10/12/2018

juan marsé, obra 1

Últimas tardes con Teresa

Juan Marsé

Premio Biblioteca Breve 1965

Primera edición: Seix Barral, 1966

El año 2005 se publico una edición conmemorativa de cincuenta aniversario, con contenido inédito que incluia un prólogo de Pere Gimferrer y un texto de Manuel Vázquez Montalbán, a´si como un apéndice con material inédito censurado en edición facsimilar.


En Últimas tardes con Teresa,  Juan Marsé narra dos mundos antagónicos de la Barcelona de los años cincuenta: la alta sociedad de la exclusiva zona de Sant Gervasi representada por Teresa Serrat,  y el barrio del Carmelo,  suburbio habitado por delincuentes del que procede Pijoaparte,  un charnego murciano,  de buen porte y con un cierto atractivo entre tierno y chulesco que no deja indiferente a la rubia Teresa.  Para la madre de Teresa, la señora Serrat: “El Monte Carmelo era algo así como el Congo,  un país remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas. Otro mundo”.  A lo largo del relato,  Marsé va evocando imágenes, olores y sensaciones  de una Barcelona que yace en el pasado.

Fragmento

"El Monte Carmelo es una colina desnuda y árida situada al noroeste de la ciudad. Manejados los invisibles hilos por expertas manos de niño, a menudo se ven cometas de brillantes colores en el azul del cielo, estremecidas por el viento,  asomando por encima de la cumbre igual que escudos que anunciaran un sueño guerrero. La colina se levanta junto al Parque Güell, cuyas verdes frondosidades y fantasías arquitectónicas de cuento de hadas mira con escepticismo por encima del hombro, y forma cadena con el Turó de la Rubira, habitado en sus laderas, y con la Montaña Pelada. Hace ya más de medio siglo que dejó de ser un islote solitario en las afueras. Antes de la guerra, este barrio y el Guinardó se componían de torres y casitas de planta baja: eran todavía lugar de retiro para algunos aventajados comerciantes de la clase media barcelonesa, falsos pavos reales de cuyo paso aún hoy se ven huellas en algún viejo chalet o ruinoso jardín. Pero se fueron. Quién sabe si al ver llegar a los refugiados de los años cuarenta, jadeando como náufragos, quemada la piel no sólo por el sol despiadado de una guerra perdida, sino también por toda una vida de fracasos, tuvieron al fin conciencia del naufragio nacional, de la isla inundada para siempre, del paraíso perdido que este Monte Carmelo iba a ser en los años inmediatos. Porque muy pronto la marea de la ciudad alcanzó también su falda Sur, rodeó lentamente sus laderas y prosiguió su marcha extendiéndose por el Norte y el Oeste, hacia el Valle de Hebrón y los Penitentes. En su falda escalonada como un anfiteatro crece la hierba de un verde amargo, salpicada aquí y allá por las alegres manchas amarillas de la ginesta. Una serpiente asfaltada, lívida a la cruda luz del amanecer, negra y caliente y olorosa al atardecer, roza la entrada lateral del Parque Güell viniendo desde la plaza Sanllehy y sube por la ladera oriental sobre una hondonada llena de viejos algarrobos y miserables huertas con barracas hasta alcanzar las primeras casas del barrio: allí su ancha cabeza abochornada silba y revienta y surgen calles sin asfaltar, torcidas, polvorientas, algunas todavía pretenden subir más en tanto que otras bajan, se disparan en todas direcciones, se precipitan hacia el llano por la falda Norte, en dirección a Horta y a Montbau. Además de los viejos chalets y de algún otro más reciente, construido en los años cuarenta, cuando los terrenos eran baratos, se ven casitas de ladrillo rojo levantadas por emigrantes, balcones de hierro despintado, herrumbrosas y minúsculas galerías interiores presididas por un ficticio ambiente floral, donde hay mujeres regando plantas que crecen en desfondados cajones de madera y muchachas que tienden la colada con una pinza y una canción entre los dientes. "


juan marsé y el cine



“Pocs novel.listes actuals han begut amb tanta fruïció de les fonts del cinema (essencialment clàssic) com Juan Marsé,  encara que en cap moment s’ha de considerar la seva producció literària l’exorcisme permament d’un cinèfil apassionat” (Quim Casas, 2003)

