31 d’oct. 2014

un autor hispano-filipino

“¿Quién conoce en España a José Rizal? La extendida ignorancia de lo escrito en nuestra lengua en Iberoamérica a lo largo del siglo XIX abarca también, y se acentúa, en lo que concierne a las remotas y olvidadas Filipinas. Si, a diferencia de la otra orilla del Atlántico solo los especialistas en el tema han calado en la obra de Humbold, Andrés Bello, Sarmiento, Martí e incluso, más cerca de nosotros, José Vasconcelos, la espesa nube que oculta su labor al lector español se adensa aún en torno a Noli me tangere, la novela de Rizal, impresa en Berlín a cuenta de autor en 1887 y condenada de inmediato al ostracismo en razón de su “carácter herético” y su “filibusterismo” por las autoridades religiosas y militares del Archipiélago.

Gracias a su biógrafo Rafael Palma y el prologuista de la novela Leopoldo Zea sabemos que Rizal, un tagalo hispanizado que manejaba la lengua de Cervantes con la misma inteligencia y soltura que el Inca Garcilaso, nació en Calamba en 1861. Autodidacta primero, como un puñado de indígenas de la ex colonia española -los frailes les adoctrinaban en su idioma, pero habían prohibido la enseñanza del nuestro so pretexto de que no se contaminaran con ideas nocivas y perdieran sus preciosas almitas-, cursó luego estudios de medicina y filosofía en Madrid, París y Heidelberg. De la excelencia de su formación dan muestra sus vastos conocimientos en francés, inglés y alemán, así como su lectura de corrido en latín. Escritor, pintor, médico, oftalmólogo (curó de la ceguera a su propia madre), poseía en suma una cultura muy superior a la de sus colegas españoles de la época. Su ideario nacionalista, forjado por la experiencia de la opresión colonial de las islas, excluía no obstante el recurso a la violencia. Fundador primero de la revista La Solidaridad y luego de La Liga Filipina, sus publicaciones provocaron en España un rechazo y ostracismo similares a las que ocho décadas antes sufrió Blanco White.

Rizal se servía de la lengua del conquistador para denunciar los abusos de la colonización.

El futuro de las islas le preocupaba con razón. Conocía por experiencia la precariedad del dominio español y las apetencias que suscitaba el Archipiélago entre las grandes potencias europeas y el emergente poder norteamericano. ¿Qué será de las Filipinas dentro de cien años?, es el título de uno de sus ensayos compuesto durante su larga estancia en el Viejo continente. Como muchos escritores hindúes, árabes y africanos del siglo que dejamos atrás, Rizal se servía de la lengua del conquistador para denunciar las injusticias y abusos de la colonización. De esta contradicción insoluble entre el amor a una lengua y cultura que asumía como propias y la indignación ante los atropellos cometidos contra sus hermanos indígenas brota, como un géyser, la fuerza de su escritura. Las burlas y el desprecio por parte de los frailes y guardias civiles a los tagalos que se expresaban en español no eran solo indignas de su proclamada misión redentora sino que actuaban a muy corto plazo contra los intereses de España. Sus temores, como sabemos, se convirtieron en realidad. Hundida en unas horas la flota española amarrada en Manila y expulsada la administración del decrépito poder colonial por los invasores estadounidenses, éstos impusieron el inglés a los nativos y el español pasó en unos pocos años a la triste condición de lengua extinta (únicamente subsistió el chabacano, un híbrido de castellano y tagalo sin expresión literaria alguna). Las amargas reflexiones de Rizal sobre su inútil empeño por asumir un idioma abocado a desaparecer de las Filipinas (“¿Para comprender los insultos y amenazas de los guardias civiles?”, escribió. “Para eso no hay necesidad de saber español, basta comprender el lenguaje de los culatazos”) se cumplieron puntualmente. Diez años después de su muerte, la inmensa mayoría de sus compatriotas no podía entender la obra de su primer escritor.

Movido por la nostalgia, el autor de “Noli me tangere” regresó a Filipinas en 1892. Acusado de simpatías independentistas, fue desterrado de Manila por orden del Capitán General y sufrió cuatro años de estricto confinamiento. Pese a la injusticia de que era objeto, rehusó encabezar el movimiento revolucionario que se gestaba entre la población indígena. Su instrumento de lucha era la pluma, no el recurso a las armas. En 1896 aceptó ser enviado como médico al Cuerpo Sanitario que combatía los estragos del cólera en los desdichados reclutas enviados a luchar como carne de cañón contra los insurgentes cubanos. Durante la larga travesía de Manila a España, al producirse la previsible insurrección del Archipiélago, fue detenido a bordo y encerrado en el castillo de Montjüic a su llegada a Barcelona. De allí fue devuelto a su tierra nativa y condenado a muerte por un tribunal militar en cuanto “alma viva de la insurrección” y “traidor a España”. El 30 de diciembre Rizal fue fusilado por sentencia del Consejo de Guerra en medio de insultos al felón y vítores a la Madre Patria. Como había escrito unos años antes, “solo se muere una vez y si no se muere bien, se pierde una ocasión que ya no se presentará una vez más”.

Celebrado como un héroe, es un perfecto desconocido en la península.

