? 

R: Al principio ves con mucha claridad una situación. Siempre parto de una imagen, pero cuando esa imagen ya ha avanzado un poco tienes que contestarte a ti misma: ¿Esta quién es? ¿Por qué hace esto? ¿Qué le ha pasado? En un momento dado la novela cambió de dirección, fue por donde le dio la gana, empecé a seguir a Lulú en vez de seguir mi plan. Cuando terminé pensé que había escrito una novela erótica, poco convencional y que la podría mandar a un certamen.

P: Las edades de Lulú se ha definido de muchas maneras: erótico, provocador, sexual, pornografía – hoy en día, ¿te molesta que te hablen de este libro?

R: No me molesta. Yo le tengo mucho cariño a este libro, que ha hecho por mi mucho más de lo que la inmensa mayoría de los libros hacen por sus autores. Tengo una relación muy buena con él – cuando habían pasado quince años desde que lo publiqué y se habían extinguido los derechos de autor, lo corregí. Me parecía una novela buena pero que estaba muy mal escrita. Todo el mundo me preguntó si había quitado escenas sexuales, pero no, le quite “mentes”,  era insoportable la cantidad de adverbios que tenía la novela. Lulú ha sido muchas de mis primeras veces. Triunfó como novela generacional porque una generación de españoles la asumió como una especie de educación.

P: Hay una línea muy sutil entre lo que es erótico y lo pornográfico o vulgar. ¿Dónde está esa línea?

R: No lo sé.  La diferencia del erotismo y la pornografía, aparte de la etimológica, tiene que ver con la actitud del receptor del mensaje, tiene que ver con la actitud del lector. Hay gente para la que cualquier cosa es pornográfica y gente que establece un límite de lo que es capaz de sentir o comprender. Es uno de los pilares de la literatura contemporánea. No tiene que ver con la calidad de una obra artística. Se podría hacer una aproximación y decir que la buena literatura es erótica y la mala es pornografía. Un buen escritor puede escribir sobre cualquier cosa y puede hacer literatura de cualquier tema y un mal escritor no tiene esa capacidad. Es curioso como cuando alguien escribe una novela erótica todo el mundo supone que tiene una vida [sexual] tremendamente intensa y cuando alguien escribe novelas de asesinatos nadie supone que se ha cargado a su vecino, ni se supone que un escritor que escribe ciencia ficción haya tenido contactos en la tercera fase.

P: ¿Por qué siempre novelas?

R: Yo vengo de una familia de poetas aficionados. Para mí la poesía era el género de los adultos, el género solemne, lo difícil; estaba abocada a enamorarme de un poeta, era como un destino y fue así, mi marido es poeta. Nunca se me ocurrió meterme por la poesía, lo que me gustaba leer era novelas, era una lectora voraz y sigo siéndolo. Para escribir antes ha habido que leer. Empezar a escribir es una consecuencia de haber leído mucho, es como atravesar el espejo, como cuando Alicia atraviesa el espejo. Leer y escribir son actos especulares.

P: Inés y la Alegría es la primera de la serie de seis novelas históricas que titulaste Episodios de una guerra interminable.  Cuéntanos un poco cómo surge este proyecto. Alguna vez has dicho que la literatura llena los huecos que deja la historia ¿Qué encuentras tú para rellenar esos huecos, esos vacíos de Historia con la historia?

