31/08/2010

De literatura ecuatoguineana


Donato Ndongo-Bidyogo, Niefang 1950, es un escritor y periodista ecuatoguineano. Poeta, novelista y ensayista, colabora en diversos medios de comunicación y es autor de una antología de la literatura guineana – de 1984- en cuya introducción, Ndongo enmarca el fenómeno de la literatura guineana escrita en español. Enlazamos, por su interés para conocer una literatura tan ignorada, la citada antología:
 
 
Asimismo, podemos leer en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes la tesis de doctorado de Jorge  A. Salvo:
 
 
Y un poema: “Cántico”, de Donato Ndongo-Bidyogo:
Yo no quiero ser poeta
para cantar a África.
Yo no quiero ser poeta
para glosar lo negro.
Yo no quiero ser poeta así.

El poeta no es cantor de bellezas.
El poeta no luce la brillante piel negra.
El poeta, este poeta no tiene voz
para andares ondulantes de hermosas damas
de pelos rizados y caderas redondas.

El poeta llora su tierra
inmensa y pequeña
dura y frágil
luminosa y oscura
rica y pobre.

Este poeta tiene su mano atada
a las cadenas que atan a su gente.
Este poeta no siente nostalgia
de glorias pasadas.
Yo no canto al sexo exultante
que huele a jardín de rosas.
Yo no adoro labios gruesos
que saben a mango fresco.

Yo pienso en la mujer encorvada
bajo su cesto cargado de leña
con un niño chupando la teta vacía.
Yo describo la triste historia
de un mundo poblado de blancos
negros
rojos y
amarillos
que saltan de charca en charca
sin hablarse ni mirarse.

El poeta llora a los muertos
que matan manos negras
en nombre de la Negritud.
Yo canto con mi pueblo
una vida pasada bajo el cacaotero
para que ellos merienden cho-co-la-te.

Si su pueblo está triste,
el poeta está triste.
Yo no soy poeta por voluntad divina.
El poeta es poeta por voluntad humana.

Yo no quiero la poesía
que sólo deleita los oídos de los poetas.
Yo no quiero la poesía
que se lee en noches de vino tinto
y mujeres embelesadas.

Poesía, sí.
Poetas, sí.
Pero que sepan lo que es el hombre
y por qué sufre el hombre
y por qué gime el hombre.

1974

30/08/2010

Un poeta en Guinea


León Felipe (Tábara, Zamora, 1884. México, 1968), hijo de una familia acomodada (su padre era notario) se licenció en farmacia y pasó una juventud bohemía en diversas compañías de teatro de toda España. En 1919, tras su fracaso matrimonial con una peruana celebrado en Barcelona, se instala en Madrid, donde inicia una carrera literaria, con nulo éxito y muchas estrecheces. Acuciado por el hambre, consigue, el 12 de julio de 1920,  ser nombrado funcionario de los hospitales de Guinea, con las funciones de Administrador Depositario del Hospital de San Carlos (actual Luba). Parte en el vapor correo “Ciudad de Cádiz”, llegando a Santa Isabel el 23 de septiembre de 1920. Como las cosas eran muy diferentes en la colonia, no se respeta el destino concedido por la metrópoli, y es desinado inmediatamente al Hospital del islote de Elobey (en la desembocadura del río Muni) con el cargo de director interino del hospital.
Tras pasar dos años en la isla, el 22 de septiembre de 1922 pide su licencia y el pasaje para regresar a la Península, a la que llega el 12 de octubre de 1922.
 De aquellas experiencias, el poeta nos ha dejado el poema “Escuela”, escrito en los días finales de su estancia en la colonia:

He dormido muchas noches, años, en el África Central,
allá en el golfo de Guinea, en la desembocadura del Muni,
acordando el latido de mi sangre
con el golpe seco, monótono y tenaz
del tambor prehistórico africano
de tribus indomables...
He visto a un negro desnudo
recibir cien azotes con correas de plomo
por haber robado un viejo sombrero de copa
en la factoría del Holandés.
Vi parir a una mujer
y vi parir a una gata...
y parió mejor la gata;
vi morir a un asno
y vi morir a un capitán...
y el asno murió mejor que el capitán.
Y ese niño, ¿por qué ha llorado toda la noche ese niño?
No es un niño, es un mono -me dijeron.
Y todos se rieron de mí.
Yo fui a comprobarlo
y era un mono pequeño en efecto,
pero lloraba igual que un niño,
más desgarrada y dolorosamente que todos los niños
que yo había oído llorar en el mundo.
El Sargento me explicó:
-Anoche en el bosque matamos al padre y a la madre,
y nos trajimos al monito.
¡¡Cómo lloraba el monito!!


