15/01/2017

quatre contes de nadal, imatges


Miquel Esparrach

   
Reunió d’alt nivell



Nit de pau i bones festes
 
Quieta Nit

El batalló perdut






Avui hem gaudit de la proposta teatral dels companys de Passi-ho-bé Teatre, Quatre contes de Nadal, una adaptació dels contes de Pere Calders realitzada per l’autor cerdanyolenc Roger Puig Morales i amb la direcció de Miquel Esparrach i Carlos Soler.


Els quatre contes són: Reunió d’alt nivell, una reunió entre els Reis Mags i el Pare Noel; Nit de pau i bones festes, que critica àcidament la burocràcia ; Quieta Nit, una crítica sobre la nit que es celebra la missa del gall; i, finalment, El batalló perdut, conte que està situat un nadal de la Guerra Civil Espanyola.



13/01/2017

zweig-roth

Stefan Zweig y Joseph Roth 
"El hombre ya no se conmueve cuando se vulnera y asesina la condición humana", le escribe en una carta el escritor austriaco Joseph Roth a su amigo Stefen Zweig.  El primero vive exiliado en Paris,  huyendo de la barbarie nazi.  En la capital francesa, morirá solo,  empobrecido y alcoholizado en 1939.  El segundo, tras preregrinar por medio mundo, se suicidó en Petrópolis, Brasil en 1942, dejando esta nota: “Cada día he aprendido a amar más este país y quisiera no haber tenido que reconstruir mi vida en otro lugar después de que el mundo de mi propia lengua se hundió y se perdió para mí, y mi patria espiritual, Europa, se destruyó a sí misma.

“Pero para empezar todo de nuevo un hombre de 60 años necesita poderes especiales y mi propio poder se ha desgastado después de años de vagar sin asiento. Por eso prefiero terminar mi vida en el momento adecuado, justo, como un hombre para quien su trabajo cultural fue siempre la más pura de sus alegrías y también su libertad personal —la más preciosa de las posesiones en este mundo.

“Dejo saludos para todos mis amigos: quizá ellos vivan para ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos”.

Sólo al inclinar la copa
Leve se mueve el baile de las horas
sobre los cabellos ya plateados,
porque sólo al inclinar la copa
se ve con claridad el fondo.

Presentir cerca la noche
no produce confusión, sino calma.
El puro contemplar el mundo
es sólo del que no desea nada.

Ya no pregunta lo que alcanzó,
ya no lamenta lo que perdió.
Para el viejo es sólo el leve
inicio de su despedida.

La mirada nunca brilla más
que cuando la encienden las últimas luces.
Nunca se ama más la vida
que a la sombra de tener que abandonarla.


Stefan Zweig

12/01/2017

zweig mira a oriente


XI

Treinta radios convergen en el centro
de una rueda,
pero es su vacío
lo que hace útil al carro.
Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío
depende el uso de la vasija.
 Se abren puertas y ventanas
en los muros de una casa,
y es el vacío
lo que permite habitaría.
En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad.

Tao te King

Lao Tse

11/01/2017

calders a l'ateneu



El proper diumenge 15 de gener de 2017, els companys de  Passi-ho bé Teatre ens donen una altra oportunitat per veure  “Quatre contes de nadal”, adaptació teatral dels contes de Pere Calders realitzada per Roger Puig Morales.
Una bona proposta de teatre-vermut que podreu gaudir a la Sala 6 de l’Ateneu, a les 12 hores.  El preu de l’entrada es de cinc euros.
Per cert, intervenen en la representació les companyes de Vespres Literaris: María Ignacia Pavón i Montse Pérez.

Molta merda, companyes!

10/01/2017

la decisión de Virata

“Virata regresó a su choza y durante toda la noche contempló la blanca maravilla de las estrellas encendidas en la profundidad del cielo. Llegó la aurora borrando las luces estelares y, como siempre, Virata llamó a los pájaros para darles de comer. Luego cogió el cayado y regresó a la ciudad.

Apenas difundida la noticia de que el santo había abandonado su soledad y se hallaba de nuevo entre los hombres, el pueblo se lanzó a las calles para contemplarle. Algunos se sintieron llenos de temor creyendo que su aparición podría ser presagio de alguna desgracia. A través de la respetuosa ola de la muchedumbre, avanzaba Virata con una dulce sonrisa en los labios y humildemente saludaba a los hombres; pero por primera vez en su vida no pudo evitar que su mirada fuese severa. No pronunciaba palabra alguna.

