04/12/2023

les xerrades-debat de Vespres

 
Titol original: Her
Any: 2013
Durada: 126 minuts
Direcció: Spike Jonze
Guió: Spike Jonze
Música:  Arcade Fire, Owen Pallett
Fotografía:  Hoyte van Hoytema
Repartiment: Joaquin Phoenix,  Amy Adams, Rooney Mara
Olivia Wilde,  Chris Pratt.
Palmarès: Oscar i Globus d'Or al millor guió original.

Per Joan Francesc Sánchez


    El passat divendres 1 de desembre vam tenir una nova sessió de els debats de Vespres. El tema d'aquest més es la Inteligencia Artificial,  amb la pel·lícula Her, com material d'inspiració pel debat.
    Dirigida per Spike Jonze i fantàsticament interpretada per un genial Joaquin Phoenix, que aconsegueix un personatge entranyable d'una naturalitat sorprenent. 



    La pel·lícula planteja un món futurista, en què les relacions entre persones estan trencades i explora, entre altres temes, la complexitat de les relacions i la soledat en un temps futur en què les màquines estan cada cop més humanitzades. L’aïllament en temps d´hiperconnexió. 

       La gent, com el protagonista, no són capaces de resoldre les seves dificultats o manifestar els seus sentiments amb els altres, per la qual cosa recorren als sistemes operatius, en els quals plasmen un ideal inexistent. Com a resultat, el film mostra persones soles i aïllades del món que els envolta com el protagonista. 




    Un dels motius que fa gran aquest film no és només la història que narra sinó també com, a través dels elements del llenguatge audiovisual, adquireix un significat complet. Després d'una  introducció sobre la pel·lícula, a càrrec de la nostra companya Pilar Marcos, vam fer una breu introducció a la intel·ligència artificial (IA): quins riscos i beneficis pot aportar.


   
 Després, vam tenir un interessant debat, molt participatiu i amb diversitat de matisos, tant al que representa la IA, com a l'afectació de la tecnologia a la societat actual i futura. Després de més d'una hora de debat intens, vam haver d'acabar la sessió, però encara amb un debat actiu. 



    La pròxima sessió serà el 2 de febrer del 2024. El tema que tractarem serà el canvi climàtic, i la font d'inspiració el famós documental Antes de que sea tarde dirigida per Fisher Stevens. Un documental de National Geographic Channel, dels guanyadors de l'Oscar Leonardo DiCaprio, Fisher Stevens i Martin Scorsese, on s'explora els efectes del canvi climàtic arreu del món a més de posar en evidència la contribució de la humanitat a l'acceleració del canvi climàtic. 

Us esperem!!!

03/12/2023

karmele jaio

 



Karmele Jaio- Escritora

"La felicidad al final son momentos, no es algo absoluto"

por Mikel Aurmendi
en euskonews
07/05/2010

    “La comunicación es su oficio, su modo de vida y también su alegría vital. Lekeitio y Vitoria-Gasteiz, infancia y juventud, padre y madre... son temas que van surgiendo en boca de nuestra interlocutora. De sus palabras nos llega el olor del salitre y la templanza del aire de la ciudad. Su conversación es un dulce murmullo heredado de su madre —y su padre—, una suave música que se mece en el aire.

PREGUNTA: Nació en 1970. Lleva sobre sus hombros 40 años de existencia. ¿Qué “balance” hace de su vida?

RESPUESTA: Me resulta complicado hacer un balance, pero diría que es positivo. Creo que he tenido mucha suerte hasta ahora. Tengo una familia maravillosa, me gusta escribir y tengo la oportunidad de escribir y publicar, tengo buenas amistades y, por supuesto, hay cosas que no puedo hacer o lograr, oportunidades perdidas y demás... Pero en general en estos años he vivido muchos momentos felices, no puedo quejarme. La felicidad al final son momentos, no es algo absoluto.

P: ¿El hecho de nacer y vivir en Vitoria-Gasteiz qué ha aportado a su identidad?

R: Creo que me ha dado facilidad para ver las cosas desde distintos puntos de vista. Desde pequeña he conocido en profundidad dos lugares muy diferentes, Lekeitio y Vitoria-Gasteiz, y desde pequeña he sido consciente de que las cosas, en lugares distintos, pueden ser diferentes. Y eso me ha dado cierta perspectiva. Una cierta flexibilidad a la hora de crear opiniones.

P: Hablando siempre de Vitoria-Gasteiz, ¿qué cambio ha habido entre la ciudad de las décadas de los 70-80 y la posterior al año 2000? ¿Entre la que vivió la Karmele adolescente y la que vive en la actualidad?

R: El cambio ha sido tremendo. En lo que respecta al euskera, por ejemplo, recuerdo que si mi madre escuchaba a alguien hablando en euskera se le acercaba y le preguntaba: ¿habla usted euskara? Como si hubiera encontrado a un vascoparlante en Canadá. En nuestro edificio, por ejemplo, nosotros éramos “Los vascos”. El euskera era totalmente extraño en Vitoria-Gasteiz y actualmente cada vez se escucha más euskera en la calle.

P: ¿Qué y quién han influido en mayor medida en su forma de ser? ¿El entorno de Vitoria-Gasteiz, la cuadrilla, la familia..., algún otro factor?

R: Todos ellos han influido sobre mí. Es evidente que la educación y el modelo de vida que recibes de la familia constituyen la columna vertebral de tu identidad pero luego las relaciones mantenidas con mis amistades de siempre también han influido. Creo que todo lo que ocurre en la vida incide en tu forma de ser aunque a veces una no sea consciente.

P: ¿Sus padres, por ejemplo, qué han sido para usted?

R: Yo tenía sólo veinte años cuando murió mi padre pero su sombra ha sido alargada. A menudo aún recuerdo recomendaciones de mi padre y reflexiones que hacía sobre la vida. Siempre subrayaba la importancia de vivir feliz. Por ejemplo, siempre nos decía que los estudios eran muy importantes pero también pasarlo bien con los amigos, pasarlo bien, salir, incluso ir de juerga. Y luego, qué decir de mi madre... La influencia que mi madre ha tenido y tiene sobre mí es muy muy grande, mayor incluso de lo que yo puedo creer. Además, con el paso de los años me doy cuenta de que cada vez somos más parecidas.

