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16/04/2021

sant jordi 2021 i 18

 

Los ojos cerrados

Edurne Portela

Galaxia Gutenberg, 2021

208 páginas

 

Los ojos cerrados es una novela de un solo lugar, un pueblo que podría tener cualquier nombre y que por eso se llama Pueblo Chico. Pueblo Chico está anclado en una sierra agreste que a veces se cubre de niebla, otras de nieve, una sierra en la que a veces se pierden los animales, desaparecen las personas. En el pueblo vive Pedro, el anciano protagonista de esta novela, depositario de secretos que rodean a la violencia que ha atravesado el lugar durante décadas. Cuando Ariadna llega a Pueblo Chico por motivos al principio poco claros, Pedro la observa y vigila, mientras Ariadna va desvelando su propia vinculación con la historia silenciada del lugar. El encuentro entre pasado y presente, entre Pedro y Ariadna, da pie a una novela en la que Edurne Portela indaga sobre una violencia que si bien trastoca para siempre la vida de los personajes, genera la posibilidad de crear un espacio de convivencia y solidaridad.


sant jordi 2021, 17

 

Alguien camina sobre tú tumba

Mis viajes a cementerios

Mariana Enrique

Anagrama, 2021

400 páginas

 

Este libro reúne una serie de muy particulares crónicas de viajes por medio mundo. La autora recorre países y continentes para visitar algo muy concreto y acaso inusual: cementerios.

Desfilan por estas páginas camposantos célebres y cargados de historia como el de Montparnasse de París, el de Highgate en Londres o el cementerio judío de Praga, y otros recónditos, decrépitos, remotos o secretamente bellos. Asoman tumbas de personajes famosos –la de Elvis en Memphis, la de Marx en Londres...–, epitafios extravagantes, esculturas dolientes, ángeles sensuales, rastros de vudú en Nueva Orleans, escritores románticos, criptas góticas, catacumbas, esqueletos, vampiros, fantasmas y una inagotable retahíla de leyendas e historias: el poeta enterrado de pie, la tumba del caballo fiel, el cementerio inundado...

Publicado por primera vez por la editorial Galerna en Argentina en 2014, la presente edición incorpora nuevos paseos, y los dieciséis cementerios originales pasan a ser aquí veinticuatro. Este libro singularísimo puede tener cierto aroma macabro, pero va mucho más allá, con sus pinceladas de humor, sus referencias literarias y su desinhibida crónica de andanzas personales que incluyen la búsqueda en La Habana del misteriosamente desaparecido guitarrista de los Manic Street Preachers.

Una propuesta heterodoxa y brillantísima que nos invita a adentrarnos en los secretos de los cementerios y que es además una puerta de entrada al universo literario de Mariana Enriquez, convertida ya por derecho propio en una autora fundamental de la literatura de terror del siglo XXI.


sant jordi 2021, 16

 

Tierra fresca de su tumba

Giovanna Rivero

Candaya, 2021

176 páginas

 

En los cuentos de Tierra fresca de su tumba aparecen pescadores que atraviesan los mares de la muerte, niñas abandonadas en las estepas que encuentran en el góspel un puente hacia la belleza, mujeres cuya demencia no es otra cosa que un corazón despedazado, ancianas japonesas que cavan en un jardín para encontrar lo mejor y lo peor de sí mismas, muchachos de una tribu del Canadá que se visten con pieles de animales para poder rugir de nuevo. Personajes que rasgan la delgada membrana de la vida ordinaria y se asoman peligrosamente a un abismo interior que acabara por devorarlos. Seis historias que nos atraviesan como una herida y que nos hacen comprender las posibilidades del amor, la justicia y la esperanza, pero también la altura y la profundidad del abismo.


sant jordi 2021, 15

 

Volver la vista atrás

Juan Gabriel Vásquez

Alfaguara, 2021

480 páginas

 

El nuevo libro del premio Alfaguara de novela: un relato “sin ficción” sobre las relaciones entre padres e hijos marcadas por las ideas políticas y el fanatismo.

 

“Pensó que los recuerdos eran invisibles como la luz, y así como el humo hacía que la luz se viera, debía haber una forma de que fueran visibles los recuerdos.”

 

En octubre de 2016, el director de cine colombiano Sergio Cabrera asiste en Barcelona a una retrospectiva de sus películas. Es un momento difícil: su padre, Fausto Cabrera, acaba de morir; su matrimonio está en crisis, y su país ha rechazado unos acuerdos de paz que le habrían permitido terminar con más de cincuenta años de guerra.

A lo largo de unos días reveladores, Sergio irá recordando los hechos que marcaron su vida y la de su padre. De la guerra civil española al exilio en América de su familia republicana, de la China de la Revolución Cultural a los movimientos armados de los años sesenta, el lector asistirá a una vida que es mucho más que una gran aventura: es una imagen de medio siglo de historia que trastornó al mundo entero.

Volver la vista atrás cuenta hechos reales, pero sólo en manos de un novelista magistral como Vásquez podía convertirse en este retrato devastador de una familia arrastrada por las fuerzas de la historia...


sant jordi 2021, 14

 

Simón

Miqui Otero

Blackie Books, 2021

448 páginas

 

Este libro es una vida entera. La vida de Simón.

Que abre los ojos en un bar, entre dos familias que no se hablan. Que crece buscando a su primo, aquel que le prometió una vida de novela y desapareció. Que aprende lo que es la amistad junto a Estela. Que ensaya en restaurantes de lujo las recetas que aprendió en el bar. Que se finge un héroe en yates y billares. Que se obliga a caminar hacia delante en viajes que son huidas. Que se enamora demasiado y mal. Que pronto se da cuenta de que los héroes no existen, las fortunas lo son por algo y las damas no pretenden que las rescaten. Simón.

Que un día vuelve. Vuelve para empezar de nuevo, esta vez de verdad, la novela de su vida.

