07/05/2017
06/05/2017
la huella del basajaun, IV
Tras despedirnos de Navarra, encaminamos nuestros
pasos hacia la última etapa de nuestra ruta: la Ciudad de Alfaro, en La Rioja.
Situada al este de la comunidad, en La Rioja Baja,
es cabecera de la comarca a la que da nombre y el municipio más extenso de toda
La Rioja. Fronteriza con Navarra, cuenta con unos 9900 habitantes. El río Ebro
transcurre por el norte del municipio, donde desemboca el río Alhama tras
rodear Alfaro por el oeste. La industria conservera, del mueble y la de tejas y
ladrillos son los pilares de su economía.
Nuestra primera visita en la ciudad es al Centro
de interpretación de los Sotos de Alfaro. Antes de la visita, visionamos dos
cortos: "La reserva natural de los
sotos de Alfaro" y "La
colonia de cigüeñas de la colegiata de Alfaro".
Se ha de destacar la importancia de la reserva natural
de los Sotos de Alfaro, ya que en otros tiempos los bosques fluviales cubrían
la vega del Ebro, pero los bosques fueron talados y aclarados, y sus ricos
suelos de aluvión se convirtieron en terrenos agrícolas; se extrajeron gravas,
se canalizaron los ríos, se construyeron defensas, se plantaron chopos... Así,
la ribera de Alfaro ha sido uno de los pocos lugares donde los bosques
fluviales han conseguido mantener unas aceptables condiciones naturales después
de las múltiples transformaciones a las que les ha sometido la acción humana.
El centro fue inaugurado en agosto de 2003, en la
antigua Casa Consistorial de la localidad. El centro cuenta con cuatro áreas
interpretativas:
1
"Dinámica fluvial del Ebro", con varios paneles.
2
"Oasis de biodiversidad", que incluye un diorama y paneles sobre la
vegetación de ribera, la vegetación de clima mediterráneo, el soto humanizado y
la fauna asociada.
3
"La vida en directo de las cigüeñas de
Alfaro". En la torre del
edificio de la Colegiata se han colocado webcam, una en cada torre de la
colegiata y dos en el ábside central. Las cámaras se comunican con cuatro
pantallas digitales instaladas en las dependencias del Centro de Interpretación
y que pudimos manejar mediante un ‘joystick’.
Gracias a ellas, pudimos ver las nidadas.
4.
"La migración de las cigüeñas y otras aves de
los Sotos de Alfaro". Una
aplicación, basada en el Google Earth, simula el vuelo migratorio de cuatro especies
de aves representativas de los Sotos de Alfaro: la cigüeña blanca, el milano
negro, el avión zapador y la grulla europea. La aplicación permite visualizar
las rutas y las distintas etapas que hacen estas especies migratorias desde el
norte y centro de Europa hasta el sur de África.
Tras la visita, nos encaminamos al edificio que se encuentra frente al
centro: la colegiata De San Miguel, en cuyos tejados, pináculos y cúpulas, las cigüeñas
han hecho su hogar.
La colegiata es un templo, el más grande de La
Rioja, y la única colegiata peninsular realizada por completo en ladrillo. Su
construcción comenzó en el siglo XVI y se prolongó durante cien años, no tanto
por la dificultad técnica del proyecto como por negligencias, diferencias de
criterio y cambios de rumbo en la gestión.
El edificio es de estilo barroco aragonés. Tiene
una fachada principal clasicista de 45 metros de longitud, a cuyos lados se
alzan dos torres de 50 metros de altura. Toda la construcción es de ladrillo
rojo aplantillado y está cubierta con tejados que alcanzan una superficie total
de unos 3.000 metros cuadrados. En esta inmensa techumbre anida una
numerosísima colonia de cigüeñas blancas. Se cree que se trata de la mayor
colonia urbana de estas aves en el mundo, aunque su población varía a lo largo
del año.
