16/08/2022

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El Gobierno y las comunidades acuerdan que para 2026 ningún niño tutelado menor de seis años viva en centros

Un plan para proteger a las niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual prevé mayor formación para los profesionales y crear servicios especializados para ellas.

Por María Sosa Troya
El País
05/05/2022

"Dentro de cuatro años no podrá haber ningún menor de seis años tutelado que viva en un centro de acogida. Esta es una de las medidas que recoge el plan de acción contra la explotación sexual de menores tutelados por la Administración, que los ministerios de Igualdad y de Derechos Sociales y las comunidades autónomas han aprobado este jueves por unanimidad. Para ello, se potenciará el acogimiento familiar, haciendo uso de fondos europeos.

El objetivo es que antes de 2031, ninguna niña o niño por debajo de los 10 años viva en centros residenciales. Los menores en el sistema de protección son especialmente vulnerables a la explotación sexual, sobre todo niñas y adolescentes, y, por ello, se prevé impartir formación especializada a los profesionales de los más de 1.300 centros del país, y elaborar una única guía de actuación, común a todas las administraciones, así como la creación de servicios de atención y recuperación integral para las víctimas de esta violencia, mediante la colaboración con organizaciones que ya trabajan sobre el terreno, a través de un plan de inserción que impulsa Igualdad.

Nacho Álvarez, secretario de Estado de Derechos Sociales, se ha referido a la explotación sexual como una “amenaza latente” para muchas menores en los centros de acogida. Así lo constató Unicef en un estudio de 2017 en el que detectó casos en siete de nueve comunidades analizadas. En el plan se recoge que “son un blanco de preferencia para los abusadores, proxenetas y explotadores sexuales” por su vulnerabilidad, psicológica y económica. La detección temprana es un desafío, y cambiar el modelo también lo es. En 2020 había 16.991 menores viviendo en centros, el 47% de todos los tutelados.

Acogimiento familiar

La conferencia sectorial celebrada este jueves se ha comprometido a dar “un gran impulso a un nuevo modelo”, para que sea “fundamentalmente el acogimiento familiar el instrumento que preferentemente se use”, ha añadido Álvarez. Para ello se utilizarán fondos europeos durante los próximos años. Por un lado, a través del Fondo Social Europeo +, concretamente de la garantía infantil (que tiene el fin de luchar contra la exclusión social de los menores), y por otro, del Plan de Recuperación y Resiliencia, a través del cual ya se ha repartido financiación a las comunidades autónomas y el ministerio financia proyectos piloto. “De forma que vayamos garantizando que poco a poco el modelo residencial se utilice el tiempo indispensable, el menor tiempo posible”, ha explicado Álvarez.

Pese a que la ley ya establece que no debe haber menores de seis años en residencias, en 2020 había 1.177. El objetivo es acabar con esta situación antes de 2026. Y se extiende a los menores de 10 años antes de 2031 (en 2020 había 3.088 niños de cero a diez años en los centros).

El plan enfatiza que la explotación sexual no es un hecho aislado en alguna comunidad autónoma, “sino que está latente en el conjunto del sistema de protección español, habiéndose reportado y reconocido casos en toda Europa”. La secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez, ha destacado que “el acuerdo es una buenísima noticia para este país, dados los tiempos que corren, en los que se cuestiona permanentemente la violencia de género”. Y ha añadido: “Sigue habiendo acuerdo institucional en la lucha contra la violencia contra las mujeres”.

No existen datos concretos sobre la violencia sexual que sufre la infancia en el sistema de protección. A menudo, permanece escondida. El tratamiento psicológico y psicosocial de los menores tutelados, con enfoque de género, tiene que ser “una parte esencial en el modelo de intervención”, se especifica en el documento, y actualmente “no es homogéneo ni está garantizada una base mínima común; depende del territorio e incluso del recurso en el que viva”. El plan pretende mejorar la atención a las víctimas y reforzar estructuralmente el sistema para prevenir este tipo de violencia en el futuro.

Por ello, se contempla un paquete de medidas de “implementación inmediata” y otro “a medio y largo plazo”, más estructurales. Entre las primeras, la creación de servicios especializados de atención y recuperación integral para niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual. Se enmarca en el plan de inserción social y laboral para mujeres y niñas víctimas de trata, de explotación sexual y para mujeres en situación de prostitución del Ministerio de Igualdad, que prevé una inversión global de “más de 100 millones de euros” entre este año y el que viene, ha explicado Rodríguez. Entre las medidas que se pondrán en marcha, y “mientras no se consolidan como parte de la Administración pública”, han previsto que las entidades que trabajan con trata y explotación sexual puedan crear estos recursos específicos. Se prevé que estén listos en el primer semestre de este año.

Detección temprana

También es una medida a corto plazo la formación especializada en prevención y detección de explotación sexual de todos los trabajadores de los centros de protección, que será financiada por el Ministerio de Igualdad, en formato digital, y la elaboración de un protocolo armonizado para prevenir, detectar precozmente e intervenir ante casos de violencia en los centros, como prevé la ley de protección de la infancia aprobada el año pasado. Este debe ir acompañado de una guía común de actuación ante casos de explotación sexual, que incluirá un catálogo de indicios e indicadores para la detección temprana, pautas concretas sobre notificación y derivación de casos y un procedimiento de intervención coordinada [entre instituciones].

Pero además, también se contemplan medidas estructurales, destinadas al incremento de los cuidados en la comunidad y a la desinstitucionalización de niños y niñas y a mejorar la atención de la infancia en el sistema de protección, así como los sistemas de información. La violencia contra la infancia, y concretamente la violencia sexual, están infrarrepresentadas en los registros, “al ser una realidad invisible es difícil determinar la magnitud del problema” y, por tanto, diseñar intervenciones adecuadas. El Ministerio de Derechos Sociales está trabajando en una estrategia de desinstitucionalización que incluirá el incremento del acogimiento familiar y que los centros que existan sean recursos pequeños, flexibles y que permitan un seguimiento personalizado. El tamaño de los recursos, se especifica en el plan, impacta en el desarrollo.

Si bien hay una media de 15 plazas por centro, existe gran variedad entre comunidades (hay cinco de ellas por encima de esta media, en Murcia es de 28). Antes de 2031 el número medio debe ser de 15 en todas las autonomías. Los de más de 30 se transformarán progresivamente, cerrándose o sectorizándose, en ellos “se complica la generación de un clima de protección e inclusión que permita identificar las situaciones de riesgo”.

Además, en el texto se especifican varios proyectos piloto financiados por Derechos Sociales, como el que testea el acogimiento familiar de dedicación exclusiva (con una compensación económica porque los pequeños requieren de todo el tiempo de atención), o sobre modelos de intervención en servicios sociales de base para reducir las declaraciones de desamparo (lo que hace que un menor pase a estar tutelado por la Administración).