Miqui Otero se corona con una de las novelas más conmovedoras y autenticas de los últimos tiempos. Una novela llena de lugares y personas a los que regresar.


sant jordi 2021, 13

 

La anguila

Paula Bonet

Anagrama, 2021

200 páginas

 

Un libro sorprendente, osado y de altísima calidad literaria.

Este es un libro sobre el cuerpo. Sobre un cuerpo que ama y es amado. Un cuerpo que también es abusado, violentado a través del sexo y el parto, del aborto y la sangre, de la mugre. Materiales no artísticos en manos de una pintora que escribe, de una escritora que mira.

La anguila aborda la memoria y la herencia, habla sobre nacimientos y pérdidas, sobre el deseo que traspasa generaciones, los gestos aprendidos y truncados. Sobre rebeliones y huidas, sobre la amistad y sobre Chile.

Es el retrato de una mujer que asume los riesgos de mirar atrás sin veladuras y se dirige hacia una vida nueva.


sant jordi 2021, 12

 

El huerto de Emerson

Luis Landero

Tusquets, 2021

240 páginas

 

Un relato memorable sobre lo vivido y lo leído.

 

Tras el éxito prolongado de Lluvia fina, Luis Landero retoma la memoria y las lecturas de su particular universo personal donde las dejó en El balcón en invierno. Y lo hace en este libro memorable, que vuelve a trenzar de manera magistral los recuerdos del niño en su pueblo de Extremadura, del adolescente recién llegado a Madrid o del joven que empieza a trabajar, con historias y escenas vividas en los libros con la misma pasión y avidez que en el mundo real. En El huerto de Emerson asoman personajes de un tiempo aún reciente, pero que parecen pertenecer a un ya lejano entonces, y tan llenos de vida como Pache y su boliche en medio de la nada, mujeres hiperactivas que sostienen a las familias como la abuela y la tía del narrador, hombres callados que de pronto revelan secretos asombrosos, o novios cándidos como Florentino y Cipriana y su enigmático cortejo al anochecer. A todos ellos Landero los convierte en pares de los protagonistas del Ulises, congéneres de los personajes de las novelas de Kafka o de Stendhal, y en acompañantes de las más brillantes reflexiones sobre escritura y creación en una mezcla única de humor y poesía, de evocación y encanto. Es difícil no sentirse transportado a un relato contado junto al fuego.


sant jordi 2021, 11

 

Transbordo en Moscú

Eduardo Mendoza

Seix Barral, 2021

376 páginas

 

Las aventuras de Rufo Batalla parecen encaminarse al remansamiento cuando contrae matrimonio con una rica heredera, pero no consigue olvidar al príncipe Tukuulo y a su exquisita esposa. La agitada transición política española ha dado paso a una prosperidad económica que parece destinada a no tener fin. Mientras, la caída del muro de Berlín culmina un proceso de transformación que presagia el descalabro de la URSS, y de repente lo que parecía una locura, la conquista del reino de Livonia, se vuelve posible.

             Siempre por razones ajenas a su voluntad, Rufo Batalla viaja a Londres, Nueva York, Viena o Moscú y se enfrenta a situaciones insólitas, obligado a desempeñar papeles que nunca habría elegido. Pero cuando descubre que el servicio de inteligencia soviético anda tras el príncipe, Rufo se dará cuenta de que la vida familiar y la de agente secreto no son fáciles de compaginar.

Asiste el lector a los fenómenos sociales de la etapa final del siglo XX a través de la impagable mirada de un Rufo Batalla dividido entre una plácida existencia y su compromiso con el pretendiente a un trono de opereta. Nada de cuanto le sucede, sin embargo, le hace perder la compostura. El fin de siglo presagia cambios irreversibles, pero siempre quedarán algunas certezas: la fe en la razón, el arte y la prosa chispeante y aguda del gran narrador Eduardo Mendoza.

 

 


sant jordi 2021, 10

 

Sira

María Dueñas

Planeta, 2021

648 páginas

 

La Segunda Gran Guerra llega a su fin y el mundo emprende una tortuosa reconstrucción. Concluidas sus funciones como colaboradora de los Servicios Secretos británicos, Sira afronta el futuro con ansias de serenidad. No lo logrará, sin embargo. El destino le tendrá preparada una trágica desventura que la obligará a reinventarse, tomar sola las riendas de su vida y luchar con garra para encauzar el porvenir.

Entre hechos históricos que marcarán una época, Jerusalén, Londres, Madrid y Tánger serán los escenarios por los que transite. En ellos afrontará desgarros y reencuentros, cometidos arriesgados y la experiencia de la maternidad.

Sira Bonnard —antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga — ya no es la inocente costurera que nos deslumbró entre patrones y mensajes clandestinos, pero su atractivo permanece intacto.

 


12/01/2018

doctorow, cuentos


Cuentos completos.
E.L. Doctorow.
Traducción: Carlos Milla, Isabel Ferrer,                      Jesús Pardo y Gabriela Bustelo.
Malpaso, 2015.
504 págs.

 “E. L. Doctorow pertenece a una generación que se expande en los años sesenta y setenta, de carácter renovador e incluso experimental, que va a provocar una verdadera revolución dentro de la narrativa norteamericana (Hawkes, Berger, Kosinski, Coover, Pynchon, Gass, Barth, Brautigan, Barthelme, Gaddis…), autores afectados en una u otra medida por la contracultura, la guerra de Vietnam y la protesta política, que trajeron una extraordinaria variedad de temas y estilos. Era el “posmodernismo”.

E. L. Doctorow se distingue de todos ellos en un doble aspecto; si nos atenemos a sus comienzos, se le podría considerar renovador desde que recibe la influencia de John Dos Passos (que a su vez fue un innovador bien arriesgado),  pero no es oscuro ni árido o dificultoso como muchos posmodernos de fuste. Si seguimos su evolución, su trabajo sobre la estructura narrativa y sobre el lenguaje, convendremos en que nos ofrece uno de los más sólidos y singulares esfuerzos de estimulación de la novela americana. Y su mayor sentido del riesgo lo aplica, precisamente, a los cuentos,  donde la distancia corta le permite efectuar innovaciones de escritura verdaderamente notables.

