08/02/2013

entrevista a Laura Restrepo

Comuna 13, Medellín


Entrevista a Laura Restrepo (fragmento)
Mihál y Dés
Circulo lateral, revista de cultura, 07-08/2000 

"P.- Las situaciones límite parecen favorecer también la cultura o, al menos, despiertan la sed por ella.
Laura Restrepo.- La cultura se convierte en una de esas bolsas de aire que mantienen al margen la guerra. Mencionaría un festival de poesía que organizan en Medellín, donde el año pasado invitaron, entre otros, al alemán Enzensberger, quien luego declaró a los medios que en ninguna parte del mundo había tenido audiencias de dos mil y tres mil personas como las que tuvo en Colombia.
P.- Esta vitalidad cultural es un gran consuelo o escape, pero nadie les quita el horror de cada día. ¿Cómo Colombia ha caído tan bajo? ¿Qué ha pasado?
L.R.- Cuando hablas con gente de otros países, en particular europeos, y no digamos norteamericanos, te da la sensación de que te miran como si fueras un fantasma llegado del pasado, como si todos los problemas nuestros se debieran a que somos gente que se quedó atrás en el tiempo. Pero nosotros nos sentimos mucho más un producto del futuro del propio desarrollo de este primer mundo que del pasado. Lo que reclamaría acá sería: "Mírennos como un espejo de lo que puede llegar a pasar; mírennos como un espejo de lo que todavía están a tiempo de impedir."
Un narcotraficante colombiano, en muchos sentidos, es un señor feudal, un campesino que se enriquece de manera abrumadora, acumula millones de dólares y su sueño, su idea de felicidad es la misma que tenía en la infancia: tener tierra ­por supuesto no se va a vivir a Nueva York ni a París­, quiere ser el dueño de toda la tierra que alcanzaba a abarcar con la mirada cuando era niño. Y de hecho la compra, compra departamentos enteros, y monta unas haciendas-fortaleza absolutamente feudales, donde los campesinos le trabajan la tierra y al mismo tiempo son su ejército privado y los que cometen los crímenes que necesita él para mantener su negocio. En ese sentido, es un señor feudal, absolutamente conservador, moralista, con toda clase de reinas de belleza y divas de la televisión por amantes, pero al mismo tiempo tiene a su esposa e hijos entronizados en un altar hasta el punto que, generalmente, a todos los que han matado, lo han hecho en el momento en que iban a visitar a la esposa, a la madre o a los hijos. Por otro lado, ese señor feudal es un poderoso dentro de las transnacionales, mueve su negocio junto con socios capitalistas, banqueros, que pertenecen absolutamente al primer mundo. Su negocio está vinculado a ellos, maneja la tecnología más sofisticada que puedas conseguir en materia de armas, en términos de comunicaciones, espionaje, computadoras... Allí el pasado desaparece y estás vinculado a la globalización, a todos los excesos del capital, a una apetencia de consumo absolutamente desbordada.
P.- Esto suena a ciencia ficción.
L.R.- Si usted me pide una imagen visual de cómo veo a Colombia, le diría que como Mad Max. Nos sentimos una sociedad postatómica, no una sociedad feudal.
P.- Debe de haber también un terrible choque cultural entre los valores del pasado y los de ese futuro de Mad Max que se encarnan en el narcotraficante.

