03/03/2019

espejos


“Las clases sociales

En los primeros tiempos, tiempos de hambre, estaba la primera mujer escarbando la tierra cuando los rayos del sol la penetraron por atrás. Al rato nomás, nació una criatura.
Al dios Pachacamac no le cayó nada bien esa gentileza del sol y despedazó al recién nacido. Del muertito brotaron las primeras plantas. Los dientes se convirtieron en granos de maíz,  los huesos fueron yucas,  la carne se hizo papa, boniato, zapallo...
La furia del sol no se hizo esperar. Sus rayos fulminaron la costa de Perú y la dejaron seca para siempre jamás. Y la venganza culminó cuando el sol partió tres huevos sobre esos suelos.
Del huevo de oro salieron los señores.
Del huevo de plata, las señoras de los señores.
Y del huevo de cobre, los que trabajan.

Organización Internacional del Comercio

Había que elegir al dios del comercio. Desde el trono del Olimpo, Zeus estudió a su familia. No tuvo que pensarlo mucho. Tenía que ser Hermes.
Zeus le regaló sandalias con alitas de oro y le encargó la promoción del intercambio mercantil, la firma de tratados y la salvaguarda de la libertad de comercio. Hermes, que después,  en Roma,  se llamó Mercurio,  fue elegido porque era el que mejor mentía.

División del trabajo

Dicen que fue el rey manu quien otorgó prestigio divino a las castas de la India.
De su boca brotaron los sacerdotes. De sus brazos, los reyes y los guerreros. De sus muslos, los comerciantes. De sus pies, los siervos y los artesanos.
Y a partir de entonces se construyó la pirámide social, q ue en la India tiene más de tres mil pisos.
Cada cual nace donde debe nacer, para hacer lo que debe hacer. En tu cuna está tu tumba, tu origen es tu destino: tu vida es la recompensa o el castigo que merecen tus vidas anteriores, y la herencia dicta tu lugar y tu función.
El rey Manu aconsejaba corregir la mala conducta: si una persona de casta inferior escucha los versos de los libros sagrados, se le echará plomo derretido en los oídos; y si los recita,  se le cortará la lengua.  Estas pedagogías ya no se aplican,  pero todavía quien se sale de su sitio, en el amor, en el trabajo o en lo que sea, arriesga escarmientos públicos que podrían matarlo o dejarlo más muerto que vivo.
Los sin casta, uno de cada cinco hindúes,  están por debajo de los de más abajo.  Los llaman intocables,  porque contaminan: malditos entre los malditos,  no pueden hablar con los demás, ni caminar sus caminos, ni tocar sus vasos ni sus platos.  La ley los protege,  la realidad los expulsa.  A ellos,  cualquiera los humilla;  a ellas, cualquiera las viola,  que ahí sí que resultan tocables las intocables.
A finales del año 2004, cuando el tsunami embistió contra las costas de la India, los intocables se ocuparon de recoger la basura y los muertos.
Como siempre.

Fundación religiosa del racismo

Noé se emborrachó celebrando la llegada del arca al monte Ararat.
Despertó incompleto.  Según una de las diversas versiones de la Biblia,  su hijo Cam lo había castrado mientras dormía.  Y esa versión dice que Dios maldijo a Cam y a sus hijos y a los hijos de sus hijos, c ondenándolos a la esclavitud por los siglos de los siglos.
Pero ninguna de las diversas versiones de la Biblia dijo que Cam fuera negro.  África no vendía esclavos cuando la Biblia nació,  y Cam oscureció su piel mucho tiempo después.  Quizá su negritud empezó a aparecer allá por los siglos XI o XII,  cuando los árabes iniciaron el tráfico de esclavos desde el sur del desierto,  pero seguramente Cam pasó a ser del todo negro allá por siglos XVI o XVII, cuando la esclavitud se convirtió en el gran negocio europeo.
A partir de entonces se otorgó prestigio divino y vida eterna al tráfico negrero. La razón al servicio de la religión, la religión al servicio de la opresión: como los esclavos eran negros, Cam debía ser negro. Y sus hijos,  también negros, nacían para ser esclavos,  porque Dios no se equivoca.
Y Cam y sus hijos y los hijos de sus hijos tendrían pelo motudo,  ojos rojos y labios hinchados,  andarían desnudos luciendo sus penes escandalosos,  serían aficionados al robo, odiarían a sus amos,  jamás dirían la verdad y dedicarían a las cosas sucias su tiempo de dormir.