De esta manera llegó hasta el palacio del rey. Había pasado ya la hora del consejo y el rey estaba solo. Virata compareció ante el monarca, y éste, al verle, abrió los brazos para estrecharle contra sí. Pero Virata se inclinó hasta tocar con la frente en el suelo y besó el borde de la veste del rey en señal de que quería hacerle una petición.

-Antes de que tus palabras formulen lo que quieres pedirme, ya lo tienes concedido - dijo el rey-. Es una honra para mí el tener poder para servir a un hombre prudente y ayudar a un sabio.

-No me des estos nombres - respondió Virata-, pues mi camino no ha sido nunca recto. Tú me desligaste de la obligación de servirte y viví como un mendigo lejos de tu puerta. Quise liberarme de mis culpas y de la responsabilidad de la acción, salir de la red de las cosas mundanas, de esa red que ha sido tejida por los dioses.

-Me es difícil comprender lo que dices -respondió el rey-. ¿Cómo puedes haber procedido mal y caer en la culpa viviendo cerca de Dios?

-He ignorado todo lo malo que había. He ignorado que nuestros pies están hundidos en la tierra y que nuestros actos deben ceñirse a la eterna ley. También el dejar de actuar es obrar. No podía apartar de mí la mirada de los ojos del hermano eterno, esas miradas eternas que nos hacen buenos o malos contra nuestra voluntad. Por muchas razones soy culpable, pues me acercaba a Dios y me apartaba de servirle en la vida. Era un egoísta, pues me preocupaba tan sólo de alimentar mi vida sin servir a la de los demás. Quiero, pues, volver a servirte.

-No comprendo, Virata, tus palabras. Dime cuáles son tus deseos para que pueda satisfacerlos.

-Ya no quiero que mi voluntad quede libre. El que se figura estar libre no tiene ninguna libertad; el que huye de la acción no huye de la culpa. Solamente el que sirve a otros tiene libertad; es libre tan sólo el que entrega su voluntad a los demás y pone su fuerza al servicio de una obra sin preguntar nada. Solamente la mitad de lo que hacemos es obra nuestra: el principio y el fin pertenecen a los dioses. Libérame de mi voluntad, pues toda voluntad es confusión y toda obediencia es sabiduría.

-No te comprendo. Me pides que te haga libre y me pides que te ponga a mi servicio. Libres son los que mandan a los demás, pero no aquellos que tienen que obedecer. No te comprendo.

-Es natural que tu corazón no pueda comprender esto, rey mío. ¿Cómo podrías ser rey si lo comprendieses?

Los ojos del monarca se obscurecieron llenos de ira.

-¿Cómo puedes decir que el poderoso es tan poca cosa ante Dios como el vasallo?

-No hay nadie grande ni pequeño ante Dios. Solamente quien sirve y somete su voluntad sin preguntar nada puede arrojar su culpa y acercarse a Dios. Quien cree y piensa que es capaz de sojuzgar el mal con su sabiduría, cae en la culpa.

El rey miró a Virata con severo rostro.

-Entonces, ¿todos los servicios son iguales? ¿Tienen todos la misma importancia ante Dios y ante los hombres?

-Es muy posible, rey mío, que algunos aparezcan como muy altos a los ojos de los hombres. Pero a los ojos de Dios no existen diferencias.

El rey miró fijamente a Virata durante largo tiempo. El orgullo se rebelaba. Pero luego se aplacó contemplando los blancos cabellos que caían sobre la arrugada frente del anciano que le hablaba, y pensó que con el tiempo aquel hombre se había vuelto otra vez un niño. Entonces le dijo, irónicamente, para probarle:

-¿Quieres ser el guardián de los perros de mi palacio?

Virata inclinó su frente y besó humildemente el suelo en señal de agradecimiento.”