“Marsé es un escritor profundamente visual. No sólo le gusta el cine (sobre el que escribe a menudo), sino que parece querer que su prosa compita con la impresión de simultaneidad, la fuerza del subrayado gestual, la capacidad de intuición relampagueante que tiene un plano fílmico: los arranques de muchas de sus novelas, la descripción física de sus personajes, la composición de las escenas,  el uso de la elipsis y el montaje,  la elaboración de ambientes abigarrados en los que quiere resumir la intención del relato y, desde luego, su peculiar sentido de la épica del perdedor deben mucho a la lección del cinema” (José Carlos Mainer: 2002)


El propio autor reflexiona:

 “No tengo la menor duda de que hay una gran influencia del cine en mi obra y estoy por decir que en la de cualquier escritor del siglo XX. No es posible desprenderse de la influencia del cine en la narrativa del siglo XX. El cine es un arte narrativo basado en la imagen y, en este sentido, el cine mudo era mejor que el hablado porque se valía solo de la imagen para contar la historia. Hoy el cine está muriendo en manos de la tecnología, pero esta es otra historia.

[las adaptaciones de sus novelas] «Son películas fallidas, lo son, no porque hayan adaptado mal el texto literario, sino porque son malas por sí mismas. Es decir, cuando una película que adapta una novela es buena,  es buena por razones estrictamente cinematográfica y no literarias».


Se han llevado al cine sus siguientes novelas de Marsé:


-          La oscura historia de la prima Montse (Jordi Cadena, 1977)
-          La muchacha de las bragas de oro (Vicente Aranda, 1980)
-          Últimas tardes con Teresa (Gonzalo Herralde, 1984)
-          Si te dicen que caí (Vicente Aranda, 1989)
-          El amante bilingüe (Vicente Aranda, 1993)
-          Domenica (Wilma Labate, 2001) -adaptación de Ronda del Guinardó-
-          El embrujo de Shanghai (Fernando Trueba, 2002)
-          Canciones de amor en Lolita's Club (Vicente Aranda, 2007)

07/12/2018

marsé, narrador


“[…] que una constante en la trayectoria de Marsé es la presencia de dos universos narrativos diferentes, entendiendo por "universo narrativo" el conjunto de elementos espaciales, temporales y actanciales que, interrelacionados, coinciden en una misma novela y dan lugar a la ficción, en donde se crea una nueva realidad formada por mundos literarios distintos de la realidad efectiva. La descripción de ambos universos ha demostrado la profunda individualización que Marsé ha llevado a cabo en cada uno y la dualidad del autor,  pues en los temas,  personajes,  estructuras y estilos estamos ante mundos independientes.  Muy poco se ha insistido en esta importante peculiaridad de la novela de un escritor que produce obras muy diferentes según prefiera reaccionar en contra de la sociedad injusta que aísla al marginado, o bien decida indagar en el pasado y combatir la destrucción de los sueños infantiles. Cada universo procede de una de estas dos posiciones. Los hemos denominado "inframundo del barrio" y "mundo de la burguesía" atendiendo a los temas y a los objetivos del autor, y hemos subrayado su coherencia: cada uno es un mundo ficcional verosímil que incluye los submundos de lo soñado o imaginado, intrahistórico, urbano, y está dotado de una comunidad temática, de unas coordenadas espacio-temporales determinadas, de una galería de personajes fija y de un procedimiento narrativo dominante al servicio de los objetivos del autor. Es,  finalmente, un mundo que se presenta segmentado,  se reconstruye en su totalidad a través de la interrelación de todas las novelas que a él se remiten, y con el auxilio de referencias intertextuales externas e internas que permiten el establecimiento de vínculos entre las obras: con las vivencias personales del autor con el contexto social y cultural del momento y con el resto de novelas que forman parte de ese mundo.

