25/10/2020

música i literatura, 11

 


Memòria a Miguel Hernández

Les imatges que il·lustren el vídeo van ser preses els dies 30 i 31 d'octubre de l'any 2010, en el viatge que va realitzar Vespres Literaris a Oriola amb motiu del centenari del naixement del poeta Miguel Hernández.




La Vanguardia, Madrid 18/02/2020; Redacción:

“Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el lodo”

 

“Así comienza el poema de Miguel Hernández, musicado por Joan Manuel Serrat, a través del cual el poeta da voz a un herido anónimo como símbolo de todos los combatientes heridos de la guerra civil española. Unos versos sobre la ofrenda a la lucha por la libertad que debían quedar recogidos en una de las placas del memorial del Cementerio de la Almudena de Madrid pero que el Ayuntamiento ha decidido borrar.

Del mismo modo que extirpó las placas con los nombres de 2.937 víctimas del franquismo que fueron colocadas con el objetivo de “unificar el reconocimiento a las víctimas de ambos bandos” durante la Guerra Civil en cumplimiento de lo dictado por el Comisionado de la Memoria Histórica.

Todo ello quedará difuminado por la resignificación que el Consistorio de Madrid, gobernado por PP y Cs, con el apoyo externo de Vox, ha decidido hacer en el camposanto de la capital alegando que el homenaje a los fusilados entre 1939 y 1945 “no cumple con el acuerdo del Comisionado de Memoria Histórica” puesto que “el monumento que se había planeado por el anterior equipo de Gobierno no seguía las premisas de imparcialidad dadas por el Comisionado y era contrario a sus recomendaciones”.

La medida tomada por el tripartito de derechas ya ha motivado las reacciones, entre otros, del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha señalado que “los nombres de las víctimas y los poemas de Miguel Hernández nunca se borrarán de nuestra memoria, aunque lo intenten. Somos muchos los hombres y mujeres que sabemos que conservar viva esa memoria es la mejor manera de impedir que la barbarie se repita”.

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, destacó en noviembre, con motivo del 109 aniversario de su nacimiento, que el “último libro de Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias, es uno de los grandes monumentos a la dignidad humana”. Cuando estalló la Guerra Civil, el poeta decidió tomar parte activa en el conflicto, lo que le obligó a abandonar el país cuando éste terminó.”

Memorial a los fusilados en la Guerra Civil en el cementerio de La Almudena
en su estado actual.


 En abril de 1939, tras la caída de Madrid y de la II República española, Miguel Hernández intentó huir a través de la frontera con Portugal. Detenido en Rosal de la Frontera, permaneció en prisión hasta el 17 de septiembre, cinco días después de escribir a su esposa, Josefina Manresa, la carta que reproducimos.

La suerte de Miguel Hernández no duró mucho. Acababa de regresar a Orihuela para reunirse con su familia cuando la policía franquista lo detuvo por segunda vez. En enero de 1940, fue condenado a muerte; en junio, la sentencia fue conmutada por una pena de treinta años. Dos años más tarde, y tras pasar por cárceles de Madrid, Palencia, Ocaña y finalmente Alicante, falleció de tuberculosis: era un 28 de marzo.

Carta a Josefina Manresa

“Madrid, 12 de septiembre de 1939.

Mí querida Josefina:

Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme. Prefiero lo primero y así no hago más que eso, además de lavar y coser con muchísima seriedad y soltura, como si en toda mi vida no hubiera hecho otra cosa. También paso mis buenos ratos espulgándome, que familia menuda no me falta nunca, y a veces la crío robusta y grande como el garbanzo.

Todo se acabará a fuerza de uña y paciencia, o ellos, los piojos, acabarán conmigo. Pero son demasiada poca cosa para mí, tan valiente como siempre, y aunque fueran como elefantes esos bichos que quieren llevarse mi sangre, los haría desaparecer del mapa de mi cuerpo. ¡Pobre cuerpo! Entre sarna, piojos, chinches y toda clase de animales, sin libertad, sin ti, Josefina, y sin ti, Manolillo de mi alma, no sabe a ratos qué postura tomar, y al fin toma la de la esperanza que no se pierde nunca. Así veo pasar un día y otro día, esperanzado y deseoso de correr a vuestro lado y meterme en nuestra casa y no saber en mucho tiempo nada del mundo, porque el mundo mejor está entre tus brazos y los de nuestro hijo.

Aún es posible que vaya para el día de mi santo, guapa y paciente Josefina. Aunque yo, la verdad, creo que estos amigos míos llevan las cosas muy despacio. Han estado de vacaciones fuera de Madrid y han regresado esta semana pasada. No han podido venir a verme porque ahora es imposible para todo el mundo. Es casi seguro que los veré la semana que viene. Me decías en tu anterior que guardara la ropa cuanto pudiera. No te preocupes, que si no tengo ropa cuando salga, con ponerme una mano en el occipucio y otra en el precipicio, arreglado. Así y todo procuro conservarla y uso la más vieja y todo son cosidos y descosidos y ventanas por todas partes. El pijama se me ha roto y le he puesto un remiendo que es media camisa, porque se me veía toda la parte de atrás y era una verdadera vergüenza. Por lo que a mí me pasa, me figuro lo que os pasará a vosotros y como esto siga así, me veo contigo como Adán y Eva en el Paraíso.

