06/11/2021

la cuina de vespres

 




CABALLAS CON BABETAS

Por: J. Mesa

Gastronomía Gaditana

Nota: Babeta: Fideo grueso, de sección rectangular y de tamaño mediano o grande que se empezó a hacer en las fábricas de pasta que instalaron los italianos en el siglo XVIII en las costas mediterráneas y del sur de España. Utilizado en los algunos platos típicos gaditanos.

Ingredientes:

Caballa
Cebolla
Puerro
Tomate
Pimiento verde
Ajo
Laurel
Fideos nº4
Vino blanco
Perejil
Aceite de oliva
Sal
Pimienta
Caldo de pescado

Preparación:

Cubrimos el fondo de una cazuela con aceite y tostamos lo fideos. Reservar.






En el mismo aceite ponemos la cebolla, el puerro y el laurel con un poco de sal, añadimos el pimiento y pochamos.




Añadimos el tomate y sofreímos




Ponemos los fideos, removemos, añadimos el caldo, que habremos preparado previamente con la cabeza y espinas de la caballa. Dejamos cocinar



Ponemos la caballa y la picada qué hemos preparado, con el ajo, el perejil ,la sal y la pimienta.


Dejamos cocinar unos minutos y servimos.


¡Buen provecho!

la cuina de vespres



CIGRONS CRUIXENTS


Per Andrés

Ingredients:

Comí
Pebre vermell dolç
Pebre vermell picant
Orenga
Farigola
Sal
Oli d’oliva verge extra (1/2 cullerada)
Cigrons bullits

Elaboració:

En un bol, condimenta els cigrons al teu gust, afegeix l’oli i la sal i remena bé.




Disposa els cigrons ben estesos (sense que s’amunteguin uns sobre els altres) damunt d’un motlle de silicona o de la placa de forn coberta amb paper vegetal.




Cou 30 minuts a 200ºC.

Servir com aperitiu.



05/11/2021

persuasión, 5

 




“Anne no había hecho más que acercarse a la mesa en que Frederick había estado escribiendo, cuando oyó los pasos de alguien que se acercaba; se abrió la puerta y entró el mismísimo Wentworth. Venía a pedir permiso a las señoras para recoger los guantes, que había dejado olvidados. Se dirigió hacia la mesa con este propósito, y, dando la espalda a Mrs. Musgrove, sacó una carta de entre los papeles que se hallaban esparcidos sobre la carpeta, se la tendió a Anne con una expresión de súplica en los ojos y, cogiendo los guantes de inmediato, abandonó la estancia sin que Mrs. Musgrove atinara a darse cuenta de que lo hacía… Todo fue cuestión de un momento.

No es para describir la conmoción que aquel hecho produjo en el ánimo de Anne. La carta, enviada a nombre de «Miss A. E.», era, evidentemente, la que con tanta prisa había cerrado. Mientras lo suponía ocupado en escribir al capitán Benwick, era a ella a quien escribía. En aquellos renglones se resumía todo cuanto la vida le reservaba. Todo era posible; todo debía esperarse, menos la incertidumbre. Mrs. Musgrove estaba ocupada en sus cosas, y Anne aprovechó esta circunstancia para sentarse en el sillón y procedió a leer la misiva, que rezaba:

<<Me resulta imposible seguir escuchando en silencio, y para dirigirme a usted empleo el único medio de que dispongo. Se me parte el alma y vacilo entre la desolación y la esperanza. No me diga, por Dios, que ya es tarde y que esos bellísimos sentimientos no anidan ya en su pecho. Nuevamente me ofrezco a usted, y mi corazón es aún más suyo ahora que cuando me lo destrozó hace ocho años. No diga que el hombre olvida más pronto que la mujer ni que en él el amor tiene vida más corta. A nadie he amado más que a usted. Podré haber sido injusto, he sido débil, y lo reconozco, pero inconstante, jamás. Sólo por usted he venido a Bath. Sólo en usted pienso y en usted sólo cifro mis ilusiones y proyectos. ¿No lo ha adivinado ya? ¿Es posible que no haya adivinado mis intenciones? Créame firmemente que no habría esperado estos días si hubiera podido leer sus pensamientos del mismo modo que usted, sin duda, ha leído los míos. ¡Qué difícil se me hace escribir! A cada instante llegan a mis oídos palabras que me dejan anonadado… Usted baja el tono de voz, pero yo percibo claramente esos acentos, aunque se pierdan para los demás. ¡Dulce y admirable mujer! Nos hace usted justicia al reconocer que también cabe en el hombre el afecto sincero y persistente. Crea en el amor ferviente e invariable de

