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01/01/2025

discurs nobel literatura 2024

 



La luz y el hilo

por Han Kang

    "En enero del año pasado, cuando estaba vaciando un trastero para una mudanza, me encontré una vieja caja de zapatos. Al abrirla, descubrí unos diarios que había llevado de niña. Fue entre esos diarios donde encontré un cuadernillo encuadernado a mano con la palabra Poemario escrita a lápiz en la portada. Eran cinco hojas de papel reciclado tamaño A5, dobladas por la mitad y grapadas. Debajo del título había dos líneas irregulares dibujadas una al lado de la otra: una escalera de seis peldaños que subía por la izquierda y otra de siete peldaños que bajaba por la derecha. ¿Era una especie de ilustración de portada? ¿O se trataba solo de un garabato? En la contraportada figuraban el año 1979 y mi nombre, y dentro había ocho poemas, todos escritos a lápiz con la misma letra que el título de la portada. En la parte inferior de cada página aparecían ocho fechas distintas siguiendo un orden cronológico. Y entre las inocentes y torpes frases propias de una niña de ocho años, me llamó la atención un poema fechado en abril que comenzaba con estos versos:

¿Dónde está el amor?

Dentro de mi pecho palpitante.

¿Qué es el amor?

El hilo dorado que une nuestros corazones.

    En ese instante, dando un salto atrás en el tiempo de cuarenta años, recordé la tarde que pasé elaborando ese cuadernillo: el lápiz gastado al que le puse una tapa de bolígrafo para hacerlo más largo, las migajas de la goma de borrar, la grapadora metálica que cogí a escondidas de la habitación de mi padre… Íbamos a mudarnos pronto a Seúl y quise reunir los poemas que había garabateado en trozos de papel, en márgenes de cuadernos y libros de texto y en diarios. Recuerdo también que no quise enseñarle a nadie ese Poemario.

    Antes de volver a guardar los diarios y el cuadernillo en la caja de zapatos y ponerle la tapa, tomé una foto con mi móvil a ese poema en particular, pues sentí que había cierta conexión entre las palabras que había usado aquella niña de ocho años y la mujer que soy ahora: el corazón dentro del pecho palpitante, lo que une nuestros corazones, el hilo que los conecta, ese hilo dorado y brillante que emana luz.

    Catorce años más tarde, con la publicación de mi primer poema y de un relato corto al año siguiente, me convertí formalmente en escritora. Pasaron otros cinco años hasta que publiqué mi primera novela, que tardé unos tres años en llevar a su término.

    Disfruto escribiendo poesía y relatos cortos, pero hay algo especial en escribir novelas. El proceso de completar cada una de ellas me ha llevado entre uno y siete años, por lo que se corresponden con periodos importantes de mi vida personal. Esta es precisamente la razón que más me atrae de ellas. Las novelas permiten que me demore en ellas el tiempo necesario para formularme preguntas lo suficientemente importantes y urgentes como para que no me importe entregar a cambio esos años de mi vida.

    Cada vez que escribo una novela, sobrellevo esas preguntas y habito en ellas. Y, cuando llego al fondo de esas preguntas —no de las respuestas—, doy fin a la novela. Transformada por el proceso de escribirla, ya no soy la misma persona que era al comenzarla, y al alcanzar ese nuevo estadio puedo empezar una nueva. Las preguntas se unen como cadenas, se superponen como fichas de dominó, y dan comienzo a una nueva novela.

    De 2003 a 2005, mientras escribía La vegetariana, mi tercera novela, habité en el interior de algunas preguntas dolorosas: ¿Puede una persona ser completamente inocente? ¿Podemos rechazar la violencia en todas sus formas? ¿Qué ocurre cuando alguien desea dejar de formar parte de la especie humana para rehuir de la violencia?

    Es por estas razones por las que Yeonghye se niega a comer carne, termina por creerse una planta y se niega a tomar otro alimento que no sea agua. Y se produce la paradójica situación de que, en su deseo de rechazar la violencia, se acerca cada vez más a la muerte. Tanto Yeonghye como su hermana Inhye, la otra protagonista de la novela, gritan en silencio, sufren pesadillas y pasan por momentos demoledores hasta que finalmente quedan ellas solas. Mi deseo era que Yeonghye siguiera con vida, por eso la escena final transcurre en una ambulancia. Esta avanza a toda velocidad entre los árboles de flameante verdor mientras la hermana mayor se queda mirando fijamente por la ventanilla, como esperando una respuesta, como protestando contra algo. Toda la novela es una permanente interrogación, una mirada inquisitiva, una especie de resistencia en espera de una respuesta.

    Mi siguiente novela, El viento sopla, vete, profundiza en estas preguntas. Si no podemos rechazar la vida y el mundo para rehuir de la violencia, y tampoco podemos convertirnos en plantas, ¿cómo seguir adelante? En esta novela, que se organiza como una trama de misterio en la que se confrontan y contradicen oraciones en redonda y en cursiva, la protagonista, que lleva mucho tiempo luchando contra la sombra de la muerte, arriesga su vida para demostrar que la repentina muerte de su amiga no fue un suicidio. Mientras escribía la escena final, en la que la protagonista se arrastra a duras penas por el suelo para alejarse de la muerte y la violencia, me pregunté si no deberíamos finalmente sobrevivir, si no deberíamos dar testimonio de la verdad con nuestras vidas.

    En La clase de griego, mi quinta novela, seguí ahondando en estas cuestiones. Una mujer que ha perdido el habla y un hombre que está perdiendo gradualmente la vista se abren paso a través del silencio y la oscuridad de sus respectivos mundos hasta que sus caminos se cruzan. Al escribir esta novela, me concentré en los momentos táctiles. La novela avanza lentamente hasta una escena en que la mujer escribe unas palabras en la palma del hombre con su dedo índice. En ese instante luminoso que se dilata como la eternidad, ambos se muestran mutuamente las partes más tiernas de sí mismos. La pregunta que me hice fue si el contemplar la parte más tierna de un ser humano, acariciar su innegable calidez, no es finalmente lo que hace que podamos vivir en este mundo fugaz y violento.

    Al llegar al fondo de esa pregunta, empecé a pensar en lo que escribiría a continuación. Fue en la primavera de 2012. Quería hacer una novela que diera un paso más hacia la luz y la calidez. La llenaría de sensaciones deslumbrantes y transparentes que abrazaran por fin la vida y el mundo. Pero, después de ponerle un título y escribir las primeras veinte páginas, tuve que dejarla porque me di cuenta de que había algo en mí que me impedía seguir adelante con ella.