R: Tenía ganas de escribir una novela de mil páginas porque es el estigma de Cervantes: Una vez en la vida tienes que escribir una novela de mil páginas. Cuando terminé de escribir El corazón helado me quedé un poco vacía. Era difícil encontrar que escribir después. Otra novela de mil páginas no podía ser.  Tampoco podía escribir una novela negra de doscientas páginas porque mis lectores se iban a sentir muy desorientados.
Aparte El corazón helado es una obra muy peculiar que a mí me afectó mucho, porque es verdad que la novela es mía pero el tema no es mío, es de todos mis compatriotas. Es el gran tema pendiente de mi generación. No era fácil continuar después de eso.
Cuando yo empecé a escribir El corazón helado yo creí que ya lo sabía todo sobre la Guerra Civil española que es una cosa que suele pasar a los españoles, todos creen que lo saben todo sobre la Guerra Civil. Pero había un par de temas que yo no dominaba mucho y empecé a leer para cubrir lo que pensé que eran unas par de lagunas pequeñas y entonces descubrí que yo no sabía nada.
La Historia y la historia son la realidad y la ficción. Cuando descubrí que yo no sabía nada sobre la Guerra Civil me enganché al tema, empecé a leer ya no para documentarme, leía para mí, para comprender y mientras lo hacía fui descubriendo historias de la posguerra que me gustaban mucho. Me parecía que tenían una novela detrás, pero ya no podía meterlas en la mía porque yo había exiliado a los republicanos, entonces si yo contaba el exilio no podía contar la posguerra en el interior, era incompatible.
Tenía una serie de historias que me daban vueltas en la cabeza, que pensaba en ellas de vez en cuando, las mimaba, las sacaba a tomar el aire, sabía que tenía algo allí. La más impresionante de todas era la de la invasión del Valle de Arán, el hecho de que un ejército de 4000 hombres cruzara los Pirineos en octubre del año 1944 para liberar un valle, intentando forzar una invasión aliada.
Me fascinó la historia en sí y más me fascinó que yo no supiera nada. Como siempre escribo a partir de una imagen, imaginaba una mujer a caballo que iba hacia los guerrilleros con una pistola y cinco kilos de rosquillas, no sé porqué, pero las había. Quitando las rosquillas era una imagen como de un western y por eso decidí hacer un guión de cine. Durante un año y medio estuve trabajando en versiones que no acabaron de salir sobre todo porque la película era muy cara.  Le di vueltas y en un momento de ese proceso comprendí que tenía que escribir una novela, porque es lo que yo sé hacer. Lo que todas esas historias que yo tenía en la cabeza me iban a permitir hacer era una interpretación moderna y personal de los Episodios nacionales de mi querido Don Benito. He sacado el primero, Inés y la alegría y quedan cinco.

P: En tu opinión ¿el autor sacrifica algo al entregar un texto para hacer una película?

R:  Me parece que no es bueno hablar de cine y literatura, que es más justo hablar de novelas y películas a mi me han hecho seis, tres no me gustan, dos me gustan y una, Castillos de cartón, me parece una atrocidad de película.
Las edades de Lulú fue mi primera experiencia en todo, colaboré en el guion y eso me permitió comprender que no tenía que hacerlo nunca más. Hubo un momento en el que me di cuenta que para la película yo era absolutamente prescindible.
Creo que la actitud más razonable para un escritor que vende una novela es aceptar que has vendido una historia para que la cuenten de otra manera y que tú no eres responsable de esa historia.
Hay una anécdota del dramaturgo Benavente que cuando le llamaban del cine un director o un productor para llevar su obra al cine preguntaba, ¿cuánto me van a pagar por los destrozos?

P: Lo que escribe sucede en España, pero eso ¿sucede necesariamente en España o podría ser universal?

R: Yo espero que aunque sea un tema español pueda tener lectores fuera de España. La única forma de llegar a lo universal es empezar por lo local. Esos abordajes teóricamente universales suele salir fatales porque es muy mal punto de partida. Hay que escribir sobre lo que se conoce, sobre lo que uno tiene cerca y de lo que a uno le interesa. Luego lo que ocurre es el milagro de la comunicación, que se asienta en el principio de que todos los seres humanos somos básicamente parecidísimos.

P: Entre Las edades de Lulú y los Episodios de una guerra interminable ¿qué giros significativos señalarías en tu trayecto como novelista?

