21/08/2023

sender, obres i 9


 El fugitivo

Ramón J. Sender


(1972) Destino, 1983

200 páginas

en “Imaginarse a Sísifo feliz”
Un poco de todo
07/03/2015



    
    “Compro un ejemplar y lo leo mientras oscurece en la calle y se encienden los faroles entre el viento y las azoteas, bajo trozos de cielo pálido y nubes enrojecidas que se agrupan y se apagan en una masa oscura al fin”. Así se refería en un artículo en el diario ABC Carmen Laforet en abril de 1972 después de haber adquirido El fugitivo de Ramón J. Sender. Su adquisición adquiere tintes poéticos que pretenden imbuirnos de la idoneidad del momento en que esta autora comenzó a leer el libro que su amigo le había dedicado...."

20/08/2023

sender, obres 8

 

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre

Ramón J. Sender

(1964) Casals, 2010

376 páginas

por Enrique Flores Oropeza
en Revista UNAM Global
16/01/2017



    "El Dorado fue la creencia popular en Sudamérica de que el cacique en turno de una tribu indígena se sumergía en una laguna para depositar objetos de oro como tributo para su dios. Dado que era una práctica milenaria, la laguna debía estar repleta de riquezas. Sin embargo, se desconocía su ubicación precisa.

    Este mito, surgido entre 1519 y 1524, cuando se exploraba el territorio de lo que hoy es Panamá, se difundió más profusamente conforme la Conquista española avanzó hacia el sur. Numerosas expediciones partieron de los lugares conquistados -en las que fundaron incipientes ciudades que hoy son Quito, Bogotá y Lima- en busca de esa laguna.

    Una de ellas, la de 1560, fue encabezada por Pedro de Ursúa al mando de 400 hombres, entre quienes se encontraba Lope de Aguirre, un veterano soldado indisciplinado y resentido que terminó por sublevarse, asesinar a Ursúa y arengar a sus compañeros a retornar a Perú para arrebatarle este virreinato a la Corona Española.

    Si bien las inconformidades de los conquistadores españoles fueron manifiestas contra la Corona, que por lo general no los premió con los más altos cargos en los virreinatos fundados, la sublevación de Lope de Aguirre fue importante por haber sido el primer movimiento armado independentista justo a la mitad del proceso de la Conquista de América.

    La insurrección fue breve porque las huestes de Lope de Aguirre estaban agotadas por la larga expedición y porque eran mínimas en comparación con la milicia real diseminada en los asentamientos recién descubiertos, pero si este movimiento hubiera logrado acercarse a los poblados más grandes hubiera concitado seguramente más apoyo en su campaña hacia Perú, donde se sucedía una guerra civil entre conquistadores, y tal vez la historia americana hubiera tenido otro derrotero.

Por la importancia de este suceso siete novelistas lo han recreado, siendo la versión del escritor español Ramón José Sender, “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, la que mejor recupera de este personaje su entorno con más fidelidad para entender los motivos políticos que lo llevaron a la insurrección y las características y transformaciones de su personalidad que lo convirtieron en el asesino de Ursúa, de quienes se opusieron a él, e incluso el de su propia hija, que lo acompañaba en la expedición.

    Es también la obra que profundiza en el carácter de los personajes y que describe el entramado social y de castas, cuya interacción abona en la inconformidad que Lope de Aguirre sabe catalizar para su proyecto personal.

    La novela fue publicada en 1964 y los directores Werner Herzog y Carlos Saura la adaptaron para el cine en 1972 y 1988 respectivamente."

