16/05/2017

la nit de Vàlia

Monika Zgustovà, nascuda a Praga l’any 1957, viu des dels anys vuitanta a Catalunya. És traductora, escriptora i periodista. És autora de sis novel·les entre les quals destaca La dona silenciosa, Jardí d'hivern i La nit de Vàlia, Premi Amat-Piniella 2014 a la millor novel·la de l'any.

Vàlia és una jove actriu que viu a la ciutat de Arjánguelsk. Quan està a punt de finalitzar la Segona Guerra Mundial, coneix a diversos militars nord-americans que es troben allotjats a l'hotel de la ciutat a l'espera de marxar cap al seu país. Valia s'enamora d'un d'ells, Bill, i es queda embarassada. Bill promet anar a buscar-la i Valia espera un retorn que a mesura que passen els mesos considera impossible. Mentre, treballa com a actriu i viu amb la seva mare i la seva filla petita en una duríssima postguerra. Però quan la seva filla té tot just dos anys, Valia, el pare havia estat afusellat a la Gran Purga de finals dels trenta i els trobades amb Bill no van passar desapercebuts als serveis de seguretat, és denunciada com espia americana, detinguda, empresonada i condemnada a treballs forçats a Sibèria.

La novel·la descriu els seus anys d'estada en els camps, sempre amb l'amenaça de perllongar per més temps la seva condemna si cometia el més mínim error. Tot just rep notícies de la seva mare ni de la seva filla i sobreviu gràcies al suport i la solidaritat dels altres presos polítics. El relat d'aquests anys és molt dur, ja que va estar sotmesa a xantatges, atacs, falses acusacions i a una infinitat d'abusos i menyspreus. Quan torna a la seva llar, continuen les dificultats, ja que porta amb si l'estigma de ser una presa política. No pot residir en cap capital important, li costa trobar feina i, a més, morta i la mare, té problemes per alimentar la seva filla. Gràcies a la seva insistència, té un retrobament amb Bill, que acaba fent un viatge a Moscou, encara que ella descobreix les intencions del KGB d'utilitzar aquesta relació per convertir-lo en espia. Valia assumeix la seva soledat i també el difícil que resulta explicar a la gent l'experiència dels anys viscuts a Sibèria. Només els que han patit alguna cosa similar són capaços d'entendre i d'ajudar, com li passa a Vàlia.


“–¿Mujeres en el gulag? –exclamé. Nunca me hubiera imaginado que en el gulag, que me imaginaba como el peor de los infiernos, podía haber no sólo hombres sino también mujeres. Jamás había oído hablar de un gulag para mujeres. Mis anfitriones moscovitas observaron mi sorpresa que sin duda les habrá parecido ingenua para no decir ignorante. Eso fue a principios de otoño de 2008, en Moscú.
Mis amigos me dieron un número de teléfono. Al día siguiente me reuní con un señor mayor, un antiguo prisionero del gulag. Me iba de su casa con varios números de teléfono en el bolsillo: el de Susanna y de Ella, el de Elena, Nadezhda, Zaira y Valentina.
Cada día me desplazaba en el metro y luego en autobuses y a pie a barrios inhóspitos en la periferia de Moscú. En algunos de ellos los rusos eran una pequeña minoría y uno se sentía como si se hubiera desplazado al oriente, al tercer mundo, a Uzbekistan o Tadyikistan. Con frecuencia la gente me seguía con la vista, seguramente por parecer distinta, y eso me incomodaba enormemente. Cada día me encontraba con una señora diferente, mayores todas ellas y con problemas al caminar. “Si todas las expresas somos unas minusválidas es por la malnutrición y el frío intenso que padecimos durante tantos años en el gulag”, me explicó Elena. Cada una me contó una historia distinta, todas escalofriantes y al mismo tiempo llenas de sabiduría vital.
Valia era la última mujer en la lista. Al salir de la última parada del metro y preguntar información sobre cómo llegar a Shcherbinka, el pueblo periférico de Valia, un joven ruso me informó de mala gana que para llegar al lugar de destino tenía que coger un tren que había que esperar varias horas desprotegida en una estación al aire libre. Tras mucho vacilar –ese día hacía un verdadero vendaval y la temperatura fue invernal– me armé de paciencia y al final subí en el tren. Para sentarme hubiera tenido que dar unos pasos entre varios borrachos que dormían o se revolcaban en el suelo, así que opté por quedarme de pie cerca de la puerta.
Me costó mucho encontrar la casa de la señora Valentina, porque en su pueblo no había carteles con nombres de las calles ni números en las casas. Al final, en un tercer piso me abrió una anciana tan desaliñada que daba pena. Se movía en una silla sobre ruedas como las que suele haber en los despachos; la señora Valentina no podía levantarse y por ello se había convertido en prisionera por segunda vez. Daba mucha lástima, pero era la más alegre y vital de todas las expresas del gulag que había visitado. “Llámeme Valia,” me sugirió en seguida. En un pequeño hervidor Valia preparó un té para ambas, me enseñó fotos de su enamorado americano, Bill, de la hija que tuvo con él, Bella, y varias fotos suyas de los años del gulag. Y se pasó el resto del día contándome su historia. Una historia de amor. Al llegar al final, me dijo:
–Escriba sobre mi vida, reina. Y sobre mi amor. Nos vimos poco y sin embargo pasamos medio siglo locamente enamorados.
Esa misma noche me puse a escribir la historia de Valia. "
Monika Zgustovà
La nit de Vàlia
(fragment)


