11/11/2021

nawal el saadawi y 4

 




Nawal el Saadawi nació el 27 de octubre de 1931 en el pequeño pueblo de Kafr Tahl, en la provincia de Al-Kalyoubeya, población cercana al río Nilo, en el Delta norte de El Cairo. Saadawi es la segunda de nueve hermanos -tenía cinco hermanas y tres hermanos- que, sin excepción, recibieron educación al menos hasta llegar a la universidad. Su padre Sherif Hatata era un hombre conservador y el primero del pueblo que logró graduarse en Dar Al-Oloum. Se manifestó en la revolución egipcia de 1919 en contra de la ocupación británica y del gobierno colonial. Como consecuencia, en 1938, fue enviado al exilio a la provincia de Al-Menoufeya, donde obtuvo el puesto de Inspector del Ministerio de Educación y donde permaneció junto a toda la familia hasta 1948. Su madre, Zaynab Hamen, perteneciente a una familia acomodada, educada en la escuela francesa y convencida de la necesidad de educar no sólo a los varones sino también a sus hijas, murió a los 45 años y siempre se preocupó por la educación de Nawal. En su noche de bodas tenía tan sólo 15 años y su prometido, al que aún no conocía, 16 más que ella.

A los seis años, en 1937, la daya (comadrona) le practicó la ablación del clítoris, una tortura que marcó su vida y su obra.

Sadaawi estudió medicina en la Universidad de El Cairo, donde se licenció en 1955, especializándose en psiquiatría. Dedicó sus primeros años como doctora a atender a los pacientes del ámbito rural en Kafr Tahl, su pueblo natal, donde pudo observar las dificultades y desigualdades a las que se enfrentaban las mujeres rurales. Allí adquirió un compromiso crítico, en aumento a medida que crecía profesionalmente como doctora y escritora, pero también como activista política en el Egipto de Gamal Abel Nasser. En 1957, plasmó estas experiencias y reflexiones en su libro “Memorias de una doctora” publicadas primero por capítulos en la revista Rose el-Yusuf y, posteriormente, en libro en 1960, generando un significativo impacto tanto en Egipto como en el mundo árabe. Más tarde explicaría que no es sólo una experiencia autobiográfica sino la plasmación de la situación de la mayoría de las mujeres en esa sociedad. Desde 1955 a 1965 Saadawi trabajó en el Hospital Universitario. En 1966 se graduó en Salud Pública en la Universidad de Columbia.

De 1966 a 1972 Saadawi ocupó el puesto de Directora General en el Departamento de Educación Sanitaria en el Ministerio de Sanidad de El Cairo y en el mismo intervalo de tiempo, asumió también la Secretaría General de la Asociación Médica en El Cairo. La muerte de Nasser, en septiembre de 1970, y el nuevo mandato de su sucesor Anwar el-Sadat, en 1971, significó un cambio en su situación, además de mayores dificultades para compaginar su trabajo como médica con la escritura. En 1971 fundó la Asociación Egipcia de Mujeres Escritoras y en 1972 publicó “Women and Sex”, además de fundar y editar la revista “Health”. Su obra fue censurada: el sexo era un tema tabú en la sociedad egipcia y sus opiniones resultaron especialmente controvertidas. Saadawi fue despedida del Ministerio, además de costarle el puesto de redactora jefa de la revista y la secretaría General Adjunta de la Asociación Médica de Egipto. La escritora pasó a la lista negra tras expresar su opinión, entre otras cosas, sobre la situación de las mujeres. Para evitar la censura egipcia, Saadawi empezó a publicar en el Líbano y en 1972 terminó por exiliarse. Ella misma argumentó: “me sentía extranjera en mi país”.

Sin embargo, su actividad estaba lejos de estancarse. Desde 1974 a 1978 formó parte del Consejo Supremo de Artes y Ciencias Sociales de El Cairo como escritora. Fruto de esa simbiosis entre médica y escritora trabajó en la investigación de la neurosis en las mujeres en la Universidad Ain Shams entre los años 1973 y 1976 publicando su resultado en 1975 en la obra “Mujeres y Neurosis”.

Entre 1977 y 1987, Saadawi fundó la Asociación Africana para la Investigación y el Desarrollo de las Mujeres, de la cual fue también vicepresidenta durante diez años. Además, de 1978 a 1980 fue nombrada consejera del programa de las Naciones Unidas para las mujeres de África (CEP) y de Oriente Medio (CEPA) trasladando su residencia a Addis Abeba (Etiopía) y realizando continuos viajes a otros países africanos.