El "inframundo del barrio" tiene como objetivo la recuperación y reconstrucción del pasado personal e histórico. Se configura especialmente en Si te dicen que caí, se refleja también en Un día volveré, Ronda de Guinardó, El embrujo de Shanghai, y con él se relacionan Encerrados con un solo juguete y La muchacha de las bragas de oro.

a) En cuanto a los temas, destaca la recuperación del pasado histórico y personal, y la defensa de la verdad inventada sobre la verdad oficial. Existe entre las novelas una evolución ideológica bastante acusada, pues mientras en la primera la rendición y el desencanto son las actitudes dominantes de los personajes, en Un día se pasa a una apuesta por la pacificación y el olvido, y en El embrujo se reivindica el derecho a soñar que las cosas han podido suceder de otro modo.

b) Los personajes componen una galería de víctimas de la guerra : un anciano depositario de la memoria colectiva, una prostituta que intenta sobrevivir, un niño-narrador que merodea por los solares del Guinardó y unos maquis que esperan la vuelta de la democracia, son los principales. Marsé se detiene en su caracterización, aunque esta vez se basa en imágenes visuales o toma como referente el cine, y dota a los personajes de funciones como la de simbolizar el asedio del pasado, y la de portavoz ideológico del autor.

c) Marsé escribe sobre Barcelona, sobre los espacios de su infancia en el barrio del Guinardó. La degradación del espacio es la nota dominante, representa la degradación de una época, y su caracterización se lleva a cabo a través de imágenes visuales, pero también de descripciones impresionistas, con especial atención a los objetos-símbolo.

d) Se refiere este mundo a la década de los años treinta y cuarenta en Si te dicen que caí, a los años cincuenta en El embrujo de Shanghai y a los años sesenta en Un día volveré,  y mientras para proveerse de información en el pasado los narradores recurren a frecuentes analepsis, para mostrar la confusión del mundo representado mezclan planos temporales y recurren a las elipsis como parte de una técnica de ocultamiento cuya presencia disminuye a medida que avanza la trayectoria novelística de Marsé.

e) También el inframundo del barrio se manifiesta en cuanto a los procedimientos utilizados. Además del predominio de la memoria como procedimiento evocativo al servicio de la reconstrucción del universo narrativo, destacan las estrategias orientadas a mostrar la contraposición de las distintas versiones de los hechos novelados: las "aventis", en Si te dicen que caí, y la historia o historias intercaladas en Un día volveré y en El embrujo de Shanghai. En relación con el ambiente de violencia y degradación que preside este universo se encuentra el tono virulento de los diálogos de los personajes y la presencia de elementos que sugieren la infernalidad del espacio en las descripciones.

f) Cuando Marsé se ocupa de este universo hay en el autor un afan de reconstruir, y a ello apuntan la abundancia de referencias intertextuales, ya que con el retomo de ideas, personajes, objetos, imágenes, consigue establecer vinculos entre todas las novelas que lo reflejan. Las referencias cinematográficas cumplen diversas funciones y adquieren tal importancia que puede afirmarse que la vuelta al pasado y la vuelta al cine son, en la obra de Marsé,  objetivos que no admiten deslindes

El "mundo de la burguesía" es el que más ha contribuido a convertir a Marsé en un autor conocido gracias a su novela Últimas tardes con Teresa. Tiene como objetivo poner de relieve la injusticia de determinadas estructuras mediante un planteamiento dialéctico, y desmitificar tales estructuras, principalmente de la clase burguesa. Se plasma en obras como Esta cara de la luna, Últimas tardes con Teresa, La oscura historia de la prima Montse, y El amante bilingüe.

a) Se trata, en las novelas que reflejan este universo, de mostrar la imposibilidad de que el personaje transgreda los límites de su mundo porque los dos ámbitos sociales mostrados -el burgués y el proletario- son irreconciliables. Por tanto son importantes los temas relacionados con el compromiso social, y en particular la critica a la burguesía, tanto en lo que se refiere al estudiantado universitario de los cincuenta como a la generación anterior. Pero también la frustración de los ideales de los personajes, burgueses y proletarios.

b) Existe un personaje transgresor que fracasa, víctima de su ignorancia o de su incapacidad para adaptarse al mundo del bienestar. Complementan ese mundo que se muestra el personaje marginal que busca mejorar su estado, la joven burguesa rebelde y el burgués consecuente que representa en la novela la mayor parte de los defectos criticados. Marsé se detiene en su caracterización y distingue entre las funciones más destacadas la de servir a una estructura base -siempre una historia de amor-, y la de contrafigura o complemento del protagonista, sin olvidar la importante función de narrador de ciertos personajes como Paco Bodegas.

