03/06/2015

los caminos del mar

Avui, en els jardins de Ca n’Ortadó, Magdalena Albero Andrés, professora de la Facultat de Ciències de la Comunicació de l’UAB, ha presentat la seva primera novel·la: “Los caminos del mar”, un viatge a la Grècia del segle III a.d.c.

“En el año 285 a.C Irene tiene quince años y vive con su padre en Atenas. Su educación, que Kleón ha cuidado con un esmero nada habitual para una mujer, la ha convertido en una joven curiosa y culta. Sin embargo, todo su mundo se derrumba cuando él es encarcelado. Irene queda bajo la tutela de Herófilo, un familiar médico con el que huirá de Atenas. Durante una larga estancia en Creta, donde se ven obligados a recalar, Irene acabará por adquirir conocimientos básicos de medicina, suficientes para despertar su interés por continuar aprendiendo y practicando. Así empieza su periplo por el Mediterráneo, que es a la vez un viaje hacia el descubrimiento de sí misma.


En la aventura vital de la protagonista se cruzan no sólo los dos hombres a los que amará, sino también personajes históricos como Herófilo de Calcedonia, el rey Ptolomeo I o el filósofo Epicuro, y las mujeres anónimas -campesinas, esclavas, cortesanas y esposas de ciudadanos griegos-, que la ayudarán a convertirse en adulta. Las peripecias de Irene nos acercan a una época en que la ciencia médica daba sus primeros pasos y el arte y la filosofía formaban la conciencia colectiva y se planteaban dilemas no muy alejados de los que vivimos hoy. Una vida fascinante narrada en una novela imperdible.”

Ressenya de la contraportada del llibre. 





la barcelona de Marsé

“El Monte Carmelo es una colina desnuda y árida situada al noroeste de la ciudad. Manejados los invisibles hilos por expertas manos de niño, a menudo se ven cometas de brillantes colores en el azul del cielo, estremecidas por el viento, asomando por encima de la cumbre igual que escudos que anunciaran un sueño guerrero. La colina se levanta junto al Parque Güell, cuyas verdes frondosidades y fantasías arquitectónicas de cuento de hadas mira con escepticismo por encima del hombro, y forma cadena con el Turó de la Rovira, habitado en sus laderas, y con la Montaña Pelada. Hace ya más de medio siglo que dejó de ser un islote solitario en las afueras. Antes de la guerra, este barrio y el Guinardó se componían de torres y casitas de planta baja: eran todavía lugar de retiro para algunos aventajados comerciantes de la clase media barcelonesa, falsos pavos reales de cuyo paso aún hoy se ven huellas en algún viejo chalet o ruinoso jardín. Pero se fueron. Quién sabe si al ver llegar a los refugiados de los años cuarenta, jadeando como náufragos, quemada la piel no sólo por el sol despiadado de una guerra perdida, sino también por toda una vida de fracasos, tuvieron al fin conciencia del naufragio nacional, de la isla inundada para siempre, del paraíso perdido que este Monte Carmelo iba a ser en los años inmediatos. Porque muy pronto la marea de la ciudad alcanzó también su falda Sur, rodeó lentamente sus laderas y prosiguió su marcha extendiéndose por el Norte y el Oeste, hacia el Valle de Hebrón y los Penitentes. En su falda escalonada como un anfiteatro crece la hierba de un verde amargo, salpicada aquí y allá por las alegres manchas amarillas de la ginesta. Una serpiente asfaltada, lívida a la cruda luz del amanecer, negra y caliente y olorosa al atardecer, roza la entrada lateral del Parque Güell viniendo desde la plaza Sanllehy y sube por la ladera oriental sobre una hondonada llena de viejos algarrobos y miserables huertas con barracas hasta alcanzar las primeras casas del barrio: allí su ancha cabeza abochornada silba y revienta y surgen calles sin asfaltar, torcidas, polvorientas, algunas todavía pretenden subir más en tanto que otras bajan, se disparan en todas direcciones, se precipitan hacia el llano por la falda Norte, en dirección a Horta y a Montbau. Además de los viejos chalets y de algún otro más reciente, construido en los años cuarenta, cuando los terrenos eran baratos, se ven casitas de ladrillo rojo levantadas por emigrantes, balcones de hierro despintado, herrumbrosas y minúsculas galerías interiores presididas por un ficticio ambiente floral, donde hay mujeres regando plantas que crecen en desfondados cajones de madera y muchachas que tienden la colada con una pinza y una canción entre los dientes.

