09/03/2017

el port de maryborough



Fins 1842 poc se sabia sobre la regió que formava l'amplia badia del riu Mary. Aquest any, Andrew Petrie va explorar la regió amb dos convictes que havien viscut en la mateixa amb aborígens: Bracefield i James Davis.

                A partir de l'any 1847 ja trobem un assentament de població i el inicis d'un petit port per al comerç de la llana i altres productes bàsics. Maryborough és una de les ciutats més antigues de Queensland.  Primer va ser port per al comerç de llana i,  més tard,  port d'immigració en els primers dies de la colonització d'Austràlia.

En 1856, per tal de permetre un accés més fàcil al port de vaixells més grans, l'assentament es va traslladar aigües avall a pocs quilòmetres dels molls originals del riu Mary. Aquí és on la ciutat de Maryborough es troba avui dia.  El 1859 va ser declarada "porta d'entrada" per als colons que arribaven a Austràlia i es va convertir en municipi en 1861.


El primer vaixell de migrats que va arribar a Maryborough va ser la barca Ariadna, el 9 d'octubre de 1862. Aquest va ser un punt d'inflexió: entre 1863 i 1870 van arribar 3.142 persones; de 1872-1880, van arribar 9.164 van arribar (de les quals 1.762 eren alemanyes i escandinaves) i entre 1881 1890, 7.332. A partir de 1900, la importància del port va decréixer, tot i que encara van arribar vaixells de passatgers al port fins a, aproximadament, 1912.

08/03/2017

un laberint a Cornualla



Glendurgan Garden està situat a poques milles de la ria de Fal, a la península de Cornwall, al "Finisterre" anglès.

El jardí va ser plantat per Alfred Fox entre els anys 1820 i 1830 amb vistes sobre el riu Helford i la costa propera. Inclou un laberint de llorer plantat en 1833.

Falmouth va ser el primer port d'escala per als vaixells que tornaven de les Amèriques, l'Extrem Orient, Àfrica i antípodes, el que va facilitar l'adquisició per la família Fox d'espècies arbòries i plantes exòtiques de tot el món. A més de faigs i roures, les palmeres, les falgueres arborescents, bosquets de bambú, sicòmors, magnòlies i atzavares diversos conviuen amb els rododendres, camèlies i azalees sobre catifes verdes, que ara a la primavera apareixen prenyades de flors silvestres.


A la península de Cornualla, prop de la costa, es dóna un microclima amb la temperatura mitjana més elevada de les Illes Britàniques causa de l'influx del Corrent del Golf, ideal per al desenvolupament del jardí subtropical.


07/03/2017

l'autora del mes



“La escritora superventas había avisado: "Cuando vuelas hasta Australia es cuando adquieres conciencia de la dimensión del mundo, de su inmensidad".  Y tiene razón.  La flechita en la pantalla del avión que marca la ruta va dejando atrás Europa,  la península Arábiga,  el subcontinente indio,  se dirige a Singapur…  Y desde allí aún queda una jornada laboral completa hasta aterrizar en la ciudad de Brisbane (dos millones de habitantes,  en Queensland,  noroeste del país,  la tercera mayor de Australia),  lugar de residencia de Kate Morton,  la autora que ha conquistado el mundo desde Oceanía.

Solo de su segunda novela, El jardín olvidado,  ha vendido más de medio millón de ejemplares en España (y otros 250.000 con la primera, La casa de Riverton).  Casi ocho millones en total,  en 38 países.  La tercera,  Las horas distantes, [vuelve] otra vez [sobre] sus obsesiones: "La estrecha relación entre el ayer y el hoy, y también Inglaterra, con sus sagas familiares,  sus casas antiguas,  sus libros centenarios,  con ese sentido de continuidad histórica…" Ese es el motor de sus narraciones: un pasado que se resiste a morir y acaba cimentando (o diluyendo) el presente.

(…)

Kate Morton  (Berri, 1976)  traza vidas como esas líneas en los mapas de navegación;  sus personajes, habitantes de un mundo y un tiempo concreto, van y vienen, aterrizan y despegan de él cargados de peripecias que se enlazan y entrecruzan; dibuja el rastro de los que estuvieron y ya no están, pero crearon un tejido que condiciona el de sus sucesores, el nuestro.