19/08/2023

sender, obres 7

 

Réquiem por un campesino español (1960)

(Mosén Millán, 1953)

Ramón J. Sender


Destino, 2021

104 páginas

por Guzmán Urrero Peña
Centro Virtual Cervantes



    "La crítica senderiana alude muchas veces a esta soberbia criatura literaria, cuyo antecedente nació en la imprenta en 1953 (Mosén Millán. México D.F.: «Colección Aquelarre») y adquirió su versión definitiva en 1960 (Réquiem por un campesino español. Nueva York: Las Américas). No es para menos. Con inteligencia clara, Sender proporciona unidad formal a las contradicciones y agitaciones de la posguerra, tan a menudo viciada por el miedo, la venganza y otras catástrofes morales. Curiosamente, el relato no se mueve en una atmósfera de pesadilla. Muy al contrario, entre las intenciones del escritor hay una que proporciona esperanza: la restauración del mito que infunde belleza a los grandes gestos.

    En el protagonista de esta novela corta (Paco, el del Molino), emerge a la superficie ese héroe trágico que es modelo de autenticidad y pureza, acogido —custodiado— en la memoria popular como protagonista de un romance y eje de la conciencia de quienes lo asesinaron. Claro que, a la hora de plasmar la perspectiva de vencedores y vencidos, Sender evita la inmediatez sensible, y obliga a su narrador a mirar cada cosa desde una distancia prudente, contaminada en los intersticios de memoria y sentimiento. No en vano, esta representación de la vida rural (casi etnográfica en su escrutinio) responde a un plan admirable: mostrar cómo luchan los lugareños con el recuerdo de un hombre digno, un hombre que es la perfecta antítesis de sus adversarios, nada hospitalarios para esa clase de ideas que tienen que ver con la libertad individual.

    Siguiendo una táctica que no elude las referencias religiosas (la traición de Judas sobrevuela el texto), Sender modela su historia con sencillez estructural, y esa economía narrativa viene a contrastar con la frondosa riqueza de un relato que, sin mencionar la guerra civil, es uno de sus más acabados reflejos. Lo confirma Patricia McDermott en esta admirable definición que tomamos de «Réquiem por un campesino español: summa narrativa de Ramón J. Sender». A su juicio, éste «es un cantar a la inversa la leyenda de la historia de la España de los vencedores para vindicar la intrahistoria de los vencidos. La summa histórica de la España castrense desde las guerras púnicas hasta la nueva cruzada se condensa en los nombres de los pudientes Valeriano, Gumersindo y Cástulo y del cura mosén Millán, con su siniestra reminiscencia del general Millán Astray —“¡Muera la inteligencia!”— en su enfrentamiento en 1936 con Unamuno —“Venceréis pero no convenceréis”—; mientras el nombre familiar de Paco refleja la condición de la España colonial y de una España ilustrada que pudo ser —Cabarrús y Goya— y un cristianismo primitivo que opta por los pobres —san Francisco de Asís— en oposición a los valores nacional-católicos del caudillismo triunfante» (en Ara Torralba y Gil Encabo, eds., El lugar de Sender, p. 379).

    Un ejemplo de esta sugestión, resumen de dos Españas en pugna, es el modo en que Mosén Millán rememora la vida de Paco. Fragmentariamente, como si hubiera algo en la esencia del pasado que su conciencia suprimiese, el sacerdote construye la imagen de aquél a quien delató con fatales consecuencias. Poco a poco, el lector advierte la grave responsabilidad del cura, al tiempo que descubre el frondoso recuerdo de Paco en nuevos matices y tonos, escuchando a los demás personajes (La Jerónima, Águeda, el padre de Paco, el monaguillo y los tres asistentes al réquiem, don Valeriano, don Gumersindo y don Cástulo). En definitiva, queda de manifiesto que la tersura narrativa encubre complejidad, fragmentación, ambigüedad; acciones disolventes de la memoria que, por paradoja, sirven para desatar los nudos de un crimen esencial para entender la deriva de esa comunidad.

Es verdad que la figura de Paco se mantiene enhiesta entre el dolor y la ruina. Incluso a nivel simbólico, su caballo perfecciona la evocación de la tragedia frente a los poderosos. Pero es Mosén Millán el personaje que se agiganta en el centro de ese microcosmos, no sólo por la magnitud de su imprudencia sino por su cometido en el teatro sagrado que ha de señalar esa culpa de una vez por todas: la misa de réquiem. Una ceremonia estremecedora, en cuya formulación se pone de manifiesto la miseria de una España culpable y dividida."



