07/08/2023

sender al cinema, 3

 


Réquiem por un campesino español

Fitxa tècnica:

Any: 1985
Durada: 90 min.
Direcció: Francesc Betriú
Guió: Raúl Artigot, Francesc Betriu, Gustau Hernández Mor
Novel·la: Ramón J. Sender
Repartiment: Antonio Ferrandis , Antonio Banderas, Fernando Fernán Gómez, Terele Pávez, Simón Andreu, Emilio Gutiérrez Caba, Francisco Algora, María Luisa San José, Antonio Iranzo, Eduardo Calvo, Conrado San Martín, José Antonio Labordeta.
Música: Antón García Abril
Fotografía: Raúl Artigot
Muntatge: Guillermo S. Maldonado
Producció: Nemo Films, Venus Produccion.

La hermana de Sender alaba el filme 
"Réquiem por un campesino español"

por Javier Ortega
El Páis
14/09/1985


"La película Réquiem por un campesino español, basada en la obra del escritor aragonés Ramón J. Sender y rodada en escenarios de la provincia de Zaragoza, sigue fielmente la novela y refleja lo que el autor quiso expresar, según la opinión generalizada de quienes asistieron el pasado jueves al estreno en Zaragoza. Asunción Sender, hermana del escritor, emocionada, decía: "Es una película muy buena, fantástica, pero el momento es demasiado fuerte para mí, son tantas las emociones... El personaje de un monaguillo que acompaña a Mosén Millán es mi propio hermano; lo he oído contar tantas veces en casa...".Asunción Sender manifestó que el escritor tenía interés en que la novela se llevara al cine. Recordó que Sender escribió unas normas para los adaptadores de Réquiem": "La melodía que tocan con flautas de caña los campesinos debajo del monumento de Semana Santa la pueden obtener en Tauste ( ... ). Vale la pena. Si hay dificultades que hacen imposible meter un caballo en la iglesia, pueden hacer uso de algunas de las aldeas aragonesas despobladas por la emigración. Encendiendo seis cirios a cada lado del altar mayor se dará la impresión de que la iglesia está viva. Evitar el baturrismo. Lo más que puede hacerse en cuanto a baturrismo es bailar una jota el día de la boda de Paco. Nada más...".

Estas y otras indicaciones fueron tenidas en cuenta por el director, Francesc Betriu. La Diputación Provincial de Zaragoza contribuyó al rodaje con tres millones y medio de pesetas.

Durante una conferencia de prensa se suscitó el tema del título de la película, y el director comentó que fue "una polémica artificial y gratuita. Se politizó el asunto y puedo decir que no hubo presiones de TV-3. Yo creí que poner lo de español era una redundancia, pues era obvio, ya que se trata de una película española".

Un informador recordó que meses antes de que apareciera la noticia en EL PAIS, a él le extrañó ver, durante el rodaje de la película, tapada con esparadrapo, la palabra español del título y de la claqueta, y alguien de la productora le aseguró que tenía relación con la compra de los derechos de emisión por parte de TV-3. Según Betriu, esta polémica no ha beneficiado al filme y ha creado confusionismo."


06/08/2023

sender al cinema, 2

 



1919. Crónica del alba. 2ª Parte



Fitxa tècnica:

Any: 1983
Durada: 90 min.
Direcció: Antonio Betancor
Guió: Antonio Betancor, Lautaro Murúa, Carlos Escobedo, Javier Moro.
Novel·la: Ramón J. Sender
Repartiment: Micky Molina, Cristina Marsillach, Walter Vidarte, Saturno Cerra, Concha Leza, Alfred Lucchetti, Fernando Sancho, José Antonio Correa, Marisa de Leza, Concha Hidalgo, Emma Suárez, Aurora Pastor, Antonio Betancourt, Enrique Simón.
Música: Riz Ortolani
Fotografía: Juan Ruiz Anchía
Muntatge: Eduardo Biurrun
Producció: Ofelia Films, Kartus P.C, Escobedo.