F. W.

P. S.: Tengo que marcharme sin saber qué me depara el futuro, pero no tardaré en volver o en buscarla donde se halle. Una palabra, una mirada bastarán para decidir si he de ir a casa de su padre esta tarde o nunca.>>
Persuasión
Jane Austen
traducción: Manuel Ortega y Gasset
Penguin Clásics
Pág: 266-267

04/11/2021

persuasión, 4

 




“Sir Walter Elliot, señor de Kellynch Hall, en el condado de Somerset, era un hombre que jamás leía para entretenerse otro libro que la Crónica de los baronets; en él hallaba ocupación para sus horas de ocio y consuelo en las de abatimiento; allí se llenaba su alma de admiración y respeto al considerar el limitado resto de los antiguos privilegios; cualquier desazón originada en asuntos domésticos se convertía fácilmente en piadoso desdén cuando su vista recorría la serie casi interminable de los títulos concedidos en el último siglo y, por fin, ya que otras páginas no le resultaban lo bastante atractivas, allí podía leer su propia historia con renovado interés. La página por la que siempre abría su libro favorito comenzaba así:

ELLIOT DE KELLYNCH HALL

"Walter Elliot, nacido el 1 de marzo de 1760, se casó el 15 de julio de 1784 con Elizabeth, hija de James Stevenson, señor de South Park, en el condado de Gloucester; de esta mujer —que murió en 1830— tuvo a Elizabeth, nacida el 1 de junio de 1785; a Anne, nacida el 9 de agosto de 1787; un hijo, nacido muerto, el 5 de noviembre de 1789, y a Mary, que vio la luz el 20 de noviembre de 1791."

Esto era lo que explicaba el texto, tal y como había salido de las manos del impresor. Pero sir Walter lo modificó añadiendo, para su conocimiento y el de su familia, después de la fecha del nacimiento de Mary, las palabras siguientes: «El 16 de diciembre de 1810 contrajo matrimonio con Charles Musgrove, señor de Uppercross, en el condado de Somerset», y anotó con toda exactitud el día del mes en que perdió a su esposa.

Seguía después, en estilo llano, la historia del encumbramiento de la antigua y respetable familia; cómo se estableció primeramente en Cheashire; la honrosa mención que se hacía de ella en la genealogía de Dugdale; el desempeño a las órdenes del sheriff; la representación de la ciudad ostentada en tres Parlamentos sucesivos; méritos de lealtad y acceso a la dignidad de baronet en el primer año del reinado de Carlos II, con todas las Marys y Elizabeths con quienes los Elliot se unieron en matrimonio: todo ello, que llenaba dos hermosas páginas, concluía con las armas y la divisa; luego decía: «Casa solariega, Kellynch Hall, en el condado de Somerset», y debajo figuraban estas palabras, escritas de puño y letra de sir Walter: «Presunto heredero, William Walter Elliot, biznieto del segundo sir Walter.»

La vanidad lo era todo en el carácter de sir Walter Elliot, tanto en lo referente a su persona como a su rango. En su juventud había sido muy bien parecido, y a los cincuenta y cuatro años aún era todavía un hombre apuesto. Pocas mujeres estimarían su propia figura más que él la suya, y no habría ayuda de cámara de un lord que se mostrase más satisfecho del lugar que le correspondía en la sociedad. En su opinión, el don de la belleza sólo era inferior a la suerte de ser baronet, de modo pues que su persona, que reunía ambas ventajas, era el objeto constante de su devoción y respeto más fervientes.

Su presencia y su linaje requerían un amor acorde a ellas, y aun una esposa de condición superior a la que él mismo merecía. Mrs. Elliot había sido una mujer excelente, delicada y tierna, a quien, después de acceder al honor y la vanagloria de ser la esposa de sir Elliot, nada hubo que reprocharle. A fuerza de ser dulce y complaciente y de disimular los defectos de su esposo, conservó el respeto de éste durante diecisiete años, y aunque no puede decirse que fuera completamente feliz, halló en el cumplimiento de sus deberes, en sus amigos y en sus hijos motivo suficiente para amar la vida y para que no le fuera indiferente el separarse de ellos al perderla. Tres hijas —las dos mayores, de dieciséis y catorce años respectivamente— eran un legado demasiado querido para abandonarlo al cuidado de un padre engreído y necio. Tenía una amiga íntima, a quien el profundo afecto que le profesaba la había llevado a vivir cerca de ella, en el pueblo de Kellynch, y era en la discreción y ternura de esta amiga en lo que Mrs. Elliot había confiado para que sus hijas adelantaran en su instrucción y persistieran en las virtudes que había procurado inculcarles. Esta amiga no se casó con sir Walter, aunque lo anterior haya inducido a pensarlo. Habían transcurrido trece años desde la muerte de Mrs. Elliot, y siendo vecinos y allegados, si viuda era una, viudo era el otro.”