Pudimos contemplar la colonia desde el cercano Mirador de las Cigúeñas y acceder a unas mágnificas vistas de Alfaro y su comarca desde la galería superior de la fachada de la colegiata. E impresionante la visita al interior del espacio entre las bóvedas y el tejado del templo.
Tras degustar las delicias de la comida riojana,
regresamos a casa tras tres días de intensa actividad.
05/05/2017
la huella del basajaun, III
Tras una estupenda comida en el restaurante Santxotena, casa de comidas preferida
por el marido de la inspectora Salazar, nos dirigimos al siguiente punto de
nuestra ruta: el pueblo de Zugarramurdi y
sus famosísimas cuevas.
La pequeña localidad (cuenta con una población de
unos 300 habitantes) está situada a escasos kilómetros de la frontera con
Francia y del valle del Baztán y es muy conocida por su paisaje de pinos y
castaños, los viejos caserones, así como por la imponente cueva esculpida por
el agua. Pero Zugarramurdi debe su fama a los hechos acaecidos en estos valles
en el siglo XVII.
Decidimos visitar primero la cueva, un túnel
natural de 120 metros de largo y 12 metros de alto, con dos galerías elevadas
sobre el cauce del río Orabidea que lo excavó a lo largo de los siglos. Este
conjunto recibe el nombre de Sorginen
Leizea (cueva de las brujas), la cavidad principal Infernuko Erreka (regata del infierno), y en ella se llevaban a
cabo ritos paganos y prácticas de medicina natural, enraizados en la cultura
popular y plenamente aceptados por la sociedad desde tiempo inmemorial.
El término aquelarre, que se utiliza para
denominar las ceremonias de invocación del diablo, tiene su origen en
Zugarramurdi, porque junto a la gruta hay un prado llamado Akelarre (campo del Macho Cabrío).
Los hechos que dieron, desafortunadamente, fama a
este lugar, ocurrieron entre 1609 y 1612. En esos años de locura colectiva, decenas
de personas murieron acusadas de practicar la brujería: todas ellas fueron
víctimas de la justicia, que condujo al ahorcamiento y quema pública a ochenta
personas en el Labourd y ocho en Logroño, donde se encontraba el Tribunal de la
Inquisición; previamente habían fallecido trece personas en las mazmorras del
Santo Oficio.
Mikel Azurmendi, en su obra “La brujas de
Zugarramurdi” nos dice: “La intervención exterior a la aldea para arreglar
problemas de vecindad originados por envidias, dimes y diretes fue aterradora
en el Baztán-Bidasoa: incomprensión completa de las nuevas acusaciones del
tribunal por parte de los acusados; encierro nocturno de los niños y
adolescentes en las iglesias para que no les raptase el diablo; aprovechamiento
de ciertos vecinos para dar listas de acusados a niños a trueque de incentivos
económicos; amenazas, castigos y torturas de vecinos por otros vecinos para que
se autoacusasen; en fin un querer salvarse cada cual como fuere, aun
recurriendo a la delación falsa. El cuerpo expedicionario judicial, exterior a
la aldea, descompuso la aldea y la colapsó culturalmente y socialmente.”