(…)

Para la señora Serrat, el Monte Carmelo era algo así como el Congo, un país remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas. Otro mundo. A través de la luminaria azul de su vida presente, a veces aún le asaltaban lejanos fogonazos rojos: un viejo cañón antiaéreo disparando desde lo alto del Carmelo y haciendo retumbar los cristales de las ventanas de todo el barrio (entonces, cuando la guerra, vivían en la barriada de Gracia, y al horrendo cañón al que la gente lo llamaba el «Abuelo»). (…) Eran hijos de refugiados de la guerra, golfos armados con tiradores de goma y hondas de cuero, y rompían faroles y se colgaban detrás de los tranvías. Pensando en ello, ahora le dijo a su hija:


—Tú ya no te acordarás, pero cuando eras una niña, un salvaje del Carmelo estuvo a punto de matarte...”

02/06/2015

la barcelona dels tramvies

“¿Y aquellos burladeros?
Siempre nos han agradado las concepciones geométricas de las cosas. Indican una limpieza mental envidiable, un amor a la lógica, a las soluciones pulcras, a las calidades impecables. Por ello mismo las trayectorias del peatón barcelonés por las calles de nuestra ciudad, rectas y geométricamente quebradas y zigzagueantes, no han podido menos que ser bien recibidas por nosotros. Constituimos gozosamente un pequeño y ordenado glóbulo rojo en la presión arterial de la circulación ciudadana. Y los reglamentos que la regulan son observados con esmero por nosotros, conscientes del valor de una disciplina en cualquier orden de la vida.
Así, pues, bien dispuestos como siempre que nos abocamos a la calle, salimos una mañana varios amigos, hace ya bastante tiempo. En la Ronda de la Universidad nos fue dado admirar un cívico y notable espectáculo: un hermoso vehículo, de líneas graciosas y brillantes, avanzaba por los raíles del tranvía a tren de cortejo, ornado con bellas guirnaldas verdes, con banderas y gallardetes. Dentro de esta notable fábrica, un grupo de señores viajaban con el talante grave y a la vez amable de quien cumple gustosamente su deber. Bien pronto vimos con agradable sorpresa y admiración que aquello era un tranvía vestido de gala y que los señores eran autoridades y miembros directivos de la Compañía, y que todo el volumen de fiesta era porque aquel tranvía inauguraba una nueva serie de vehículos que por su eficiencia y modernidad venían destinados a mejorar el servicio en nuestras calles, cosa que nos llenó de regocijo.
Al cabo de breve tiempo circularon, efectivamente, estos tranvías que abren sus puertas con un resorte, y cuyos cristales están siempre irisados de grietas con una adorable negligencia. Pero inmediatamente notamos la anomalía de que solo se subía y bajaba del vehículo por la derecha, con notorio peligro de las vidas de los viajeros.  Como el reglamento de circulación prohíbe terminantemente tal temeridad, nosotros lo hicimos notar, extrañados, a una autoridad municipal que nos informó, con amable interés, que pronto se iban a construir unos burladeros a la derecha de las paradas de estos tranvías. Con lo que consideramos que las desgracias que sucediesen en este lapso de tiempo bien empleadas estarían si daban a luz a tan notable adelanto. Porque colocar un islote en medio del estrecho espacio de las calzadas laterales del paseo de Gracia, por ejemplo, sin impedir el resto de la circulación, es una delicadísima labor de ingeniería, propia de finísimos cerebros.
Pero, por desgracia, ha pasado un año y los burladeros no aparecen por ninguna parte. Tan sólo los hay en la plaza Universidad; el resto de los larguísimos trayectos sigue siendo igualmente peligroso. Nosotros seguimos circulando bajo la mirada severa del urbano, en tanto que los tranvías gozan aún de su deliciosa anarquía. Las damas ancianas, los señores reumáticos, se siguen jugando la vida en sus viajes, en estos tranvías que si algo tienen es una mayor incomodidad que los  demás, si es que es posible matizar entre cantidades infinitamente grandes. ¿Cómo puede seguir todo esto? ¿Dónde están aquellos burladeros que debían ser sereno puerto para el atribulado viajero? ¿Por cuáles prerrogativas no han de observar las leyes municipales los tranvías o qué rara ventaja tiene el viajero bajando y subiendo de este modo, si no es la de ser servido como en bandeja a las ruedas de los automóviles?
 El caso es que hasta el torero de la plaza tiene un burladero para cubrirse de un único toro, y nosotros no podemos tenerlo para la gran cantidad de coches que circulan desatados por Barcelona. A no ser que esta demora en la construcción se deba solamente a que se ha encargado de ella a la heroica brigada que está, desde hace años, en la plaza de Cataluña trabajando en una labor que, aunque misteriosa, parece ser destinada a traernos la felicidad a todos, si se juzga por la tenacidad y parsimonia concienzuda con que se lleva a cabo. Lo que sería, desde luego, una explicación suficiente, pues parece ser que en toda la ciudad no hay otros hombres que sepan remediar nuestros pavimentos si no esté tan reducido grupo de obreros que acampa en nuestra vastísima plaza, por lo cual se hace tan lenta y pesada su labor.