En otoño de 1980 Nawal Saadawi dimitió del cargo y regresó a Egipto con la intención de volcarse en su trabajo de escritora. El 6 de septiembre de 1981 fue encarcelada junto con otros egipcios opuestos a la firma de los Acuerdos de Paz de Camp-David (17 de septiembre de 1981) entre Egipto e Israel.

Narra su historia en “Memorias de la cárcel de mujeres”, publicada en árabe en 1983. En ella cuenta cómo fue detenida en su casa a punta de rifle, sin poderse amparar en la ley pese a que derribaron su puerta sin orden de la Fiscalía General.

Un año más tarde de su experiencia en la cárcel, Nawal El Saadawi continuó con su activismo y en 1982 fundó y presidió la AWSA (Asociación Solidaria de Mujeres Árabes), organización de carácter internacional que tenía por objetivo apoyar la participación activa de las mujeres árabes y musulmanas en la sociedad, en todos los ámbitos. Fue clausurada por el régimen egipcio en 1991, así como también la revista “Noon”, que redactaba y distribuía la asociación. En 1983, fue cofundadora de la Asociación Árabe para los Derechos Humanos.

En junio de 1992 su nombre apareció en la lista negra de condenados a muerte por una organización terrorista. El 8 de enero de 1993, ante las amenazas de muerte, se exilió a los Estados Unidos, trabajando como profesora invitada en diferentes universidades, como por ejemplo, en Duke University entre los años 1993 y 1994 en el área de Estudios Internacionales y Lenguas y Literaturas Asiáticas y Africanas.

En 1996 regresó a Egipto desde donde continuó su activismo en favor de los derechos de las mujeres, especialmente con su obra escrita y lidiando con las dificultades en cuanto a libertad de prensa y pensamiento. En 2001 sus obras fueron vetadas en la Feria Internacional del Libro en El Cairo. En 2001 y 2002 la escritora fue acusada de apostasía -también lo sería más tarde en 2007-, por diferentes motivos, siempre relacionados con su opinión crítica y con declaraciones acerca del Islam, su práctica y su relación con las mujeres. Finalmente salió inocente en todos los procesos.

En 2005 presentó su candidatura a la Presidencia de Egipto estimando que, solo por el hecho del debate suscitado por su candidatura, ya se producía un avance. Según sus palabras en una entrevista del 5 de mayo de 2005, al preguntarle por sus motivaciones respondió: “La mayor parte de las mujeres como yo que dan su opinión son castigadas por el poder local y global. Lo que me ha motivado para presentarme es el conocimiento del origen de la opresión local y global, y cómo las mujeres están oprimidas en todos los niveles, desde el nivel familiar hasta el nivel nacional e internacional”.

En la obra de Saadawi predomina la denuncia de la situación de las mujeres en su país y en el mundo árabe musulmán. La escritora aborda temas como la política, la cultura, la sexualidad, o la religión denunciando la discriminación sexual y la violencia que se ejerce contra las mujeres, especialmente a través de la ablación con argumentos sociales y de tradición. También reivindica que los hijos e hijas puedan adoptar el apellido de la madre y no exclusivamente el del padre.

Saadawi rompe tabúes y su producción literaria no rehúye temas controvertidos como la ablación del clítoris, la utilización del velo, el aborto, el matrimonio o el empoderamiento de la mujer, al igual que se plantea cuestiones antineocoloniales. Con frecuencia utiliza sus experiencias para narrar historias de ficción. En otras ocasiones escribe directamente memorias autobiográficas.

Fuente: 

10/11/2021

cervantes 2021

 





La escritora y poeta uruguaya Cristina Peri Rossi, premio Cervantes 2021



Afrodita


Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

Como una silla vacía.

Cristina Peri Rossi

"Diáspora" 1976

setanta-tres dies amb el pare

 



SETANTA-TRES DIES AMB EL PARE



ISIDRE GRAU



TRÍPODE EDITORIAL

 

2021

 

Pàgines: 190





El proper dimecres, 24 de novembre, a la sala d’actes del Museu d’Art de Cerdanyola el Vallès, tindrà lloc la presentació del nou llibre de l’Isidre Grau, Setanta-tres dies amb el pare.

