18/08/2020

el espacio

rincón del barrio de Belleville, París

El barrio donde transcurre principalmente la acción, Belleville, recibe un bello nombre que contrasta con su miseria y su depauperación. Situado en el nordeste de París, este popular barrio multiétnico y multicultural recibió inmigración desde el final de la primera guerra mundial. Polacos y judíos asquenazíes –judíos que en la diáspora se extendieron por Europa central y oriental- además de armenios se instalan en las calles de este distrito. En los años cuarenta del siglo pasado, los habitantes de las calles de Belleville sufren las violentas redadas y deportaciones por las fuerzas de las Gestapo. En los años cincuenta, se instalan en Belleville judíos tunecinos. Esta nueva oleada de inmigrantes convierte a Belleville en el primer barrio judío de París. En los años sesenta y setenta son las comunidades magrebíes y subsaharianas las que se suman al crisol de grupos culturales y religiosos de este barrio, que será objeto de importantes reformas urbanísticas que afectan a las calles en las que vive Momo y la señora Rosa.

En Belleville la señora Rosa educa a cada niño que se le encomienda en su religión correspondiente. Momo acude a la mezquita y aprende árabe con el señor Hamil, mientras que Moisés, otro acogido, practica los ritos judíos como la señora Rosa. Las referencias a fiestas, expresiones y elementos culturales de judíos y musulmanes son, pues, frecuentes en el libro. Los intercambios y préstamos lingüísticos entre los personajes son abundantes. Algunos de ellos son: Ramadán: noveno mes del calendario musulmán en el que se practica ayuno desde el alba hasta el ocaso. Inch’ Allah: “si Dios quiere” en árabe. Yíddish: lengua de los asquenazíes. Michugué: “chiflado” en yíddish.  Jairem: “lo juro” en yíddish.  Kosher: alimentos que cumplen con los preceptos de la religión judía. Gefillte fisch: plato emblemático,  a base de pescado, de la cocina judía asquenazí. Se toma en Sabbat y en la Pascua Judía.

También hay en el libro referencias a lugares emblemáticos de París. Gary, que siempre se posiciona del lado de las clases más desfavorecidas y de “los perdedores”, no elige como escenario el París monumental, sino el París más colorido y popular: Pigalle: barrio situado a los pies de la colina de Montmartre en la que hay una gran concentración de cabarets, como Moulin Rouge, y de sex-shops. Barbès: barrio situado en el norte de París donde predomina la población de origen magrebí. Marché aux Puces: mercadillo de las pulgas en el que se compran y venden objetos de segunda mano. Bois de Boulogne: en el que hay muchas prostitutas,ubicado al oeste de la capital gala. Les Halles: el antiguo mercado central de París que está en el centro de la ciudad. En los años setenta era un lugar poco recomendable.

17/08/2020

y el biopic



La película Promesa al amanecer es una adaptación de la novela homónima autobiográfica del escritor francés Romain Gary.

La película hace un recorrido histórico a lo largo de la vida de Gary y la relación con su madre Nina. Desde su dura infancia en Polonia, hasta su militancia como aviador en la Segunda Guerra Mundial, pasando por el éxodo al sur de Francia durante su adolescencia, esta cinta muestra las increíbles experiencias que vivió el escritor durante las idas y venidas a lo largo de su vida, sus pasiones, misterios e intrigas. Pero, sobre todo, la cinta retrata la determinación de la madre por convertirle en uno de los escritores más reconocidos en Francia. Una pasión incondicional que puede ser una bendición, aunque también una perdición.

Película dirigida por Eric Barbier , que también se encarga de escribir el guion junto con Marie Eynard. Pierre Niney protagoniza la cinta interpretando al escritor. El resto del reparto está formado por Charlotte Gainsbourg , Didier Bourdon , Jean-Pierre Darroussin , entre otros.



Ficha técnica:

Título original: La promesse de l'aube
Año: 2017
Duración: 130 min.
País: Francia
Dirección: Eric Barbier
Guion: Eric Barbier, Marie Eynard (Novela: Romain Gary)
Fotografía: Glynn Speeckaert
Reparto: Charlotte Gainsbourg, Pierre Niney, Didier Bourdon, Jean-Pierre Darroussin, Catherine McCormack, Finnegan Oldfield, Pawel Puchalski, Nemo Schiffman, Pascal Gruselle, Alexandre Picot, Zoe Boyle, Lou Chauvain
Coproducción:  Francia-Bélgica



16/08/2020

el teatro


El año 2009, con producción de FOCUS, Josep Maria Pou dirigió la obra de teatro La vida por delante.