R: Supongo que no soy la única escritora a la que le pasaba que las novelas se le iban por donde ellas querían.  La madurez en mi obra es que ahora cuando empiezo una novela la conozco al ciento por ciento. Tengo un cuaderno con la historia resuelta y la estructura cerrada, sé cuántos capítulos tiene, lo que pasa en cada uno e inclusive cuántas páginas va a tener y hasta ese momento no me siento a escribir. Pero luego hay una emoción inherente en la escritura, es una aventura y cuando te sientas escribir puede suceder, que lo que has decidido antes no te sirve para nada.

P: ¿Cuánto tardas en escribir una novela?

R: Estos últimos proyectos como un año y medio o dos. Yo escribo muy despacio  porque soy muy pesada. Aunque empiezo con la novela resuelta, una cosa es lo que me cuento a mi misma pero otra cosa es contarlo. Si yo escribiera siguiendo las notas de mis libros escribiría novelas muy de prisa y serían muy malas.

P: ¿Qué sientes cuando terminas una obra? 

R: Siento mucha pena. Me hace gracia que a veces en las películas de Hollywood se ven los escritores eufóricos abriendo una botella de champaña y saliendo a la calle a celebrar que han terminado. Yo me siento como si me quedara sin casa, una sensación como de desahucio, porque creo que al escribir, una novela es un poco mi casa, le da sentido a mi vida. Me levanto todas las mañanas, me voy al ordenador y vivo una serie de horas en esa casa. Tengo una vida paralela esperándome en la que me zambullo y mientras escribo llevo adelante dos vidas a la vez. Cuando estoy escribiendo, lo ideal es ni siquiera salir a la calle para poder estar cosiéndome en mi cabeza todo el tiempo. Es una sensación de estar en dos partes a la vez. Terminar una obra es esa sensación de estar debajo de un puente.

P: ¿Cuándo se termina una novela? ¿Es sencillo dar por concluida una creación?

R: No. Soy muy pesada, pesadísima. Releo continuamente, no lo puedo evitar. Creo que incluso me perjudica releer tanto.  Me pasa una cosa muy graciosa. Al principio me daba cuenta que me gustaban mucho más los finales de mis novelas que los principios; es que escribo mejor pensaba, hasta que me di cuenta que me aburro porque lo he leído tantas veces. Me gustan los finales porque no me los sé de memoria. Después que termino releo y corrijo mucho, la dejo tres meses en el congelador y luego vuelvo a leer. Sólo después de todo ese proceso la entrego oficialmente. Me cuesta mucho trabajo soltarla.”


14 de des. 2019

lendo hoxe



A libraría Terranova é un lugar diferente no planeta Terra, habitada por libros e almas, un escenario de amores e resistencia, un refuxio de náufragos da vida, un santuario de animais, un lugar de memoria e emoción, onde de súpeto aparece no escaparate o letreiro da Liquidación total de existencias por peche inminente. Cando chega o ultimato e se pon en marcha o proceso de desafiuzamento, Vicenzo, o libreiro, que arrastra as secuelas dunha doenza na infancia («O meu corpo é un manifesto!»), revive a propia historia e a da libraría, mentres tenta facer fronte á especulación e ao que el chama o Imperio do Baleiro.

Terranova é un lugar de emoción e memoria. Foi porto de desembarco de libros descoñecidos ou prohibidos, unha especie de Ítaca entre Europa e América, un territorio de liberdade secreta no franquismo, onde as «botellas ao mar» do exilio retornan, en xeito de libros, en maletas e baúis de emigrantes. E será tamén o lugar de acollida para unha personaxe engaiolante, Garúa, unha moza exiliada arxentina, cuxa chegada transformará a vida de Terranova en tempos da chamada Transición, aínda perigosos e de gran incerteza histórica. Galicia, Bos Aires, Madrid, París, Lisboa..., xunto ao Pulmón de Aceiro, a Cámara Estenopeica, a Terra Escondida, a Memoria Profunda, o Faro e a Liña do Horizonte, son territorios e espazos reais que tamén pertencen á xeografía íntima da libraría Terranova.


