06/03/2016

ball rodó



Mostrem la imatge de la maqueta del grup escultòric. "BALL RODÓ", un encàrrec realitzat per l'Agrupació Sardanista de la ciutat de Cerdanyola del Vallès, a l'escultor i company de Vespres Literaris Juan Mesa.

El Ball rodó és un cant associat a una dansa per batre el blat,  que antigament es feia servir a Catalunya.

Antigament, per batre, en comptes de fer córrer els animals per damunt de la batuda, la gent dansava per sobre; originàriament ballaven només les dones mentre l'amo, situat al centre, manava el ritme tal com volia. Posteriorment, aquesta dansa es va anar transformant en una sardana popular. (font wikipedia)


El Llibre vermell de Montserrat ha fet arribar, des del s XIV, un testimoniatge de la Ballada dels goigs de Nostra Dona en vulgar català a ball rodó , i d’un Cant de l’Ave Maria a ball rodó . Al Principat, entre la pagesia, han estat molt populars els balls rodons entorn d’un arbre (ball de l’arbre), d’un foc (la nit de Sant Joan), o d’una font, possibles reminiscències de cultes antics. (font enciclopèdia catalana)

05/03/2016

la nieta del señor linh (finale)

“Un frío brutal inunda por completo al señor Bark. Se queda paralizado unos segundos, durante los cuales vuelve a ver el accidente, la sonrisa del señor Taolai, el coche abalanzándose hacia él, golpeándolo con violencia pese al frenazo, el impacto, el anciano volando por los aires y aterrizando pesadamente en el suelo con un ruido de madera partida.

El señor Bark tiembla. Los curiosos se arremolinan alrededor del cuerpo. El conductor permanece en el coche, anonadado. El señor Bark echa a correr, aparta a los mirones, se abre paso entre la gente con gestos exasperados... Llega junto a su amigo. El anciano está tumbado sobre un costado, encogido. La bata azul, extendida a ambos lados de su cuerpo, parece la corola de una enorme flor. Junto a ella, un saquito de tela desgarrado ha derramado sobre el asfalto una tierra oscura y porosa. También hay una fotografía, sin duda caída de un bolsillo, que el señor Bark reconoce.

Cae de rodillas y recoge la fotografía. Le gustaría coger a su amigo en brazos, hablarle, decirle que aguante, que la ambulancia está en camino, que se lo llevaran, lo cuidarán, lo curaran, que pronto podrán reanudar sus paseos, ir a restaurantes, a la orilla del mar, al campo, que jamás se separaran, lo jura.

Los ojos del señor Taolai están cerrados. De una herida invisible en la parte posterior del cráneo le mana un poco de sangre, que sigue la pendiente de la calzada como un vacilante arroyo y acaba separándose en cinco hilillos distintos: parece el esbozo de una mano con sus cinco dedos. El señor Bark contempla esa mano que fluye y dibuja la vida de su amigo, la vida que abandona su cuerpo. Curiosamente, ver el dibujo que traza la sangre del señor Taolai sobre el asfalto le recuerda vagamente un sueño que tuvo unas noches antes, un sueño que trataba de un bosque, de una fuente, de un atardecer, de agua fresca y olvido.

Posa la mano en el hombro del anciano, como tantas veces antes, y se queda así un largo momento. Muy largo. Nadie se atreve a molestarlo. Luego se levanta lentamente. Los curiosos lo miran intrigados. Retroceden. Y cuando uno de ellos se aparta como lo haría ante algo muy bello y luminoso, el señor Bark ve a sus pies a Sandiú, la preciosa muñequita de la que su amigo el señor Taolai jamás se separaba y a la que dedicaba todo su tiempo y todas sus atenciones, como si se tratara de una niña de carne y hueso. Se le encoge el corazón al contemplar la muñeca de hermoso cabello negro. Lleva el vestido que le había regalado a su amigo para ella y tiene los ojos muy abiertos. No se ha hecho nada. Ni un rasguño. Solo parece un poco asombrada y expectante.