    Hasta ese momento nunca se me había pasado por la cabeza escribir sobre la masacre de Gwangju. Cuando empezaron las matanzas, en mayo de 1980, yo tenía nueve años y solo cuatro meses antes nos habíamos mudado a Seúl. Años después, cuando ya tenía doce, me topé con un libro puesto boca abajo en una estantería de la biblioteca. Su título era Álbum de fotos de Gwangju, y, sin que se enteraran los adultos, lo abrí y lo hojeé. Contenía fotografías de civiles y estudiantes asesinados con porras, bayonetas y balas por resistirse a la dictadura militar instaurada mediante un golpe de Estado. El libro había sido publicado y distribuido en secreto por los supervivientes y los familiares de los masacrados con el fin de dar testimonio de cómo el gobierno de facto falseaba los hechos mediante el férreo control de los medios de comunicación. En aquel entonces yo era pequeña y no podía entender las implicaciones políticas de esas imágenes, pero aquellos rostros destrozados quedaron grabados en mi mente como un interrogante fundamental acerca de la naturaleza humana: ¿Los seres humanos eran capaces de hacer cosas tan horribles a sus semejantes? Al mismo tiempo, al ver en el mismo libro otras fotografías que mostraban a gente haciendo colas interminables frente a un hospital universitario para donar sangre a los heridos, me hice otra pregunta: ¿Los seres humanos eran capaces de mostrar tanta nobleza hacia sus semejantes? Estas dos preguntas incompatibles chocaban entre sí y acabaron convirtiéndose en un enigma irresoluble.

    Así pues, aquel día de la primavera de 2012, cuando intentaba escribir esa “novela deslumbrante y transparente que abraza la vida”, me encontré de nuevo confrontada a preguntas para las que nunca había tenido respuestas. Hacía tiempo que había perdido mi fe en la humanidad y no podía abrazar el mundo. Comprendí que, si quería seguir adelante, primero tenía que hacer frente a ese enigma imposible, y que únicamente la escritura podía ayudarme a penetrar en él.

    A lo largo de todo ese año esbocé una novela en la que lo ocurrido en Gwangju era solo una de las capas de la narración. Y luego, una tarde de diciembre, fui al cementerio de Mangwol-dong. El día anterior había caído una fuerte nevada, y al anochecer, cuando salía del cementerio helado con la mano sobre el corazón, decidí que escribiría una novela que abordara la masacre de Gwangju de frente, no de soslayo como una mera capa de la narración. Conseguí un libro que contenía más de novecientos testimonios y durante todo un mes dediqué nueve horas diarias a su lectura. También leí sobre otros casos de violencia de Estado y genocidios que el ser humano ha perpetrado repetidamente en distintos lugares del mundo a lo largo de la historia.

    Mientras realizaba esa labor de documentación, tenía en mente dos preguntas. Eran las mismas preguntas que, a mis veintitantos años, escribía en la primera página de todos los diarios que empezaba:

¿Puede el presente ayudar al pasado?

¿Pueden los vivos salvar a los muertos?

    Y cuanto más leía, más imposible me parecía responder a esas preguntas. Me estaba enfrentando a las zonas más oscuras del ser humano, y mi fe en la humanidad, ya de por sí resquebrajada, se hizo añicos. Cuando casi me había resignado a no poder avanzar con la novela, leí el diario de un joven profesor de escuela nocturna. Se llamaba Park Yong-joon y era un hombre tímido y callado que había participado en los diez días de autogobierno que se instauró en Gwangju después de que los soldados se retiraran brevemente de la ciudad. Fue asesinado en el edificio de la YWCA, cerca del Ayuntamiento, donde había decidido quedarse aun sabiendo que los soldados regresarían al amanecer. Esa última noche escribió lo siguiente: “Dios mío, ¿por qué tengo una conciencia que me hostiga y daña de esta manera, cuando yo lo que quiero es vivir?”.

    En cuanto leí esta frase, fue como si cayera un rayo que iluminara la dirección que debía tomar mi novela. Entonces supe que tenía que darles la vuelta a esas dos preguntas y formularlas de otro modo:

¿Puede el pasado ayudar al presente?

¿Pueden los muertos salvar a los vivos?

    Más tarde, mientras escribía lo que se convertiría en Actos humanos, hubo momentos en los que realmente sentí que el pasado ayudaba al presente, que los muertos salvaban a los vivos. De vez en cuando volvía a aquel cementerio y, curiosamente, siempre hacía un día claro y despejado. Cerraba los ojos y el resplandor anaranjado del sol inundaba el interior de mis párpados. Podía sentir la luz de la vida. Sentía que la luz y el aire envolvían mi cuerpo en una indescriptible calidez.

    Las preguntas que me han perseguido desde que vi aquel álbum de fotos a los doce años fueron: ¿Cómo pueden los seres humanos ser tan violentos? ¿Cómo pueden resistir y enfrentar una violencia tan abrumadora? ¿Qué significa pertenecer a esa especie que llamamos humana? Para cruzar el abismo insalvable que se abre entre el horror humano y la dignidad humana, hacía falta la ayuda de los muertos, de la misma manera que el joven Dongho, el protagonista de la novela, camina hacia la luz del sol llevando de la mano a su madre.

    Naturalmente, no podía revertir lo que les había sucedido a los muertos, los deudos y los supervivientes. Lo único que podía hacer era prestarles las sensaciones, las emociones y la vida que pulsaban a través de mi cuerpo. Quería encender una vela al principio y al final de la novela, así que situé la primera escena en la Sala del Comercio, que era el lugar adonde llegaban los cadáveres y se celebraban los funerales de los masacrados. Allí vemos cómo Dongho, un muchacho de quince años, tiende paños blancos sobre los cadáveres y enciende velas, al tiempo que mira fijamente su centro, el corazón azulado de la llama.

    El título en coreano de esta novela es Viene el chico. En el momento en que es llamado, el muchacho despierta en medio de la tenue oscuridad y camina hacia el presente. Lo hace con el paso propio de las almas. Se aproxima cada vez más hasta que el momento se convierte en presente. Mientras escribía este libro, comprendí que cuando llamamos Gwangju a un lugar en que la crueldad y la dignidad humanas existieron simultáneamente en formas extremas, ese término deja de ser el nombre propio de una ciudad para convertirse en un sustantivo común. Es un presente que, a través del tiempo y el espacio, viene hacia nosotros una y otra vez. Incluso en este mismo momento.

    Cuando Actos humanos se publicó en la primavera de 2014, me sorprendió que los lectores me confesaran lo mucho que les dolía leer la novela. Eso me hizo pensar en la relación que existe entre el dolor que yo había sentido al escribirla y el que la gente decía sentir al leerla ¿Cuál es la razón de ese dolor? ¿Es porque queremos creer en la humanidad y nos destruye ver que esa creencia se tambalea? ¿Es porque queremos amar a la humanidad y nos duele que ese amor se haga añicos? ¿El sufrimiento nace del amor? ¿El sufrimiento es una prueba de amor?

    En junio de ese mismo año, tuve un sueño. Soñé que caminaba por una llanura mientras caía una nieve rala. Había miles y miles de troncos negros plantados y, detrás de cada uno de ellos, se levantaba un túmulo funerario. De repente sentía agua bajo mis zapatillas y, al mirar hacia atrás, en lugar del horizonte, veía el mar que subía rápidamente. “¿Por qué están estas tumbas en este lugar?”, me preguntaba. Los huesos de las tumbas de más abajo ya habían sido arrastrados por el agua, y pensé que había que trasladar los de las tumbas superiores antes de que fuera demasiado tarde. Pero ¿cómo hacerlo? Ni siquiera tenía una pala y el agua ya me llegaba a los tobillos. Cuando me desperté y miré hacia la ventana todavía a oscuras, sentí que ese sueño me estaba diciendo algo importante. Una vez que lo anoté, supe que podría ser el principio de mi próxima novela.

