09/06/2018

lectures, 7



Vidas a la intemperie
Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino

Marc Badal

Pepitas de calabaza & Cambalache,  2018

224 páginas


“Desde hace más de quince años, Marc Badal Pijoan (Barcelona, 1976) compagina la investigación y la dinamización en el ámbito de la agroecología y el desarrollo rural con las tareas cotidianas en varios proyectos de recuperación de núcleos de montaña abandonados.

En sus textos aborda distintos aspectos vinculados a la cultura rural,  la industrialización de las actividades agrarias y las experiencias agroecológicas.

Ha publicado Cuadernos de viaje. Fragmentos y pasajes históricos sobre semillas (Fundación Cristina Enea, 2016); Mundo clausurado. Monocultivo y artificialización (autoeditado, 2016);  Vidas a la intemperie. Notas preliminares sobre el campesinado (Campo Adentro, 2014); Fe de erratas. La agitación rural frente a sus límites (autoeditado, 2011) y Los pies en la tierra. Reflexiones y experiencias hacia un movimiento agroecológico [coordinador] (Virus, 2006);  además de artículos en las revistas Resquicios, Raíces, Cul de Sac, Ekintza Zuzena y Archipiélago.

Actualmente vive en un caserío escondido en la vertiente norte del Pirineo navarro, donde ha puesto en marcha kanpoko bulegoa (“oficina exterior”), un obrador artesanal de pensamiento aplicado en torno a la cultura rural y el territorio.”

Fragmento:

“El 21 de enero de 2008 moría Marie Smith Jones a los ochenta y nueve años de edad. Vivía en Anchorage,  Alaska.  Fumadora y bebedora empedernida,  se había casado en 1948 con un pescador de Oregón con el que tuvo nueve hijos.  Originaria de un pueblo llamado Cordova, junto al delta del río Copper,  sus padres,  al nacer,  le pusieron el nombre de Udachkuqax*a’a’ch («un sonido que gritas a la gente desde lejos»).  Marie Smith Jones era la última eyak criada en su lengua materna.  El eslabón que cerraba una cadena cultural originada diez mil años antes.

 El linaje de los eyak padecía sus primeros inviernos cuando en otras latitudes más benignas algunos pueblos aprendían a cuidar y reproducir plantas comestibles. Nacía un modo de transitar por la vida a ras de suelo.

 Desde entonces, los pueblos campesinos han poblado la tierra con una miríada de pequeños universos. Variaciones infinitas de una misma melodía:

-        El empeño por alimentar a los de casa y el yugo de quien les roba su trabajo.
-        Dejarse la piel a diario para seguir haciéndolo toda la vida.
-        El gusto por el golpe certero, fruto de la necesidad de no equivocarse en sus decisiones.
-        Observar toda la vida para seguir aprendiendo.
-        La falsa sumisión con el de arriba y la férrea obligación con el de al lado.
-        Sobrevivir para seguir sobreviviendo.

La muerte de Marie Smith Jones inaugura el epilogo histórico de la lengua eyak.  Cuando una lengua enmudece,  un mundo se pierde.  El rodillo de la modernización borra cualquier rasgo de diferenciación con el que poder orientarse.  Cuando un mundo acalla a los demás,  se inaugura nuestro propio epilogo.  El último aliento de aquella lengua nativa de Alaska pasaba inadvertido entre nosotros. Sin darnos cuenta, aquel mismo año también superábamos un umbral de una importancia difícil de valorar.  Uno de los rasgos que perfilan la fisonomía de nuestro tiempo.  Por primera vez en la historia vivían más personas en las ciudades que en el campo. “

lectures, 6




Mary Shelley i el monstre de Frankenstein

Ricard Ruiz Garzón

Angle Editorial, 2018

224 pàgines

“Als dos-cents anys de la publicació de Frankenstein,  aquest riquíssim assaig literari de Ricard Ruiz Garzón presenta Mary Shelley i la seva criatura més famosa, reproduïda incessantment per la cultura popular contemporània en pel·lícules,  llibres,  sèries,  etc.  L’autor ha sabut cosir la vida,  l’obra i les idees de Mary Shelley  amb altres monstres literaris i amb els nostres monstres personals.  Un autèntic llibre-Frankenstein.”

08/06/2018

lectures, 5


Ordesa


Manuel Vilas

Alfaguara, 2018

Páginas: 392



Fragmento: 


1

“Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo.  Hay seres humanos que pueden soportarlo, yo nunca lo soportaré.

Nunca lo soporté.

Miraba la ciudad de Madrid y la irrealidad de sus calles y de sus casas y de sus seres humanos me llagaba por todo mi cuerpo.

He sido un eccehomo.

No entendí la vida.

Las conversaciones con otros seres humanos se volvieron aburridas, lentas, dañinas.

Me dolía hablar con los demás: veía la inutilidad de todas las conversaciones humanas que han sido y serán. Veía el olvido de las conversaciones cuando estas aún estaban presentes.

La caída antes de la caída.