Amb l’assistència de l’autor, la presentació anirà a càrrec de la Victòria Lovaina des de les 18.30h.

Del pròleg:

“Aquesta bella novel·la d’Isidre Grau se centra en la vida de dos personatges, obligats a conviure en un espai solitari més de dos mesos. Són temps difícils, durant la guerra civil espanyola, i la situació és tan versemblant, que bastants lectors hi reconeixeran històries similars, però que no gaires obres literàries han abordat entre nosaltres.

La novel·la comença amb dues parts breus, Pou de silencis i El dolor que ens tomba, que són un pròleg i l’ inici de l’argument, on cada personatge queda situat abans del gruix principal de la història.

Un pare en la plenitud de força, traça i enginy, un lloc aïllat a la muntanya, i un fill de deu anys, tots dos amb el dol sagnant del fill i germà respectivament, Valeri, assassinat a causa de la seva ideologia, al poble on vivia la família sencera. La por els ha aconsellat deixar la casa de pagès on vivien. Al dol profund, s’hi afegeix la pena de l’absència de l’esposa i mare, que es queda a la casa.

Separats per la distància dels afectes, destinats a entendre’s per necessitat, és la intel·ligència i la capacitat de reflexió del protagonista infant, que creix ràpidament, la que aconsegueix estendre tot de ponts d’entesa amb el seu pare, el qual, paulatinament, els va fixant damunt de l’abisme de dolor, ràbia i malaptesa en què es troba submergit.

La història destaca per la intensitat que les dificultats de tota mena, els personatges inesperats, les petites aventures enmig d’una Natura sobirana, imprimeixen a tots dos protagonistes. Està dotada d’una gran agilitat narrativa, a què contribueixen els capítols breus, cada un amb el seu títol.

L’argument subratlla la prova de foc, com se sol dir, que imprimirà caràcter en el protagonista, el fill, sotmès a una formació obligada, on descobrirà les seves capacitats en les feines que haurà d’aprendre al costat d’un mestre exigent, molt sovint silenciós, de vegades intractable. El seu pare.

La darrera part de la novel·la, EL llarg després, arrodoneix la història aportant una perspectiva més àmplia i llarga que aquests només setanta-tres dies, per bé que són únics i marcaran totes dues vides per sempre.

Isidre Grau ens lliura una història intensa, basada en un cas verídic, que es llegeix amb gust i manté l’ interès del lector fins al final.

Maria Barbal



09/11/2021

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10 + 1 mujeres árabes feministas y escritoras que deberías leer

por María Isabel González Martínez

en  Separata árabe

Literatura árabe contemporánea



“Listado de 10 + 1 escritoras árabes feministas cuyas obras estaría bien leer. Cada una de las propuestas está acompañada de toda la obra de estas autoras traducida al español.

…leer el artículo completo AQUÍ”

08/11/2021

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Nawal El Saadawi: «Con 8 años, ya desafiaba incluso a Dios»



por Núria Marrón
El Periódico
21/03/2021

"La escritora y activista egipcia Nawal El Saadawi conserva la misma energía que le sirvió, 40 años atrás, para nombrar a la bestia y aguantar luego el bumerán de consecuencias. Con La cara oculta de Eva y Mujer en punto cero, la autora marxista señaló los abusos y violencias machistas que, en las penumbras, ejercían desde hombres revolucionarios y gobernantes hasta profesores y padres de familia. Muy pronto, descubrió que salir de la jaula no sale gratis, como atestigua el historial de despidos, escarnios, condenas e incluso amenazas de muerte a los que pasa revista con unos guantes blancos de encaje que quizá sean la única concesión que hace a sus 86 años.

-Yo fui una niña muy rebelde. ¿Sabe? Ya de pequeña, desafiaba a Dios.

P: ¿Y cómo desafía una niña a Dios?

R: Mi abuela era campesina y analfabeta. Y el alcalde del pueblo, que se llevaba su algodón, solía tratarla muy mal, con mucho desprecio, igual que al resto de agricultores. «Sois unos ignorantes», les gritaba. «Y tú, mujer -le decía-, ¡no has leído el Corán! ¡No sabes nada de Dios!». Pero un día mi abuela se hartó y le replicó: «¿Quién te ha dicho que el Corán sea Dios? ¡Dios no es un libro, Dios es justicia y lo conocemos a través de nuestra mente!». Yo tenía 5 años cuando escuché aquello. Y comprendí.