c) Se desarrollan estas novelas en la Barcelona del Ensanche, del casco antiguo y de los pueblos costeros turísticos, esto es, en la Barcelona de la burguesía más tradicional. Insiste Marsé en la identificación de espacio y calidad de vida, utiliza un modelo de descripción impresionista donde se pretende establecer un paralelismo entre espacio decadente y clase social decadente y aunque la función de expresar los contrastes sociales es la fundamental, el espacio puede simbolizar la situación de los personajes o la decadencia de la burguesía, como hemos dicho.

d) En cuanto al tiempo, los hechos a los que este universo se refiere abarcan desde el año 1956 -año de las revueltas universitarias- hasta los años 80, y es posible configurar tres etapas : estudiantes como los de Últimas tardes con Teresa –y en algún caso los mismos- de 1956 aparecen recién licenciados en 1961 en Esta cara de la luna, y como profesionales consolidados en 1967 en La oscura historia de la prima Montse y en 1990 en El amante bilingüe.

e) Para mostrar el universo de la burguesía se utilizan procedimientos que coadyuvan a conseguir la desmitificación como la ironía, la hipérbole,  y las referencias burlescas,  porque se persigue en general el distanciamiento del mundo representado. Por eso encontramos constantes intervenciones valorativas del narrador, diálogos muy abundantes que representan varios modelos desde el punto de vista de la significación y sirven al juego ficción-realidad, descripciones objetivas y subjetivas, impresionistas y arquetípicas. El lenguaje responde a una técnica impresionista y destaca, en este universo, la riqueza de una obra como La oscura historia en cuanto al aspecto paródico, pues mediante él se expresa el resentimiento contra la burguesía.”

La novela de Juan Marsé:
 Análisis de las tendencias y de las técnicas narrativas

Tesis doctoral de José Luis Gundín Vázquez
UNED, año 1999
fragmento


06/12/2018

la escuela de barcelona


La escuela de Barcelona

Carme Riera

Anagrama,  1988

364 páginas

Nota del editor:


La Escuela de Barcelona —un libro de apasionante lectura, a la par que, en el futuro, de consulta obligada para los estudiosos del tema— es fruto de una tesis doctoral en la que la autora invirtió cinco años. Carme Riera lleva a cabo una rigurosa investigación sobre las relaciones humanas y literarias de un grupo de poetas —Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo— que a finales de los cincuenta, avalados por el crítico José María Castellet,  llevan a cabo una maniobra de promoción conjunta que les sitúa,  de una vez por todas,  ya que méritos no les faltan,  en el panorama de la poesía castellana contemporánea como núcleo de la llamada «generación de los 50».

El momento clave se sitúa en 1959. En aquel año coinciden todos en Colliure, en un homenaje a Antonio Machado,  se encuentran en las conversaciones poéticas de Formentor, y se fragua la famosa antología de Castellet,  Veinte años de poesía española,  que los afianza como grupo.  Asimismo,  en dicho año,  los tres escritores acuden al Ateneo de Madrid,  donde se presentan como poetas catalanes que escriben en castellano,  y reciben el reconocimiento de sus colegas.

En el libro se pasa revista a las tertulias que frecuentan,  las publicaciones en las que colaboran y los actos generacionales, se analizan los rasgos comunes de sus obras y se llega a la conclusión de que la amistad no sólo es el nexo entre sus vidas, sino también una clave de su literatura.”

04/12/2018

el oficio de escribir

fotografía: Jorge Quiñoa

Extracto de una entrevista a Juan Marsé realizada por Enric González y publicada en Jot Down

“[…]

Cuando te pones a escribir haces simplemente eso, ponerte, ¿o tienes algún ritual?

Cuando me pongo a escribir procuro no pensar más que en lo que hago. Nunca he entendido la famosa pregunta de si piensas en tus lectores cuando escribes. En mi caso, al menos, quizá porque no estoy tan dotado, escribir implica tanta concentración que me impide pensar en el lector o en cualquier otra cosa. Por razones físicas, sobre todo con el paso de los años, de vez en cuando tengo que levantarme y moverme.