¡Ay, Josefina mía! No nos queda otro remedio que aguantar todo lo malo que nos viene y nos puede venir, para el día que nos toque aguantar lo bueno. ¿Verdad que llegará ese día? Yo nunca he dudado de que llegará y de que seremos más felices que hasta aquí hemos sido. Esta separación nos obliga a respetar a nuestro Manolillo más que respetamos al otro. Manolillo del que no dejo de acordarme nunca. Dentro de un mes hará un año que se nos murió. Eso de que el tiempo pasa de prisa, para nadie es más verdad hoy como para nosotros y a mí me cuesta trabajo creer que ha pasado un año desde que cerró nuestro primer hijo los ojos más hermosos de la tierra.

Dios, a quien tú tanto rezas, hará que el día diecinueve de octubre lo pasemos juntos, si no hace que lo pasemos el día ventinueve de este mes. No quisiera pasar, ese día lejos de ti. Iremos a dar una vuelta al campo y si tú eres decidida, visitaremos la tierra donde nos espera. Tengo ganas de hablar contigo. La otra noche soñé a Manolillo ya con cinco o seis años de edad. Cuídalo mucho, Josefina que crezca fuerte y defendido contra toda enfermedad. Cuando te sea posible come mucha fruta y mucho vegetal, principalmente patatas. Es lo que más conviene a tu salud y a la de nuestro sinvergüencilla.

No me dices muchas cosas suyas. Supongo que ya hablará más que un loro. Si supieras que ganas tengo de oír su voz: se me ríen los huesos sólo de imaginarla, con que mira lo que me voy a reír el día que la oiga de verdad. Dime el peso que tiene, que no lo has pesado hace mucho tiempo. Estoy enfadado con Manolo y con las Marianas, a ninguno de los cuatro se les ocurre escribirme unas letras. No se acuerdan de mí, que no los olvido. Dime también algo de la abuela y la tía, que tampoco me han mandado una sola letra (...).

Bueno. Voy a dejar el lápiz y a esperar tu carta, a ver qué me trae de bueno. Nada. Hoy no recibo carta tuya. No me gusta que te retrases en escribirme. Vaya plantón que me he llevado al pie del que vocea el correo. No hay derecho. Espero que me digas algo de nuestra familia de Orihuela, de mi madre especialmente y de la de Pepito. Anteayer he recibido una carta de un amigo de la huerta, Trinitario Ferrer, muy amigo de mí hermano y me dice que se ve con él todos los días. Di a Vicente que le diga que por ahora no puedo contestarle, pero que me alegra mucho saber de él. Voy a terminar mi carta diciéndote que seas menos perezosa conmigo o de lo contrario no te voy a escribir en un mes. Y nada más porque no parezca larga ésta a la censura y porque hagan todo lo posible para que llegue a tus manos.

Manolillo: adiós, un beso ¡pum! Otro beso ¡pum! Otro, otro, otro, ¡pum, pum, pum!

Manolo: escribe, dejando a un lado por un rato las barbas y las perezas.

Marianas: a ser buenas y a pelearos una vez a la semana solamente.

Josefina: recibe para ti y para nuestro hijo y para nuestros hijos mayores el cariño encerrado y empiojado y... perdido de tu preso

Miguel

¡Adiós!”


Poema “Eterna sombra”, de Últimos Poemas:

 

ETERNA SOMBRA

Yo que creí que la luz era mía

precipitado en la sombra me veo.

Ascua solar, sideral alegría

ígnea de espuma, de luz, de deseo.

 

 

Sangre ligera, redonda, granada:

raudo anhelar sin perfil ni penumbra.

Fuera, la luz en la luz sepultada.

Siento que sólo la sombra me alumbra.

 

Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo.

Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles

dentro del aire que no tiene vuelo,

dentro del árbol de los imposibles.

 

Cárdenos ceños, pasiones de luto.

Dientes sedientos de ser colorados.

Oscuridad del rencor absoluto.

Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

 

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.

Ya no es posible lanzarse a la altura.

El corazón quiere ser más de prisa

fuerza que ensancha la estrecha negrura.

 

Carne sin norte que va en oleada

hacia la noche siniestra, baldía.

¿Quién es el rayo de sol que la invada?

Busco. No encuentro ni rastro del día.

 

Sólo el fulgor de los puños cerrados,

el resplandor de los dientes que acechan.

Dientes y puños de todos los lados.

Más que las manos, los montes se estrechan.

 

Turbia es la lucha sin sed de mañana.

¡Qué lejanía de opacos latidos!

Soy una cárcel con una ventana

ante una gran soledad de rugidos.

 

Soy una abierta ventana que escucha,

por donde ver tenebrosa la vida.

Pero hay un rayo de sol en la lucha

que siempre deja la sombra vencida.

 


18/10/2020

música i literatura, 10

 


La proposta de Juan Mesa


La mar del Puerto viene

negra y se va.

¿Sabes adónde va?

¡No lo sé yo!

De blanco, azul y verde,

vuelve y se va.

¿Sabes adónde va?

¡Sí lo sé yo!

 

Marinero en tierra

Rafael Alberti,

 

Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, 16/12/1902 -28/10/1999).

Sus primeras poesías, recogidas bajo el título de Marinero en tierra,  obtiene el Premio Nacional de Literatura (1924-25). A esta obra siguieron La Amante (1925) y El alba de alhelí (1925-26). Su poesía es "popular" -según Juan Ramón Jiménez-, "pero sin acarreo fácil, personalísima, de tradición española, pero sin retorno innecesario, nueva, fresca y acabada a la vez, rendida, ágil, graciosa, parpadeante: andalucísima". La etapa neogongorista y humorista de Cal y canto (1926-1927) marca la transición de este autor a la fase superrealista de Sobre los ángeles (1927-1928). A partir de entonces su obra adquiere tono político

La poesía de Alberti cobra cada vez más un tono irónico y desgarrado, como los poemas burlescos Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), Sermones y moradas (1929-1930) y la elegía cívica Con los zapatos puestos tengo que morir (1930). A partir de 1931 aborda el teatro, estrenando El hombre deshabitado y El adefesio.