León Felipe

Poesía de León Felipe:

Versos y oraciones del caminante, 1920
Versos y oraciones del caminante, 1929
Drop a Star, 1933
La insignia, 1936
El payaso de las bofetadas y el pescador de caña, 1938
El hacha, 1939
Español del éxodo y del llanto, 1939
El gran responsable, 1940
El poeta prometeico, 1942
Ganarás la luz, 1943
Parábola y poesía, 1944
Antología rota,  1947
España e hispanidad, 1947
Llamadme publicano (1950).
El ciervo y otros poemas (1954).
Belleza cruel, 1958
¡Oh, este viejo y roto violín!, 1968

Y, para finalizar, una de las poesías más conocidas del poeta zamorano:

    COMO TÚ...

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

 León Felipe

26/08/2010

Guinea, el sueño colonial (1ª)

Guinea, el sueño colonial  es un documental emitido el siete de agosto de 2007 dentro del programa Crónicas,  en la segunda cadena de TVE.
Realizado por Ignacio Sánchez ,a partir del guión de Carmen Corredor.  Imagen de  José María Ballano y sonido de José Antonio Losana.


25/08/2010

Guinea, la economía de la colonia

okume guineano
Hacia 1850 se empezaron a desarrollar las plantaciones de cacao en la isla de Santa Isabel siguiendo el ejemplo del modelo de producción de los portugueses en la isla de Sao Tomé. El incremento de la demanda internacional de cacao, a finales del siglo XIX , llevo al gobierno español a aumentar las inversiones en las plantaciones guineanas. La población, bubi en su mayoría, fue forzada a vender sus tierras, a abandonarlas o a cambiar las fértiles tierras de las que vivían por otras menos productivas. Las compañías españolas explotaban las grandes plantaciones, mientras los fernandinos y los esclavos liberados debían conformarse con las peores. Desde los inicios de la producción intensiva de cacao, el problema de la falta de mano de obra fue apremiante para los colonos. La mayoría de los trabajadores “contratados” procedían de Liberia y Nigeria debido a la falta de brazos entre los bubi de la isla y los fang del continente, diezmados por las enfermedades, los enfrentamientos armados  y la drástica desaparción de sus medios tradicionales de subsistencia.

Además del cacao, se producía café y alguna que otra  pequeña explotación ganadera. En el continente no empieza la explotación de las tierras hasta bien entrado el siglo XX. La producción dominante fue el café, el cacao y el aceite de palma, aunque en mucha menor medida que en la isla por la pobreza del terreno y la falta endémica de mano de obra. Por contrapartida, se explotaron en abundancia materias primas sin elaborar, especialmente la madera. El los largos  años de la colonia, la mayoría de las poblaciones rurales continuaron estancadas sino en franco retroceso, dentro de una economía de supervivencia y sin recibir ningún beneficio de la economía colonial que revertía ,totalmente,  en los colonos y la metrópoli.

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado se producían en Guinea más de 18.000 toneladas de cacao y unas 6.000 de café. Además de estos productos, que se enviaban casi en su totalidad a España, la metrópoli absorbía entre 60.000 y 80.000 toneladas anuales de madera, con especial interés por el okume que se utilizaba para la fabricación de tableros contrachapados. La explotación de la colonia era intensiva y muy rentable.

La población negra de Guinea se elevaba a 166.000 personas y había 3.832 blancos censados. La mayoría (2.330) vivían en Fernando Poo y el resto en la Guinea continental. Casi todos (3.499) eran de nacionalidad española, de los cuales 2.444 eran hombres y 1.055 mujeres. Además vivían allí 205 portugueses, 66 libaneses, 34 alemanes, 9 indios, 7 ingleses, 6 italianos, un belga, un francés y un canadiense. Las explotaciones madereras eran tan rentables que las empresas habían instalado unos 250 kilómetros de vías de ferrocarril (desaparecidas en su totalidad hoy en día), para sacar los troncos del interior hacia la costa
En 1951 se subastaron grandes extensiones para la explotación forestal, con el objetivo de alcanzar una producción anual de 125.000 toneladas de madera. Durante la primera mitad del siglo crece continuamente la producción de madera en Guinea. En 1930 se lograron 31.802 toneladas de okume y 22 de otras especies, en 1935 se llegó a las 89.118 toneladas de okume y 6.707 de otras especies.