    Sin saber aún qué tipo de obra sería, escribí y borré los inicios de diversas historias que podían derivarse de ese sueño. Finalmente, en diciembre de 2017, me fui a vivir a la isla de Jeju, donde permanecí durante más de dos años al tiempo que iba y venía de Seúl. La novela se fue perfilando mientras caminaba por los bosques, las playas y las calles de los pueblos de la isla, mientras sentía la intensidad de su clima a través del viento, la luz y las nevadas. De forma similar a como escribí Actos humanos, leí testimonios de supervivientes y estudié numerosas fuentes y archivos, y así fue como, conteniéndome al máximo y haciendo frente a detalles tan atroces que no creí capaz de poner en palabras, por fin publiqué Imposible decir adiós. Habían transcurrido alrededor de siete años desde la mañana en que soñé con aquellos troncos negros y el mar que iba subiendo.

En los cuadernos que utilicé mientras escribía la novela, hice anotaciones como estas:

La vida quiere vivir. La vida es cálida.

Morir es volverse frío. La nieve acumulada sobre la cara no se derrite.

Matar es enfriar.

El hombre en la historia y el hombre en el universo.

Vientos y corrientes marinas. El ciclo del agua y del viento que conecta al mundo. Estamos conectados. Conectados sí o sí.

    Imposible decir adiós se estructura en tres partes. La primera es el viaje horizontal que emprende Gyeongha desde Seúl hasta la casa de su amiga Inseon en las montañas de Jeju, atravesando una fuerte nevada para salvar la vida de un pájaro. La segunda parte es un viaje vertical a los abismos del mar, en el que Gyeongha e Inseon descienden juntas a la noche de la humanidad, a los días de la masacre de civiles en la isla de Jeju en el invierno de 1948. En la tercera y última parte, ambas encienden una vela en el fondo de ese oscuro mar.

    Aunque la novela avanza gracias a las dos amigas, de igual modo que se turnan para sostener la vela, la verdadera protagonista es Jeongsim, la madre de Inseon. Tras sobrevivir a la masacre de la isla de Jeju, la mujer lucha por encontrar los restos de sus seres queridos, aunque solo sea el más mínimo trozo de hueso, con el fin de darles un entierro digno. Es alguien que se niega a poner fin al duelo. Alguien que abraza el dolor y lucha contra el olvido. Alguien que se niega a decir adiós. Al contemplar su vida, donde durante tanto tiempo han hervido el dolor y el amor a la misma densidad y temperatura, me preguntaba: ¿Cuánto podemos amar? ¿Dónde están nuestros límites? ¿Cuánto tenemos que amar para seguir siendo humanos después de todo?

    Han pasado tres años de la publicación de Imposible decir adiós y aún no he terminado mi siguiente novela. Cuando la haya acabado, tengo otra esperándome desde hace tiempo. Formalmente se relacionaría con Blanco, una obra que escribí con el deseo de prestarle mi vida a mi hermana, que murió a las dos horas de nacer, y con el fin de indagar en aquello que hay de indestructible en todos nosotros. No sé cuándo la terminaré, pero seguiré escribiendo, aunque sea a ritmo lento. Dejaré atrás lo que he escrito hasta ahora y avanzaré lo más lejos que me permita la vida, hasta que un día doblaré una esquina y ya no podré ver los libros que escribí en el pasado.

    Mientras continúo avanzando lo más lejos posible, mis libros, que tienen vida propia, también viajarán siguiendo su propio destino. Al igual que las dos hermanas que permanecen juntas para siempre en una ambulancia mientras, más allá de la ventanilla, los árboles parecen arder en llamas de un intenso verdor; al igual que la mujer que no tardará en recuperar el lenguaje pero que, rodeada de oscuridad y silencio, escribe con su dedo en la palma de un hombre; y al igual que mi hermana, muerta a las dos horas de nacer, y que mi joven madre, que no dejó de decirle a aquel bebé: «No te mueras, por favor». ¿Hasta dónde llegarán todas esas almas de color naranja intenso que se agolpaban bajo mis párpados y me envolvían en un calor indescriptible? ¿Hasta dónde llegarán las velas de quienes juran no decir nunca adiós, encendidas en todos los lugares donde se ha cometido una matanza, en todos los tiempos y espacios asolados por una violencia abrumadora? ¿Viajarán en un hilo de oro de mecha en mecha, de corazón en corazón?

    En aquel cuadernillo que encontré en una vieja caja de zapatos en enero del año pasado, mi yo de abril de 1979 se hacía dos preguntas:

¿Dónde está el amor?

¿Qué es el amor?

    Entretanto, hasta el otoño de 2021 en que publiqué Imposible decir adiós, siempre había considerado que las dos preguntas que constituían el núcleo de mi obra eran:

¿Por qué el mundo es tan violento y doloroso?

¿Y cómo es posible que aun así sea tan bello?

    Durante mucho tiempo creí que la tensión y la lucha interior que desencadenaban en mí esas dos preguntas habían sido el motor de mi escritura. Desde mi primera novela hasta la más reciente, mis preguntas se habían ido desarrollando y cambiando de forma, pero en el fondo se habían mantenido constantes. Sin embargo, hace dos o tres años, empecé a dudar de ello. ¿Realmente fue a partir de la publicación de Actos humanos cuando me pregunté por primera vez sobre el amor y el dolor que nos unen? Desde mi primera novela hasta la última, ¿la capa más profunda de todas mis preguntas no ha estado siempre dirigida hacia el amor? ¿No ha sido este el matiz más antiguo y fundamental de mi vida? El amor se sitúa en un lugar muy íntimo: “Dentro de mi pecho palpitante”, escribió la niña de abril de 1979. Y a la cuestión de qué es ese amor, respondió: “El hilo dorado que une nuestros corazones”.

    Cuando escribo, utilizo todo mi cuerpo. Utilizo todos los detalles sensoriales que me proporcionan el ver, el oír, el oler, el saborear, el sentir la suavidad, el calor, el frío, el dolor, la sed y el hambre, el latir del corazón, el caminar y el correr, el tomarse de las manos, el notar sobre la piel el viento, la nieve y la lluvia. Como ser mortal que posee un cuerpo de sangre caliente, intento infundir en mi escritura estas vívidas sensaciones como una corriente eléctrica, y me asombro y emociono cuando siento que esa corriente traspasa al lector. Cuando me doy cuenta de que el lenguaje es el hilo que nos conecta, y de que mis preguntas llegan a través de ese hilo por el que fluyen la luz y la corriente de la vida, me siento profundamente agradecida hacia todos los que se han conectado conmigo y hacia todos los que lo harán en el futuro."

© The Nobel Foundation, 2024
© Han Kang, 2024
© Sunme Yoon, por la traducción, 2024.

Discurso de aceptación del premio Nobel de literatura 2024
en El País
19/12/2024

01/12/2024

y de nuevo el silencio, crónica

 



    Ayer, en el aula Feixa Baixa del museo de Ca n’Oliver, tuvo lugar la presentación del último libro de la escritora Pepa Fraile Colorado: Y de nuevo el silencio.