Traducida por Xavier Jaillard y adaptada por Josep Maria Vidal, el reparto estaba por compuesto por Concha Velasco como Madame Rosa; Rubén de Eguia, como Momo; José Luis Fernández, como Youssef Kadir y Carles Canut, como Doctor Katz.

Fue estrenada el 28 de marzo de 2009 en el teatro Goya de Barcelona, y en su crónica de El Periódico, de fecha 08/04/20019, César López Rosell titulaba:



“Concha Velasco y Rubèn de Eguía conmueven en la versión de Josep Maria Pou de 'La vida por delante'”

y escribe:

“Aparece una desgreñada Concha Velasco con titubeantes andares de abuela. Respira con dificultad tras subir siete pisos acarreando las bolsas de la compra. Acaba de abrir la puerta de la buhardilla del suburbio de París donde vive junto a los chicos descarriados a los que da cobijo. La transformación de la actriz en Madame Rosa impacta desde el primer momento. Si su pretensión y la del director, Josep Maria Pou, era ponernos en situación desde el inicio, no hay duda de que lo consiguen. Y el pulso dramático sobre el escenario del Goya ya no se detiene.


La vida por delante, del premio Goncourt Romain Gary, es de esas obras que hacen crecer a un intérprete. Y Velasco, acreditada en otras batallas escénicas, aprovecha la oportunidad y se enfrenta sin complejos al reto de dar vida a una mujer en el ocaso de sus días.

La actriz absorbe hasta la última gota de la esencia del conmovedor personaje. Ha trabajado a fondo el perfil de esta ex prostituta judía y superviviente de Auschwitz y ha sabido exprimir el sentido de las sentencias que salen de su boca. Salvo algún pequeño e innecesario histrionismo, su trabajo es de los que llegan al corazón porque consigue que la verdad de la vida suba al escenario.



Rubèn de Eguía, encarnando a Momo, es el otro gran triunfador de la función. La mirada sobre los marginados de este adolescente árabe, que ejerce de narrador de la historia y vive aferrado al cariño de Madame Rosa a la que cuida en sus momentos más críticos, es tan tierna como sobrecogedora, sobre todo cuando se obsesiona por conocer sus orígenes.

Lo que consigue con su magnífico trabajo el joven actor, en el que asimila con sorprendente naturalidad el lenguaje y las expresiones de los inmigrantes, es trasladarnos al mundo real.

Carles Canut, impecable como el vecino doctor Katz, y José Luis Fernández, en su breve aparición como violento y desquiciado padre del niño, son el contrapunto de una acción que gira sobre los dos personajes principales.


Josep Maria Pou ha sabido extraer la sensibilidad de esta obra sobre el mundo de los marginados, salpicada con toques de fina ironía y llena de ingenuidad y buenos sentimientos. El racismo, la soledad y la eutanasia se dibujan con trazo firme.

Pero también la tolerancia, expresada con la práctica sin problemas de cultos enfrentados y con ingeniosos juegos dialécticos sobre las relaciones entre judíos y árabes.”



15/08/2020

la peli




El director de cine israelí Moshé Mizrahi (1931- 2018) dirigió en el año 1977 la película, de producción francesa, La vie devant soi, con guión del propio director.

Con música de Philippe Sarde i  Dabket Loubna y la fotografía de Néstor Almendros, el reparto lo componían:  Simone Signoret, Claude Dauphin, Samy Ben-Youb, Mohammed Zineth, Gabriel Jabbour, Michal Bat-Adam, Bernard La Jarrige i Geneviève Fontanel.

La película obtuvo el Oscar del año 1977 a la mejor película de habla no inglesa, nominada a los Globos de Oro, como mejor película extranjera, el mismo año. También el mismo año, Simone Signoret obtuvo el premio David di Donatello a la mejor actriz extranjera y el César a la mejor Actriz. Al año siguiente, 1978, la Asociación de Críticos de Los Ángeles le otorgo el permio a la mejor película extranjera.




