07/11/2026

el llibre de novembre, fragment

 


    “Acaso a alguien se le ocurre, en este punto, que este afán mío por el trabajo refleja un deseo por aferrarme a la vida, o el amor que por ella siento a pesar de que la Ocupación haga lo posible por destruirla, o la convicción de que existe algún ser que merece la vida en esta tierra. Desde luego, lo que no puedo hacer, y yo menos que nadie, es hablar en nombre de los demás… En mi caso, lo que ocurre es que soy incapaz de juzgar sobre nada de manera equilibrada, o decidir cuál es la acción que conviene o no conviene emprender. De manera que lo único que puedo hacer sin esperar consecuencias funestas es dedicarme a mi trabajo en la oficina o sentarme en mi casa, a la mesa, ante el ventanal, donde tendré ocasión de leer ese artículo en el que me ha llamado la atención un detalle relativo a la historia del suceso referido. El hecho tuvo lugar cierta mañana, que vendría a coincidir, transcurrido un cuarto de siglo con exactitud, con la mañana de mi nacimiento. Doy por descontado que esto debe de parecer narcicismo puro. La verdad es que, si algo me sobrecogió en aquel suceso, fue ese detalle menor y no ninguno de los principales, que pueden calificarse de atroces. Bueno, tampoco es tan raro que un ser humano se deje llevar de narcisismo. Es una tendencia, puede que espontánea, que nos hace creer en la particularidad del yo y en lo apreciable de la vida que llevamos, tanto que solo podemos amarla, por sí misma y por cuanto con ella está relacionado. Pero, como no amo mi vida particular, ni la vida en general, y actualmente todos mis esfuerzos en ese ámbito se centran en seguir viviendo, dudo que pueda sostenerse que el mío es, en efecto, un caso claro de narcisismo. Se trata de algo distinto, que tiene mayor relación con mi incapacidad para distinguir los límites entre las cosas, y para juzgar sobre los asuntos de manera lógica y racional, lo que me lleva en muchas ocasiones a ver el excremento de la mosca sobre el cuadro en lugar del cuadro. De entrada, es evidente que cabe burlarse de una actitud semejante, que lleva a alguien, justo después de que hayan echado abajo con explosivos un edificio cerca de su nuevo trabajo, a incomodarse tan solo por el polvo que ha provocado la detonación y se ha posado en su escritorio y no por la muerte violenta de los tres jóvenes que estaban allí refugiados, por poner un ejemplo. Pero la cosa es que hay quienes adoptan esa manera de ver, y, fijándose sobre todo en detalles menores, tales como el polvo en el escritorio o el excremento de mosca en el cuadro, logran una vía de acceso a la verdad, cuando no una prueba concluyente de esta. “

Un detalle menor
Adanía Shibli
traducció de Salvador êña Martín
Hoja de Lata, 2019 (4ª)
pàgines 84-86


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