También se actualizarán los criterios de calidad que deben cumplir los centros residenciales (que incluirá el refuerzo de los mecanismos de inspección, control y denuncia), así como el protocolo en los casos de traslados, para identificar plazas libres, en concreto las especializadas, y que los movimientos de niños y niñas con especial vulnerabilidad sean rápidos. Por otro lado, se establecerá un sistema de monitoreo de la calidad de la transición hacia la vida adulta de los menores tutelados, porque a día de hoy “es imposible saber cuál es el impacto de la protección” que se les da. Se desconoce la prevalencia de personas sin hogar, ni cuántos han logrado estudios superiores.

Radiografía de los centros

El documento hace una radiografía del actual sistema de protección. En España hay 35.883 menores tutelados, de los cuales 16.991 viven en centros. De ellos, un tercio son niñas y un 6% tiene alguna discapacidad. La ley establece que el acogimiento familiar debe priorizarse, sin embargo, el porcentaje de menores en centros ha subido desde 2014. Entonces eran un 41,5%, y ahora son el 47,3% Algo en lo que ha influido, según se lee en el documento aprobado este jueves, el aumento a partir de 2017 en las llegadas de niños y adolescentes que migraron solos a España, la mayoría entre los 15 y los 17 años, un grupo no priorizado en los programas de acogimiento familiar.

En cinco autonomías se supera el promedio del país. En Aragón se llega al 69% de menores tutelados en centros, solo superada por Ceuta y Melilla, con un 89% y un 95%, respectivamente. Hay 33 puntos de diferencia con Murcia (36%). Si bien el 63% de los centros son hogares de protección con un tamaño pequeño, un 17% de los recursos tienen de 17 a 30 plazas y un 6% (64 centros) exceden las 30 plazas.

En 2020, la mayoría de menores en acogimiento residencial tenían entre 15 y 17 años (56% del total). De quienes causaron baja de un centro, el 47,7% lo hicieron porque cumplieron la mayoría de edad, frente al apenas 8,8% que salió en régimen de acogimiento familiar. Hay menores que pasan buena parte de su infancia en un centro."

15/08/2022

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El Gobierno trabaja con las comunidades en un plan “urgente” contra la explotación sexual de menores tuteladas

Derechos Sociales e Igualdad, preocupados por los casos conocidos en los últimos meses, quieren tener listo el acuerdo con las autonomías en un mes: prevén más formación para los profesionales y una guía de actuación.

por María Sosa Troya
El País
04/02/2022

"El Gobierno y las comunidades autónomas preparan un plan de choque contra la explotación sexual de menores tuteladas que el Ejecutivo considera “urgente”. Se prevé trabajarlo durante las próximas semanas y la idea es que pueda estar listo en un mes, con medidas como el aumento de la formación en la detección precoz por parte de los profesionales que trabajan con los niños y adolescentes tutelados por la Administración, una guía con instrucciones claras sobre cómo actuar y un plan de inserción para las víctimas. Así lo ha explicado este viernes la secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez, quien ha reconocido la preocupación por la “situación de extrema gravedad” ante los casos de abusos conocidos en los últimos meses. El secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, ha afirmado que este “es un problema común que no solo afecta a una o a dos comunidades autónomas”. “No podemos mirar para otro lado”, han recalcado ambos.

Álvarez y Rodríguez han mantenido este viernes una primera reunión con representantes de las autonomías, de la Federación Española de Municipios y Provincias y de otros ocho ministerios, como el de Justicia y el de Sanidad. El objetivo es que los trabajos continúen hasta que una conferencia sectorial apruebe el plan de choque. La ley de protección de la infancia frente a la violencia, aprobada el año pasado, ya exige un plan específico para luchar contra la explotación sexual en los centros de menores, y en noviembre las autonomías acordaron con Derechos Sociales que en el primer cuatrimestre de este año se aprobarían los criterios comunes que debían cumplir dichos protocolos.

Ahora, los departamentos que dirigen Ione Belarra e Irene Montero quieren reforzar la cooperación con las autonomías, competentes en la materia, ante un problema que, según los expertos en protección a la infancia, va mucho más allá de los casos de abusos que han trascendido en Madrid, la Comunidad Valenciana y Baleares. Desde hace años advierten de la vulnerabilidad de los menores tutelados y de las carencias del sistema. Un informe de Unicef alertaba en 2017 de que había casos de explotación sexual en siete de las nueve comunidades autónomas que estudió. No precisaba cuáles eran, pero ponía de manifiesto la dimensión del problema. En la reunión de este viernes, el Consell de Mallorca ha propuesto, de hecho, la creación de una comisión de expertos independientes en el ámbito estatal para abordar y dimensionar el problema.

Enfoque feminista

La secretaria de Estado de Igualdad ha enfatizado que la explotación sexual es una forma de violencia machista. “Este debe ser un plan de choque urgente con medidas específicas que tengan que ver con la lucha contra las violencias sexuales y, de manera particular, la explotación sexual”, ha afirmado. Rodríguez ha indicado que por ello, el enfoque feminista y de protección a la infancia deben confluir y ha avanzado tres medidas que deben ser el “punto de partida”. En primer lugar, “formación específica” para los profesionales del sistema de protección a la infancia en la detección precoz de la explotación sexual y de cualquier forma de violencia contra las mujeres, algo de lo que, según ha dicho, se encargará el ministerio. Ha recalcado que es preciso mejorar en el conocimiento de cuáles son las víctimas y los contextos que permiten que se siga reproduciendo esta violencia.

En segundo lugar, el Ejecutivo propone una guía de actuaciones. Pese a que ya existan “muchos” protocolos, otros deben seguir trabajándose y el Gobierno considera necesario dar “instrucciones más claras” sobre las pautas de derivación y los recursos a los que deben acudir estas niñas y adolescentes, ha explicado Rodríguez. “Sobre todo, cómo podemos ayudarlas a salir de esta situación de violencia y que se recuperen como víctimas que son”, ha añadido. Por último, Igualdad incluirá a las niñas y adolescentes tuteladas que sean víctimas de explotación sexual en el plan de inserción social y laboral que pondrá en marcha este año para mujeres en contextos de prostitución, explotación sexual y trata. En el caso de las menores, será “de inserción social y educativo”. Ya están trabajando con entidades como Médicos del Mundo.

Este plan estará en coordinación con otras actuaciones ya emprendidas por el Ministerio de Derechos Sociales. El secretario de Estado ha detallado que su departamento ya trabaja en el sistema de protección de los menores. Destinará, en el marco del plan europeo de recuperación, transformación y resiliencia, “más de 200 millones de euros” entre 2021 y 2023 en actuaciones de materia de infancia, fundamentalmente en una estrategia de “desinstitucionalización”, que permita “avanzar hacia un sistema donde se prime la acogida familiar de los menores, que haga que sea mínimo” el número de niños que resida en centros residenciales, algo que vela en mayor medida por el interés superior del menor. Según ha dicho, es un instrumento “valioso para velar por el interés superior del menor y evitar esa situación de vulnerabilidad que en ocasiones concurre” en los centros."