Novela comprometida, diríamos hoy, por su clara denuncia de la opresión, sería muy injusto no obstante encasillar a “Noli me tangere” en tan reductivo apartado. Rizal muestra un buen conocimiento de las técnicas narrativas que lo distingue de los panfletarios al uso. Los personajes de Ibarra -un alter ego del autor-, del capitán Taigo o de la supersticiosa o desdichada Sisa, no desmerecen de los trazados por Galdós. La pintura de la corrupción reinante, crueldad de la guardia civil, incompetencia de la administración e indolencia de sus asalariados (“todo un mundo de parásitos, moscas o colados que Dios creó en su infinita bondad y tan cariñosamente multiplica en Manila”) son tratados con incisivo humor. Su ironía sobre la piedad crédula de sus compatriotas, menos preocupados por el Altísimo que por su cortejo de santos y santas (Dios para ellos, dice, es “como esos pobres reyes que se rodean de favoritos y favoritas, y el pueblo solo hace la corte a éstos”), y acerca de la explotación de los milagros de una cohorte de Vírgenes gracias a los cuales, los curas, ya bien forrados, se van a América y allí se casan, hubieran inflamado la santa ira de Menéndez Pelayo. El novelista capta con buen oído las conversaciones anodinas de quienes viven de las migajas del poder colonial; describe con fineza las fiestas en las que “los jóvenes abrían la boca para contener un bostezo pero la tapaban al instante con sus abanicos”; reproduce las hilarantes disquisiciones sobre el Purgatorio y los años que ahorraban a quienes allí se tuestan el simple pago de unas monedas y el rezo de un Ave María.

El manejo de algunas técnicas novelescas heredadas de Cervantes aliña con gracia el chato realismo decimonónico. Rizal se dirige a veces al lector -”¡oh tú que me lees, amigo o enemigo!”- e introduce elementos discursivos que parecen inspirados por Diderot o Sterne. Celebrado como un héroe, pero no como un escritor por quienes sacrificó la vida es, como dije, un perfecto desconocido en la península. La cuidadosa edición de la excelente Biblioteca Ayacucho venezolana de la que pude procurarme un ejemplar en mi reciente viaje a Caracas debería ser republicada en España como homenaje a un autor despiadadamente barrido a los márgenes de nuestro intangible canon, pero vivo y bien vivo, como advirtió Unamuno, y podrá verificar hoy quien se asome venturosamente a sus páginas.

"Noli me tangere"
Juan Goytisolo

artículo publicado en “El País”, 03/05/2012

la cuestión femenina; derechos


“No era mucho, comparándolo con lo que hacían otras mujeres por conseguir la emancipación. Algunas escribían bajo seudónimos masculinos para ver sus obras publicadas o acu-dían a la universidad disfrazadas de hombres, enfrentándose a innumerables impedimentos. Esos sí eran grandes pasos; los suyos eran pequeños, pero eran cuestiones sobre las que solo ella tenía capacidad de decidir, pequeñas victorias sobre una sociedad que clasificaba a los hombres según lo que hacían, pero no por el hecho de que quisieran hacerlo, sino por las imposiciones de una estructura social que les reservaba solo a unos pocos la capacidad de elegir: estudiar o no, trabajar o no, casarse o no, votar o no.”

Tiempo de arena
Inma Chacón
Planeta, 2011
pág. 55



       El 1851, quan John Stuart Mill tenia 45 anys d'edat, va poder per fi casar-se amb Harriet Taylor, després de vint anys d'una íntima amistat. El marit de Harriet havia mort fa dos anys, i ells, després de respectar aquell matrimoni i no donar mai ocasió al més mínim retret, van decidir que havia arribat el moment. En Taylor, Stuart Mill va trobar la companya ideal, és a dir, i en el seu propi criteri, algú igual a ell, sobre qui no se sentia superior ni inferior. Set anys després moria Harriet, i des de llavors va venerar la seva memòria la resta de la seva vida, fins al punt de passar llargues temporades a Avinyó, ciutat on va morir la seva dona i on a ell mateix li sorprendria la mort en 1873. Quatre anys abans de morir , quan Stuart Mill ha deixat enrere tantes coses, decideix escriure un llibre sobre la situació de la dona: “L’esclavitud femenina”. (En 1851 Harriet Taylor havia escrit ja “The Enfranchisement of Women”, que podríem traduir com "l'alliberament de la dona", "el dret a vot de les dones" o "els drets civils i polítics de les dones").  En la redacció de la seva obra, Mill recordaria les converses que en aquella època va mantenir amb ella sobre això. No en va, en 1867, Mill va ser el primer membre del Parlament que va defensar el dret de vot de la dona. No li faltava, doncs, experiència, i de la millor qualitat. El llibre que escriu és d'una bellesa colpidora, i quedarà com un monument de l'esperit humà. A Espanya, l'obra va ser introduïda per Emilia Pardo Bazán, que va prologar la mateixa.


       
“Cuando una costumbre es general, hay que suponer que tiende o ha tendido en otro tiempo a un fin laudable. Esto suelen representar las costumbres adoptadas desde abinicio, porque eran medio seguro de llegar a laudables fines y fruto incontestable de la experiencia. Si la autoridad del hombre, en el momento de implantarla, se deriva de una comparación concienzuda entre los variados medios de constituir la sociedad; si después de ensayar los diversos modos de organización social,-como el gobierno del hombre por la mujer, la igualdad de los sexos o cualquiera otra forma mixta que nos imaginemos,-y solamente después de este ensayo se ha decidido, por imposiciones y enseñanzas de la experiencia, que la forma de gobierno o régimen que más seguramente conduce a la felicidad de ambos sexos es someter de un modo absoluto la mujer al hombre, no concediéndola ninguna parte en los negocios públicos, y obligándola, en nombre de la ley, en la vida privada, a obedecer sin examen al hombre con quien ha unido su destino; si de esta suerte vino a organizarse la sociedad, y así continúa organizada, es preciso ver en la general adopción de esta forma una prueba de que cuando se puso en práctica era la mejor, la más ventajosa y conveniente; pero también nos sería lícito añadir que las consideraciones que militaban en favor suyo han cesado de existir, como tantos otros hechos sociales primitivos de la mayor importancia, y que ya caducaron y perdieron su razón de ser.