Lo que también y principalmente le distingue de sus coetáneos es la temática de su obra. Doctorow no se atiene —como suelen hacer la mayoría de escritores— a un territorio acotado, más o menos amplio, pero acotado. El territorio de Doctorow es la sociedad americana a través de su Historia, nada menos.  La suya es una obra que atraviesa Sociedad e Historia de modo transversal: la Nueva York del XIX en una historia detectivesca,  la guerra de Secesión,  los años veinte, el apogeo del gangsterismo, la guerra fría y la ejecución de los Rosenberg,  la Gran Depresión, la Nueva York de los años treinta, el síndrome de Diógenes en una Nueva York decadente en los cuarenta… ¿Demasiado abarcar? No, en su caso, no con su talento.

Como dije, en los cuentos es donde prueba a hacer trabajar una escritura más audaz. Hay un bloque maravilloso formado por ‘Jolene: una vida’, verdadera historia americana, la de una superviviente natural nacida de la nada,  contada con una eficiencia despiadada para dejar su sentido de la vida en manos del lector. ‘Bebé Wilson’ es una historia de amor que parte de un acto de locura,  de la aceptación pasiva de esa locura y de un deambular por el país en una especie de huida natural con final feliz. ‘Una casa en la llanura’ cuenta la maldad de una madre increíblemente bien organizada y sin sombra de moral. ‘Walter John Harmon’, un relato corrosivo sobre el mundo de las sectas contado, desde su ingenua necesidad, por un adepto convencido: una voz narrativa que exige un pulso increíble.

No son los únicos. Doctorow tiene una habilidad maestra para contar el lado insólito de una historia,  la cara oculta de la luna. Así sucede con ‘Niño, muerto, en la rosaleda’, un aparente caso criminal y detectivesco que encubre una historia de redención inesperada. En otros casos toma historias oídas o prestadas, como es el caso de ‘Wakefield’, fascinante puesta al día del relato del mismo título de Hawthorne. Doctorow siempre habla de la sociedad americana y siempre ofrece un punto de vista singular,  distinto,  en el que confluyen su mirada mental y su mirada literaria, y que resuelve con su estilo inconfundible. Introduce lo extraño, lo desconcertante, como cotidianeidad, y con ello levanta capas de conocimiento del alma humana.  Es como si al hablar de la realidad lo hiciera mostrando una tercera dimensión.

‘Vidas de los poetas’ —que se inspira en las ‘Vidas de los poetas’ de Samuel Johnson— es el relato más largo: un paseo transversal de un escritor por el mundillo que componen sus conocidos —poetas, pintores, escritores—, con los que se compara y de los que se compadece. Un cincuentón, solo, separado, en su apartamento, temeroso de la muerte, de la enfermedad, de su incomprensión del mundo, que percibe la realidad como una oscura amenaza, retrato implacable de la inseguridad que proporciona la decadencia.

En la mayoría de los relatos encontraremos personajes con un punto de locura muy atractivo. Como es su costumbre, desfilan por sus textos una gran variedad de gentes y escenarios. Doctorow confía en la inteligencia y sensibilidad de sus lectores, pero nunca los desconcierta; sólo los estimula y los deja respirar. Es su admirable condición de escritor.”

José María Guelbenzu
El País

28/09/2015

07/01/2018

freud en nueva york

La interpretación del asesinato
Jed Rubenfeld
Traducción: Jesús Zulaika Goicoechea
Páginas: 544
Anagrama, 2007


Nueva York, primera década del siglo XX, una gran ciudad que está entrando de lleno en la modernidad. En esos años se sucede entre la alta sociedad una serie de asesinatos y de escándalos sexuales.  Pero la modernidad de Nueva York también es el interés que despiertan las nuevas ideas.  El 29 de agosto de 1909 llega Sigmund Freud, y esa misma noche encuentran el cadáver de una joven, víctima quizá de un juego sexual que rebasó todo límite . O tal vez sea la obra de un sádico asesino en serie, porque al día siguiente otra rica heredera, Nora Acton, consigue escapar a un ataque del que parece ser el mismo asesino. Nora tiene las claves para descubrir al asesino, pero ha perdido la voz y sufre amnesia.  El doctor Stratham Younger psicoanaliza a Nora para que pueda recordar, y es el propio Freud quien supervisa las sesiones. Pero ¿qué le sucedió a Freud en Nueva York? ¿A qué ataques y conspiraciones tuvo que enfrentarse que nunca más volvió a los Estados Unidos? 

Sentados, de izquierda a derecha:  Sigmund Freud, G. Stanley Hall, CG Jung;  segunda fila: Abraham A. Brill, Ernest Jones, Sándor Ferenczi
Fotografía realitzada frente a la Universidad de Clark (1909)

14/12/2017

maletas de cartón (presentación)


Ayer Mª Teresa Fuentes nos habló, en nuestra ciudad, de unas pocas historias, la suya entre ellas, que son la historia de tantas y tantas personas que han vivido y viven en Cerdanyola, en Ripollet, en Sabadell, en Rubí,…


Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), es un libro que analiza el fenómeno de la emigración de mediados del siglo pasado desde la oralidad y los recuerdos de sus protagonistas, pero también es un estudio que profundiza y muestra, desde la modestia del ámbito de estudio elegido,  las diferencias irreconciliables, nunca resueltas en nuestro país,  entre campo  y ciudad; las tensiones,  siempre muy  presentes, entre modernidad y tradición, así como las desigualdades sociales, origen de las mismas.