Destaca también
que “El hecho diferencial entre la persecución en la cuenca navarra del río
Bidasoa (entre 1609 y 1611) y el resto de persecuciones en el mundo es nuestro
conocimiento exhaustivo sobre lo que aquí sucedió merced a que en 1968 apareció
toda la documentación inquisitorial, pormenorizada hasta un extremo insólito
gracias a un inquisidor de aquel tribunal que, tras desconfiar del
procedimiento ilegal de sus dos colegas de tribunal, de las acusaciones y de
las coacciones y amenazas con las que habían sido hechas, visitó durante ocho
meses la zona, habló con más de mil acusados y levantó miles de folios de testimonios
de víctimas y de testigos directos. Sus sucesivos memoriales dirigidos a la Suprema
de la Inquisición hicieron que ésta dictara en 1614 un Edicto de Silencio, se excusase de su mala información y de graves
errores en toda aquella persecución, y adquiriera el compromiso de nunca más
ajusticiar a nadie por brujería tras haber concedido amnistía completa a los
penados en el Auto de Logroño (1610). Lo diferente que aquí sucediese es que se
demostró la falsedad de todo lo referente a las acusaciones de brujería, a su
cruel persecución y al uso político de algunas “verdades” de la teología.”;
porque, añade, “es evidente que en este comienzo del s.XVII se asistió aquí al
nacimiento de la ideología es decir, al abandono de tener que legitimar el
estado de cosas político-social de la monarquía mediante la pura religión y su
reemplazo por formas simbólicas y culturales de legitimación mucho más
complejas, como por ejemplo, el pacto con el diablo considerado como crimen
político de lesa majestad divina punible con la pena de muerte, simétrica al
delito de lesa majestad. Esto implica un tener que buscar nuevas justificaciones
de por qué hay que mostrar mano dura ante el pueblo, dar con nuevas sugerencias
más “razonables” ante el miedo a la población, mostrar nuevos ligámenes entre
las élites. La monarquía se hizo absolutista -más totalitaria, si se quiere-
merced a una acumulación de poder judicial y poder legislativo (que hasta
entonces detenían los Parlamentos) y de poder coercitivo (a DeLancre Henri IV
le concedió el derecho a vida y muerte de los vascos, y a torturarlos, a
expensas de quitárselo al Parlamento de Burdeos). Además este rey francés
añadió a esa misión antibrujeril de DeLancre una misión secreta de inspección de la frontera en
el Bidasoa y levantamiento de planos a fin de atacar Fuenterrabía y ampliar la
frontera.
Para construir
esa frontera hubo que construirla antes en la imaginación de los fronterizos: a
base de amedrentar a la población fronteriza que ni hablaba francés ni español
y que la traspasaba sin saber que pasaba una frontera. El siglo XVII es el
siglo donde se inscribe como monumento histórico la frontera pirenaica entre
Francia y España, la más antigua de Europa: la frontera del Bidasoa. Esta tuvo
su costo social y la persecución de una supuesta brujería echó el cemento para
sedimentarla en la mente de la población.”
Tras visitar
las cuevas, no dirigimos al museo, inaugurado el año 2007. El museo se
estructura en dos espacios diferenciados: en la primera planta descubrimos el
nacimiento del mito, con María
Ximilegui, que aunque tras su llegada a
Zugarramurdi participó en los akelarres, más tarde se arrepintió y avisó de lo
que cada noche allí acontecía, dando comienzo a la mayor cacería de brujas.
En la segunda se
analizan los mitos, la sociedad matriarcal y la figura de la herbolera. Contemplamos
la sabiduría ancestral que poseían aquellas mujeres utilizando la naturaleza
para aplicar remedios a tantas enfermedades y males.
La visita se
completa con un audiovisual.
04/05/2017
la huella del basajaun, II
El domingo por la mañana lo dedicamos al plato fuerte
de este viaje: una ruta por Elizondo y los escenarios de la famosa Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo: El guardián invisible,
Legado en los huesos y Ofrenda a la torment.
Elizondo es la capital administrativa, jurídica, y
cultural del Valle de Baztán, inicialmente se formó en torno a la calle Jaime
Urrutia, o, popularmente, “calle de abajo”. En el año 1397 el rey Carlos III el
Noble reconoce a sus habitantes la “fidalguía
e infanconía, en que dezían haber estado a perpétuo”, es decir, reconocía
la hidalguía de sus vecinos. Esta hidalguía la vemos en sus casas palaciegas
con el característico escudo ajedrezado. En 1847 la Diputación de Navarra
construye el “Camino real”, y se abre la calle Santiago, o calle de arriba.
A lo largo del siglo XIX y la primera parte del
XX, hubo mucha emigración a América, especialmente a México, Argentina y algunos
estados de Estados Unidos. Casi todas las personas trabajaron en el pastoreo o
la elaboración de pan.