Antonio Betancor estrena hoy en Madrid '1919',
la segunda parte de 'Crónica del alba'

por Elena Domínguez
El País
29/081983


"1919. Cronica del alba dirigida por Antonio Betancor, que se estrena hoy en Madrid, será la película que represente al cine español el 5 de septiembre en el festival de Venecia que se inicia a finales de este mes. Continuación de Valentina, y también pensada para ser exhibida en las salas de cine y en televisión, es una adaptación de la novela homónima de Ramón J. Sender a cuyo texto, según afirma Antonio Betancor, se ha sido "fiel ideológicamente". Por su parte, Valentina será presentada en el festival de El Cairo y Alejandría, a finales del próximo mes.

1919. Crónica del alba, producida por Ofelia Films y Carlos Escobedo, para ser explotada en salas comerciales y en televisión, sigue el relato de la obra literaria del mismo título de Ramón J. Sender. Continuación de Valentina, muestra el cambio sufrido por los personajes principales durante los acontecimientos sociales de la España de los años veinte. Seleccionada para representar a España en el festival de Venecia, cuya proyección está prevista el 5 de septiembre, en 1919. Crónica del alba intervienen los mismos personajes que en Valentina, aunque en distintas circunstancias sociales. Narra la adolescencia en Barcelona del protagonista, José Garcés, interpretado por Miguel Molina, el año en que se fragua la sublevación anarquista del cuartel de Palafox: su descubrimiento del sexo, en los brazos de la hijastra de un revolucionario (la hijastra es Cristina Marsillach), su debate entre la pasión por ésta y su amor de infancia por Valentina (Emma Suárez) y, en definitiva, su vida de perdedor.
 
La selección de personajes se ha hecho de forma exhaustiva, buscando entre muchas personas. "Hay que tener en cuenta que en España no existen muchos actores y actrices jóvenes, y que atiendan además a las exigencias de esta película", según cuenta el director de la película. En opinión de Antonio Betancor, director de ambas películas, "es una adaptación totalmente fiel en lo ideológico a la primera parte de la más ambiciosa de las novelas de Sender, aunque haya quebrado el orden cronológico de los hechos y haya universalizado los ambientes aragoneses donde éstos se desarrollan". ,

El presupuesto total gastado en las dos películas asciende a 140 millones de pesetas, cantidad necesaria según Betancor porque "hemos hecho un trabajo exhaustivo, aunque más en Valentina que aquí, ya que ha habido que quitar cables y antenas de televisión, y esto nos ha costado bastante".

Ambas películas se hicieron con la colaboración de Televisión Española, contando con que serían emitidas una vez que el período de exhibición en las salas comerciales concluyese. Por ello, es posible que dentro de dos años Valentína y 1919. Crónica del alba sean proyectadas en la pequeña pantalla, aun que con una duración mayor que las emitidas en el cine ya que "para proyectar las películas en cine hemos tenido que remitirnos a un tiempo determinado que las salas comerciales tienen en previsión pero en realidad la copia original es mucho más larga; en total, la duración en televisión será de cuatro horas, mientras que en cine se han proyectado sólo tres".

La música escogida hace posible la ambientación de la película; parte de ella, sobre todo al final, es la misma que la de Valentina, lo cual constituye un símbolo de continuidad."

05/08/2023

sender al cinema, 1

 


Valentina. Crónica del alba. 1ª Parte


Fitxa tècnica:

Any: 1982
Durada: 86 min.
Direcció: Antonio Betancor
Guió: Antonio Betancor, Lautaro Murúa, Carlos Escobedo, Javier Moro.
Novel·la: Ramón J. Sender
Repartiment: Jorge Sanz, Paloma Gómez, Anthony Quinn, Marisa de Leza, Saturno Cerra, Concha Leza, Alfredo Luchetti, Eusebio Poncela, Luis Ciges, Concha Hidalgo, María Rubio, Emilio Fornet, Antonio Canal.
Música: Riz Ortolani
Fotografia: Juan Ruiz Anchía
Muntatge: Eduardo Biurrun
Producció: Ofelia Films y Kartus P.C