14/08/2020

el rey salomón



La angustia del rey Salomón

Romain Gary

Traductores: Victoria Cirlot y Noelle Boer

Editorial: DeBolsillo, 2008

páginas: 304


La angustia del rey Salomón (1979) es la última novela escrita por Èmile Ajar, seudónimo con el que Romain Gary había ganado por segunda vez el premio Goncourt y, por estructura y contenido, una de las novelas más originales del autor. Jean Karmody, Jeannot, conduce un taxi que comparte con un estadounidense, un camboyano y un africano. En uno de sus viajes, conoce a un anciano octogenario. Es Salomón Rubinstein, conocido en otros tiempos como el rey del prèt-à-porter, un judío riquísimo enamorado de Cora Lamenaire, vieja gloria de la canción francesa. Salomón emplea su dinero en ayudar a los ancianos de París: en su piso da cobijo a personas desesperadas a las que socorre en casos de necesidad, y no solo económica. Humor judío y amor negro, amor judío y humor negro: estos son los pilares de la casa de Rubinstein.

«Queremos a Gary por lo que realmente es: un cómico excepcional, un narrador fabuloso nunca corto en imaginación, ni verbal ni de la otra, un virtuoso del humor que apunta hacia lo más profundo.»

Jacqueline Platier,  Le Monde

13/08/2020

final de trayecto


Próxima estación: final de trayecto

Romain Gary

Traductores: Cristina Cubría y David Villanueva

Demipage, 2005

páginas: 256


por J.M. Plaza

“Todavía no se había inventado la Viagra cuando Romain Gary escribió una novela sobre la decadencia sexual de un viejo vividor, enamorado de una veinteañera. El simbólico título lo dice todo: 'Próxima parada: final de trayecto'. Este libro lo acaba de reeditar Demipage, coincidiendo con el centenario del nacimiento de su autor, uno de los más importantes y controvertidos escritores franceses, un autor de éxito y un héroe: fue aviador, luchador en la Resistencia, diplomático, amigo de André Malraux y Albert Camus y ganador del premio Goncourt por dos veces, algo que prohíben expresamente sus bases.

Romain Gary, seudónimo de Roman Kacew, representa, como pocos, el espíritu francés, a pesar de ser un judío ruso nacido en Lituania, que escribió algunos libros en inglés y se casó con una actriz norteamericana (que parecía francesa): Jean Seberg, la memorable Patricia de 'Al final de la escapada'. Esta relación marcaría su vida y, posiblemente, su muerte.

El escritor conoció a la musa de la Nouvelle Vague cuando era consúl general de Francia en Los Ángeles. Gary nunca fue un diplomático al uso (le consideraban demasiado bohemio y, por ello nunca le nombraron embajador), sino un artista, que había tentado el cine y era amigo de grandes directores.

A Los Ángeles llegó Jean Seberg, una muchacha de apenas 20 años, que había debutado con Otto Preminger en 'Juana de Arco' y repetía con el mismo director en 'Buenos días, tristeza', película basada en la novela autobiográfica de la jovencita Françoise Sagan, que escandalizó a Francia en los años cincuenta. El padre de la protagonista, interpretado por David Niven, podía recordar al Romain Gary de ese momento. Y lo cierto es que el maduro diplomático y la joven actriz se enamoraron y vivieron una apasionada, accidentada y atormentada historia de amor.

La diferencia de edad (24 años) no era lo preocupante. Al menos, entonces. Había otras circunstancias adversas: los dos eran grandes seductores (e infieles, por lo tanto) y ambos estaban casados: Gary, con una mujer que no se lo puso fácil, la escritora Lesley Blanch. Para Jean Seberg resultó más sencillo, ya que siempre fue rebelde y rabiosamente independiente. Una mujer fatal, a su pesar.

En 1963, Gary y Seberg tuvieron un hijo, Alessandre Diego (que fue concebido en Mallorca) y su relación se prolongó, con notables altibajos, hasta 1970. El escritor lo veía venir y años antes declaró: "Lo normal es que nos separemos porque yo ya no puedo satisfacerla".

El último periodo de su relación fue demasiado intenso y desestabilizador, entre amantes y locuras por parte de ella. A finales de los sesenta, en una fiesta en Nueva York, Jean Seberg sedujo al escritor Carlos Fuentes, que se acababa de divorciar de la actriz Rita Macedo. El mexicano quedó deslumbrado por aquella joven de cara ingenua, a la que describió así: "Era brillante, inteligente, bella y muy vulnerable". Su recuerdo no le abandonó nunca, aunque vivieron un romance de apenas dos meses. Esa historia, debidamente aderezada, la contará después (en 1994) en su novela 'Diana o la cazadora solitaria', cuya protagonista, Diana Soren, posee "una infinita capacidad sexual".

