21/09/2016
10/09/2016
08/09/2016
07/09/2016
ikunde, y 3
Los tratados
de San Ildefonso y de El Prado, de 1778, establecían la cesión a España de la
isla portuguesa de Fernando Poo y otras cercanas, así como los derechos a la
trata de esclavos en las costas continentales, pero el dominio efectivo no se
produjo hasta el 1858, cuando se estableció el primer gobernador. Hasta 1926 el
régimen colonial era una especie de protectorado donde los líderes locales
gestionaban los asuntos de los nativos.
En la década
de 1940 la política económica del franquismo, que primaba el consumo de bienes
producidos en el propio país, incentivó la explotación de los recursos de la
colonia, como el café o el cacao, y por tanto la llegada de colonos para administrar
estos negocios. Estos nuevos habitantes, muchos de origen catalán, no sólo
trabajaban, y desarrollaron toda una sociedad colonial de ocio, entretenimiento
y también de descubrimiento de aquel territorio.
Uno de estos
colonos era Jordi Sabater Pi, que había llegado en 1940 para ejercer como
capataz y administrador de diferentes plantaciones agrícolas. De manera
autodidacta empezó a interesarse por los pueblos y la fauna locales, sobre los
que llegaría a ser un gran experto. En 1948 se convertía el anfitrión de la
primera expedición etnográfica del futuro Museo Etnológico, encabezada por
Augusto Panyella. También durante la misma época entró en contacto con Antonio
Jonch, entonces director del Museo de Granollers.
En 1957, el
Museo Etnológico, ya establecido en Montjuïc, realizaba una nueva expedición en
Guinea, pero esta vez el objetivo no era sólo la recolección de objetos y el
trabajo de campo. Antoni Jonch se había convertido en director del Zoo de
Barcelona y, junto con Panyella, tuvieron la iniciativa de fundar una
instalación permanente dedicada al estudio científico de aquellos territorios
africanos.
Durante la
década siguiente, hasta la independencia de Guinea Ecuatorial, este centro,
instalado a pocos kilómetros de Bata, la capital del territorio continental, y
dirigido por el mismo Sabater Pi, proveyó las colecciones zoológicas,
botánicas, etnológicas y arqueológicas de diferentes instituciones vinculadas
al Ayuntamiento de Barcelona. A su entrada, bajo el escudo de la ciudad, se
leía "Ayuntamiento
de Barcelona. Centro de Ikunde".
05/09/2016
ikunde, 2
![]() |
Estand de productos de Guinea en
la Feria de Barcelona. Archivo Nacional de Cataluña
|
Durante los
siglos XVIII y XIX, las naciones europeas se enriquecieron con el comercio y la
explotación económica de sus colonias.
En la ciudad
de Barcelona, así como otras del litoral como Sitges, Vilanova o Mataró, se
puede encontrar la huella de esta relación con los diferentes lugares del mundo
donde España tenía posesiones. Los indianos, aquellos empresarios que se enriquecían
en las colonias y volvieron a Cataluña, legaron sus villas sus mansiones, hoy
patrimonio arquitectónico, ejercieron como mecenas y contribuyeron al
desarrollo de sus lugares de nacimiento. Para conocer el origen de la fortuna
de muchas estirpes empresariales catalanas, hay que remontarse a esta época.
La joya de la
corona era la isla de Cuba, donde se producía y exportaba caña de azúcar,
especialmente en forma de ron, que también se elaboraba en el Caribe. Muchas
empresas dedicadas a este licor, ahora multinacionales, llevan apellidos
catalanes como Bacardí, Brugal o Barceló. La popularización de su consumo en
Cataluña dio lugar a dos formas de elaboración típicas de aquí: el carajillo,
con café, otro producto de origen colonial, y el ron “cremat”, que asociamos a
la música que llevaron a los marineros que hacían carrera en las Antillas: las
habaneras.
Pero otro
producto con el que comerciaban los indios, eran las personas. España fue uno
de los últimos países europeos en prohibir la esclavitud, y hasta 1880 se
trasladó forzosamente poblaciones africanas a América.
Uno de los
principales empresarios de este negocio fue Antonio López, Marqués de Comillas,
el cual tiene aún dedicada una plaza y un monumento al final de la Via
Laietana. También fue fundador de la Compañía General de Tabacos de Filipinas,
otra de las colonias españolas. Así como la caña de azúcar es originaria del
sudeste asiático pero se explotó extensamente en América, el tabaco, de origen
americano, se convirtió en uno de los productos estrella de este archipiélago
asiático. La sede central de la compañía se encontraba en la Rambla
barcelonesa, y el edificio es actualmente un hotel, que lleva el nombre de
1898, en recuerdo del año en que Filipinas, y también Cuba y Puerto Rico,
dejaron de ser colonias españolas. Hasta hace poco, los estancos se podían
encontrar cigarros filipinos de la marca Flor de la Isabela, que es el nombre
de la factoría que el Marqués de Comillas y sus descendientes tenían en la isla
de Luzón.