Apunte de un amor frustrado

por Diego Galán
El País
13/11/1982

“Bajo el seudónimo de Valentina se oculta la primera parte de la versión de Crónica del alba, la novela que Ramón J. Sender escribió con nostalgia en 1942. Desde las perspectiva del exilio, el autor aragonés reconstruyó la biografía de su imaginado José Garcés, niño valiente y soñador que muere, ya adulto, tras la guerra civil, en un campo de concentración. Dicen sus estudiosos que Sender volcó en Crónica del alba gran parte de sus propios recuerdos y emociones. La película recoge la primera parte de la novela, la que precisamente se llama Crónica del alba: narración del despertar amoroso de un chico poeta y aventurero que arriesga su seguridad por vivir junto a Valentina, niña rubia, ingenua y rebelde, que comparte ese amor.

Antonio Betancor ha dirigido la película con sensibilidad, cuidando la planificación, los ambientes y los actores con un mimo inteligente que hay que aplaudir. Cuenta con un guion que hereda la poética de Sender, aunque se escape con frecuencia por senderos muertos que alargan innecesariamente la brevedad de la anécdota.

Las peripecias infantiles de Pepe Garcés no se limitan al campo amoroso. La vida familiar le condiciona, le atormenta, le reprime. Una familia española, ultramontana y estéril, que Sender sitúa en 1911, pero que prolonga su mentalidad hasta nuestros días. Y el cura, profesor del protagonista -sin que el guion explique por qué- y único que entiende que tras su vehemencia se esconde el talante de una persona impar. Impar para ser héroe, santo o poeta, las tres únicas ramas que su mentalidad de cura acepta. El niño Garcés, sin embargo, accede a una visión surreal en la que los santos, poetas y héroes del pasado se definen como pobres hombres.

Jorge Sanz interpreta al niño protagonista. Es un actor eficaz, convincente, brillante, como ya ha demostrado en varias películas anteriores. Su capacidad de comunicación supera a la de los adultos que le acompañan en el reparto, aunque ninguno de ellos resuelva mal su cometido. La niña Paloma Gómez, nueva en el cine, tiene encanto y naturalidad. La segunda parte ya no contará con sus presencias. El niño Garcés se habrá convertido en un adolescente que debe interpretar otro actor.

¿Para cuándo esa segunda parte? Quizá los productores no han acertado al dividir en el cine lo que sólo es divisible entre división. Entre otras cosas, porque se arriesgan a una explotación muy breve de Valentina, que, estrenada ahora, probablemente no esté en cartel más que el tiempo que nos separa de los días de Navidad. Algo común a casi todo el cine español: las multinacionales tienen organizados ya sus estrenos navideños y sólo en los casos en que los productores españoles tengan suficiente fuerza para discutir se logrará mantener nuestro cine en cartel. Las demás películas desaparecerán, tengan la carrera comercial que tengan. Conviene, pues, que el espectador lo sepa, porque debe apresurarse a ver las películas españolas que le interesen; casi todas tienen los días contados: lo han decidido así desde los despachos de Londres y Los Ángeles.”

04/08/2023

sender, entrevista

 


Joaquín Soler Serrano entrevista a l'escriptor Ramón J. Sender en una edició del programa "A fondo" emesa el 4 de juliol de 1976.



03/08/2023

l'autor del mes, i 3

 



Sender

por José-Carlos Mainer
en Centro Virtual Cervantes

“ (…)

En primer lugar, Sender es un escritor del exilio español de 1939: una experiencia literaria en la que se juntaron el desarraigo personal y la voluntad de seguir fiel a una lengua y a unos temas. Pocos escritores ejemplificaron como él tal escisión: seguir escribiendo sobre España, pero conscientes de que lo hacían para un público más imaginario que real.

En segundo lugar, la evolución ideológica de Sender reprodujo fielmente la de muchos escritores comprometidos del siglo pasado y por eso nos resultan tan familiares sus personajes: un inicial descubrimiento de la revolución, identificada con el anarquismo, dio paso a la militancia comunista cuando, a la altura de los años treinta, el movimiento de la Tercera Internacional parecía sumar la fuerza de la utopía a la precisión de la disciplina, pero el desengaño lo condujo a un anticomunismo militante que, no obstante, es compatible con un irrenunciable deseo de renovación humanista. En tal sentido, su denuncia de la injusticia es tan viva cuando escribe Imán, al inicio de su carrera, que cuando firma El lugar de un hombre, al comienzo de su exilio, o El fugitivo, al final de sus días.

