16/09/2017

festa de les lletres


Avui hem assistit a la festa de commemoració dels 10 anys del Cafè amb Lletres, volem compartir amb tots vosaltres les fotografies de l'acte realitzades pel nostre company Carlos Utrera.







15/09/2017

exposició de cartells



Exposició amb obres de l’autor del dibuix del cartell del XXVII Festival Internacional Blues de Cerdanyola.

Del 18 al 24 de setembre de 2017

Amb horari:

de dimarts a dissabte de 10 a 14 hores

de dilluns a divendres de 15.30 a 20.30 hores


Lloc: Planta 0 de la Bliblioteca (plaça d'Enric Granados, 1)

fira del llibre d'ocasió antic i modern 2017


La 66a Fira del Llibre d'ocasió Antic i Modern se celebrarà del 22 de setembre al 8 d'octubre al Passeig de Gràcia, de Barcelona.

Inaugura la fira,  el dia 22 de setembre a les 11:00 del matí, l'escriptor Joaquim Carbó, un escriptor molt rellevant de les narrativa catalana, tant per a adults com per a joves, que va col·laborar a la revista Cavall fort des dels seus inicis.


El cartell de la fira ha estat realitzat per Josep Moscardó, pintor i gravador català. L'exposició d'aquest any és la Barcelona del segle XIX en paper, en la qual es poden trobar números de premsa diària i de revistes il·lustrades, fulletons referents als nous equipaments de la ciutat, fotografies de barcelonins, etc.

jornades


Ens fem reso de la celebració de unes jornades que ens fa arribar el company Joan Francesc:

“Del 26 al 30 de setembre, la Fundació Salvador Seguí de Catalunya,  amb la col·laboració de la CGT i de la Biblioteca Ignasi Iglesias-Can Fabra,  organitzen unes Jornades en les quals es donarà veu a protagonistes de l’esquerra radical i dels moviments socials de l’època que van ser activistes en les lluites obreres, en l’educació, en els barris i els ateneus, en la comunicació alternativa i la contracultura, en el feminisme i l’alliberament gai i en els moviments socials.

La Fundació Salvador Seguí vol contribuir decididament a aquesta recuperació de la història des de baix i, especialment, des de l’esquerra radical i des dels moviments socials de l’època. Al respecte, i conjuntament amb la International Oral History Association y el Departamento Ciencia Política y de la Administración II de la Universidad Complutense, va organitzar del 24 al 26 de febrer de 2017 un Congrés a Madrid, al qual es van presentar més de 120 ponències.

En aquestes Jornades no abastarem totes les veus i totes les posicions alternatives, però volem iniciar un camí a casa nostra que sigui irreversible en la recuperació de la visibilitat, la dignitat i el reconeixement d’altres relats alternatius de la Transició.”

Jornades “Altres protagonistes de la Transició: l’esquerra radical i els moviments socials

Dates: del 26 al 30 de setembre de 2017


Lloc: Biblioteca Ignasi Iglésias–Can Fabra; Carrer del Segre, 22-32, 08030 Barcelona

11/09/2017

youcernar, mishima

“Siempre es difícil juzgar a un escritor contemporáneo: carecemos de perspectiva. Y aún es más difícil juzgarlo si pertenece a su civilización que no es la nuestra y con lo cual entran en juego el atractivo del exotismo y la desconfianza ante el exotismo. Esas posibilidades de equívoco aumentan cuando, como ocurre con Yukio Mishima, el escritor ha absorbido ávidamente los elementos de su propia cultura y los de Occidente; y, en consecuencia, lo que para nosotros es normal y lo que para nosotros es extraño se mezclan en cada obra en unas proporciones diferentes y con unos efectos y unos aciertos muy diversos. No obstante, es esa mezcla lo que hace de él, en muchas de sus obras, un auténtico representante de un Japón también violentamente occidentalizado, pero marcado a pesar de todo por algunas características inmutables. En el caso de Mishima, la forma en que las partículas tradicionalmente japonesas han ascendido a la superficie y han estallado con su muerte, le convierte, en cambio, en el testigo y, en el sentido etimológico del término, en el mártir del Japón heroico al que él había llegado, por así decirlo, a contracorriente.