Destino, 2 de febrer de 1946
en “La Barcelona dels tramvies i altres textos”

Nèstor Luján

Congrés Eucarístic



“XXXV CONGRESO EUCARISTICO INTERNACIONAL DE BARCELONA

(27 MAYO - 1 JUNIO 1952)

Por segunda vez cabe a la Patria Hispana el inmenso honor de encerrar en sus floridos confines la gloria de un Congreso Eucarístico Internacional. Fue en 1911 cuando la meseta castellana —inmensa ara sacrificial alzada sobre el pedestal de toda la Península— presencio un espectáculo único en la Historia de los pueblos: La procesión eucarística, corona de aquel Congreso, por expresa voluntad de Don Alfonso XIII, penetra en el Regio Alcázar... Jesucristo avanza majestuosamente hacia el trono de España, seguido del último de sus reyes y de toda la Real Familia, y asciende al solio de la Patria que le proclama su Rey indiscutible. Ahora, la antigua Barcino de San Paciano, pupila de España en el Mediterráneo, será testigo de escenas inolvidables y mostrará al mundo entero que España es la nación eucarística por antonomasia con la heráldica de sus pueblos engarzada frecuentemente en alegorías eucarísticas; con la teoría deslumbradora de sus custodias insuperables; con sus Autos Sacramentales, género exclusivamente suyo en la literatura universal, por el que un sacerdote de Cristo y de Melpómene, Calderón, discute la supremacía dramática a Esquilo, Sófocles y Shakespeare; con el humilde San Pascual Bailón, simpática figura de Hispanidad, que ejerce el patronato de las asambleas eucarísticas en el orbe católico.”

en Helmántica
Revista de humanidades clásicas
Universidad Pontificia Eclesiástica
Salamanca, enero-junio 1952
nº 9 y 10


“—¿Qué haces aquí?