Persuasión
Jane Austen
traducción: Manuel Ortega y Gasset
Penguin Clásics
Pág: 5-9

03/11/2021

persuasión, 3

 

 Persuasiones

por Gillian Beer

"En 1815, unos meses antes de empezar a escribir Persuasión, Jane Austen comprendió con amargura que había empujado a su querida sobrina Fanny Knight hacia un largo noviazgo. Había escrito favorablemente sobre el pretendiente de su sobrina y el cariño que ésta sentía por su tía se convirtió en motivo para aceptar al joven. Jane Austen se quedó consternada, tanto por su responsabilidad en el compromiso como por las perspectivas de la relación durante un período de noviazgo de seis o siete años.

Con gran sensatez, prevé la improbabilidad de que Fanny mantenga el compromiso sentimental durante la etapa necesaria de noviazgo.

“No temería que te casaras con él, pues, con toda su valía, pronto llegarás a amarlo lo suficiente para que ambos seáis felices, pero sí me preocuparía la continuidad de esta suerte de compromiso tácito, con toda su incerteza en cuanto a cuándo podría llegar a completarse. Pueden transcurrir años antes de que él sea independiente. Te gusta lo suficiente para casarte con él, pero no tanto para esperar.

Tras haberse mostrado a favor del hombre, Jane Austen se descubre como causa del compromiso. Se rebela. Va más allá: sitúa la motivación del compromiso en un plano más cercano a la vergüenza social que al amor entregado, más relacionado con el castigo que con el placer.

“Parecer veleidosa resulta sumamente desagradable, pero si crees que mereces un castigo por tus ilusiones del pasado, ahí lo tienes, pero nada puede compararse con la desgracia de estar unida a alguien sin amor; de estar unida a uno cuando se prefiere a otro. Ese es un castigo que no te mereces.”

La inquietud que provocan en Jane Austen la persuasión y la responsabilidad se expresan aquí de manera apasionada. Se niega a formar parte de la maquinaria de la que Fanny se sirve para formalizar su compromiso. Convertirse en el motivo que justifique de cara a la galería las acciones de otra persona la espanta. Aun así, no puede evitar intentar persuadirla, con fines disuasorios.

“Bien, mi querida Fanny, te comentaré un asunto que surge de manera natural. Me has dado un susto de muerte al mencionarme. Tu cariño me causa un gran placer, pero no debes permitir que nada dependa de mi opinión. Tus sentimientos y solamente los tuyos deberían decidir en un asunto tan importante. Sin embargo, no tengo reparo alguno en responder a tu pregunta. Estoy plenamente convencida de que tus sentimientos actuales, suponiendo que te casaras ahora, bastarían para la felicidad de él. Pero cuando pienso en lo muy, muy lejano que está ese «ahora» y cuando considero todo lo que «puede ocurrir», no me atrevo a decirte que te decidas a aceptarlo. El riesgo para ti es demasiado grande, a menos que sean tus sentimientos los que lo suscitan.”

Jane Austen tiene motivos para oponerse; no está convencida de la capacidad de Fanny para soportar la demora ni confía en la fuerza de su amor. Si pretende evitar formar parte de los mecanismos mentales de su sobrina en favor del compromiso, debe manifestarse persuasivamente en contra del mismo. Esto significa inventar un futuro.

El hecho de persuadir a alguien sobre cierto asunto siempre implica señalar acciones aún no realizadas, que se entrelazan con posibles futuros y ficciones necesarias. Conlleva muchos riesgos, ya que el resultado de las acciones no puede acotarse por completo. En esta situación real, Jane Austen apunta al menor de los males: es mejor ser tenida por veleidosa, y tal vez no conocer jamás a un hombre como él, que unirse de manera prematura, antes de saborear la plenitud del amor.

“Cuando pienso en los pocos jóvenes que has tenido ocasión de conocer, en tu capacidad (sí, sigo pensando que eres muy capaz) de enamorarte de verdad, y en cuán llenos de tentaciones probablemente estarán los próximos seis o siete años de tu vida (es justo en este período en que se forman los vínculos más fuertes), no puedo desear, teniendo en cuenta tus fríos sentimientos, que te entregues por completo a él.