P: Trabajó como periodista. ¿Qué le aportó esa profesión?

R: Entre muchas otras cosas, me enseñó a escribir rápido y a centrarme en lo importante cuando escribo algo. También la capacidad de síntesis y resumir. Gracias a mi experiencia en el periodismo, escucho una conferencia o leo un artículo y saco los titulares casi sin darme cuenta. Gracias al periodismo he aprendido a discernir la esencia del mensaje. A eliminar lo que sobra.

P: Posteriormente ha trabajado como responsable de comunicación en muchos despachos. ¿Qué es la comunicación para usted?

R: Una asignatura que debe aprobar nuestra sociedad, en todos los ámbitos. Tenemos miles de herramientas para comunicarnos pero, en mi opinión, la falta de comunicación puede ser uno de los mayores problemas que tiene nuestra sociedad. La falta de comunicación crea problemas en todos los ámbitos: en el ámbito político, en una empresa, en el hogar, la familia, las relaciones de pareja, las amistades... Si hay comunicación es más fácil solucionar los problemas.

P: Se dice que la incomunicación entre las personas es mayor que nunca. ¿Está de acuerdo?

R: Totalmente. Generalmente nuestras relaciones se quedan en la superficie. Todos tenemos preocupaciones en nuestra mente, problemas por resolver y demás, pero cuando nos juntamos hablamos de cosas superficiales, no nos atrevemos a entrar en lo profundo. Las cosas realmente importantes nos las guardamos dentro.

P: ¿Qué ha aprendido en el ámbito de la comunicación? ¿Cuáles son las claves de la comunicación?

R: Una buena comunicación debe tener muy en cuenta al receptor. Si deseamos crear un mensaje efectivo debemos adaptarlo al tipo de receptor. Las empresas de marketing y publicidad lo saben muy bien y por eso tienen tan en cuenta al llamado “target” cuando desean comunicar algo.

Por otra parte, en lo que respecta a la comunicación oral, es muy importante la repetición. El oyente no capta el mensaje tan bien como el lector, se pierde muchas cosas por el camino. Por eso, los buenos oradores repiten el mensaje una y otra vez. Primero adelantan qué van a decir, luego dicen eso que debían decir y al final terminan el discurso recordando lo que han dicho.

Y otra clave fundamental es el contenido. No se puede comunicar si no hay contenido. La comunicación auténtica necesita contenido. Las palabras de bisutería, ésas que sólo sirven para decorar, no sirven realmente para comunicar. Hay que decir algo.

P: En la actualidad la materia prima es tener información. ¿Está de acuerdo?

R: Quien tiene información tiene poder. Tener información y gestionarla de forma adecuada es la clave en la sociedad actual.

P: ¿Cómo ve a la mujer escritora vasca?

R: Cada vez tenemos a más mujeres escritoras, pero no olvidemos que aún siguen siendo minoría. En la literatura ocurre lo mismo que está sucediendo en otros ámbitos de la sociedad, la presencia de la mujer está aumentando. Pero en nuestro ámbito y en este momento, creo que uno de nuestros retos principales es demostrar que los llamados “temas de mujeres” son temas universales. No hay “temas de hombres” porque los consideramos temas universales. Sin embargo, parece que algunos temas son sólo para mujeres. Y yo cuando escribo sobre la experiencia vital de una mujer estoy tratando sobre la experiencia humana en general, eso sí, vista desde la perspectiva de una mujer. Hasta que no sean reconocidas como universales nunca se valorará en su justa medida esas obras que muestran el universo de la mujer.

P: ¿Es apropiado plantear el binomio escritora y mujer en una pregunta?

R: Será apropiado o no en función del contenido de la pregunta. Muchas de las preguntas en las que aparece dicho binomio son realizadas desde la perspectiva masculina imperante en la sociedad. No sé si la comparación es apropiada, pero creo que es parecido a lo que sucede con el euskera. Por ejemplo, ¿es apropiado preguntar a un escritor o escritora vasca por qué escribe en euskera? En mi opinión esa pregunta está hecha desde la perspectiva castellanohablante imperante en nuestra sociedad. Nadie pregunta al grupo La Oreja de Van Gogh por qué cantan en castellano. Pues con esto otro ocurre algo parecido. Nadie pregunta a un escritor por qué la mayor parte de los protagonistas de sus novelas son hombres, por ejemplo, y a nosotras nos lo preguntan a diario.

P: ¿La mujer ocupa el lugar que merece en la literatura?

R: No. No hay más que repasar los datos para darse cuenta. Entre las más de cien personas que han recibido el premio Nobel de Literatura creo que hasta ahora han sido sólo doce mujeres y muchas de ellas han sido premiadas en los últimos años. E igual con muchos otros premios. Mire la relación de los Premios Euskadi, por ejemplo. Las mujeres también son minoría en los ámbitos que deciden a quién dar prestigio. Aquí se repite también lo mismo que sucede en otros ámbitos de la vida.

P: Publicó su primer libro, la colección de cuentos Hamabost zauri, en 2004. ¿Qué tipo de escritora era entonces y cómo es en la actualidad? ¿Qué balance hace de su trayectoria?

R: Con los años, además de tener más experiencia escribiendo, lees cada vez más cosas y aprendes más. La propia experiencia de escribir te enseña mucho y, por supuesto, mi forma de escribir ha cambiado de 2004 hasta hoy o, mejor dicho, ha tenido una evolución. En los últimos meses he estado traduciendo al castellano esos cuentos escritos hace tiempo y lo he percibido. Muchas veces he pensado: en la actualidad escribiría esto de otra manera.

P: Ha compaginado cuento y novela. ¿Con qué está más cómoda? ¿Por qué? ¿Cuál es más agradable, más agradecido?