Fundación científica del racismo

Raza caucásica se llama, todavía, la minoría blanca que ocupa la cúspide de las jerarquías humanas.
Así fue bautizada en 1775 por Johann Friedrich Blumenbach.
Este zoólogo creía que el Cáucaso era la cuna de la humanidad y que de allí provenían la inteligencia y la belleza.  El término se sigue usando,  contra toda evidencia, en nuestros días.
Blumenbach había reunido 245 cráneos que fundamentaban el derecho de los europeos a humillar a los demás.
La humanidad formaba una pirámide de cinco pisos.
Arriba, los blancos.
La pureza original había sido arruinada, pisos abajo, por las razas de piel sucia: los nativos australianos, los indios americanos, los asiáticos amarillos. Y debajo de todos, deformes por fuera y por dentro, estaban los negros africanos.
La ciencia siempre ubicaba a los negros en el sótano.
En 1863, la Sociedad Antropológica de Londres llegó a la conclusión de que los negros eran intelectualmente inferiores a los blancos, y sólo los europeos tenían la capacidad de humanizarlos y civilizarlos. Europa consagró sus mejores energías a esta noble misión,  pero no tuvo suerte.  Casi un siglo y medio después,  en el año 2007,  el estadounidense James Watson, premio Nobel de Medicina,  afirmó que está científicamente demostrado que los negros siguen siendo menos inteligentes que los blancos.

Inseguridad ciudadana

La democracia griega amaba la libertad,  pero vivía de sus prisioneros.  Los esclavos y las esclavas labraban tierras, abrían caminos, excavaban montañas en busca de plata y de piedras, alzaban casas, tejían ropas, cosían calzados, cocinaban, lavaban, barrían, forjaban lanzas y corazas,  azadas y martillos,  daban placer en las fiestas y en los burdeles y criaban a los hijos de sus amos.
Un esclavo era más barato que una mula. La esclavitud, tema despreciable, rara vez aparecía en la poesía, en el teatro o en las pinturas que decoraban las vasijas y los muros.  Los filósofos la ignoraban, como no fuera para confirmar que ése era el destino natural de los seres inferiores,  y para encender la alarma.  Cuidado con ellos,  advertía Platón.  Los esclavos, decía,  tienen una inevitable tendencia a odiar a sus amos y sólo una constante vigilancia podrá impedir que nos asesinen a todos.
Y Aristóteles sostenía que el entrenamiento militar de los ciudadanos era imprescindible,  por la inseguridad reinante.

Las agencias de noticias

Napoleón fue definitivamente derrotado por los ingleses en la batalla de Waterloo,  al sur de Bruselas.
El mariscal Arthur Wellesley, duque de Wellington, se adjudicó la victoria, pero el vencedor fue el banquero Nathan Rothschild, que no disparó ni un tiro y estaba muy lejos de allí.
Rothschild operó al mando de una minúscula tropa de palomas mensajeras. Las palomas, v eloces y bien amaestradas,  le llevaron la noticia a Londres.  Él supo antes que nadie que Napoleón había sido derrotado,  pero hizo correr la voz de que la victoria francesa había sido fulminante,  y despistó al mercado desprendiéndose de todo lo que fuera británico, bonos,  acciones,  dinero.  Y en un santiamén todos lo imitaron,  porque él siempre sabía lo que hacía, y a precio de basura vendieron los valores de la nación que creían vencida. Y entonces Rothschild compró.  Compró todo,  a  cambio de nada.
Así Inglaterra triunfó en el campo de batalla y fue derrotada en la Bolsa de Valores.
El banquero Rothschild multiplicó por veinte su fortuna y se convirtió en el hombre más rico del mundo.
Algunos años después, a mediados del siglo XIX, nacieron las primeras agencias internacionales de prensa: Havas, que ahora se llama France Presse, Reuters, Associated Press...
Todas usaban palomas mensajeras.