14/08/2022

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“Hay prostitución de menores tuteladas en toda España”

Los expertos creen que el caso de los centros de acogida de Mallorca se da en otras comunidades y el sistema está superado por el aumento de niños, de extranjeros y un modelo anticuado.

por Íñigo Domínguez
El País
26/02/2020

"En Nochebuena, una chica de 13 años, acogida en un centro de menores de Palma, fue víctima de una violación en la que están implicados seis adolescentes y un joven de 19 años. ¿Cuánta es la soledad de una niña para escaparse en Navidad hacia ningún sitio, a la calle? El atestado del caso que ha conmocionado a Baleares, 114 páginas, relata que pidió a su psicóloga que la acompañara a una cita con una amiga, y al llegar allí huyó. Acabó en un bar, que el pasado viernes estaba iluminado con luces azules de neón, donde uno no entraría ni loco, y menos en Nochebuena. Ahí ya le ofrecieron dinero por mantener relaciones, según su testimonio, y empezó su pesadilla, que acabó en un piso del llamado barrio de Corea. “Una menor que ha sido víctima de abusos o violencia, como muchas de ellas, no ve las señales de riesgo, se deja llevar por la parte afectiva, por alguien que les hace caso, es su punto débil. Se puede pensar que por todo lo que han vivido, en ambientes difíciles, son más listas, pero no, son más frágiles”, explica Noemí Pereda, especialista en violencia infantil de la Universidad de Barcelona.

El suceso ha destapado un escándalo de niñas que son prostituidas y sufren explotación sexual, a veces arrastradas por otros compañeros, y un asunto mayor: los problemas del sistema de tutela de menores, un servicio público esencial muy desconocido donde se hace un trabajo muy difícil. Los educadores de Mallorca están dolidos por cómo se ha desdeñado su labor, en estos pisos con ocho niños de media donde hacen lo posible para que se parezcan a un hogar. Lamentan sobre todo el impacto que ha tenido en los chicos. “Estos días a las niñas de los centros en el colegio les decían: ¿eres puta? ¿cuánto cobras?”, cuenta Joan Ferrer, coordinador de los centros concertados de las islas.

El Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS), centro de la polémica, ha revelado que le constan 16 casos de explotación sexual de menores de sus centros en los últimos años, algunos de ellos previos a su ingreso. Lo ha hecho obligado, pero la pregunta es cuántos habrá en el resto de España. Ninguna comunidad autónoma hace públicos los suyos. Pero los pocos datos que hay son preocupantes. Un informe de Unicef, con más de 300 entrevistas a responsables, educadores y menores, alertaba en 2017 de que había casos de explotación sexual en centros de siete de las nueve comunidades autónomas que estudió. No dijo cuáles. Y advertía: “En algunos casos podría haber indicios de que son captados por redes de trata de seres humanos, que además les utilizan para conseguir contactar con otros menores del centro”.

Pereda hizo un estudio en 2016 en centros de Cataluña y se llevó una sorpresa: muchos seguían sufriendo violencia y abusos aunque vivieran en un centro, cuando salían o iban de visita a sus entornos originarios. Un 9,5% continuaba siendo víctima de abusos sexuales y un 26%, de maltrato físico. “No se trabaja nada con la familia de origen, cuando en teoría el objetivo es que vuelvan allí”, apunta.

Parece que era un asunto destinado a estallar un día. “Mallorca no es de los sitios que peor están, ni muchísimo menos. La prensa ha sido irresponsable y la bronca política no ayuda. Esto está pasando en toda España, pero no ha salido a la luz”, asegura Pepa Horno, una de las principales expertas en protección de infancia en España, que vive en Palma. Lo piensan todos los especialistas consultados, que señalan de entrada un problema de datos y transparencia. "Sabemos de casos de redes en Murcia, en Sevilla, en Castellón, en Las Palmas o en Madrid", advirtió el Defensor del Menor de Baleares, Serafí Carballo, en una comparecencia la semana pasada. El Gobierno balear de PSOE y Unidas Podemos ha rechazado una comisión de investigación, la polémica ha saltado a Madrid y ante las críticas, el ministro de Derechos Sociales, Pablo Iglesias, también apuntó este martes en el Senado que no es un caso único: "Estos casos también se producen en otras comunidades y no quiero pensar ni por un instante que cuando se han producido en Madrid, Euskadi y Canarias esto deja de formar parte de sus preocupaciones". Adelantó que la nueva ley de protección de la infancia prevé protocolos de prevención en los centros de menores, con planes de prevención y detección precoz de casos de trata.

“Es un tema muy desconocido y nadie quiere sacar cifras”, opina Jorge Fernández del Valle, otro de los expertos de referencia reconocidos. Cree que, con todo, en Mallorca han confluido especiales factores de riesgo, porque es una sociedad compleja con elevados índices de delincuencia juvenil y mucho turismo. Iba a dirigir una comisión de expertos en la isla para abordar la cuestión, pero ha renunciado este lunes por el enfrentamiento político.

Pepa Horno hizo el estudio para Unicef y es consultora especializada. La llaman para mejorar los centros, ha auditado 91 de todo el país. Enumera sus principales problemas. “La formación es penosa”, dice para empezar. Ninguna especialización en maltrato infantil ni psicología del trauma, “sino modelos superados de refuerzo del castigo”. “Hay que actualizar el modelo, basarlo en crear un vínculo, un afecto”, insiste. Es más fácil de decir que de hacer. Las condiciones laborales de los educadores a menudo no son buenas, no duran mucho y eso impide establecer referentes adultos sólidos para los chicos. Lo normal es cobrar 1.200 euros. “Es una profesión dura. Hay una calidad humana enorme, pero ven tanto dolor que si no se les cuida acaban alejándose. El primer año te comes el mundo, a los cinco te hundes. Por eso casi todos son muy jóvenes, llegan directos de la facultad”, dice Horno. Por otra parte, el bar donde recaló la menor violada e intentaron que se prostituyera está a solo cinco minutos del piso donde vivía, a veces ya solo la simple localización de estos hogares no es la más idónea.

Cristina Junquera, responsable de Incidencia Política de Unicef, cree que la ley de infancia de 2015 es buena, pero se ha visto superada por la realidad y debe adaptarse. “Ha habido un gran incremento de menores tutelados”, cita como principal factor. Los últimos datos del Observatorio de la Infancia, recién publicados en enero, son de 2018: en España hay 1.104 centros de menores, solo 216 públicos, el resto concertados. Acogen a 21.283 menores, la mayoría chicos, 15.437. Pero es que en 2014 eran 13.563. El número de extranjeros también se ha disparado de 2.974 en 2016 a 10.359 en 2018. Por primera vez son más que los españoles, el 55%. De estos, 9.506 son menores no acompañados. El sistema se está desbordando y se pierde el control. Los expertos indican a País Vasco y Asturias como las comunidades con los mejores centros.