Esta era una de las características de la dulce Jean Seberg: su pasión. Su apasionado modo de vivir la sexualidad. La otra, la independencia. La tercera, quizás la locura. Todo ello formaba un explosivo cóctel que enamoraba a los hombres, al tiempo que los arrastraba hacia el lado oscuro. La actriz abandonó a Carlos Fuentes y vivió una historia con Clint Eastwood mientras rodaban 'La leyenda de la ciudad sin nombre'. Fue otro de sus muchos amantes.

Jean Seberg mantuvo un doble vida. Se movió entre grandes hombres, que supieron admirar su belleza e intentaron protegerla, y entre canallas, que abusaron de ella. A pesar de separse en 1970, Gary nunca abandonó a Jean Seberg: le cedió un apartamento en el centro de París y le pagó las visitas médicas al psiquiatra hasta el fin de sus días.

La década de los setenta, ya en la antesala de la vejez, será la más prolífica y extraña del escritor. Pero no adelantemos acontecimientos y recordemos su trayectoria literaria. Antes de la Segunda Guerra Mundial, ya había publicado tres títulos con su verdadero nombre, Romain Kacew. En 1945 firmó, ya como Romain Gary, la novela 'Una educación europea', sobre la resistencia polaca contra los nazis. Once años después obtuvo el premio más prestigioso de Francia, el Goncourt, con 'Las raíces del cielo', una obra "que explica una época y un conflicto histórico de enormes proporciones", según Adolfo García Ortega (autor de los prólogos de cuatro de sus novelas traducidas al español), quien añade que esa novela "poseía el don de la anticipación". Gary fue un adelantado en el tema africano y ecológico.

Los éxitos se sucedieron en su vida. El público esperaba ansioso los nuevos títulos del famoso autor, que también escribió teatro, ensayo, dirigió dos películas para su mujer y participó en abundantes guiones cinematográficos, entre ellos, 'El día más largo', sobre el desembarco en Normandía.

Este reconocimiento popular se topó, de pronto, con la crítica, que empezó a despreciar las novelas de Gary (por fáciles), al tiempo que miraba hacia el Nouveau Roman. Este hecho afectó íntimamente al escritor, acostumbrado al éxito, y decidió actuar: se inventó una nueva identidad literaria y la mantuvo en secreto hasta el final. Así lo justificó: "Quería ser espectador de mi segunda vida. Fue como volver a nacer. Todo me fue dado de nuevo".

La realidad es que Gary pretendía mostrar a sus críticos que aún tenía mucho que decir. sorprendió a todos. En 1976, un casi desconocido Émile Ájar (había publicado una novela) obtuvo el premio Goncourt con 'La vida ante sí', una historia llena de humanidad sobre la amistad entre Momo, un niño huérfano, y Rosa, vieja madame que acoge en su casa a los hijos de las prostitutas. Una novela cálida, dura y esperanzadora.

La obra fue todo un acontecimiento: los críticos la saludaron con entusiasmo y la calificaron como una voz nueva, joven, fresca, original. Fue el libro más vendido del año en Francia y se hizo una película, 'Madame Rosa', que obtuvo el Oscar, y Simone Signoret, el César a la mejor actriz, como vieja prostituta. De repente, todo el mundo quería saber quién era ese misterioso escritor que no daba la cara, y Gary llegó a un acuerdo con su sobrino, Paul Pavlovich, para que asumiera la personalidad del reconocido autor, impostura que se mantuvo hasta su muerte. Para dar mayor verosimilitud al engaño, Émile Ájar publicó dos títulos más.

Aunque el estilo y los temas son muy distintos en las novelas firmadas como Gary o como Ájar, hay una constante: la búsqueda del humanismo, motivado por el deseo del escritor de creer en algo. No le resultaba fácil y no lo consiguió. Así que, a pesar de su brillante vida, en 1980, un año después del suicidio de Jean Seberg, Romain Gary -muy civilizadamente- se puso el pijama, se acostó en su cama y se disparó un tiro en la boca.

Tras desparecer, dejó a su editor un libro titulado 'Vida y muerte' de Émile Ajar, donde contaba la historia de su nuevo seudónimo y las razones que le habían motivado para tal transformación. 'La última década de su vida', en la que alternó sus dos firmas, son las más fructíferas de su trayectoria. En esos diez años siguió publicando también con su verdadero nombre literario: Roman Gary.

