07/05/2026

el llibre de maig, lectures

 



    La obra de Lucía Etxebarria Lo verdadero es un momento de lo falso se inspira de forma explícita en las tesis situacionistas de Guy Debord y Jean Baudrillard sobre la hiperrealidad. Estos autores defienden que la imagen sustituye a la experiencia y la verdad se transforma en un objeto impreciso. Etxebarria construye una novela donde la realidad es una suma de perspectivas parciales, de tal forma que es el lector quien ha de reconstruir —o desistir de ello— un hecho que se diluye entre múltiples versiones contradictorias., concretamente en trece visiones distintas del mismo hecho (la muerte de Pumuky) que nunca se presenta de manera directa.

    La novela la estructura un coro de voces, donde cada personaje ofrece su testimonio sobre la vida y muerte de Pumuky. Estos, en sus intervenciones, muestran sus deseos, frustraciones o traumas en relación con el personaje principal.

    La autora nos muestra, gracias a la estructura elegida, que la verdad es un efecto, no un origen. Cada testimonio es una pieza incompleta, que retrata unas relaciones marcadas por la dependencia emocional, la hipocresía y la traición, síntomas de la fragilidad de los lazos en la cultura actual. Para ilustrar este diagnóstico, elige el mundo de la música y la vida nocturna madrileña, un pequeño ecosistema cultural muy conectado, donde la identidad se negocia a través de imágenes, redes y consumo cultural.

    En el artículo “Lo verdadero es un momento de lo falso”, de la página “Estudi interdisciplinari d'una obra literaria”, de 18 de abril de 2018, leemos:

    “Un resumen simple sobre la construcción de la realidad que se deriva de la novela podría ser el siguiente: la autora nos da la visión de una historia a través de nueve personajes de la misma, es decir que la fragmentación constituye el elemento más destacado. Es significativo que el primer punto de vista lo dé el personaje de Romano, que posiblemente hable desde su perspectiva, y que el último relato lo lleve a cabo el mismo personaje, aunque en este momento de la historia y después de haber leído toda la obra, una lectura que puede desprenderse de este hecho es que el modelo habla por boca del protagonista muerto, Pumuky, que por tanto no lo puede hacer.

    En el mundo de la hiperrealidad que intenta reflejar la novela, Pumuky configura la copia de Romano, esta afirmación está basada en las opiniones de los personajes y en algunos pasajes donde el narrador va trazando lo que fue la vida del cantante del grupo. Todos coinciden en que las mujeres con las que Romano ha tenido relaciones, posteriormente las han tenido con Pumuky. La realidad inalcanzable para el cantante se fabrica en su mente con el tacto y la posesión de las chicas que previamente han contactado con el objeto de su deseo. Se conforma con la representación de la realidad, es decir, con la hiperrealidad, intenta que ellas le transmitan aquello que él no puede conseguir, o lo sitúen en la órbita de su modelo. En algunas versiones de lo sucedido se constata explícitamente que Pumuky habla constantemente de su amigo, que cita las lecturas y los gustos de Romano, por así decirlo vive la vida a través de la personalidad otra persona. Esta alteración de la percepción puede presentar diferentes causas, la falta de referentes paternos que ha sufrido el protagonista seguramente han afectado su autoestima, de hecho se refugia en la madre de Romano para suplir sus carencias afectivas, ya que sus abuelos no le pueden ofrecer una sustitución satisfactoria.

    Si atendemos a las explicaciones de los personajes en la entrevista personal, encontraremos solamente un punto en común, se trata de la certidumbre de que el protagonista estaba abocado a la autodestrucción. Por lo demás, se puede deducir que la mayoría de ellos miente por diversos motivos, o muestran una visión parcial de la situación. Es curioso observar que algunas justificaciones que se intentan expresar sobre los hechos ocurridos guarden relación con los presuntos ídolos de Pumuky: Jimmy Hendrix, Kurt Cobain y otros que murieron a los 27 años víctimas de una vida desordenada. Esta puede ser la realidad de Pumuky, o la que se ha creado en su mente a falta de mejores referentes, algo distorsionado por los medios de comunicación envuelto en un halo de perfección y de intensidad que queda lejos para los demás mortales. El protagonista manifiesta fehacientemente a través de la opinión del narrador y de los demás personajes un desmesurado deseo de reconocimiento, este sentimiento parece indicar, si aplicamos la lógica de la hiperrealidad, que si no te miran, si no te ven, si no te admiran, no existes, no eres nadie, alguien que conforme una idea de la realidad como esta necesariamente ha de considerarse alienado socialmente, esta perspectiva impuesta por los medios en los cerebros débiles desemboca casi inevitablemente en una situación paranoica o delirante. Así no encontramos extraño que el cantante cuente a sus amistades que lo persigue una banda de colombianos, su exceso de ego le produce la visión de una realidad desvirtuada e incluso deformada. La metáfora de la realidad como un retrato en mosaico que describe Mario, se acerca bastante a la concepción fragmentaria de la historia, donde cada pedazo es una parte de la realidad desde un punto de vista probablemente influido por las relaciones interpersonales de dos de los actuantes. Como dice Debord, de una verdad se construye una gran mentira, pero como la imagen tiene categoría de verdad, pues cada trozo del puzle contiene su parte de verdad (o de mentira).!


    En la página “Mujeres & Cia”, se reseña la obra en fecha 29 de enero de 2010: 

    “(…) en esta novela hay un hecho, la muerte del cantante, y diferentes versiones de todos los que lo conocieron. Cada uno tiene una tesis sobre lo que pasó, y cree tener las pruebas que refutan dicha tesis. Pero el lector se dará cuenta, al cotejar las versiones, de que las mentiras, las malinterpretaciones y los engaños, conscientes o no, nublan la percepción de los que lo rodearon.

    Es el lector quien debe decidir cuál es el final de una novela que tiene mecanismo de novela negra, pero que en realidad propone muchas más cosas. Se trata de un juego muy complicado de cajas chinas, en el que cada historia contiene una historia nueva.

    Con esta novela Lucía Etxebarria confirma su capacidad de crear personajes que, más allá de simplemente veraces, resultan casi reales. El abanico de tipos que presenta la novela la convierte en un catálogo interesantísimo de los modos de enfocar la realidad de los hombres y mujeres de hoy. Todo sin obviar una presencia constante del amor y, por supuesto, del sexo, dos términos que los protagonistas de la novela, como la sociedad de hoy en día, no saben diferenciar.

    Una novela que sitúa a Lucía Etxebarria como una de las voces más rotundas de su generación. Una novela que construye una mirada de la realidad alejada de los prejuicios y clichés a los que se nos ha tenido acostumbrados.”


    En “Experpento” entrevistan a la autora. El título de la entrevista “Lucía Etxebarría mató a Pumuky”, de fecha 28/05/2010.




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