Tan lejanas, se diría, como Australia misma, que a ojos mediterráneos parece inalcanzable.  Entenderla quizá sea acercarse un poco más a Kate Morton.  Hay que abrazar gran parte del globo durante un día completo y adelantar el reloj y la cabeza nueve horas cuando se pone el pie en esta mancomunidad,  su país,  que es como una isla gigantesca en las antípodas (con una superficie cercana a la de EE UU, pero con 14 veces menos población,  22 millones,  tan vacío que da vértigo);  el segundo del mundo tras Noruega en el índice de desarrollo humano 2011.  Puros nórdicos del Sur.  América,  Europa y  Asia,  fundidos en este verano austral.  ¿Tienen problema de identidad los australianos?  Morton dirá luego, sonriendo con su boca inmensa, que sí. “Tenemos una forma de vida muy norteamericana, pero la cultura con la que nos formamos y que nos atrae es europea y la influencia asiática es cada vez mayor”.  Un melting pot que no acaba de reconocerse en sus orígenes aborígenes milenarios, que fue enorme territorio carcelario para los británicos desde el siglo XVIII, se independizó en 1901 y aún mantiene a la reina británica, Isabel II, como propia.

Curioso lugar al que el estereotipo actual ha dotado de minas, desiertos, eucaliptos, koalas, canguros, tiburones y playas repletas de surferos cachas sin fin. Asuntos varios y con tirón que sí son tal, pero que suelen aparecer poco o nada en la obra de Morton.  Su ambiente literario es otro, mucho más de interioridades dramáticas y exteriores románticos; de decoración victoriana y acantilados amenazantes; de castillos ruinosos con paredes que rezuman historias y seres atormentados que languidecen cargando fardos de secretos familiares.

Más de viejo continente que de este en apariencia joven y próspero, en el que la crisis económica actual apenas es rumor en la costa y donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus calles. Brisbane es puro ejemplo: el centro de la city es un mall continuo, todo producto es chino,  hay gimnasios por doquier y playas urbanas en la ribera del río homónimo,  que se desbordó justo ahora hace un año con resultados desastrosos aún no olvidados.  "Mi literatura bebe de fuentes góticas, de aquello que mamé en mis lecturas juveniles,  que solían ser de las hermanas Brontë,  Dickens,  Daphne du Maurier, Poe o Lucy Clifford,  por poner ejemplos de la literatura victoriana que estudié".  De educación británica, lo que la convirtió en lectora impenitente es, sin embargo, popular y siempre el mismo: "Sin duda, Enid Blyton".

Las historias de Morton discurren en diferentes décadas del siglo XX.  Y con protagonistas muy dadas al surfeo existencial.  Siempre mujeres (en su casa eran todas chicas), los hombres siempre en papel secundario.  (…) “ las historias me poseen a mí, no yo a ellas; me surgen ideas a todas horas". Y como una llegue a mitad de la noche, malo: debe saltar de la cama de inmediato y anotarla. "Si no, se esfumará con el sueño".

Cuando llegamos a su domicilio en Paddington, su barrio, donde, atestiguamos, ella sigue una tranquila y bucólica vida cotidiana: apacibles jornadas escribiendo junto a su esposo, Davin Patterson; sus dos hijos, Oliver y Louis; su perro Buddy, en una casa de madera con jardín donde las chicharras no paran de cantar ni un segundo. Paddington aparecía en El jardín olvidado, con su mercado de antigüedades, las tienditas de ropa vintage y objetos victorianos (medallones, perlas, sombreros ajados…); sus librerías, restaurantes, las casas con veranda salpicadas por las colinas como escena de cuento: todo madera, todo verde intenso… Hay cruces que recuerdan a esas calles de San Francisco onduladas de las películas made in USA.

Kate Morton confiesa, sin embargo, que sueña con irse a vivir a Adelaida Hills, "a un sitio más tranquilo", bien al Sur, donde reside su hermana pequeña, Julia, cocinera excelente, y planea mudarse su madre, Diane. "Es una de las partes más hermosas de Australia, con un clima similar al mediterráneo, una región productora de vino y buenos alimentos. Deseo tener mis propias gallinas y una huerta inmensa". Y un lugar donde mirar al mar… sin interrupción. Más allá, solo el vacío, el mundo congelado, se diría.