    La presentación fue el feliz reencuentro con una escritora que ya presentó sus dos primeras novelas - “Las siete verdades de Elena” y “El secreto de Amalia”- el 14 de noviembre de 2014 en nuestra antigua sede del Centro Cívico de Montflorit.

    Tras la presentación del acto por parte de la periodista Ángeles Fortes, la autora fue contestando a una serie de preguntas de Ángeles que nos permitieron descubrir las principales características de una novela basada en hechos reales.


    La obra, fruto de un encargo, es el resultado de largas charlas con la protagonista de la historia, Anna, de una exhaustiva investigación y de los intercambios de opiniones y, ¡porqué no! de sensaciones y sentimientos entre la creadora y su protagonista, posibles en este caso singular en el que una autora puede dialogar cara a cara, tomando un café, con la protagonista de la obra que está creando.

    Con una estructura circular, el libro es una homenaje apasionado de su protagonista, Anna, a sus abuelos Anita y Jaume (la pareja de la portada del libro) , unos abuelos que fueron faro y guía en  tiempos oscuros, dolorosos para la protagonista y marcados por silencios pesados como losas.

    Pepa Fraile destaco el hecho, dado el número de personajes de la obra y el ingente material de investigación y grabaciones con algunos de los personajes de la historia, de  la enorme dificultad de escribir una obra que abarca el siglo y medio de una saga familiar a caballo entre el barrio de Sants de Barcelona y un pequeño pueblo de Valladolid.

    Por último, la autora subrayo el acto de gran valentía de Anna por querer emprender esta cruda inmersión en los tupidos silencios familiares, que demuestran también un profundo deseo de sanación y conocimiento.










24/11/2024

presentació llibre pepa fraile



  El dissabte 30 de novembre de 2023, l’associació cultural Vespres Literaris organitza la presentació del llibre de la Pepa Fraile Colorado “Y de nuevo el silencio”. Amb la presencia de l’autora, la presentació anirà a càrrec de la periodista Ángeles Fortes. L’acte tindrà lloc a l’Espai Feixa Baixa, del Museu de Ca n’Oliver, a les 18.00 hores.

L’autora:

    Pepa Fraile Colorado (Barcelona, ​​1965). Va estudiar periodisme, ha col·laborat en diversos mitjans de comunicació local i combina el seu treball actual a l'administració pública amb la seva gran passió: l'escriptura.

    És autora de vuit novel·les, històries amb ànima de dona, amb misteri, reflectint bé el costumisme i amb personatges captivadors i rodons que evolucionen, pateixen, estimen, qüestionen, viuen i conviuen amb les seves històries personals. Els seus protagonistes són dones a les que dota d'eines i circumstàncies que aniran transformant les seves vides, tan reals que podrien ser la de qualsevol.

    Les lletres han estat sempre un vincle i una manera d'expressar-hi imprescindible; un silenci revelador que s'expandeix sense remei.

El llibre:

    Amb una estructura circular, que reflecteix el viatge emocional de la seva protagonista cap a les ferides que han marcat la història família durant un segle, l'última novel·la de Pepa Fraile emmarca gran part de la història a l'emblemàtic barri de Sants, ​​apostant per una ficció històrica basada en fets reals que inicia el recorregut a finals del segle XIX. En aquesta ocasió ens trobem amb una trama contundent i equilibrada que remou les consciències i on l'autora es converteix en un personatge més, dirigint-se al lector des dels seus propis records.

    Amb tocs de realisme màgic i una història real al l’alçada de les grans sagues familiars, l’obra aconsegueix destapar els silencis que han protagonitzat els personatges i que pugnen per veure la llum.

Sinopsi:

    Anna acaba de perdre una de les persones més importants de la seva vida: la seva àvia Anita, el seu far i el seu refugi, que sempre la va protegir i la va estimar incondicionalment. La seva absència li deixa un profund buit, però també una comesa que haurà d'assumir: desentranyar la història oculta després dels silencis que s'han apoderat de la família al llarg de diverses generacions.

    Apassionada, dura i emotiva, aquesta saga familiar és una ficció històrica basada en fets reals que viatja des de la Barcelona del segle XIX fins als nostres dies.

17/11/2024

art i vinya: un maridatge, la crònica

 



    Ahir, en el marc de les activitats paral·leles a l'exposició “Al Vallès som gent de vinya” que s'exposa al Museu de ca n'Oliver fins al 30 de desembre, els de Vespres literaris vam posar en escena “Art i vinya: un maridatge”, un recorregut a les manifestacions culturals que aquesta planta i el seu producte, el vi, ha inspirat als artistes.

    Perquè des del començament de l'escriptura fins als nostres dies, són nombroses les referències sobre els lligams entre cultura i vi, tant en textos sagrats com literaris i també són abundants les expressions artístiques en què la vinya i el vi són el motiu central

    D'aquesta manera, vam llegir fragments del Genesis, del Gilgamesh, de l'Odissea d'Homer, les Geòrgiques de Virgili o de l’obra “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez.





    Vam recitar poemes de Joan-Salvat Papasseit, Pablo Neruda, Josep Carner, Charles Baudelaire, Jorge Luis Borges, Li Po, Carles Riba, Joan Margarit, Joan Vinyoli i Marià Manent.






    Vam escoltar la música de Charles Debussy, la “Cançó de taverna”, basada en el conegut poema d'Apel·les Mestres, l'ària “Fih ch'han dal vino” de l'òpera “Don Giovanni” de Mozart, la cançó “Los vendimiadores”, basada en el poema homònim de Miguel Hernández, el brindis de “Cavalleria Rusticana” “Viva il vino spumeggiante”, de Piero Mascagni, la conegudíssima cançó “Vinyes verdes vora el mar”, del poema homònim de Josep Maria de Segarra i la peça “Cavespre a la vinya”, del músic del nostre poble Josep-Maria Ribelles.



    També vam contemplar imatges de l'“Estandard d'Ur”, pintures egípcies sobre la verema, estatuària grega, mosaics romans, dibuixos de còdexs medievals i obres de Miquel Àngel, Tiziano, Velázquez, Caravaggio, Goya, Rubens, Renoir, Van Gogh, Munch, Picasso i Severin Kroyer.

    Finalment vam brindar per la cultura i totes les seves manifestacions.






11/11/2024

art i vinya: un maridatge”

 



    Dins les activitats complementaries a l'exposició temporal “Al Vallès, som gent de vinya”


que acull el Museu de Ca n’Oliver fins al 30 de desembre, Vespres Literaris organitza, amb el recolzament del Museu i el Ajuntament de Cerdanyola del Vallès, un acte anomenat “Art i vinya: un maridatge”, un petit recorregut al voltant de aquest cultiu i les seves manifestacions al món de la cultura: imatges, música i textos amb el vi com inspiració.

    Llegirem textos clàssics i contemporanis que parlen i han parlat del vi, escoltarem música amb el vi com inspiració, o contemplarem tapissos, murals, pintures o escultures dedicades a aquesta beguda; finalitzant amb un brindis.

    L’acte tindrà lloc el dissabte 16 de novembre de 2024, a les 17.30h, a la sala d’exposicions temporals del Museu de Ca n’Oliver i l’espai Feixa Baixa.

