07/11/2020

la cuina de vespres literaris

 



Focaccia

por Montse Prim

 

 INGREDIENTS:

 

300 grams de farina

150 cl.,  d’aigua tèbia

1 cullerada rassa de llevat sec

Un polsim de sal

30 cl., de oli d’oliva

Romaní en pols

Orenga

Olives

 

ELABORACIÓ:

 

a-Barrejar en un recipient l'aigua tèbia amb el llevat i l'oli. Afegir la barreja a la farina amb sal.

 

b-Amassar enèrgicament, afegint oli i / o farina si fos menester.

 


c-Un cop pastada, deixar en repòs durant dues hores la massa, protegida per paper film i un drap de cotó.

 


d-Greixar un safata de forn amb oli d'oliva i estendre la massa sobre la mateixa. Un cop estesa, amb un dit incidir en punts regulars al llarg de la massa; escampar el romaní i l'orenga i posar les  olives a les incisions practicades en la massa.




Deixar reposar la massa estesa i preparada durant un mitja hora més.

 


e-Coure al forn a 200 graus durant dotze, quinze minuts.

 f-A l'acabar la cocció, afegir sal gruixuda i servir temperada.

 


Bon profit!



06/11/2020

nubosidad variable, 6

 

Carmen Martín Gaite


Écfrasis y experiencia estética. El tiempo derretido de 'Persistencia de la memoria' en 'Nubosidad variable' de Carmen Martín Gaite

por Arlett Cancino

 (La écfrasis​ es la representación verbal de una representación visual)

“(…) en el mundo narrativo de la novela, la pintura de Dalí posee un sentido trascendental para la etapa existencial por el que pasa Sofía y que finalmente resuelve a través de un fuerte proceso reflexivo y autocrítico. Con ella descubre que la memoria derretida del recuerdo construye una ética con base en la subjetividad personal, ética más acertada porque se enriquece con las anécdotas vitales del ser humano y abandona la objetividad del discurso racional, algo por lo que abogan autores como Henry Giroux, Paul Ricoeur y Jorge Larrosa.

Cada una de las obras a las que hace referencia Gaite dentro de esta novela implican una identificación de sentidos que permite una transformación positiva, cada una representa una explosión catártica o purificación interior. Al final la rememoración del pasado, al lado de las experiencias estéticas que se padecen con estos textos culturales, conduce a una revaloración de la subjetividad para la construcción de una identidad más sincera.

La mayor parte de la producción narrativa de Carmen Martín Gaite apela a estas ideas. Responde a la contemporaneidad cuando construye personajes que confrontan su existencia a través de las interpretaciones que hacen de la textualidad cultural. Para ella la identidad se configura con las lecturas del mundo, el ser humano debe apelar a su bagaje para comprenderse y definir su realidad. El arte se convierte, de esta manera, en el vehículo adecuado para interpretación del yo.”

 

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05/11/2020

nubosidad variable, 5

 



Carmen Martín Gaite y Nubosidad variable en el canal LÉEME

 

“La idea original de Léeme fue un programa sobre libros para televisión por internet. Con esto en mente, grabamos una primera temporada compuesta por 12 episodios de media hora de duración. Cada capítulo tiene como protagonistas a un libro y a su autor. Nos adentramos contigo en su universo y relacionamos cada una de sus piezas con tu vida cotidiana. ¿Para qué? Para que te identifiques con lo que te estamos contando y, al acabar el programa, tengas muchas ganas de leer el libro. ¿En qué se diferencia Léeme de una reseña normal? Léeme está pensado como un programa de televisión… sólo que, en vez de en la tele, emitimos en internet. Grabamos en distintas localizaciones, incluimos conversaciones con otras personas, rodamos secuencias alocadas… En resumen: no se trata sólo de dar una opinión sobre un libro, sino de crear una experiencia completa alrededor de ese libro y su autor.”




04/11/2020

nubosidad variable, 4

 


El arte de escribir, persistencia de la memoria

en Club de Lectura Virtual, bibliotecas de Castilla y León

 

“Si hay algo que caracteriza a esta novela es una declaración explícita de amor a la literatura, a la lectura y a la escritura. Esta pasión se siente como una necesidad y una forma de vivir también en sus personajes. “Siempre me ha gustado colgarme de las palabras”, dice Sofía en el capítulo “Conversación con Daría”, un ejemplo muy bello de los muchos que hay en el libro y que refleja ese amor por las palabras y su poder para descifrar el mundo. La literatura es el nexo de unión de estas dos mujeres. Sofía ha desarrollado esta pasión desde niña y se la ha contagiado a Mariana. A Sofía le gustan las historias de los cuentos, las novelas, la poesía y el poder de imaginar. Mariana, por su carácter menos apasionado, prefiere otros géneros como el ensayo. Contagiada del espíritu apasionado de Sofía por la ficción, le dice que ante su poder de crear un paisaje imaginario, ella siente el gozo de cultivarlo,  “Mi patria es la escritura”.