P: ¿Qué comprendió exactamente?

R: Que Dios es justicia. Por eso, cuando empecé a notar que mi hermano tenía más derechos que yo, a pesar de que yo era mejor estudiante, me revolví. Me quejaba y mi familia me decía que los chicos valían más que nosotras. Así que cogí lápiz y papel y redacté la primera carta de mi vida. «Dios -escribí-, mi abuela me ha dicho que tú eres justicia. Pero si no eres justo y no llego a ser igual que mi hermano, no estaré lista para creer en ti». ¡Y solo tenía 8 años!

P: Y luego habló de su propia ablación. En lugar de esconder la herida, la mostró con insolencia y valentía.

R: Lo cierto es que yo había olvidado mi propia circuncisión. Completamente. Sufría amnesia infantil, un mecanismo de defensa de los niños para olvidar el dolor. Sin embargo, ya con 20 años, cuando entré a la Facultad de Medicina y empecé a oír el llanto de niños y niñas en las consultas de los doctores... recordé. Recordé aquella noche en la que, con 6 años, me sacaron de la cama, me llevaron al lavabo, me abrieron los muslos al máximo, y con una cuchilla me cortaron un trozo de carne.

P: Y su madre estaba allí, hablando amigablemente con aquellos extraños.

R: Sí, creo que aquel fue el golpe más duro. Mi familia era cultivada, pero la costumbre de escindir el clítoris en aquellos años estaba muy extendida en el campo y las ciudades. Así que cuando recordé lo que me había pasado, me comprometí a trabajar en mi propia recuperación y en ayudar a todas las niñas. No quería eso para mi hija. Y ahí empezó mi lucha. Sí, creo que ahí fue.

P: También empezaron a atacarle, desde intelectuales hasta religiosos y políticos. Desvergonzada, le llamaban.

R: Sí, había tocado un tabú muy arraigado. ¡Incluso los médicos se me echaron encima! Yo era directora de Salud Pública y el ministro de Sanidad me despidió. Todo el mundo se volvió contra mí. El Gobierno, musulmanes, cristianos... Por aquel entonces, también empecé a hablar de la sexualidad de la mujer, de cómo se nos prohibía el goce, y luché contra el concepto de la virginidad. Había mujeres a las que mataban porque no sangraban la noche de bodas. ¡Y eran inocentes!

P: Entonces conoció a una prostituta condenada a muerte por haber matado a su proxeneta y su vida, dice, cambió.

R: Firdaus, la protagonista de Mujer en punto cero. es la mujer con más coraje que he conocido. Prefería morir a pedir clemencia al presidente, quien seguramente la habría indultado. Era mucho más valiente que yo.

P: ¿Por qué le marcó tanto la historia de rebelión ante las opresiones de clase y género que le contó aquella mujer antes de ser ejecutada?

R: Porque tras escucharla, comencé a avergonzarme de mis propias mentiras. En adelante, empecé a rechazar a la autoridad. Desafié al presidente Sadat, luego a Mubarak, me enfrenté a los religiosos de todos los credos, a los médicos, me divorcié de mi marido. ¡Cómo me han odiado mis maridos!

P: ¿Qué tipo de miserias descubrió en sus tres matrimonios?

R: Supongo que las mismas que el resto de mujeres. Incluso diría que fui un poco más afortunada, porque ningún marido, ni nadie, me ha llegado a oprimir.

P: Sin embargo, dice que sobrevivió de milagro a sus tres matrimonios. A su segundo esposo incluso lo amenazó con el bisturí para lograr el divorcio.

R: ¡Exactamente! Era un hombre de derecho y me decía «¡es la ley, la ley, lograrás el divorcio cuando las ranas críen pelo!». Pero lo conseguí. El matrimonio es una institución opresiva. Y la maternidad, también, porque puede convertirse en una prisión.

P: ¿Una prisión?

R: Sí, porque nos obligan a sacrificarnos por los hijos. Conozco a muchas mujeres que quieren divorciarse de sus maridos, pero se quedan con ellos por los niños. Yo no era así. Nunca, nunca, me sentí esclava ni de mis hijos ni de nadie. Mi nombre estuvo durante muchos años en una lista de gente amenazada de muerte por los integristas islámicos. Y yo prefería que me mataran antes que convertirme en esclava.

P: Sin embargo, se acabó exiliando a EEUU. ¿Cuál es el precio más alto que ha pagado?