Catalina Perazzo, de Save the Children, destaca otro aspecto de la ley de 2015 y la política europea: que se debe priorizar la acogida familiar, pero también eso es más fácil de decir que de hacer. “Un niño me dijo una vez: me han dicho que mi tutor es la Comunidad de Madrid. ¿Qué es eso?”. Es otra carencia básica: España es el país de la UE con más menores en centros. Por primera vez, en 2018 los menores en centros superaron a los alojados en hogares.

Debe sumarse otro reciente revulsivo, el impacto de los móviles, que agilizan las relaciones, también las peligrosas. Antes era más difícil entrar en contacto con menores. En Palma se ha impuesto la idea de que la prostitución infantil era un secreto a voces, aunque más bien parece que era uno que a nadie le interesaba demasiado. Todo el mundo indica la plaza de España y la estación de autobuses como lugares críticos, basta acercarse para ver el panorama. Grupos de menores y adultos que merodean, el ambiente al atardecer es extraño. Los educadores consultados opinan que no es que haya mafias, sino más bien redes locales de gente que busca a estos niños, porque son los más vulnerables. “Tienen más riesgo, por lo que han vivido y por los circuitos en los que a veces se mueven”, apunta Fernández del Valle. Los pisos de menores no son cárceles y tienen su autonomía, como cualquier chico de su edad. La primera señal de alarma es cuando ellas desaparecen unas horas, saltándose las normas, y vuelven con móviles nuevos o ropa cara. Y con algo que les han dicho: que lleven más amigas.

“Yo en 2005 era director de un centro y ya pasaba, fugas siempre ha habido. Denunciabas pero la policía no podía hacer más que traerlas a casa. Se quejaban: ‘Hacemos de taxistas’, pero es que más no podían hacer”, cuenta Marc Tur, que fue director de la Oficina del Menor balear de 2015 a 2016. Cree que el modelo tiene que cambiar, para conocer el ocio y el tiempo libre de los menores. “Desde 2015 ya sabemos que las fugas son un factor de mucho riesgo y empezamos a contabilizarlo. Ya había un conocimiento del problema. Se han tomado medidas, pero no ha sido suficiente. Ahora todo ha estallado. Hemos fallado todos”. Su sucesor, ahora en el cargo, Serafí Carballo, ha informado de que en febrero de 2017 se registraban 115 fugas al mes, pero que el trabajo realizado hace que este mes de enero hayan sido 11. Carballo ha admitido que en las reuniones con policía y Fiscalía todos se veían impotentes. Ahora se culpan unos a otros.

Para Pepa Horno, el factor pendiente más decisivo es trabajar en el trauma de cada niño. “El trabajo terapéutico es restaurar un jarrón de porcelana roto en mil pedazos”, resume Tur. Los traumas, por ejemplo, causan daños cerebrales que afectan a la atención y la memoria. “El éxito escolar es muy bajo, les cuesta mucho concentrarse, pocos llegan a la universidad”, admite Ferrer. Ahora bien, por una historia de fracaso que aparece en los medios, hay muchas otras de chicos que salen adelante, rehacen su vida. “Hay mucha gente tratando de romper esa cadena: naces en una familia que te hace daño, el centro no te ayuda y acabas haciendo daño a otros o a ti mismo”, defiende Horno. A los servicios de protección llegan hijos de personas que a su vez estuvieron bajo protección, parece una condena.

La otra mitad de las estadísticas son casi 20.000 familias que acogen menores, que nunca salen en los medios, y muchas historias que acaban bien. Felipe Nóvez, de 43 años, acabó en un centro de menores, en Palma, de los 11 a los 18 años: “Gracias a los educadores conseguí salir del mundo en el que vivía. Si no, habría acabado como los demás, en el cementerio o en el gran hotel, ya sabes”. Ahora está casado, con dos hijas, y tiene un trabajo. “Seguimos en contacto, los quiero como a hermanos”."

13/08/2022

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La realidad de las familias de acogida

Poco conocido, el acogimiento abre la posibilidad de tener una familia, de forma permanente o temporal, a los niños que viven en instituciones. En España unos 13.000 menores que, por distintas circunstancias, no pueden vivir con su familia biológica, están internados en distintos centros.

por Sonia Ballesteros
SER
03/04/2018



"Rocío y Jesús han formado una familia numerosa y atípica. Su hija mayor, Verónica, llegó a sus vidas cuando tenía poco más de un año a través de la acogida permanente. Luego nació Marcos, su hijo biológico, y hace unos meses se incorporó a la familia Pedro, que tiene dos años y lleva varios meses con ellos en acogida temporal. Rocío Tovar, que es asistenta social, está convencida de que “para un niño crecer en un centro, en una institución, es lo peor” y por eso se embarcó en esta historia. Hay que recordar, nos dice, que en España, en estos momentos, hay más de 13.000 niños viviendo en distintas instituciones. El desconocimiento, lo poco que se sabe de este proceso, es, en muchas ocasiones, la razón de que esos pequeños no encuentren la familia que necesitan.

Lo primero que hay que saber es la diferencia entre el acogimiento permanente y el temporal. Rocío, que vive las dos situaciones en primera persona, nos cuenta que en el caso de Verónica, el acogimiento permanente es como una adopción con la única diferencia de que ella mantiene relación con su familia biológica. A todos los efectos nosotros somos sus padres y esta situación se mantendrá así para siempre. En este caso fue la Comunidad de Madrid quien decidió que la niña no podía vivir con sus padres biológicos ni con otros familiares cercanos y decretó para ella un acogimiento permanente. En el caso de Pedro, que es su hijo pequeño, se trata de una acogida temporal porque su madre no puede hacerse cargo de él puntualmente. La situación, nos cuenta Rocío, es la de una mujer, que no tiene quien la ayude, con dos hijos, uno de ellos muy enfermo ingresado en un hospital durante un tiempo indefinido. Esa es la razón de que Pedro haya llegado a su casa aunque tenga una madre que le quiere y que no ha renunciado a él. Cuando esa situación cambie el niño volverá con su familia, lo sabemos desde el primer día, y es más, cuando eso suceda nos alegraremos de que Pedro pueda recuperar su vida. Y es que el objetivo final del acogimiento es facilitar el retorno del menor a su familia biológica.