R: Yo siempre digo que me veo más como escritora de cuentos que como novelista. Yo me enamoré de la literatura leyendo libros de cuentos y durante muchos años sólo he escrito cuentos. Luego escribí la novela Amaren eskuak y entonces supe lo distintos que son ambos géneros. Generalmente las ideas que pasan por mi cabeza adoptan forma de cuento, ésa es mi tendencia natural. Y lo que más me gusta de los cuentos es su fuerza para sugerir. El cuento no lo dice todo. El cuento deja ocultas muchas cosas y lo que el autor debe lograr es que mostrando únicamente la punta del iceberg el lector vea ese gran trozo de hielo existente bajo el agua. Se trata de un juego.

En ese sentido, cuando escribí la primera novela me sentía obligada a contar demasiado, a explicar demasiadas cosas. Y, por otro lado, la novela te obliga a hacer el esfuerzo de guardar muy bien la perspectiva. Son dos tareas muy diferentes. Y la manera de trabajar para escribir cuentos o una novela es muy diferente. No creo que una sea más complicada que la otra, son diferentes.

P: La novela Amaren eskuak ha sido traducida al castellano y al alemán con los títulos Las manos de mi madre y Mutters hände respectivamente. Cuéntenos la experiencia. El proyecto para llevar la novela al cine está en marcha. ¿Qué tal va el proyecto?

R: Yo siempre he dicho que la novela Amaren eskuak me ha dado muchas satisfacciones. Y satisfacciones que yo no esperaba cuando la escribí. Tuvo muy buena acogida entre los lectores vascos, la traduje al castellano y la acogida también está siendo buena en ese idioma. Se publicó también en alemán y, además, hay en marcha un proyecto para hacer una película basada en la novela. Publicar en castellano ha sido una bonita experiencia y la traducción al alemán, entre otras cuestiones, me dio la oportunidad de presentar la obra en Alemania, en Frankfurt y en Berlín. En esas ocasiones te das cuenta de que la literatura no tiene fronteras. De que un texto que tú has escrito en soledad puede viajar hasta la mesilla de noche de una persona berlinesa. De un lugar íntimo a otro lugar íntimo.

Y la experiencia de la película es nueva para mí. Te das cuenta de que el cine tiene sus leyes y de que para contar una misma cosa hay que cambiar totalmente la forma de contarla, hay que cambiar mucho la obra original. Ahora se está escribiendo el guion y la intención es grabar la película en 2011.

P: Es una escritora premiada. ¿Qué son los premios para usted?

R: No todos los premios son iguales pero es cierto que la mayoría de los premios cumplen una función de marketing. Un premio alarga la vida de un libro y, teniendo en cuenta que la vida de un libro es cada vez más corta (una novedad cada vez tarda menos en convertirse en libro viejo), pues debemos entenderlo como una herramienta para alargar la vida del libro. Pero, como decía, no todos los premios son iguales. En ese sentido, considero que la fórmula de la beca es muy eficaz, por ejemplo. Ahí está la beca Igartza, o las que ofrece la Fundación Elkarlanean. La beca ofrece al escritor neófito la oportunidad de escribir su obra en unas condiciones mínimas.

P: Cómo vive el mundo de la literatura: promoción de libros, presentaciones, espacio en los medios de comunicación, críticas, Premio Euskadi... premio de literatura española...

R: En cierta ocasión escuché a un escritor galardonado con un premio importante que desde que se ha hecho “escritor” no tiene tiempo para escribir: que si promoción, que si entrevistas, conferencias... Las cosas ajenas a la literatura a menudo quitan mucho tiempo al escritor. Las entrevistas y las conferencias también son parte de nuestro trabajo y las hago sin problemas, pero es verdad que sigo muy de lejos otro tipo de debates surgidos en torno a la literatura y que a menudo están más ligados a otras cuestiones que a la propia literatura. Además, me cuesta ofrecer opiniones categóricas en torno a ciertas cuestiones porque en mi mente predomina la duda.”







canvi calendari lectures

 



    La lectura prevista per al mes de gener del 2024, Las primas, d'Aurora Venturini, per manca d'exemplars a la xarxa de biblioteques, s'ha substituït pel següent de la llista: La casa del padre, de Karmele Jaios.

    Al seu moment, ja us informarem quina serà la lectura del mes de febrer 2025.

02/12/2023

hamnet, fragment, i 4

 




    “De sobte un soroll estrepitós sobresalta l’Agnes. En algun lloc, sonen unes trompetes. El brogit de la multitud creix fins a convertir-se en una ovació caòtica. La gent aixeca els braços; hi ha aplaudiments dispersos, uns quants víctors, alguns xiulets ensordidors. A l'Agnes li arriba des de darrere un soroll desagradable, un renec, un crit escandalós que demana una mica de brillo, per l'amor de Déu.

    Les trompetes repeteixen la melodia, una tornada circular, i sostenen una última nota allargassada. El silenci s'estén entre el públic i dos homes surten a l’escenari.

    L'Agnes parpelleja. D'alguna manera, el fet que ha vingut a veure una obra de teatre li havia anat marxant del cap. Però resulta que és aquí, al teatre del seu marit, i l'obra comença.

    Un parell d'actors estan drets sobre una tarima de fusta i parlen l'un amb l'altre com si ningú els mires, com si estiguessin completament sols.

    Ella no se'n perd ni un detall i escolta, atenta. Els homes estan nerviosos, inquiets, miren al seu voltant, empunyen l'espasa. ¿Qui va?, crida un d'ells cap a l'altre. Dona't a conèixer, li crida l’altre. Entren mes actors a l'escenari, tots nerviosos, tots alerta.

    L'Agnes no pot evitar adonar-se que la multitud que l'envolta està completament callada. No parla ningú. No es mou ningú. Tothom està completament concentrat en aquests actors i en el que diuen. S'han acabat del tot les empentes, els xiulets, les batalles pels pastissos, i en lloc d’això hi ha una munió de gent silenciosa, captivada. És com si un mag o un bruixot hagués brandat la vareta sobre el lloc i els hagués convertit a tots en pedra.

    Ara que es aquí i l'obra ha començat, l'estranyesa i la indiferència que ha sentit durant el viatge, i mentre era a l'hostal, se li escolen, com un engrut. Se sent preparada, se sent furiosa. Vinga dones, pensa l'Agnes. Ensenya'm el que has fet.