Uno de esos libros es Próxima estación: final de trayecto, que escribió al mismo tiempo que la obra con la que obtuvo su segundo Goncourt y se publicaron el mismo año. Dos novelas simultáneas, que no tienen nada que ver, lo que muestra su genio literario: 'La vida ante sí', es luminosa, coral, y mira hacia fuera, hacia los desheredados; 'Próxima estación...' es oscura, íntima, y se centra en el mismo autor y su agónico presente, simbolizado en la impotencia como el fin de todo vestigio de vida. Y es que cuando se ha sido un gran amante y se ha gozado de las mujeres, la decadencia sexual es algo así como la muerte en el alma.

Al llegar a los sesenta, la sexualidad se desbarata y aquello de lo que se estuvo tan orgullo y fue un leit motiv de tus días, ya no funciona. Así viven esta limitación los personajes de la novela, desde el viejo y millonario play-boy, al protagonista (trasunto del propio Gary), un editor que ha de vender su pequeña editorial y es incapaz de satisfacer a su joven enamorada brasileña, que tiene 20 años, los mismos que Jean Seberg cuando se conocieron.

La novela, que es autobiográfica, no narra la historia que mantuvo con la actriz, pero sí existen unos paralelismos evidentes, y el gran tema es, en el fondo, el que vivió con su mujer y fue una de las causas de su separación. Porque, como decía un viejo vividor, interpretado por Burt Lancaster, en 'Novecento', la película de Bertolucci: "Cuando no se te levanta es que estás muerto".

Roman Gary lo grita a su modo en la novela, cuyo título original (también con referencias al Metro) podría resultar aún más patético: 'A partir de aquí vuestro billete no es válido'. Esto sucedió en 1974. Quizás ahora, con la Viagra, el trayecto se pudiese prolongar varias estaciones y esta obra sobre la impotencia no se hubiera escrito.”

El Mundo, 17/02/2015

12/08/2020

lady l


Lady L.

Romain Gary

Traductora: Gema Moral Bartolomé

Galaxia Gutenberg, 2018

páginas: 176

El día de su octogésimo cumpleaños, Lady L. está sentada junto a uno de los ventanales de su castillo inglés. El velador está lleno de telegramas y de mensajes, muchos de los cuales proceden del palacio de Buckingham. Se daba cuenta de que no era más que una «vieja dama adorable»; sí, después de tantos años perdidos en ser una dama, ahora se veía obligada a ser una vieja, por añadidura. «Se nota todavía que debía de ser muy hermosa…» Desde que había empezado a percibir este murmullo insidioso, tenía que esforzarse por no soltar cierta palabra muy francesa que pugnaba por escapar de sus labios, y fingía no haberlo oído. No había sido menos célebre por su carácter que por su belleza; una ironía que no le andaba a la zaga, que daba en el blanco sin herir, con la elegancia de los maestros de armas que sabían recalcar su superioridad sin humillar.

Con la mirada perdida en su pabellón de caza, Lady L., que tras cincuenta años en Inglaterra aún piensa en francés, recuerda una historia: mientras el mundo asiste convulso a los últimos estertores del siglo XIX, Anette, una joven prostituta parisiense, conoce al más famoso y perseguido activista anarquista de la Europa de la época. Su encuentro no solo supondrá el despertar de una historia de amor desgarrada y trágica, sino también el comienzo de una nueva vida para Anette, quien con el tiempo se convertirá en una admirada y respetada aristócrata y hará de la impostura un arte.

Porque esta cara de respetable anciana de la aristocracia británica es solo una fachada amable, un papel que Lady L. ha elegido jugar y que la decepciona amargamente. Por ello decide, cansada de todos estos secretos, contar su historia. El conjunto de confidencias está repleto de ironía, sátira política y social, repaso a vuelo de pájaro de algunos acontecimientos históricos, reflexión sobre la idiosincrasia del ser humano, pero sobre todo es una divertida reflexión sobre la naturaleza engañosa de las apariencias. Esta anciana, considerada venerable tanto por el número de años vividos como por la antigüedad de su apellido, hace tiempo que puede reírse a gusto de todos los convencionalismos de una sociedad hipócrita.

Con esta novela, Romain Gary establece una feroz crítica de la sociedad victoriana y de la tensa lucha de clases que enfrenta a revolucionarios anarquistas y a aristócratas. El juego entre verdad y ficción es un elemento que estuvo presente también en la vida del escritor.