La acogida de urgencia

Paula y Martín empezaron hace seis años como familia de acogida. Él sufrió un infarto y tras su recuperación decidieron que era el momento de hacer algo especial, de dar un cambio, de añadir algo a su vida. Y se convirtieron en acogedores “de urgencia”. Es decir, les pueden llamar en cualquier momento para recoger a un bebé que está en una situación de riesgo. Ya son siete los pequeños que han pasado por su casa. Hoy Paula me abre la puerta con una niña en los brazos y me cuenta que “es una beba, de madre nigeriana, que llegó con tres días, tiene alguna dificultad motora y pasamos muchos tiempo en El Niño Jesús”. Y es que este tipo de acogida requiere de total disponibilidad porque los pequeños necesitan mucha atención. A veces, explica paula, “llegan con el síndrome de abstinencia, es como abrazar al dolor, pero consigues devolverlos a la vida. Todos salen adelante. Se trata, nos sigue contando, de una experiencia de mucha intensidad que te deja conmovido y agotado.

El equilibrio emocional es otro de los factores necesarios para poder acoger a uno de estos niños que necesita una familia durante un tiempo hasta que pueda volver con la suya biológica o con los padres de adopción que la administración considere más apropiados. “Hay que creer mucho en la labor que haces. Además es complejo porque empleas tus emociones, con cada uno de los pequeños te das al cien por cien sabiendo que un día saldrá de tu vida. Con cada partida se te rompe el corazón pero te queda la sensación de haber formado parte de su vida y eso es lo importante”. Son las reflexiones de Paula antes de enseñarnos el mural donde tiene las fotos de todos sus niños. Mira, me dice, la primera fue Lucía que está aquí con su familia definitiva luego llego Rafita y después Jessica que también esta con sus padres definitivos, luego Dani, Nízar…

Cómo ser familia de acogida

¿Qué requisitos ha de superar una familia para llevar a cabo el acogimiento? "Sencillas entrevistas con psicólogos y superar el periodo de prueba con el niño asignado. El tiempo de espera depende de las necesidades que se presenten. Los niños con discapacidades son los menos solicitados y en estos casos la lista de familias dispuesta a acoger se reduce considerablemente. Pueden acceder a la acogida todo tipo de familias: heterosexuales, homosexuales, monoparentales…

El proceso: El primer paso es solicitar asistencia a una reunión informativa en el departamento de atención a los menores de su Comunidad Autónoma. A partir de ahí si la familia quiere seguir adelante se realiza un estudio psicosocial, después sesiones de formación sobre problemas generales del acogimiento y los niños acogidos. Si la familia pasa este proceso se les llama cuando los profesionales consideran que esa familia es apropiada para algún niño concreto. Una vez aprobado el acogimiento el equipo del centro donde está el menor trabaja con el niño la que será su nueva situación."

12/08/2022

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"Cuando noté su puño supe que era el fin".

El testimonio de una menor maltratada

S. L. M., con 15 años, fue agredida psicológica y físicamente por su pareja durante tres años. Su relato sirve de alerta ante futuros casos de violencia de género en la adolescencia.

por Alba Ortega
El Confidencial
07/07/2021

"“La mayoría de las veces me callaba. Al principio discutía con él. Soy una persona con mucho carácter, pero acabó comiéndome y llegó un momento en el que me hice muy pequeña y débil”. Quien habla es S. L. M. (ha pedido utilizar sus iniciales para salvaguardar su identidad), una madrileña que con tan solo 15 años sufrió diversas agresiones por parte de su pareja, con la que estuvo tres años. Según un estudio realizado por la Secretaría de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, las situaciones de violencia en el ámbito de la pareja que viven con más frecuencia las chicas adolescentes son las de abuso emocional, control abusivo general y control a través del móvil.

Además, según los diversos estudios recogidos desde fuentes del Ministerio de igualdad y del Observatorio de la Juventud, la media de un adolescente menor de edad que sufre este tipo de agresiones se sitúa en los 15,8 años. “En ocasiones comienza a partir de los 12 años”, asegura la directora de las líneas de ayuda de la Fundación ANAR, Diana Díaz. Él tenía por aquel entonces 17 años y su relación duró tres. Tres años de sufrimiento. “Creo que tampoco era consciente de la gravedad. Yo me dejé llevar por él, tenía fijación, creo que no era ni enamoramiento. En esos momentos no pensaba en nada más que en él, ni siquiera pensaba en mí”.

"Supongo que él ya era así, pero tenía otra cara no visible, y yo no lo noté" Díaz señala que la falta de conciencia es un factor de vulnerabilidad que sufren muchas mujeres cuando están expuestas a este tipo de relaciones. “El adolescente en muchas ocasiones no tiene suficiente perspectiva de riesgo o de experiencia vital para entender que estas situaciones le van a hacer daño y pueden tener consecuencias, por ello va tolerando esa violencia, y finalmente esa violencia va a más”. En el año 2015 la falta de conciencia se situaba en un 35,8%. En 2020 pegamos un giro. La toma de conciencia ascendió hasta un 64,4%. “Digamos que ahora hay un mayor conocimiento, aunque sigue habiendo mucho por hacer”, sostiene la directora de ANAR.

S. L. M cuenta que al principio todo era muy bonito, pero poco a poco él iba cambiando su forma de ser. “Supongo que él ya era así, pero tenía otra cara no visible y yo no lo noté. Luego fui dándome cuenta de que no era la persona que me había mostrado”. La víctima sostiene que llegó un momento en el que todo eran discusiones llenas de gritos e insultos, montaba escenas en la calle y tergiversaba las peleas para llevar siempre la razón. “No entendía por qué quería buscar conflicto todo el rato y tampoco entendía por qué me hacía sentir tan mal con ciertos comentarios o insultos que me decía”.

Más de 40 menores han sido asesinados por violencia de género desde 2013
EFE

Loca, hija de puta o zorra eran los insultos que más recibía. Sin embargo, el agresor se mostraba encantador delante de su circulo de amistades. Aparentaba ser una persona normal, aunque la víctima reconoce que era un chico conflictivo, que en ocasiones consumía drogas y no andaba con buenas compañías. “A mis amigas nunca les gustó para mí”, relata la joven, “pero bueno, al final era mi pareja y supongo que no les quedaba otra que aceptarlo”. Y su familia fue completamente ajena a la espiral de violencia en la que vivía la joven: “Mis padres le conocían del barrio, pero no personalmente, ellos tampoco sabían cómo estaba yo con él ni los problemas que había, porque nunca conté nada hasta el final”. S. L. M. aguantó hasta el final para contarlo, y lo contó porque no podía más. “Yo quería convencerme de que él en el fondo era bueno. Estaba ciega con él y no quería darme cuenta de cómo era realmente. Quería ahorrarles un sufrimiento y un enfado a mis padres. Sabía que, si les contaba todo eso, ellos no lo iban a permitir y me iban a intentar separar de él”. "Buscaba cualquier discusión para que yo no disfrutase cuando salía con amigas" La víctima sostiene que era tan dependiente de él que hasta su estado de ánimo cambiaba con una simple discusión con su pareja: “Cualquier discusión me hacía estar mal en todos los sentidos, tanto con mi familia como con mis amigos. Cambiaba mi estado de ánimo y mi carácter también”. La psicóloga Diana Díaz alerta de la importancia de las señales ante las que los adultos tienen que estar atentos. “Los adultos somos los encargados de salir al paso de ciertas señales de riesgo que pueden causar un cambio brusco en el comportamiento de la víctima”. La especialista recalca que el aislamiento es otra alerta y el estado anímico de la persona que sufre este tipo de maltratos también. En el caso de la joven con la que hablamos, ella no sufrió un aislamiento, de hecho, sostiene que, cuando salía con sus amigas, a ella nunca le prohibió nada, sin embargo, el carácter del agresor si cambiaba. “Yo sabía que no le gustaba que saliese. Siempre que salía acabábamos discutiendo, se encargaba de buscar una disputa con el fin de que yo no disfrutase de la fiesta”, asegura ella.