O último día de Terranova é unha novela de enxeño multiforme onde conflúen os xéneros literarios entrelazándose a serie negra, o humor da poética surrealista mesturado co da oralidade popular, e un realismo tan a rentes do chan como transcendente. A libraría Terranova converterase para quen entre nela nun lugar inesquecíbel.

13 de des. 2019

el último día de terranova y 8




“Estoy de pie frente al mar y tengo miedo a girarme, a darles la espalda, y que todo desaparezca para siempre. También ellos. Que cuando me vuelva, solo encuentre un inmenso vacío partido por la Línea del Horizonte, una línea fósil, sin recuerdos que se muevan en ella como ahora lo hace Garúa en bicicleta con su lote de libros en las alforjas. Que de pronto se encienda de día la linterna del Faro y un destello de luz negra, humeante, recorra la ciudad y enfoque acusador la fachada de Terranova y el letrero del escaparate en el que escribí: Liquidación final de existencias por cierre inminente.”


El último día de Terranova
Manuel Rivas
Alfagura, 2015
Página 9




“A ver quién anda hoy por la Línea del Horizonte”

El último día de Terranova
Manuel Rivas
Alfagura, 2015
Página 275



12 de des. 2019

el último día de terranova, 7




“Hoy nació la hija de Viana, la chica furtiva. La primera nativa de Terranova. En la Cámara Estenopeica, con la ayuda de Expectación y de Goa. Si volviese a nacer, me encomendaría a sus manos. Creo que mi inutilidad resultó eficaz. Yo estaba allí, compartiendo el estupor de las esferas ante la vida, y de pronto vino Expectación y me puso en los brazos aquel contrabando.

Se llama Estela. Estela Marina. ¿Te gusta?

Mucho. Mírala bien, seguro que ya nace con el nombre tatuado.

Me sorprendió el tamaño. Qué menuda. Pensé que sería más grande que la madre. Me parecía que se iba a tambalear toda la librería. Que se harían añicos las esferas. Que rechinarían las biblias. Todo está mejor ahora. Los gatos, Baleia, todos andan ojo avizor, imbuidos de una responsabilidad. Incluso olvidé el Síndrome, o el Síndrome me dio una tregua. Por la tarde las llevamos a ambas, madre e hija, a una cama grande en el primer piso. Y no vino un médico, sino tres. Tres doctoras. Begoña, Amparo y Lola, de la tribu de Terranova.

Y fue Lola la que preguntó por el padre.

El padre es un inmortal, dije yo, guiñando un ojo a Viana.

Ya se le ve a la niña, dijo Amparo. Ya sabe reír. Lo normal es que tarde cuarenta días en aprender a reír. Ya está en Aristóteles.

¡Un ignorante, ese Aristóteles!, exclamó Expectación. El mío se rio el primer día, nada más ver a la madre. Servidora.

Zoroastro nació con la risa en la boca, dijo Begoña. Al parecer, de ahí proviene su sabiduría astral.

Pues mira, como el mío, dijo Expectación. Ahora anda por el mar, siguiendo a los astros.

Ella se había venido de Chor para Terranova cuando el Aviador y Adelaida habían empezado con los trámites de venta de la Casa Grande. No les tenía ninguna ley: Unos meapilas, ¡pero de los de la Virgen del Puño! Dombodán, después del estallido del taller de pirotecnia, oficialmente un accidente por un fallo eléctrico, había logrado embarcar al fin, pero no en un mercante, sino al cuidado de la residencia de mascotas en un transatlántico de cruceros turísticos. Ya ves, dijo Expectación. En el campo ya no queda ganado que cuidar, lo sacrificamos, y él anda de mayordomo de animales en el Queen Mary. Pero no parará hasta llegar a Antofagasta.

Me había llamado, Expectación. Necesitaba un techo.