En 1933 escribe Consignas y Un fantasma recorre Europa, y en 1935, 13 bandas y 48 estrellas. En 1939, al terminar la Guerra Civil española, emigra a la República Argentina, desde donde se traslada a Roma en 1962. En 1945 publica, en Buenos Aires, A la pintura: poema del color y la línea, y además un volumen que abarca la casi totalidad de su obra lírica, Poesía. Regresa a España en 1977, continuando su labor de creación poética.



Pepa Flores (Málaga 04/02/1948).

Su vida cambió cuando solo tenía once años. Como ella contaría más tarde, fue Manuel Goyanes quien la descubrió en 1959 en una actuación por verdiales en Televisión Española. Él mismo se desplazó hasta la capital malagueña para convencer a su madre. Entonces la pequeña Pepita Flores se alejó de Málaga y su familia. Dejó de ser una niña. “Soy una señorita que pasó toda su infancia cenando en compañía de hombres mayores, oyendo hablar de negocios, contratos, rodajes… mientras yo permanecía como un mueble”, dijo en la revista Blanco y Negro en 1973. Jornadas laborales eternas, obligación de cantar ante Franco o falta de libertad son ingredientes de unos años sobre los que también han surgido sombras de abusos sexuales y físicos. Su entorno lo ha desmentido, aunque ella no se ha pronunciado.

Su carrera discográfica incluye alrededor de quinientas canciones grabadas e interpretaciones en italiano, portugués, francés, inglés, alemán y japonés.

Su debut en el cine fue en 1960, en Un rayo de luz, con la que obtuvo el premio a la mejor actriz infantil en la Mostra de Venecia. A partir de ahí llegaron títulos básicos de la cinematografía española: desde Ha llegado un ángel y Tómbola a La chica del molino rojo, Los días del pasado, Bodas de sangre o Carmen. Trabajó a las órdenes de Juan Antonio Bardem, Carlos Saura o Mario Camus. Su último trabajo en la gran pantalla fue Caso cerrado, en 1985. Entonces decidió tomar definitivamente las riendas de su vida, algo que no siempre había podido hacer. 



Juan Carlos “Caco” Senante (Santa Cruz de Tenerife, 25/10/1949)

Inicia su andadura musical a principio de los años 70, interpretando, principalmente, canciones folklóricas latinoamericanas. 

Su primera experiencia discográfica es en 1975 cuando graba un single con la canción "Mi pueblo", decidiendo, por esta época dejar a un lado las canción latinoamericana, para dedicarse a cantar sus propias canciones y poniendo música a poetas canarios. A partir de 1976 comienza su carrera discográfica.

 Caco Senante no sólo se ha dedicado a la música, sino que ha cultivado otros campos como el cine, la radio o la televisión.

La canción “Alberti, poeta marinero” fue cantada por Caco Senante en su LP “Entre amigos”, editado por Beverly Records de 1976; y Pepa Flores (en aquella época todavía Marisol) la canto en el LP editado por Zafiro,  en 1.978.

  

Letra de la canción:


Rafael, marinero gaditano

cuando llegues a Cai,

quítate tú sombrero,

gran poeta marinero.

al timón, al timón, Rafael,

al timón de la poesía, poeta timonel.

 

De pequeño, en la sacristía;

de mayor, grumete de un bajel,

la poesía.

Al timón, al timón, Rafael,

al timón de la poesía, poeta timonel.

 


17/10/2020

música i literatura, 9

 


FAHRENHEIT 451 ÉS LA TEMPERATURA A LA QUE ES CREMEN ELS LLIBRES 

Les paraules, les imatges i la música les processem emocionalment.

Provocar emocions és l'objectiu, potser inconscient, del nostre treball de Música d'enguany.

Manifestem i ens agrada compartir emocions belles, positives que ens ompli el cor de benestar. Sobretot en les actuals circumstàncies,

Jo he volgut provocar-vos altres emocions: dubte, inquietud, valors, reflexió... en definitiva un corcó.

Provocar una espurna, sobre el valor de PENSAR DIFERENT, la més inalienable de les llibertats, una llibertat preciosa de la qual ningú ens pot despullar. 

Les paraules de l’escriptor Ray Bradbury (1953) a la novel·la distòpica “FAHRENHEIT 451”, que van generar les inquietants imatges i música de la pel·lícula de François Truffaut (1966)   {l’autor de la banda sonora de la pel·lícula va ser el compositor nord-americà Bernard Harrmann} i Les “Rebeliones y revelaciones” de Gioconda Belli (Txalaparta, 2018), son els ingredients de la meva proposta emocional. 

Fins i tot hi ha una nova pel·lícula , actualitzada, amb el mateix títol (2018).


      





Text de la lectura de LOS LIBROS PROHIBIDOS”

 

“LOS GOBIERNOS Y ORTODOXIAS han tenido razón en considerar peligrosos a los libros. 

Son peligrosos no porque hablen de sexo o de esos temas que más bien son saludables para sacudir mojigaterías y darle al cuerpo su papel protagónico en nuestra existencia, son peligrosos, han sido peligrosos, porque a través de ellos se han propagado las corrientes de pensamiento, las visiones y nociones que han cambiado nuestro mundo. 