El hombre gordo se agacha y la recoge con cuidado.

—Sandiú —le murmura al oído sonriendo, pese a que las lágrimas empiezan a nublarle los ojos. Luego se acerca a su amigo, se arrodilla de nuevo y le coloca la muñeca en el pecho. La sangre ha dejado de manar. El señor Bark cierra los ojos. De pronto siente un inmenso cansancio, un cansancio como no ha sentido jamás. Mantiene los ojos cerrados. No tiene ganas de volver a abrirlos. Qué dulce es la noche, la noche de la mirada... Qué bien se está. Ojalá durará. Ojalá no acabará.

—Sang Diu... Sang Diu...

El señor Bark sigue con los ojos cerrados.

—Sang Diu... Sang Diu...

Oye la voz perfectamente, pero se dice que es un sueño. Y no quiere que acabe.

—Sang Diu... Sang Diu...

La voz no calla. Al contrario, se hace más fuerte. Incluso suena dichosa. El señor Bark abre los ojos. Junto a él, el anciano lo mira y sonríe. Rodea con los brazos a Sang Diu, le acaricia el pelo con una mano mientras tiende la otra ansiosamente hacia su amigo. Trata de levantar la cabeza.

— ¡No se mueva, señor Taolai! ¡Sobre todo, no se mueva! —exclama el señor Bark, y suelta una gran carcajada, una carcajada tan grande como él, una carcajada interminable—. ¡La ambulancia llegará enseguida, no se mueva!

El anciano ha comprendido. Vuelve a posar la cabeza en el asfalto suavemente. El hombre gordo le coge la mano. El calor que le llega a través de ella es maravilloso. Al señor Bark le dan ganas de abrazar a todo el mundo, a todos aquellos desconocidos con los que unos momentos antes se habría liado a puñetazos. Su amigo está vivo. ¡Vivo! Sí, se dice, puede que la vida sea también esto. De vez en cuando un milagro, oro y risas, y de nuevo la esperanza cuando crees que a tu alrededor todo es destrucción y silencio.

Cae la tarde. El cielo tiene un tono lechoso oscuro y acariciante. El señor Linh siente el liviano peso de Sang Diu sobre su pecho y tiene la sensación de que le trasmite sus jóvenes fuerzas. Se siente renacer. No será un maldito coche lo que acabe con él. Ha sobrevivido al hambre y la guerra. Ha cruzado los mares. Es invencible. Posa los labios en la frente de la pequeña. Ha encontrado a su amigo. Le sonríe. Le dice buenos días varias veces. El señor Bark le responde « ¡Buenos días! ¡Buenos días!», y esas palabras repetidas se convierten en una especie de canción interpretada a dúo.

Llegan los enfermeros, se abren paso hasta el accidentado y lo colocan en la camilla con extremo cuidado. El anciano no parece sentir dolor. Los camilleros se lo llevan a la ambulancia. El señor Bark le coge la mano sin dejar de hablarle. Es el comienzo de una primavera muy hermosa. Los primeros días. El anciano mira a su amigo y le sonríe. Estrecha la hermosa muñeca entre sus delgados brazos, la estrecha como si su vida dependiera de ello, la estrecha como estrecharía a su nieta, silenciosa, tranquila y eterna, una hija del alba y de oriente.

Su única nieta.

La nieta del señor Linh.”


La nieta del señor Linh
Philippe Claudel
Salamandra, Barcelona, 2008

Págs. 122-126

04/03/2016

recordant harper lee



Dissabte, 12 de març, recordarem a l'escriptora nord-americana, recentment desapareguda, Harper Lee

De la mà de la Pilar, ens endinsarem en els secrets de la seva novel·la, "Matar un rossinyol", guardonada amb el Premi Pulitzer en1961, i de la recentment publicada "Vés i aposta un sentinella".


Així mateix, veurem la pel·lícula "Matar un rossinyol", dirigida per Robert Mulligan sobre un guió de Horton Foote i protagonitzada per Gregory Peckbasada en la novel·la homònima de Harper Lee que va ser estrenada el 25 de desembre de a 1962.