12/12/2017

maletas de cartón, y 6



(...) he vuelto a las calles de mi infancia. Las he recorrido intentando poner nombre a las casas que, abandonadas, ya resultan irreconocibles. Aquí vivía “la Saldiguera”, en el callejón “las Pajarillas”, subiendo a la izquierda, “Matigüelas”; más arriba “la de Rito”, ésa es la casa de María “la Polilla”, que luego estuvo habitada por Pepa, aquella muchacha que también se fue a Azagra. Ésta es la de mi abuela... Y el llano de los juegos, a medio restaurar, parece resucitar de un largo abandono. Con mi prima Tere vamos recorriendo el Terrero y luego la Carrera Alta: ahí está la casa donde nací, remodelada no parece la misma, la tienda de Josefa “la Arguñana”, el llano de “Toscazos” que ya no es llano y la gran casona de la Obra Pía, en ruinas. Y el pilar, resurgido e iluminado, tras largos años de desidia…Y el castillo, que tampoco es castillo, sino una triste imagen de lo que un día fue.”

Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 280


Mañana, miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del  del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

11/12/2017

maletas de cartón, 5

La lluvia amarilla 

Julio Llamazares

1988

Sinopsis:

Andrés es el último habitante de Ainielle, un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. Entre «la lluvia amarilla » de las hojas del otoño que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancura alucinante de la nieve,  la voz del narrador,  a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes desaparecidos del pueblo y nos enfrenta a los extravíos de su mente y a las discontinuidades de su percepción en el villorrio fantasma del que se ha enseñoreado la soledad.

La lluvia amarilla es un símbolo del éxodo rural.


“Como arena, el silencio sepultará mis ojos. Como arena que el viento ya no podrá esparcir. Como arena, el silencio sepultará las casas. Como arena, las casas se desmoronarán. Oigo ya sus lamentos. Solitarios. Sombríos. Ahogados por el viento y la vegetación” 




El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

10/12/2017

maletas de cartón, 4

calle de Bedmar (sin datar)
“Hay una España vacía en la que vive un puñado de españoles, pero hay otra España vacía que vive en la mente y la memoria de millones de españoles”

La España vacía. Viaje por un país que nunca fue
Sergio del Molino
Turner, 2017



El vínculo con el pueblo ha sido constante. Mis hijas iban muchísimo. Desde pequeñas, en cuanto les daban vacaciones las llevaba con mi madre, incluso mi hija se casó con un chico de allí. Esas eran mis vacaciones, los días que ellas se iban al pueblo.
 (Micaela R.)

Mis hijos han pasado las vacaciones durante toda su infancia y parte de su juventud en el pueblo. Los mandábamos con mi mama en el verano y después bajábamos nosotros. Cuando murieron mis padres, arreglamos la casa y ahora, ya jubilados, nos vamos la mitad del año allí. Mis hijos tienen allí su pandilla de amigos.
 (Mariana Q.)


Los primeros meses las niñas no querían estar aquí porque decían que las discriminaban en los colegios. Mi hija una vez reclamó una nota y una niña dijo: ¡Pues no sé qué es lo que quiere! Las veían como intrusas. Era como se veía entonces a los que veníamos de Andalucía. Otra hija venia muchos días quejándose de que no quería estar aquí. Pero yo le dije: ya te guardarás tú de pelearte con nadie. Nos hemos “venío” aquí por vosotros “pa” que estudiéis. Lo hemos “dejao” allí todo, vosotros no tenéis que ver con nadie más que con el profesor, tenéis que demostrar que valéis y cuando acabe el curso nos vamos a nuestro pueblo. Y así fue. El primer año nos fuimos de vacaciones a Bedmar, pero el segundo ya no querían ir, estaban totalmente integradas. Ellas iban a clases en catalán desde que llegamos aquí. Hacían clases en secreto, en el mismo instituto… bueno, un secreto a voces…, así que se integraron muy pronto. En Navidad ya entendían bien el idioma y habíamos “venío” en septiembre. Claro que la mayor ya tenía su bachiller hecho. Aquí hemos “tenío” de todo... Cuando tienes cinco hijos adolescentes las cosas no resultan fáciles, pero al final nos ha ido muy bien.
 (Bárbara G.)


Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 219-220




El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

09/12/2017

maletas de cartón, 3



“El viaje en el tren fue tremendo.  Muchas veces tenías que dormir en el pasillo “tirao”, la carbonilla se te metía en la nariz y te tenías que lavar de vez en cuando… Íbamos con la maleta de cartón y con una guita... Yo tenía antes del viaje unas 800 pesetas. Vinimos unos cuantos: Serafín “el de la Arguñana” y otro que le decían Francisco “Borrico”. La primera noche dormimos en la calle mayor, nº 18 de Torredembarra, en la provincia de Tarragona. Estuvimos unas tres semanas así.  El viaje me costó 31570.  A mi mujer le dejé 300 pesetas y me quedaron unas 200 para empezar la vida en Cataluña.  Aquí no conocía a nadie,  pero al día siguiente de llegar ya estábamos trabajando en la obra.
(Francisco C.).

Dos días de viaje. El tren paraba en todas las estaciones... Aquello no se acababa nunca. Me acuerdo de que en Albacete te vendían las navajas en el andén... Cuando llegamos todo era grande, eso lo recuerdo y también que mi padre vino a recibirnos con un taxi, ¡menos mal!
(José A.)

Pasando fatigas, así fue el viaje. El tren venía lleno y de asientos nada, las maletas “tirás” en los pasillos. Yo vine solo porque aquí estaba mi padre y los hermanos que tenían edad de trabajar. Los pequeños estaban con mi madre en el pueblo y yo, cuando me licencié de la mili, me vine solo. Ese día no venía nadie del pueblo, y hombre… la verdad es que venía un poco “preocupao”. Yo había “estao” fuera del pueblo en la mili pero Barcelona era otra cosa
(Martín M.).


Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 164-166



El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

07/12/2017

maletas de cartón



“Salir de casa, dejar atrás el paisaje en el que hemos crecido, las voces…, los soniquetes del habla particular y conocida, los olores, los sabores, las costumbres, todo aquello que nos ha hecho ser lo que somos… Eso es emigrar, una vivencia siempre única y trascendental que, a lo largo de la historia de la humanidad, han experimentado millones de hombres y mujeres. Ese deseo de descubrir mundos, de cruzar fronteras, de ponerse a prueba y superar dificultades parece que está en la misma naturaleza humana. Allí donde un río pone límites, alguien está dispuesto a construir un puente; siempre hay un camino por donde transitar a pesar de los infranqueables obstáculos, casi siempre artificiales, que encontramos a lo largo del viaje de la vida. Emigrar ensancha la mirada, amplía los horizontes…, como experiencia tiene un gran poder de transformación. En definitiva, no es sólo ese fenómeno sociológico que se estudia a través de estadísticas y de frías fuentes documentales.
Por eso, el interés que me mueve a emprender esta aventura es acceder a un conocimiento pocas veces valorado por tantos eruditos. Quiero escuchar las voces de los protagonistas, de la gente que ha vivido ese desgarro y ha tenido que aprender nuevos códigos de comunicación y de relación social, diferente lengua, otros oficios y sistemas de trabajo.  Me propongo conocer la diversidad de experiencias, las luchas, las ilusiones y esperanzas que hay detrás de cada persona que emigra, ya que apenas existen publicaciones en las que encontremos esa fuerza del testimonio; el valor de la palabra de tantas y tantas personas que, como aves migratorias, un día emprendieron el vuelo, buscando lugares en los que poder establecerse y mejorar material y humanamente.”


Maletas de cartón
Memoria y relatos de emigrantes
de Bedmar en Cataluña (1960-1973)
Mª Teresa Fuentes Caballero
IEG, 2017
Pág. 21-22


El miércoles 13 de diciembre del 2017, Vespres Literaris organiza la presentación del Vallès del libro “Maletas de cartón. Memoria y relatos de emigrantes de Bedmar en Cataluña (1960-1973), de Mª Teresa Fuentes Caballero,  en el Museo de Ca n’Ortadó (Plaza San Ramon) a las 19.00 horas.

07/09/2017

miguel en NY



El Homenaje a Miguel Hernández en Nueva York que va a tener lugar los días 24 y 25 de octubre de 2017 surge a iniciativa de Juan Navidad, poeta, editor y emprendedor de proyectos culturales e innovadores.

Con el apoyo de muchas personas en Nueva York, en el resto de los Estados Unidos, Latinoamérica y personas y entidades de España, va a tener lugar este gran evento con motivo de los 75 años de la muerte del poeta de Orihuela.

El martes 24 de octubre tendrá lugar en la Spanish Benevolent Society, La Nacional, en 239 W de la 14th Street, Manhattan, NY, las Jornadas Hernandianas y el Homenaje a Miguel Hernández.


El miércoles 25 de octubre será en Saint John’s University donde tendrá lugar el Concierto de Lux Aeterna, presentación de su disco Recuerdos de un poeta.


21/12/2016

cuentos completos Chéjov y cuatro

La editorial Páginas de Espuma, en edición de Paul Viejo, ha publicado la narrativa breve completa de Antón Chéjov en cuatro volumenes.  

En la cuarta y última entrega, que cubre el periodo 1894-1903, hasta la muerte de Chéjov, llegamos al final de una de las obras más importantes de la literatura en la que se concentran cuentos como “Del amor”, “Las grosellas” “El obispo” , junto a un apéndice con textos de diversa índole y a relatos extensos como “Mi vida”, “Tres años” o “En el barranco”, hasta “La novia”, el último de los que publicó 

LA DAMA DEL PERRITO

“Y Ana Sergeyevna empezó a ir a verlo a Moscú. Cada dos o tres meses abandonaba S. diciendo a su esposo que iba a consultar a un doctor acerca de un mal interno que sentía. Y el marido le creía y no le creía. En Moscú paraba en el hotel del Bazar Eslavo, y desde allí enviaba a Gurov un mensajero con una gorra encarnada. Gurov la visitaba y nadie en Moscú lo sabía.

Una mañana de invierno se dirigía hacia el hotel a verla (el mensajero llegó la noche anterior). Iba con él su hija, a quien acompañaba al colegio. La nieve caía en grandes copos blancos.

-Hay tres grados sobre cero y, sin embargo, nieva -dijo Gurov a su hija-. Sólo hay deshielo en la superficie de la tierra; a mucha más altura de la atmósfera la temperatura es distinta completamente.

-¿Y por qué no hay tormentas en invierno, papá?

Y le explicó esto también.

Hablaba pensando que iba a verla a «ella», que nadie lo sabía y probablemente no se enterarían nunca. Tenía dos vidas: una franca, abierta, vista y conocida de todo el que quisiera, llena de franqueza relativa y relativa falsedad, una vida igual a la que llevaban sus amigos y conocidos; y otra que se deslizaba en secreto. Y a través de circunstancias extrañas, quizá accidentales, resultaba que cuanto había en él de verdadero valor, de sinceridad, todo lo que formaba el fondo de su corazón estaba oculto a los ojos de los demás; en cambio, cuanto había en él de falso, el estuche en que solía esconderse para ocultar la verdad -como, por ejemplo, su trabajo en el banco, sus discusiones en el club, aquello de la «raza inferior», su asistencia acompañado de su mujer a aniversarios y fiestas-, todo eso lo hacía delante de todo el mundo. Desde entonces juzgó a los otros por sí mismo, no creyendo en lo que veía y pensando siempre que cada hombre vive su verdadera vida en secreto, bajo el manto de la noche. La personalidad queda siempre ignorada, oculta, y tal vez por esta razón el hombre civilizado tiene siempre interés en que sea respetada.

Después de dejar a su hija en el colegio, Gurov se dirigió al Bazar Eslavo. Se quitó abajo el abrigo de pieles, subió las escaleras y llamó a la puerta. Ana Sergeyevna, vestida con su traje gris favorito, exhausta por el viaje y la espera, lo aguardaba desde la noche anterior. Estaba pálida; lo miró sin sonreír, y apenas había entrado se arrojó en sus brazos. Fue su beso lento, prolongado, como si hiciera años que no se veían.