15/05/2017

un océano


“A Gonzalo no le parecía que hubiera sido una muerte placentera. El rastro de sangre seca serpenteaba desde la puerta hasta debajo de la mesa. Había acudido allí a refugiarse lo mismo que un perro abandonado y moribundo. El gran charco se había secado dejando una enorme mancha oscura en el linóleo viejo, donde los sanitarios habían abandonado los rastros de su infructuosa batalla para devolverla a la vida: unos guantes de látex, vendas, capuchones de jeringuillas y una vía. Cuando la policía llegó al apartamento, la música sonaba a todo volumen. No supieron decirle qué pieza sonaba, incluso se molestaron cuando Gonzalo insistió, como sí eso no tuviera importancia. Pero la tenía, claro que la tenía; Gonzalo había visto el disco compacto encima del equipo de música. Laura había escogido la sinfonía número 7, Leningrado, de Shostakóvich para acallar el estruendo del disparo y los gritos de agonía ante los vecinos. Su madre detestaba al compositor; quizá esa era la razón por la que Laura lo había elegido.”



(…)

 “—Nunca le perdoné la muerte de nuestro hijo —afirmó con rotundidad, aunque sin una rabia que ya se había deshecho después de masticarla, tragarla y escupiría cada uno de los días de los ocho meses que habían pasado desde el día que Laura le dijo como enloquecida que alguien se había llevado a su hijo de la puerta del colegio, a plena luz del día, ante el pasmo y la inmovilidad de profesores y padres—. Al poco de conocernos, un día la encontré sentada a oscuras en el baño. Estaba llorando y temblaba como una hoja. Recuerdo que nunca la había visto así, y me asusté. Hablaba a borbotones entre sollozos, y las lágrimas se mezclaban con los mocos sin consuelo. Me dijo que no puede amarse a quien no se conoce, que el verdadero amor es solo el resultado de la verdad, y que el silencio solo sirve como engaño. No logré que me contara lo que le ocurría, apenas algunas frases incoherentes más como aquellas que balbuceaba. Al día siguiente volví a verla, entonces aún no vivíamos juntos, ella me besó largamente y me pidió que no le preguntara. Y yo respeté su voluntad. Debería haberme dado cuenta de que aquel ataque de desesperación encerraba algo dentro de su alegría aparente, algo que la estaba dañando sin remedio desde Dios sabía cuándo.
Los niños y las situaciones de pobreza o abusos que padecen eran una de sus obsesiones. Cada vez que aparecía una noticia prestaba una atención concentrada, pero apenas hablaba de ello. Para mí, que desde niño estuve bajo el calor y el cariño de los míos, aquellas escenas de abusos me resultaban inconcebibles, me apenaban, pero la verdad era que las sentía lejanas a nuestra realidad. En cambio, Laura sentía aquello como algo suyo, yo la veía descomponerse como si lo sufriera en carne propia. Empezó a escribir sobre el tema,  a investigar, participaba en asociaciones, incluso tuvimos varias veces niños de acogida en casa, niños que no sabían jugar, que lloraban por las noches y que al ir a bañarlos descubrían cuerpos heridos, quemaduras de cigarrillos, niñas que contaban historias terribles de padres enfermizos.  Laura despreciaba y odiaba con una fuerza increíble a quienes cometían aquellos abusos, los llamaba "ladrones de infancias" y se esforzaba día tras día en combatirlos, se multiplicaba hasta la extenuación, y pronto, me di cuenta de que aquello la estaba devorando. Le dije que no podía luchar ella sola contra toda la maldad del mundo, que sus esfuerzos solo eran una gota en un océano. Y ¿sabes lo que me respondió? "¿Qué es el océano, sino un millón de gotas?"