La noción aristotélica del mundo, la revolución científica que cambió la noción aristotélica del mundo, la Ilustración, el capitalismo, el comunismo, el feminismo, las teoría de las revoluciones... todo este fervor intelectual que ha volteado las creencias, que ha cuestionado como vivíamos y sigue cuestionando cómo vivimos, ha podido diseminarse a través de la palabra; esa palabra, que viajaba antes a lomo de página y que ahora se disemina por bytes, por impulsos eléctricos. 

Desde nuestro punto de mira en el tiempo, algunas de estas ideas ya son lugares comunes, conceptos aceptados, pero cuando irrumpieron en el tapiz de la historia, reformulando o desafiando la manera de pensar acuñada por la costumbre y la tradición, sus autores y sus propagadores tuvieron que vérselas a veces con la censura, a veces con el escándalo, a veces con la misma muerte. 

Es importante hacer historia de los libros prohibidos para refrescarnos la memoria, para que, mirando hacia atrás, nos demos cuenta de que cuando nos enfrentamos a restricciones y obstáculos no estamos viviendo esta historia por primera vez. 

Ni “prohibiciones”, ni restricciones impidieron que las ideas de Copérnico, Galileo, Voltaire, Kant, Karl Marx o el Che, se propagaran. Cuando nos lo proponemos, los seres humanos tenemos más ingenio que los aparatos colectivos que nos quieren vender la bendición de una sola verdad prístina e impoluta. El peligro no reside en las restricciones y prohibiciones; el peligro reside en nosotros mismos, reside en darle a esas prohibiciones o restricciones el poder de hacernos prescindir de lo que pensamos, de dejarnos llevar por la corriente, de hacernos negar el valor, el respeto que le debemos a nuestro derecho a PENSAR DIFERENTE. 

Salvaguardar ese derecho a PENSAR DIFERENTE y a sentirnos seguros cuando disentimos es la esencia de la LIBERTAD DE EXPRESION.”


 

A mesura que el món virtual es torna més dominant, tenir llibres es torna un acte de rebel·lió.

 


15/10/2020

jaculatoria

 


Jaculatoria

No te mueras todavía.
Tu tristeza a mí me salva
lo mismo que tu alegría.
Malva al alba,
amarillo al mediodía
y a la noche otra vez malva.
No te mueras todavía.

No tienes un color fiel,
te van todos los colores
de la gama.
Ocre si estás en la cama,
verde si estás en la hiel,
gris acero si cruel,
azul negro en la porfía
y colorado en la llama
de fiesta y de rebeldía.
Que no te cuelguen cartel,
no te mueras todavía.

Echa tus tonos al día
como a una hoguera y confía,
que lo que arde no se pierde.
Me caliento en tus colores.
Aún te quedan resplandores
de naranja y ya eres verde
con una estría de rojo
y de turquesa otra estría.
Tu confusión es la mía
y en mi espejo la recojo.
No te mueras todavía.

Ni te quedes condenado
sólo al blanco o al morado,
ni te vuelvas transparente,
tan simple y desustanciado
como te quiere la gente.
Tú engrosa el caldo del día
que aún hay quien oye y quien siente
lo pasado y lo presente.
No te mueras todavía.

Y en tiempo de incertidumbre
arde también en su lumbre,
tan exenta de color
que corroe los que había.
No caigas en la costumbre
de inventar vida y amor
si el almacén se vacía.
A pie quieto en el terror,
a solas en la agonía
y aun cuando nada te alumbre,
no te mueras todavía.



14/10/2020

música i literatura, 8

 


“Ante todo, soy músico”

 

Federico García Lorca

Buenos Aires,

octubre de 1933.







En la tertulia del carmen de Alonso Cano, a la que asistía  a menudo el compositor Manuel de Falla, entre otros, se hablaba frecuentemente de cante jondo. Falla estaba preocupado por lo que consideraba la decadencia del género, adulterado por el comercialismo y el flamenquismo, y temía que los cantes puros terminasen por perderse.

Fue en este ambiente, que compartía el poeta por ser gran amigo del compositor, donde surgió la idea de celebrar un Concurso de Cante Jondo el año 1922. En noviembre de 1921, atrapado por los preparativos del concurso, el poeta escribe una serie de composiciones que conformarán el Poema del cante jondo (que no fue publicado hasta el año 1931).

Lorca con Falla en el Concurso de Cante Jondo, 1922

l



En carta de 1 de enero de 1922, Lorca le escribe la siguiente misiva a Adolfo Salazar:

“Es una cosa distinta de las suites y llena de sugestiones andaluzas. Su ritmo es estilizadamente popular y saco a relucir en él a los cantaores viejos y a toda la fauna y flora fantásticas que llena estas sublimes canciones: el Silverio, el Juan Breva, el Loco Mateo, la Parrala, el Fillo... y ¡la Muerte! Es un retablo... es... un puzzle americano, ¿comprendes? El poema empieza con un crepúsculo inmóvil y por él desfilan la siguiriya, la soleá, la saeta y la petenera. El poema está lleno de gitanos, de velones, de fraguas, tiene hasta alusiones a Zoroastro. Es la primera cosa de otra orientación mía y no sé todavía qué decirte de él..., ¡pero novedad sí tiene! El único que lo conoce es Falla y está entusiasmado... Y lo comprenderás muy bien conociendo a Manué y sabiendo la locura que tiene por estas cosas. Los poetas españoles no han tocado nunca este tema y siquiera por el atrevimiento merezco una sonrisa, que tú me enviarás en seguidita.”

En la noche del 19 de febrero de 1922, García Lorca leyó en el Centro Artístico de Granada su conferencia “El Cante Jondo. Primitivo canto andaluz”, que fue ilustrada por el guitarrista Manuel Jofré. No se trataba sólo del primer acto público encaminado a despertar entusiasmo entre los granadinos por el proyectado concurso, sino —y esto lo sabían poquísimas personas presentes aquella tarde— de una glosa del poeta a sus propios poemas de inspiración jonda, recién compuestos. 