L.R.- El narcotraficante sale del pueblo, pero quiere ser feliz como es feliz un señor ejecutivo de cualquier parte del primer mundo. Es el ideal individualista, hedonista, de bienestar, de consumo, de tener su casa llena de electrodomésticos, automóviles últimos modelo, y eso multiplíquelo por miles de millones de dólares.
p.- Parece que el dinero ha pasado a ser un valor fundamental en Colombia.
L.R. Nosotros venimos, hace bastante poco, diez años atrás, de un mundo donde el dinero era inmencionable. Y es una herencia hispánica, tipo Lazarillo de Tormes: poner piedras en la olla para que no se note que no hay con qué comprar la sopa. Le puedo decir que en mi casa, mientras mi padre estuvo vivo no se podía mencionar el dinero porque era considerado de la peor educación. El dinero es indigno. Que alguien diga cuánto cuesta un coche allá es considerado un acto absolutamente mafioso. Si contratas a un carpintero para que te haga una biblioteca en casa y le preguntas cuánto le debes, te dice "lo que quiera, señora", considera de pésima educación cobrarte. Ésa es la mentalidad del colombiano.
P.- Igual que en la cultura estadounidense, donde las cosas se dignifican con su precio: tengo una camisa de cincuenta dólares.
L.R. Y esa camisa que vale cincuenta dólares de pronto empieza a ser el dios. El narcotráfico es el gran reconocimiento a la importancia del valor de las cosas. Mi novela El leopardo al sol, en realidad significó mucho más que averiguar sobre los orígenes de la mafia, una investigación de once años. Lo apasionante para mí fue ver qué pasa cuando el dinero irrumpe de esa forma en una sociedad que ha pretendido desconocerlo durante tanto tiempo y donde el valor no ha sido parámetro de felicidad. Los mafiosos sacan a bancos extranjeros lo que pueden y el resto lo mantienen en sótanos, es la imagen de dólares que se pudren en sótanos en un país muerto de hambre que ya apunta hacia la alucinación.
P.- Además, la tentación...
L.R.- Quedan pocos motivos para pensar que la vida es mejor que la muerte. No lo digo como figura poética, la juventud que está creciendo en Colombia, llena de vitalidad, inteligencia, tan deseosa de vivir, de algún tipo de reconocimiento, de afianzamiento en este planeta, de golpe no encuentra que la vida sea la mejor vía para hacerlo y encuentra en la muerte caminos mucho más fructíferos. Es una inversión de los parámetros más elementales de la civilización.
P.- Destrucción y autodestrucción, esa cadena tremenda que implica meterse en Colombia en la delincuencia común, la guerrilla, el sicariato, lo que llaman los traquetos, adolescentes asesinos de la mafia...
L.R..- Pero esos jóvenes, ¿realmente saben y aceptan que van a morir?
P.- Lo asumen, como acto cultural. Hace años escribí un artículo titulado "La cultura de la muerte" que dio la vuelta al mundo porque ponía al descubierto algo que no sabíamos ni siquiera en nuestro propio país. Veníamos de una racha de magnicidios tremendos, habían asesinado a tres candidatos presidenciales, a un director de periódico, cuanta figura aparecía la asesinaban. Nadie sabía quién estaba asesinando a estos personajes dondequiera que estuvieran, en un avión, en su casa, escondidos. El descubrimiento fue que eran muchachitos de doce y trece años los que estaban asesinando en Colombia, gracias a un amigo muy querido que se llama Alonso Salazar, a quien hay que reconocer el mérito.
Pablo Escobar
Alonso vivía en los barrios más marginales de Medellín, lo que llaman los barrios de la comuna nororiental. Medellín queda en un valle y hay unas laderas tremendas sobre la montaña, todas pobladas de barrios a los que no sube la policía. La gente siempre está mirando la ciudad pero la ciudad nunca mira hacia allá. Tremendos cinturones de miseria que asedian la ciudad de Medellín, que fueron el territorio donde Pablo Escobar se volvió todopoderoso porque logró manejar aquellas comunas. Este muchacho, Alonso, investigador y científico social, convivía desde hace años, le estoy hablando del año 89-90, en esas comunas con la gente. En determinado momento me puse en contacto con él y me dijo que viniera. Fui a convivir con él un mes en esas comunas, me atreví porque Alonso conocía el terreno y yo pasaba por prima de él. Hay nexos familiares ahí que implican un cierto corredor de respeto a la vida.
P.- ¿Cómo se relacionó usted con esos jóvenes?
L.R.- Hablábamos con los muchachitos sicarios que pululaban en esas comunas en los bares, por las noches, bailando. Allí hay un espacio de neutralidad que es el baile: mientras bailas no agredes a tu interlocutor. Bailabas con ellos y te contaban ávidamente su vida, necesitados de que alguien les escuche. Es el primer elemento que te hace pensar que buscan reconocimiento y es una forma de afianzamiento cultural.
Esto que digo yo lo expresaban ellos en términos muy concretos. Primero: todos saben que antes de los dieciséis años estarán muertos. Por ejemplo, la película de Víctor Gaviria Rodrigo “D: No futuro” fue hecha sobre estos muchachos sicarios de Medellín, con más de catorce actores, de los que sólo hay uno vivo a estas alturas. Los demás, todos muertos, y eso que fueron muchachos que pasaron por el cine, que tuvieron acceso a otras esferas. Pero ese tren de vida no perdona. De La vendedora de rosas, con muchachitas que sobreviven vendiendo rosas, hay tres o cuatro asesinados también. No estoy hablando de escuelas de sicarios, gente especializada en el crimen, sino de muchachos de familias comunes y corrientes de estos barrios populares de Medellín que han encontrado en esta cultura de la muerte una forma de expresión. Ellos saben que los van a matar y se trata de vivir intensamente, a lo James Dean. No como el tradicional latinoamericano chaparrito, mal vestido, pobretón, hablo de una nueva generación de muchachos altotes, buenos mozos, con jeans de marca, zapatos de tenis de triple suela, con su chaqueta de cuero poderosa, motocicleta..., la imagen es otra, con cadenas de oro, anillos. Saben que van a morir y saben que tienen que vivir a toda velocidad. Hay una frase que recuerdo con claridad haber oído a varios: "Si yo me muero, no importa si logro haber dejado una nevera a mi mamá". Dime si no es una forma de expresar algún tipo de perpetuidad, de dejar alguna impronta en la realidad en que vives, dejar una heladera a la mamá.
Víctor Gaviria, que tiene una manera muy peculiar de interpretar esa realidad nuestra, en ese tiempo vivía también en aquellos barrios. Decía que la única ley que se cumple es la de la gravedad: todo va a parar al suelo, empezando por el muerto. Como son barrios en la ladera, cada vez que llueve barre las casas. Víctor me decía: "Mira lo que estos muchachos hacen, de alguna manera repiten la parábola de Cristo. Ellos mueren para que sobre su muerte se pueda construir una nueva cultura." Ellos lo tienen perfectamente asimilado. Se van a morir pero dejan la heladera a la mamá, van a morir pero van a dejar plata para que sus hermanos estudien. Pero no puede salir nada bueno de ello.
P.- Y las mamás, ¿también lo saben?
L.R.- Hay una cierta complicidad de las madres, una cadena bien compleja, es difícil de imaginar por qué las madres son cómplices.
P.- ¿No sentía usted miedo cuando vivió con estos jóvenes sicarios?