—Necesitaba verte.
—¿Por qué? ¿Sucede algo? —Se asustó.
Rogelio bajó la voz. Su aire de conspirador se acentuó todavía más.
—Pusimos una bomba —dijo.
—Dios mío… —gimió ella.
—En febrero hubo un consejo de guerra contra varios de la CNT. Era nuestra represalia. Lo malo es que estalló antes y mató a uno de los nuestros. Tuvimos que ocultarnos pero…
—¿Qué?
—No creo que podamos estar más tiempo yendo de un lado para otro. Franco viene el 28, por lo del Congreso Eucarístico. Van a peinar la ciudad y es probable que estén sobre nuestra pista. No nos queda más remedio que escondernos hasta que haya pasado todo ese lío.
—¡Rogelio, no! —Se asustó aún más.
—Escucha, Fuensanta. —La tocó por primera vez, sujetándola por un brazo, descargando en ella toda su energía, la presente y la retenida desde el mismo día en que se habían conocido—. Estoy organizando las cosas para irme de España.
—¿Adónde? —La palidez se hizo absoluta.
—Primero a Francia. Luego ya se verá. Lo importante es salir de esta mierda.
—Pero si te vas, ya no…
—No volveré, si es eso a lo que te refieres.
—¿Y tú lucha? Pensaba que era aquí donde querías llevarla a cabo.
No respondió a su pregunta, ni a su comentario.
Seguía sujetándola.
La miró a los ojos.
—Vente conmigo.
El disparo verbal la alcanzó de lleno. Fue un impacto directo a su razón. La sacudió de arriba abajo. La conmocionó.
—¿Quieres que yo…?
—Sí. —Los ojos destilaron fuego, seguridad—. Aquí no tienes nada. Está tu familia, tu trabajo, de acuerdo, pero no vas a tener una vida. Este país vivirá en un túnel mientras exista ése y su régimen. Y puede que después de muerto también, durante demasiado tiempo. No quiero llegar a viejo lamentándolo. Las cárceles siguen llenas de presos de la guerra aunque con lo del Congreso habrá una amnistía. Las calles se llenarán de cadáveres ambulantes, rendidos y sin ganas de seguir luchando. Tenías razón: somos unos pocos contra muchos y tarde o temprano nos matarán a todos. Ven conmigo y sé libre, Fuensanta.
—¿Estás loco?
—No, lo estarás tú si te quedas. Eres diferente a ellos. —Movió la cabeza en dirección a su casa—. Puede que aún no lo sepas, pero yo sí lo sé. Desde el primer día. Una parte de ti se aferra a la realidad, pero la otra te grita desde dentro y se rebela. Una u otra ha de ganar, a la larga. Las dos no pueden coexistir. Pero cuanto más tardes en resolverlo, será peor para ti. Yo te ofrezco la posibilidad de decidirlo ahora.
—¿Quieres salvarme?
—Sabes que no es sólo eso.
El fuego y la seguridad se hicieron gelatina, como un magma maleable y sometido a la mayor de las temperaturas antes de volverse sólido. Por un momento creyó que él iba a abrazarla. Por un momento pensó que lo deseaba. De los ojos pasó a los labios. Las palabras de Rogelio flotaban dentro y fuera de sí misma. Un guante para su piel. Una esperanza para su alma.
La vida cambiaba con un simple chasquido de dedos.
—He de irme. —Rogelio suspiró—. Me estoy exponiendo y no quiero comprometerte. —Espera, por favor…
—Te enviaré un mensaje llegado el momento, con la hora, el día y el lugar. Puede ser dentro de un mes o de dos semanas, pero lo más probable es que sea pasado el Congreso Eucarístico, cuando toda la gente que acudirá a Barcelona se vaya. Nos iremos a la frontera y nos pasarán a Francia por los Pirineos. Allí tenemos amigos; no estaremos solos ni nos moriremos de hambre.
—Tú y yo… —apenas si pudo musitar Fuensanta.
—Juntos tendremos una oportunidad. La necesitamos y la merecemos.
Esperaba una palabra más.
Sólo una.
Pero Rogelio no la dijo.
—Piénsalo, Fuensanta —se despidió de ella.
Le vio alejarse, encorvado, hurtándoles su rostro y su presencia a los demás. Se convirtió en una sombra. Luego en un punto perdido que se evaporó entre la gente.
Úrsula se detuvo a su lado.
—¿Qué quería? —le preguntó.
—Nada. —Dominó sus emociones.
—Le cogerán y le matarán —dijo la chica con voz quejumbrosa.
Fuensanta la miró irritada, casi violenta.
Herida.
—Cállate, ¿quieres? —la conminó.”