-Y bien, ¿qué tal lo vas pasando allí? -preguntó Gurov-. ¿Qué noticias traes?

-Espera; ahora te contaré..., no puedo hablar.

Y no podía; estaba llorando. Se volvió de espaldas a él llevándose el pañuelo a los ojos.

«La dejaremos llorar. Me sentaré y esperaré», pensó Dmitri; y se sentó en una butaca.

Mientras tanto, llamó al timbre y pidió que le trajeran té. Ana Sergeyevna seguía de espaldas a él mirando por la ventana. Lloraba de emoción, al darse cuenta de lo triste y dura que era la vida para ambos; sólo podían verse en secreto, ocultándose de todo el mundo, como ladrones. Sus vidas estaban destrozadas.

-¡Ven, cállate! -dijo Gurov.

Para él era evidente que aquel amor tardaría mucho en acabarse; que no podía encontrarle fin. Ana Sergeyevna cada vez lo quería más. Lo adoraba y no había que pensar en decirle que aquello se acabaría alguna vez; por otra parte, no lo hubiera creído.

Se levantó a consolarla con alguna palabra de cariño, apoyó las manos en sus hombros y en aquel momento se vio en el espejo.

Empezaba a blanquearle la cabeza. Y le pareció raro haber envejecido tan rápida y tontamente durante los últimos años. Aquellos hombros sobre los que reposaban sus manos eran jóvenes, llenos de vida y calor, temblaban.

Sintió compasión por aquella vida todavía tan joven, tan encantadora, pero probablemente no lejos de marchitarse como la suya. ¿Por qué lo amaba ella tanto? Siempre había parecido a las mujeres distinto de cómo era en realidad; amaban, no a él mismo, sino al hombre que se habían forjado en su imaginación, a aquel a quien con ansia buscaran toda la vida; y después, al notar su engaño, lo seguían amando lo mismo. Sin embargo, ninguna fue feliz con él. El tiempo pasó, hizo amistad con ellas, vivió con algunas, se separó luego, pero nunca había amado; sería lo que quisiera, pero no era amor.

Y he aquí que ahora, cuando su cabeza empezaba a blanquear, se había realmente enamorado por primera vez en su vida.

Ana Sergeyevna y él se amaban como algo muy próximo y querido, como marido y mujer, como tiernos amigos; habían nacido el uno para el otro y no comprendían por qué ella tenía un esposo y él una esposa. Eran como dos aves de paso obligadas a vivir en jaulas diferentes. Olvidaron el uno y el otro cuanto tenían por qué avergonzarse en el pasado, olvidaron el presente, y sintieron que aquel amor los había cambiado.

Otras veces, en momentos de depresión moral, Gurov se había reconfortado a sí mismo con razonamientos de alguna clase; pero ahora no le preocupaban estas cosas; sentía profunda compasión, necesidad de ser sincero y tierno...

-No llores, querida -le dijo-. Ya has llorado bastante, vamos... Ven y hablaremos un poco, arreglaremos algún plan.

Entonces discutieron sobre la necesidad de evitar tanto secreto, el tener que vivir en ciudades diferentes y verse tan de tarde en tarde. ¿Cómo librarse de aquel intolerable cautiverio?...

-¿Cómo? ¿Cómo? -se preguntaba Gurov con la cabeza entre las manos-. ¿Cómo?...

Y parecía como si dentro de pocos momentos todo fuera a solucionarse y una nueva y espléndida vida empezara para ellos; y ambos veían claramente que aún les quedaba un camino largo, largo que recorrer, y que la parte más complicada y difícil no había hecho más que empezar.

FIN

La dama del perrito (1899)
fragmento cuatro y último
Antón Chejov



20/12/2016

cuentos completos Chéjov, tres

La editorial Páginas de Espuma, en edición de Paul Viejo, ha publicado la narrativa breve completa de Antón Chéjov en cuatro volumenes.  

El tercer volumen abarca el período 1887 a 1893, momento de mayor esplendor en la trayectoria del autor. Los años de relatos tan importantes como “El duelo”, “La estepa” o “La sala número seis”, de clásicos como “Luces” o “El beso” y cuentos algo menos conocidos pero inolvidables  de la talla de “El encuentro”, “En Moscú” o “Ganas de dormir”. Un periodo que significa su explosión como autor, el reconocimiento unánime por críticos, académicos y lectores y, sobre todo, la celebración de un autor que estaba a un paso de convertirse en una leyenda.


LA DAMA DEL PERRITO

“En su casa de Moscú lo encontró todo en plan de invierno; las estufas estaban encendidas, y por las mañanas aún era oscuro cuando sus hijos tomaban el desayuno para irse al colegio, tanto que la niñera tenía que encender la luz un rato. Habían empezado las heladas. Cuando cae la primera nieve y aparecen los primeros trineos es agradable ver la tierra blanca, los blancos tejados, exhalar el tibio aliento, y la estación trae a la memoria los años juveniles. Las viejas limas y abedules, cubiertos de escarcha, tienen una expresión simpática y están más cerca de nuestro corazón que los cipreses y las palmas. Junto a ellos se olvidan el mar y las montañas.

Gurov había nacido en Moscú;  llegó a él en un bello día de nieve, y al ponerse su abrigo de pieles y sus guantes, al pasearse por Petrovka, al oír el domingo por la tarde el sonido de las campanas, olvidó el encanto de su reciente aventura y del sitio que dejara. Poco a poco se absorbió en la vida de Moscú; leía con avidez los periódicos ¡y declaraba que los leía sin fundamento! En seguida sintió un deseo irresistible de ir a los restaurantes, a los clubes, a las comidas, aniversarios y fiestas; se sintió orgulloso de hablar y discutir con célebres abogados, con artistas, de jugar a las cartas con algún profesor en el club de doctores.  Ya podía hasta comer un plato de pescado salado o una col...