Us hi esperem!!!!!!!


06/10/2024

literatura islandesa, i 2


por 
Enrique Bernárdez

en Diccionario Histórico de la Traducción en España (DHTE)


    "Con la pérdida de la independencia, la vida islandesa entró en una prolongada fase de oscurecimiento, que incluyó la literatura. Aunque existió una poesía muy destacada, sobre todo los Himnos de la Pasión (Passíusálmar) de Hallgrímur Pétursson (1614–1674), una de las cumbres poéticas de Islandia, rara vez se tradujeron. Lo mismo sucedió con la novela del siglo XIX, excesivamente tradicional y localista. La modernidad literaria no llegó a Islandia hasta después de la primera Guerra Mundial, fundamentalmente en la poesía, que empezó a alejarse de los metros y temas tradicionales para acercarse a las tendencias modernistas. De poetas como el romántico Jónas Hallgrímsson (1807–1845) o el nacionalista neorromántico Einar Benediktsson (1864–1940) apenas se han traducido poemas sueltos y dispersos, y es con el primer gran poeta del siglo XX, Steinn Steinarr (1908–1958) cuando se empiezan a encontrar traducciones más sistemáticas, debidas las más de las veces al gran pionero en la versión de literatura islandesa, J. A. Fernández Romero.

    A lo largo de los años se han publicado numerosos poemas de varios autores, tanto al castellano como, en menor número, al gallego, y se cuenta asimismo con una espléndida antología de poesía islandesa del siglo XX, en el contexto de las demás nórdicas. La trascendencia de estas versiones en el reducido mundo de la poesía de lenguas poco habituales en España ha sido escasa, por desgracia, y esos poetas siguen siendo desconocidos por la mayoría de los amantes de la poesía, aunque algunos de ellos no desdicen en absoluto de sus contemporáneos de otras áreas lingüísticas más favorecidas. Peor es la situación del teatro islandés, casi totalmente ausente del mercado español, aunque lo mismo puede decirse en el marco europeo. Es un género reciente en Islandia, que nunca ha logrado trascendencia o reconocimiento internacionales. Se cuenta, sin embargo, con una versión meritoria de M. González Campo de una pieza importante de Jóhann Sigurjónsson (1880–1919), el drama Loftur el brujo (Miraguano, 2005), muy próximo a los planteamientos nietzscheanos tan abundantes en las literaturas nórdicas de principios del siglo XX.

    Es en la prosa donde se encuentra un mayor número de traducciones. Las primeras versiones fueron de obras de H. Laxness, a raíz de la concesión del premio Nobel, y después fue Guðbergur Bergsson el autor más traducido, aunque a partir de 2010 el inventario de autores ha crecido espectacularmente. De los autores «clásicos» del siglo, aparte de los ya mencionados, apenas se ha traducido a uno de los grandes novelistas que aportaron aires nuevos a la prosa islandesa, un tanto tradicional hasta Laxness y aún durante su propia actividad. Se trata de Thor Vilhjálmsson (1925–2011), muy traducido a otras lenguas, y de quien se ha publicado en castellano sólo una de sus novelas internacionalmente más reconocidas, Arde el musgo gris (M., Nórdica, 2007; versión de E. Bernárdez). Sirve como muestra, pero es todavía una visión muy limitada del trabajo de este prosista, también poeta y destacado pintor.

    Las demás novelas islandesas publicadas en castellano representan a la generación más reciente, siguiendo una tendencia general por la literatura del momento, también en otras lenguas, y dejando un poco de lado obras de hace ya unos años, por muy significativas que puedan ser para la comprensión de la literatura correspondiente. De ahí que se haya traducido mucho a Sjón (seudónimo de Sigurjón Birgir Sigurðsson, 1962): Tus ojos me vieron (Siruela, 2005), El zorro ártico, (2008), Maravillas del crepúsculo (2010), Los navegantes del tiempo (2014) y El chico que nunca existió (2016), vertidas por E. Bernárdez y publicadas las cuatro últimas por Nórdica). Hallgrímur Helgason (1959): 101 Réikiavik (B., RBA, 2001; versión de Kristin Árnadóttir) y La mujer a mil grados (B., Lumen, 2013, por E. Bernárdez. De Ólafur Ólafsson (1962) apareció Camino a casa (RBA, 2000; trad. de J. A. Fernández Romero) y de Einar Már Guðmundsson (1954), Ángeles del universo por Fernández Romero (Siruela, 1999) vertida también al gallego como Anxos do universo por Elías Portela (Cangas do Morrazo, Rinoceronte, 2006).

    De las mujeres novelistas más importantes se ha traducido algo de Steinunn Sigurðardóttir (un relato breve en 100 años de cuentos nórdicos) pero han aparecido obras de autoras más jóvenes, sobre todo Auður Ava Ólafsdóttir (1958), una de cuyas novelas, Rosa Candida (Alfaguara, 2011; trad. E. Bernárdez), fue un gran éxito editorial, seguida por La excepción (2014) y La mujer es una isla (2012), con planes de nuevas obras, en Alfaguara y versión de Elías Portela. Otra autora con éxito en español, Yrsa Sigurðardóttir (1963), pertenece al nutrido grupo de autores de novela negra, que veremos enseguida. Pero, aunque numéricamente la novela negra «invadió» el mercado, se siguieron publicando novelas «sin género», en algún caso cercanas al de misterio, como la de Steinar Bragi, (1975), El silencio de las tierras altas (B., Destino, 2016, trad. de E. Bernárdez) pero en otros casos son pura literatura, como Illska. La maldad, de Eiríkur Örn Norðdahl (1978), aparecida en 2018 en Hoja de Lata (Gijón), traducida por E. Bernárdez, y la versión, por Fabio Teixidó, de Para Helga (Lumen, 2018) de Bergsveinn Birgisson (1971). Una escritora significativa es Kristín Marja Baldursdóttir (1949), cuya novela La pintora de hielo apareció en Ediciones B (Barcelona) en 2014, traducida por E. Bernárdez. Mención especial merece también Jón Kalman Stefánsson (1963), cuya «Trilogía del muchacho» fue apareciendo en Salamandra, de Barcelona: Entre cielo y tierra, versión de E. Bernárdez, en 2011; La tristeza de los ángeles, versión de E. Portela (2016) y El corazón del hombre (2017), traducida por José Manuel Fajardo al parecer del francés y no del islandés (quizá la falta de traductores del islandés, quizá simples consideraciones económicas, parecen responsables de este paso atrás hacia las «traducciones de traducciones» que se había superado hace años, que encontramos en obras actuales pero también medievales). Finalmente, Kristinn R. Ólafsson (1952) produjo la autoversión española de dos novelas suyas aparecidas en islandés: La saga de Fiolmod el intrépido (RBA, 2005) y Epitafio (Valencia, Brosquil, 2003), único caso de autor bilingüe en islandés y español. Epitafio trata la poco conocida participación islandesa en la Guerra Civil española.