Si está cansada o apurada, a Kate Morton no se le nota ni un ápice durante los dos días que la entretenemos. Ni un rictus descubrimos. Quizá sea porque además de literaria, también posee formación teatral. "A veces me veo poniendo caras con las expresiones de los personajes cuando estoy frente al ordenador", señala en su diario. Quizá sea que es muy profesional. O quizá que es en verdad tal cual. Tanto su marido como su amiga Selwa Anthony, su primera agente, imprescindible para ella, o Annette Barlow, editora en Australia, la dibujan como trabajadora impenitente y seria. "Tiene mentalidad de éxito; es centrada, apasionada, pero sobre todo cree en lo que hace. Y cuanto más éxito tiene, mayor es su determinación en mantener el equilibrio entre familia y popularidad", dice la primera. "Kate trabaja durísimo, es perfeccionista y muy modesta. Triunfa porque es contadora de historias nata. Escribe novelas de lo que ella adora; crea mundos en los que a millones de lectores les gusta perderse y personajes con los cuales querríamos pasar más tiempo", opina la segunda.

Solo la vemos perder la compostura cuando, en un despiste, su cachorro se cae a la piscina estando solo y su marido grita desde fuera al descubrirlo. Entonces ella, la escritora superventas, muta en madre aterrada que salta como un resorte de la silla y corre escaleras abajo creyendo que se trata de su hijo pequeño, un diablillo. Solo un susto. "Me obsesiona eso", dirá luego en la cena, en el restaurante Montrachet, un francés cercano a su casa al que acude a menudo con amigos.

Los terribles sucesos, tormentas, accidentes, varapalos y caprichos del azar al que están expuestos los personajes de sus novelas le horrorizan imaginados con sus propios retoños de protagonistas: menores abandonados a su suerte en un barco, obligados a trabajar en un Londres paupérrimo por madrastras inflexibles, la pobreza en el horizonte, la enfermedad, la locura, el aislamiento o el encierro… "Tengo pesadillas con eso. Mis mejores y peores momentos siempre están relacionados con los míos, con su salud, su bienestar". Todos los dramas para ella son familiares y secretos. Quizá ahí está su inspiración, de ahí su ansia por contar los ajenos.

Kate es delgada y lechosa de piel, de pelo liso castaño con reflejos dorados y un flequillo que se recoloca todo el rato con un solo dedo, un tic; piernas delgadas, ancha de caderas, se cubre mucho el pecho; boca perfecta y mirada directa que te aborda con franqueza. "Va siempre impecable", dice la fotógrafa, que la conoce porque comparten barrio. Y sí, viste clásico, con faldas adornadas con flores, zapato bajo o cómodo (presume de unos que se compró en Madrid). Es cercana, de esas personas que facilitan las cosas. No parece que el éxito se le haya subido a la cabeza: "Las cifras de ventas son una medida externa del éxito que se escapa a mi control, mi medida personal es el placer de escribirlos y amo en verdad escribirlos".

Y es madraza. Madruga para llevar a sus hijos, junto a su marido, al colegio. Oliver va a una escuela pública, que ella defiende por encima de todo, en la que participan activamente los padres (de hecho, la fotógrafa y ella no paran de comentar sobre asuntos lectivos). Los chavales juegan en los patios antes de entrar en las aulas. Lo único distinto a los centros educativos de cualquier otro mundo es que hace un calor pegajoso desde bien temprano, todo está rodeado de vegetación, los pájaros cantan y el conjunto produce un ambiente siestero increíble.

Sus costumbres incluyen tomar café cada día con amigas. Generalmente en un pequeño local, el Urban Grind. Hoy son dos escritoras; una de ellas, Louise Limerick, inmersa en su segunda obra, Lucindas’s whirlwind. Se ponen al día y hablan del futuro del mundo, al hilo del ensayo del liberal Niall Ferguson Civilization. The west and the rest, que les ha impresionado. Repasan asuntos caseros, comunitarios; cuentan de su país: "El Oeste está lleno de explotaciones mineras… lo que sí tenemos es escasez de agua, siempre". Y de literatura. Dejando a un lado a grandes autores nacionales como Peter Carey o Patrick White, dicen que leer (como el café) es moda en alza. "La literatura australiana vive un gran momento, con más publicaciones que nunca, sobre todo internacionalmente y en todo género", dice Kate.