La novela está llena de referencias al proceso de escribir y de formación de una novela. Sus dos protagonistas han iniciado el difícil desarrollo de la escritura por necesidad, catarsis, liberación, refugio, etc. Como son conscientes de que no se puede huir de la realidad desean convertir lo sórdido y lo rutinario en literatura para mirar la realidad desde la distancia y suprimir las barreras entre lo real y lo imaginario. La vida y la soledad, como dice Mariana, toman cuerpo en la escritura. La realidad se entiende mejor desde la ficción.

En este proyecto literario novelesco cabe todo: el ensayo, el cuento, la poesía o el teatro a través de esas escenas dialogales. Son muchas las posibilidades y las formas de contar que ofrece la novela. Martín Gaite nos muestra además diferentes perspectivas o puntos de vista a través de sus dos protagonistas y sus desdoblamientos, de técnicas, como el estilo indirecto libre, el diálogo o el monólogo interior.

Otro elemento al que se alude constantemente y que tanta importancia tiene en la literatura es el “tiempo”. El tiempo real no es el mismo que el tiempo en la literatura. En ésta, el tiempo no hace estragos. Recordad la escena en la que Mariana cuenta cómo el inicio de su amistad con Sofía proviene del recuerdo del profesor que le viene a la mente a través de sus palabras y de su forma de recitar las “Coplas de Jorge Manrique” que precisamente hablan de la fugacidad del tiempo de la vida. “Siempre a vueltas con el tiempo”, dice Mariana. Aún sabiendo de la dificultad de fijarlo, solo las palabras consiguen aumentarlo, extenderlo o saltar esas “estancias del presente y del pasado” e imaginar estancias futuras.

La literatura refuerza los lazos de unión no solo entre Sofía y Mariana en la reconstrucción de su historia de amistad, sino también provoca esa simbiosis que Sofía tiene con su hija a través de las historias contadas, una relación que da sus frutos literarios en ese capítulo final bajo el título “La persistencia de la memoria” haciendo un guiño al cuadro de Dalí.

Sofía Montalvo y Mariana León, dos mujeres unidas por una infancia de amistad que necesitan recuperar por la insatisfacción que sienten ante la vida tan diferente que a cada una le ha tocado vivir. Reconstruir sus vidas y reencontrarse es una necesidad vital para ellas: “limpiar las tuberías del alma” para iniciar una relación transparente. Ambas mantienen un diálogo asincrónico a lo largo de la novela a través del ejercicio de la escritura: Sofía a través de sus cuadernos y Mariana con sus cartas dirigidas a Sofía de las que solo le envía una.

Algunos críticos consideran que es uno de los pocos libros que tratan de la amistad entre dos mujeres como solidaridad femenina, cómplices de habitar un mundo en el que no encajan, lleno de contradicciones y transformaciones que afectan especialmente a la mujer que se siente incapacitada para tomar las riendas de su vida, fuera del papel que se les ha asignado en la sociedad en la que viven.

Las dos viven sin carencias económicas y han decidido seguir un camino diferente. Sofía, a través de sus cuadernos, nos explica que desde niña poseía un poder especial para imaginar y crear, para jugar con las palabras, para evadirse a otros mundos porque no le gustaba la realidad. “Está usted en las nubes, señorita Montalvo” le decía su profesor. Define su vida de una forma muy breve y contundente: “desgana generalizada”. La vida para ella ha consistido en intentar aprobar un montón de asignaturas (aprobar en familia, en trato conyugal, en suavizar asperezas, en maternidad activa, etc…). Condenada a la abnegación, su único refugio es la ficción que le ofrece la lectura, y la escritura como liberación que le permite ir recomponiendo esa vida que se le ha roto en cachitos. “Cuando no podía entender las cosas por orden, se me ponía delante de los ojos como una nube que me tapaba el sol, me había pasado siempre desde pequeña. Y para volver a ver la luz tenía que inventarme una historia que explicara las otras”. “Escribir me sacaba del infierno”.