En el curso de su conferencia, Lorca reconoce explícitamente que en todo lo referente a los orígenes y evolución históricos del cante jondo, así como a la insólita estructura musical de éste, estructura de raíces orientales, se ha documentado con “el gran maestro Falla”, a quien designa como “auténtica gloría de España y alma de este concurso».

Notas extraídas de la biografía del poeta

“Federico García Lorca”

escrita por Ian Gibson 




He aquí unos fragmentos de dicha conferència: 

“Hace unos años, recién vuelto a Granada en vacaciones de mi universidad madrileña, paseaba con Manuel de Falla por una calle granadina donde surgen a veces esos típicos huertos orientales que van siendo únicos en el mundo. Era verano y mientras discurríamos nos limpiábamos el sudor de plata que produce la luna llena andaluza. Falla hablaba de la degeneración, del olvido y el desprestigio que estaban envolviendo nuestras viejas canciones, tachadas de tabernarias, de chulas, de ridículas por la masa de la gente, y cuando protestaba y se revolvía contra esto, de una ventana salió la canción antigua, pura, levantada con brío frente al tiempo. 

Flores, dejadme

flores, dejadme

que aquel que tiene una pena

no se la divierte nadie.

Salí al campo a divertirme

dejadme, flores, dejadme. 

Nos asomamos a la ventana y a través de las celosías verdes vimos una habitación blanca, aséptica, sin un cuadro, como una máquina de vivir del arquitecto Corbusier, y en ellas dos hombres, uno con la guitarra y el otro con su voz. Tan limpio era el que cantaba que el hombre de la vihuela desviaba suavemente los ojos para no verlo tan desnudo. Y notamos perfectamente que aquella guitarra no era la guitarra que viene en los estuches de pasas y tiene manchas de café con leche, sino la caja litúrgica, la guitarra que sale por las noches cuando nadie la ve y se convierte en agua de manantial. La guitarra hecha con madera de barca griega y crines de mula africana. (,,,)

Vean ustedes, señores, la trascendencia que tiene el "cante jondo" y qué acierto tan grande el que tuvo nuestro pueblo al llamarlo así. Es hondo, verdaderamente hondo, más que todos los pozos y todos los mares que rodean el mundo, mucho más hondo que el corazón actual que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y las frondas de los vientos marchitos. Viene del primer llanto y el primer beso.

Una de las maravillas del cante jondo, aparte de la esencial melódica, consiste en los poemas.

Todos los poetas que actualmente nos ocupamos, en más o menos escala, en la poda y cuidado del demasiado frondoso árbol lírico que nos dejaron los románticos y los postrománticos, quedamos asombrados ante dichos versos.

Las más infinitas gradaciones del Dolor y la Pena, puestas al servicio de la expresión más pura y exacta, laten en los tercetos y cuartetos de la "siguiriya" y sus derivados. (…)

Causa extrañeza y maravilla, cómo el anónimo poeta de pueblo extracta en tres o cuatro versos toda la rara complejidad de los más altos momentos sentimentales en la vida del hombre. Hay coplas en que el temblor lírico llega a un punto donde no pueden llegar sino contadísimos poetas: 

Cerco tiene la luna,

mi amor ha muerto. 

Ya vengan del corazón de la sierra, ya vengan del naranjal sevillano o de las armoniosas costas mediterráneas, las coplas tienen un fondo común: el Amor y la Muerte..., pero un Amor y una Muerte vistos a través de la Sibyla, ese personaje tan oriental, verdadera esfinge de Andalucía.

En el fondo de todos los poemas late la pregunta, pero la terrible pregunta que no tiene contestación. Nuestro pueblo pone los brazos en cruz mirando a las estrellas y esperará inútilmente la seña salvadora. Es un gesto patético, pero verdadero. El poema o plantea un hondo problema emocional, sin realidad posible, o lo resuelve con la Muerte, que es la pregunta de las preguntas.

                (…) el cante jondo canta siempre en la noche. No tiene ni mañana ni tarde, ni montañas ni llanos. No tiene más que la noche, una noche ancha y profundamente estrellada. Y le sobra todo lo demás.

Es un canto sin paisaje y, por lo tanto, concentrado en sí mismo y terrible en medio de la sombra, lanza sus flechas de oro que se clavan en nuestro corazón. En medio de la sombra es como un formidable arquero azul cuya aljaba no se agota jamás.

Las preguntas que todos hacen de ¿quién hizo esos poemas?, ¿qué poeta anónimo los lanza en el escenario rudo del pueblo?, esto realmente no tiene respuesta.

Los verdaderos poemas del cante jondo no son de nadie, están flotando en el viento como vilanos de oro y cada generación los viste de un color distinto, para abandonarlos a las futuras.

Los verdaderos poemas del "cante jondo" están en sustancia, sobre una veleta ideal que cambia de dirección con el aire del Tiempo.

Nacen porque sí, son un árbol más en el paisaje, una fuente más en la alameda. 

          La mujer, corazón del mundo y poseedora inmortal de la "rosa, la lira y la ciencia armoniosa", llena los ámbitos sin fin de los poemas. La mujer en el cante jondo se llama Pena...

Es admirable cómo a través de las construcciones líricas un sentimiento va tomando forma y cómo llega a concrecionarse en una cosa casi material. Este es el caso de la Pena.

En las coplas la Pena se hace carne, toma forma humana y se acusa con una línea definida. Es una mujer morena que quiere cazar pájaros con redes de viento.