18/08/2023

sender, obres 6

 

Crónica del alba

Ramón J. Sender


(1942-1966) Alianza Editorial, 2016

1.680 páginas

por Guzmán Urrero Peña
Centro Virtual Cervantes



    "Si la palabra memoria repercute en muy variados órdenes literarios, y en todos ellos deja tras de sí las huellas de sus pasos, a nadie se le oculta que Sender tiene mayor vigor cuando conmemora en sus páginas el pasado. Y así como Borges defiende que todo libro es una confesión, no es raro que el aragonés proceda muchas veces ocultándose tras sus personajes, hablando por su boca como un ventrílocuo haría con su marioneta. Luego —ya se ha dicho más de una vez— ordena, aumenta o mengua su anecdotario para someterlo al troquel novelesco, y de ese modo convierte la proyección biográfica en literatura.

    Memoria y narración acaban siendo una misma cosa para un lector que también es confidente, sobre todo si atendemos al denso ciclo narrativo de Crónica del alba (1942-1966), donde el personaje Pepe Garcés, prisionero en el campo de Argelés, se puede equiparar a su creador por dos de sus propiedades, a saber, la puramente sensible y que casi irradia emotividad, y la que cabría llamar circunstancial, armonizada en los mismos paisajes donde se resolvió la vida de Sender. Después de las comparaciones, no ha de extrañar que diversos estudiosos hayan insistido en considerar el ciclo como una crónica (también periodística) alta por su calidad narrativa y noble por su certeza autobiográfica, más aún cuando la mistificación se entrelaza con la sinceridad. En esta línea, la presencia en la trama del mismo escritor (albacea de Garcés y personaje al cabo) no hace sino complicar gozosamente un juego de espejos en cuyos brillos y refracciones va perfilándose la España contemporánea en su atmósfera y episodios.

    Desde el periodo anterior a la guerra civil hasta el estallido de ésta, la existencia de José Garcés se sostiene lo largo de nueve libros (tres tomos), a saber: Crónica del alba, Hipogrifo violento, La Quinta Julieta, El mancebo y los héroes, La onza de oro, Los niveles del existir, Los términos del presagio, La orilla donde los locos sonríen y La vida comienza ahora. De todos ellos, resulta especialmente hermoso el tramo que comprende la infancia aragonesa del protagonista y su amor por Valentina. Así lo pone de manifiesto Francisco Carrasquer en su artículo «Sender por sí mismo», donde escribe lo siguiente: «Pues lo que es por falta de memoria y amor no quedará la patria (chica) de Sender, porque la ha memorizado con muchos cientos de páginas y la ha amado como nadie a través de su madre implícitamente y muy explícitamente por mor de Valentina, de la que hace en su primer tomo de Crónica del alba una joya literaria luciendo en un joyero cuasi biográfico de una poesía penetrante y conmovedora» (Sender en su siglo, p. 281).

    Resuelta en la página escrita, la incorregible barbarie del hombre cobra fuerza a medida que avanza el relato. Sobre esa imagen amarga, el narrador ideado por Sender evoluciona con serena melancolía, perspectiva ideológica y primorosa fusión de inteligencia y apasionamiento. Aunque respetuoso con la claridad formal, el escritor sabe cuándo ha de dosificar su talento poético, y con esa energía elabora estructuras más complejas, donde da expresión a emociones extasiadas, sensuales y también feroces.

    Por las cosas dichas puede verse cuáles son los motores que impulsan la obra senderiana y la virtud de todas sus partes (litigio de dudas íntimas, donde el sentido se engaña con frecuencia, y exposición ficticia y literal de lo vivido, donde el alma literaria se ejercita en su oficio).

