El tema central de la obra de este mes (” Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático”, de Sara Mesa) es la aporofobia (el rechazo social hacia los pobres) y la manifestaciones que adopta este rechazo, como las innumerables trabas administrativas que dificultan o impiden el acceso a ayudas básicas; la creciente deshumanización institucional, que responde a las solicitudes de los administrados que necesitan las ayudas con indiferencia o directamente con el silencio; los arraigados prejuicios que muestran a los pobres como unos “privilegiados”, unos “vagos” o, simplemente, unos tremendos “caraduras”, lo que lleva a la desesperación de estas personas ante un sistema que exige más a quien menos tiene.
Como señala Sara Mesa en su nota inicial:
“La historia que cuento en Silencio administrativo —encarnada en el periplo de una mujer discapacitada y pobre que, al pedir ayuda, se choca contra la dura realidad del silencio— pone de manifiesto que la administración y algunos medios de comunicación contribuyen indirectamente a la existencia de la aporofobia al crear una imagen distorsionada y magnificada de las ayudas y partidas públicas destinadas a erradicar la pobreza, al tiempo que silencian o maquillan sus graves limitaciones y deficiencias.”
Silencio administrativo
Sara Mesa
Anagrama, 2020 (3ª)
Pág.: 12
Para contextualizar el tema, veamos algunas cifras y datos:
En datos extraídos del INE, la tasa AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusion) –porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social– se situó en el 25,7% de la población residente en España en 2025; el porcentaje de población que se encontraba en situación de carencia material y social severa se situó en el l 8,1% (3.979.962 personas) y el 8,5% de la población llegó a fin de mes con “mucha dificultad” (4.175.905 personas).
Siguiendo con los datos del INE, una media de 34.145 personas mayores de 18 años se alojó diariamente en el año 2024 (últimos datos disponibles) en centros de atención a personas sin hogar (un 57,5% más que en 2022). Los centros que ofrecen servicios de restauración sirvieron de media al día 71.121 servicios (un 38,4% más que en 2022).
En la página “Hogar SI”, nos ofrece una definición del sinhogarismo: “El sinhogarismo, además de una forma de exclusión residencial, es una circunstancia vital que afecta a una persona, familia o unidad de convivencia que no puede acceder de manera continuada a una vivienda digna, segura y adecuada en un entorno comunitario. Supone una vulneración del derecho a la vivienda y genera graves efectos sociales.”
En el mismo espacio, se destaca que el El 47% de las personas sin hogar ha sufrido delitos de odio (ver las cifras de este fenómeno)
Y una posible solución al problema: el Housing First, un modelo de intervención con personas en situación de sin hogar que nació en Estados Unidos en la década de los noventa de la mano del psiquiatra Sam Tsemberis y su organización Pathways to Housing. Convierte la vivienda en un elemento prioritario en el proceso de inclusión de la persona, acompañándolo del apoyo de un equipo técnico que se basa en el respeto a la persona y su autodeterminación.
Desde entonces, el modelo Housing First se ha implementado en diferentes lugares de Estados Unidos, Canadá y Europa y, con el tiempo, en cada contexto se han ido haciendo adaptaciones de la propuesta clásica de Pathways to Housing, respetando en todo caso el protagonismo de la persona en su propio proceso de recuperación y el acceso a una vivienda estable como medio desde el que propiciar cambios.
En el libro “El delito de ser pobre. Una gestión neoliberal de la marginalidad “, del politólogo, sociólogo y profesor) del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra y del Departamento de Derecho Público de la Universidad de Girona Albert Sales i Campos, desarrolla la idea de que los pobres ya son también sospechosos.
En la introducción a la obra, nos dice el profesor Sales:
"La nueva gestión de la pobreza y de la marginalidad no tiene ninguna consideración por conceptos como la cohesión social. No hay voluntad política de rebajar las tensiones sociales en vistas a beneficios en el medio y largo plazo. Al igual que la actividad empresarial, la gestión neoliberal de la pobreza busca réditos inmediatos en forma de votos, poder o dinero, sin considerar las consecuencias de las fracturas sociales que la marginación y la represión terminan causando. La criminalización de las situaciones de pobreza y de exclusión social y la imposición de la discusión de la eficiencia en la atención social y en la inserción laboral justifican la transición del «wellfare» al «workfare». En lugar de garantizar derechos, se establece como meta la entrada de las personas excluidas a un mercado laboral que, en el mejor de los casos, les ofrece una sucesión de empleos mal pagados e inestables. A quien no asuma su destino se le reserva el constante enfrentamiento con las instituciones represivas y con el sistema penal."
En la revista "Newtral", Noemí López Trujillo, titula su artículo de fecha 16 de junio de 2020: “Llame usted mañana”: cuando la complejidad de la burocracia frena el acceso a un derecho".
En “The Conversation” (edición España), leemos:
“Tener derecho a una prestación social en España no garantiza poder acceder a ella. Más de la mitad de los hogares que cumplen los requisitos para recibir ayudas como el Ingreso Mínimo Vital o el bono eléctrico no llegan a percibirlas. Miles de personas esperan años para que se les reconozca su discapacidad, dependencia o tarjetas de residencia. Conseguir una cita se ha convertido en un obstáculo en muchas administraciones. La distancia entre el reconocimiento de derechos sociales y su disfrute se convierte en un abismo.”
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