L.R.- La muerte tiene un grado de energía que tú no puedes desconocer. Eso lo sentí en carne propia cuando estudié allá encaramada. Me pregunta si no me daba miedo. El problema no es ése, el problema es lo que aquello llega a fascinar, la energía que despide y hasta qué punto te cautiva. Es un nivel de intensidad que difícilmente sientes en la vida cotidiana.
Cada banda tiene sus uniformes, la guerrilla tiene sus uniformes, el ritual de las armas. Hay mucho de teatral en aquello también. Es una explicación muy buena para dar cuenta de esa intensidad que crea adicción, estamos acostumbrados a pensar que la muerte es algo indeseable. En países como el mío, lo que uno ve es que la juventud empieza a vivir la muerte como algo deseable, más deseable que la vida, que te aporta más en poesía, en intensidad, al sentido de tu vida. La pelea tremenda y apasionante que se puede dar desde el terreno de la cultura hoy en día es tratar de demostrar lo contrario, que la vida sigue siendo mejor, que no hay civilización que se pueda fundamentar en otra premisa distinta que la vida. Lo que los artistas colombianos tenemos por decir hoy es tan elemental como eso, que la vida es mejor que la muerte.
P.- Pero obviamente no resulta fácil. Usted misma fue amenazada de muerte tras su reportaje “Historia de un entusiasmo”. En “La novia oscura” refleja otra experiencia distinta: la vida de las prostitutas.
L.R.- No hay colombiano que no corra peligro, es una forma de vida. Lo que yo hago hoy en día es muy suave, pero estuve amenazada en algún momento cuando tenía una participación activa en la política. Hoy en día no. El tema de las prostitutas es también difícil porque son prostitutas de la zona petrolera y el petróleo ha sido declarado objetivo militar por distintas facciones armadas. Las zonas donde se hizo la investigación para esta novela son ombligos muy serios de la guerra, pero en Colombia el riesgo ya es una forma de vida."

07/02/2013

la Josefa




"La vida dóna moltes voltes. Des de fa un parell d’anys tornava a viure per aquí, una terra de decadències i de clima suau. (…) la Josefa S. Romeo vivia la seva tardor sense excuses (…) Els seus sentiments eren escassos i poc convencionals, aspirava a les casualitats, que poden posar música de fons a la soledat i es poden reinventar i cuinar un esdevenidor.
Val a dir que encara feia patxoca. (...)
Aquí al Parc Tecnològic del Vallès la gent anava plegant de la feina, fins demà..."