    Aparecieron versiones de relatos cortos de escritoras en un volumen de Ediciones de la Torre (Madrid): Hijas del frío. Relatos de escritoras nórdicas (1997, trad. de K. Ólafsson), que tradujo también la parte islandesa de la antología El vikingo afeitado, sobre la crisis de la masculinidad en el mundo nórdico. Una antología de relatos breves islandeses, traducidos por E. Bernárdez, es Cien años de cuentos nórdicos (De la Torre, 1995). El género de la novela negra, en su versión islandesa, fue inaugurado por la publicación de El último ritual (Suma de Letras, 2006) de Yrsa Sigurðardóttir (1963), novela seguida por Ladrón de almas (2007) y Ceniza (2008), ambas por E. Bernárdez en Suma de Letras (Madrid), y Sé quién eres (2014), Los indeseados (2014) y Mentiras, en Reservoir Books (2017) y traducción de Fabio Teixidó.

    Las obras de esta autora se vieron seguidas por las del principal autor del género, Arnaldur Indriðason (1961), de quien apareció primero, en 2006, Las marismas, en versión de K. Arnadóttir, y enseguida La mujer de verde (2008), traducida por E. Bernárdez, ambas en RBA, donde también aparecieron La voz (2010), El hombre del lago (2010) e Hipotermia (2015) asimismo a cargo de E. Bernárdez, además de Invierno ártico (Círculo de Lectores, 2013) por el mismo traductor. F. Teixidó se ocupó de Pasaje de las sombras (2013), Bettý (RBA, 2017) y En el abismo (2017), todas publicadas por RBA, como Naturaleza hostil (2018), vertida por Albert Beltrán, aunque probablemente no del islandés. Varios de estos textos se tradujeron a su vez al catalán.

    La novela negra islandesa invadió el mercado con grandes éxitos como los mencionados La mujer de verde (que apareció como Silencio sepulcral en otra editorial, en la misma versión) y El último ritual. Otros autores de novela negra islandesa son Árni Thórarinsson (1950) con El tiempo de la bruja (2010, versión de E. Bernárdez) y El domador de insectos (2013, versión de K. Ólafsson), ambas en Ámbar (Barcelona); Óttar Martin Norðfjörð (1980) con La cruz solar (B., Duomo, 2011; versión de E. Bernárdez), y Viktor Ingólfsson (1955), cuya novela El enigma Flatey fue traducida por Elías Portela em 2014 para Alfaguara.

    No es mucha la literatura para niños y jóvenes traducida del islandés. Aparte de Tota y el dedo de papá, de G. Bergsson, han aparecido dos novelas traducidas por Mariano González Campo: Puedes llamarme Bubu (2001) y Traigo un mensaje para Bubu (2003), ambas de Thorvaldur Thorsteinsson (1960–2013) y publicadas por Siruela, se cuenta con la más reciente de Lani Yamamoto (1965) Tina Superfriolera (Nórdica, 2015; versión de E. Bernárdez). K. Ólafsson tradujo relatos infantiles islandeses en la antología nórdica Historias desde el hielo, para RBA (2003).

    En el terreno de la poesía se ha hecho bastante poco. Existen solamente, además, de los poemas traducidos por Fernández Romero en la gran antología de Poesía nórdica (De la Torre, 1999), dos antologías de poeta: Jóhann Hjálmarsson (1939) publicado por Libros del Innombrable (Zaragoza) en 1998, versión de Fernández Romero, o Caballo negro en la oscuridad, de Nína Björk Árnadóttir (1941–2000), traducida por Rafael García Pérez para Torremozas (M., 2018).

    La prosa islandesa traducida, no llega a representar adecuadamente la producción literaria del país, si bien las obras vertidas son, sin lugar a dudas, de gran calidad en su mayoría de los casos. La consecuencia es que, aunque no está normalizada todavía la presencia de la literatura islandesa en España, se ha avanzado muchísimo en poco más de quince años. Tampoco la crítica es demasiado receptiva a las obras traducidas del islandés. De ahí, que no suelan ser habituales los grandes éxitos comerciales, aunque haya alguna excepción, y que no existan prácticamente trabajos académicos sobre esta literatura, que sólo es accesible, precisamente, en traducción."

05/10/2024

literatura islandesa, 1

 

por Enrique Bernárdez

en Diccionario Histórico de la Traducción en España (DHTE)


    "Las literaturas de lengua española y lengua islandesa han estado alejadas durante siglos. La literatura islandesa ha sido casi totalmente desconocida en los países de lengua española hasta hace muy poco tiempo, pese a un tímido intento a fines de los años 50 del siglo XX, a raíz de la concesión del premio Nobel de Literatura de 1955 a Halldór Laxness. Sólo Jorge Luis Borges se ocupó de Islandia, pero su interés quedó siempre limitado a la época medieval. Existen, sin embargo, puntos de contacto a lo largo de la historia, aunque se trata fundamentalmente de la existencia de composiciones autóctonas e independientes en ambas lenguas a partir de obras europeas, y por lo general en la Edad Media. Un repaso de la traducción de obras islandesas en España es, al mismo tiempo, un recorrido por los momentos clave de esa literatura: la Edad Media, época de las Eddas y las Sagas, y el siglo XX, así como el momento actual. Esta secular ignorancia (e indiferencia) de lo islandés hace que tampoco haya existido, hasta hace apenas una decena de años, bibliografía secundaria, y que las huellas de esa literatura sean frecuentemente difíciles de rastrear. No hay duda de que algunos autores contemporáneos han representado auténticos éxitos en la crítica, y en algunos casos las buenas críticas fueron acompañadas de éxitos de ventas. Los comienzos de la traducción de obras medievales islandesas coinciden con una creciente afición de lectores y editores por los temas históricos, muy especialmente la novela histórica, y de forma más concreta por el medievo. Esto explica también que algunas de las obras traducidas fueran objeto de diversas ediciones, en la misma o en distintas editoriales. Por otra parte, y en mucho mayor grado que en literaturas más familiares, el acceso a la literatura islandesa de cualquier época está prácticamente limitado a las traducciones: al castellano o, cuando no existen, a las versiones inglesas o francesas; pocos son los lectores capaces de leer el islandés antiguo o moderno, entre otros motivos porque no existen estudios de esa lengua en ninguna institución española.

    La cuestión del inicio de la literatura islandesa es compleja y se complica más todavía porque buena parte de los textos «nórdicos» (con excepción del finés y otras lenguas de su familia lingüística) más antiguos han llegado hasta nosotros solamente a través de Islandia. Recordemos que la isla del norte fue colonizada a partir del año 875, que adoptó oficialmente la religión cristiana en torno al año 1000, y que ya en el siglo XI, pero sobre todo a partir del XII, empezaron a ponerse por escrito obras nuevas, traducciones del latín y otras lenguas (como el inglés antiguo), así como textos tradicionales que se seguían transmitiendo oralmente. En realidad, la forma ordenada y pacífica en que Islandia adoptó el cristianismo, con toda su infraestructura cultural, permitió la conservación de tradiciones paganas que fueron eliminadas drásticamente en otros territorios nórdicos, para dar carácter de exclusividad a lo cristiano. En lugares como Dinamarca, donde el cristianismo es también antiguo, el peso del latín hizo que algunos textos de origen pagano se diesen en esa lengua, en vez de la vernácula. Sucedió así con la Historia de los Reyes Daneses de Saxo Gramático, traducida por Santiago Ibáñez Lluch, y otros textos que sólo existen entre nosotros en forma parcial, como el relato de Adán de Bremen y otros de diverso origen no germánico.