     Ahora bien: me apresuro a decir que ha sucedido todo lo contrario. Desde luego, la opinión favorable al sistema actual, que hace depender al sexo débil del fuerte, no descansa sino en teorías; no se ha ensayado otra, y, por ende, nadie puede afirmar que la experiencia opuesta a la teoría, haya aconsejado nada, en atención a que no se llevó al terreno de la práctica, y se ignoran totalmente sus resultados. Por otra parte, la adopción del régimen de la desigualdad no ha sido nunca fruto de la deliberación, del pensamiento libre, de una teoría social o de un conocimiento reflexivo de los medios de asegurar la dicha de la humanidad o de establecer el buen orden en la sociedad y el Estado. Este régimen proviene de que, desde los primeros días de la sociedad humana, la mujer fue entregada como esclava al hombre que tenía interés o capricho en poseerla, y a quien no podía resistir ni oponerse, dada la inferioridad de su fuerza muscular. Las leyes y los sistemas sociales empiezan siempre por reconocer el estado material de relaciones existente ya entre los individuos. Lo que en los comienzos no era más que un hecho brutal, un acto de violencia, un abuso inicuo, llega a ser derecho legal, garantizado por la sociedad, apoyado y protegido por las fuerzas sociales, que sustituyeron a las luchas sin orden ni freno de la fuerza física. Los individuos que en un principio se vieron sometidos a la obediencia forzosa, a ella quedaron sujetos más tarde en nombre de la ley. La esclavitud, que era un principio no era más que cuestión de fuerza entre el amo y el esclavo, llegó a ser institución legal, sancionada y protegida por el derecho escrito: los esclavos fueron comprendidos en el pacto social, por el que los amos se comprometían a protegerse y a salvaguardar mutuamente su propiedad particular, haciendo uso de su fuerza colectiva. En los primeros tiempos de la historia, la mayoría del sexo masculino era esclava, como lo era la totalidad del sexo femenino. Y transcurrieron muchos siglos, y siglos ilustrados por brillante cultura intelectual, antes de que algunos pensadores se atreviesen a discutir con timidez la legitimidad o la necesidad absoluta de una u otra esclavitud.

     Estos pensadores, ayudados por el progreso general de la sociedad, lograron la abolición de la esclavitud del sexo masculino en todas las naciones cristianas (en una de éstas existía aún hace pocos años) y que la esclavitud de la mujer se trocase poco a poco en una dependencia más blanda, más suave. Pero esta dependencia, tal cual hoy existe y perdura, no es una institución adoptada después de maduro examen, en que se tomaron en cuenta consideraciones de justicia y de utilidad social; es el estado primitivo de esclavitud, que se perpetúa a través de una serie de endulzamientos y modificaciones, debidas a las mismas causas que han ido puliendo cada vez más las maneras y las costumbres, y sometiendo en cierto modo, las acciones de los hombres al dictado de la justicia y a la influencia de las ideas humanitarias; no está aún borrada, con todo, la mancha de su brutal origen. No hay pues manera de alegar la existencia de este régimen como argumento sólido en favor de su legitimidad; lo único que puede decirse es que ha durado hasta el día, mientras otras instituciones afines, de tan odioso origen, procedentes también de la barbarie primitiva, han desaparecido; y en el fondo esto es lo que da cierto sabor de extrañeza a la afirmación de que la desigualdad de los derechos del hombre y de la mujer no tiene otro origen sino la ley del más fuerte.

     Si esta proposición parece paradoja, es hasta cierto punto por culpa de la misma civilización y mejoramiento de los sentimientos morales de la humanidad. Vivimos, o viven al menos una o dos de las naciones más adelantadas del mundo, en un estado tal, que la ley del más fuerte parece totalmente abolida, y diríase que ya no sirve de norma a los actos de los hombres: nadie la invoca; en la mayoría de las relaciones sociales nadie posee el derecho de aplicarla, y, caso de hacerlo, tiene muy buen cuidado de disfrazarla bajo algún pretexto de interés social. Este es el estado aparente de las cosas, y por él se lisonjean las gentes superficiales de que el reino de la fuerza bruta ha terminado, llegando hasta creer que la ley del más fuerte no puede ser origen de ninguna relación actual, y que las instituciones, cualesquiera que hayan podido ser sus comienzos, no se han conservado hasta el día sino porque nos avisaba la razón de que convenían perfectamente a la naturaleza humana y conducían al bien general. Y es que la gente no se hace cargo de la vitalidad de las instituciones que sitúan el derecho al lado de la fuerza; no sabe con cuánta tenacidad se agarran a ella; no nota con qué vigor y coherencia se unen los buenos sentimientos y las malas pasiones de los que detentan el poder, para detentarlo; no se figura la lentitud con que las instituciones injustas desaparecen, comenzando por las más débiles, por las que están menos íntimamente ligadas a los hábitos cotidianos de la vida; se olvida de que quien ejerce un poder legal, porque desde un principio le ayudó la fuerza física; no suele resignar ese poder hasta que la fuerza física pasa a manos de sus contrarios, y no calculan que la fuerza física no ha sido nunca patrimonio de la mujer. Que se fijen también en lo que hay de particular y característico en el problema que tratamos, y comprenderán fácilmente que este fragmento de los derechos fundados en la fuerza, aunque haya modificado sus rasgos más atroces y se haya dulcificado poco a poco y aparezca hoy en forma más benigna y con mayor templanza, es el último en desaparecer, y que este vestigio del antiguo estado social sobrevive ante generaciones que teóricamente no admiten sino instituciones basadas en la justicia. Es una excepción única que rompe la armonía de las leyes y de las costumbres modernas; pero como no se ha divulgado su origen, ni se la discute a fondo, no nos parece lo que es: un mentís dado a la civilización moderna: de igual modo, la esclavitud doméstica, entre los griegos, no impedía a los griegos creerse un pueblo libre.