Todo esto se basa en su convencimiento de que Fanny no está plenamente comprometida o enamorada. Pero ¿y si estaba equivocada? ¿Y si su sobrina languideciera, con resentimiento o magnanimidad, tras la ruptura? Con la vehemencia de su carta, Austen parece querer apartarla a la fuerza de una senda peligrosa, dispuesta a aceptar el riesgo de actuar con brusquedad, con crueldad si fuera necesario, a fin de evitarle un daño grave.

Las dudas y los dilemas de este caso se proyectan de un modo curioso sobre los conflictos que se presentan en Persuasión. Aquí, Anne Elliot, al volver la vista atrás, se muestra partidaria de «una inclinación tan firme y temprana, de una confianza optimista en el porvenir y en contra de esas precauciones excesivas que parecen desdeñar el esfuerzo y la fe en la ayuda providencial». En ésta, su última novela acabada, escrita en un momento en que empezaba ya a notar los síntomas y el posible desenlace de su fatal enfermedad, Jane Austen describe las consecuencias de un compromiso roto. El temor a un noviazgo largo e indefinido aparece en la novela como un miedo real. Sin embargo, la separación de Anne Elliot y Frederick Wentworth simplemente sustituye un distanciamiento prolongado debido al largo compromiso. Ninguno de los dos ha encontrado un nuevo amor, pero al principio de la novela tampoco parecen creer en un posible renacimiento de sus antiguos sentimientos. Anne Elliot, al reflexionar sobre el período de tiempo transcurrido desde que su amiga y consejera Mrs. Russell la persuadiera de separarse de Wentworth, se pregunta:

“¿Qué no había ocurrido en ocho años? Acontecimientos de toda clase, cambios, mudanzas, partidas, todo, todo había sucedido en aquel tiempo; y ¡cuán natural era que entre todo aquello se olvidara el pasado!”

Al igual que Mrs. Russell, Jane Austen advirtió a Fanny del riesgo de un compromiso largo e indefinido con un hombre que no podía garantizar una independencia económica. Sin embargo, ella lo hizo porque no creía que su sobrina estuviera comprometida emocionalmente con él, de un modo que le permitiera mantener sus sentimientos intactos a lo largo de varios años. El razonamiento de Mrs. Russell es más mundano, aunque no muy distinto del de Austen.

Mrs. Russell percibe el posible compromiso de Anne Elliot como «un desperdicio»:

“¡Anne Elliot, una mujercita tan joven, a la que tan pocos conocían, arrancada de su casa por un extraño sin posición ni fortuna, o arrastrada a una vida de fatigas y obligaciones que sin duda acabarían por destruir su juventud! No podía ser. La intervención de la amistad y los consejos de quien la amaba como una madre y asumía las obligaciones de ésta habrían de impedirlo. “

Mrs. Russell pretendía salvar a Anne de «una vida de fatigas y obligaciones que sin duda acabarían por destruir su juventud», pero la ruptura tuvo unas consecuencias emocionales que, de todos modos, destruyeron su juventud: «La melancolía del amor contrariado ensombreció las ilusiones de su juventud, y como efecto definitivo de aquel sacrificio pasional su lozanía se esfumó y huyó para siempre la lozanía de su espíritu». Mrs. Russell había supuesto, de acuerdo con el sentido común social, que Anne superaría la ruptura y que no era necesario tomarse el compromiso de una joven de diecinueve años con mucho celo. En Persuasión, Jane Austen sigue una línea de posibilidad distinta: la disuasión puede ser, en realidad, la forma más perjudicial de persuasión.

La persuasión puede ser una empresa cruel, como se expresa en la novela favorita de Austen: Sir Charles Grandison (1753-1754), de Samuel Richardson:

“Sin embargo, los ruegos de esos amigos, sin duda cargados de buenas intenciones, nos expanden y desarman el corazón, y hacen que deseemos complacerlos; y así, caemos en el abatimiento, tanto si accedemos a sus ruegos como si no. Creedme… la persuasión conlleva una gran crueldad que afecta más a los indulgentes y amables que a los testarudos. Quienes persuaden no saben lo que hacen sufrir a esas personas.” (Sir Charles Grandison, VI, Carta 34)

El cariño entre la gente funciona aquí como una herida. La intención de quienes aconsejan es buena pero opresiva en su cuestionamiento del corazón afectado.