Pero la dificultad aún crece más — sean cuales sean el país y la civilización de que se trate— cuando la vida del escritor ha sido tan variada, rica, impetuosa y a veces tan sabiamente calculada como su obra, que tanto en la una como en la otra advertimos los mismos fallos, las mismas marrullerías y las mismas taras, pero también las mismas virtudes y, finalmente, la misma grandeza. Inevitablemente se establece un equilibrio inestable entre el interés que sentimos por el hombre y el que sentimos por su obra. Ya se acabó el tiempo en que se podía saborear Hamlet sin preocuparse mucho de Shakespeare: la burda curiosidad por la anécdota biográfica es un rasgo de nuestra época, decuplicado por los métodos de una prensa y de unos media que se dirigen a un público que cada vez sabe leer menos. Todos tendemos a tener en cuenta, no solamente al escritor, que, por definición, se expresa en sus libros, sino también al individuo, siempre forzosamente difuso, contradictorio y cambiante, oculto aquí y visible allá, y, finalmente —quizás sobre todo— al personaje, esa sombra o ese reflejo que el propio individuo (y éste es el caso de Mishima) contribuye a proyectar a veces, por defensa o por bravata, pero más allá o más acá de los cuales el hombre real ha vivido y ha muerto en ese secreto impenetrable que es el de cualquier vida.


Hay ahí muchas posibilidades de errores de interpretación. Hagamos caso omiso de ellas, pero recordemos siempre que la realidad central hay que buscarla en la obra: en ella es donde el escritor ha preferido escribir, o se ha visto forzado a escribir, lo que al fin y al cabo importa. Y, sin duda alguna, la muerte tan premeditada de Mishima es una de sus obras. Sin embargo, una película como Patriotismo, un relato como la descripción del suicidio de Isao en Caballos desbocados, proyectan su luz sobre el final del escritor y lo explican en parte, mientras que la muerte del autor a lo sumo autentifica las obras sin explicarlas.

Es indudable que algunas anécdotas de infancia y de juventud, al parecer reveladoras, merecen ser retenidas en un breve sumario de esta vida, pero esos episodios traumatizantes nos llegan en su mayor parte a través de Confesiones de una máscara y se encuentran también, diseminadas con formas diferentes, en unas obras novelescas más tardías, elevadas al rango de obsesiones o de puntos de partida de una obsesión inversa, definitivamente instaladas en ese poderoso plexo que rige todas nuestras emociones y todos nuestros actos. Interesa ver cómo esos fantasmas crecen y decrecen en la mente de un hombre igual que las fases de la luna en el cielo. Y es indudable que algunos relatos contemporáneos más o menos anecdóticos, algunos juicios emitidos en vivo, como una instantánea imprevista, sirven a veces para completar, para verificar o contradecir el autorretrato que el propio Mishima ha hecho de esos incidentes o de esos momentos-choque.

Sólo a través del escritor podemos oír sus vibraciones profundas, como cada uno de nosotros oye desde dentro su voz y el rumor de su sangre. Lo más extraño es que muchas de esas crisis emocionales del niño o del adolescente Mishima nacen de una imagen sacada de un libro o de una película occidental a los que el joven japonés, nacido en Tokyo en 1925, se abandonó. El muchachito que se deshace de una bella ilustración de su libro de estampas porque su criada le explica que se trata, no de un caballero, como él cree, sino de una mujer llamada Juana de Arco, experimenta el hecho como engaño que le ofende en su masculinidad pueril: lo interesante para nosotros es que fuese Juana la que le inspiró esa reacción, y no una de las numerosas heroínas del Kabuki disfrazada de hombre. En la famosa escena de eyaculación ante una fotografía del San Sebastián de Guido Reni, el excitante hallado en la pintura barroca italiana se comprende tanto mejor cuanto que el arte japonés, incluso en sus estampas eróticas, nunca conoció como el nuestro la glorificación del desnudo. Aquel cuerpo musculoso, pero en el límite de sus fuerzas, postrado en el abandono casi voluptuoso de la agonía, no lo habría dado ninguna imagen de un samurai entregado a la muerte: los héroes del Japón antiguo aman y mueren con su caparazón de seda y de acero.

Otros recuerdos-choque son, por el contrario, exclusivamente japoneses. Mishima no olvida el del bello «cosechador del suelo nocturno», eufemismo poético que quiere decir vendimiador, figura joven y robusta que desciende por la colina con el resplandor del sol poniente. «Esta imagen es la primera que me atormentará y la que me ha aterrado toda la vida». Y el autor de Confesiones de una máscara probablemente no se equivoca al unir el eufemismo mal explicado al niño con la noción de no sabemos qué Tierra a la vez peligrosa y divinizada.