Los campos de concentración

Cuando Namibia conquistó la independencia,  en 1990,  se siguió llamando Göring la principal avenida de su capital.  No por Hermann,  el célebre jefe nazi,  sino en homenaje a su papá,  Heinrich Göring,  que fue uno de los autores del primer genocidio del siglo XX.
Aquel Göring,  representante del imperio alemán en ese país africano, había tenido la bondad de confirmar, en 1904, la orden de exterminio dictada por el general Lothar von Trotta.
Los hereros, negros pastores, se habían alzado en rebelión. El poder colonial los expulsó a todos y advirtió que mataría a los hereros que encontrara en Namibia,  hombres, mujeres o niños, armados o desarmados.
De cada cuatro hereros murieron tres. Los abatieron los cañones o los soles del desierto adonde fueron arrojados.
Los sobrevivientes de la carnicería fueron a parar a los campos de concentración,  que Göring programó. Entonces, el canciller Von Bülow tuvo el honor de pronunciar por primera vez la palabra konzentrationslager.
Los campos, inspirados en el antecedente británico de África del Sur,  combinaban el encierro,  el trabajo forzado y la experimentación científica.  Los prisioneros,  que extenuaban la vida en las minas de oro y diamantes,  eran también cobayos humanos para la investigación de las razas inferiores.  En esos laboratorios trabajaban Theodor Mollison y Eugen Fischer,  que fueron maestros de Joseph Mengele.
Mengele pudo desarrollar sus enseñanzas a partir de 1933.  Ese año,  Göring hijo fundó los primeros campos de concentración en Alemania,  siguiendo el modelo que su papá había ensayado en África.

Las desapariciones

Miles de muertos sin sepultura deambulan por la Pampa argentina. Son los desaparecidos de la última dictadura militar.
La dictadura del general Videla aplicó en escala jamás vista la desaparición como arma de guerra.  La aplicó,  pero no la inventó.  Un siglo antes,  el general Roca había utilizado contra los indios esta obra maestra de la crueldad,  que obliga a cada muerto a morir varias veces y que condena a sus queridos a volverse locos persiguiendo su sombra fugitiva.
En Argentina, como en toda América,  los indios fueron los primeros desaparecidos. Desaparecieron antes de aparecer.  El general Roca llamó conquista del desierto a su invasión de las tierras indígenas.  La Patagonia era un espacio vacío,  un reino de la nada,  habitado por nadie.
Y los indios siguieron desapareciendo después.  Los que se sometieron y renunciaron a la tierra y a todo fueron llamados indios reducidos: reducidos hasta desaparecer. Y los que no se sometieron y fueron vencidos a balazos y sablazos,  desaparecieron convertidos en números, muertos sin nombre, en los partes militares. Y sus hijos desaparecieron también: repartidos como botín de guerra, llamados con otros nombres, vaciados de memoria, esclavitos de los asesinos de sus padres.