La inundación del 2 de junio de 1913 fue una de
las mayores catástrofes jamás vividas en el valle, recordada en sus calles con
fotografías de la época. En el año 1916 se inaugura el Ferrocarril del Bidasoa,
de mercancías y viajeros, que enlazaba el valle con Irún. En 1918 la iglesia, situada hasta entonces en la plaza de los
Fueros, junto al Ayuntamiento, fue trasladada pieza a pieza a su nueva
ubicación, junto a la calle Santiago.
La ruta:
La iniciamos en la Plaza de los Fueros, frente al
Ayuntamiento, en una esquina se encuentra La
Piedra de Botil Harri, que se utilizaba en el juego de la laxoa o antigua pelota vasca. En la novela,
la inspectora Salazar acaricia el monumento cada vez que pasa por la plaza, un
gesto que irremediablemente la transporta a su infancia.
El puente de Muniartea,
es el puente que Amaia cruza antes de llegar a la casa de su familia.
La supuesta casa
de la tía Engrasi está ubicada en la parte vieja de la localidad, en el
barrio conocido como Txocoto; una
vivienda típica de la arquitectura del Baztán con sus arcos de piedra y una
sobria fachada.
Otro de los puntos obligados de la ruta es el río.
Los misterios que recogen sus aguas forman parte de la mitología tradicional de
Baztán.
Realizamos un breve paréntesis en nuestra ruta
para visitar La Chocolatería Malkorra
Gozotegia, y degustar la torta de Txantxigorri y su famoso urrakin
egiña o chocolate de Elizondo. Esta pastelería es por la que siempre
pasa la protagonista antes de volver a su casa.
La Iglesia es otra de las paradas obligadas.
Muchos de los momentos de la novela transcurren dentro de sus muros.
Uno de los principales escenarios es la Comisaría
de Policía, a la que se ve obligada a trasladarse la inspectora Salazar para
investigar los crímenes del Valle. Cuando la primera novela se estaba gestando,
la comisaría estaba en obras, pero la autora tuvo acceso a los planos y pudo
así ubicar con mucha veracidad cada una de las instancias que se describen en
los libros. En un guiño a la novelista, en la comisaría se ha colocado una placa
que dice así: “Aquí trabaja la inspectora Salazar”.
Para finalizar la ruta, visitamos un obrador que
se ha ambientado como el obrador de la familia Salazar para el rodaje de la
película basada en la novela de Dolores Redondo. El obrador es un punto de
encuentro con las hermanas de la protagonista, que optaron por seguir con el
negocio familiar, mientras la inspectora Salazar abandonaba Elizondo y todas
sus pesadillas de la infancia para ser policía.
Nos dice la autora en el libro que cierra la trilogía:
“Desde la
publicación de El guardián invisible en enero de 2013, me han preguntado en
muchas ocasiones de dónde surgió la novela, si había una idea seminal de la que
hubiera brotado la historia de la Trilogía
del Baztán. Siempre he respondido que puse en ella mucho de lo que me ha
configurado personalmente: una familia matriarcal y el mundo mitológico que por
suerte formó parte de mi infancia y que, con otros nombres, se ha preservado en
el valle de Baztán como en pocos lugares; y también algunos aspectos que me
fascinan literariamente y que tienen que ver con la progresión de una
investigación policial. Ésa era la forma de la novela que quería leer. El deseo
de lo que quería lograr, pero el germen...