Le dije que sí, claro, que me vendría bien un ama de cría.

Seguro, dijo ella. De pequeño mamabas como una persona mayor.

No quise explicarle la situación de la librería. Terranova tenía los días contados. Por el contrario, y después de reírme de mi precoz pasión mamaria, le dije que necesitaba su ayuda, que con el tiempo sería una buena librera. Con el tiempo, sí, con el tiempo haría un funeral de primera, se burló. Pero yo insistí, y mientras hablaba creía en lo que decía.

Desde que la argentina me enseñó, dijo por Garúa, solo leí un libro. Me gustó tanto que me dije: ¿Y ahora para qué voy a leer otro? Voy a leer este toda la vida. Y ya debo de haberlo leído diez o quince veces. Pedro Páramo. Está escrito con levadura. Lo dejas una noche y fermenta. Se llena de cosas nuevas.

Pues seguro que tú eres la persona que más sabe en el mundo de Pedro Páramo.

No te digo que no.

Ya verás. Haremos un encuentro con los amigos de la librería: Expectación y «Pedro Páramo». Llegará el día en que vengan catedráticos y todo.

Yo hago lo que tú me digas.

Suerte que Expectación estaba ahí para el parto de la chica furtiva.

En mi eficaz inutilidad, me había pasado toda la noche anterior hablando con Viana.

Ninguno de los dos podía dormir. Ella estaba a punto de dar a luz. Sentía removerse a la cría. Abrirse paso. Yo no lograba conciliar el sueño, llevaba ya varias noches de búho, por culpa del ultimátum. Tenía miedo de que se produjese un desalojo por sorpresa. Estaba pasando en muchos lugares. No se respetaba la vejez del inquilino, ni el estado de necesidad, ni siquiera la invalidez. ¿Quién era yo? ¿Qué significa el cierre de una librería, otro cierre más? Un hueco, un vacío, otro hueco. El vacío avanza, y por su naturaleza, nadie se da cuenta de ese imperio hasta verse en el vacío. El desalojo de las almas, el abaratamiento del cerebro, la pérdida de oxígeno. Los viveros de las librerías, los talleres que bullen y cantan, las revistas de arte insurgente son los anticuerpos de la cultura libre que expulsan el vacío. Somos los objetivos de una guerra no declarada. ¿Dónde está mi Pulmón de Acero? Así veo yo las cosas. Así hablo solo. Emitiendo en onda corta en La noche de Terranova. No, no le voy a ir con la llorada ni a Viana. Ella resiste el vacío. Es un anticuerpo contra el Vacío.

¿Por qué se te ocurrió venir aquí, Viana?

Pensé que era el sitio más seguro. Hablé con Zas y estábamos de acuerdo. ¿Qué lugar más seguro que una librería?”


El último día de Terranova
Manuel Rivas
Alfagura, 2015
Página 237-240

11 de des. 2019

la "metáfora"

Nicolás Olivari
poeta argentino
1900-1966“Eliseo comenta entusiasmado: ¡En Buenos Aires todo el mundo lee! Es increíble. En los parques, en los cafés, en los colectivos. Hasta los malevos leen, y los cirujas, desde luego. Me crucé con uno que llevaba en la carretilla una especie de biblioteca portátil.

¿Son para revender?, pregunté.

Son para leer, señor, dijo él.

Tomé un taxi. Me preguntó a qué me dedicaba, y yo dije que era librero y que había venido a aprender a Buenos Aires. Un ciruja precisamente acababa de darme una lección. Eso le gustó, claro. Aquel taxista empezó a hablar de los escritores que había conocido por su oficio. Y me di cuenta de que aquel relato, el del taxista, iba a ser un libro en movimiento. El viaje era el libro y el taxista, por así decir, estaba ya escribiéndolo en el aire para mí. ¿Quién le ha impresionado más?, pregunté. Chascó la lengua tres veces, y dijo: Sin duda, Roberto Arlt.  Sabés cómo lo conocí? Me pagó el viaje con una novela. Yo llevaba poco tiempo, era un pibe todavía, y subió ese tipo, bien vestido y desaliñado a la vez, el cabello con vida propia. Al principio pensé que era un músico, uno de esos compositores geniales que arman una sinfonía con una tormenta, eso pensé, era verano, y la noche anterior había sido tremenda, justo se habían caído las vigas del cielo de Buenos Aires, y dije, este también ha caído del cielo, pero no.