03/03/2016

dia mundial de la poesia



Enguany Cerdanyola del Vallès torna a celebrar el Dia Mundial de la Poesia, el divendres 11 de març a les 19.30h a la Biblioteca Central, amb el poema “Preneu les roses” de la poeta Olga Xirinacs i a continuació l’espectacle “Com elles”, una antologia viva sobre l’obra d’algunes de les millors poetes internacionals del segle XX.

Preneu les roses

Mireu, és tan sols un moment. Contempleu
com entra la primavera de sang verda.
Preparo el meu quadern per escriure una estona
sobre aquest fenomen que arriba en silenci.
Potser un vent lleu, potser un mestral
mourà les fulles de les mèlies,
de les moreres i dels avellaners,
portarà el perfum dels jacints a les places,
sobre tombes recents, sobre les oblidades,
i recordarà a vius i morts que en aquest mes de març
hi ha un dia que en diuen dels poetes. De la poesia.
Tolstoi va escriure Resurrecció, la contundent entrada
a la força del viure i a l’ambició dels homes,
tot en una sola pàgina, la primera.
Oh, sí, llegiu-la. Perquè si alguna cosa cal que digui el poeta
és que la vida torna i es fa lloc, i que els homes
lluiten contra tota natura. Contempleu, també,
La primavera, d’Odilon Redon al Museu Puixkin:
la dona rosa i nua sota l’arbre immens,
i no cal dir res més en aquest dia vint-i-u de març.
L’he escrit ja fa molts anys, aquesta primavera,
mentre els llorers creixien i oferien
corones victorioses. Preneu les roses
abans no s’esfullin. Fulles i fulls de llibre
s’abandonen a la fràgil esperança del poeta.

Olga Xirinacs

02/03/2016

la nieta del señor linh (obertura)



“Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.

De pie en la cubierta, ve alejarse su país, el país de sus antepasados y sus muertos, mientras la criatura duerme en sus brazos. El país se aleja, se hace infinitamente pequeño, y el señor Linh lo ve desaparecer en el horizonte durante horas, pese al viento que sopla y lo zarandea como a una marioneta.

El viaje dura mucho tiempo. Días y días. Y el anciano pasa todo ese tiempo en la popa del barco, con la mirada puesta en la estela blanca que acaba fundiéndose con el cielo, escrutando la lejanía en busca de la orilla invisible.
Cuando quieren hacerlo entrar en su camarote, se deja llevar sin decir nada, pero poco después vuelven a verlo en la cubierta, con la pequeña maleta de cuero a sus pies, agarrado a la borda con una mano y sujetando al bebé con la otra.

Una correa rodea la maleta para evitar que se abra, como si en su interior hubiera cosas de mucho valor. En realidad sólo contiene ropa usada, una fotografía casi borrada por el sol y un saquito de tela en que el anciano ha metido un puñado de tierra. Eso es todo lo que pudo llevarse. Y al bebé, claro. Es un bebé tranquilo. Una niña. Cuando el señor Linh subió a bordo con una multitud de gente parecida a él, hombres y mujeres que lo habían perdido todo, que fueron reagrupados a toda prisa y se dejaron conducir, la niña tenía seis semanas.

Seis semanas. Lo mismo que dura el viaje. Así que cuando el barco llegue a su destino la niña tendrá el doble de edad. Y el anciano, la sensación de haber envejecido un siglo.

A veces le susurra una canción, siempre la misma, y la niña abre los ojos, y también la boca. El anciano la mira y ve algo más que el rostro de una recién nacida. Ve paisajes, mañanas luminosas, el lento y apacible paso de los búfalos por los arrozales, las alargadas sombras de los enormes banianos a la entrada de su aldea, la bruma azulada que desciende de las colinas al atardecer, como un chal deslizándose lentamente por unos hombros...