Todos los poemas del cante jondo son de un magnífico panteísmo, consultan al aire, a la tierra, al mar, a la luna, a cosas tan sencillas como el romero, la violeta y el pájaro. Todos los objetos exteriores toman una aguda personalidad y llegan a plasmarse hasta tomar parte activa en la acción lírica:

 

En mitá der "má"

había una piedra

y se sentaba mi compañerita

a contarle sus penas.

 

Tan solamente a la Tierra

le cuento lo que me pasa,

porque en el mundo no encuentro

persona e mi confianza.

 

Todas las mañanas voy

a preguntarle al romero

si el mal de amor tiene cura,

porque yo me estoy muriendo. 

El andaluz, con un profundo sentido espiritual, entrega a la naturaleza todo su tesoro íntimo con la completa seguridad de que será escuchado.

Pero lo que en los poemas del cante jondo se acusa como admirable realidad poética es la extraña materialización del viento, que han conseguido muchas coplas.

El viento es personaje que sale en los últimos momentos sentimentales, aparece como un gigante preocupado de derribar estrellas y disparar nebulosas, pero en ningún poema popular he visto que hable y consuele como en los nuestros: 

Subí a la muralla;

me respondió el viento

¿para qué tantos suspiritos

si ya no hay remedio?

 

El aire lloró

al ver las «duquitas» tan grandes

e mi corazón.

 

Yo me enamoré del aire,

del aire de una mujer,

como la mujer es aire,

en el aire me quedé.

 

Tengo celos del aire,

que da en tu cara,

si el aire fuera hombre

yo lo matara.

 

Yo no le temo a remar,

que yo remar remaría,

yo sólo temo al viento

que sale de tu bahía.

Otro tema peculiarísimo y que se repite en infinidad de canciones (las más) es el tema del llanto...

En la siguiriya gitana, perfecto poema de las lágrimas, llora la melodía como lloran los versos. Hay campanas perdidas en los fondos y ventanas abiertas al amanecer:

 

De noche me sargo ar patio

y me jarto de llorá,

en ver que te quiero tanto

y tú no me quieres ná.

 

Llorar, llorar ojos míos,

llorar si tenéis por qué,

que no es vergüenza en un hombre

llorar por una mujer.

 

Cuando me veas llorar

no me quites el pañuelo,

que mis penitas son grandes

y llorando me consuelo.

Y esta última, gitana y andalucísima:

Si mi corazón tuviera

berieritas e cristar

t'asomaras y lo vieras

gotas de sangre llorar. 

(…) No hay nada comparable en delicadeza y ternura con estos cantares y vuelvo a insistir en la infamia que se comete con ellos, relegándolos al olvido o prostituyéndolos con la baja intención sensual o con la caricatura grosera. Aunque esto ocurre exclusivamente en las ciudades, porque afortunadamente para la virgen Poesía y para los poetas aún existen marineros que cantan sobre el mar, mujeres que duermen a sus niños a la sombra de las parras, pastores ariscos en las veredas de los montes; y echando leña al fuego, que no se ha apagado del todo, el aire apasionado de la poesía avivará las llamas y seguirán cantando las mujeres bajo las sombras de las parras, los pastores en sus agrias veredas y los marineros sobre el ritmo fecundo del mar. 

(…) Es, pues, señoras, señores, el "cante jondo", tanto por la melodía como por los poemas, una de las creaciones artísticas populares más fuertes del mundo y en vuestras manos está el conservarlo y dignificarlo para honra de Andalucía y sus gentes.

(…) A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.”

 


carmen martín gaite, poeta

 

Carmen Martín Gaite solo llega a estampar un único poemario en sentido estricto, titulado A rachas, y lo hizo bajo el aliento de Jesús Munárriz, cuando en los años setenta puso en marcha su colección poética Hiperión, que la empujó a rebuscar poemas entre sus cuadernos, libretas y papeles y a recomponer otros perdidos de memoria. Esto dice bastante de su quehacer poético y del reconocimiento o desconocimiento que ha acopiado. El hecho de que no publique volumen alguno de poesía hasta 1976 y la fama alcanzada en otros géneros han provocado que no se la tenga en cuenta en la reconstrucción de los pasos de la poesía de posguerra. 

La falta de necesidad y de interés por publicar conlleva otras consecuencias favorables según se mire. Martín Gaite ha escrito poesía situada en el horizonte de libertad que concede el hecho de no estar sujeta a las ataduras de los contenidos de un poemario, la estructuración de un libro, las exigencias mercantilistas de un sello editor, la matriz estética de una colección, los gustos del jurado de un determinado premio o la línea ideológica de una revista. Al escribir sin la presión de esos elementos externos y al entregarse por entero a otros géneros literarios, lleva a cabo un ritmo inconstante de escritura que intenta reflejar con el título elegido de.

 Como indica el título elegido, A rachas, ha escrito poesía de un modo discontinuo e intermitente, lo que no quiere decir que le conceda poca relevancia a la expresión poética. Todo lo contrario. Escribir poesía significa un cauce de exploración de su yo más íntimo y, por tanto, recurre a ella en momentos cruciales de empantanamiento creativo, flaqueza anímica, incomprensión o desconcierto ante lo que sucede a su alrededor, según advierte en el texto titulado nuevamente “A rachas” que sirve de pórtico a sus Poemas editados por Plaza & Janés en 2001. Lo ahí declarado acerca su concepción poética a unos términos románticos no muy lejanos de los que llevaron a Antonio Machado a hablar de la honda palpitación del espíritu. Para la salmantina la poesía se establece como un canal que da salida a unos sentimientos que estremecen, es decir, como un medio de indagación en una intimidad sacudida por los sentimientos que aportan las experiencias, los recuerdos, los sueños, las amistades, las relaciones amorosas, la realidad cotidiana. En última instancia, se postula en una poética que enlaza con la tradición romántica y simbolista. 