Tres novelas de Jane Austen establecen un debate intelectual y moral en sus títulos, dos de ellas son Sentido y sensibilidad y Orgullo y prejuicio. La tercera es Persuasión. Los dos primeros títulos han provocado numerosos comentarios acerca de los razonamientos combativos que exponen; sin embargo, el complicado debate que insinúa el título Persuasión se ha pasado por alto en gran medida. A decir verdad, la naturaleza debatible de la persuasión ha pasado curiosamente inadvertida. Mientras que las dos novelas anteriores polarizan cualidades (el sentido y la sensibilidad) o las sitúan en difícil yuxtaposición (el orgullo y el prejuicio), Persuasión comprende todos los debates en un único término. La persuasión es el objetivo de toda retórica. Es una energía de carácter dual, astuta como la serpiente, redentora como la conversión razonada. Es el arte de la seducción y del esclarecimiento a un mismo tiempo.”

Persuasión 
Jane Austen
traducción: Manuel Ortega y Gasset
introducción: Gillian Beer
Penguin Clásics
Pág: 5-9

02/11/2021

persuasión, 2

 




"Persuasión es la última novela que Jane Austen dejó completa, pero no la última que escribió. Según el memorándum de su hermana Cassandra, comenzó a escribirla el 8 de agosto de 1815 y terminó una primera versión el 18 de julio de 1816 (exactamente un año antes de morir). Sin embargo, en apenas tres semanas corrigió los últimos capítulos para ponerle definitivamente punto final el 6 de agosto de 1816. Eso significa que tardó apenas un año en escribirla, a pesar de estar ya enferma y durante los meses anteriores y posteriores a la publicación de Emma."
(...)


Este es el primer párrafo del extenso y documentado artículo que analiza el último libro publicado de Jane Austen, Persuasión, en el blog “Jane Austen en castellano."

Leer el artículo completo AQUÍ

01/11/2021

persuasión, 1

 




por María Perpetua Caja Martinez



“La novelista comenzó a escribir Persuasion en junio de 1815. Fecha que coincide con el final de la guerra que trajo una atmósfera de depresión a Inglaterra, así como la vuelta a casa de muchos oficiales de la marina que habían estado prestando servicio a la nación durante la contienda. Las líneas de la novela de Persuasion están pobladas de abundantes marineros que han dejado las inestables aguas del mar para pasear por tierra firme. 

En Persuasion, Jane Austen abandona la minuciosa observación naturalista de la cotidianidad característica de la novela anterior, Emma; para realizar en ésta, una honda y madura observación del comportamiento humano. Los territorios del mismo serán analizados por la escritora a lo largo de la novela, profundizando en el análisis del uso del lenguaje y su poder para influir en las personas; indagando sobre la naturaleza del amor desde la perspectiva de la igualdad y la desigualdad entre los sexos, dentro de los espacios públicos y privados del contexto histórico y vital donde éstos se enmarcan, así como las diferentes actividades realizadas según el género; considerando el valor del espacio itinerante y la capacidad del ser humano para hacerlo propio a través de las experiencias que en éste vive; observando esa sucesión de instantes mágicos que de forma inesperada cambian el cauce por donde fluye el río haciendo que la acción siga por otros caminos distintos a los previstos; realizando una profunda crítica a una pretenciosa clase social aristocrática que se desmorona; atendiendo a temas como la primogenitura y la soltería en la mujer; esbozando de forma disimulada el tema de la homosexualidad; mostrando algunos de los hábitos sociales más frecuentes de este contexto; resaltando el sentido del humor creado teatralmente; invitándonos a reflexionar sobre el dolor, el honor y el sentido del deber en el ser humano; y por último, rindiendo un homenaje a los hombres que trabajan en la profesión de la marina. 

Si bien muchos de estos temas fueron ya tratados por Jane Austen en gran parte de su narrativa anterior, será en esta novela donde los desarrolle con mayor profundidad, madurez, economía y velocidad.

Persuasion es una novela concisa, de ritmo ágil, no pierde tiempo, incluso omite un primer acto al que el lector acude constantemente a través, principalmente, de la nueva heroína, Anne Elliot. Hay abundantes diálogos en estilo directo, acercándose la autora con esta novela todavía más a la obra de teatro. Asimismo, hay muchos cambios de escenarios, los cuales se suceden a la velocidad con la que caen los telones donde están pintados los decorados durante una representación teatral. El lector pasa a presenciar interiores y exteriores con mucha rapidez.”

Análisis creativo teatral de las novelas Mansfield Park, Emma y Persuasión de Jane Austen: 
contexto personajes y escenarios.
Tesis doctoral, 2017 UAM