R: Aprendí mucho viviendo fuera de mi país. Incluso en la cárcel, a donde me envió Sadat por oponerme a los Acuerdos de Paz entre Egipto e Israel. Fue una experiencia dolorosa, sí, pero también enriquecedora. Allí, sobre papel higiénico y de liar, escribí Memorias de la cárcel de mujeres, una de mis obras más reconocidas. Así que, sin duda, el precio más alto que he pagado ha sido ver cómo el Gobierno amenazaba y coaccionaba a mis hijos para castigarme. Sí, eso ha sido lo más doloroso.

P: ¿Se ha sentido sola?

R: No, ha sido mi elección. Además, en la lucha política siempre he estado rodeada de gente joven. Miles de jóvenes me han dado su apoyo. Hombres y mujeres.

P: Alguna vez ha dicho que si la vida descubre que no tienes aguijón te devorará. ¿La escritura ha sido el suyo?

R: ¡Exacto! Escribir ha sido mi arma.

P: Y también la ha puesto en peligro.

R: Sí, pero también ha sido mi mayor protección, porque me ha dado poder. Nadie puede tocarme ahora. ¿Para qué van a matarme? Mis libros ya están ahí, sería algo inútil. Hace años tenía miedo a que me mataran y también temía al exilio. Ahora ya no. ¡Ya he pasado por todo! Ya me he habituado a todo, excepto a la edad.

P: ¿Y cómo se ve el mundo desde los 86 años?

R: Con ambivalencia. La lucha en favor de la igualdad entre hombres y mujeres y ricos y pobres es una batalla que se va ganando y perdiendo a la vez. Siempre se gana y se pierde. Así es la vida. Sin embargo, creo que el capitalismo y las religiones, no solo el islam, son los principales problemas de las mujeres en todo el mundo.

P: Poco se habla de las mujeres migrantes.

R: Y su situación es horrible, terrible. África es un continente muy rico empobrecido por el colonialismo. Y ahora mujeres y hombres emigran a Europa para poder recuperar su dinero. ¡No vienen a pedir limosna! Pero muchos europeos no lo entienden y creen que llegan para robarles.

P: Estuvo muy activa en la revuelta de Tahrir. ¿Desesperanzada, al ver cómo han terminado las protestas?

R: ¿Por qué? ¡Yo sigo muy esperanzada!

P: Parece que la represión con el presidente Al-Sisi es peor que con Mubarak.

R: Lo que hace Al-Sisi es mantener unido el Ejército, para que Egipto no se desangre y se convierta en otra Siria. Y la gente le apoya. ¿Sabría decirme por qué Europa, EEUU e Israel están en su contra y dicen que es un dictador? Porque prefieren un país dividido y débil para volver a explotarnos.

P: Señora Saadawi, Aministía Internacional denuncia, por ejemplo, que hay más de 40.000 presos políticos.

R: ¡Eso son grandes mentiras! ¿Acaso han venido a contar a los presos? También los hay en Israel y EEUU. ¿Por qué no hablan de ellos? ¿O es que Egipto es el único país que los tiene? ¿Usted cree que Amnistía Internacional está interesada en mi libertad? Jajaja. Vivimos en una jungla de mentiras.

P: Oiga, ¿usted nunca baja los brazos?

R: La esperanza es poder. Mis padres me inocularon una gran confianza en mí misma. Y cuando sientes esa fuerza interior, es muy difícil que alguien pueda doblegarte. ¿Sabe? Yo me he sentido poderosa incluso en la cárcel. Creo que esa fuerza me viene de mi abuela y de la diosa Isis. Sí, igual soy una especie de nieta suya."

07/11/2021

nawal el saadawi

 

Nawal El Saadawi, en las protestas contra Mubarak en El Cairo en 2011.AMEL PAIN (EFE)


Muere la escritora feminista egipcia Nawal el Saadawi

Eterna candidata al Nobel, esta autora amenazada de muerte por los radicales islámicos dedicó medio centenar de obras a la lucha por los derechos de la mujer.

