12/02/2014

Cortázar, 30 años

“Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando está por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus súbitas rabias y sus llantos. A él le importa un bledo que yo lo crea genial, y nunca se ha envanecido de que su música esté mucho más allá de la que tocan sus compañeros. Pienso melancólicamente que él está al principio de su saxo mientras yo vivo obligado a conformarme con el final. Él es la boca y yo la oreja, por no decir que él es la boca y yo... Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar. Y la boca se mueve otra vez, golosamente la gran lengua de Johnny recoge un chorrito de saliva de los labios. Las manos hacen un dibujo en el aire.

-Bruno, si un día lo pudieras escribir... No por mí, entiendes, a mí qué me importa. Pero debe ser hermoso, yo siento que debe ser hermoso. Te estaba diciendo que cuando empecé a tocar de chico me di cuenta de que el tiempo cambiaba. Esto se lo conté una vez a Jim y me dijo que todo el mundo se siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae... Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero no, yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se quedó ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir asi. No creas que me olvidaba de la hipoteca o de la religión. Solamente que en esos momentos la hipoteca y la religión eran como el traje que uno no tiene puesto; yo sé que el traje está en el ropero, pero a mí no vas a decirme que en ese momento ese traje existe. El traje existe cuando me lo pongo, y la hipoteca y la religión existían cuando terminaba de tocar y la vieja entraba con el pelo colgándole en mechones y se quejaba dé que yo le rompía las orejas con esa-música-del-diablo.”
Julio Cortázar

El perseguidor


09/02/2014

vida retirada



“la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.”

Cántico espiritual

Juan de la Cruz

08/02/2014

apunt per a l'audició musical de març

" La Symphonie Pastorale " , 1919, és una novel· la del Premi Nobel de Literatura de 1947,  André Gide . 

Relata la història d'un pastor que viu a Neuchâtel , a finals del segle XIX . El pastor , casat,  acull a casa seva una jove cega, Gertrude , que es queda sense vincles de cap tipus després de la mort de la seva tia . Durant  anys  el pastor farà el possible per ajudar-la a descobrir les riqueses del món visible , vedat als seus sentits .  Per a això, utilitzarà d'un alfabet nou que anirà adequant a Gertrude . Valent-se d'imatges sonores i de metàfores musicals perquè s'imagini el que no pot veure , li farà sentir la Simfonia Pastoral de Beethoven per despertar i enriquir les seves emocions més profundes .

En aquesta labor caritativa , de lliurament i assistència , el pastor s'enamorarà d'ella . El seu fill , Jacques , intuirà els sentiments del pastor per Gertrude . El problema es tornarà encara més complex pel fet que Jacques està també enamorat de la jove . L'odi d'Amélie, l'esposa del pastor , per Gertrude ,  incrementarà els frecs en la família del pastor i anunciarà la imminent tragèdia i el desenllaç .


L'obra va ser adaptada al cinema en 1946 per Jean Delannoy , amb Michèle Morgan en el paper principal.


07/02/2014

115 dies a l'Ebre



115 dies a l'Ebre: El sacrifici de la Lleva del Biberó

autora: Assumpta Montellà

pròleg a càrrec de Josep M. Ballarín

editorial Ara Llibres

1ªedició; gener 2013, 304 páginas

“115 dies a l'Ebre”  es el títol de l’últim llibre escrit per la historiadora  Assumpta Montellà. Transcrivim la contraportada del llibre:

 “115 són els dies que va durar la batalla més decisiva de la Guerra Civil, la més aferrissada, dolorosa i irracional de la nostra història contemporània.  Un enfrontament a la ribera de l’Ebre que avui evoca pors, angoixes, ideals perduts, famílies trencades i més de 30.000 víctimes entre els dos bàndols. 115 dies protagonitzats per homes corrents i soldats primerencs, herois tots ells. Molts d’aquests herois van formar part de la Lleva del Biberó i alguns encara poden donar testimoni d’allò que van viure. Assumpta Montellà ha volgut recollir les seves paraules per a la posteritat en aquest llibre.