De vuelta, en las paredes de su estudio, en su casa –moderna, pero tradicional: de madera blanca, tres pisos, mucho mirador lleno de plantas y sillones, cocina americana, estantes repletos de libros clásicos, un piano, fotos familiares en blanco y negro, juguetes y una divertida estatuilla de la reina Isabel que saluda sin pausa– cuelgan esquemas, garabatos, círculos con relaciones y nombres de escenarios y personajes de la nueva novela de esta mujer crecida en las montañas de Tamborine, apenas a una hora de Brisbane, adonde iremos luego. "¿Manías al escribir? Sí, tengo que quitarme todas las pulseras mientras escribo, no lo puedo remediar. Y otra bien preocupante: necesito cambiar de habitación en cada libro". Y para probarlo señala dos casas cercanas en la calle. Una antigua, preciosa: "Ahí escribí la de Riverton". Y otra más grande, azul: "Allí, El jardín".

Cuadernos y papeles se acumulan sobre la mesa y en el suelo; bajo un ventanal está ordenada su egoteca, las ediciones de sus libros en distintos idiomas. Una pizarra blanca señala lo que debe escribir cada jornada: dos mil palabras.

(…)

De repente, el misterio del éxito de Kate Morton se desvela. Ella lo sabe: necesitamos colocar un marco clásico a nuestras vidas, dotarlas de historia. Y ahí es donde ella, puntada de pasado va, puntada de presente viene, agarra el hilo del tiempo y lo borda. “

Tras el secreto de Kate Morton
Lola Huete Machado
El País

24/02/2012

05/03/2017

cerdanyola, 8 de març de 2017

8 DE MARÇ 2017 DIA INTERNACIONAL DE LES DONES


MANIFEST CONSELL DE POLÍTIQUES D’IGUALTAT DE CERDANYOLA DEL VALLÈS
               

El dia 8 de març és una de les commemoracions anuals més importants de l’agenda feminista. Aquesta data, símbol per a les dones dels cinc continents, ens recorda que la nostra lluita ve de lluny. De fets com la mort de les obreres nord-americanes al 1857 a l’incendi de la fàbrica Cotton de Nova York, com el de la lluita de les sufragistes o la feina de les mestres de la 2a República.

Amb l’inici de la Revolució Industrial la població femenina dels sectors populars es va incorporar al treball assalariat però sense deixar de ser responsables del treball de cura de les persones del grup familiar i de les activitats domèstiques. Nosaltres som les hereves d’aquelles dones pioneres en la lluita contra les desigualtats de gènere. És el nostre deure lluitar per fer-ne visible la capacitat transformadora dels feminismes per aconseguir una vida digna, lliure i socialment justa.

Són molts els avenços aconseguits, però també és molt el camí que cal recórrer en favor de la igualtat efectiva entre dones i homes. La crisi de la societat occidental actual és sistèmica i radica en el sistema de dominació més antic que explota i discrimina, el patriarcat, que ens ha fet creure que allò cultural és natural, que el seu propi règim creat i consensuat per a la dominació social és natural, i per tant immutable.

Una desigualtat que s’expressa en els diferents àmbits de les nostres vides:

- 7 de cada 10 víctimes de pobresa energètica són dones.

- Les dones representen el 60% de les llicenciades i en canvi més del 70% de les empreses no tenen cap dona als seus Consells d’Administració.

- El propi govern reconeix que la bretxa salarial entre se situa en un 26,6% a Catalunya. Amb una llei d'igualtat que continua sent menyspreada i amb noves lleis laborals que tornen a desprotegir les dones.

- I mentre es reconeix l’augment de la desigualtat salarial, a Catalunya el pressupost per a polítiques de dones ha baixat un 36% en els últims 7 anys. El de l’Estat encara és pitjor, amb una reducció del 61%.