La democracia

En 1889 murió la democracia en Brasil.
Esa mañana, los políticos monárquicos despertaron siendo republicanos.
Un par de años después se promulgó la Constitución que implantó el voto universal. Todos podían votar,  menos los analfabetos y las mujeres.
Como casi todos los brasileños eran analfabetos o mujeres, casi nadie votó.
En esa primera elección democrática, 98 de cada 100 brasileños no acudieron al llamado de las urnas.
Un poderoso hacendado del café, Prudente de Morais, fue elegido presidente de la nación. Llegó de São Pablo a Río y nadie se enteró. Nadie fue a recibirlo, nadie lo reconoció.
Ahora goza de cierta fama, por ser calle de la elegante playa de Ipanema. “


Espejos. Una historia casi universal
Eduardo Galeano
Fragmentos de la obra seleccionados y publicados
en la edición de El País de fecha 23/03/2008

eduardo galeano, autor del mes



Eduardo Germán Hughes Galeano nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, era hijo de Eduardo Hughes Roosen y de Licia Ester Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para firmar como escritor o periodista.
Cuando era un adolescente comenzó a publicar caricaturas para El Sol, un periódico socialista en Uruguay, con el seudónimo de "Gius", también fue obrero en una fábrica de insecticidas y pintor de carteles entre otros oficios, a pesar de provenir de una familia de la clase alta.
Se inició como periodista a comienzos de 1960 como editor del semanario Marcha y del diario Época luego del golpe de Estado en su país del 27 de junio de 1963 fue encarcelado y posteriormente se instaló en la Argentina.
Una década después fue el director de la revista cultural y política Crisis, fundada por Federico Vogelius (1919-1986): "Fue un largo acto de fe en la palabra humana solidaria y creadora (...) Por creer en la palabra, en esa palabra, Crisis eligió el silencio. Cuando la dictadura militar le impidió decir lo que tenía que decir, se negó a seguir hablando", dijo al cierre en agosto de 1976.
Ese mismo año, su nombre integró la lista de condenados por la dictadura militar argentina, presidida por Jorge Rafael Videla, y viajó a España.  Allí escribió la trilogía "Memoria del fuego" (Los nacimientos, 1982; Las caras y las máscaras, 1984, y El siglo del viento, 1986) donde revisita la historia del continente latinoamericano.
El uruguayo estuvo casado con Silvia Brando, con quien tuvo una hija, Verónica Hughes Brando; luego, con Graciela Berro Rovira, con quien tuvo dos hijos: Florencia y Claudio Hughes Berro y por último con Helena Villagra.
En 1985 regresó a Montevideo cuando Julio María Sanguinetti asumió la presidencia del país por medio de elecciones democráticas,  junto a Mario Benedetti, Hugo Alfaro, entre otros funda el semanario Brecha. Y luego su propia editorial El Chanchito.
Además, integró la "Comisión Nacional Pro Referéndum" (entre 1987-1989), constituida para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado,  promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los crímenes cometidos durante la dictadura militar en su país (1973-1985).
En enero de 2006, Galeano se unió a figuras internacionales como Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Ernesto Sabato, Thiago de Mello y Carlos Monsiváis, en la demanda de soberanía para Puerto Rico. Además firmaron en la proclamación de independencia del país.
En 2007 le diagnosticaron un cáncer de pulmón pero fue operado rápidamente y el diagnóstico precoz hizo que no tuviera ninguna secuela de esa enfermedad.
El presidente venezolano Hugo Chávez -en abril de 2009- entregó una copia de "Las Venas Abiertas de América Latina" -libro que fue prohibido en su momento por varias dictaduras latinoamericanas- al presidente estadounidense Barack Obama durante la quinta Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad y Tobago.
Por su obra, Galeano fue galardonado con el Premio Casa de las Américas 1975, 1978; Premio del Ministerio de Cultura del Uruguay 1982, 1984, 1986, American Book Award 1989, Premio Stig Dagerman 2010 y Premio Alba de las letras 2013.
En ocasión de recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana en 2001, el escritor dijo: "He amado a esta isla de la única manera que es,  digna de fe,  con sus luces y sombras",  mientras que el jurado definió con certeza al escritor y periodista como "un recuperador de la memoria real y colectiva sudamericana y un cronista de su tiempo".