     En efecto: la generación actual, lo mismo que las dos o tres últimas generaciones, ha perdido toda idea de la condición primitiva de la humanidad; solamente algunas personas reflexivas, que han estudiado en serio la historia, o visitado las partes del mundo ocupadas por los postreros representantes de los pasados siglos, son capaces de suponer lo que era la sociedad entonces. No saben nuestros contemporáneos que en los primeros siglos la ley de la fuerza reinaba sin discusión, que se practicaba públicamente, de un modo franco, y no diré con cinismo y sin pudor, porque esto sería suponer que semejantes costumbres implicaban algo odioso, siendo así que la odiosidad que envolvían y que hoy comprendemos, no podía en aquel entonces conocerla entendimiento alguno, a no ser el de un filósofo o el de un santo.”

La esclavitud femenina
John Stuart Mill
capítol II
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999

dites




Entre Tots Sants i Nadal 
pluja i vent faran prou mal      

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Per Tots Sants,     
castanyes, i
cargols amb banyes.

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El raïm penjat fins a Tots Sants,   
s'ha de menjar de dos en dos grans,  
de Tots sants enllà,   
de gra en gra.   

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De Tots sants a Sant Martí,   
onze dies i un matí.

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Per Tots sants,   
capes i mocadors grans.           

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Per Tots sants,   
els camps verds   
 i els cims blancs.

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De Tots Sants fins a Nadal,  
el flequer perd son cabal.     

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Per Tots sants,  
desa el vano i treu els guants.

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Sagnies per Tots Sants,  
salut per tot l' any.         

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Per Tots-sants,   
caçador, plega els rams.

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Per Tots-sants,   
tots els vins són sans.

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Per Tots-sants i pels Morts,   
si sembres blat  
colliràs escardots.          

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De Tots Sants a Nadal,  
l' hivern cabal;  
de Nadal enllà,  
comença a baixar.

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Per Tots-sants,
les olives a les mans.      

tradicions



Tots sants és una festa que es celebra el dia 1 de novembre. Aquesta festivitat és una de les més antigues en el món cristià.   

El seu origen es troba a primeries del segle VII, quan el Papa  Bonifaci IV, en comptes de fer enderrocar el Panteó de Roma (o sigui el temple pagà de Tots els Déus, que Marc Agripa havia fet construir a honor de Júpiter, en memòria d'haver l'emperador August guanyat la batalla contra Marc-Antoni i Cleopatra, el purificà i consagrà a honor de la Verge i de Tots els Màrtins i disposà que cada any fos celebrada una festa en la diada de la seva dedicació. En aquest dia es sol fer una missa en honor als morts i després, anar al cementiri a dur flors als difunts.  

El costum de visitar als difunts és d'origen romà i per això és un tret comú a les cultures influïdes per l'antiga Roma. Antigament, però, aquestes visites es feien en les èpoques de les collites. Són propis d'aquest dia tres menjars especials: castanyes torrades, moniatos i un tipus de pastisset fets de variades maneres, segons  els indrets, que en molts llocs reben el nom de panellets.

Les castanyeres duien unes faldilles de sargil molt amples i folrades, amb davantal de cànem i llana. Al cap duien una caputxa blanca de llana, molt llarga, que els arribava fins més avall de mitja faldilla. La duien lligada al coll i a la cintura. Empraven fogons de terrissa semblants a una copa, i així eren anomenats. Donaven vuit castanyes per un "quarto" i anunciaven llur indústria amb un crit especial que deia:  
     
   - Calentes i grosses;   
    qui en vol, ara que fumen?   

     La mainada, per fer-les enfadar, els cridava: 
 
    - Petites i dolentes;   
     de les vuit,   
     set les pudentes.       








30 d’oct. 2014

per la Cultura



"30 de octubre de 2014

Sr. José Ignacio Wert
Ministro de Educación, Cultura y Deportes
Gobierno de España


Distinguido Sr. Wert,
Distinguidos Señores del Jurado del Premio Nacional de Música 2014,

Recibir la noticia de este importante premio me ha creado dos sentimientos profundamente contradictorios y totalmente incompatibles: primero, una gran alegría por un tardío reconocimiento a más de 40 años de dedicación apasionada y exigente a la difusión de la música como fuerza y lenguaje de civilización y de convivencia y, al mismo tiempo, una inmensa tristeza por sentir que no podía aceptarlo sin traicionar mis principios y mis convicciones más íntimas.

Lamento tener que comunicarles pues, que no puedo aceptar esta distinción, ya que viene dada de la mano de la principal institución del estado español responsable, a mi entender, del dramático desinterés y de la grave incompetencia en la defensa y promoción del arte y de sus creadores. Una distinción que proviene de un Ministerio de Educación, Cultura y Deportes responsable también de mantener en el olvido una parte esencial de nuestra cultura, el patrimonio musical hispánico milenario, así como de menospreciar a la inmensa mayoría de músicos que con grandes sacrificios dedican sus vidas a mantenerlo vivo.

Es cierto que en algunas contadas ocasiones he podido beneficiarme, a lo largo de más de 40 años de actividad, de alguna colaboración institucional: la celebración del V Centenario del descubrimiento de América, las pequeñas ayudas a giras internacionales y recientemente las invitaciones del Centro Nacional de Difusión Musical a presentar nuestros proyectos en Madrid. Pero igual que la inmensa mayoría de músicos y conjuntos del país, he seguido adelante solo con mi esfuerzo personal sin contar jamás con una ayuda institucional estable a la producción y materialización de todos mis proyectos musicales. Demasiado tiempo en que las instancias del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que usted dirige continúan sin dar el impulso necesario a las diferentes disciplinas de la vida cultural del Estado español que luchan actualmente por sobrevivir sin un amparo institucional ni una ley de mecenazgo que las ayudaría, sin duda alguna, a financiarse y a afianzarse.

