1 de des. 2015

edogawa ranpo

Edogawa Ranpo
“Mientras intento conciliar el sueño, primero de un lado y luego del otro, una idea insiste, imposible de apartar. Durante los cientos de noches que pasó a unos metros de mí, esa mujer podía haberse levantado y haberme matado de una puñalada mientras dormía. No sé nada de su pasado ni de sus impulsos, de los motivos que la llevaron a echar raíces aquí y ensuciar mis sábanas, limpiarse con mis servilletas y defecar en mi retrete, y no se lo perdono. Yo estaba a su merced, pero ¿se le ocurrió siquiera que podía eliminarme fácilmente y sin móvil y después desaparecer con total impunidad? Me viene a la memoria un relato de Edogawa Ranpo en el que un hombre vive escondido en el interior de un sofá. ¿Acaba en asesinato? No me acuerdo, pero eso es lo de menos. Durante meses he vivido en un cuento como los de Edogawa y, ahora que ha acabado, no se lo deseo a nadie. Si no me mandó al otro barrio, seguramente fue porque buscaba un sitio tranquilo, habitado, bien atendido, para capear sin demasiada angustia una situación absurda, confiando en que al final quizá escamparía. Así que no era ni doña Muerte ni doña Miedo. Más bien, doña nadie, sin mayúscula.”

La intrusa
Éric Faye
Salamandra, 2013
pág. 62-63

 Edogawa Ranpo (1894-1965), fue un autor japonés que jugó un papel muy importante en el desarrollo de la literatura de misterio en Japón. El protagonista de muchas de sus novelas es el detective Akechi Kogoro, líder de un grupo de detectives conocidos como por el sobrenombre del “Club de los chicos detectives”
Ranpo era un admirador de la literatura de misterio occidental, especialmente, de Edgar Allan Poe. Su nombre literario es una representación del nombre de Poe (si se pronuncia rápido). También admiraba las obras de Arthur Conan Doyle, que trató de traducir al japonés, y al escritor japonés Ruiko Kuroiwa.

En Tokio, hay una cafetería donde solía ir el escritor, decorada con motivos de sus novelas.




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