    Els actors que hi ha a l'escenari conversen emfàticament. Gesticulen, assenyalen aquí i allà i passegen amunt i avall engrapant les seves armes. N'hi ha un que diu una frase, després un altre i després torna a ser el torn del primer. L'Agnes observa desconcertada. Ella s'esperava una cosa familiar, una cosa sobre el seu fill. ¿De què havia d'anar l'obra, si no? Però aquesta gent és en un castell, en una fortificació, i discuteixen per no res.

    Només ella, sembla, es lliure de l'encanteri del bruixot. A ella la màgia no l'ha afectat. Li venen ganes de protestar o d'enriure-se'n. El seu marit va escriure aquestes paraules, aquests diàlegs, però ¿què té a veure tot això amb el seu fill? Vol escridassar la gent que hi ha dalt de l’escenari. Tu, diria, i tu: tots plegats no sou res, això no és res, comparat amb el que era ell. No us atreviu a pronunciar el seu nom.

    Un gran cansament s'apodera d'ella. Agafa consciència del mal que li fan les cames i els malucs, a causa de totes les hores que ha passat a cavall, a causa de la falta de son, de la llum del teatre, que sembla que li fa venir picor als ulls. No té prou forca ni esma per aguantar aquesta pressió dels cossos que l'envolten, aquests llargs parlaments, aquests rius de paraules. No pensa estar-se més temps aquí dreta. Marxarà i el seu marit no en sabrà mai res, de tot això.

    De sobte, un dels actors diu alguna cosa sobre una visió espantosa i, a poc a poc, l'Agnes hi cau: el que aquells homes que discuteixen busquen, esperen, es un espectre, una aparició. Volen que aparegui, però també els fa por, tot alhora.

    L'Agnes es manté molt quieta i observa els seus moviments, escolta les seves paraules. Plega els braços perquè els que l'envolten no puguin tocar-la ni desequilibrar-la amb una empenta, perquè no la distreguin. Necessita estar concentrada. No es vol perdre res en absolut.

    Quan apareix l'espectre, un crit ofegat s'estén entre el públic. L'Agnes no s'immuta. Clava els ulls en l'espectre. Va vestit amb armadura de cap a peus, la visera del casc abaixada, parcialment cobert per un sudari. L'Agnes no escolta els brams ni els laments dels homes esparverats que hi ha a les muralles del castell. L'observa amb les parpelles entretancades.

    No treu l'ull de sobre l'espectre: l'alçada, aquell moviment del braç, la mà girada cap amunt, un particular arronsament dels dits, aquell balanceig de l'espatlla. Quan s'aixeca la visera, l'Agnes no se sent gens sorpresa ni desconcertada: es limita a acabar de constatar el que per a ella era un fet. L'espectre porta la cara pintada d'un blanc espantós, la barba tenyida de gris; va vestit com si hagués d'anar a batallar, amb casc i armadura, però tot això a ella no l'enganya. Sap perfectament qui hi ha a sota d'aquell vestuari, d'aquella disfressa.

    L'Agnes pensa: molt be, doncs. Ets aquí. ¿Què et proposes?

    Com si li hagués transmès els seus pensaments, com si haguessin anat des del seu cervell al de l'espectre, a través de la gent —que ara llança crits d'alerta als homes de les muralles—, el cap de l'espectre es gira de cop. Té el casc obert i els seus ulls miren cap al públic.

    Sí, li diu l'Agnes, aquí em tens. ¿I ara què?

    L'espectre marxa. Sembla que no ha trobat el que buscava. S'aixeca un murmuri de decepció entre el públic. Els homes de dalt l'escenari continuen parlant sense parar. L'Agnes canvia de posició, es posa de puntetes, es pregunta quan tornarà l'espectre. No vol perdre'l de vista, vol que torni; vol que s'expliqui.

    Quan està estirant el coll per darrere el cap i les espatlles d'un home que té al davant, sense voler trepitja el peu de la dona del costat. La dona deixa anar un petit crit i fa un moviment brusc, de manera que al nen que porta sobre les espatlles li cau l’os de be. L'Agnes demana disculpes, agafa el colze de la dona perquè no perdí l'equilibri i s'ajup per recollir l’os quan sent una paraula des de l'escenari que fa que redreci l'esquena i l’os se li esmunyi d'entre els dits.

    Hamlet, ha dit un dels actors.

    Ha sentit el nom, tan clar i ressonant com el repic d'una campana llunyana.

    I el torna a sentir: Hamlet.

    L'Agnes es mossega el llavi fins que tasta el sabor acre de la seva pròpia sang. Entrellaça les mans amb força.

    Els homes que hi ha dalt de l'escenari diuen el nom, se’l passen els uns als altres com si fos la fitxa d'un joc de taula. Hamlet, Hamlet, Hamlet. Sembla que es refereixin a l'espectre, a l’home mort, a aquella figura que ha marxat.

    Sentir aquell nom, dit per persones que no coneix ni coneixerà mai de res, utilitzat per referir-se a un vell rei mort: l'Agnes no ho pot entendre. ¿Per què ho deu haver fet, el seu marit? ¿Per què ha de fer veure que per a ell aquell nom no significa res, només un seguit de lletres? ¿Com pot haver robat aquest nom per després escorxar-lo i buidar-lo de tot el que encarna, desproveir-lo de la vida que contenia? ¿Com pot haver agafat la ploma i haver-lo escrit en un paper, haver trencat el lligam d' aquest nom amb el seu fill? No té sentit. Aquest fet travessa el cor de l'Agnes, li arrenca les entranyes, amenaça de separar-la d'ella mateixa, d'ell, de tot el que tenien, de tot el que eren. Pensa en aquells pobres caps d’allà al pont, les seves dents nues, els colls vulnerables, les expressions de por immòbil, i es com si ella fos un d'aquells caps. Sent el tremolor del riu, el bressoleig incorpori dels cranis, la seva recança muda i inútil.