Vivimos en una grave crisis política, económica y cultural, a consecuencia de la cual una cuarta parte de los españoles está en situación de gran precariedad y más de la mitad de nuestros jóvenes no tiene ni tendrá posibilidad alguna de conseguir un trabajo que les asegure una vida mínimamente digna. La Cultura, el Arte, y especialmente la Música, son la base de la educación que nos permite realizarnos personalmente y, al mismo tiempo, estar presentes como entidad cultural, en un mundo cada vez más globalizado. Estoy profundamente convencido que el arte es útil a la sociedad, contribuyendo a la educación de los jóvenes, y a elevar y a fortalecer la dimensión humana y espiritual del ser humano. ¿Cuántos españoles han podido alguna vez en sus vidas, escuchar en vivo las sublimes músicas de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero o Tomás Luis de Victoria? Quizás algunos miles de privilegiados que han podido asistir a algún concierto de los poquísimos festivales que programan este tipo de música. Pero la inmensa mayoría, nunca podrá beneficiarse de la fabulosa energía espiritual que transmiten la divina belleza de estas músicas. ¿Podríamos imaginar un Museo del Prado en el cual todo el patrimonio antiguo no fuera accesible? Pues esto es lo que sucede con la música, ya que la música viva solo existe cuando un cantante la canta o un músico la toca, los músicos son los verdaderos museos vivientes del arte musical. Es gracias a ellos que podemos escuchar las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, los Villancicos y Motetes de los siglos de Oro, los Tonos Humanos y Divinos del Barroco… Por ello es indispensable dar a los músicos un mínimo de apoyo institucional estable, ya que sin ellos nuestro patrimonio musical continuaría durmiendo el triste sueño del olvido y de la ignorancia.

La ignorancia y la amnesia son el fin de toda civilización, ya que sin educación no hay arte y sin memoria no hay justicia. No podemos permitir que la ignorancia y la falta de conciencia del valor de la cultura de los responsables de las más altas instancias del gobierno de España, erosionen impunemente el arduo trabajo de tantos músicos, actores, bailarines, cineastas, escritores y artistas plásticos que detentan el verdadero estandarte de la Cultura y que no merecen sin duda alguna el trato que padecen, pues son los verdaderos protagonistas de la identidad cultural de este país.

Por todo ello, y con profunda tristeza, le reitero mi renuncia al Premio Nacional de Música 2014, esperando que este sacrificio sea comprendido como un acto revulsivo en defensa de la dignidad de los artistas y pueda, quizás, servir de reflexión para imaginar y construir un futuro más esperanzador para nuestros jóvenes.

Creo, como decía Dostoyevski, que “la Belleza salvará al mundo”, pero para ello es necesario poder vivir con dignidad y tener acceso a la Educación y a la Cultura.

Cordialmente le saluda,

Jordi Savall"

Gràcies, senyor Savall
Vespres Literaris



29 d’oct. 2014

la cuestión femenina; educación


“Desde que habían llegado a Madrid, además de a sus tenidas, Munda acudía a conferencias y actos relacionados con lo que se dio en llamar “la cuestión femenina”, donde se planteaba la necesidad de mejorar las condiciones laborales en las que se encontraban las trabajadoras de las fàbricas —con jornadas interminables y sin derecho a una silla en la que poder descansar—, se luchaba por el derecho a la educación de todas las mujeres y se proclamaba la urgencia de terminar con la minoría de edad de las casadas, sujetas al dominio marital por una ley que las consideraba poco menos que incompetentes para todo.”
Tiempo de arena
Inma Chacón
Planeta, 2011
pág. 43


“Al concluir la Comisión el plan general de instrucción pública, no se ha olvidado de la educación de aquel sexo, que forma una parte preciosa de la sociedad; que puede contribuir en gran manera a la mejora de las costumbres, y que apoderado casi exclusivamente de la educación del hombre en su niñez, tiene un gran influjo en la formación de sus primeros hábitos y, lo sigue ejerciendo después en todas las edades de la vida humana. Pero la Comisión ha considerado al mismo tiempo que su plan se reducía a la parte literaria de la educación, y no a la moral, principal objeto de la que debe darse a las mujeres. Tampoco pudo desentenderse de que este plan solo abraza la educación pública, y que cabalmente la que debe darse a las mujeres ha de ser doméstica y privada en cuanto sea posible, pues que así lo exige el destino que tiene este sexo en la sociedad, la cual se interesa principalmente en que haya buenas madres de familia. Pero como además de la educación doméstica de las mujeres, que necesariamente se ha de mejorar con el progreso de la instrucción nacional y el fomento de la riqueza pública, convenga que el Estado costee algunos establecimientos en que aprendan las niñas a leer y escribir, y las labores propias de su sexo, la Comisión opina que se debe encomendar al celo de las Diputaciones provinciales el que propongan el número que deba haber de estos establecimientos, el paraje donde deban situarse, su dotación y forma.”

Cortes Españolas
Comisión de Instrucción Pública

Dictamen y Proyecto de Decreto sobre el arreglo general de la Enseñanza Pública, presentados a las Cortes por su Comisión de Instrucción Pública .
7 de marzo de 1814

“Capítulo III. De las escuelas de niñas.

Art. 21. Se establecerán escuelas separadas para las niñas donde quiera que los recursos lo permitan, acomodando la enseñanza en estas escuelas a las correspondientes elementales y superiores de niños, pero con las modificaciones y en la forma conveniente al sexo. El establecimiento de estas escuelas, su régimen y gobierno, provisión de maestras, etc., serán objeto de un decreto especial.”

Plan general de Instrucción Pública
Real decreto de 4 de agosto de 1836

“Art. 5. En las enseñanzas elemental y superior de las niñas se omitirán los estudios de que tratan el párrafo sexto del art. 2º y los párrafos primero y tercero del art. 4º, reemplazándose con:

Primero. Labores propias del sexo.
Segundo. Elementos de Dibujo aplicado a las mismas labores.
Tercero. Ligeras nociones de Higiene doméstica.