Al cabo de un mes, le pareció que la imagen de Ana Sergeyevna había de cubrirse de una bruma en su memoria y visitarlo en sueños de cuando en cuando, con una sonrisa, como hacían otras. Pero pasó más de un mes, llegó el verdadero invierno, y recordaba todo aquello tan claramente como si se hubiera separado de Ana Sergeyevna el día antes. Estos recuerdos, lejos de morir, se avivaron con el tiempo. En la tranquilidad de la tarde, al oír las palabras de los niños estudiando en alta voz, el sonido del piano en un restaurante, o el ruido de tormenta que llegaba por la chimenea, volvía de repente todo a su memoria: lo ocurrido en el muelle la mañana de niebla junto a las montañas, el vapor que volvía de Teodosia y los besos. Gurov se levantaba entonces y paseaba por su habitación recordando y sonriendo; luego, sus recuerdos se convertían en ilusiones, y en su fantasía el pasado se mezclaba con el porvenir. Ana Sergeyevna no lo visitaba ya en sueños, lo seguía por todas partes como una sombra, como un fantasma. Al cerrar los ojos la veía como si estuviese viva delante de él, y Gurov la encontraba más encantadora, más joven, más tierna de lo que en realidad era, imaginándosela aún más hermosa de lo que estaba en Yalta. Por la tarde, Ana Sergeyevna lo miraba desde el estante de los libros, desde el hogar de la chimenea; desde cualquier rincón oía su respiración y el roce acariciador de sus faldas. En la calle miraba a todas las mujeres buscando alguna que se pareciese a ella.

Un deseo intenso de comunicar a alguien sus ideas lo atormentaba. Pero en su casa era imposible hablar de su amor, y fuera de ella tampoco tenía a nadie; ni a sus compañeros de oficina ni a ninguno en el banco podía contárselo. ¿De qué iba a hablar entonces? Pero ¿es que había estado enamorado? ¿Hubo algo de poético, de edificante, simplemente de interés en sus relaciones con Ana Sergeyevna? Y todo se le volvía hablar vagamente de amor, de mujer, y nadie sospechaba nada; sólo su esposa fruncía el entrecejo y decía:

-No te va el papel de conquistador, Dimitri.

Una tarde, al volver del club de doctores con un oficial, con el que había estado jugando a las cartas, no se pudo contener y le dijo:

-¡Si supieras la mujer tan fascinadora que conocí en Yalta!

El oficial entró en su trineo, y se iba ya, pero se volvió de pronto exclamando:

-¡Dmitri Dmitrich!

-¿Qué?

-¡Tenías razón esta tarde: el esturión era demasiado fuerte!

Aquellas palabras tan corrientes llenaron a Gurov de indignación, encontrándolas degradantes y groseras. ¡Qué modo tan salvaje de hablar! ¡Qué noches más estúpidas, qué días más faltos de interés! El afán de las cartas, la glotonería, la bebida, el continuo charlar siempre sobre lo mismo. Todas estas cosas absorben la mayor parte del tiempo de muchas personas, la mejor parte de sus fuerzas, y al final de todo eso, ¿qué queda?: una vida servil, acortada, trivial e indigna, de la que no hay medio de salir, como si se estuviera encerrado en un manicomio o una prisión.

Gurov no durmió en toda la noche, tan lleno de indignación estaba. Al día siguiente se levantó con dolor de cabeza. Y a la otra noche volvió a dormir mal; se sentó en la cama, pensando; luego se levantó y empezó a pasearse por la habitación. Estaba harto de sus hijos, del banco, y sin ganas de ir a ningún sitio ni de ver a nadie.

En las vacaciones de diciembre se preparó para un viaje; le dijo a su mujer que iba a San Petersburgo a un asunto de un amigo y se marchó a S. ¿Para qué? Ni él mismo lo sabía. Sentía necesidad de ver a Ana Sergeyevna y de hablarle; a ser posible, arreglar una entrevista con ella.

Llegó a S. por la mañana y tomó el mejor cuarto del hotel; un cuarto con una alfombra gris en el suelo, y un tintero gris de polvo sobre la mesa, adornado con una figura a caballo que tenía el sombrero en la mano. El portero del hotel le informó necesariamente: Von Diderits vivía en una casa de su propiedad en la calle antigua de Gontcharny; no estaba lejos del hotel. Era rico y vivía a lo grande, tenía caballos propios; todo el mundo lo conocía en la ciudad. El portero pronunciaba «Dridirits».

Gurov se encaminó sin prisa a la calle de Gontcharny y encontró la casa. Enfrente de ella se extendía una larga valla gris adornada con clavos.

-Dan ganas de echar a correr al ver este demonio de valla -pensó Gurov, mirando desde allí a las ventanas de la casa y viceversa.

Luego recapacitó: era día de fiesta y probablemente el marido estaría en casa. De todos modos era una falta de tacto entrar en la casa y sorprenderla. Si le mandaba una carta, podía caer en manos del esposo y todo se echaría a perder. Lo mejor de todo era esperar una ocasión, y empezó a pasearse arriba y abajo por la calle esperando esa ocasión. Vio a un mendigo que se acercaba a la verja y a unos perros que salieron a ladrarle; una hora más tarde oyó débil e indistinto el sonido de un piano. Ana Sergeyevna debía tocar probablemente. De repente, se abrió la puerta, y una mujer vieja, acompañada del blanco y familiar pomeranio, salió de la casa. Gurov estuvo a punto de llamar al perro, pero empezó a latirle violentamente el corazón, y en su excitación no pudo recordar el nombre.

Siguió paseándose y midiendo la empalizada gris una y otra vez, y entonces le dio por pensar que Ana Sergeyevna lo había olvidado y se estaba a aquellas horas divirtiendo con otro, lo cual, al fin y al cabo, era natural en una mujer joven, que no tenía otra cosa que mirar desde por la mañana hasta la noche más que aquella condenada valla. Se volvió a su cuarto del hotel y estuvo largo rato sentado en el sofá sin saber qué hacer; luego comió y durmió bastante tiempo.