Se te considera un “creador de ambientes”, y creo que si alguien ha escrito la mítica “gran novela de Barcelona”, ese alguien eres tú, porque has creado un universo barcelonés. Pero pienso que eres especialmente brillante en los personajes.

Han puesto mucho el acento en la escenografía, por así llamarlo, en la recreación de Barcelona, pero mi respuesta es muy sencilla, y es que mi experiencia es barcelonesa, por lo que no se me ocurre trasladar la acción de una novela a otra ciudad. Naturalmente, si es necesario muevo a los personajes, pero el hábitat natural donde me interesa desarrollar las invenciones (porque no olvidemos que es ficción, a pesar de que sea una Barcelona muy real, con nombres de calles y plazas muy reales) es Barcelona. Me siento muy seguro caminando por la calle Torrent de les Flors porque forma parte de mi vida, conozco el aire que se respira allí… es cuestión de buscar seguridad y realismo. En cuanto a los personajes, siempre me han interesado más los femeninos y considero que son más importantes que los masculinos.

Sin embargo, los primeros que me vienen a la cabeza son hombres, empezando por el célebre Pijoaparte. Los personajes femeninos parecen funcionar como un papel secante de los masculinos.

Pero son las mujeres quienes hacen que avance la acción. El Pijoaparte es el charnego que ha sido un prototipo, pero Teresa es un personaje que me resultó más difícil porque pertenece a una burguesía catalana con la que yo no he tratado. No he tenido ninguna relación sentimental con ninguna chica de la burguesía catalana con una torre en el barrio de Sant Gervasi, ¡ya me habría gustado cuando tenía 18 años! Y no sólo en Últimas tardes con Teresa me parecen importantes los personajes femeninos, tanto Teresa como Maruja, la criada. Pienso también en la madre en Rabos de lagartija o en Montse Claramunt en La oscura historia de la prima Montse. No sé, quizá es una impresión personal que nadie más aprecia.

Si alguien puede saberlo eres tú. En cualquier caso, tus personajes son farsantes vocacionales en un constante juego de espejos: son lo que son, pero quieren ser otra cosa y parece que lo sean.

El tema de la apariencia y la realidad en la novela siempre me ha interesado mucho: lo que somos, lo que creemos ser y lo que ven los que nos miran, que a veces no coincide en absoluto. Pero no descubro nada en absoluto, creo que es el gran tema de la novela desde El Quijote.

Probablemente seas de los escritores con menos escrúpulos para usar todos los recursos, artificios y trampas literarias para explicar una historia.

No sabría contestar cómo lo hago y por qué. A fin de cuentas, para mí explicar una buena historia y que resulte creíble y verosímil justifica todos los trucos. La propia literatura de ficción ya lo es, porque estás explicando una mentira y quieres que sea creíble. Y para eso eres capaz de todo menos de una cosa: no creértelo. Alguna vez ya he comentado, sobre todo con gente de cine, que para estas cosas los peliculeros son bastante burros, por qué una determinada película española no me ha gustado, incluyendo adaptaciones de mis novelas. Me dicen que no lo entienden, porque han tratado de ser fieles a mi novela. Y ese es precisamente el problema, ser demasiado fieles. Deberían hacer trampas. Algo que lees no es lo mismo que algo que ves. Unos diálogos leídos en una novela pueden ser verosímiles, pero oídos pueden no serlo tanto. No sé por qué, pero es así. Cosas tan sencillas como una escena en la que un personaje entra en una habitación, dice “Buenas tardes”, se sienta y enciende un cigarrillo, no me las creo si el actor no las hace bien y con convicción. Pero en cambio soy capaz de creerme que pasa un elefante volando si me lo explican bien. Este tipo de conflicto entre lo creíble, lo inverosímil y lo real que no te crees no lo entienden los peliculeros. Estas es la cuestión: tengo que hacer creíble algo que es mentira, y para conseguirlo puedo acumular muchas mentiras aparentes. Me parece que Pío Baroja decía que “la única verdad de una novela es lo que se cree el lector”.