 Pero cualquier niño europeo podría enamorarse de la misma manera de un sólido jardinero cuya actividad totalmente física y cuyas ropas, que permiten adivinar las formas del cuerpo, le alejan de una familia demasiado correcta y demasiado estirada. Tiene un sentido análogo, pero turbador como la embestida que describe, la escena del hundimiento de las verjas del jardín, un día de procesión, por los jóvenes portadores de palanquines cargados de divinidades shinto, bamboleadas de un lado a otro de la calle sobre aquellos hombros vigorosos; el niño, confinado en el orden o en el desorden familiar, siente por primera vez, atemorizado y aturdido, pasar sobre él el gran viento del exterior; todo lo que allí se sugiere continuará contando para él: la juventud y la fuerza humanas, las tradiciones percibidas hasta entonces como una rutina y que bruscamente adquieren vida; las divinidades que reaparecerán después con la forma del «Dios Salvaje» que se encarna en el Isao de Caballos desbocados y, más tarde, en El ángel podrido, hasta que la visión del gran vacío búdico lo borra todo.

Ya en su novela de principiante, La sed de amar, cuya protagonista es una joven medio loca de frustración sensual, la enamorada se arroja durante una procesión orgiástica y rústica sobre el torso desnudo de un joven jardinero y halla en ese contacto un momento de violenta felicidad. En Caballos desbocados ese recuerdo reaparece también, con mayor evidencia, aunque decantado, casi fantasmal, como esos crocos de otoño cuyas flores brotan abundantemente en primavera y reaparecen luego, inesperadas, menudas y perfectas, al final del otoño, en forma de muchachos que sacan y extienden con Isao unas carretadas de lirios sagrados en el recinto de un santuario, y que Honda, el mirón-vidente,  contempla, como el propio Mishima, a través de una perspectiva de más de veinte años.

En ese tiempo, el autor había experimentado una vez en persona ese delirio de esfuerzo físico, de fatiga, de sudor, de enmarañamiento gozoso en una multitud, cuando decidió colocarse la faja frontal de los portadores de palanquines sagrados durante una procesión. Una fotografía nos lo muestra muy joven todavía, y por una vez sonriente, con el kimono de algodón abierto por el pecho, igual en todo a sus compañeros de carga. Sólo un joven sevillano de hace algunos años, en la época en que el turismo aún no había ganado por la mano a la fiebre  religiosa, habría podido sentir la misma embriaguez enfrentando, en una de las blancas calles andaluzas, el paso de la Macarena con el de la Virgen de los Gitanos. De nuevo aparece la misma imagen orgiástica de Mishima, aunque esta vez descrita por un testigo, durante uno de los primeros grandes viajes del escritor, perplejo dos noches seguidas ante el magma humano del Carnaval de Río, y no decidiéndose hasta el tercer día a sumergirse en aquella muchedumbre enroscada y amasada por la danza. Pero aún es más importante el momento inicial de rechazo o de miedo vivido por Honda y Kioyaki, cuando huyen ante los gritos salvajes de los esgrimidores de kendo, que Isao y el propio Mishima lanzaron más tarde a pleno pulmón. “

Marguerite Yourcenar
 Mishima o la visión del vacío
1980

traducción: Enrique Sordo

10/09/2017

Kawabata, Mishima

Correspondencia (1945-1970)
Yasunari Kawabata, Yukio Mishima

Correspondencia completa e inédita entre Kawabata y Mishima,  que abarca veinticinco años. Ilumina las afinidades secretas que vincularon a estos dos grandes escritores japoneses del siglo XX.  

Yasunari Kawabata nació en Osaka en 1899. Huérfano a los tres años, insomne perpetuo, cineasta en su juventud, lector voraz tanto de los clásicos como de las vanguardias europeas, fue un solitario empedernido.  Escribió más de doce mil páginas de novelas, cuentos y artículos, y es uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Mantuvo una profunda amistad con el escritor Yukio Mishima. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1968.  Entre sus obras, destacan La bailarina de Izu, El maestro de Go,  Lo bello y lo triste, Mil grullas,  País de nieve,  El rumor de la montaña e Historias de la palma de la mano.

Fue sobre todo un refinado transmisor de atmósferas y emociones, que plasmó con un lenguaje de singular belleza lírica. Sus temas intimistas, a menudo amorosos, son exploraciones de la soledad y de las delicadas relaciones del individuo con los otros y con la naturaleza.



"Muchos escritores, en su juventud, escriben poesía: yo, en lugar de poesía, escribí los relatos que caben en la palma de una mano. Entre ellos hay piezas irracionalmente construidas, pero hay otras que fluyeron naturalmente de mi pluma, con espontaneidad. El espíritu poético de mi juventud vive en ellas."