Los ojos del hermano eterno. Leyenda

Stefan Zweig

què llegir el 2017



Dues importants novetats ens esperen aquest any: Jaume Cabré, sis anys després de Jo confesso, torna a la narrativa amb un llibre de relats, Quan arriba la penombra , que el segell Proa posarà a la venda a partir del 5 d'abril. El nou llibre de Javier Cercas, en Random House a partir del 16 de febrer, es titula El monarca de las sombras, un llibre dedicat al oncle mort a la batalla de l'Ebre i que va combatre del costat de les files franquistes.


09/01/2017

la justicia de Virata


“Al sexto año de administrar justicia en la escalinata de mármol rosado del palacio real, compareció ante Virata un joven delincuente que pertenecía a la raza de los Kazar, raza salvaje que adoraba a los ídolos de piedra. Sus pies estaban ensangrentados a causa de largos días de caminata, y fuertes cuerdas ligaban estrechamente sus brazos. Los que le llevaban prisionero, dando muestras de gran furor, con los ojos brillantes de cólera bajo las oscuras cejas, le hicieron avanzar hacia la escalinata y le obligaron a ponerse de rodillas delante del juez. Luego todos se inclinaron a su vez con las manos en alto, pidiendo justicia.

Virata miró sorprendido a los extranjeros.

-¿Quiénes sois, hermanos –les preguntó -y quién es ese que comparece atado ante mí? Parece que venís de muy lejos.

El más anciano de ellos se inclinó entonces profundamente y dijo:

-Somos campesinos, señor, pacíficos habitantes del Oeste. Y éste que comparece atado es un monstruo que dio muerte a más hombres que dedos tiene en las manos. Pretendía a la hija de un honrado vecino de nuestro pueblo; pero como es un devorador de perros y un asesino de vacas, el padre se negó a concedérsela como mujer, dándola en cambio como esposa a un honrado comerciante. Entonces este monstruo, lleno de ira, se metió como un lobo en nuestro rebaño y por la noche asesinó al padre y a sus tres hijos y, no satisfecha su ira con esto, siempre que uno de los pastores de su víctima salía por la noche para conducir el ganado a los pastos de la montaña, le asesinaba también. De esta manera ha dado muerte a once hombres de nuestro pueblo, hasta que todos nosotros nos reunimos y salimos a cazarle como una fiera. Y aquí le traemos para que tú hagas justicia y nos libres de ese monstruo.

Virata clavó la mirada en el hombre que permanecía inmóvil, arrodillado a sus pies, con los miembros fuertemente atados con cuerdas.

- ¿Es verdad lo que esos me dicen? - le preguntó.

-¿Quién eres? -preguntó a la vez el acusado- ¿Eres el Rey?

- Soy Virata, su siervo, y el siervo de la ley. Para expiar mis culpas cuido de las culpa y me esfuerzo en distinguir lo verdadero de lo falso.

El acusado permaneció un espacio silencioso. Luego le miró con angustiosa mirada y le dijo:
-¿Cómo puedes tú saber, por lo que te dicen, lo que es verdad y lo que es falso?  ¿Cómo puedes ser sabio si tu sabiduría se fía tan sólo en las palabras de los hombres?
-De tus palabras puedo yo sacar mi respuesta, por tus palabras puedo yo conocer la verdad.

El acusado le lanzó una mirada despreciativa.

-Yo no tengo nada que ver con esos. Y tú, ¿cómo puedes pretender saber lo que he hecho, si yo mismo no sé lo que mis manos hacen cuando se apodera de mi alma la ira?  Yo he hecho justicia al hombre que ha vendido una mujer por dinero, he hecho justicia a sus hijos y a sus siervos. Ellos reclaman contra mí. Yo les desprecio y desprecio también sus palabras.

Al oír esto, la ira se apoderó de todos los que le acompañaban y comenzaron a gritar reclamando justicia contra aquel que, incluso, injuriaba al juez. Uno de ellos, lleno de furia, levantó el bastón para asestarle un golpe, pero Virata dominó con un gesto su furia y con voz tranquila volvió a interrogar a todos. Cuando recibía una contestación de los demandantes, se dirigía al prisionero y le interrogaba a su vez sobre aquella declaración. Entonces el acusado apretaba los dientes, sonreía con malvada sonrisa y repetía:

-¿Cómo intentas saber la verdad valiéndote de las palabras de los demás?

El sol del mediodía brillaba ya sobre sus cabezas cuando Virata dic por terminado  el interrogatorio. Se puso en pie y, según su costumbre, manifestó que no dictaría la sentencia hasta el día siguiente. Al oír esto, los demandantes elevaron las manos sobre sus cabezas.