En tercer término, la vida moral de Sender—como la de tantos escritores de su siglo— estuvo presidida por la búsqueda de la inocencia y la obsesión de la culpabilidad. Si describió a menudo la violencia colectiva y la ambigüedad o incluso la abyección moral del individuo (pensemos en novelas como Epitalamio del Prieto Trinidad, La esfera, El verdugo afable o en relatos históricos como Bizancio y Las criaturas saturnianas) fue precisamente para realzar el valor de la inocencia añorada. Y si prefirió los instintos a la razón, lo que él llamó «lo ganglionar», a las formas de pensamiento discursivo, fue porque creyó que la libertad y la ausencia de culpa estaban más cerca del sentimiento que del raciocinio.

Por eso también —en cuarto lugar—, Sender fue un escritor volcado sobre su infancia, esa patria común de todos los hombres (como evocó la conocida frase de Rilke): también en tal sentido nuestro escritor reconoce a muchos hermanos en las mejores páginas de la literatura contemporánea. Y esta dimensión recorre su obra desde la inmarcesible Crónica del alba, a su postrera miscelánea de sueños y recuerdos Monte Odina.

Nadie ha podido, pues, rebatir a Sender su instalación en lo más vivo del testimonio literario de una centuria. Tiende a reprochársele, sus reiteraciones, su descuido, la endeblez de su preparación ideológica. Fue, sin duda, un escritor más extenso que intenso. Y, a fuer de partidario de la intuición, corrigió menos de lo que decía y debiera haber corregido. En una época marcada por el signo de lo lírico, tuvo mucho de poeta: no sólo por haber escrito los sonetos y canciones de Las imágenes migratorias y por haber salpicado sus novelas de poemas —coplas populares o composiciones más complejas— sino por haber concebido muchos personajes como símbolos, muchas acciones como misterios y muchos paisajes como formas de magia. Y en un tiempo de dialéctica y paradojas, su narrativa rozó varias veces la expresión dramática de los conflictos: su teatro y sus formas parateatrales merecen más atención de la que se les otorga. Su literatura arrancó del expresionismo inicial y llega a una forma similar al realismo mágico. Debió mucho a Pío Baroja —narrar con eficacia y yendo al grano— pero más todavía a Valle-Inclán: de él heredó la mezcla de piedad y horror y cierta tendencia a la caricatura trágica.

Pero también dejaron huella en su obra escritores a los que leyó de joven —Dostoievski— y otros que admiró e incluso trató en su etapa de exilio: Franz Kafka, Albert Camus, Ernest Hemingway, D. H. Lawrence... Y se empeñó, por razón de su nacimiento, en sentirse unido a Baltasar Gracián, el conceptista, y a Goya, el pintor de la crueldad y el caos. Fue muy localista —se definía como aragonés, de un Aragón pirenaico y heroico, nada baturro por cierto— y, a la vez, muy universal. Y fue, sobre todo, un ser solitario y contradictorio: quizá las dos formas más típicas de la existencia en el siglo XX.”

02/08/2023

l'autor del mes, 2

 


La concepción antropológico-social en la obra narrativa 
de Ramón J. Sender (1939-1953)

por Mª Lourdes Nuñez Molina
Tesis doctoral dirigida por Francisco Caudet Roca
Universidad Autónoma de Madrid. Depto. De Filología Española. Facultad de Filosofía y Letras.
Octubre 2.008

“El análisis realizado a lo largo de la tesis nos permite llegar a la conclusión de que en la obra narrativa de Ramón J. Sender, prevalece, como la constante de un discurso que promueve la igualdad de los hombres, sin distinciones de clase o de sexo. Así, en El rey y la reina, el escritor establece que el vínculo más importante es aquel que une al hombre y a la mujer. El alegato en favor del hombre, de cualquier hombre, especialmente si está desubicado, fuera de su lugar no es sólo la preocupación de un recién exiliado, como lo era Sender en el momento de la publicación de El lugar del hombre, sino el tratamiento desde una dimensión intemporal del problema entre el individuo y la sociedad, que ya había sido planteado en Imán. Además, cuando revisa la novela, casi veinte años después, refuerza sus tesis. Sabino es el «triste héroe» de la historia, que logra desde la libertad la aprobación de los demás, preparando a la aldea para la renovación y la fraternidad universal.