Mariana León, una prestigiosa psiquiatra que ha optado por una vida independiente, alejada de toda esa pasión que caracteriza a Sofía, es una mujer racional y fría que acumula numerosos fracasos amorosos por el miedo a perder el control. Siente la simbiosis con la psiquiatra que lleva dentro como una condena. Desea huir de sí misma e inicia un viaje al sur de España para escribir un ensayo sobre el erotismo, que no es más que un viaje interior, de reflexión, sobre el amor y el estado de soledad en el que se encuentra y al que le ha conducido su vida “viciada por llevar las riendas de mi propia voz”, representada por esa calle de la Amargura en la que Mariana se refugia. Uno de los capítulos más interesantes donde Mariana muestra toda su desnudez es “Strip-tease solitario”. Todo un tratado sobre la soledad con sus contradicciones.

Cada una de estas mujeres  a través del autoanálisis, nos abre las puertas de su mundo interior muy complejo , influenciado por sus lecturas, su mente creativa, sus sueños y sus vivencias personales que discurren a veces de forma vertiginosa,  dejando numerosos espacios abiertos que el lector puede imaginar. La novela está también llena de alusiones literarias, artísticas (pintura, arquitectura, cine), alusiones al mundo del psicoanálisis, reflexiones filosóficas y sobre el proceso de la escritura. Recomponer de la forma más completa toda esta trama es un juego que Carmen Martín Gaite propone al lector a través de la técnica del “collage”. “


03/11/2020

nubosidad variable, 3

 

Una de las mejores novelas españolas

por José María Pozuelo Yvancos

Zenda, cinco de mayo de 2018

“Nubosidad variable aparece en 1992, tras catorce años de silencio narrativo. Puede considerarse una obra maestra, sin duda una de las mejores novelas que nos dejó Carmen Martín Gaite. Tiene esta novela la particularidad de ser la que mejor comunica con sus Cuadernos de todo (la obra póstuma aparecida en 2002). Esa comunicación se da de dos maneras. Por una parte, la novela misma se concibe como unos cuadernos que sus dos protagonistas, Sofía Montalvo y Mariana León, van escribiendo en una correspondencia no enviada de la una a la otra. En segundo lugar, a lo largo de los Cuadernos de todo hay mucha información sobre el proceso de gestación de la novela, en temas, lecturas y preocupaciones.

Nubosidad variable es una novela publicada en un momento muy especial de la vida de Carmen Martín Gaite, pero sobre todo de la vida española y más en concreto del lugar de las mujeres a la altura de 1992. La trama trae la crisis de dos mujeres muy distintas, quienes habiendo sido amigas íntimas en el bachillerato se separaron luego. Tras muchos años de esa separación se reencuentran de modo casual en la inauguración de una exposición de pintura y se prometen la una a la otra las narraciones que el lector va a ir leyendo y que solamente al final de la novela se entregan, como una escritura que va a sustituir a la vida. Este tema metaliterario de una novela que no está hecha y cuya trama es resultado de la propia escritura, es un acento muy moderno, peculiar de la última etapa de la narrativa de Martín Gaite.

Pocas novelas hay en la literatura española actual que puedan decir tanto sobre el feminismo, pues la condición femenina la atraviesa. Tal como trata Martín Gaite a sus dos personajes protagonistas, su posición feminista tiene poco de militancia convencional, y mucho de profunda mirada, ajena a los tópicos que socialmente eran imperantes en los años ochenta dentro de la progresía. De hecho, Sofía Montalvo, una mujer casada, que no trabaja fuera de casa, burguesa, sufre la soledad de un matrimonio que se ha hecho añicos. Siendo una burguesa de posición, no lo es de mirada, puesto que su lucidez frente a los distintos ismos ideológicos y posiciones de la alta burguesía sobrevenida en forma de nuevos ricos, la hace especialmente crítica y avanzada. Hay en la novela, sobre todo en la parte narrada por Sofía un repaso bastante lúcido que puede funcionar de rendición de cuentas, a modo de un desencanto sobre distintas opciones. No deja, por ejemplo, sin decirse la situación parasitaria de sus hijos, niños bien que viven en comuna en un piso heredado de la abuela, sin trabajar, entregados a distintas mistificaciones ideológicas que Sofía va deconstruyendo, así como muchos de los relatos socio-políticos y mitos (Che Guevara, Hermann Hesse, revolución del 68) que eclosionaron en el Madrid de la movida, pero que a la altura de la publicación de esta novela mostraban ya una mueca de desencanto y fin de fiesta, que convierte esta obra en especialmente reveladora de aquella temperatura social que Martín Gaite atrapa como nadie.