Joc de déus
Josep Ma Riera Gassiot
pàg: 5-6


L'any 1987 el CIDEM (Centre d'Innovació i  Desenvolupament Empresarial) i el Consorci de la Zona Franca de Barcelona van constituir la societat Parc Tecnològic del Vallès, SA, com a entitat gestora de la primera fase de l'Àrea Tecnològica de Cerdanyola . Les primeres empreses van instal·lar-se  al parc l'abril de 1989.

04/02/2013

somos a ciencia cierta

                                                 Un relat de  Francisco Jesús Galindo Sánchez



" Lo sé, me dejé llevar por el impulso independiente de los genes y proteínas que activan este sinfín de neuronas de mi cerebro, lo sé.

Quizás si me hubiese tomado el tiempo necesario para pensarlo no lo habría hecho.... o puede que sí, es posible que hubiese hecho exactamente lo mismo. Pero reconozco que no lo pensé y eso es el peor error en el que puede caer un científico; al menos eso fue lo que me enseñaron y lo que la experiencia me ha confirmado, aunque ahora....., ahora empiezo a creer en los beneficios que a veces puede reportarnos la inconsciencia.

Puede que esta obsesión mía por hurgar y hallar en los universos desconocidos me acabe perdiendo; también lo sé, y eso que siempre procuro actuar tratando que mi vanidad nunca crezca más de lo que mide una pequeña semilla. 
Me viene bien descubrir a cada paso que mi originalidad tan solo consiste en pequeños matices de algo descubierto y experimentado en tiempos inmemoriales por mentes bastante más lúcidas que la mía. Con este remedio combato muchas veces mi angustia y mi alejamiento del mundanal ruido y me va bien, muy bien, pues nunca me encontré solo en mis múltiples empeños.

Aun así, creo que necesito tomarme un respiro y alejarme por unos instantes de la firme presencia de mis ancestros; de la cercanía de estos científicos de antaño que me arropan convertidos en mis fantasmas queridos, admirados y magníficos. Quiero colgar un momento en el perchero, junto a mi bata blanca de trabajo, cualquier influjo de sus genialidades y de esta curiosidad que me arrastra y me obliga a seguir encendiendo luces por los caminos que ellos, y tantos otros antes que ellos, me fueron descubriendo.
Este impulso que ahora me invade es solo mío, y sus consecuencias me pertenecen también solo a mí. Tanto tiempo investigando, tantas horas envejeciendo tras un microscopio, tantos minutos manteniéndome concentrado en este mar inmenso donde se mueven ordenadamente nuestras propias células..... ,que casi llegué a olvidarme de la existencia de una de las experiencias más maravillosas y gratificantes en las que puede sumergirse el ser humano.
Ella no se lo esperaba, aunque creo que en el fondo lo intuía, pues han sido muchos nuestros días de bailes de salón, y muchas las ocasiones en que permanecimos mirándonos a los ojos mientras nos dejábamos llevar por la música.... en fin, que estos fueron para mí unos momentos de oro, me sirvieron para que mi mente analizara e intentase descifrar ese otro lado tan importante de la ciencia, y tan desconocido para mí, que yo me he atrevido a denominar “la geometría del beso”. 

Pero ayer por la tarde lo estropeé de verdad, pulvericé el encanto hasta ver evaporarse sus millones de partículas. Perdí el control y, aunque no me pesan en exceso los remordimientos, tengo la sensación de que lo eché todo a perder: la besé valiéndome de ese instante divino en el que el pensamiento te prohíbe pensar. Debería de haber caído en la cuenta de que la proporción exacta en la medida de los elementos solo es controlable utilizando un matraz de laboratorio, que la química de las pasiones sigue otros caminos de los que...... afortunadamente, la gran dueña y señora se llama serotonina. No sé si es bueno verme invadido por esta sensación de que mi maltrecha voluntad ha quedado convertida en diminutas astillas. Solo sé que me siento muy bien y que estoy dispuesto a afrontar todas sus maravillosas consecuencias.
He tardado horas en atreverme a abrir el mensaje que ha llegado a mi móvil, en estos momentos soy un cobarde con su tensión descompensada, me lo envió Luna, ya saben, mi compañera de baile. Por favor, léanmelo ustedes, yo no me atrevo.