El autor da cauce a sus inquietudes sociales mediante una fórmula estética que hemos llamado concepción antropológico-social. Las obras estudiadas no son novelas sociales, en términos estrictos, pero sí son textos comprometidos. En general, continúan una línea abierta en la década de 1930. Condicionado por la vida política, Sender había dirigido toda su atención a la sociedad, buscando la consecución de una nueva organización social que fuera más justa e igualitaria. Conforme a ese fin, construyó una teoría ideológica y artística que se resume en la oposición «hombría» - «personalidad», y que aglutina toda su obra. Por tanto, los criterios antropológicos y sociales que surgen en los textos senderianos son una conjunción de ética y estética. Pues, como se ha expuesto, por un lado, los atributos morales de los personajes se explican a partir de la «hombría»; y, por otro, la dicotomía entre sociedad artificial y natural —que sustituye a la idea de sociedad burguesa y proletariado— se observa en todas las novelas.

Un símbolo por medio del cual el autor oscense expresa la «hombría» es la «desnudez», proclamada en La noche de las cien cabezas. La peña de Rómulo tiene un sentido similar al que tenía el dolmen erigido en nombre del hombre desnudo en la novela de 1934. En El rey y la reina, la desnudez es una imagen esencial —Rómulo y la duquesa son arquetipos de Adán y Eva—, que condensa el carácter moral de la historia. De igual forma, la escena final de El vado puede leerse como una reivindicación de la desnudez moral. Sender sitúa al personaje en un estado de perturbación, y, en ese plano irreal, alegórico, revela que el amor solidario es el origen de una futura renovación y salvación de la sociedad española del aislamiento.

Con Imán, el novelista establece unas pautas que nos dan algunas de las claves de esta faceta de su obra narrativa. De manera que, ya en esta novela, advertimos que los instintos naturales están por encima de las normas sociales. Su narrativa pone como ejemplo ético al hombre «natural», al hombre que se siente parte de un todo, y que es solidario con los demás. Ese hombre es un modelo ético: la huida de Sabino para no «enviar a alguno al cementerio»; el sentido de justicia que caracteriza a Paco; o el hecho de que Rómulo afronte su destino dispuesto a morir en condiciones de dignidad. Es frecuente que los personajes registren paralelismos con el mundo animal, pues forman parte de la misma materia: el cigüeñato y el oso (Sabino), Lucía transformada en «la hija moscarda», el potro de Paco, o la metáfora del moscardón penetrando en la flor (Rómulo y la duquesa).

Aunque el exilio hace de Sender un escritor más reflexivo, que tiende a reflexionar sobre las necesidades individuales —el amor como fuerza vital, por ejemplo—, no dejará de lado las exigencias sociales. En definitiva, el autor exalta al hombre que sigue su instinto natural, como punto de partida para transformar el orden social injusto. En El lugar de un hombre exhorta a la libertad, desde el inicial canto de las cucutes, hasta el final de la narración. La huida de Sabino al monte es un acto de rebeldía. El personaje opta por la libertad frente a la alienación, como medio de autoafirmación. Ése será el único camino posible para recobrar su identidad.

La vinculación a Aragón lleva a Sender a retratar el conjunto de creencias y tradiciones aragonesas, que son todas ellas creaciones del pueblo —como el romance de Paco—, y que forman parte de su identidad. La introducción de algunas voces aragonesas (vadinas, zolleta, bucardo, collicas, mocé, mosén) propician la localización de la acción narrativa. Además, el lenguaje propio es fundamental para un exiliado.