La agresión física

Según el Observatorio de la Juventud, un 18,7% de los jóvenes reconoce haber sido agredido, maltratado o intimidado, y de este porcentaje, un 6,6% sostiene que ha recibido violencia física por parte de su pareja. Este tipo de agresiones han aumentado dos puntos desde 2016. Y, de los jóvenes entre 15 y 17 años, un 9,2% se ha negado a contestar si ha recibido agresiones físicas. Para la suerte y desgracia de S. L. M. solo hubo una agresión física. Fue la primera y la última. “Yo le había dejado unos días antes porque ya me había dado cuenta de que no era un chico para mí. A los pocos días nos vimos para devolvernos algunas cosas que teníamos el uno del otro. Él empezó a reprocharme cosas, a insultarme y poco a poco la discusión se fue saliendo de tono”.

La entonces ya expareja se encontraba en la calle con él. La víctima recuerda que eran aproximadamente las siete u ocho de la tarde. Como ya era habitual, montó una escena en medio de la calle porque no quería aceptar que había perdido a su pareja. “Yo solo le decía que no quería estar más con él, que era lo mejor para los dos… Bueno, lo que sueles decir cuando acabas una relación. Yo no quería hacerle daño porque le quería a pesar de todo. Siempre recuerdas las cosas buenas, así que le dije que simplemente me había dado cuenta de que no podíamos estar juntos porque no éramos compatibles”. Los comportamientos violentos por parte de él comenzaron a aumentar y los insultos volvieron a salir por su boca. Aunque para la víctima eran los habituales en cualquier discusión. Sin embargo, la víctima no se esperaba encontrarse con lo siguiente: “Me empujó contra la pared y me puso el puño en la tripa apretándolo hacia mí mientras me decía que yo no le iba a dejar. Yo me empecé a asustar, le dije que por favor se tranquilizase y que me dejase en paz, que no me tocase. Creo que ahí ya realmente se dio cuenta de hasta dónde había llegado. Me soltó y pegó un puñetazo a la pared al lado de mi cara”. En ese momento, la víctima supo que había llegado el fin de su relación.

Son varios los psicólogos especializados en violencia de género los que sostienen que cuando un hombre golpea la pared lo hace por su incapacidad de poder lidiar con sus emociones. “No pueden manejar la situación y llega un momento en el que no les vale con las palabras. La única escapatoria que tienen para descargar su ira es actuando violentamente con patadas, puñetazos o rompiendo cosas”. Sin embargo, no era la primera vez que el agresor de la joven reaccionaba con golpes al discutir con su pareja. “No lo hacía solo conmigo. A lo mejor había discutido con alguien y me llegaba con los nudillos sangrando”, asegura ella.

El perdón

La Fundación ANAR asegura que el agresor siempre va a volver a intentar rescatar esa relación haciendo alusión a todas las emociones o situaciones románticas, y que puede que esas relaciones vuelvan a vincularse hasta que haya otro episodio. Patricia Medina, abogada, coincide con Díaz en que la fase de arrepentimiento forma parte del ciclo de la violencia de género: “El hombre ejerce sus facultades de manipulación sobre la mujer mostrando un tipo de afecto para recuperar la confianza de la víctima. El agresor se muestra arrepentido y se realizan falsas promesas sobre que no volverá a suceder lo mismo. La mujer lo perdona, se reconcilian y, cuando el hombre vuelve a acumular tensión, vuelve a comenzar el ciclo descrito”. “Cuando se alejó de mí, se dio cuenta de que había traspasado la línea y comenzó a recular. Empezó a pedirme perdón, a decirme que se le había ido la cabeza, que lo sentía, que no iba a volver a pasar, que me quería mucho y no podía perderme”, asegura la víctima.

Según diversos especialistas ya mencionados, este tipo de patrón se repite en la mayoría de las víctimas que reciben violencia por parte del agresor. El perfil de los maltratadores sigue una serie de parámetros que se suelen cumplir casi siempre: la primera fase es la acumulación de tensiones, que viene seguida de un estallido de violencia, donde el agresor libera su ira y tensión contra la víctima. Posteriormente, viene la tercera fase, que es la resiliencia de la víctima (esta asume el maltrato mientras que lo supone), y por último, la reconciliación, donde el agresor intenta por todos los medios que su pareja le perdone. “Él pocas veces se disculpaba conmigo, solo cuando veía la relación peligrar. Lo dejamos varias veces y, cuando era yo la que rompía la relación, algunas veces me pedía perdón y me decía que iba a cambiar”, afirma S. L. M. "No denuncié porque no quería problemas. Solo quería que él no me los causase a mí" Sin duda alguna, este comportamiento del agresor funciona en varias ocasiones: “Yo le perdonaba porque le quería y confiaba en que no volviese a tratarme así”. Finalmente, hubo una última vez. Ya no volvió a perdonarle y a día de hoy dice que “sé muy poco de su vida y no he vuelto a tener contacto con el nunca más, le bloqueé de todos lados”. Ella nunca llegó a denunciar. “Yo no quería causarle problemas, solo quería que él dejase de causármelos a mí y tuve la suerte de que nunca más supe de él. Si hubiese sido diferente estoy segura de que sí hubiese tomado medidas, por suerte se quedó ahí”, sostiene la víctima.

“Para no volver a caer en el mismo error de volver con él, intentaba imaginarme historias horribles, me imaginaba en mi cabeza un final trágico y luego me preguntaba: ¿esto es lo que quieres? Pues aléjate, no le hables, no tengas contacto con él”, se repetía a ella misma constantemente. Lo que sí reconoce es que ha recibido durante estos dos años ayuda psicológica de especialistas. “A día de hoy puedo decir que estoy bien, he reconstruido mi vida con otra persona y mi psicóloga me ayuda a llevar una relación sana. Muchas veces pagas el daño que te ha hecho esa persona con otras relaciones y sin querer las puedes hacer tóxicas”.