    Usando mucha cautela en esta pista filosófica, Juan Carlos Ara Torralba apunta nuevas razones en «Ocasión del vacío: la escritura de Ramón J. Sender (1901-1982)». Así, el ensayista no se contenta con el trazo impresionista y define el influjo dominante en la doctrina novelesca del aragonés: «En la pertinaz persecución del sentido, del espacio vacío e inefable, Sender —ciertamente el primer fugitivo de su misma escritura, evadido imposible de la memoria— encontró su lugar, que no fue otro que la propia literatura, la persistencia redundante. Era su modo de tratarse —de retratarse—, un tantico tozudo y un mucho de solitario obcecado, tal como él mismo trataba a sus protagonistas. Por ello es fácil percibir en la literatura senderiana, al quite de pocas páginas, una especie de impaciencia por la revelación» (Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 612, p. 118)."

17/08/2023

sender, obres 5

 

El lugar de un hombre

Ramón J. Sender


(1939) Destino, 1997

192 páginas

por Javier Barreiro
Centro Virtual Cervantes



    "Publicada en su primera versión (1939), con el título de El lugar del hombre, por la editorial Quetzal, fundada por Sender al llegar a México, la obra debía haber sido terminada poco antes de su exilio, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. La novela se basa en un hecho histórico: la vuelta en 1926 a su pueblo de un hombre por cuyo asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer el inexistente crimen debido a las brutales torturas infligidas por la guardia civil consentidas por la maquinaria judicial, y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos años en el penal. Desde entonces este asunto, que causó honda conmoción en el país y sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para el El Sol en marzo de 1926, se conoció como "El crimen de Cuenca"

    El narrador ligó estos hechos con otro que se dio durante su niñez en Aragón: el de la desaparición de un hombre marginado y miserable, que huyó de su aldea natal al campo, al verse despreciado y anulado por sus convecinos.

    Sender, sin embargo, no se limita al relato de los hechos sino que incorpora otros materiales integrando también muchas de las obsesiones de su intensa peripecia personal, con lo que la obra multiplica sus niveles de significado: la preocupación social, que había convertido al novelista en el principal representante de esta tendencia durante los años treinta y que aquí toma la forma de una exacta denuncia del caciquismo; la omnipresencia de las raíces de su niñez rural aragonesa, con su paisaje natural y humano; el trasfondo de la división del país en dos bandos irreconciliables, con la metáfora latente de la guerra civil; el elemento existencial, tan presente en toda la producción senderiana y que durante toda la década de los cuarenta va a convertirse en el principal leif-motiv de la literatura europea. Y, sobre todo ello, la afirmación de la importancia de cada ser humano, por humilde e insignificante que éste sea, en el transcurso y desenvolvimiento de la existencia y de la naturaleza, con la denuncia de lo que suponen hechos sociales como la marginación, la exclusión o el exilio interior o forzado. Con estas bases, Sender se afirmaba en su defensa del individuo como valor primario, en la línea de sus planteamientos anarquistas.

    Junto a todo ello, Sender logra una intensidad descriptiva y emocional que convierte El lugar de un hombre en una de las cimas de la novela española del siglo XX. La maestría en la distribución de los materiales narrativos, la capacidad de sugerencia y elipsis, el desgarrado realismo orlado de elementos poéticos, así como el magnífico dibujo de los personajes, expresado en rasgos rápidos pero creíbles, y la precisa descripción de la terrible sociedad rural española de la preguerra constituyen otros de los principales rasgos de esta poderosa obra.

La segunda edición (1959), con importantes modificaciones, que no siempre mejoran el original, y cambio definitivo de título, El lugar de un hombre, fue también publicada en Méjico por Ediciones CNT. La primera edición española en 1968 se debe a la barcelonesa editorial, Destino y ha tenido muy numerosas reimpresiones. Hay también una excelente edición crítica de la profesora Donatella Pini, publicada en Huesca por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, en coedición con Destino. La novela ha sido traducida a los principales idiomas europeos."