En “El diario de la República”
13/04/2015

01/03/2019

manuel de pedrolo, comiat




“… Però m’importa d’afegir que si en el futur he de ser recordat, m’agradaria ésser-ho no com un simple creador de mons imaginaris, de ficcions, sinó, per damunt de tot, com un català que en un moment de la història del seu país, aquell que li tocà de viure, un moment tan difícil i propici a tots els abandons, va restar fidel a la seva terra i a la seva llengua i que, com que no podia servir-la d’altra manera ni tenia altres facultats, li donà unes dotzenes o uns centenars de criatures que eren, que són, també d’aquí, i que, fent això, contribuí a la continuïtat d’un fer cultural, a la prolongació d’un projecte que ens és propi i a donar fe d’una manera d’ésser i d’existir prou forta, prou plena de vitalitat, fins i tot prou exuberant per a permetre en el seu si la presència dels inconformistes que, com jo, voldrien revisar conceptes i estructures, no per vici ni afany de novetat, ans perquè l’home els fa mal i els fa mal la pàtria, i voldrien que uns i altra fossin millors, però ells mateixos, sense pèrdua de personalitat, al contrari, amb una personalitat acrescuda, prou poderosa per a imposar-se més que per la força o l’habilitat de maniobra, per la seva integritat i el valor indiscutible dels principis que tots hauríem de professar: llibertat i justícia en un món que ara per ara només manipula aquestes paraules que han deixat d’ésser, si ho foren algun cop, carn de la seva carn i sang de la seva sang.

En la nostra condició de catalans, de poble tan repetidament maltractat pels atzars de la història, tots sabem que només hi ha una manera d’ésser lliure i d’ésser just: ser conscients de nosaltres mateixos i no permetre que mai se’ns arrabassi aquesta consciència, perquè l’home que es renega ja no és ningú per a decidir i les seves obres ja no li pertanyen: ha perdut tot sentit de la responsabilitat. Per això sóc i vull seguir essent un escriptor català, i en aquest concepte poso tot el meu orgull. Vull ésser responsable i que la meva obra, constructiva o destructora, respongui per mi.

Res més."

Manuel de Pedrolo, 1962
(discurs del Premi Sant Jordi per Balanç fins a la matinada)

28/02/2019

totes les bèsties de càrrega, final




“— És la primera vegada, oi?
— La segona —diu ell.
La dona torna a comprovar els papers.
— No ho diu pas, aquí.
— Us devíeu oblidar de consignar-ho.
— No ens oblidem mai de res —li replica ella amb un esguard sobtadament enverinat.
Ell assenyala cap a la documentació.
— Us la vaig donar a vós mateixa...
— Aquests papers no han estat mai aquí —s'entossudeix ella. I, definitiva —: Tercera taula.
Hi seu un homenet que fa punta curosament a un llapis ja prou punxegut i que, indiferent, diu:
— Deixeu-los aquí. Us seran retornats en sortir, com de costum.
— L'altra vegada no me’ls van tornar —explica ell.
A l'home li rellisca la fulla d'afaitar que enceta un extrem de la taula. Ell, però, filosòficament, es limita a polir-lo una mica amb el dit ple de saliva, torna a alçar la mà.
— En sortir —repeteix, sense acceptar el diàleg—. Els trobareu aquí.
L’home baix el toca pel braç.
— Anem.
Surten al passadís i l'acaben de recórrer fins que s'eixampla en un petit vestíbul on hi ha l'ascensor que ara funciona. El llumet vermell salta d'un pis a l'altre, s'apaga per tornar-se a encendre, sense obeir les ordres de l’home que clava el dit al botó corresponent.
— L’altra vegada hi vam passar deu minuts —comenta ell, sense obtenir resposta.
Ara, però, tenen més sort, els llums es van encenent en sentit ascendent, només un cop rellisquen del tercer al segons pis, d'on pugen de nou sense defallença fins que la porta s'obre a llur davant.
Empentegen per tal d’incrustar-se en la massa de doctors i d'infermeres, dones de la neteja i practicants que s’apiloten en una caixa estreta però d’una capacitat poc ordinària, car més avall encara acull una altra infermera, i dos ajudants al segon pis,  d'on l'ascensor davalla gairebé vertiginosament fins que algú el torna a cridar des de dalt. Aleshores frena en sec, remunta amb la mateixa ingravidesa, accepta un individu barbut que tots saluden i cau de nou
com si hagués perdut els cables.
En arribar a baix tothom s’escampa cap a les cinc portes que menen als cinc quiròfans, numerats, i ell s'orienta cap al segon. L’home, però, el subjecta pel braç.
— Cap aquí.
— No anem al segon?
— És aquest, ara —li diu l’altre, assenyalant el quart—. Mireu.
Al costat de les portes,  sobre els muntants,  hi ha les rectificacions,  escrites en guix, menudes. Se les mira, mira l'home que es mig justifica:
— Suposo que és provisional... I ara, a callar.
Empeny la porta i penetren en l’habitació on els acull una atmosfera espessa de carn humana, de vapors d’èter,  de cloroform,  que l'obliga a tancar els ulls un moment i a obrir la boca en un intent, gairebé inútil, de respirar.  El cor se li enfila a la gargamella, encara no aquietat del trasbals de l’ascensor, el pulmons es desinflen sota les costelles, la tràquea té un moviment espasmòdic abans d’admetre un glop d’aire dens i raspós que se li enganxa al paladar. S’asfíxia.
S’asfixien tots.”