Muchas veces has dicho que la obligación de un escritor es esforzarse en lo que escribe. Juzgar si estás satisfecho es muy arbitrario. ¿Cómo sientes que has sido honesto y te has esforzado?

Cuando veo que, por mucho que me esfuerce, no mejoraré el texto y no hay posibilidad de que el capítulo o la página en cuestión salgan mejor. Y, además, que sepa que es algo de lo que no me avergonzaré. Es entonces cuando lo entrego al editor o al agente literario. Tengo muy claro que siempre todo podría estar mejor, siempre hay una distancia entre lo que me había propuesto hacer y lo que he conseguido.

 […]

En tus historias aparecen muchas “aventis”, relatos inmersos en el relato. ¿Te impones algún tipo de control sobre ese desarrollo coral o te dejas llevar por él?

Cada uno tiene su método de trabajo. Yo confío en que el libro se haga él solo. Por decirlo de alguna manera, le doy confianza. Empiezo en un punto, intuyo que la historia puede ser interesante y que hay personajes que pueden dar sorpresas conforme los vaya trabajando, pero aún no lo sé con seguridad, es una intuición. Entonces hago una especie de borrador que es como una guía muy provisional donde incluso ordeno diversos episodios que creo que pueden llegar a constituir la novela. Y sobre este guión me pongo a trabajar, de manera similar a lo que se hace con el guion cinematográfico. Durante el transcurso del trabajo me veo constantemente obligado a modificar ese guión. Eso quiere decir que la novela crece por su cuenta e impone sus normas contradiciendo, en ocasiones, a lo que yo me había propuesto. Hay personajes que en principio podían haberme parecido muy importantes, incluyendo al protagonista, pero que conforme avanzo en el trabajo no lo son tanto. En cambio, personajes muy secundarios que pensaba que tendrían un comportamiento muy episódico y funcional de repente crecen y se convierten en otra cosa. Es decir, cuando empiezo a trabajar no tengo la novela completa en la cabeza. Tengo una historia que me parece que tiene un principio y un final, pero poca cosa más. Necesito mucha paciencia para la escritura, ya que no me considero muy dotado. Mis primeras versiones acostumbran a ser horripilantes. Si escribo un par de páginas sobre una escena que me interesa, habrá sólo un párrafo o unas líneas que sirvan. No es que el resto no sirva, pero tiene que ser reescrito porque tal y como está carece de vida. A veces tardo meses en encontrar la solución a un pequeño episodio. En toda escena, por pequeña o no muy importante que sea, tiene que haber un detalle, una frase, un algo que le dé vida. Puedo encontrarlo a través de una descripción, de un imprevisto, de un detalle. Por lo tanto escribo mucho y muchas versiones.
[…]

En tus novelas has debido enfrentarte a una cuestión que forma parte de la identidad barcelonesa: el bilingüismo. No todo está cortado en un solo idioma, y creo que eso define bastante bien la ciudad. Tú escribes en castellano, pero has vivido tu vida en catalán. ¿Has tenido alguna percepción de ello o es tan natural que te da igual?

Parece una anomalía ser catalán y escribir en castellano y, efectivamente, lo es. Si tienes en cuenta que la época de formación que me tocó era la de la represión de la lengua y cultura catalanas… para empezar, en el colegio al que iba, que se llamaba Colegio del Divino Maestro, cosa que ya tiene delito, lo hice todo en castellano; las primeras lecturas, desde los tebeos hasta la literatura de quiosco, eran todas en castellano… por lo tanto, al ponerme a escribir, de manera natural, el discurso se me organizaba en castellano, y de esta anomalía no era consciente, nunca me lo planteé. Toda la información que recibía (libros, radio, cine…) era en castellano, excepto las conversaciones en casa y con los vecinos.

Pero gran parte de tu producción literaria se basa en esas conversaciones cotidianas, en esa banda sonora en catalán.