16/08/2023

sender, obres 4

 

Mister Witt en el Cantón

Ramón J. Sender


Premio nacional de narrativa 1935

Castalia, 1987

552 páginas



por Guzmán Urrero Peña
Centro Virtual Cervantes

    "Según él mismo dejó de manifiesto, Sender escribió Míster Witt en el Cantón en sólo veintitrés días, dictando la mayor parte del borrador a su esposa. Tan breve plazo de escritura se compensó con unos cuantos días de corrección, tras lo que el original fue presentado al Premio Nacional de Literatura.

    Desde que salió de imprenta en abril de 1936, este libro sobre la insurrección cartagenera de 1873 mereció un interés particular que hoy prolongan los estudios senderianos. En principio, es ya un lugar común repetir que, si bien se trata de una novela histórica, el acento está puesto en áreas que desatendieron los episodios galdosianos. De hecho, dejando de lado la inquietud documental, la obra vuelve a replantear un paralelismo muy frecuentado en literatura: el que entrelaza ficción psicológica (individual) e historia (colectiva), resaltando su continuidad. En este caso, el lector sigue la historia de celos y degradación moral del ingeniero inglés Jorge Witt, diseñada en la atmósfera de una revolución frustrada por individuos como él.

    Sender aprovecha la historiografía disponible para construir sobre ella una relación de pareja que ahonda en las contradicciones de aquellos acontecimientos. Frente al victoriano Witt, personaje polisémico, símbolo de lo inglés en las relaciones internacionales, se sitúa Milagritos Rueda, cuya generosidad y compromiso resumen el ambiente popular del ciclo revolucionario. Ambos vienen a formar un dúo cuyo desgaste sentimental, agitado por crisis cada vez mayores, nos vuelve a llevar al argumento de la insurrección frustrada. Y es precisamente en tal ambiente donde el autor expresa el concepto de hombría, sin vacilar en los efectos de dicho carácter en una situación límite. En esa dirección, el relato aglomera diversos pasajes de la coyuntura biográfica de Sender, comprometido con ideales (morales, políticos) muy firmes en las vísperas de la guerra civil.

    Dicho compromiso no enturbia en grado alguno la cualidad fabuladora del escritor. Muy al contrario, favorece la multiplicidad de discursos que absorbe la novela. Entre ellos, resaltan las experiencias de la Segunda República, incluida esa posibilidad revolucionaria que el aragonés analiza con tesón y que involucra generosidad e ideales raramente observables. Por todo ello, el fracaso de la idea cantonal sugiere dilemas muy claros en un proceso político de este carácter. Entrando en el análisis ideológico del escrito, José María Jover insiste en que dicho discurso nos remite al motivo más habitual en la biografía del primer Sender: «el de la revolución cantonal; dicho con más precisión, el discurso de la Revolución genéricamente considerada , que se manifiesta en la historia de Míster Witt mediante la evocación e idealización de una revolución pretérita: la revuelta de los cantonales cartageneros en 1873. Partamos, pues, de la afirmación de que no es un prurito arqueológico, desconectado de su circunstancia sociopolítica, lo que mueve a Sender a volver la vista a los sucesos del 73» (Introducción a Míster Witt en el Cantón, Castalia, 1987, p. 57).

    En su esfuerzo por abarcar el movimiento federalista y sus contraluces, Sender concede a Mr. Witt un valor premonitorio, confirmado en la postura de su país en ulteriores conflictos. En contraste, la espontánea Milagritos juega como elemento encadenante: simboliza el pensamiento popular del Cantón, pero a la vez es origen del drama de Witt por su diverso trato con Froilán Carvajal y Colau. A partir de tan frondoso dispositivo, el egoísmo, la deslealtad y la duda actúan, entre otros elementos, como disipadores de la utopía."