115 dies a l’Ebre és una documentada aproximació al dia a dia de la batalla, amb detalls estratègics i militars, amb testimonis inèdits i precisions històriques, però sobretot és una mirada apassionada cap al vessant més humà de l’episodi. Perquè 115 dies a l’Ebre és el llegat d’uns homes que van viure la guerra a la primera línia del front, a les trinxeres de l’Ebre, esmaperduts, morts de por i de set, quan encara eren pràcticament uns nens. 115 dies a l’Ebre és un homenatge merescut.”

05/02/2014

75 anys després

CONGRÉS 

"Antonio Machado i l’exili republicà espanyol a França "

(75 anys després, 1939-2014)

Organitzat per l’Institut Français de Barcelona


dies 13, 14, 15 i 25 de febrer 2014


02/02/2014

canvi del calendari

Margaret Atwood
Per qüestions d'organització, la lectura del mes de març passa a ser el primer reserva de la temporada: "Corazón tan blanco" de Javier Marías, en lloc de l'inicialment previst "L'any del diluvi", de Margaret Atwood


Tanmateix, us deixem enllaç a la pàgina de l'autora canadenca i reproduïm la crítica sobre el llibre, de Nuria Barrios, apareguda al diari "El País" el 14 d'agost de 2010.


Dios es verde

per Nuria Barrios

Margaret Atwood (Canadá, 1939) vivió su infancia entre los bosques umbríos del norte de Canadá, en la temporada cálida del año, y la ciudad, en la temporada fría.  Su padre era zoólogo y se había especializado en entomología forestal. La madre, que era nutricionista, y los tres hijos le seguían del bosque a la ciudad y de la ciudad al bosque. En esa doble vida está el germen de algunas constantes de su literatura: el amor por la naturaleza, la preocupación por la supervivencia del planeta, su inquietud por el destino del hombre. ¿Qué le está pasando a nuestro mundo? ¿Qué podemos hacer para detener el daño? ¿Cuánto tiempo nos queda? El año del diluvio, su última novela, transcurre en un futuro posapocalíptico, escenario que comparte con dos novelas anteriores: El cuento de la criada y Oryx y Crake. Ficción especulativa, así las define Atwood, candidata al Nobel, ganadora de los galardones más prestigiosos y Premio Príncipe de Asturias en 2008. El año del diluvio es una distopía satírica, tan ingeniosa como inquietante. Lo que te cuento te divertirá, parece decir la autora, pero presta atención, pues puede suceder pronto o quizá ha sucedido ya. Y al ver a Atwood, con su melena rizada blanca, sus brillantes ojos verdes y sus pómulos marcados, es imposible no pensar en una pitonisa.

El año del diluvio empieza en el año 25, tras el estallido de una epidemia que casi aniquila a la humanidad. Entre los escasos supervivientes hay dos mujeres, Toby y Ren, antiguos miembros de una secta religiosa llamada Los Jardineros de Dios. Aunque no se especifica la época ni el lugar, el escenario parece ser Estados Unidos o Canadá y el tiempo, un futuro no demasiado lejano. La novela intercala el presente de ambas mujeres, extremadamente vulnerables en un mundo de depredadores desconocidos y genéticamente manipulados, con flashbacks de sus vidas durante los 20 años que precedieron al desastre y con los asombrosos sermones de los Jardineros de Dios.

Aunque no se trata de una continuación de Oryx y Crake, algunos personajes de aquella novela están en El año del diluvio, al igual que Los Jardineros y las Corporaciones. No hay mención a ningún Gobierno nacional; las Corporaciones y su fuerza de seguridad, Corpsegur, controlan la política, la ciencia y la tecnología. Los ricos viven en lujosas urbanizaciones cerradas y protegidas, mientras que las ciudades se han convertido en una sucesión de guetos habitados por mafias, bandas y extremistas religiosos. El hombre destruye el planeta al mismo tiempo que crea nuevas especies, como ovejas con pelo humano de colores, cerdos con tejido cerebral humano e híbridos como el leonero, que con sus ojos de cordero y sus afilados colmillos de león, simboliza el mundo diseñado por las Corporaciones.