Art. 2º La primera enseñanza elemental comprende:

Primero. Doctrina cristiana y nociones de Historia sagrada, acomodadas a los niños.
Segundo. Lectura.
Tercero. Escritura.
Cuarto. Principios de Gramática castellana, con ejercicios de Ortografía.
Quinto. Principios de Aritmética, con el sistema legal de medidas, pesas y monedas.
Sexto. Breves nociones de Agricultura, Industria y Comercio, según las localidades.

Art. 4º La primera enseñanza superior abraza, además de una prudente ampliación de las materias comprendidas en el artículo 2º:

Primero. Principios de Geometría, de Dibujo lineal y de Agrimensura.
Segundo. Rudimentos de Historia y Geografía, especialmente de España.
Tercero. Nociones generales de Física y de Historia natural acomodadas a las necesidades más comunes de la vida.”

Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857.


Conocida como Ley Moyano, tendrá vigencia prácticamente hasta 1970, sigue el mismo esquema que los liberales de principios de siglo, aunque tiene el valor de hacer obligatoria la escolaridad para las niñas por primera vez en España. 

28 d’oct. 2014

la mujer y la sociedad



“Pero el desánimo no solo la embargaba a ella. El sentimiento de naufragio y de frustración se estaba instalando en España de forma generalizada debido a las noticias que llegaban de ultramar, que hacían pensar que las últimas colonias se perderían muy pronto. La tensión social crecía conforme se iba poniendo de manifiesto la incapacidad de la reina regente para afrontar los problemas políticos y sociales; se amparaba en el sistema de alternancia de partidos, estructurado sobre la base del caciquismo y la desigualdad.

Tal y como le había sucedido a ella con Mariana, la población comenzaba a desesperarse. Las reformas necesarias para la modernización del país nunca se materializaban en leyes concretas y la crisis económica empezaba a hacer estragos también entre las clases adineradas.

Para colmo, en contraste con el inmovilismo de los legisladores españoles, en las antípodas se había aprobado el sufragio femenino hacía más de cinco años. Munda lo envidiaba. Como envidiaba los movimientos sufragistas que comenzaban a extenderse por Europa, con los países anglosajones al frente, mientras en España, las mujeres que se atrevían a denunciar las desigualdades, tenían que soportar los insultos y la indiferencia de las instituciones y de la mayoría de los hombres que las controlaban.”

Tiempo de arena
Inma Chacón
Planeta, 2011

pág. 37



“A mediados del fascinante y convulso siglo XIX, un grupo de mujeres andaluzas, animadas por la idea de transformar la sociedad y de avanzar en el progreso de la civilización, se decidieron a publicar unos “papeles periódicos” desde donde debatir y divulgar el sistema societario de Charles Fourier: el pensador francés del socialismo utópico, el más radical de los inventores de sociedades perfectas del siglo XIX, que desde el falansterio defendería el establecimiento de una sociedad armónica e integradora de la diversidad humana, de “un mundo sin miseria ni explotación, donde sólo reinara la justicia y sobre todo, en el que hombres y mujeres pudieran gozar de la vida.”

Tuvo que ser Cádiz la ciudad en la que viera la luz la revista quincenal El Pensil de Iberia, que se anuncia como “periódico de literatura ciencias y artes, publicado y dirigido por Dª. Margarita Pérez de Celis”, pero que era, en realidad, la segunda etapa del órgano oficial del grupo de fourieristas gaditano, surgido tras la muerte del político y pensador Joaquín Abreu, quien en las décadas anteriores había dedicado todos sus esfuerzos a difundir en España el pensamiento de Fourier.

En El Pensil colaboraron asiduamente figuras masculinas destacadas de la política y del periodismo, hombres demócratas y progresistas suficientemente conocidos, como Francisco Pi
y Margall, Roberto Robert, Roque Barcia, Fernando Garrido, Antonio Quiles o José Bartolero, pero también un grupo de mujeres (de las que en cambio sabemos bastante poco), todas ellas comprometidas por el cambio social, como María Josefa Zapata, Margarita Pérez de Celis, Rosa
Butler y Mendieta, Aurora Naldas, Adela de la Pesia, Ana Mª Franco, Ángela Arizu, Adela de la Peña, Joaquina García de Balmaseda, María García de Escalona, y Rosa Marina.

De la vida de Rosa Marina no hay noticias. Por ahora sólo contamos con las referencias de sus publicaciones en la serie de Pensiles y en otras a ellos afines como La Verdad de Granada.

Aparece siempre relacionada con Margarita Pérez de Celis y M. Josefa Zapata con las que algunos autores la identifican, considerando que su nombre es sólo el pseudónimo tras el cual podría ocultarse alguna de ellas.

El Pensil será una de las pocas revistas de la época escrita y dirigida por una mujer que no se atienen a la concepción y estructura convencional del resto de la prensa femenina, con sus habituales secciones de moda, manuales de buena conducta, y todo tipo de creaciones destinadas a divulgar la figura del “ángel del hogar”. Por el contrario, sus composiciones (apólogos, breves ensayos, poesías y traducciones), rubricadas con el nombre y apellidos de las colaboradoras, se centran en el análisis crítico de la clase trabajadora y de la mujer, presentando las soluciones propuestas por el socialismo utópico, el feminismo incipiente y el espiritismo, planteamientos ideológicos por los que la revista, en sus diferentes etapas conoció, por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas, la persecución, la censura y finalmente el cierre definitivo.

A lo largo de la serie de Pensiles el tema de la mujer será una constante abordada por muchos de los que allí colaboran, bajo fórmulas diversas y siempre desde planteamientos utópicos, humanitarios y espiritualistas. Esta temática se articula en multitud de artículos de diversos números de la revista (“Injusticia social” de Margarita Pérez de Celis -El Pensil de Iberia, 10-XII-1857- que critica el sistema social basado en la explotación del hombre por el hombre y en la sobreexplotación de la mujer trabajadora; la serie de “Leyendas morales” de María Josefa Zapata que se suceden en la etapa final del Pensil, dibujando una posición de la mujer desoladora, etc.) y, a modo de proyecto unitario común, culmina con la publicación de dos breves tratados, primero con La Mujer y la sociedad de Rosa Marina y posteriormente con la reedición de El porvenir de la mujeres del fourierista polaco Juan Czinski, el 30 de abril de 1858.
En esta misma línea cabe destacar el ensayo “La mujer” de Fernando Garrido, incluido en sus Obras escogidas que significativamente reproduce casi en su totalidad “el interesante opúsculo La mujer y la sociedad” de la Señorita Rosa Marina.