Por Marc Español

"La icónica feminista militante, escritora y doctora egipcia Nawal El Saadawi, considerada una de las pensadoras, autoras y activistas en defensa de los derechos de la mujer más radicales e influyentes del mundo árabe, ha fallecido este domingo a los 89 años tras una larga enfermedad, según han informado medios locales y su entorno en las redes sociales. Aunque no ha trascendido la causa de su muerte, la hija de El Saadawi aseguró ayer sábado al periódico oficialista Al-Ahram, para el que la primera escribió columnas de opinión hasta el año pasado, que su estado de salud se había deteriorado a raíz del tratamiento que estaba recibiendo tras fracturarse el fémur izquierdo.

La prolífica obra de El Saadawi, cuya parte más destacada gira en torno a una profunda crítica del patriarcado, el capitalismo y la religión y su activismo político han tenido una honda influencia en las últimas cinco décadas y ha sido reconocido en numerosos premios nacionales e internacionales. La autora también abordó cuestiones sensibles, como la sexualidad, la identidad o el colonialismo. El 8 de marzo, la editora de la revista Egyptian Streets, Sara Ahmed, destacó “la pasión, franqueza y honestidad brutal” propias de El Saadawi, así como el origen de su grandeza.

Eterna aspirante al Premio Nobel de Literatura, la polémica autora de Mujer en punto cero (Capitán Swing, en castellano, y Angle, en catalán) conoció los dos lados del poder. Fue directora de Salud Pública en su país y consejera de la ONU para el programa Mujeres en África. Pero tuvo que publicar sus libros en Líbano cuando fueron censurados en Egipto y exiliarse tras ser encarcelada y acusada de revolucionaria. Aunque volvió al país en 2011, su obra sigue allí prohibida.

Nacida en 1931 en Kafr Tahla, un pueblo del delta del Nilo, El Saadawi empezó a escribir con 13 años en un diario que guardaba debajo de su cama, y ya nunca abandonó esa práctica, según cuenta en su biografía. La egipcia se licenció en Medicina en la Universidad de El Cairo en 1955. Como doctora, su trabajo con mujeres fue una de las experiencias que más le marcaron a la hora de conocer violaciones de derechos, como la mutilación genital femenina, un crimen muy extendido en Egipto del que ella también fue víctima y del que acabó por convertirse en una de sus más vehementes opositoras. Esta integración de su experiencia personal con sus conocimientos e intereses se reconocen como una constante en su obra.

Su actividad literaria, política y científica, muy controvertida en un país ultraconservador, la llevó a pagar un precio muy alto. Ya en los años setenta, El Saadawi fue despedida de su trabajo en el Ministerio de Salud tras publicar una de sus obras más célebres, La mujer y el sexo, en la que aborda el “miedo” de la sociedad hacia el cuerpo de las mujeres y el intento continuo de controlarlo bajo pretextos religiosos y políticos. El libro fue censurado en Egipto.

Una década después, bajo el régimen del presidente Anwar El Sadat, las críticas contra el Gobierno la llevaron a prisión, donde, sin embargo, continuó escribiendo, lápiz de cejas en mano, sobre papel higiénico. El libro Memorias desde la cárcel de mujeres, publicado años después, se considera otra de sus principales obras. La egipcia fue liberada poco después del magnicidio de Sadat.

Un tiempo después de abandonar la prisión, El Saadawi comenzó a recibir amenazas de muerte por parte de sectores extremistas, lo que la forzó, a principios de los años noventa, a huir a Estados Unidos. Allí ejerció de profesora hasta que pudo regresar a Egipto, donde, en 2005, trató brevemente de postularse como presidenciable. Otros libros fundamentales de El Saadawi son La cara oculta de Eva o La caída del imán.

La persecución de las ideas de El Saadawi no se detuvo tampoco con su regreso a Egipto. En 2001, tres de sus obras fueron prohibidas en la Feria Internacional del Libro de El Cairo, y un año más tarde un abogado fundamentalista la acusó de apostasía, según ha recordado Al-Ahram en uno de sus obituarios. En 2007, El Saadawi tuvo que enfrentarse a otro juicio tras ser acusada de apostasía y herejía por Al Azhar, considerada la más prestigiosa institución teológica de Egipto y del islam suní. Durante el levantamiento popular de 2011 en Egipto, El Saadawi se sumó desde el primer momento a los manifestantes que forzaron la caída de Mubarak. Más tarde, sin embargo, la egipcia fue criticada por apoyar el golpe de Estado militar de 2013, y por brindar su apoyo, aunque no un cheque en blanco, al entonces general, y hoy presidente, Abdelfatá Al Sisi.