En vísperas de los cataclismos proliferan las religiones que anuncian el Fin del Mundo. Entre ellas destaca la de Los Jardineros de Dios, que cultivan jardines en las azoteas y predican una interpretación "verde" de la Biblia. Ya no son pescadores quienes siguen al Mesías, sino ecologistas veganos. Los Jardineros poseen un líder -a quien se refieren como Adán Uno-, apóstoles -Adanes y Evas con sucesivas numeraciones- y fieles. Tienen su santoral -San Jacques Cousteau, Santa Dian Fossey, San Chico Mendes...-, y también sus Madalenas y sus Judas Iscariote.

Al leer El año del diluvio es imposible no pensar en otras profecías literarias apocalípticas: La carretera, de McCarthy; Un mundo feliz, de Huxley; 1984, de Orwell; Fahrenheit 451, de Bradbury... Y, por supuesto,  la Biblia con su gran libro sobre la destrucción que aniquilará a la humanidad como castigo a sus pecados: el “Apocalipsis”.  Cada una de estas obras aporta una visión única sobre el fin del mundo: nihilista y cruel, la de McCarthy; hedonista, la de Huxley, totalitaria, las de Orwell y Bradbury. La gran aportación de Margaret Atwood en El año del diluvio es su teología del futuro, una ecoteología extrema y extravagante, rica en símbolos, que ha convertido la defensa de la naturaleza en la única vía posible para evitar la destrucción del ser humano. Los Jardineros de Dios, dibujados con burla y afecto, son una invención memorable.

“En su libro El instinto del arte, Denis Dutton afirma que nuestro interés en la narrativa nació en el largo periodo que permanecimos en el Pleistoceno, pues cualquier especie con la capacidad de contar historias que relacionen el pasado y el futuro tiene una posibilidad de evolucionar", cuenta Atwood en su web. "¿Habrá un cocodrilo en el río mañana como había el año pasado? Porque si lo hay, mejor no voy. Las ficciones especulativas acerca del futuro, como El año del diluvio, son narrativas de ese tipo. ¿Dónde estarán los cocodrilos? ¿Cómo los evitaremos? ¿Cuáles son nuestras posibilidades?".

La novela de Atwood no es una historia alegre, aunque sí irónica, inteligente y, a pesar de la violencia que describe, divertida. La sátira siempre ha sido uno de los puntos fuertes de la escritora canadiense. "Es lo que hago", escribe en su último libro de poemas, La puerta: "Cuento oscuras historias / antes y después de que se cumplan". El desolador futuro que inventa Atwood proyecta una imagen posible del desolador futuro que dibuja nuestra realidad. Mientras lees El año del diluvio te oyes reír, pero el sonido de la risa recuerda demasiado a la hilaridad nerviosa que provoca el miedo.”



01/02/2014

el record... l'infantesa

“Potser només sóc feliç al meu jardí”

Mercè Rodoreda
Aloma


“La torre tenia dos jardins. Del jardí de darrera, no sé per què, en dèiem l’hort. Potser perquè només tenia arbres fruiters i, com a úniques flors, les que feien els rosers enfilats per les parets que el tancaven. Uns rosers vells, coberts de roses que semblaven de cera, i d’altres, els misters Clack amb roses d’un vermell fosc “vellutades” i amb perfum agressiu. I els lilàs.  Un grup de lilàs a tocar de la casa  on vivia un picapedrer, espessos i alts, tan alts, que mai ningú no en collia els pomells.  Els arbres eren tres o quatre magraners, tres mandariners, dos tarongers agres, un palosanto esplèndid,  groc de fruita quan perdia les fulles, i a l’acabament de l’hort, l’ametller i el saüquer… Darrera… una figuera de figues negres, de coll de dama... Aquesta figuera, mal amagada darrera l’ametller i el saüquer, era el nostre castell. Moltes branques s’abocaven a la riera; des de dalt vèiem de més a prop la vora d’un tros de parc abandonat dels marquesos de Can Brusi, on les nits d’estiu s’esgargamellaven els rossinyols i a les tardes d’hivern, quan tot era gris i la terra blanca, cridaven d’amor els paons engabiats. La figuera era un món a part.  El somni.”

Mercè Rodoreda
“Imatges d’infantesa”