Un millón de gotas
Víctor del Árbol
Destino, Barcelona 2014
Pág: 49, 64 y 65

13/05/2017

l’artista al carrer 2017


“L’artista al carrer” a tornat un any més amb una exposició col·lectiva anomenada: “Somnis mediterranis, horitzons sense fronteres”, en la qual han participat companys de Vespres Literaris: Marutxi Beaumont, Sergi Martínez, Alfa María Martini y Carlos Utrera.  “El conjunt d’obres”, ens diu l’Associació d’artistes plàstics de Cerdanyola del Vallès, “evoquen els sentiments, vivències i emocions a l’entorn del nostre mar Mediterrani”

obra de Marutxi Beamount

obra de Sergi Martínez

obra de Alfa María Martini

obra de Carlos Utrera

L’acte d’inauguració l’ha tancat la cantant Susi Muñoz, amb un recull de cançons inspirades pel mar.




Les obres de l’exposició es tornaran a exposar durant tot el mes de juny a la sala d’exposicions de la Biblioteca Central de Cerdanyola del Vallès.






12/05/2017

desig de xocolata, acabem

Pierre Beaumarchais

“Vaig dedicar part de la tarda a recuperar forces i fer el meu minso equipatge. Ja estava acabant quan va entrar Beaumarchais, va tancar la porta i em va dir:
—Us ho he de preguntar de nou, amic Guillot. Em podeu donar la vostra paraula que no explicareu res del que aquí m'heu vist fer?
—La teniu. Llevat de la crònica que he escrit per a madame, de mi no....
—D'això precisament us volia parlar. De la crònica. Me l'haureu de lliurar.
—Com?
—És massa perillós. Suposo que heu parlat de mademoiselle d'Éon.
—És clar.
—I dels nostres tràfics del port.
—També.
Beaumarchais remenava el cap.
—Lliureu-me-la.
—No puc. Vaig donar la paraula, abans que a vós, a madame.
—Guillot, si us resistiu, us l'hauré de prendre.
—En sereu capaç?
—Compleixo ordres.
—De qui? Del rei?
—No heu de fer-ne res.
—Tan importants són, aquests assumptes vostres?
—Ho són. Si més no, fins que rebem notícies.
—Notícies de Boston. He sentit dir que allà la gent té set de llibertat. Es pensen que França els en donarà?
Em va mirar de fit a fit, amb ulls de puça.
—Vós vau dir...
—Que no recordava el nom de la ciutat on el vaixell ha d'atracar. Ja ho sé.
—I el recordeu.
—Ja heu vist que sí.
—De què més esteu al cas?
—Ah, de no gaires coses. Sé que monsieur Beaumont és un espia al servei de França, potser el millor. També sé que a palau s'aposten fortunes sobre quin és el seu sexe autèntic, però per ara ningú no ho ha pogut esbrinar.
—Em sorpreneu.
—Sospito, a més, que no és només en nom del rei que feu costat als rebels americans. Crec que hi heu implicat la vostra pròpia fortuna, que no és minsa.
—Som molts els gentilhomes de França que donem suport a la lluita contra els grillons anglesos en nom de la llibertat.
—És clar, ja ho entenc. Així els nous homes lliures estaran en deute amb vós.
—Està bé, Guillot. —Em va semblar que Beaumarchais perdia la paciència i es cansava de tanta xerrameca.
—Voldria aprofitar la tarda lliure per corregir l'escena d'una comèdia que estic acabant. Us faria res dir-me quina és la vostra oferta?
—Us lliuraré el quadern on he escrit la crònica per a madame Adélaïde.
—M'agrada que sigueu assenyat.
—En arribar a palau li diré, i vós em secundareu, que uns lladres ens l'han robat en un hostal del camí.
—Molt ben pensat.
—Reproduiré la crònica de viva veu si se'm demana, però callaré els episodis que voleu mantenir en secret.
—Sou un xicot eixerit.
—Llavors, no en parlem més. Demà us la donaré. Teniu la meva paraula.
—Demà? I per què no ara mateix?
—Perquè la vull acabar. Un autor mai no deixa sense final una obra seva, per petita que sigui, vós ho hauríeu de saber. Mai se sap quins ulls cauran sobre quines pàgines. Aquesta nit, un cop hagi enllestit la crònica que conté, el quadern serà vostre.”

Desig de xocolata
Care Santos
Planeta, 2014

pàg. 408-411

09/05/2017

calendari lectures propera temporada



13à. temporada


datatítolautor
02/09/2017Tierra desacostumbradaJhumpa Lahiri
07/10/2017El rumor del oleajeYukio Mishima
04/11/2017El procèsFranz Kafka
02/12/2017La piedra lunarWilkie Collins
13/01/2018RagtimeE.L. Doctorow
03/02/2018El tren de los huérfanosChristina Baker Kline
03/03/2018El jardín secretoFrances Hodgson Burnett
07/04/2018BarcinoM. Carmen Roca Costa
12/05/2018A cada cual, lo suyoLeonardo Sciascia
02/06/2018La luz que no puedes verAnthony Doerr
1r reservaAmb uns altres ulls. La biografia de Montserrat RoigBetsabé Garcia
2n reservaCuatro hermanasJetta Carleton