- El treball assalariat tampoc no és garantia per poder dur a terme un projecte de vida emancipador per a moltes dones. Només amb polítiques de dones i recursos per fer-les efectives assolirem la justícia social.

Si volem acabar definitivament amb les discriminacions de gènere, cal que les dones siguem presents a tots els espais de decisió i de poder. Sense aquesta presència, totes les polítiques d’igualtat seran parcials i insuficients.



Per totes raons i moltes més:

Les dones de Cerdanyola DIEM prou a la violència masclista. En el que portem d’any són 18 les dones mortes per violència de gènere, i el pitjor és que els estudis indiquen que una part de la població en general i del jovent en particular no percep l’existència de desigualtats entre homes i dones i no identifica determinades conductes d’abús i control com a formes d’exercir violència masclista.

Les dones de Cerdanyola DENUNCIEM les violències sexuals, perquè són la màxima expressió de la dominació patriarcal. Les violències sexuals han de ser socialment contestades de manera contundent, sense qüestionar ni revitimitzar a les dones que pateixen les agressions.

Les dones de Cerdanyola DEMANEN a la fiscalia que estudiï les ordres d’allunyament demanades a Cerdanyola donat que un 60% són rebutjades, constituint un dels percentatges més alts de l’Estat Espanyol.

Les dones de Cerdanyola DEFENSEM una economia solidària basada en la sostenibilitat de tots els éssers del planeta per sobre de l’economia capitalista del benefici d’uns quants i en el comerç just.

Les dones de Cerdanyola VOLEM lluitar, perquè només amb la lluita es pot guanyar; una lluita passional, radical i compromesa. Els feminismes del segle XXI ens han de permetre a dones i homes canviar el món, posar fi a l’ordre social vigent i anar més enllà d’una societat de classes i patriarcal que tant de patiment, opressió i explotació genera.

Les dones de Cerdanyola REIVINDIQUEM el dret a decidir sobre el propi cos, a una vida en peu d’igualtat i lliure de violències patriarcals.

SENSE PASSIÓ NO HI HA REVOLUCIÓ!!

MARXEM PELS NOSTRES DRETS


03/03/2017

la llibretera dins la llum i quatre



Seu darrere del taulell.  La llum entra per la finestra com una ofrena.  Aquesta vegada no llegeix,  mira a fora.  A l'altra banda del vidre,  al carrer,  la vida circula i a ella li fa l'efecte que no s'hi havia fixat mai tant.  La claror viva d'un matí de primavera i tot-hom ja amb màniga curta per aprofitar la calor del dia.

Al seu terreny, florit de paraules vives,  atrinxerada i tranquil·la,  protegida de l'esclat del sol pel tendal daurat,  es nodreix del moviment del carrer,  se n'impregna,  hi troba un gran plaer. La vida l'ha acabat atrapant allà on s'ho esperava menys:  entre els llibres.  I,  tanmateix,  la vida sempre ens espera en allò que ens importa mes.  No es pot marxar enlloc, per fugir de la llum.

Torna cap a l'interior del seu jardí,  observa les piles ben ordenades i els colors amb què vesteixen el lloc. Totes les frases encadenades,  totes les paraules entreteixides procedeixen d'un únic moviment:  el de la llum que dona realitat a l'ombra.”

La llibretera dins la llum
Frank Andriat
traducció Anna Casassas
Sd-edicions, 2014; pàg. 149


01/03/2017

entrevista esperança castell



Entrevista a la nostra companya Esperança Castell a la revista  “Llavor cultural” :


“...la paraula poètica sorgeix de l’inefable, d’allò que sovint desconeixem. Com a molt podem aspirar a representar-la i a parlar-ne amb metàfores, perquè “la cosa en sí” és sempre inabastable. La realitat és misteriosa. La poesia beu d’aquesta font.”

sota l'aigua


El pintor y amigo alcoyano Benito Sánchez inaugura mañana exposición en Ripollet.  Titulada, “Sota l’aigua”, podréis visitarla del 02 de marzo al 31 de marzo de 2017, en la Sala d'Art del Centro Cultural de Ripollet.


La inauguración tendrá lugar a las 19.30 horas.