El componente de carácter antropológico y etnológico contribuye a recrear un ámbito realista, a dar verosimilitud a los textos. Sustenta, en buen grado, el «compromiso humanista» de Sender. Y también puede dotar a las obras de un sentido trascendente: el mito del paraíso perdido; el ascenso y la caída del héroe. La montaña y la cruz son los símbolos por excelencia del primitivismo y de la libertad. Con esa significación aparecen en Crónica del alba. Los espacios naturales como el saso en El lugar de un hombre, el río en El vado, y las cuevas en Réquiem por un campesino español, guardan cierta relación con la idea de regresión a un estado primitivo, donde los instintos naturales no sean viciados por la sociedad. En esos escenarios, los personajes adquieren conciencia de sí mismos (Sabino y Lucía), experimentan una toma de conciencia social (Paco), o descubren su trágico destino (Pepe). A partir del carácter sagrado del sacrificio —individual o colectivo— advertimos el sentido religioso del autor. Se trata de una religiosidad primitiva que nada tiene que ver con las doctrinas de la Iglesia católica, sino con una visión del cristianismo basada en la fraternidad y el amor. De ahí la analogía de Sabino, o de Paco con Jesucristo. El novelista cuenta la tragedia de la guerra civil y a la vez refiere su propio drama. Las consecuencias de la guerra son tan terribles, que tiene que darle un sentido trascendente a lo ocurrido. Por ello, hace una lectura parabólica de la contienda. El sacrificio de los españoles que murieron, de los que se exiliaron, no podía ser en vano.

Ramón J. Sender se refugió en la escritura. Como José Garcés, recogió «sus recuerdos para ponerlos a salvo de las represalias». Confió en la creación de otro mundo y, para ello, hizo uso del único medio que tenía a su alcance: la literatura. Movido por el fervor de unos ideales, que fueron su «secreto motor», durante un tiempo persistió en esa empresa. Como escribió María Zambrano, en la "Presentación" a la reedición de Los intelectuales en el drama de España, el pasado «para ser salvado de la deformación que llega tan fácilmente hasta lo grotesco, ha de ser enderezado, restituido a lo que era y más aún a lo que iba a ser» El final alegórico de las novelas examinadas tiene mucho que ver con ese «lo que iba a ser», con el deseo de Sender de llevar a cabo ese sueño.

Las sociedades, y con ellas el ser humano, no han alterado su esencia a lo largo de los siglos. Esa esencia vital perdura y se transmite, en unos ciclos que se repiten de generación en generación. El autor pretenderá plasmarla en cada uno de sus textos. El retrato social de sus creaciones va dirigido de lo particular a lo universal, con el fin de articular su propia ética. De ese modo, al trascender el tiempo y recrear la idea de eternidad, Sender suele anular la Historia en sus novelas. Presenta al hombre desde una perspectiva antropológica y existencial. Recordemos el problema que plantea el relato cuando regresa Sabino. Según expresa el secretario del Ayuntamiento: «Para la administración ese hombre carece de personalidad. No existe. Legalmente está enterrado». Aunque no exista una definición del hombre, lo cierto es que el individuo tiene conciencia de pertenencia a un grupo, y unas necesidades sociales de igualdad y de justicia. Es un tema que nuestro autor atendería hasta sus últimos días. Por ejemplo en Álbum de radiografías secretas. A propósito de la obra de Vercors titulada You shall know them, en la cual el autor trata de desentrañar una definición legal, religiosa y filosófica del hombre, Sender expuso su opinión sobre este asunto: la «calidad humana» del individuo se la da la comunidad.

No obstante, siempre reconocemos el plano histórico de las narraciones. Porque Sender denuncia las diferencias sociales, critica el contexto político de caciquismo dominante aún durante la Dictadura de Primo de Rivera y durante la Segunda República; se ocupa del problema agrario; censura la intromisión de la Iglesia española en la vida del país. El caciquismo fue rechazado por él desde las «Notas de la redacción» que publicaba en El Sol (1924-1930). Atento al curso de la vida política, social y cultural de Aragón y de España, Sender asimiló en esos años unos principios político-sociales que ya nunca abandonaría. El germen de la idealización del medio rural, del campesino, y del municipio se registra en esa época. Buena parte de este ideario permaneció en su memoria y llegada la ocasión el escritor supo introducirlo en su obra. A grandes rasgos puede decirse que en El lugar de un hombre —también en otras novelas, sobre todo en el Réquiem— hay un poso de ese pensamiento plasmado en su trabajo como periodista.