La leche que le da a la niña le rebosa de los labios. El señor Linh todavía no tiene costumbre. Es torpe. Pero la niña no llora. Vuelve a dormirse, y él sigue contemplando el horizonte, la espuma de la estela y la lejanía, en la que hace mucho que no ve nada.

Por fin, un día de noviembre, el barco llega a su destino. Pero el anciano no quiere bajar. Abandonar el barco es como abandonar definitivamente lo que todavía lo une a su tierra. Así que dos mujeres lo acompañan al muelle con gestos suaves, como si se tratara de un enfermo. Hace mucho frío y el cielo está encapotado. El señor Linh aspira el olor del nuevo país. No huele nada. No hay ningún olor. Es un país sin olor. Aprieta a la niña contra su pecho y le canta al oído la canción. En realidad, también la canta para él, para oír su propia voz y la cadencia de su lengua.

El señor Linh y la niña no están solos. En el muelle hay centenares de personas como ellos. Viejos y jóvenes esperando dócilmente, junto a su escaso equipaje, a que les digan adónde ir y pasando un frío como nunca han pasado. Nadie habla. Son frágiles estatuas de rostro triste que tiritan en absoluto silencio.

Una de las mujeres que lo ha ayudado a bajar del barco vuelve a acercarse a él. Le hace señas de que la siga. El anciano no entiende sus palabras, pero sí sus gestos. Le enseña la niña. Ella lo mira, parece dudar y por fin sonríe. El anciano se pone en marcha y la sigue.

Los padres de la niña eran los hijos del señor Linh. El padre de la niña era su hijo. Murieron durante la guerra que asola el país desde hace años. Una mañana fueron a trabajar a los arrozales, con la niña, y por la noche no volvieron. El anciano corrió a buscarlos. Llegó jadeando al arrozal. Ya no era más que un enorme agujero lleno de lodo, y al lado vio un búfalo despanzurrado, con el yugo partido en dos como una brizna de paja. También vio el cuerpo de su hijo y el de su nuera, y un poco más lejos a la niña, envuelta en sus pañales, con los ojos muy abiertos e ilesa, y a su lado una muñeca, su muñeca, tan grande como ella, pero decapitada por un trozo de metralla. La niña tenía diez días. Sus padres le habían puesto Sang Diu, que en el idioma del país quiere decir «Mañana dulce». Le habían puesto ese nombre y luego habían muerto. El señor Linh recogió a la niña. Y se fue. Decidió irse para siempre. Por la niña.”

La nieta del señor Linh
Philippe Claudel
Salamandra, Barcelona, 2008

Págs. 9-12

estrena del GAT



El proper dissabte dia 5 de març a les 21 hores, els companys GAT portaran a escena la primera de les cinc obres programades per aquest any, que celebren el 40è aniversari del grup. A l’Ateneu de Cerdanyola representaran l'obra "Petits crims conjugals" d'Eric-Emmanuel Schmitt.


“Petits crims conjugals” es una història d'intriga que analitza per què una parella amb el pas del temps vol seguir junta. El text analitza les contradiccions de les relacions amoroses en una parella: dona i marit s'enfronten als seus sentiments i a les pors generades per quinze anys de convivència, des d'una crueltat i una tendresa que només s'expliquen pel subtil entramat de relacions de poder que propicia l'amor i el desig.

01/03/2016

exposició pictòrica



Del 3 al 31 de març de 2016, l’amic Benito Sánchez García exposa al vestíbul i la primera planta del Centre Cívic Navas (carrer Navas de Tolosa, 312, Barcelona), sota el títol: “Expresiones, figuras bajo el agua”.

L’artista alcoià, resident a Ripollet, presentarà la seva obra, de gran plasticitat, lluminosa i plena de vida. Amb tècnica realista, ens acostarà amb primers plans, tota l’expressió i la sensacions d’estar en contacte amb l’aigua, on l’esser humà pot desconnectar i retrobar-se mentalment, al igual que l’artista ho fa entre els seus pinzells i el llenç.

A la primera planta, trobarem la seva obra anterior, on la figura deixa pas al paisatges bucòlics d’alta muntanya.