Sí, pero igual me parecía natural leer a Stendhal y Flaubert en castellano porque yo no sabía francés, o Hemingway en castellano me parecía absolutamente normal. Entonces, si eso pasaba en este ámbito, ¿por qué no podía pasar también en el otro? Los temas y los personajes eran de Barcelona pero hablaban en castellano. Aparte de que, dentro del mismo edificio donde yo vivía, había muchas familias castellanas, por no decir que la mayoría de chavales con los que me relacionaba por la calle en esa época eran castellanos. No se me planteó ninguna disyuntiva o problemática. Luego, cuando acaba el franquismo, el nacionalismo catalán empieza a plantear esta cuestión, y yo paso a no pertenecer a la cultura catalana. Pero tampoco a la castellana, porque en Madrid me llaman “escritor catalán”. Esto intenté explicarlo en el discurso que di cuando me otorgaron el Premio Cervantes delante del rey y toda la parafernalia. Expliqué esto como ejemplo de algo que podría haber sido diferente en el caso de que la cultura y la lengua catalanas hubieran sido respetadas durante la época franquista. Pero las cosas fueron como fueron. A veces, incluso, se me ha planteado por qué no cambié, igual que hizo, por ejemplo, Pere Gimferrer, que empezó escribiendo en castellano y se pasó al catalán. Yo acostumbro a decir que prefiero quedarme como estoy, aunque sólo sea como ejemplo de anomalía. Además, si con los años he conseguido un poco de instrumental para escribir en castellano no lo tiraré ahora todo por la ventana y empezaré de cero. Ya no tengo edad para estos cambios. Lo he vivido con absoluta normalidad. Algunas veces, eso sí, me he sentido ninguneado por parte de algunos de los estamentos de la cultura catalana pero, a fin de cuentas, me importa bien poco. Como lo paso mal si me hacen homenajes y cosas así, cuanto menos piensen en mí los estamentos oficiales, mejor. Me da igual pertenecer a la cultura catalana o a la otra, lo de ser fronterizo me va bien.”


03/12/2018

juan marsé, imprescindible




Este “Iimprescindibles” de RTVE,   dedicado a Juan Marsé,   fue emitido el 19 de octubre de 2010.

02/12/2018

mientras llega la felicidad


Mientras llega la felicidad

Una biografía de Juan Marsé

Josep Maria Cuenca

Anagrama, 2015

752 páginas

“Hay quien muere por encima de sus posibilidades –como es sabido, Oscar Wilde lo dijo de sí mismo– y hay también quien, en las antípodas del fin de una vida, nace por encima de sus posibilidades. Este último bien podría ser, dicho sea con la debida ironía, el caso de Juan Marsé. No en vano él mismo se sorprendió al conocer, no hace demasiado tiempo, el lugar exacto en que había nacido. Algunos detalles permiten precisar claramente las cosas. Juan Marsé vino al mundo a las once de la noche del día 9 de enero de 1933 en el número 7 de la calle Mañé i Flaquer de Barcelona; una casa del barrio de Sarrià grande y burguesa, con frondoso jardín trasero y cuya puerta principal se encuentra en la plaza de Sant Vicenç de Sarrià. En su partida natal, conservada en el Registro Civil de Barcelona, se indica que en el momento de su nacimiento su padre, Domingo Faneca Santacreu, tenía treinta y tres años; los mismos que en dicho documento se atribuyen erróneamente a su madre, Rosa Roca Arans. Los tres nombres del recién llegado fueron, por este orden, Juan, Domingo y Antonio. Demasiada casa y demasiados nombres para un niño de familia desheredada, habría podido pensar el propio Marsé de haber sido consciente de todo ello. Porque si bien sus padres vivían dentro del recinto de una casa confortable y lujosa de un barrio alto de la capital catalana, el hecho era que Domingo y Rosa formaban parte del servicio de la familia propietaria de la vivienda y que habitaban en la parte trasera de la misma, en una pequeña edificación situada en el jardín y en la cual probablemente nació Marsé. Domingo era el chófer y Rosa realizaba tareas domésticas, a pesar de que la mencionada partida de nacimiento indique que el primero era jornalero y adjudique a la segunda una arbitraria etiqueta: «Sin profesión.» Dicho todo lo cual puede entenderse hasta qué punto resulta irónico afirmar que el pequeño Marsé nació por
encima de sus posibilidades.

Fragmento