El lugar de un hombre enlaza, como hemos visto, con creaciones anteriores al año 1936, por la profundidad en las inquietudes individuales y sociales, por el vitalismo que transmite su autor. Y, al centrarse en los problemas del hombre como individuo, esta novela es un sólido puente que conecta con la obra posterior de Sender. El vitalismo se expresa a través del barrunto que le dio al protagonista. Con ello, el autor sintetiza el valor y la fuerza del irracionalismo en el ser humano. Barrunto es una palabra clave que refleja lo espontáneo de esa particular sabiduría propia del «idiota», que conoce el misterio de la condición humana, pero al que no se puede acceder sólo con la razón. Es una obra fundamental en la trayectoria literaria de nuestro autor. El lector de esta novela advierte el profundo respeto que tenía Sender por el ser humano, especialmente si se hallaba en condiciones de desigualdad. Hay momentos en el texto de una belleza lírica y sugerente que intensifica el dramatismo que encierra la historia. Precisamente por el contenido de denuncia política y social, la novela tardó un tiempo en llegar con libertad a las librerías españolas. Según nos aporta el testimonio de José Luis Castillo-Puche: «Ediciones Destino de Barcelona la publicó en 1968, pero no pudo circular hasta 1974, al regresar Sender a España. Personalmente intervine en el permiso de autorización, condición que puso Sender para cruzar la frontera»

De igual forma, Réquiem por un campesino español, que «estaba retenida por la censura española», fue autorizada en 1974.

De la lectura de Crónica del alba se aprecia que por parte del autor no hay lamentación, ni angustia, ni expresión de dolor. Sender ha sido expulsado de su espacio vital, pero no busca ni venganza ni culpables. Tan sólo siente la necesidad de recuperar su pasado a través de la escritura. En 1942, el escritor es un hombre perdido, pisa un suelo inestable. La fragilidad del presente se sustituye por el pasado, que es lo único fiable. Un pasado que Sender recobra mediante el relato de las aventuras infantiles de José Garcés —personaje rebelde que muere por defender la libertad y la justicia—, y de su amor a Valentina, su Dulcinea. Valentina es síntesis de realidad y de ficción. Es la «amiga del dulce sueño», es la «conjetura», porque es en el sueño, en la imaginación, en la literatura donde nuestros deseos se hacen realidad. Crónica del alba es un relato que trasciende la mera anécdota y adentra al lector en un fondo existencial y moral, que es la verdadera intención del autor. Al fin y al cabo, José Garcés viene a ser uno de aquellos hombres que se ilusionaron con la República, que lucharon defendiendo sus convicciones y principios morales. Uno de aquellos hombres que murieron durante la guerra, o uno de aquellos hombres cuya identidad se fue desintegrando en el exilio, en la cárcel, en los campos de concentración.

La plurisignificación de la obra culmina con la inferencia de la postura de Sender respecto a la dialéctica entre el arte y la vida, que podemos hacer extensiva al resto de su obra. Ante todo, defiende la libertad del creador. Para el autor aragonés la «verdad poética» es aquella en la cual la realidad, los sueños y las fantasías son tan reales o irreales como uno mismo quiera creer. Realismo (o verosimilitud) e imaginación no tienen porque ser contrarios. Más bien puede decirse que en su concepción literaria son complementarios. Prueba de ello es una declaración de Sender acerca de la imaginación, cuya tarea es descubrir «en las circunstancias de la vida y las del carácter de nuestro héroe y en sus afinidades relativas», y «producir efectos inefables, es decir, líricos para que la obra sea retenida por la memoria del lector y añada a su mente estímulos y motivaciones que lo enriquezcan».