La vanidad de las conversaciones, la vanidad del que habla, la vanidad del que contesta. Las vanidades pactadas para que el mundo pueda existir.

Fue entonces cuando volví otra vez a pensar en mi padre. Porque pensé que las conversaciones que había tenido con mi padre eran lo único que merecía la pena. Regresé a esas conversaciones, a la espera de lograr un momento de descanso en mitad del desvanecimiento general de todas las cosas.

Creí que mi cerebro estaba fosilizado,  no era capaz de resolver operaciones cerebrales sencillas. Sumaba las matrículas de los coches, y esas operaciones matemáticas me sumían en una honda tristeza. Cometía errores a la hora de hablar el español. Tardaba en articular una frase, me quedaba en silencio, y mi interlocutor me miraba con pena o desdén, y era él quien acababa mi frase.

Tartamudeaba, y repetía mil veces la misma oración. Tal vez había belleza en esa disfemia emocional.  Le pedí cuentas a mi padre. Pensaba todo el rato en la vida de mi padre. Intentaba encontrar en su vida una explicación de la mía. Me volví un ser aterrorizado y visionario.

Me miraba en el espejo y veía no mi envejecimiento,  sino el envejecimiento de otro ser que ya había estado en este mundo. Veía el envejecimiento de mi padre. Podía así recordarle perfectamente, solo tenía que mirarme yo en el espejo y aparecía él, como en una liturgia desconocida,  como en una ceremonia chamánica,  como en un orden teológico invertido.

No había ninguna alegría ni ninguna felicidad en el reencuentro con mi padre en el espejo, sino otra vuelta de tuerca en el dolor, un grado más en el descendimiento, en la hipotermia de dos cadáveres que hablan.

Veo lo que no fue hecho para la visibilidad, veo la muerte en extensión y en fundamentación de la materia, veo la ingravidez global de todas las cosas. Estaba leyendo a Teresa de Ávila, y a esa mujer le ocurrían cosas parecidas a las que me ocurren a mí. Ella las llamaba de una manera,  yo de otra.

Me puse a escribir, solo escribiendo podía dar salida a tantos mensajes oscuros que venían de los cuerpos humanos,  de las calles,  de las ciudades,  de la política,  de los medios de comunicación,  de lo que somos.

El gran fantasma de lo que somos: una construcción alejada de la naturaleza. El gran fantasma es exitoso: la humanidad está convencida de su existencia. Es allí donde comienzan mis problemas.

Había en el año 2015 una tristeza que caminaba por todo el planeta y entraba en las sociedades humanas como si fuera un virus.

Me hice un escáner cerebral. Visité a un neurólogo. Era un hombre corpulento, calvo, con las uñas cuidadas,  con corbata debajo de la bata blanca.  Me hizo pruebas.  Me dijo que no había nada raro en mi cabeza. Que estaba todo bien.

Y comencé a escribir este libro.

Pensé que el estado de mi alma era un vago recuerdo de algo que ocurrió en un lugar del norte de España llamado Ordesa,  un lugar lleno de montañas,  y era un recuerdo amarillo, el color amarillo invadía el nombre de Ordesa,  y tras Ordesa se dibujaba la figura de mi padre en un verano de 1969.

Un estado mental que es un lugar:  Ordesa.  Y también un color: el amarillo.

Todo se volvió amarillo. Que las cosas y los seres humanos se vuelvan amarillos significa que han alcanzado la inconsistencia, o el rencor.

El dolor es amarillo, eso quiero decir.

Escribo estas palabras el 9 de mayo del año 2015.  Hace setenta años,  Alemania firmaba su rendición incondicional.  En un par de días las fotos de Hitler serían sustituidas por las fotos de Stalin.

La Historia es también un cuerpo con remordimientos. Tengo cincuenta y dos años y soy la historia de mí mismo.

Mis dos hijos entran en casa ahora mismo, vienen de jugar al pádel. Hace ya un calor horrible. La insistencia del calor,  su venida constante sobre los hombres,  sobre el planeta.

Y el crecimiento del calor sobre la humanidad. No es solo el cambio climático,  es una especie de recordatorio de la Historia,  una especie de venganza de los mitos viejos sobre los mitos nuevos.  El cambio climático no es más que una actualización del apocalipsis.  Nos gusta el apocalipsis.  Lo llevamos en la genética.

El apartamento en el que vivo está sucio,  lleno de polvo. He intentado limpiarlo varias veces,  pero es imposible.  Nunca he sabido limpiar, y no porque no haya puesto interés.  A lo mejor hay en mí algún residuo genético que me emparenta con la aristocracia.  Esto me parece bastante improbable.