Ella, ahora fuerte como un roble, hace un llamamiento a todas las mujeres que hayan pasado por su misma situación: “Que no les dé miedo hablar con un profesional, ellos siempre van a saber asesorarte mejor que nadie y te ayudarán a reconstruirte”. El caso de esta joven valiente es uno entre millones. Pero queda mucho por hacer. Desde el año 2009, de acuerdo con el Ministerio de Igualdad y la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, la Fundación ANAR ha registrado 176.301 llamadas relacionadas con menores. Se han multiplicado por 10 los casos recibidos de violencia. En 2018, había 1868 casos. En 2020, la cifra subió hasta 2.301. El insulto y el control son los principales signos de violencia en parejas El insulto y el control sobre su vida son los principales signos de violencia en parejas según un informe de la Delegación de Gobierno sobre la Violencia de Género. Además, el 11,1% reconoce que se “ha sentido presionada para situaciones de tipo sexual en las que no quería participar”, el 9,6% que le han hecho “sentir miedo”, el 8,7% que le han dicho que “no valía para nada” y el 8% que el chico que la maltrató “presumía de dichas conductas”. Al preguntar por la relación que tenía con el agresor, el 16,9% reconoce que es su pareja actual y el porcentaje de chicos que reconoce haber ejercido situaciones así es menor al porcentaje de chicas que asegura haberlas sufrido. “No es un problema que esté erradicado”, sostiene Diana Díaz, “necesitamos una sociedad que avance sobre los estereotipos de género y el modelo dominio-sumisión”. Aún hay que hacer énfasis sobre lo que es una relación sana y concienciar sobre este tipo de conductas. Hay una responsabilidad general de poner límites a estos sucesos para mantener una relación sana."

11/08/2022

temes de debat, 6

 



La mujer molesta:

Feminismos postgénero y transidentidad sexual

Rosa María Rodríguez Magda

Ménades Editorial, 05/2019

158 páginas

Sinopsis:

"Las mujeres siempre hemos sido molestas para las sociedades tradicionales, en la vida pública, en la cultura, incluso en la familia. Una misoginia ancestral nos acompaña, de forma más sibilina en la actualidad debido a nuestra actitud persistente de seguir reclamando nuestros derechos y de hacernos visibles. 

El sujeto-mujer ha pasado a convertirse también en algo molesto para ciertas corrientes del feminismo: se declara caduco, eurocéntrico, heteronormativo, un arcaico reducto esencialista en la diversidad sexual. Este libro es una reivindicación de esa mujer molesta, del «nosotras, las mujeres» como colectivo necesario. En él se analizan las corrientes más actuales del feminismo y conceptos como identidad, género, modelo trans, transidentidad, diversidad, para rastrear sus utilizaciones regresivas y las sutiles trampas ante las que no podemos sucumbir. Frente a quienes pretenden recluir a las mujeres en una abnegada complementariedad, pero también frente a quienes nos difuminan en la proliferación de los géneros, elevamos la voz para afirmar que vamos a seguir siendo molestas ante cualquier maniobra de borrado. "

María Zambrano

Mujeres molestas en los libros de texto

Lo preciso en el reconocimiento de las aportaciones culturales femeninas no es cancelar, sino construir una nueva mirada no sesgada, modificar el patrón androcéntrico del saber y resarcir del olvido a las postergadas.

por Rosa María Rodríguez Magda
El País
07/08/2022

“Después de muchas reivindicaciones, parece que la presencia de las mujeres va a ir apareciendo en los currículos escolares y universitarios. Y, aunque resulte sorprendente, tal hecho no deja de despertar suspicacias.

Hace mucho que, en la estela de la Escuela de los Annales, se publicó la Historia de las mujeres, editada por Georges Duby y Michelle Perrot, con la voluntad de incluirlas en cada una de las etapas de una disciplina que las había obviado. Dando un paso más, Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser, en su Historia de las mujeres. Una historia propia, subvirtieron la periodización habitual para no solo incluir a las mujeres, sino adaptar dicha periodización a su situación a lo largo de los siglos. En la historia esto parece posible si dejamos de privilegiar la narración política y bélica y nos centramos en la descripción de las mentalidades, la familia, la sociedad… No resulta tan fácil en otras disciplinas, pues no se trata de añadir una addenda donde incluir mujeres excepcionales, sino de reflexionar cómo, si aplicamos la perspectiva de igualdad entre los sexos, cambia lo que es relevante estudiar. Por ejemplo, la biología que se enseña en la enseñanza media suele llegar hasta la reproducción, pero no se estudia la embriogénesis o el desarrollo psicoevolutivo del nuevo individuo. Dicho de esta manera, podría hasta aceptarse, pero si lo denominamos embarazo, parto, amamantamiento… no se consideraría digno de incluirse en el currículo, y en el fondo de esa exclusión está la sexista apreciación de ser un mero “asunto de mujeres”, no importa que estemos hablando de algo tan ubicuo y trascendental como la reproducción de la especie.

En las ciencias, en las artes, incluso en la tecnología, las mujeres no pueden estudiarse en clave de excepción, sino ligadas a los procesos de los que formaron parte, restituyéndoles su importancia. Tal es el caso, por citar uno, de Rosalind Franklin, descubridora de la estructura helicoidal del ADN, pero cuyo premio Nobel fue otorgado a Watson y Crick. Y así tantas otras. En literatura hemos asistido, últimamente con gran fuerza, a la reivindicación de las sinsombrero, lo que ha cambiado la estrecha lista masculina de la generación del 27.

El Real Decreto 243/2022, de 5 de abril de 2022, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas del Bachillerato, ha incluido en la Historia de la Filosofía de segundo a una serie de filósofas. Cabe congratularse de esta muestra de sensibilidad integradora y de justicia intelectual. Se han incorporado Aspasia de Mileto, Hipatia de Alejandría, Hildegard von Bingen, Mary Wollstonecraft, Olympe de Gouges, Hannah Arendt, María Zambrano y Simone de Beauvoir. Además se ha tenido el acierto de no mostrar a las autoras cual singularidades, sino enmarcadas en corrientes, completadas con su presencia: la Ilustración, el análisis del totalitarismo, el raciovitalismo… y, por supuesto, el desarrollo del feminismo, corriente teórica fundamental para comprender el presente.

No ha desaparecido ninguno de los filósofos canónicos, pero, lejos de dar la bienvenida a las pensadoras, grandes olvidadas en la historia de la filosofía, la inclusión de las mujeres parece representar, para algunos, el fin del prestigio y rigor de la disciplina. Eso sólo ocurriría si, presos en la cultura de la cancelación, se pretendiera excluir a los filósofos que han ostentado una actitud sexista o claramente misógina (casi todos, pues su excelencia intelectual rara vez estuvo acompañada de ecuanimidad cuando de la mujer se trataba). Ahora bien, no cabe escandalizarse si se señala este androcentrismo —en modo alguno invalidante del resto de su pensamiento—. Analizar los condicionamientos históricos o sociales que les llevaron a considerar a las mujeres hombres imperfectos, incapaces de raciocinio o de virtud moral, es completar una mirada crítica a la historia de la filosofía, valorada en cuanto riguroso y crítico ejercicio de la razón.