    Marxarà. L'Agnes sortirà d'aquest lloc. Trobarà el Bartholomew, pujarà en aquell cavall exhaust, tornarà a Stratford i escriurà una carta al seu marit dient-li: no vinguis a casa, no tornis mai mes, queda't a Londres, no en volem saber res més, de tu. L'Agnes ja ha vist tot el que necessitava veure. És exactament el que temia: ell ha agafat el més sagrat i entranyable dels noms i l'ha tirat enmig d'un galimaties, d'un número de teatre.

    Havia pensat que venir aquí, presenciar això, potser li obriria una escletxa per entreveure el cor del seu marit. Potser li oferiria una manera de tornar a ell. Havia pensar que, potser, el nom del cartell havia sigut un recurs del marit per comunicar-li alguna cosa. Una mena de senyal, una mà estesa, una crida. Mentre cavalcava cap a Londres, havia pensat que potser ara entendria el seu distanciament, el seu silenci, des de la mort del fill. Ara té la sensació que en el cor d'ell no hi ha res a entendre. Només conté això: un escenari de fusta, actors que declamen, discursos memoritzats, una multitud entregada, una colla de beneits disfressats. Ara veu que, des del principi, perseguia un fantasma, una quimera.

    L'Agnes es recull les faldilles, s'embolcalla amb el xal, disposada a girar l'esquena al seu marit i la seva companyia, quan li crida l'atenció un noi que entra a l'escenari. Un noi, pensa l'Agnes tot desfent-se i refent-se el nus del xal. Després s'hi repensa: no, un home. I després: no, un jove, a mig camí entre un home i un noi.

    És com si li haguessin clavat una fuetada seca a la pell. El noi té els cabells rossos, enlairats al front, un caminar alegre i lleuger, i sacseja el cap amb gest impacient. L'Agnes deixa caure les mans. El xal li llisca espatlles avall, però no s'ajup per recollir-lo. Fixa la mirada en el noi; se’l mira i se'l mira, com si no hagués de treure-li mai els ulls de sobre. Sent que el pit se li buida d'aire, que la sang se li glaça a les venes. De sobte és com si el cercle de cel que té al damunt baixés sobre el seu cap, sobre el cap de tothom, com la tapa d'una caldera. Es mor de fred; s'ofega de calor; vol marxar; es vol quedar per sempre mes aquí, en aquest lloc.

    Quan el rei es dirigeix al noi i li diu: «Hamlet, fill meu», aquestes paraules no suposen cap mena de sorpresa per a l'Agnes. Esclar que és ell. Esclar. ¿Qui havia de ser, sinó? L'Agnes s'ha passat quatre anys buscant el seu fill per tot arreu, incansablement, i ara el té aquí davant.

    És ell. No és ell. És ell. No és ell. Aquest pensament bascula dins seu com un pèndol. El seu fill, el seu Hamnet o Hamlet, està mort, enterrat al cementiri de l'església. Va morir quan encara era un nen. Ha quedat reduït al blanc d'uns ossos pelats en una tomba. Però aquest noi de l'escenari és ell, convertit gairebé en un home, tal com seria el Hamnet ara si hagués sobreviscut, caminant amb el mateix aire que el seu fill, parlant amb la veu del seu fill, dient paraules que el seu pare ha escrit per a ell.

    L'Agnes es posa una mà a costat i costat del cap. Tot això es excessiu per a ella: no sap ben bé com prendre-s'ho, com explicar-s'ho. És excessiu. Per un moment, creu que caurà, que desapareixerà sota el mar de caps i cossos, que quedarà estesa sobre la terra compacta i l'esclafaran un centenar de peus.

    Però llavors l'espectre torna i el noi Hamlet hi parla: està terroritzat, furiós, pertorbat, i un vell i conegut desig omple l'Agnes, com l'aigua que inunda la llera seca d'un riu. Té ganes de posar les mans sobre aquest noi, té ganes de tenir-lo entre els seus braços per consolar-lo i reconfortar-lo, ho ha de fer... encara que sigui l’última cosa que faci.

    A l'escenari, el jove Hamlet escolta com el vell Hamlet, l'espectre, li explica la història de com va morir, a causa d'un verí que va circular pel seu cos, «més ràpid que el mercuri», i l'Agnes veu que el jove l'escolta ben bé com el seu Hamnet: la mateixa manera d'inclinar el cap, el gest de tapar-se la boca amb els nusos de la mà quan escolta una cosa que no entén immediatament. ¿Com pot ser? L'Agnes no ho entén, no ho entén de cap manera. ¿Com pot ser que aquest actor, aquest jove, sàpiga ser el seu Hamnet quan no ha vist ni ha conegut mai el seu fill?

    La resposta s’instal·la-la com una fina capa de pluja sobre l'Agnes, que ara avança cap als actors, obrint-se camí entre el públic apinyat: el seu marit ha fet una mena de sortilegi. Ha trobat aquest noi, l'ha instruït, li ha ensenyat a parlar, a moure's, a aixecar la barbeta així o aixà. L'ha fet assajar i exercitar-se; l'ha preparat. Li ha escrit paraules per ser dites i escoltades. L'Agnes intenta imaginar-se aquests assajos, la precisió amb què el seu marit devia ensinistrar-lo, i el que devia sentir quan el noi havia començat a sortir-se'n, la primera vegada que havia imitat perfectament aquell caminar, aquella colpidora manera de girar el cap. Potser el seu marit li havia hagut de dir: sobretot deixa't el gipó deslligat, els cordons penjant, i hauries de portar unes botes plenes de rascades, i ara remulla't els cabells perquè et quedin aixecats, així.

    El Hamlet, aquí, en aquest escenari, és dues persones: el jove, viu, i el pare, mort. Està viu i mort a la vegada. El seu marit l'ha tornat a la vida de l’única manera que pot fer-ho. Mentre l'espectre parla, l'Agnes veu que el seu marit, a l'escriure això, a l’assumir el personatge de l'espectre, s'ha canviat de lloc amb el seu fill. Ha agafat la mort del seu fill i l'ha feta seva: s'ha entregat a l’abraçada de la mort i ha fet ressuscitar el noi en lloc seu. «Oh, horrible! Horrible, mes que horrible!», murmura la veu tenebrosa del seu marit al recordar l’agonia de la seva mort. L'Agnes veu que ha fet el que qualsevol pare desitjaria fer, canviar el patiment del seu fill pel seu, ocupar el seu lloc, oferir-se com a substituí del seu fill perquè el noi pugui viure.