    Los textos más antiguos son, indudablemente, los rúnicos. Por los romanos solamente se sabe que los germanos contaban con poemas heroicos tradicionales, aunque no nos proporcionan ningún ejemplo. En escritura rúnica, nacida probablemente a comienzos de la era, apenas hay textos que se considerarían ahora como literarios. Una excepción es sin duda, precisamente, uno de los textos más antiguos, el que remataba uno de los perdidos cuernos de oro de Gallehus, en la actual Dinamarca, que mostraba todas las características de lo que se llamó «verso largo germánico». Hay traducciones, incluso con análisis filológico, en varias obras generales sobre cultura y literatura germánicas antiguas (Los mitos germánicos de Enrique Bernárdez, M., Alianza, 2002 y Mitología nórdica, de 2017, también en Alianza). Una obra pionera y fundamental, como es Las antiguas literaturas germánicas redactada por J. L. Borges con la ayuda de Delia Ingenieros primeramente, y con María Kodama en una edición posterior (México, FCE, 1951; reed. en 2003), ofrece breves retazos; lo mismo sucede en las Literaturas germánicas medievales de Borges y M.ª Esther Vázquez (Buenos Aires, Falbo, 1966; reed. Alianza, 2008). Sin embargo, sólo una inscripción, precisamente la más larga, la de Rök, en Suecia, contiene un fragmento perteneciente, sin duda alguna, a un poema más amplio.

    Pero la literatura nórdica propiamente dicha comenzó con las Eddas y las Sagas. Las primeras constituyen una extensa colección de poemas en metro tradicional germánico (semejante al de Beowulf y otros poemas anglosajones, o al Hildebrandslied alemán), y de orígenes geográficos y cronológicos muy diversos. Algunos son exclusivamente nórdicos, otros parecen pangermánicos, como los referentes al mito de Sigurd/Sigfrido y el oro del Rin. Algunos son muy antiguos, otros debieron de ser compuestos casi contemporáneamente con la recopilación misma. Ésta se puso por escrito en Islandia a mediados del siglo XIII, y seguramente varios de los poemas se compusieron en la isla, aunque se sabe que alguno procede de las islas Feroe o de Groenlandia, que formaban parte por entonces del ámbito lingüístico y cultural islandés. Naturalmente, en todos los casos es plausible imaginar que los poemas «matriz», que podían tener siglos de antigüedad, se habían ido modificando siglo tras siglo, como es habitual en los textos tradicionales, aunque la perfecta conservación de los metros tradicionales en Islandia hizo que la lejanía respecto a los originales fuera escasa. No debe olvidarse, a este respecto, que hasta hoy mismo pervive en Islandia una forma idiosincrásica de poesía popular cantada, llamada rímur («rimas»), que tanto en el metro poético como en el vocabulario y las formas de sintaxis poética dislocada, pero también en las formas musicales utilizadas, es una clara continuación de la tradición de Eddas y escaldas. Con excepción de algún fragmento incluido en novelas contemporáneas, como Gente independiente, de H. Laxness, no existe traducción de ninguno de los numerosos y a veces larguísimos ciclos de rímur, ni una antología de estos poemas tradicionales y actuales.

    Sea como fuere, la primera obra islandesa, o nórdica, de auténtica importancia literaria y suficiente trascendencia internacional, es la Edda, llamada también Edda mayor o Edda poética. En otras lenguas europeas, sobre todo en el norte del continente, se tradujeron en su totalidad a lo largo del siglo XIX. España no fue una excepción en ese interés generalizado, y en 1856 se publicó en Madrid (Imprenta La Esperanza) una versión de ambas Eddas que se presenta como «traducida de la antigua lengua escandinava» por Ángel de los Ríos, aunque seguramente se hizo a través del francés. Otra obra que recibe el nombre de Edda es de un carácter muy distinto a la Edda mayor, aunque está estrechamente relacionada con ella; se trata de Edda de Snorri o de Edda menor, obra de Snorri Sturluson (1174–1241), que no se tradujo hasta principios de los años 1980: J. L. Borges (La alucinación de Gylfi; M., Alianza, 1983), Luis Lerate (Edda Menor; Alianza, 1984, reed. en 2008) y E. Bernárdez (Textos mitológicos de las Eddas; M., Editora Nacional, 1982, con nueva ed. en M., Miraguano, 1988) sacaron al mercado casi el mismo texto, aunque la edición de Bernárdez comprendía pasajes de la Edda mayor de contenido mitológico; Lerate publicó más tarde una edición completa de la Edda mayor (Alianza, 1986; varias reed.).

    Otro género poético fundamental es el representado por la poesía escáldica y sus practicantes, los escaldas, poetas cortesanos que escribieron entre los siglos IX y XIV complejos poemas en los que las formas tenían más importancia que el contenido. Estos poemas se han conservado, en su mayor parte, integrados en las sagas. De ahí que los poemas escáldicos hayan aparecido en castellano dependiendo de las sagas en las que se encuentran. Es lo que sucede con las composiciones de Egill Skallagrímsson, que aparecen en su espléndida saga, traducida por E. Bernárdez (Editora Nacional, 1983; nueva ed. Miraguano, 1996). Existe, sin embargo, una colección de poemas nórdicos antiguos, debida a L. Lerate, en la que se encuentran también poemas de este tipo (Poesía antiguo–nórdica; Alianza, 1993). La complejidad formal ha presentado no pocas dificultades a los traductores, que por regla general han optado por soluciones que simplifican el original, si bien manteniendo un texto suficientemente anómalo en castellano como para que el lector se dé cuenta de que la lengua que se está utilizando no es la misma que la del texto en prosa que lo rodea.

    Lo cierto es que, como el número de sagas aparecidas en castellano es ya elevado, se cuenta al mismo tiempo con versiones de muchos de estos poemas. Las sagas en cuestión representan el género más genuinamente islandés en la literatura medieval. Se trata de relatos en prosa, de longitud muy variable, que suelen contar la vida de personajes islandeses de especial importancia. Se escribieron fundamentalmente entre los siglos XII y XIV, con una forma objetiva, lenguaje sencillo y sintaxis poco complicada. Las primeras sagas traducidas al castellano lo fueron del inglés: Saga de los groenlandeses y Saga de Erik el Rojo (en un mismo volumen, en versión de Antón y Pedro Casariego; M., Siruela, 1993). Directamente del islandés son las versiones de la Saga de Njáll por E. Bernárdez (M., Alfaguara, 1986; nueva ed. revisada Siruela, 2003), diversas sagas breves y þættir o sagas equivalentes a relatos breves, como los contenidos en la antología Sagas islandesas del mismo traductor (M., Espasa–Calpe, 1984) y luego otras a cargo de diferentes traductores.