No negaré la posibilidad en este tema de algún desatino, como el protagonizado por la Universidad de Edimburgo al quitar el nombre de Hume Tower a uno de sus edificios por ciertos comentarios racistas del filósofo en su ensayo De los caracteres nacionales (¡de 1753!). Ante estos extremos, y otras censuras de autores —habituales en los campus norteamericanos—, deberíamos acordar que ni en la raza ni en el sexo se pueden aplicar los criterios presentes a épocas pretéritas; tampoco la plantilla de la corrección política al pasado. Lo preciso en el reconocimiento de las aportaciones de las mujeres no es cancelar, sino construir una nueva mirada cultural no sesgada, modificar el patrón androcéntrico del saber, resarcir del olvido a las postergadas y contextualizar los obstáculos que impidieron mayores protagonismos.

Para frenar cualquier interpretación revanchista y canceladora, si la hubiere, tenemos ese uso crítico de la razón al que hacía mención más arriba, el mismo que nos debe llevar a restituir, con justicia, la presencia legítima de las mujeres en la historia."


10/08/2022

de cambuches a ilusiones renovadas

 


Entrada dedicada a Gustavo y Jesús




Francia Márquez, la portavoz de ‘los nadies’ que se convirtió en vicepresidenta

La primera mujer afro del primer Gobierno de izquierdas de Colombia, que toma posesión mañana, encarna la llegada al poder de los ninguneados

por Catalina Oquendo
El País
06/08/2022

"Francia Márquez, que mañana asumirá la vicepresidencia de Colombia, estaba el pasado 30 de julio en el escenario del Centro Cultural Kirchner en Buenos Aires, en uno de los actos de su gira latinoamericana, mientras en un altavoz sonaba la voz del poeta uruguayo Eduardo Galeano. Con su voz acompasada, leía su poema Los nadies: “Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”. La primera vicepresidenta afro de Colombia no reveló su expresión. Es una mujer recia, inexpugnable. Apenas esbozó una sonrisa y pidió un aplauso para el poema.

Podría decirse de ella que ha transformado ese poema en un programa político. Su llegada al poder representa, en efecto, el aterrizaje de los llamados nadies. Ahora, su desafío es concretar esas esperanzas en el primer Gobierno de izquierda de Colombia, que presidirá Gustavo Petro.

Márquez nació hace 40 años en Yolombó, una vereda de Suárez, un municipio de Cauca, en el suroccidente colombiano. Ha conocido el miedo. El de no tener con qué alimentar a sus dos hijos, cuyos padres desaparecieron; el de las amenazas de muerte en un país que mata activistas medioambientales como ningún otro. Fue minera artesanal, peleó contra mineros ilegales que estaban acabando con un río en su tierra y ponían en riesgo de desplazamiento a sus paisanos.

Trabajó limpiando casas; estudió Derecho, aunque soñaba con ser cantante y poeta; lideró una marcha de 80 mujeres con turbantes que caminaron durante 10 días y 350 kilómetros hasta Bogotá para exigirle al Gobierno de turno que quitara los títulos mineros a empresas que llegaban de la mano de paramilitares, y obtuvo el Premio The Goldman Environmental 2018, el Nobel ambiental.

El camino no ha sido corto, ni fácil. La han llamado resentida, “igualada”, poco preparada. “Cuando me dicen que soy una aparecida, pues sí y qué. Hoy aparecemos, aunque siempre habíamos estado. Toda la vida escuché eso, hoy demostramos que sí podemos”, ha dicho con sorna. Viene formándose como líder desde su adolescencia cuando descubrió el orgullo de ser negra, dejó de alisar su pelo rizado y se vinculó al Proceso de Comunidades Negras (PCN). Sabe bien las expectativas que despierta ahora desde la otra orilla: “He luchado contra proyectos minero-energéticos. Ahora que soy gobierno me tocará mirar cómo es que vamos a hacer. Son proyectos que se ven como desarrollo, pero no generan bienestar”.

Sus posiciones políticas no siempre son bien recibidas. Suele decir las cosas como las piensa, es desconfiada y se espera que sea una voz radical y disidente dentro del mismo Gobierno. Su presencia como feminista adquirió peso ante el nuevo presidente, Gustavo Petro, quien recién comenzó la campaña había tenido desavenencias con un sector del feminismo. El ascenso de Márquez ha dejado en evidencia también un racismo enquistado en la sociedad colombiana. La han caricaturizado como un mono y ella, sin temor a la polémica, ha demandado a influenciadores y a una cantante popular por racismo y discursos de odio.

Una de sus reivindicaciones es que en Colombia es momento de “vivir sabroso”. “Se refiere a vivir sin miedo, en dignidad, en garantía de derechos. Vivir sabroso es que yo pudiera vivir en mi propia casa, que tuviera las garantías de seguridad y tal vez no con un poco de gente armada”, según ella.

La nueva vicepresidenta ha puesto palabras en el debate público que Colombia no quería escuchar: habla de un país clasista, racista y patriarcal. Habla del feminismo que conoció, no desde la teoría, sino desde la vida misma, teniendo como referentes a su abuela y a su madre, así como otras mujeres de su comunidad. “Aprendí de mujeres que aún sin tener nada hacen lo que sea por sacar a sus hijos adelante, por que sus hijos no se acuesten con el estómago vacío o vayan con los zapatos rotos a la escuela o que no sean arrebatados por los actores armados”.

Y también de feminismo antirracista, cuya inspiración le viene también de su amiga la filósofa estado­unidense Angela Davis, autora de Mujeres, raza y clase (Akal). “Las mujeres negras no están haciendo la lucha para romper el techo de cristal, sino para ponerse de pie y caminar con sus hermanas junto a las mujeres indígenas que siempre han estado de rodillas”, según Márquez.

El mensaje de Francia Márquez potencia con su historia y su voz el discurso de Petro. Viste con estampados africanos y colores vivos, con siluetas y faldas campesinas y unos aretes de oro con la forma de Colombia. No habla de personas pobres, sino empobrecidas por un “modelo neoliberal que pone en riesgo la vida”. De gobernar como un acto colectivo, bajo la filosofía ubuntu, defendida en su día por Nelson Mandela, y cuya esencia da nombre al movimiento, Soy porque somos.

“Yo represento a los nadies y las nadies de Colombia”, declaró Márquez en abril, al principio de la carrera electoral. Representa, en palabras de la filósofa Laura Quintana, la “rabia digna” de un sector de movilización social que reclama por fin tener una vida mejor. Francia Márquez insiste, repite y canta que trabajará “hasta que la dignidad se vuelva costumbre”."