 

En el otro lado está Mariana León, psiquiatra bien situada profesionalmente, quien pese a tal realización profesional, sin embargo es personaje mucho menos fuerte. Vive desnortada, entregada a un amor destructivo hacia un escritor homosexual egoísta, de quien huye. Toda la parte narrada por Mariana es el relato de una huida, de un temor a enfrentarse a una situación que contempla con lucidez racional, pero frente a la que es inútil emocionalmente. Quizá la línea de fuerza más sobresaliente de esta novela se encuentre ahí: en la tesis de que de poco sirven las construcciones racionales y las determinaciones voluntaristas, puesto que, como criaturas, están sujetas a los vaivenes propios de indeterminaciones, para lo que sirve el motivo recurrente de las nubes, que van dibujando un paisaje esencialmente inestable, huidizo.

Muestra en esta novela Martín Gaite un pulso reflexivo muy poco común que va caminando hacia dentro, que es donde se resuelve casi por entero, puesto que como anécdota hay una continua fuga, como si fuera una obra en marcha. Por eso ha sido tan importante la estructura narrativa elegida, que me ha parecido magistral, en el orden de ser un trasunto estructural de lo que la autora quiere decir. Al igual que el mundo de las dos mujeres, la novela misma va mostrando su inestabilidad en distintos registros. Hay cartas que no se envían (Mariana escribe y escribe, sin decidirse a enviar a Sofia su resultado), hay sueños dominados por la irracionalidad, hay recuerdos familiares (como los de la playa de Suances), de emocionada complicidad de Sofía con su hija Encarna, hay diálogos casi teatrales (en casa de Silvia, la aristócrata neurótica), hay una inestabilidad en los mismos espacios como el hotel de la playa gaditana en donde Mariana se refugia y esconde…

En el fondo, Nubosidad variable es testimonio de un desencanto hacia lo externo y las apariencias. Y como siempre en Martín Gaite, una apasionada búsqueda de interlocutor, de las dos amigas la una con la otra, y de la autora con ellas, también consigo misma y con el lector. Una obra que permanecerá entre las mejores que ha dado la novela española en el final del siglo XX, que fue tiempo de cierre para tantas ilusiones sociales y personales.”


02/11/2020

nubosidad variable, 2

 


Una perspectiva psicoanalítica de Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite

por Suzanne LaLonde

Departamento de Lenguas Modernas, Universidad de Texas

 

En su obra La vida del espíritu, Hannah Arendt arguye que la psicología, psicología profunda o psicoanálisis, no descubre más que los siempre cambiantes estados de ánimo, los altos y bajos de nuestra vida psíquica y que sus resultados y descubrimientos no son particularmente interesantes ni significativos por sí mismos. La “psicología individual,” por otro lado, prerrogativa de la ficción, de la novela y del drama, jamás puede ser una ciencia; como ciencia sería una contradicción en términos. A juzgar por los comentarios de Arendt, podría suponerse que la literatura ofrece una iluminación de la vida del espíritu, cosa que la psicología y el psicoanálisis no pueden hacer. En otras palabras, la literatura parece pintar un cuadro más complejo y más completo de la condición humana, aunque no más claro. Esta idea tan provocadora (especialmente en un mundo post-post-moderno en el que la ciencia pareciera ser la herramienta suficiente para describir y entender el espíritu humano) aparece como el tema principal de la obra Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite. Aunque, como lo afirma Mercedes Carbayo-Abengozar, Martín Gaite tenía “un profundo interés por el psicoanálisis,” Nubosidad variable es una crítica aguda del psicoanálisis científico. (…) 

Basta comenzar a leer la obra para entender la importancia del psicoanálisis en Nubosidad variable. Los dos personajes principales Sofía y Mariana conocen muy bien el campo: Mariana de una manera teórica, puesto que es psiquiatra de profesión; mientras que Sofía de una manera personal, ya que ha recibido tratamiento psiquiátrico. Al principio de la historia, Mariana actúa como psiquiatra con su amiga Sofía. Mariana intenta leer el alma de su amiga: “Siempre he sabido que lo que necesitas es un estímulo, y ahora no me das la impresión de que tengas muchos” . Y como una profesional honesta, Mariana confiesa: “Ahora sé por mis estudios y por confidencias del diván que las cosas que no se aclaran a su debido tiempo van formando como un muro de escoria porosa que enseguida se empieza a solidificar hasta que al final no hay piqueta que lo derribe”. Ella le ofrece también ayuda: “Ahora me lo pregunto y me encantaría poder viajar hacia atrás por el túnel del tiempo para ayudarte a disipar esa sensación de culpa, si la hubo, y tal vez contribuir a que las cosas no acabaran tan mal para ti como supe luego que habían acabado” . Aunque Sofía no sea su paciente, Mariana le da una receta de Loramet para tranquilizar sus nervios. En pocas palabras, parece claro, por lo menos al principio del libro, que Mariana está segura de su vocación para “investigar los caminos tortuosos del mundo interior” . Sin embargo, poco a poco Mariana se va a mirar en el espejo y escuchar la voz de la conciencia para entender su vocación de una manera diferente, aun antitética. 