Fue una noticia
en la prensa, breve, siniestra, cargada de dolor, injusticia y miedo,
suficiente para impactarme y quedarse como un fantasma omnipresente en mi
memoria. El suceso desapareció de las páginas de los periódicos con la misma
discreción con la que había aparecido, y a pesar de que indagué para encontrar
alguna referencia más a aquel horrible hecho, el silencio parecía haber
sepultado, como tan a menudo ocurre, la confesión de un testigo arrepentido que
afirmaba haber participado junto a un grupo de personas en el crimen ritual de
un bebé de apenas catorce meses. Los hechos habían ocurrido treinta años atrás
(la fecha que fijé como nacimiento de Amaia Salazar) en un caserío de una
localidad Navarra, y los propios padres de la niña la habrían entregado como sacrificio,
haciendo desaparecer después el cadáver y uniéndose al riguroso pacto de silencio
que todos los miembros de la secta habrían respetado hasta la actualidad. «Se
llamaba Ainara y tenía catorce meses cuando fue asesinada, poco más se sabe de
ella.» Esta frase que aparecía en el artículo original se me quedó grabada a
fuego, y poco a poco, en mi mente, Ainara fue teniendo todo aquello que le
habían negado, un rostro, unas pequeñas manos blancas, los ojos más tristes del
mundo y unos inseguros primeros pasos. Al recuerdo de una niña que nunca conocí
se sumó la constatación terrible de que los que debían amarla y protegerla
fueran justamente los que le hicieron daño.Y además, la injusticia de un nombre
olvidado, el agravio de no tener una tumba, la ferocidad de segar una vida que
apenas comienza y justificarlo como parte de un ritual de fe, una oscura
religión, un mágico culto al mal.
La historia está
basada en aquella noticia, en un puñado de datos y muchas suposiciones. Lejos
de mi deseo pretender que lo que plantea la novela constituya una hipótesis de
lo que ocurrió. Me importaba resaltar la potencia de unas creencias para
provocar actuaciones monstruosas, algo que lamentablemente no tiene nada de
ficción y es, de hecho, muy real. Doctrinas pervertidas que se sustentan con la
sangre de los inocentes. El mal, no los malvados, sino el mal.
La memoria de
Ainara está presente en cada página de mis libros, visité la población donde
vivió su corta vida, una existencia despreciada desde su nacimiento hasta su
muerte. Busqué cualquier referencia al crimen, me pregunté mil veces por el misterioso
testigo. Por fin, mientras escribía Legado en los huesos, conseguí
entrevistarme con el responsable de aquella investigación, un caso que permanece
bajo secreto de sumario debido al extenso número de implicados, repartidos por
toda la geografía española, que con la excepción del testigo delator han mantenido
en silencio su diabólico pacto durante todos estos años.
En el momento en
que escribo esta nota, la investigación en torno a la muerte de Ainara continúa”
Dolores Redondo nació en San Sebastián en 1969. El año 2009 publicó su primera novela, Los privilegios del ángel y en enero de 2013 publicó El guardián invisible, primer volumen de la Trilogía del Baztán. Este año se ha estrenado la película El guardián invisible, basada en la primera de las novelas de la trilogía, dirigida por Fernando González Molina. El año pasado ganó el Premio Planeta por la novela Todo esto te daré.
03/05/2017
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la huella del basajaun, I
La ruta cultural de esta temporada nos ha llevado
por tierras navarras y riojanas. El pasado sábado, muy, muy temprano, iniciamos
nuestra andadura hasta el primer punto de nuestra ruta: la ciudad de Olite.
En el corazón de Navarra, a 40 kilómetros de
Pamplona, en una zona donde las sierras de la Navarra Media dan paso a las
tierras llanas de la Ribera, está erigida sobre un pequeño promontorio de 388 metros
de altitud. Su término está recorrido por el río Cidacos y hacia el este se
levanta la sierra de Ujué (932 metros).
Habitado desde la Prehistoria, cuenta en la
actualidad con unos 3.500 habitantes. Conocida como “la Capital del Vino de
Navarra”, en su seno se concentran los organismos e instituciones del sector:
la Estación de Viticultura y Enología de Navarra (EVENA), el Consejo de la
Denominación de Origen Navarra, la Cofradía del Vino de Navarra y el Museo de
la Viña y del Vino de Navarra.
Declarado Conjunto Histórico y Artístico, nuestra
visita se centró en su magnífico Palacio
Real de los reyes de Navarra. El conjunto está compuesto por tres partes:
Palacio Viejo (actual Parador Nacional), las ruinas de la Capilla de San Jorge
y el Palacio Nuevo. El Palacio Nuevo, que es la parte que visitamos, se construyó a comienzos del siglo XV, impulsadas
por el Rey de Navarra Carlos III el Noble y su esposa Doña Leonor de Trastámara,
y está formado por un conjunto de patios, estancias, fosos y jardines,
rematados por numerosas torres a las que el viajero puede acceder.