Totes les bèsties de càrrega
Manuel de Pedrolo
edicions 62,  1980
(1º edició en la mateixa editorial, 1967; escrita l’any 1965)
Pàgines 298-300



“Mai no es llegeix prou, encara que es llegeixi massa.”


Manuel de Pedrolo

26/02/2019

totes les bèsties de càrrega, cinc




 “Unes veus mormolen en la fosca i l’home espera un moment.
— Ja sé que us desagrada —diu seguidament—. I a mi. Però amb escrúpols d’aquesta mena no es pot fer una guerra —afegeix amb duresa—. I això és una guerra. Ens cal un màxim de seguretat. Som l’avançada d’un moviment que ha de començar renunciant a tot, llevat de l’esperança... Però no em feu fer discursos. Els discursos són per a ells que han d’enganyar i mentir... Si cap de vosaltres té alguna raó vàlida per a oposar-se a aquesta decisió, que l'exposi i l'estudiarem.
Hi ha un silenci llarg, perquè ara ni els murmuris no se senten. L'home escruta la fosca a dreta i esquerra.
— Molt bé. El nostre delegat administratiu té preparades vint-i-vuit documentacions completes que els indocumentats podeu entrar a demanar-li. S'alcen unes rialletes i tot seguit s'observa un moviment entre els reunits, alguns dels quals se separen de la massa dels arbres i avancen cap a la barraca de l'altre extrem. El xicot el toca pel braç i li diu:
— Vine.
En veure'ls, el cap alça els ulls, dues escletxes concentrades que proven d'identificar-los en la fosca i que aparentment ho aconsegueixen.
— Ah, ja has sortit! —fa—. Em preguntava si series tu o la teva dona. — Avança la mà, li engrapa els dits en una encaixada que es perllonga—. Per desgràcia, en perdrem molts, encara —diu.
— Et porto un company —contesta el xicot—. Era a la presó, també.
El cap el fita.
— Eres d’una organització? Us van destruir, potser?
— Vaig protestar perquè mataven la mare.
— Això fem tots —diu l’home—. Però amb paraules no n’hi ha prou. —“


Totes les bèsties de càrrega
Manuel de Pedrolo
edicions 62,  1980
(1º edició en la mateixa editorial, 1967; escrita l’any 1965)
Pàgines 264


“Sebastià Bennasar recorda que a la correspondència entre Joan Sales i Mercè Rodoreda, l’autora de La plaça del diamant considera Pedrolo “l’enemic a batre”.