    Tot això l'hi dirà, al seu marit, més tard, després que s'hagi acabat l'obra, després que s'hagi fet el silenci, després que els morts s'hagin aixecat d'un salt i hagin ocupat el seu lloc entre els actors arrenglerats al davant de l'escenari. Després que el seu marit i el noi, les mans agafades, hagin fet una reverencia rere l'altra, abaixant la cara enmig de la tempesta d'aplaudiments. Després que l'escenari hagi quedat desert i hagi deixat de ser una muralla, un cementiri, un castell. Després que ell l'hagi anat a buscar, obrint-se pas entre la multitud, el rostre encara ple de regalims de pasta blanca. Després que hagi agafat la mà de l'Agnes i l'hagi abraçat contra les sivelles i el cuir de l'armadura. Després que hagin estat junts enmig del cercle obert del teatre i el lloc hagi quedat buit com el cel que tenen al damunt.

    De moment, però, l'Agnes és a primera fila, al límit de l'escenari, agafada amb les dues mans a la vora de fusta. A un metre de distància, potser dos, hi ha el Hamlet, el seu Hamlet, tal com hauria pogut ser si hagués estat viu, i l'espectre, que té les mans del seu marit, la barba del seu marit i parla amb la veu del seu marit.

    L'Agnes allarga una mà com si volgués donar-los les gràcies, com si volgués tocar l’aire que els envolta a tots tres, com si volgués travessar la frontera que hi ha entre públic i actors, entre vida real i teatre.

    Just quan es disposa a sortir d'escena, l'espectre es gira cap a ella. Li clava els ulls, les seves mirades es troben i ell diu les seves ultimes paraules:

—Recorda'm.”

Hamnet
Maggie O'Farrell
traducció de Marc Rubió
l'alta editorial, 2021
pàgines 345-353

cuines literàries

 


Yorkshire pudding

    El Yorkshire pudding o púding de Yorkshire és un plat d'acompanyament anglès habitual, un púding al forn fet amb una massa d'ous, farina i llet o aigua. És un aliment versàtil que es pot servir de moltes maneres en funció de l'elecció dels ingredients, la mida del púding i els components del plat que l'acompanyen. Com a primer plat, es pot servir amb gravy (salsa de carn); per a un plat principal, es pot servir amb vedella i gravy, i forma part del Sunday roast (rostit del diumenge) tradicional, però també es pot omplir d'altres aliments, com ara bangers and mash (salsitxes amb puré de patates) per fer un àpat.

Ingredients:

½ cullerada de sal
150ml. D’aigua mineral
2 ous
350 ml. De llet
170 gr. De farina de blat
Nou de mantega o oli de girasol

Elaboració:

En un bol tamisem la farina per a quedi fina i sense grumolls, afegim els rovells i batem.
Incorporem els líquids: l'aigua i la llet barrejant a poc a poc fins que ens quedi una crema fina.
Deixem reposar unes dues hores a la nevera
Pre-escalfar el forn a 200°C
Untem els motlles amb abundant mantega.
Muntem les clares a punt de neu ben dura.
Ajuntem les clares a punt de neu amb el nostre batut que tenim reposant a la nevera, amb moviments envoltants i molta cura perquè no caigui.
Omplim les ¾ parts dels motlles i els fiquem al forn, estaran llestos quan els punxem i el escuradents surti sec.
En 25-30 minuts, hauran crescut i estaran daurats i cruixents.

01/12/2023

hamnet, fragment 3

 


    "Una feina per fer i la farà tota sola.

    Espera fins al vespre, fins que tothom ha marxat, fins que la major part de la gent se n'ha anat al llit.

    Tindrà l'aigua a la mà dreta i hi espargirà unes quantes gotetes d'oli. L'oli resistirà, es negarà a barrejar-se amb l'aigua i, en lloc d’això, es transformarà en uns cercles daurats a la superfície. L'Agnes hi submergirà el drap i l’escorrerà.

    Comença per la cara, per dalt. El Hamnet té un front ample i a primera línia els cabells li creixen drets. Últimament, havia començat a remullar-se'ls al matí, per intentar aplanar-se'ls, però se li rebel·laven. Ara l'Agnes els remulla però continuen sense fer cas, ni tan sols un cop morts. ¿Ho veus?, li diu, no pots canviar el que t'és donat, no pots modelar ni alterar el que et toca.

    Ell no contesta.

    L'Agnes es remulla les mans i després passa els dits entre els cabells del Hamnet; hi troba alguna brossa, un cardó, la fulla d'una prunera. Ho deixa tot a un costat, en un plat: vestigis del seu fill. Li pentina els cabells amb els dits fins que queden nets. ¿Te'n puc agafar un floc?, li pregunta. ¿Et faria res?

    Ell no contesta.

    L'Agnes agafa un ganivet, aquell que troba tan útil per buidar la grana de la fruita —l'hi va comprar a un gitano que es va tro-bar pel camí un dia—, i agafa un ble de cabells del clatell del Hamnet. El ganivet talla el floc fàcilment, tal com s'esperava. Sosté els cabells davant seu. Les puntes, descolorides pel sol de l'estiu, son d'un groc pàl·lid que es va enfosquint fins al to gairebé marró de les arrels. Els deixa amb compte al costat del plat.

    Li passa el drap pel front, pels ulls tancats, les galtes, els llavis, la ferida oberta de la cella. Li neteja l'espiral de les dues orelles, el tronc tou del coll. Si pogués, li xuclaria la febre del cos, l'hi faria desaparèixer de la pell. No li pot deixar posada la camisa de dormir o sigui que recorre amb el ganivet del gitano els dos braços i el pit, de dalt a baix.

    Quan està rentant-li suaument, molt suaument, les aixelles masegades, tumefactes, entra la Mary.

    
—He vist la llum —diu, amb veu esquerdada—. No podia dormir.

    L'Agnes li assenyala una cadira amb un moviment de cap. La Mary estava amb ella quan el Hamnet havia arribat al món; potser es pot quedar a veure com en marxa.