Vivo en la avenida de Ranillas, en una ciudad del norte de España cuyo nombre no recuerdo ahora mismo: solo hay polvo,  calor y hormigas aquí.  Hace un tiempo tuve una plaga de hormigas,  y las maté con el aspirador: cientos de hormigas aspiradas,  me sentí un genocida legítimo.  Miro la sartén que está en la cocina.  La grasa pegada a la sartén.  Tengo que fregarla. No sé qué les daré de comer a mis hijos.  La banalidad de la comida.  Desde la ventana se ve un templo católico,  recibiendo impertérrito la luz del sol,  su fuego ateo.  El fuego del sol que Dios envía directamente sobre la tierra como si fuese una bola negra,  sucia,  miserable,  como si fuese podredumbre,  basura.  ¿No veis la basura del sol?

No hay gente en las calles.  Donde yo vivo no hay calles,  sino aceras vacías,  llenas de tierra y saltamontes muertos.  La gente se fue de vacaciones.  Disfrutan en las playas del agua del mar.  Los saltamontes muertos también fundaron familias y tuvieron días de fiesta,  días de Navidad y celebraciones de cumpleaños.  Todos somos pobre gente, metidos en el túnel de la existencia.  La existencia es una categoría moral.  Existir nos obliga a hacer,  a hacer cosas,  lo que sea.

Si de algo me he dado cuenta en la vida es de que todos los hombres y las mujeres somos una sola existencia. Esa sola existencia algún día tendrá una representación política, y ese día daremos un paso adelante. Yo no lo veré. Hay tantas cosas que no veré y que estoy viendo ahora mismo.

Siempre vi cosas.

Siempre me hablaron los muertos.

Vi tantas cosas que el futuro acabó hablando conmigo como si fuésemos vecinos o incluso amigos.

Estoy hablando de esos seres, de los fantasmas,  de los muertos,  de mis padres muertos, del amor que les tuve,  de que no se marcha ese amor.

Nadie sabe qué es el amor.”


lectures, 4




La revolta que viurem

Ivan Miró

Tigre de Paper, 2018

Pàgines: 208














Sinopsi:

Quatre personatges entrecreuaran les seves vides enmig d’una Barcelona on s’hi desperta la rebel·lia.  L’experiència de la lluitadora que ja va viure la traïció de la transició;  l’impuls i l’explosió d’una joventut disposada a capgirar-ho tot,  amb la innocència de descobrir el món i la predisposició de l’activisme convençut;  les dificultats de la dona migrada,  amb una triple explotació i opressió a l’esquena… Paisatges de lluita,  de vida quotidiana i relacions socials, de records de combats llunyans en un món molt proper on el sentit i el valor de la vida canvien de forma dràstica.  Vides viscudes encontrades a la ciutat comuna.



07/06/2018

música, 2



La Jove Orquestra de Cerdanyola torna a apostar per Izan Rubio,  en aquesta ocasió amb dos concerts per a guitarra en una única cita.  El primer concert serà l'estrena a Catalunya de l'obra de la compositora catalana Gloria Villanueva. El segon serà el gran Concierto del Sur de M. Ponce.  Completaran el repertori la sardana Sant Martí del Canigó de Pau Casals i l'Intermezzo de l'òpera Cavalleria Rusticana de P. Mascagni.

El concert Entre Cordes 2.0 servirà per tancar la temporada de la JOC.  El concert començarà a les 19 hores del dissabte 9 de juny,  i el preu de les entrades és de 8 euros la general, 6 euros per al primer acompanyant d'un soci i gratuït per a socis i menors de 16 anys.

concert al castell




La dissetena edició del tradicional concert d’estiu de l’AMCV,  al Castell de Sant Marçal,   està composat per diverses obres simfòniques inspirades en l’univers i les reflexions que s’ha fet l’ésser humà quan ha aixecat la vista cap a les estrelles.  L’entitat vol reivindicar així el vincle que tantes vegades s’ha explorat entre la música i la ciència,  en un espectacle en què els jocs de llums prendran un protagonisme especial.

Divendres, 29 de junio, a les 22.00 hores

lectures, 3


Manuel de Pedrolo, manual de supervivència

Sebastià Bennasar

Meteora, 2018

128 pàgines


Sinopsi:

Manuel de Pedrolo va néixer l’1 d’abril de 1918 i va morir,  als 72 anys,  el 26 de juny de 1990.  Va ser autor de més de 120 obres de poesia,  teatre,  novel·la breu,  novel·la,  relat, dietaris,  volums epistolars,  articles en premsa...  per tant,  un dels creadors més prolífics de la literatura catalana.  No deixava res per verd en el seu intent d’abastar i explicar,  d’una banda, la condició humana,  i de l’altra,  el país i cap a on hauria d’anar.  Mecanoscrit del segon origen és un dels llibres més llegits en català i,  tot i així,  Pedrolo pot semblar-nos ara un autor oblidat.

«En Pedrolo, no te l’acabes»,  asseguren els seus coneixedors.  El sentit d’aquesta frase, però,  només s’entén quan descobreixes la immensitat i la intensitat del seu llegat literari. Efectivament,  en Pedrolo,  no te l’acabes... però pots provar de moure’t al seu voltant. Aquest llibre vol ser un manual de supervivència per intentar-ho.

Una gran eina per als que vulguin explorar l'univers literari més creatiu i extens de la literatura catalana.”