La història que hi ha darrera del llibre d’aquest mes:
El viatge de l’Eelefant, de José Saramago, és real. Es basa en un esdeveniment insòlit ocorregut a l'Europa de mitjans del segle XVI i protagonitzat per un elefant asiàtic.
Aproximadament l'animal va néixer cap a 1540 als estables reials de Ceilan, sent enviat per vaixell a Lisboa en 1542, com a exòtic present per al rei Joan III de Portugal i la seva esposa, Catalina d'Àustria.
El 1551, el rei portuguès va decidir desfer-se de l'elevat cost del seu manteniment utilitzant-lo com a regal de casament per al seu cosí, l'arxiduc Maximiliano II d'Àustria (net de Joana la Boja i futur emperador del Sacre Imperi Romà Germànic), que en aquell moment es trobava a Valladolid actuant com a Regent. El viatge per lliurar el regal va començar a Lisboa i va durar uns quants mesos, creuant la Península Ibèrica caminant fins arribar a Valladolid. Des d'allà, la comitiva reial de l'arxiduc Maximilià va continuar el camí a peu fins al port de Roses (Girona), on van embarcar rumb a Gènova (Itàlia). Un cop efectuat el desembarcament, van creuar el nord d'Itàlia i es van enfrontar al repte de travessar els Alps sota la neu en ple hivern amb l'elefant. Finalment, la comitiva va entrar a Viena el març de 1552, provocant la sorpresa massiva de la població que mai no havia vist criatura semblant.
Tot i sobreviure a l'extenuant travessia alpina, l'animal no va resistir gaire temps a la seva nova terra i va morir el 1553. Per immortalitzar el record de la criatura, l'arxiduc va ordenar dissecar parts de l'animal: les potes del darrere es van convertir en caixes per guardar-hi objectes i la seva pell va ser emplenada.
Saramago va topar amb aquest fet històric per casualitat durant un viatge a la ciutat de Salzburg (Àustria). En un restaurant anomenat L’Elefant, va veure una sèrie de petites escultures de fusta que relataven la ruta del paquiderm des de Lisboa fins a Viena. L'autor va quedar fascinat per l'absurd de la burocràcia, els capricis del poder de l'època i l'esforç humà i animal invertit en una ocurrència real com aquesta.
A la pàgina "Taximerdidades" llegim el destí final del protagonista de la nostra història;
“Los restos de Solimán corrieron distinta suerte. Los huesos de su esqueleto se dispersaron por Europa en forma de obsequios. El húmero, el radio, el cúbito y el omóplato de la pata delantera derecha fueron donados a la alcaldía de Viena, que mandó construir una silla, que en la actualidad -desde 1678- se conserva en la abadía de Kremsmünster, y en cuyo asiento está grabada la historia del elefante. Por su parte la piel se rellenó y montó con los colmillos originales, y Solimán se conservó disecado en el castillo de Kaiserbersdorf hasta que en 1572 el emperador de Austria se lo regalara a su cuñado el duque Alberto V de Baviera. El paquidermo permaneció durante siglos en las colecciones reales de Wittlesbach y en la Kuntskammer de la Residencia de Munich, y más tarde trasladado al Museo Nacional de Baviera, en cuyos sótanos sobrevivió al bombardeo de la ciudad de 1943 durante la Segunda Guerra Mundial. Con la piel ya enmohecida por la humedad, el 28 de noviembre de 1950 terminó vendiéndose para ser empleada en la fabricación de suelas de zapatos. Triste final el de Solimán.
Algunas curiosidades. Se cuenta la anécdota -que recogió Saramago en su libro- de que durante el ajetreo del recibimiento vienés una niña cayó al suelo y Solimán la recogió suavemente con la trompa y la devolvió a su madre. El padre, agradecido, mandó pintar el elefante en la fachada de su domicilio. La casa del elefante, que se encontraba en la céntrica calle Graben, fue demolida en el siglo XIX. En la actualidad un par de centenarias posadas, una en Bresanona y otra en Graz, mantienen desde hace siglos su nombre de Elefante en recuerdo del paso de Solimán. También para conmemorar aquel acontecimiento, el alcalde de Linz de la época mandó esculpir en la fachada de su domicilio particular un relieve con el elefante, una escultura que en la actualidad puede verse en el número 21 de la Hauptplat.”
A la pàgina "Cualia.es" llegim:
“En el Kunsthistorisches Museum de Viena se conserva un curiosísimo bajorrelieve del siglo XVI, obra del artista alemán Severin Brachmann, que representa, con toda probabilidad, la primera casa de fieras vienesa, antecedente de los actuales zoológicos. Una antigua fortificación medieval, reconstruida por Maximiliano I como pabellón de caza, que su bisnieto Maximiliano II transformó en residencia de Süleyman, el elefante indio que, desde el lejano reino de Kotte, en Ceilán, había llegado a la corte lisboeta en 1542.
(…)
Cuentan las crónicas que el cardenal de Milán disfrutó del espectáculo que suponía ver a Süleyman en acción, ejecutando fielmente las órdenes de sus cuidadores. Fue allí donde uno de los sabios de la época, Girolamo Cardano, pudo verlo y estudiarlo a fondo: “Vidimus nos elephantem reginae Mariae Bohemorum, filiae Caroli Quinti Caesaris”, escribió en la segunda edición de su De subtilitate (Basilea, 1554). Quizás pudo, entonces, ratificar su doctrina teleológica, su creencia en una naturaleza entendida como un poder activo que, a su modo de ver, había elegido cuatro entes como símbolos máximos de la creación: el hombre, como divina adaptabilidad a la realidad; el elefante, como campeón del conocimiento y la longevidad; el diamante, como ejemplo de la resistencia a los agentes externos; y el oro, por su presencia eterna y durabilidad.
Y fue en el castillo de Kaiserebersdorf, a las afueras de aquella Viena renacentista, donde Süleyman encontró su última morada. Y, quizás, fue un balcón de aquel castillo el que sirvió de modelo a Brachmann para hacer su bajorrelieve famoso, donde aparece Maximiliano junto a su esposa María, asomados a un exótico jardín donde puede verse un paquidermo, un camello, varios pavos reales, un pozo con su maquinaria para la extracción de agua y una fuente decorativa.
Una infanta española, María, que aparece con su melena recogida en un garvín y con un abanico en su mano izquierda. El mismo abanico que muestran sus hermanas y primas, símbolo de poder, la señal que hace de ellas madres de futuros herederos a los tronos de la dinastía Habsburgo. Abanico japonés y elefante índico que recalcan el papel como dominus mundi de una familia que fue centro de poder durante toda la Edad Moderna.”


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