Sombras en el tiempo
Jordi Sierra i Fabra


01/06/2015

artpegi 2015


Divendres, 5 de juny 2015
22 hores
Jardins de Ca n’Ortadó
Las Migas

Divendres, 12 de juny 2015
22 hores
Sala Enric Granados de la Biblioteca Central de Cerdanyola
Recital de piano
Marc Heredia

Divendres, 19 de juny 2015
22 hores
Pati del Museu d’Art de Cerdanyola
Populina
Llibert Fortuny (saxófon) i Manel Camp (piano)

Divendres, 26 de juny 2015
22 hores
Església de Sant Martí
Danses del cor d’Europa

Jove Orquestra de Cerdanyola

bellprat 2015



la vaga de tramvies


EL u de març de 1951 es va produir la primera vaga a Barcelona després de la guerra. L'espurna va ser la pujada del bitllet dels tramvies. Es va declarar un boicot i la gent no els agafava anant al seu treball caminant mentre molts manifestaven la seva protesta. La ciutat va ser presa per la policia armada i l'exèrcit. Després de dues setmanes de boicot, es van produir aldarulls on els treballadors van incendiar tramvies. El governador civil va ordenar la intervenció de la Guàrdia Civil i va haver-hi diverses morts. Les protestes es van estendre a tot Espanya, però només van tenir repercussió a Barcelona. El 22 de març es va declarar la Vaga General que va ser seguida per molts treballadors. Aquesta seria l'última vaga del moviment anarquista a Barcelona, ​​encara que el seu inici va ser molt espontani perquè la població portava més d'un decenni suportant unes condicions de vida duríssimes i una fortíssima repressió policial. El moviment va tenir gran repercussió internacional. Finalment el règim,  que ja coquetejava amb els USA, va destituir el governador civil i l'alcalde de Barcelona anul·lant la pujada de preus. La primera victòria dels treballadors des de la guerra.


62

“Y de pronto, era como si volviera la guerra.
Antonio aún recordaba las trincheras, las explosiones, los disparos, los del enemigo y los suyos, aunque jamás había apuntado ni tenía la sensación de haber matado a nadie. Y recordaba cuando había caído preso, la cárcel, el miedo, la seguridad de que cada noche sería la última porque lo fusilarían.
Aquellas lágrimas de impotencia.
—¡A la huelga!
—¡Todos!
—¡Pues claro que sí, y si es necesario, a las barricadas!
Parecía que eran las mismas voces, las de Agapito, Eusebio, Leonardo, Restituto, Ricardo. Pero no. Eso era imposible porque ellos estaban muertos. No quedaba nadie. Los había visto caer, a uno en el frente de Aragón, de un disparo, a otro en el Ebro por lo mismo, a otro evaporado al caerle un obús encima, a otro…
—¡No son sólo los tranvías, son las condiciones de trabajo!
—¡Exacto, compañeros! ¡Esto hay que arreglarlo ya!
—¡Basta de explotación!
Se trabajaba muchas horas y en condiciones cada vez más duras, todo estaba muy caro, una escalada de precios que se disparaba de día en día. La única vía de subsistencia a veces era el estraperlo y su inhumana carga para unos salarios siempre en precario. No les quedaban cosas que empeñar. Ya no podían más. La subida de los tranvías era la gota que rebosaba el vaso.
—¡Huelga!
—¡Huelga!
—¡Huelga!
La misma palabra en todas partes.
La primera huelga en la España de Franco.
Y en Barcelona.
—¿Y si vienen a matarnos, con los tanques…?
—¡Coño, Antonio!
—Es que así empezamos en el 36.
—¿Tú con quién luchaste?
—Con la República.
—Yo con los nacionales, ¿ves? ¿Y qué? No se trata de eso, ahora no hay rojos ni azules. Se trata de ganarnos un respeto. Hoy son los tranvías, ¿y mañana? ¡Cada día llegan más compañeros, también es por ellos! ¡Aquí o se va a la huelga o esto estalla! ¿Quieres ver cómo tu familia pasa hambre?
—No.
—Pues a la huelga. Es nuestro derecho. Somos trabajadores.
—Nuestro derecho en la República. Ahora manda Franco.
No había vuelta atrás.
El primer desafío.
¿Qué haría el Generalísimo?
Como si fuera un presagio, empezó a llover.”

Sombras en el tiempo

Jordi Sierra i Fabra