“¿Quién te enseñó a besar tan dulce?
¡No me faltes al baile de esta tarde!,….., ahora me toca besar a mí.”  



Creo que mi trabajo tendrá que esperar;  me quedan aún por emprender proyectos ineludibles: empiezo a comprender lo que es estar enamorado, sin duda mi mayor descubrimiento fuera del laboratorio en el que he vivido tantos años. "


 Sanlúcar de Barrameda, octubre 2012

03/02/2013

leopardo al sol




Llueve tan poco en el desierto de la Guajira, que la lluvia es un dios para los wayuu -los aborígenes de la península de la Guajira, sobre el mar Caribe-: y lo llaman Juya. 






 “La lluvia es el padre de todas las cosas, las mantiene, las renueva”, dicen los que viven en esta enorme sabana de arena en la punta norte de Colombia.






El desierto de la Guajira.

el silenci dels telers

portada del llibre

Ahir, un grup de companyes i companys de Vespres Literaris vam anar a visitar dues colònies tèxtils de l'Alt Llobregat, en concret la de Viladomiu Nou, al municipi de Gironella, i seu del Consorci del Parc Fluvial del Llobregat, i la de Cal Pons, al terme municipal de Puig-reig.

La visita la vam fer de la mà d'Assumpta Montellà, autora del llibre: "El silenci dels Telers. Ser dona a les colònies tèxtils catalanes ", un recull de testimonis i vivències de vint-i-una  dones representatives de tots els grups socials que vivien a la colònia:  la dona de l'amo, la sagristana, les obreres ....

Per començar l’Assumpta ens va llegir un poema de Miquel Martí i Pol, L’Elionor, tota una declaració d'intencions que el recorregut històric que anàvem a fer era, sobretot, un record des del sentiment i l'emoció.:

a la torre de l'amo de Viladomiu Nou




L’Elionor tenia
catorze anys i tres hores
quan va posar-se a treballar.
Aquestes coses queden
enregistrades a la sang per sempre.
Duia trenes encara
i deia: “sí, senyor” i “bones tardes”.
La gent se l’estimava,
l'Elionor, tan tendra,
i ella cantava mentre
feia córrer l’escombra.
Els anys, però, a dins la fàbrica
es dilueixen en l’opaca
grisor de les finestres,
i al cap de poc l’Elionor no hauria
pas sabut dir d’on li venien
les ganes de plorar
ni aquella irreprimible
sensació de solitud.
Les dones deien que el que li passava
era que es feia gran i aquells mals
es curaven casant-se i tenint criatures.
L’Elionor, d’acord amb la molt sàvia
predicció de les dones,
va créixer, es va casar i va tenir fills.
El gran, que era una noia,
feia tot just tres hores
que havia complert els catorze anys
quan va posar-se a treballar.
Encara duia trenes
i deia: “sí, senyor” i “bones tardes”.

Cal Pons,  amb la torre de l'amo al fons

La pròpia autora ens diu del  seu llibre:

“El silenci dels telers dóna veu a les dones i nenes que durant dècades van treballar a les colònies tèxtils de Catalunya.  Des de l’inici de la indústria catalana fins als nostres dies, passant per la Guerra Civil i la repressió de la postguerra, els seus testimonis expressen una manera de viure marcada per un ofici ple de condicions precàries.
Les treballadores de les fàbriques en són les protagonistes principals, però també hi tenen cabuda les dones dels amos, les criades, les sagristanes, i així, anar sumant mirades femenines que es reunien al voltant d’una colònia tèxtil, d’orígens ben diferents, amb opinions ben diferents.

“El que passava a les colònies era indigne i immoral, i el que digui el contrari, menteix”

“Nosaltres, que veníem de pagès, sort en vam tenir de les colònies i els amos, si no, ens hauríem mort de gana”

“A les colònies teníem plat a taula, sostre i feina segura. Només ens faltava la llibertat”

Aquest llibre és un rigorós i emocionat homenatge a totes aquestes dones. Filles, esposes, mares, àvies, dones de colònies que han passat el seu testimoni a altres dones de noves generacions que encara viuen a les colònies i que vetllen perquè aquell passat no sigui oblidat.”

I perquè no s'oblidi, el llibre el tanca un capítol escrit per una noia, la sisena generació d'una família de la colònia, que va estar amb l'autora a totes les entrevistes a les dones.

el grup amb l'autora