-¡Qué estúpido! -exclamó al despertarse y mirar por la ventana-. Sin venir a qué, me he quedado dormido y ahora ya es de noche; ¿qué hago?

Se sentó en la cama, que estaba cubierta por una colcha gris como las de los hospitales, y empezó a burlarse de sí mismo; sentía un fastidio terrible.

-¡Al diablo la señora del perro y la dichosa aventura! En buen lío te has metido, Gurov...

Aquella mañana le había llamado la atención un cartel con letras muy grandes. La Geisha iba a ser representada por primera vez. Al recordar esto, se vistió y se marchó al teatro.

-Es posible que ella vaya a la primera representación -pensó.

El teatro estaba lleno. Como en todos los de provincia, había una atmósfera muy pesada, una especie de niebla que flotaba sobre las luces; por las galerías se oía el rumor de la gente; en la primera fila, los pollos elegantes de la localidad estaban de pie mirando a la gente, antes de levantarse el telón. En el palco del gobernador, su hija, adornada con una boa, ocupaba el primer sitio, mientras que él, oculto modestamente detrás de la cortina, sólo dejaba visible las manos. La orquesta empezó a afinar los instrumentos; el telón se levantó.

Seguía entrando gente que iba a ocupar sus sitios, y Gurov los miraba uno a uno con ansia.

Ana Sergeyevna llegó también. Se sentó en la tercera fila y Gurov sintió que su corazón se contraía al mirarla; comprendió entonces claramente que para él no había en todo el mundo ninguna criatura tan querida como aquélla; aquella mujercita sin atractivos de ninguna clase, perdida en la sociedad de provincia, con sus vulgares impertinentes, llenaba toda su vida; era su pena y su alegría, la única felicidad que ambicionaba, y al oír la música de la orquesta y el sonido de los pobres violines provincianos, pensó cuán encantadora era. Pensó, y soñó...

Un hombre joven, con patillas, alto y encorvado, llegó con Ana Sergeyevna y se sentó a su lado; inclinaba la cabeza a cada paso y parecía estar continuamente haciendo reverencias. Debía ser sin duda el esposo, que una vez en Yalta, en una exclamación de amargura llamó ella lacayo; sonreía almibaradamente y en el ojal de la chaqueta llevaba una insignia o distinción que recordaba el número de un criado.

En el primer descanso el marido se salió fuera a fumar y Ana Sergeyevna se quedó sola en su butaca. Gurov se acercó a ella y con voz temblorosa y una sonrisa forzada le dijo:

-Buenas noches.

Al volver la cabeza y encontrarse con él, Ana Sergeyevna se puso intensamente pálida, lo miró otra vez, horrorizada casi, y estrujó el abanico y los impertinentes entre las manos como luchando para no desmayarse. Los dos guardaban silencio. Ella seguía sentada, él de pie, asustado por la confusión que su presencia le produjo, y no atreviéndose a sentarse a su lado.

Los violines y la flauta empezaron a sonar, y de repente Gurov sintió como si de todos los palcos los estuvieran mirando. Ana Sergeyevna se levantó, marchando rápida hacia la puerta; siguió él, y ambos empezaron a andar sin saber adónde iban, a través de pasillos, bajando y subiendo escaleras, viendo desfilar ante sus ojos uniformes escolares, civiles, militares, todos con insignias. Al pasar, veían señoras, abrigos de piel colgados en las perchas, y el aire les traía olor a tabaco viejo. Y Gurov, cuyo corazón latía con violencia, pensó:

« ¡Cielos! ¿Para qué habrá aquí esta gente y esa orquesta?»

Y recordó en aquel instante cuando, después de marcharse Ana Sergeyevna de Yalta, creyó él que todo había terminado y que no volverían a encontrarse más. Pero ¡cuán lejos estaban del final!

Al pie de una escalera estrecha y sombría, sobre la que se leía: «Paso al anfiteatro», se pararon.

-¡Cómo me has asustado! -exclamó ella sin respiración casi, todavía pálida y como agobiada-. ¡Oh, cómo me has asustado! Estoy medio muerta. ¿Por qué has venido? ¿Por qué?...

-Pero escúchame, Ana, escúchame... -repetía Gurov rápidamente y en voz baja-. Te suplico que me escuches...

Ella lo miraba con temor mezclado de amor y de súplica; lo miraba intensamente como si quisiera grabar sus facciones más profundamente en su memoria.

-¡Soy tan desgraciada! -siguió diciendo sin escucharle-. No he hecho más que pensar en ti todo el tiempo; no vivo más que para eso. Y, sin embargo, necesitaba olvidar, olvidar; pero ¿por qué?, ¡ah!, ¿por qué has venido?...

En el piso de arriba dos colegiales fumaban mirando hacia abajo, pero a Gurov no le importaba nada; atrayendo hacia sí a Ana Sergeyevna empezó a besarle la cara, las mejillas y las manos.

-¡Qué estás haciendo, qué estás haciendo! -gritaba ella con horror apartándolo de sí-. Estamos locos. Vete; vete ahora mismo... Te lo pido por lo que más quieras... Te lo suplico... ¡Que viene gente!

Alguien subía por las escaleras.

-Es preciso que te vayas -siguió diciendo Ana Sergeyevna, y su voz parecía un susurro-. ¿Oyes, Dmitri Dmitrich? Iré a verte a Moscú. Nunca he sido feliz; ahora lo soy menos todavía, ¡y nunca, nunca seré dichosa!... No me hagas sufrir más. Te juro que iré a Moscú. Pero ahora separémonos, mi amado Gurov, no hay más remedio.

Estrechó su mano y empezó a bajar las escaleras muy de prisa volviendo atrás la cabeza; y en sus ojos pudo ver él que realmente era desgraciada. Gurov esperó un poco más, escuchó hasta que dejó de oírse el rumor de sus pasos, y entonces fue a buscar su abrigo v se marchó del teatro.”

La dama del perrito (1899)
fragmento tres
Antón Chejov