A pesar de su excelente estado, lo que hoy contemplamos
no es más que un pálido reflejo de lo que fue en su día. Eran famosos sus
jardines colgantes que se suspendían a veinte metros del suelo, provistos de
plantas y flores de los alrededores. Para que el patio no se hundiera por tanto
peso se levantó una sala de arquería subterránea para hacer de contrafuerte. Es
la Sala de los Arcos o de los Murciélagos. En la Torre del Homenaje, de casi cuarenta
metros de altura, están los aposentos reales, para acceder a la cima de la
misma, hay que subir 133 peldaños; una vez arriba las vistas sobre Olite y su
comarca son excepcionales.
Años más tarde, el nieto del rey Carlos III de
Navarra, el Príncipe de Viana, completó el palacio con un bestiario compuesto
de jirafas, leones, camellos y aves exóticas.
Tras callejear por el conjunto medieval de Olite y
reponer fuerzas, proseguimos nuestro viaje hacia nuestra segunda escala: el
museo Oteiza, en Alzuza.
Oteiza era un escultor que había nacido en Guipúzcoa, aunque él decía que
era sobre todo navarro. Había nacido en Guipúzcoa en 1908 y su museo está en la
localidad navarra de Alzuza porque su mujer, Itziar Carreño, tenía un hermano
fraile que vivía en la misma. Como no tuvieron hijos, Itziar quiso venir a
vivir sus últimos años a Alzuza; compraron un caserío y se asentaron definitivamente
hasta la muerte de ella y de él.
Los restos de Itziar Carreño fueron enterrados en el cementerio de Alzuza. Oteiza forjó entonces sobre la tumba una doble cruz con los nombres de los dos, y ahí fue enterrado él mismo a su muerte, en abril de 2003, tal como había pedido.
Oteiza, por estas y otras razones, decidió donar su obra al pueblo navarro.
Hizo una solemne escritura de donación en la que hablaba del recipiendario de la
obra, el pueblo navarro en su conjunto. Para llevar a cabo la donación, le dio forma
de fundación y dejo estipulado que junto a su caserío, el caserío en el que
vivió los últimos años de su vida, se edificara un notable edificio embebido en
el propio caserío para que esa idea general de su obra, ese concepto de
totalidad unitario que tenía su trabajo, se reflejara también en los espacios que
debían estar llamados a albergar ese trabajo.
Encargó las obras a uno de sus mejores amigos, el arquitecto navarro Sáenz
de Oiza. El resultado es un edificio que aparece en el alto de una colina, un
edificio para ver y ser visto, un edificio situado en un entorno admirable y
con un paisaje excepcional.
Hombre singular, es un ejemplo de artista integral. De formación
prácticamente autodidacta, cultivó principalmente la escultura, pero también la
pintura, la arquitectura, la poesía, la estética, el cine, la antropología, la
educación y la política. Fue, en definitiva, un agitador cultural.
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Caja metafísica por conjunción de dos triedros.
Homenaje a Leonardo, 1958
Jorge Oteiza |
Oteiza consideraba el arte como un modo genuino y quizá el más adecuado de
expresión de las aspiraciones humanas de trascendencia, el lugar de
manifestación de lo sagrado. El artista trabaja sobre las posibilidades de
espiritualización a partir de uno de los principales elementos descubiertos
para ella por la vanguardia: el hueco, el vacío. Sus obras escultóricas
abstractas de "desocupación" son ejercicios de activación del espacio
tridimensional, como las pinturas de su admirado Malevich lo eran del espacio
pictórico. La Caja metafísica, de 1957 es uno de sus resultados finales, como
lo fuera el Cuadrado negro sobre blanco
en 1915 para la pintura.
![]() |
| Cuadrado negro sobre blanco Kasimir Severinovitc Malévitch Òleo sobre lienzo 1913 |
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