A este hilo teórico hay dos poemas suyos, “Sucedáneos” y “¿Qué hacer con las palabras?”, que valen como poéticas en tanto que tratan del asunto de la creación, en suma de la poisesis griega. En “Sucedáneos” reflexiona sobre la inefabilidad, sobre la impotencia de poner por escrito en verso lo experimentado. Entiende la escritura como la invocación torpe de palabras que no consiguen más que remedar y traicionar la intuición, la percepción, la emoción, el misterio, la contemplación, el sentimiento, es decir, todo aquello que forma parte del ámbito preverbal, donde estaría según ella la verdadera poesía. Se afirma, por tanto, en la incapacidad de la palabra para aprehender la experiencia y para discernir la realidad material, onírica, sensitiva…, ligada a esas vivencias. Se completa este poema de primera juventud con “¿Qué hacer con las palabras?”, fechado el 9 de marzo de 1981, en el que plantea la cuestión en la fase de verbalización de lo vivido. Como el título aclara, a la escritora llegan palabras con las que no sabe qué expresar ni cómo expresarlo: “Las miro alrededor, / cada cual por su lado; / no sé qué quiero de ellas / ni logro recordar quién las puso a mi cargo / ni adónde he de llevarlas”.

 Superada esta dificultad y lograda la verbalización (“[las palabras] Se van emparejando a trompicones”), combatida la inefabilidad, se entrega a un ejercicio introspectivo que sitúa su actividad en el plano de la poesía como forma de conocimiento o, más exactamente, en la concepción de que la poesía antes que nada ha de servir como una guía de autoconocimiento. La lectura de sus poemas evidencia que no hay más meollo que la esfera de las circunstancias que afectan a su ser y determinan sus estados anímicos. Como escribe ante todo de sí misma y de avatares muy personales, para entenderse y entender su mundo, sus poemas constituyen piezas exploratorias de su identidad y sus vivencias, de manera que la suya constituye una poesía del autodescubrimiento por medio de la rememoración o la interrogación de lo experimentado y, a este respecto, su poética enlaza con las de otras escritoras coetáneas como Julia Uceda, Elena Andrés, Aurora de Albornoz, Cristina Lacasa, Francisca Aguirre o María Beneyto. 

Esta concepción de la poesía como medio de autoanálisis da pie a que A rachas pueda leerse como una biografía de su intimidad. A pesar de los reparos que la escritora siempre puso a las distribuciones temporales, sin embargo las condiciones de la publicación —el empuje inicial de Jesús Munárriz para que recuperase sus poemas, la recopilación que ella hace entonces de lo desperdigado en papeles y libretas olvidadas y de lo aletargado en la memoria, y las sucesivas ediciones con la ampliación de nueve poemas, seis antiguos y tres nuevos, en la tercera salida y de catorce en la cuarta— la llevaron a disponer los poemas según un criterio cronológico: “Poemas de primera juventud”, “Poemas posteriores” (con una primera y una segunda entregas) y “Después de todo”. El montante asciende a sesenta poemas (más otros cinco incorporados en las Obras Completas), cantidad ciertamente pequeña para toda una vida dedicada a la literatura que revela una vez más su relación continua pero muy esporádica con la poesía. 

Como en principio escribe al margen de modas y obligaciones con un propósito autoexploratorio, lo más acertado consiste en realizar una lectura de sus poemas desde la perspectiva de su recorrido vital y su trayectoria literaria. 

Los textos de primera juventud atañen a los escritos hasta aproximadamente 1960 aunque en su mayoría corresponden a los años finales de la década del cuarenta y primeros del cincuenta. Sirven para recomponer sus preocupaciones juveniles y sus anhelos marcados en buen grado por la disconformidad de una chica inquieta a la que asfixia la cotidianeidad de la vida provinciana y que busca afianzarse en el mundo y definir su proyecto vital. Puede considerarse que el denominador común de todos los poemas iníciales radica en un tono existencialista acorde con las corrientes literarias de entonces. En el fondo cada uno de sus textos responde a cómo un yo poético, claramente autorreferencial, experimenta una existencia que no le llena del todo. Del examen de muchos de los títulos elegidos ya se infiere que le interesa escribir de la insatisfacción, la frustración, el desencanto, el hastío que dominan sus días. Y de ese estado anímico nace una de las obsesiones de esta primera parte: el ansia de libertad. Suele recurrir a la tónica del discurso desarraigado propio de la primera posguerra para dar salida al desasosiego interior que la lleva de la insatisfacción a la felicidad, del pesimismo a la esperanza en el cambio, de la soledad a la creencia en el amor. 

Los posteriores abarcan los poemas escritos entre 1960 y 1985 y, en palabras de la propia salmantina, responden al “salto de la jovencita provinciana y soñadora a la mujer ya afincada en la capital, dueña de su destino y de su casa” . No cabe duda de que lo que reverbera en sus escritos sigue procediendo de una raíz vivencial. Aunque se abre a nuevos tonos y objetivos, no obstante continúa con una escritura fundamentalmente existencialista en la que las reflexiones sobre las vivencias personales lo vertebran todo. Ahora se ocupa de forma reincidente y notoria de los de estirpe amorosa en su variedad de matices y perspectivas con el objeto de subrayar aspectos relacionados con el fin de la relación sentimental. Son poemas escritos desde la conciencia de la soledad y no es difícil seguir el hilo de su relación tormentosa con Rafael Sánchez Ferlosio, del que termina separándose amistosamente en 1970. 