Dijo:

Me llamo Roberto Godofredo Christophersen Arlt, nací bajo la conjunción de Saturno y Mercurio, una fortuna astrológica que todavía no me ha sido ingresada. No tengo un peso: ¿podría pagarte con una obra maestra?

Y me dio un ejemplar de Los siete locos. La primera novela que leí, ¿viste?, contó ufano el taxista. Le pregunté qué había que hacer para escribir una novela y, cuando esperaba un discurso teórico, me sorprendió por la precisión: Perder quince kilos de peso, fumar ochenta atados de tabaco y tomar tres mil litros de café. No era ningún chalado. Era un reloj con la hora adelantada. Me convenció su tesis de la mentira metafísica. En eso estamos, ¿no?

¿En qué?

¡En la mentira metafísica, che!

El taxista me llevaba a la Avenida de Mayo. Yo entonces dormía en la librería de Sabbatiello. Era una fonda popular aquella librería. Después de la guerra, muchos exiliados hallaban allí un primer refugio. ¡Un lugar hospitalario! El viejo Sabbatiello me recomendaba siempre el rincón de las enciclopedias. ¡Daban buen dormir para un hijo natural de la Revolución francesa!

Eliseo hizo una pausa buscando con la mirada la complicidad histórica de Amaro, que tenía el asentimiento corporal de un remero en tierra. No lo toméis a broma. Lo de «hijo natural de la Revolución francesa» no era una filigrana oratoria del fiscal, sino que surtía un efecto fatídico en los juicios sumarísimos de los tribunales fascistas. Hay momentos históricos en que las palabras tienen plomo, matan. Eso ocurrió aquí, en esta ciudad. No había ningún cargo verosímil. Fusilaron al alcalde y a los suyos, la gente honrada, demócrata, ilustrada, por culpa de una metáfora.

¿Qué es la mentira metafísica?, pregunté.

Imagina que la mentira se convierte en una creencia, apoyada en una supuesta verdad científica. Una síntesis de religión y ciencia. La mentira como única verdad establecida. Pero creo que lo explicó mejor el taxista. Cuando llegamos a la Avenida de Mayo le pedí que diéramos otra vuelta. Aquel hombre era un catedrático. Cada carrera, una lección magistral. No todo el mundo empieza con Los siete locos. Eso ya es propinarle una derrota a la estupidez. ¿Y qué pasa si otro día sube a ese mismo taxi un poeta que se llama Nicolás Olivari y le paga al taxista, porque se lo pide él, con un libro que lleva bajo el brazo? Era El gato escaldado, me dice el chofer, Aldo, ya sé el nombre. Y yo estoy a punto de abrazarlo, de proponerle ya la gran empresa editora transatlántica. El Taxista de Terranova, algo así.

¿De verdad era Olivari? ¿El poeta Olivari?

¡Sí, che, el mismísimo Olivari con El gato escaldado! Y Aldo, el taxista, me confesó: Yo, cuando quiero llorar, pero llorar llorar, nada de lloriquear, sino llorar como se llora en la soledad de una taberna sucia, para ver las lágrimas haciendo surcos de verdad en la piel sucia, pues entonces, cuando quiero llorar, escucho La Violeta.

Y nos fuimos a escuchar La Violeta a un boliche en Caballito, y como en ese momento no había quien la cantase, cantó Aldo:
…”


El último día de Terranova
Manuel Rivas
Alfagura, 2015
Página 126-129