    L'espelma flameja a gran altura, de manera que il·lumina el sostre i deixa a les fosques els contorns de I ‘habitació. La Mary seu a la cadira; l'Agnes li veu la vora blanca de la camisa de dormir.

    Submergeix el drap a l'aigua, renta, el torna a submergir. Un moviment repetitiu. Ressegueix amb els dits la cicatriu del braç del Hamnet, de quan va caure d'una tanca a Hewlands, el nus frunzit de la mossegada d'un gos en una fira de la collita. Li nota, al tercer dit de la mà dreta, una durícia d'agafar la ploma. Té uns clotets a la pell de la panxa de quan, de petit, va tenir la varicel·la.

    Li renta les cames, els turmells, els peus. La Mary agafa el bol, canvia l'aigua. L'Agnes torna a rentar-li els peus i els hi eixuga.

    Les dues dones es miren un moment, i llavors la Mary recull el llençol plegat i n'agafa una punta amb cada mà. El llençol es desplega, s'obre com una flor enorme de pètals amplíssims, i l'Agnes es troba davant de la seva blancor buida i sorprenent. La resplendor és com la d'una estrella, inevitable, en aquesta habitació fosca.

    L'Agnes agafa el llençol. Se l'acosta a la cara. Fa olor de ginebrer, de cedre, de sabó. Té un tacte suau, acollidor, mal·leable.

    La Mary l'ajuda a aixecar les cames del Hamnet i després el tors, per fer passar el llençol per sota seu.

    Que n'és de dur embolcallar-lo. Que n'és de dur aixecar les puntes del llençol i tapar-lo, deixar-lo colgat en aquesta blancor. Que n'és de dur pensar, saber, que després d’això no tornarà a veure mai mes aquests braços, aquests nusos dels dits, aquests turmells, aquesta ungla del dit gros, aquesta durícia, aquesta cara.

    La primera vegada no es veu amb cor de tapar-lo. La segona vegada tampoc. Agafa el llençol, l’estén sobre el nen, l'enretira. Torna a estendre'l. El torna a enretirar. El nen jeu nu, rentat, al mig del llençol, les mans entrellaçades sobre el pit, la barbeta inclinada cap amunt, els ulls ben tancats.

    L'Agnes s'inclina sobre la fusta, respirant sorollosament, la tela entre les mans.

    La Mary l'observa. Allarga el braç per sobre del cos del nen i acaricia la mà de l'Agnes.

    L'Agnes mira el seu fill. Les costelles en forma de gàbia d'ocell, els dits entrellaçats, els ossos rodons dels genolls, la cara immòbil, els cabells color de blat, ara ja secs, drets sobre el front, com sempre. La presència física del Hamnet sempre ha sigut forta i rotunda, a diferencia de la de la Judith. L'Agnes sempre ha sabut si entra en una habitació, o si en surt: aquells passos inconfusibles, el cop d'aire, el soroll sord i pesant quan s'asseu en una cadira. I ara ha d'abandonar aquest cos, entregar-lo a la terra per no tornar-lo a veure mai mes.

—No puc —diu.

    La Mary li agafa el llençol. El desplega cap a un costat, sobre les cames del Hamnet, i després cap a l'altre, sobre el pit. Ho fa amb tanta traça que, d'alguna manera, l'Agnes s'adona que la seva sogra això ja ho ha fet alguna vegada, moltes vegades.

    Després, juntes, allarguen els braços cap a les bigues. L'Agnes tria una mica de ruda, consolda i camamilla. Agafa espígol i farigola, un grapat de romaní. Pensaments de camp no, perquè al Hamnet no li agradava l'olor que fan. Ni angèlica, perquè ara ja és massa tard i no ha servit de res, no ha complert la seva missió, no ha salvat el Hamnet, no ha aturat la febre. Ni valeriana, per la mateixa raó. Ni card lleter, perquè les fulles son tan punxegudes i esmolades que podrien foradar-li la pell i fer-li vessar gotes de sang.

    L'Agnes posa les plantes assecades dins del llençol, a tocar del cos del Hamnet, perquè li murmurin el seu consol.

    Després ve l'agulla. L'Agnes l'enfila amb un fil gruixut. Comença des dels peus.

    La punta es punxeguda; travessa la tela i llisca fins a l'altre costat. L'Agnes fixa els ulls en la feina, en la unió de les dues parts del llençol, per fer una mortalla. És una marinera que cus una vela, que aparella la barca que dura el seu fill a l'altre món.

    Ha arribat a mitja cama quan hi ha alguna cosa que li fa aixecar el cap. Hi ha una figura al peu de l'escala. El cor de l'Agnes s'estreny com un puny, gairebé deixa anar un crit: ja ets aquí, has tornat, però llavors veu que, de fet, es la Judith. La mateixa cara, només que aquesta està viva, desencaixada, tremolosa.

    La Mary s'aixeca de cop de la cadira i li diu: torna-te'n al llit, ara mateix, vinga, has de dormir, però l'Agnes intervé: no, deixeu que es quedi.

    Amb molt de compte, l'Agnes deixa l’agulla, perquè ha de vigilar de no punxar el Hamnet, ni tan sols ara, i obre els braços. La Judith s'allunya de l'escala, entra a l'habitació, es llança sobre la seva mare i amaga la cara en el seu davantal, mentre diu alguna cosa d'uns gatets, i una altra cosa d'una malaltia, de canviar-se el lloc, de que es culpa seva, i llavors els sanglots la fan trontollar, com una ventada que sacseja un arbre.

    L'Agnes li diu: no es culpa teva. No es culpa de ningú. La febre ha vingut a buscar-lo i no hi hem pogut fer res. Hem d'afrontar-ho tan bé com puguem. I després afegeix: ¿el vols veure?

    La Mary desplega el llençol de manera que la cara del Hamnet quedi al descobert. La Judith es posa al seu costat, la mirada baixa, retorçant-se les mans a mitja altura. La seva expressió fluctua entre la incredulitat, la timidesa, la compassió i la pena.

—Oh —diu, agafant aire—. ¿Es ell de veritat?

    L'Agnes, dreta al seu costat, fa que sí amb el cap.