Al trascender la noticia de su fallecimiento, las redes sociales se han inundado de lamentos y recuerdos de los seguidores de El Saadawi, en muchos casos para recordar algunas de sus frases más célebres o evocar la influencia de la feminista en sus vidas. La casualidad ha querido, como muchos han observado, que su muerte se haya producido en el Día de la Madre en Egipto, una cualidad que algunos le han querido atribuir.

Durante sus últimos años de vida, siempre se mostraba en público sin maquillaje y sin teñir su pelo blanco, para reivindicar el papel de la mujer en su forma natural, y criticaba abiertamente y sin tapujos tanto el sistema patriarcal como el capitalista. “El cristianismo, el islamismo y el judaísmo, las tres religiones monoteístas que dominan al mundo, son un sistema machista, racista, militar y fanático que oprime particularmente a las mujeres y a los pobres. En Egipto fuimos colonizados por los británicos y ahora estamos colonizados por los estadounidenses y los europeos. Las mujeres nunca podrán ser liberadas en un país que no esté liberado”, aseguraba en una entrevista con este diario en 2017."

El País 
21/03/2021

06/11/2021

persuasión, final

 




“Habiéndose desvanecido muy pronto los recelos que Anne abrigaba acerca de la resistencia de Mrs. Russell a aceptar al capitán Wentworth, contemplaba el despejado horizonte de su felicidad sin percibir en él más que una sombra: no hallar entre sus familiares y allegados una persona que realmente mereciera la estimación sincera y franca de un hombre como Frederick. Llegaba ella al matrimonio convencida plenamente de esta carencia. La desproporción de su fortuna, comparada con la de su marido, no la inquietaba en absoluto, pero el no contar con una familia que lo recibiera dignamente y fuese capaz de apreciarlo como se merecía, no poder ofrecer respetabilidad, reciprocidad de afectos y voluntades a cambio de la espontánea y fervorosa acogida que los hermanos de él le habían apresurado a dispensarle, era el único motivo de disgusto que acertaba a descubrir en la clara perspectiva de su dicha inefable.

Sólo tenía para ofrecerle dos amigas: Mrs. Russell y Mrs. Smith, y el capitán se mostraba sinceramente dispuesto a introducirlas en el círculo de sus más caros afectos. El bondadoso corazón de Mrs. Russell pronto conquistó al capitán, hasta el punto de borrar el encono producido por antiguas ofensas, y aparte de que Frederick nunca podría considerar justa ni acertada la campaña que contra él había emprendido años atrás, estaba decidido a darle la razón en todo lo demás. En cuanto a Mrs. Smith, tenía motivos más que suficientes para estimarla.

Los buenos oficios recientemente prestados a Anne por Mrs, Smith ya eran merecimiento bastante y el matrimonio, en vez de privarla de una amiga, le procuraba la amistad de dos seres. Mrs. Smith fue la primera persona a quien invitaron al nuevo hogar, y el capitán Wentworth, ayudándola a recuperar sus propiedades, escribiendo por ella y contribuyendo con su mediación a resolver las mil dificultades propias del caso, con el celo propio de un hombre audaz y un amigo verdadero, pronto le pagó con creces cuantos servicios hubiera dispensado o pudiera rendir a su mujer.

La portentosa y congénita jovialidad de Mrs. Smith no sufrió menoscabo con el favorable cambio de fortuna ni con el alivio relativo de la salud; la frecuente compañía de sus amigos contribuyó a que conservara su alegría y buen humor, y mientras conservara aquel optimismo a toda prueba, sería capaz de desafiar cualquier problema que se le pusiera por delante. Se trataba de una mujer que siendo rica y sana podía ser feliz. El manantial de su felicidad radicaba en el aliento prodigioso de su espíritu, así como la de Anne se nutría de la calidez de su propio corazón. Anne era la ternura misma, encontraba su mayor anhelo en el amor de su marido. La profesión de éste era lo único que hacía a sus amigos mirar con cierta inquietud aquella ternura extraordinaria, y el temor de una guerra futura, todo lo que pudiera ensombrecer el brillante sol de su existencia. Se ufanaba de ser la esposa de un marino, pero no tardaría en rendir el tributo de alarmas y zozobras inherentes a una profesión más gloriosa, si cabe, por sus virtudes domésticas que por su importancia nacional.”
Persuasión
Jane Austen
traducción: Manuel Ortega y Gasset
Penguin Clásics
Pág: 280-282