La Mujer y la sociedad. (Breves consideraciones sobre la participación de la mujer en la sociedad) plantea las causas de la explotación de las mujer (algunas de las cuales completamente nuevas si consideramos la tradición existente de textos similares y cercanos en el tiempo) y su solución; la reivindicación del derecho al trabajo y la participación activa de la mujer en la sociedad en todas sus manifestaciones y esferas; la crítica al concepto burgués del matrimonio y la familia y el, siempre tabú, problema de la prostitución. Están ausentes, en cambio, el sufragio femenino, (aunque puede entenderse de forma implícita) y el divorcio, puesto que, al igual que en el proyecto de sociedad armónica, regida por la relaciones basadas en el principio de atracción y la plena libertad de los hombres y las mujeres, no tienen cabida los modelos tradicionales de familia y matrimonio.

Por lo que hasta hoy sabemos, La mujer y la sociedad de Rosa Marina es el primer manifiesto español de planteamientos abiertamente feministas en torno a la condición y los derechos de la mujer.

Tal como indica en su prólogo Margarita Pérez de Celis, Rosa Marina publicó desde los primeros números de «El Pensil de Iberia» (1857) una serie de artículos «de extraordinario mérito acerca de los “deberes y derechos de la mujer”» luego recopilados en el opúsculo La mujer y la sociedad, destinado a la crítica radical de los presupuestos de la sociedad burguesa que «condena a la mujer a la ignorancia y a la esclavitud». La mujer y la sociedad es, por tanto, anterior a La mujer del porvenir, de Concepción Arenal (1869), y a La mujer española de Concepción Gimeno de Flaquer, (1877); dos de los estudios más importantes y conocidos por las intelectuales y escritoras de la segunda mitad del XIX.

Desde una primera lectura, este manifiesto desvela unos presupuestos muy avanzados para su tiempo, dentro de lo que algunas autoras llaman “radicalismo ideológico” adelantándose desde muchos puntos de vista más de medio siglo a otras publicaciones hoy consideradas emblemáticas del feminismo español moderno que ven la luz, como es sabido, ya en pleno siglo XX, tales como La mujer moderna y sus derechos de Carmen de Burgos, publicado en 1927.

De La mujer y la sociedad da noticias, aunque sólo indirectas, Antonio Elorza en sus ya clásicos estudios sobre feminismo y socialismo utópico en España. Veinte años tarde, Inmaculada Jiménez Morel pondrá de relieve la importancia de este opúsculo haciendo resaltar la singularidad y modernidad tanto de esta obra como del conjunto de la prensa política y societaria del grupo gaditano o primera prensa feminista de España al que aparece vinculado, en contraste con el resto de la producción periodística femenina de la época, considerada hoy “oficial” o dominante y, sobre todo, principal marco de difusión del feminismo católico característicos del “canon isabelino”.”

Rosa Marina, “La mujer y la sociedad”
M. Dolores Ramírez Almazán
Universidad de Sevilla

27 d’oct. 2014

recuerdo a Carmen

"los caños"
de la localidad de Caniles, Granada

Ayer nos dejó Carmen, hija de Caniles, que es como decir hija del agua. Caniles es un pueblo situado en la vertiente norte de la sierra de Baza. En el recuerdo a Carmen, queremos dejar las palabras del poeta y el abrazo de Vespres Literaris para los compañeros Juan y Chefi. 

Besos


“En seguida el ritmo del agua. Pero no un agua loca que va donde quiere. Agua con ritmo y no con rumor, agua medida, justa, siguiendo un cauce geométrico y acompasada en una obra de regadío. Agua que riega y canta aquí abajo y agua que sufre y gime llena de diminutos violines blancos (…)

 El agua de Granada sirve para apagar la sed. Es agua viva que se une al que la bebe o al que la oye, o al que desea morir en ella. Sufre una pasión de surtidores para quedar yacente y definitiva en el estanque."

Federico García Lorca








19 d’oct. 2014

el GAT estrena

Lluis Coquard
Els companys del Grup Artístic Teatral (GAT) presenten un nou muntatge. L'obra que han triat és el vodevil "Ens ha Caigut la sogra" , de l’autor de teatre barceloní  Lluís Coquard, i l’estrena tindrà lloc el diumenge que ve, 26 d'octubre, a les 19 hores, al teatre de l'Ateneu de Cerdanyola del Vallès.

Com sempre, desitjar-los molta merda als companys del GAT, especialment als companys de Vespres Literaris,  Juani i Joaquin.

Transcrivim la fitxa tècnica de l'obra i una breu sinopsi de la mateixa preparada pel GAT

Ens veiem al teatre.

Fitxa tècnica:

Repartiment
Montse                       Carme Hernández
Jordi                           Adrià Arbonés
Isabel                          Juani Torio
Francina                      Beatriz García
Ferran                          Lluís Antón
Joana                           Laura Bros
Quirze                         Joan Carles Chordà
Àurea                           Laura Moreno
              
Traspunts                    Mariona Martínez
   Lluís Tusell

Tècnic de so                Oscar Altafaja

Pentinats                     Perruqueria Moreno

Decorats                     Francesc Vilaró

Muntatge decorats     Carles Bori
  Joaquim Bros

Escenografia              GAT

Direcció General       Eduard Lluís


“Lluís Coquard (Barcelona, 1922 - 2009) ha estat un escriptor autodidacte que ha desenvolupat la majoria de la seva tasca com autor teatral.  S'inicia en el teatre professional l'any 1958 amb  l'estrena al teatre Guimerà, de Barcelona, de “Pulgarcito y los gegantes” per la companyia de Lluís Orduna.  Uns mesos després estrena al Teatre Romea una altra obra infantil: “El petit dels tres tambors”, amb les primeres figures del teatre català del moment.  Segueix escrivint obres teatrals per a nois i noies i també per a tots els públics i les seves obres s'estrenen en els més diversos punts de Catalunya i Balears. Especialitzat en teatre infantil, pel que ha estat distingit amb nombrosos premis, no ha descuidat mai el teatre per adults ni l'humor. En els darrers anys, va accentuar la producció de comèdies de tema vodevil, amb gran acceptació per part del públic.