15/08/2023

sender, obres 3

 

Viaje a la aldea del crimen

Ramón J. Sender

Libros del Asteroide, (1935) 2016

212 páginas


    En enero de 1933 se produjo una revuelta en un pequeño pueblo gaditano, Casas Viejas, que fue brutalmente sofocada por las fuerzas del orden republicanas. Veinticinco personas perdieron la vida en unos sucesos que a la postre acabarían forzando la dimisión del presidente del Gobierno, Manuel Azaña.

    Desde el primer momento hubo dudas respecto a la versión oficial de los hechos y varios periodistas se desplazaron enseguida a Casas Viejas para recabar más información. Uno de ellos fue Ramón J. Sender, ya por entonces famoso escritor y periodista, quien el 19 de enero publicaría en el periódico La Libertad la primera de una serie de crónicas sobre lo sucedido. Poco después, Sender aprovecharía la información recopilada por la comisión parlamentaria y el posterior juicio a los mandos que dirigieron la represión para reestructurar y ampliar los textos de las crónicas y darles forma de libro.

    Publicado por primera vez en 1934, Viaje a la aldea del crimen es uno de los mejores reportajes españoles del siglo XX y un libro fundamental para entender las profundas tensiones políticas y sociales a las que tuvo que hacer frente la Segunda República.

Vosa reedita el reportaje de Ramón J. Sender 
sobre el suceso de Casas Viejas

por Alejandro Luque
El País, Andalucia
27/07/2000

    "Enviado por el diario La Libertad, Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901-EE UU, 1982), autor de La tesis de Nancy y Réquiem por un campesino español, confeccionó un extenso reportaje sobre el suceso de Casas Viejas que fue publicando por entregas. La edición completa de esta experiencia vio la luz en 1934 bajo el título Viaje a la aldea del crimen. Por varias razones (incluida la resistencia del propio autor), el libro no había sido reeditado hasta ahora, cuando Ediciones Vosa lo ha rescatado.

    "Entraron por distintas calles. Toda la parte sur de la colina se cubrió de uniformes, que sobre la cal de los edificios resaltaban vivamente". Licencias líricas para relatar la tragedia: la Guardia de Asalto registraba a tiros y culatazos la villa de Casas Viejas. Buscaban a un viejo campesino llamado Seisdedos, quien en compañía de otros hombres de campo y guiados por la propaganda anarquista, había cortado la carretera y el teléfono y depuesto al alcalde del pueblo para instaurar el comunismo libertario. Era el mes de enero de 1933. El escritor Ramón José Sender estuvo allí y volvió para contarlo. Los sucesos de Casas Viejas le sorprendieron entre el regreso de la guerra de Marruecos y la consecución del Premio Nacional de Literatura por Mr. Witt en el cantón.

    Ausente de los fondos de la Biblioteca Nacional, Vosa, la editorial que dirige Manuel Blanco Chivite, encontró apenas una copia en la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, lo que ha permitido devolver el texto, tantos años después y bajo el cuidado de José María Salguero, a la imprenta.

Más de medio siglo

    Viaje a la aldea del crimen no había vuelto a ver la luz desde 1934, cuando el editor Gregorio Pueyo alentó una primera edición. Aunque la editorial Planeta dispone de la práctica totalidad de los derechos de autor del aragonés, nada impidió la recuperación. A Blanco Chivite no le cabe ninguna duda de que Viaje a la aldea del crimen "apasionará a un sector de la juventud concienciado", y destaca de él "aquel estilo fresco y moderno, dentro de una tradición que se cultivó en la República y quedó anonadada con el franquismo: la del reportero al pie del tajo, que va al lugar de los hechos, observa, oye y lo cuenta".

    La prosa periodística de Sender, de enorme vigor descriptivo, vuelve así a estremecer a sus lectores al narrar cómo se ordenó quemar la casa de Seisdedos, donde murieron 16 personas.

    Una extensa bibliografía registra la página más negra de este pueblo de la provincia de Cádiz, que fue reconocido desde entonces y hasta hace unos años con el nombre de Benalup. La recuperación del libro de Sender supone, además, el recuerdo de uno de los grandes escritores españoles de la primera mitad del siglo XX."