—No sembla que sigui ell.

    L'Agnes torna a fe que sí amb el cap.

—És que se n'ha anat.

—¿On se n'ha anat?

—A... —fa una respiració profunda, gairebé serena— a... al cel. I el seu cos ha quedat enrere. Ens n'hem d'ocupar tan bé com puguem.

    La Judith allarga una mà i toca la galta del seu germà bessó. Unes llàgrimes li rodolen per la cara com si es perseguissin. Sempre ha vessat llàgrimes enormes, com perles pesants, incompatibles amb la lleugeresa del seu cos. Fa que no amb el cap, fort, un parell de vegades. Llavors diu:

—¿No tornarà mai?

    I l'Agnes es troba que ho pot afrontar tot, excepte el dolor de la seva filla. Pot afrontar la separació, les malalties, els cops, els parts, les privacions, la gana, la injustícia, l’aïllament, però això no: la seva filla mirant el seu germà bessó mort. La seva filla sanglotant pel seu germà perdut. La seva filla turmentada per la pena.

    Per primera vegada, a l'Agnes li arriben les llàgrimes. Li neguen els ulls sense avís previ, li entelen la visió, li broten a raig i li regalimen per la cara i el coll, li deixen el davantal xop, li corren entre la roba i la pell. Sembla que li surtin no només dels ulls sinó de tots els porus del cos. Tot el seu ésser batega afligit pel seu fill, per les seves filles, pel seu marit absent, per tots ells, quan diu:

—No, amor meu, no tornarà mai."
Hamnet
Maggie O'Farrell
traducció de Marc Rubió
l'alta editorial, 2021
pàgines 258-263

30/11/2023

hamnet, fragment 2

 


 




    "En aquella contrada s'explicava una historia sobre una noia que vivia al llindar d'un bosc.

    La gent es deia aquestes paraules: ¿heu sentit parlar mai de la noia que vivia al llindar d'un bosc?, mentre a la nit seien a la vora del foc, mentre pastaven la massa del pa, mentre cardaven la llana. Aquestes histories, evidentment, servien perqué la nit passés mes de pressa, per apaivagar un nen díscol, per distreure els altres de les seves cabòries.

    Al llindar d'un bosc, una noia.

    En aquest principi hi ha una promesa amagada, de narrador a oient, com si t'entaforessin una nota a la butxaca, un senyal que está a punt de passar alguna cosa. Qualsevol persona que hi hagués a prop, girava el cap i parava l'orella, i ja es feia una imatge de la noia, potser obrint-se camí entre els arbres, o dreta al costat de la paret verda d'un bosc.

    I quin bosc era. Esponerós, dens, farcit d'heura i esbarzers, els arbres tan atapéïts que hi havia zones, es deia, on no hi to-cava mai el sol. No era un lloc per perdre-s'hi, dones. Hi havia camins que feien volta i tornaven sobre ells mateixos, camins que desviaven el viatger de la seva ruta, del seu objectiu. Brises que s'aixecaven del no res. Certes clarianes on podies sentir-hi música, o sospirs, o murmuris del teu nom que deien: «Aquí, vine aquí, agafa aquest camí».

    Als nens que vivien a prop del bosc se'ls ensenyava des del bressol a no aventurar-s'hi mai sols. A les donzelles se les comminava a no anar-hi, se les alertava del que es podien trobar rondant per aquelles profunditats verdes i laberíntiques. Allá hi havia criatures que semblaven humans —bosquetans, en de­ien—, que caminaven i parlaven, pero que no havien posat mai els peus fora del bosc; havien viscut tota la vida enmig d'aquella llum ombrívola, enmig d'aquell fullatge, d'aquell interior humit i espès. Es deia que un gos de caça, una bestia meravellosa, amb els costats llustrosos i els ullals espurnejants, s'havia endinsat entre els arbustos a l'encalç d'un cérvol i no l'havien tornat a veure. El gos va seguir el blanc centelleig de l'animal i el bosc el va engolir per no alliberar-lo mai mes.

    La gent que havia de travessar el bosc es parava abans per resar; hi havia un altar, una creu, on podies aturar-te i posar el teu destí en mans del Senyor, esperar que t'hagués escoltat. confiar que vetllaria per tu, que no deixaria que el teu camí es creués amb el dels bosquetans o els esperits del bosc, amb les criatures de les fulles. La creu va quedar colgada, escanyada. deien alguns, per la madeixa tibant d'una heura. Altres viatgers encomanaven la seva fe a poders mes foscos: tot al voltant del bosc hi havia llocs sagrats on la gent lligava retalls de roba en una branca, deixava gerres de cervesa, barres de pa, llardons engrunats, enfilalls de granadura brillant, amb l'esperança que els esperits deis arbres s'aplacarien i els deixarien passar sans i estalvis fins a l'altra banda del bosc.

    I resulta que en una casa que hi havia just al llindar del bosc hi habitaven la noia i el seu germà petit. Des de les finestres de darrere es veien els arbres, amb les capçades que es balancejaven incansables els dies de vent, amb els punys nus i cargolats que tremolaven a l'hivern. La noia i el seu germà havien nascut en contacte amb la força del bosc i el seu poder d'atracció.

    La gent que feia molt de temps que vivia al poble creía que la mare de la noia provenia d'aquell bosc. Ningú sabia exactament d'on. Potser era una bosquetana que s'havia perdut, que s'havia separat dels de la seva especie, o potser era alguna altra cosa.

    Ningú ho sabia. La historia deia que un dia s'havia obert pas entre els esbarzers i havia sortit d'aquell món verd i penombrós, i des de llavors el pagès, que resulta que era allá dret, vigilant les ovelles, no havia pogut deixar de mirar-la. Li va treure les fulles dels cabells i els cargols de les faldilles. Li va espolsar els branquillons i la molsa enganxats a les mànigues, li va rentar el fang dels peus. La va acollir a casa seva, la va alimentar, la va vestir, s'hi va casar i, no gaire temps després, va néixer una nena"

Hamnet
Maggie O'Farrell
traducció de Marc Rubió
l'alta editorial, 2021
pàgines 53-55