    De los otros textos medievales de interés histórico apenas se ha traducido nada al castellano, excepto en forma de fragmentos en obras diversas; aunque existe una traducción del Landnámabók, libro en el que se narran los primeros tiempos de la colonización de Islandia, con riquísima información histórica y cultural acompañada de un innegable interés literario, pues encontramos breves þættir con hechos especialmente memorables. Una excepción digna de mencionarse es la versión de una parte de la Historia de Saxo Gramático, monje danés que escribió, en cuidado y cultísimo verso latino, una historia de los reyes del Norte que contiene elementos reconocibles como textos islandeses. Hay otros libros medievales que vieron la luz en España; se puede mencionar un antiguo código legal sueco, Las Leyes del Gulathing (Salamanca, U. de Salamanca, 2005, por M.ª Pilar Fernández y Teodoro Manrique) o la versión islandesa del Roman de Tristan de Thomas, que, además, fue la primera obra medieval que se vertió del islandés al castellano, por Álfrún Gunnlaugsdóttir, acompañada de un extenso estudio (Tristán en el Norte; Reikiavik, S. Árna Magnússonar, 1978). Llama la atención asimismo que se cuente en castellano con una saga rara vez traducida, la Saga de Bósi, obra de Mariano González Campo (Valencia, Tilde, 2003), que es uno de los poquísimos ejemplos de relato con elementos eróticos. Es un indicio, sin duda, de que la traducción de la literatura nórdica medieval posee ya una clara entidad en España.

    Un género peculiar de toda la Europa medieval, y que tiene también su gran papel en el Norte, son las baladas. Las islas Feroe son el único lugar donde han permanecido vivas hasta hoy: no sólo los textos antiguos, sino también las melodías, la forma de bailarlas en grupo, e incluso la composición de baladas de tema nuevo, además de las que se fueron componiendo a lo largo de los siglos desde finales de la Edad Media. El castellano es casi la excepción al contar con una cuidada versión de algunas de las más conocidas: Saga de los feroeses (Miraguano, 2008; trad. de M. González Campo).

    Los cuentos populares no son literatura medieval, ciertamente, aunque no carecen de relación con ella, sino todo lo contrario. Muchas veces se trata de leyendas que explican el origen de algún elemento peculiar del paisaje. No existe ninguna colección de cuentos islandeses en castellano, aunque sí en gallego, a cargo de José Antonio Fernández Romero y Valentín Arias (Lendas islandesas; Vigo, Xerais, 1982). Conviene añadir que todas las traducciones, desde las primeras, cuentan con introducciones suficientemente eruditas para permitir que el lector no familiarizado con el tema adquiera los conocimientos contextuales precisos para una mejor comprensión de las obras."

(...)

05/10/2023

nobel literatura 2023

 


El Nobel de literatura d'aquest any ha estat per al narrador i el dramaturg noruec Jon Fosse, “per la seva prosa innovadora i per donar veu al que no es pot dir”.

    "Para mí escribir es escuchar, es un acto más musical que intelectual. En un texto la forma debe ser extremadamente exacta, cada coma, cada cambio está medido para que al leer puedas sentir las olas, un latido, y el cambio de ritmo según avanza la trama. Esta unidad entre forma y contenido es necesaria. Con la escritura ocurre igual que con un ser humano: no se puede separar el alma del cuerpo, un cadáver no es una persona."


    "Cuando escribo no tengo sentimientos desgarradores. Las emociones no son deletreadas, están contenidas. Todo tiene que ver con la forma y con la música. Las personas que imagino son más sonidos o colores, metáforas, que seres humanos. Aun así, hay personajes, no son textos abstractos. Un buen arranque contiene el conjunto de la historia, solo tengo que seguir. Y, cuando lo logro, yo mismo me sorprendo. Alumbré algo nuevo, y eso es lo fascinante: ese rol de creador."

entrevista concedida a
El País Semanal
11/06/2019

19/11/2022

conferència antoni bernal

 





    Ayer, dentro del Festival Empíric de Literatura y Ciencia de Cerdanyola del Vallès, asistimos a la conferencia, impartida por el profesor Antonio Bernal González, “La Ciencia y el Quijote”, organizada por Vespres Literaris.

    El profesor Bernal dio respuesta en su conferencia a las preguntas: ¿qué sabía Cervantes sobre astronomía?,¿cuáles de esos conocimientos plasmó en su novela?, ¿son exactas las referencias astronómicas del Quijote?, 

    De su sabia mano, recorrimos la astronomía, la ciencia y la tecnología inmersas en El Quijote, obra cumbre de la literatura universal.






07/11/2022

empíric

 




    Del 12 al 20 de novembre de 2022, a la nostra ciutat, tindrà lloc el festival Empíric. Un festival que uneix ciència i literatura. El festival se celebrarà a diferents indrets:   programa.

    Al llarg d’aquest vuit dies s’han programat vint-i-tres activitats: xerrades, tallers, presentacions, documentals, exposicions, poesia, etc.

    El comissari de l’exposició, el doctor i escriptor Salvador Macip, accentua "la intenció del festival de ser un punt de trobada únic que tiri per terra el mur entre la ciència i les lletres.

    Vespres Literaris participà al festival organitzant una xerrada de divulgació, “La ciència i el Quitxot”, impartida pel professor Antonio Bernal González, astrònom i divulgador científic de l’Observatori Fabra de Barcelona.

16/04/2022

Caterina Albert/victor Català. Drames rurals

 




Els companys de La Constància, factoria cultural organitzant un contactes: RURALIA, al voltant de textos de Caterina Albert/Victor Català extrets dels seus Drames Rurals.

Tindrà lloc el proper dissabte 30 d’abril, a les 12h, a Ca n’Ortadó.

Albert Estengre des de 1995 es dedica a explicar contes per a tots els públics: infantil, familiar i adult. El seu repertori és ple de contes de tradició oral, d'aquelles històries que fa tant temps que s'expliquen perquè s'adapten a les orelles dels que les escolten i s'enriqueixen amb l'experiència dels que les narren. Ha explicat contes per a públic infantil i adult a moltes biblioteques de Catalunya i de la resta de l'Estat, a teatres, bars, festivals (nacionals i internacionals), maratons, escoles, emissores de ràdio i televisió. Ha fet cursos de narració de contes i programa sessions de contes a diversos espais. És organitzador del festival de contes Arenys de Contes i impulsor del Festival Multipolar de contes per a adults a les biblioteques del Maresme. Ha estat president de l'ANIN (Associació de Narradores i Narradors).

En aquest acte, el narrador fa una mica de recorregut al voltant de l'obra de Caterina Albert i adapta a l'oralitat alguns dels seus contes.

07/10/2021

premi nobel literatura 2021

 



El escritor tanzano Abdulrazak Gurnah es el flamante ganador del Premio Nobel de literatura 2021.

Abdulrazak Gurnah, nacido en 1948 en Zanzíbar, es un escritor en lengua inglesa y vive en el Reino Unido. Sus novelas más conocidas son Paradise (1994), nominada en el Booker Prize y en el Whitebread Prize; By the Sea (2001) y Desertion (2005).

En 1980 accedió a la universidad Bayero Kano en Nigeria. Más tarde se trasladó a la universidad de de Kent donde obtuvo el doctorado en 1982. 

En la actualidad, es profesor y director de los estudios de grado en el departamento de inglés. Sus investigaciones se centran en el colonialismo y el post-colonialismo, relacionado particularmente con África, el Caribe y la India.