-Señor -dijeron -, hemos viajado durante siete días en busca de tu dictado y necesitamos otros siete días para regresar a nuestro país. No podemos esperar hasta mañana. Nuestro ganado estará ya sediento, sin nadie que le conduzca a los abrevaderos, y los campos exigen nuestra labor. Señor, esperamos ahora tu sentencia.

Entonces Virata se volvió a sentar en el escalón y permaneció meditando largo rato. Su rostro reflejaba un gran cansancio, su espalda se inclinaba como abrumada por un enorme peso. Jamás le había acontecido el tener que dictar una sentencia en el mismo día, sin haber meditado antes profundamente sus palabras. Durante largo rato permaneció inmóvil, en silencio. Las sombras de la noche iban ya llegando lentamente. Al fin se puso en pie y se dirigió a la fuente para refrescar en ella su rostro y sus manos, para que de esta manera su palabra estuviese limpia del calor de la pasión. Luego dijo:

-¡Que mis palabras estén inspiradas por el único deseo de la justicia! Sobre este hombre pesa la pena de muerte, puesto que ha arrancado violentamente la vida a once hombres. Durante un año madura la vida de un hombre encerrada en el regazo de la madre, así éste estará encerrado un año en la obscuridad de la tierra por cada hombre que él ha matado. Y, como ha derramado once veces la sangre de los hombres, once veces al año será azotado hasta que la sangre salte de su piel, para que de esta manera pague la cuenta de su maldad. Pero no quiero que se le quite la vida, pues la vida es de los dioses y el hombre no puede disponer de lo que es de los dioses. Si mi sentencia es justa, esta justicia será mi mayor recompensa.

Después de estas palabras, Virata se sentó pesadamente en el escalón y los demandantes besaron el peldaño rosado en señal de respeto. El condenado clavó entonces su negra mirada en el juez.

Virata le dijo:

-Te pedí con dulzura que me ayudases contra tus acusadores, pero tus labios han permanecido cerrados. Si hay un error en mi sentencia, reclama ahora ante el eterno Dios, no ante mí, reclama ante tu silencio. Yo quería ser benigno contigo.

El condenado exclamó, entonces:

-Yo no quiero tu dulzura ni creo en ella. ¿Qué clase de benignidad es la tuya que  me arranca de un golpe la vida?

-Yo no te he condenado a muerte.

-Tú haces más que quitarme la vida, me privas de ella con ferocidad. ¿Por qué no me condenas a muerte? He matado hombre tras hombre y tú, en cambio, me dejas abandonado como una carroña en la oscuridad de la tierra, porque tu corazón es cobarde ante la sangre y en tu espíritu no hay fuerza. Tu ley es arbitraria. Tu sentencia no es sentencia, es tortura. Mátame, puesto que he matado.

-Ya te he juzgado y sentenciado.

-¿Dónde está la medida de tu sentencia? ¿Qué medida tienes, juez, para medir? ¿Quién te ha azotado a ti para que sepas lo que significa el látigo? ¿Cómo puedes contar los años como sí lo mismo fuesen tus horas pasadas a la luz que las horas pasadas en la oscuridad de la tierra? ¿Has estado alguna vez en la cárcel para que puedas darte cuenta de las primaveras que arrancas a mi vida? ¡Eres un ignorante, no un juez! Solamente aquel que interviene en la batalla sabe de ella, no aquel que la dirige desde lejos. Únicamente quien ha experimentado el sufrimiento puede medir el sufrimiento. Sólo el culpable puede medir tu orgullo para castigarle. Tú eres el más culpable de todos. Yo me he visto cegado y arrebatado por la pasión de mi vida, por la angustia de mi miseria; pero tú dispones a sangre fría de mi vida, me mides con una medida que tu mano no tiene y con un peso que tu mano no ha sostenido nunca. Estás en la silla de la justicia, pero no puedes sentarte en ella como un juez. ¡Mides con la medida de la arbitrariedad! ¡Márchate de la silla de la justicia, ignorante juez, y no juzgues a los hombres vivos con la muerte de tus palabras!”
Los ojos del hermano eterno. Leyenda
Stefan Zweig