25/02/2019

obstinat pedrolo




“Totes les bèsties de càrrega  és la invitació més impressionant que cap escriptor català hagi fet a la solidaritat i al servei.  És també una de les obres més importants de l'autor.  No sé si la més important. Això és difícil de dir,  perquè, a causa de l'afany de Pedrolo d'assajar tècniques diferents,  de tractar els temes més variats i d'assenyalar els problemes més vius i més urgents de la nostra societat,  les seves obres més importants són diverses.  Vull dir que la més important serà una o serà una altra segons l'angle des del qual s'enfoqui el judici.  Totes les bèsties de càrrega té la seva acció,  per dir-ho amb mots d'un comentarista discret,  en un país imaginari,  al qual el lector sensible es troba aviat incorporat perquè,  passades les primeres pàgines, s e sent el protagonista i reviu,  en la lectura d'una història metafòrica,  la seva aventura de membre d'una comunitat que es resisteix a la destrucció.

L'obra de Manuel de Pedrolo es divideix,  des d'un cert punt de vista - segons el meu parer-, en dos grups de textos:  l'un per als qui vulguin entendre i l'altre,  sobre un món concret i immediat,  en el qual aquest món és descrit amb una minuciositat zolesca. Totes les bèsties de càrrega pertany al primer grup.

El llenguatge i les imatges de Manuel de Pedrolo en aquest llibre són d'una gran cruesa; a  vegades,  alguna escena voreja la caricatura... L'una cosa i l'altra estan al servei del fi proposat. Res no hi és desplaçat. Per a dir el que calia dir, Pedrolo havia de recórrer a procediments originals,  i ho ha fet amb una eficàcia sorprenent.  Bé,  sorprenent no,  perquè ja ens és coneguda la seva habilitat narrativa: insòlita.  L'acció,  aparentment fantàstica,  és de fet d'un realisme punyent.  Transcorre en un període breu de temps,  però aquest període breu de la novel·la abasta un període d'anys, que el lector coneix, de persecució i de resistència,  de dubtes i de febleses,  de cansament i de recuperació,  de sorpreses i de treball pacient,  d'irritació i de cops d'audàcia,  d'il·lusions malèvoles i de resignació impacient... És el resum,  en unes tres-centes pàgines, d'una de les etapes més perilloses de la història d'un poble.  Parlant de la història escrita,  Jaume Vicens Vives,  a la seva Notícia de Catalunya, va dir:  "Per a la tasca de conèixer-nos necessitem la col·laboració dels poetes,  dels novel·listes, dels assagistes, dels esperits que tenen el do d'intuir,  sense documentació prèvia,  els batecs més ocults de l'ànima del poble. Una estrofa genial -on les paraules prenen l'equilibri just forçat pel ritme-,  una descripció espurnejant - on es defineix un esperit individual o col·lectiu-, poden esclarir en un instant replecs íntims on mai no podrà arribar el més ben muntat microscopi documental".  Totes les bèsties de càrrega és, per al lector iniciat, aquest complement literari a la història documental que Vicens Vives reclamava en un to una mica impacient.  Amb raó,  perquè han estat pocs els narradors catalans que hagin considerat que el seu servei podia anar més enllà del simple fet d'escriure en català -que és,  naturalment,  per si sol,  un servei gairebé sempre fet amb més sacrifici que glòria i guany-.  Manuel de Pedrolo ha entès,  amb d'altres,  que calia anar més enllà d'aquest simple fet d'escriure en català;  i,  si ell ha trobat l'època que li proporciona el tema escaient per a les seves grans ambicions literàries, la nostra època ha trobat,  en aquest autor,  el novel·lista que li convenia”.

9 obstinats
Vicenç Riera Llorca