Crónica del alba se sitúa en un extremo, que está donde se inicia el destierro de su autor. En el otro extremo se halla Monte Odina, un libro mosaico. Alrededor de una biblioteca que el escritor nunca llegó a visitar, compendia sus recuerdos, vierte sus opiniones sobre diversos temas y personajes históricos. Y, sobre todo, crea dos figuras, dos imágenes de sí mismo. Una es el símbolo de la infancia del autor, su amigo Froilán que murió siendo niño; y la otra, es símbolo de la vejez: el albatros Austral, que, una vez ha madurado, será liberado en la Sierra de Guara. Con la recreación de esta biblioteca y de su mundo —unido al mundo evocado en Crónica del alba—Sender pone de relieve su conciencia artística, la carga de inmortalidad que conlleva la literatura, y, con estas dos obras, sella su legado vital.”

01/08/2023

l'autor del mes, 1

 

Ramón J. Sender


José-Carlos Mainer: 
Sender es un hito fundamental de la novela española"

El especialista en la obra del escritor universal de Chalamera analiza algunas claves de su producción en el 120 aniversario de su nacimiento.

por Antón Castro
Heraldo, 04/02/2021

    José-Carlos Mainer Baqué (Zaragoza, 1944) es uno de los grandes estudiosos de Ramón José Sender (Chalamera, 1901-San Diego, California, 1982), del que ayer se cumplían 120 años de su nacimiento. El autor de La edad de plata le ha dedicado estudios, biografía, artículos en prensa y en revistas especializadas. Entre otros libros, es el editor de Ramón J. Sender, in memoriam. Antología crítica que publicó la IFC y el CSIC en 1983, publicó una breve biografía en la colección CAI-100 y es el prologuista de Madrid-Moscú (1933-1934), que editó el sello Fórcola. Ha sido comisario de congresos y siempre ha analizado su obra con pasión, lucidez y respeto.

PREGUNTA: ¿Cuál es el lugar de Ramón J. Sender?

RESPUESTA: En la historia de la novela española contemporánea Sender es uno de los hitos fundamentales y está, sin duda, en ese grupo de cabeza que no pasará de una decena de nombres.

P: ¿Por qué cree que no ha sido reivindicado por los escritores españoles de la nueva narrativa española con entusiasmo?

R: No me preocupa gran cosa esa ley natural de la vida literaria que presupone los olvidos e injusticias (que remedan lo inevitable en la vida de familia). No son los autores sino el mundo de la historia literaria el que tiene la obligación de ser más generoso y establecer una tabla de valores cambiante pero más inasequible a modas o prejuicios: ahí es donde sí percibo más olvido después de unos años –en torno a su centenario– que fueron fecundos en reediciones y estudios.

P: ¿Qué tiene de singular Ramón José Sender: es un contador de historias, un novelista que aúna psicología y contexto histórico, un cronista de su época? ¿Cómo lo define usted?

R: Hay un poco de todo en trayectoria. Lo que yo prefiero: el novelista social que cuenta con desgarro inigualable la vida española de los años veinte y treinta; el escritor de fantasías simbólicas sobre su tiempo histórico; el recreador de la novela histórica que aporta títulos fundamentales a un género que se renovó en todo el mundo en los años cuarenta…

P: ¿Rescataría algún otro título del autor de Chalamera?

R: Y también está ese autor de libros tardíos donde se mezclan su experiencia personal, sus manías y creencias, sus viajes y desazones, en libros muy personales y a veces demasiado desiguales pero que valdría la pena releer.

P: ¿Cuáles serían para usted sus tres o cuatro obras maestras?

R: Sean cuatro: “Imán”, “El lugar de un hombre”, “Crónica del alba” (la primera trilogía) y “El rey la reina”.

P: ¿De qué modo le influyó Aragón y cómo aparece reflejado en su obra?

R: Hay dos imágenes de Aragón muy distintas: la observación directa que está en sus primeras obras (y que constituye el mejor reflejo literario de la región en su tiempo) y la evocación del lugar perdido, hecha desde el destierro (espléndida en “El lugar de un hombre” o “Crónica del alba”) y un poco de recetario insincero en sus últimos años.”