Yasunari Kawabata

Rostros

"Desde los seis o siete años hasta que tuvo catorce o quince, no había dejado de llorar en escena. Y junto con ella, la audiencia lloraba también muchas veces. La idea de que el público siempre lloraría si ella lo hacía fue la primera visión que tuvo de la vida. Para ella, las caras se aprestaban a llorar indefectiblemente, si ella estaba en escena. Y como no había un solo rostro que no comprendiera, el mundo para ella se presentaba con un aspecto fácilmente comprensible.

No había ningún actor en toda la compañía capaz de hacer llorar a tanta gente en la platea como esa pequeña actriz.

A los dieciséis, dio a luz a una niña.

–No se parece a mí. No es mi hija. No tengo nada que ver con ella –dijo el padre de la criatura.

–Tampoco se parece a mí –repuso la joven–. Pero es mi hija.

Ese rostro fue el primero que no pudo comprender. Y,  como es de suponer,  su vida como niña actriz se acabó cuando tuvo a su hija. Entonces se dio cuenta de que había un gran foso entre el escenario donde lloraba, y desde donde hacía llorar a la audiencia, y el mundo real. Cuando se asomó a ese foso, vio que era negro como la noche. Incontables rostros incomprensibles, como el de su propia hija, emergían de la oscuridad.

En algún lugar del camino se separó del padre de su niña.

Y con el paso de los años, empezó a creer que el rostro de la niña se parecía al del padre.

Con el tiempo, las actuaciones de su hija hicieron llorar al público, tal como lo hacía ella de joven.

Se separó también de su hija, en algún lugar del camino.

Más tarde, empezó a pensar que el rostro de su hija se parecía al suyo.

Unos diez años después, la mujer finalmente se encontró con su propio padre, un actor ambulante, en un teatro de pueblo. Y allí se enteró del paradero de su madre.

Fue hacia ella. Apenas la vio, se echó a llorar. Sollozando se aferró a ella. Al hallar a su madre, por primera vez en la vida lloraba de verdad.

El rostro de la hija que había abandonado por el camino era una réplica exacta del de su propia madre. Sin embargo, ella no se parecía a su madre, así como ella y su hija no se asemejaban en nada. Pero la abuela y la nieta eran como dos gotas de agua.

Mientras lloraba sobre el pecho de su madre, supo qué era realmente llorar, eso que hacía cuando era una niña actriz.

Entonces, con corazón de peregrino en tierra sagrada, la mujer se volvió a reunir con su compañía, con la esperanza de reencontrarse en algún lugar con su hija y el padre de su hija, y contarles lo que había aprendido sobre los rostros.”

Yasunari Kawabata

 “Kao”, 1932

09/09/2017

Mishima: Una vida en cuatro capítulos

Película Producida por Francis Ford Coppola y George Lucas, "Mishima" es un retrato biográfico del autor japonés Yukio Mishima.  

La película investiga la inquietud interior y las contradicciones de un hombre que trató de alcanzar la armonía entre sí mismo, su arte y la sociedad.  La trama se centra en el día en que Mishima conmocionó al mundo al hacerse, en público,  el seppuku (suicidio ritual)  un 25 de noviembre de 1970,  en el Cuartel General del Ejército.  El relato,  salpicado de saltos en el tiempo para narrar episodios de la infancia, sus inicios como escritor, el posterior triunfo profesional, su trasformación en estrella mediática, sus obsesiones por la belleza física y sus gustos sexuales, así como la creación de la "Sociedad del Escudo".  Los episodios: La belleza;  Arte;  Acción;  Armonía de la pluma y la espada, evocan fragmentos de sus obras: El pabellón de oro, La casa de Kyoto y Caballos desbocados.

La fotografía de John Bailey, los decorados y el vestuario de Eiko Ishioka y la banda sonora de Philip Glass  (ganadores del Premio a la Mejor Contribución Artística en el Festival de Cannes del año 1985) convierten la película en un homenaje a Mishima,  además de un audaz trabajo de investigación sobre el arte.


Ficha técnica:

Título original: Mishima: A Life in Four Chapters,  1985
Director: Paul Schrader
Guion: Paul Schrader, Leonard Schrader, Chieko Schrader
Música: Philip Glass
Fotografía: John Bailey
Reparto: Ken Ogata,  Kenji Sawada,  Yososuke Bando,  Hiroshi Mikami i  Masayuki Shionoya