"Ens ha caigut la sogra" es tracta d'una comèdia on la parella de joves formada per en Jordi i la Montse, l'únic que desitgen és viure sols en el seu niuet d'amor, cosa que no sempre aconsegueixen, ja que, de cop i volta, han d’acollir a la mare d’ella. Alhora, un seguit de personatges s’afegeixen a la trama per fer créixer l’embolic, (unes veïnes, un nuvi a la carta, una secretària espavilada i, naturalment, el sogre).

l llarg dels tres actes que consta l’obra, ambientada a la Barcelona actual, l'autor ens condueix a través de divertides situacions, a un desenllaç en què, a poc a poc, es van aclarint tots els embolics d'una trama, en la qual els diversos personatges, ens faran passar una estona agradable i plena de rialles.”

18 d’oct. 2014

entrevista a l'autora del mes

Toledo
Fragment de l'entrevista a l’Inma Chacón amb motiu d'haver quedat finalista del premi Planeta amb el seu llibre "Tiempo de arena”. L'entrevista va ser publicada a la revista "culturamas.es"el 23 de desembre de 2011 per Benito Garrido.



"¿Qué te impulsó a escribir esta colección de historias entrelazadas, de personajes cuyas vidas están ubicadas en una época que parece no les debería haber tocado vivir?

Por un lado, me atraía el siglo XIX que es un momento histórico bastante desconocido, incluso en las clases de historia se pasa muy por encima.  Y por otro lado, estaba interesada en cómo habían vivido los españoles emigrados a Filipinas.  Un tatarabuelo mío fue uno de los que se trasladaron allí con su familia.  Allí nació mi abuela.  Quería saber qué buscaban y por qué en un sitio tan lejano y recóndito.  Y a partir de ahí, ya empiezo a encontrarme muchos temas como la independencia de las colonias: realmente los filipinos no se querían independizar, solo reclamaban tener los mismos derechos que los españoles, ser una provincia española más.  Los criollos eran ciudadanos de segunda: no podían tener tierras, ni trabajo en la administración…  Tenían muchas limitaciones en los derechos civiles respecto a los españoles nacidos en la península.  Como eso no les era concedido, surgió en ellos la necesidad de tener una identidad propia.  Me parecía algo fascinante, igual que los movimientos independentistas que fueron surgiendo entonces.  Movimientos en los que estaban muy metidos los masones, otro tema realmente interesante.  De hecho, los grandes próceres de las revoluciones anticolonialistas eran casi todos masones.  Descubrí en mis investigaciones que la masonería es una sociedad que lo que busca es la libertad, la igualdad y la fraternidad (lemas de la revolución francesa), el perfeccionamiento del hombre y el acceso al conocimiento, y la independencia del hombre.  Y eso, en el fondo, es lo mismo que buscan los independentistas.  Todos estos temas me engancharon para escribir mi libro. (…)

Tiempo de arena es una novela comprometida con unos ideales de libertad, de lucha por los derechos básicos.  ¿La escritora también es así?

Yo soy una persona muy comprometida.  Y ese compromiso lo llevo también a lo que escribo.  No es que piense que toda la literatura debe ser comprometida.  Lo que quiero comunicar en mis textos es lo que siento y lo que pienso, y para ello utilizo personajes de ficción.  Y las ideas que defiendo están también en mi literatura.  Así, como en el caso de Tiempo de arena, si una mujer demanda el derecho a una educación superior, eso es algo que siento y demando yo también.  En el siglo XIX las mujeres no podían ir a la universidad, no tenían independencia económica del marido, no podían hacer nada por sí mismas, siempre estaban tuteladas (marido, padre o tutor).  La única mujer independiente era la viuda, precisamente por eso, y siempre que no se volviese a casar.  En aquella época, el hombre que podía permitírselo, tenía su amante (la barragana) reconocida por todos, incluso tenía hijos con ella, y presumía de ella y de las joyas que le regalaba.  En mi novela, una de las mujeres protagonistas reclama que si un hombre puede tener dos mujeres, por qué una mujer no puede disfrutar de tener dos hombres.  No es cuestión de defender la bigamia pero sí es algo que se vivía y respiraba en ese momento. (…)

Otros temas clave en tu novela son el universo femenino y la familia.  ¿No teme llegar a mostrar demasiado de su interior?

Mis personajes son ficción.  Otra cosa es que mucha gente, cuando lee mis novelas, identifica a los personajes con alguien de mi entorno.  Algo curioso que yo no he tenido en cuenta al escribir esta novela. 

¿Cómo se plantea el desarrollo de unos personajes tan vitales y profundos?

Antes de comenzarla, yo ya sabía los personajes que iban a aparecer y las características que tendría cada uno: Mariana, como una mujer dura y controladora que no expresa sentimientos; Munda que iba a ser una mujer independiente, masona, que lucha por la libertad y la igualdad; y Alejandra que adapta los postulados de Munda pues va creciendo siempre a su lado, pero que también quiere mucho a Mariana.  Alejandra es la que va a querer ir a la universidad y va a cumplir las utopías de Munda.  En principio, estos tres personajes los tenía muy claros y definidos. “