Con el llamado
desastre de 1898, las posesiones españolas se limitaron al Magreb y al Golfo de
Guinea. Es en esta última área, compuesta por la isla de Bioko, entonces
conocida como Fernando Poo, y el territorio continental alrededor del río
Mbini, bautizado como Benito por los colonizadores. Aunque oficialmente pasó a manos españolas a
finales del siglo XVIII, no fue hasta 1900 que se intensificó la explotación de
sus recursos.
La madera
autóctona y las plantaciones de café y cacao fueron las principales fuentes de
riqueza de la colonia guineana, lugar de
origen de aquellos negritos del África tropical que cantaba la canción del Colacao,
así como los territorios que exploraba el caballero Batanga, protagonista de
una popular colección de cromos que en los años cincuenta del siglo pasado
regalaban las chocolatinas Batanga.
Estas actividades, que duraron hasta el año
1968, cuando el país se independizó , también incluían la captura de animales
salvajes, como el emblemático Copito que Nieve
04/09/2016
ikunde
El 8 de octubre de 2016, a las 19 horas y en el Centro Cívico de
Montflorit, nuestra sede -en el marco de nuestros encuentros con los creadores-,
nos visitará José Antonio López Hidalgo,
autor bilbaíno, que nos hablará sobre su obra y, en especial, de su novela “El río de una sola orilla. Guinea,
del crimen del río Etumbe a la independencia”; un viaje a los estertores de
la colonia.
Para abrir boca, os sugerimos visitar la exposición Ikunde. Barcelona, metròpoli colonial, en
el Museo de Culturas del Mundo (calle
Montcada, 12 de Barcelona) hasta el 5 de febrero de 2017.
“En octubre de 1966, el hallazgo de un gorila albino en las selvas
guineanas supuso un hito inesperada. Capturado por los campesinos que
previamente habían disparado contra su madre, la cría, de entre dos y tres
años, llegó a manos de Jordi Sabater Pi, responsable del centro de
experimentación y aclimatación de Ikunde, fundado por el Ayuntamiento de
Barcelona en 1959. Publicado semanas más tarde en el Zoo
barcelonés, la excepcionalidad del
animal se convirtió inmediatamente un motivo de atención internacional. En
medio del clima de incertidumbre que Barcelona experimentaba durante la década
de 1970, Copito de Nieve se erigía como un nuevo icono atractiva y moderna, uno
de los más célebres embajadores de la ciudad y personaje destacado de un relato
que sólo cambiaría definitivamente con la organización de los Juegos Olímpicos
de 1992.
En 1968, en las postrimerías de la larga noche del franquismo, la
entonces colonia española de Guinea alcanzó su independencia, bautizada como
Guinea Ecuatorial. Se clausuraba pues un período oscuro de la historia del
territorio centroafricano, dominado por las lógicas extractivas propias de la
dominación colonial: cacao, café y maderas nobles, principalmente.
A diferencia, sin embargo, de lo que podría imaginarse, la
auténtica metrópoli de aquel proyecto colonial no fue Madrid, sino Barcelona.
En efecto, desde finales del siglo XIX, la rica actividad industrial radicada
en la Ciudad Condal había estimulado una importante transferencia de
inversiones hacia aquella colonia lejana, mientras los misioneros claretianos,
a partir de su sede en Vic, se encargaban de las tareas de evangelización de
las poblaciones autóctonas.
A medida que se consolidaba la empresa colonial, la explotación de
las riquezas del territorio se vio secundada por una red cada vez más numerosa
y diversa de colonos y de proyectos, algunos de ellos avistados bajo criterios
que ya no eran únicamente comerciales.
Quizás el colofón de los proyectos científicos destinados a Guinea
fue la creación, en 1959, del centro de Ikunde, a pocos kilómetros de Bata, la
capital de la Guinea continental. Construido gracias a la iniciativa personal
de Antoni Jonch, entonces director del Parque Zoológico de Barcelona, y
August Panyella, director del Museo Etnológico, y dirigido por Jordi Sabater
Pi, Ikunde aprovisionó durante una década buena parte de los fondos zoológicos,
etnológicos, arqueológicos y botánicos del Ayuntamiento de Barcelona, y se
erigió como una institución clave para comprender algunos rasgos esenciales en
la emergencia de la red de equipamientos culturales de que dispone actualmente
la ciudad.
Tomando como hilo conductor la creación de Ikunde en medio de la
selva tropical, la exposición pretende revisar el vínculo complejo y ambiguo
trenzado entre Barcelona y Guinea.”
Subscriure's a:
Missatges (Atom)