Si en los poemas juveniles llama la atención la imagen de una Martín Gaite soñadora y reivindicativa, ahora en los poemas posteriores se abre el abanico de sus actitudes y de su tono discursivo como fruto de su madurez personal. En esta serie de textos poéticos continúa con su proceso de autoanálisis pero lo hace con una postura alternante y plural que abarca la serenidad, la ironía, el escepticismo, la melancolía, la alegría, la conciencia del fracaso, etc. En suma, Martín Gaite da muestras de una identidad madurada a base de vivencias que resuelve la aceptación estoica de la realidad: “Lo que se fue no está, / lo que venga vendrá”, sentencia y asume en “Let it be”. 

Los últimos, que agrupa bajo el rótulo de “Después de todo” recogen en esencia lo escrito en el segundo lustro de los ochenta cuando la escritora alcanza ya los sesenta años. El rótulo elegido, “Después de todo”, indica a las claras que el sujeto poético se sitúa al final del camino una vez superadas ciertas circunstancias sobrevenidas y, en concreto, la de la muerte de su única hija Marta en 1985 con veintiséis años. Este factor biográfico explica el sentido de buena parte de estos poemas y arroja mucha luz sobre los sentimientos y los pensamientos presentes en los textos en torno al vacío, la consternación y la soledad que le procura esa muerte. 

Se trata de poemas protagonizados preferentemente por un ser afligido y abatido tanto en la percepción del presente que vive como en la actitud a la hora de rememorar hechos antiguos. Son textos en los que se habla de la ausencia, el fin del amor, el recuerdo de lo ya ido, la muerte de seres queridos, el miedo, la miseria, la privación del deseo, los libros perdidos, el desgaste de la fe, el olvido, la supervivencia, etc., motivos todos que reflejan el estado de abatimiento y aflicción que acompaña a Martín Gaite en esta fase de su vida.

 Mirada en su conjunto, podría sostenerse que la trayectoria poética de Martín Gaite responde a unas posturas vitales que de modo global van variando con los años. En los poemas juveniles, a pesar de los sinsabores de la rutina provinciana, mira el futuro situada en una colina de esperanza. Necesita cambios, pero entiende que tiene tiempo por delante y que antes o después estos llegarán a su vida. En los poemas posteriores algunas cicatrices existenciales horadan sus expectativas pasadas y la sumen en cierta resignación estoica. Después de algunos disfrutes incuestionables (ligados al amor o al descubrimiento de nuevas gentes y ciudades), comienza a desconfiar de que los cambios sirvan para ir a mejor y llega al escepticismo. Finalmente, en los poemas últimos surge una voz muy desencantada que roza por momentos el nihilismo. La frustración y el desconsuelo expresados revelan el cansancio vital de una mujer cuyo presente está urdido por la soledad y la amargura. 

En tal tesitura de cansancio y sufrimiento Martín Gaite necesita recobrar las ganas de vivir como se observa en “Farmacia de guardia”, uno de sus últimos poemas aderezado con una dosis irónica en el que expresa su necesidad de recuperar la fe en la vida y la capacidad de desear y sorprenderse. Como ante otros varapalos de su vida, se aplica la máxima que le gustaba repetir de que al final del túnel siempre hay luz, y justo en la negrura de la muerte halla la luz, pues busca y encuentra los estímulos para esa fe justamente en la razón que ha provocado la pérdida de la misma: la muerte de su hija. El poema “Lo juro por mis muertos” contiene una confesión estremecedora: promete a su hija vivir “contra viento y marea”, salir al mundo y no encerrarse en “la cueva metífica y sombría / de donde no se sale”, acogerse “impasible al instante presente”.” 

por José Jurado Morales

Universidad de Cádiz

06/04/2016

 

 


13/10/2020

entre visillos

 

Entre visillos fue la primera novela de Carmen Martín Gaite, publicada en 1957, y galardonada con el premio Nadal de 1957.

La novela es una sutil y lúcida denuncia de la situación de la mujer en la España de los años cincuenta. A pesar de estar teñida con la tristeza y el desasosiego de una generación condenada a vivir su juventud constreñida por unas convenciones sociales muy estrictas, abría también el camino a los jóvenes y las jóvenes que no querían seguir limitados por sus papeles de dominadores y sometidas.

Después de algunos años de ausencia, Pablo Klein vuelve a la ciudad de provincias donde ha pasado su infancia para ejercer como profesor de alemán en el Instituto. Allí entabla relación con distintas personas de la ciudad, fundamentalmente jóvenes, y con las alumnas del Instituto, sobre todo con Natalia. La rutina, el conservadurismo, la hipocresía de la vida cotidiana de la posguerra, analizadas a través de las ocupaciones cotidianas de este grupo de jóvenes, de sus angustias, del aburrimiento y de la falta de imaginación, son reflejo de la realidad de una juventud sin ilusión.

A finales de 1962, Televisión Española estrenaba Novelas, un espacio en el que adaptaba a la pequeña pantalla distintos clásicos de la literatura. El formato duró hasta la navidad de 1979, y por el camino dejó multitud de ficciones: Los Pazos de Ulloa, Cañas y Barro, El Camino, Los Gozos y Las Sombras, Fortunata y Jacinta, Entre Naranjos y un largo etcétera. Entre todas ellas se encuentra Entre Visillos, un drama rural que llegó a los televisores en 1974. La novela fue adaptada por el director Miguel Picazo y la guionista  Esmeralda Adam García.