Pero volvamos al asunto de la condición de Sofía antes de examinar con más detalle los problemas psicológicos de Mariana. Debemos prestar atención al hecho de que Mariana haya dado una receta de Loramet a Sofía. ¿En vez de darle una receta, no habría sido mejor procurar entender de una manera más profunda los problemas psicológicos de su amiga? Es evidente que ésta mantiene una relación muy difícil con su esposo. Como ejemplo gráfico de esto citemos el diálogo entre Sofía y su esposo relatado en su cuaderno: “-¿Te pasa algo?- me preguntó-. No sueles despertarte tan temprano. -Es que he tenido un sueño muy raro y estaba tratando de acordarme de cómo era. Me duele un poco la cabeza. -¡Qué manía tienes de no tomar la pastilla!”. Parece que el marido no tuviera ninguno interés en el sueño de su esposa. Es innegable además que él no siente simpatía por el dolor de Sofía. Según él, ella debería tomar una pastilla y eso es todo. Este diálogo demuestra que la comunicación entre los dos es problemática. Sofía confiesa justamente: “No teníamos nada que compartir ni en el reino de los sueños ni en el de las realidades” . 

Deberíamos entender el problema de comunicación como un síntoma de un problema más grave. Primero tenemos la impresión de que Sofía no tiene poder sobre su vida. Eduardo la empuja a consultar un psiquiatra , mientras que su hija es su “Capitán”. Para entender mejor este comportamiento, podemos citar estas palabras de Jean Baker-Miller en su libro Toward a New Psychology of Women: “La persona inferior aprende a ser buena persona "inferior" en vez de intentar el camino de inferior a estatura plena. Descubrimos que cuando Sofía era joven, estaba como “distraída” y ponía cara de “estar en las nubes”. Helen Deutsch en su Psychology of Women describe este tipo de comportamiento: “En vez de escoger una opción razonable entre muchas oportunidades a su disposición, estas personas se involucran en una existencia de perpetua confusión, la cual ejerce una influencia destructiva en sus propias vidas y en las de aquellos que los rodean ¿Cómo podríamos comprender esa ausencia de poder y ese estado de distracción? Soy de la opinión de que Sofía vive, no su vida si no la de su esposo. Por ejemplo, él quería construir el “Monasterio del Escorial” en su apartamento, y ella lo aceptó aunque no estuviera de acuerdo (estaba al borde de un ataque de nervios, pero no se atrevió a decirle nada . Sofía representa la mujer frustrada que no hace lo que quisiera con su vida. Recordemos que su nombre viene del griego y quiere decir sabiduría. Según Mariana, su amiga era una “superdotada para las Letras” . Ella jugaba con palabras, leía mucho, contaba cuentos de hadas y escribía. Sin embargo, en lugar de tener una carrera de escritora, ella es tan sólo madre y esposa, y se ve atrapada en esta existencia. Su hija Encarna, por otro lado, vive la vida incumplida de Sofía. Ella es de hecho la encarnación de Sofía; escribe y va a publicar su primer libro, un libro de cuentos. Mariana tiene razón entonces al concluir que Sofía no está bien. Ella actúa como si entendiera que “No podemos suprimir o eliminar partes esenciales de nuestro ser sin convertirnos en extraños a nosotros mismos, para utilizar el lenguaje de Horney otra vez.

Quizás Mariana comprenda bien este noción y crea que ambas personalidades-la de ella y la de Sofía-constituyan una sola. Dicho de otra forma, cuando ella se mira en el espejo, ve también reflejada la imagen de Sofía, o la de cualquier mujer frustrada. 

Los problemas psicológicos de Mariana se revelan en el libro poco a poco y no inmediatamente como en el caso de Sofía. Si al principio Mariana se ve muy segura de su vocación (como se acaba de demostrar), ella tiene que “romper mucho hielo” para entender que su vocación de psiquiatra es bastante idiosincrática. Primero, deberíamos examinar otra vez el hecho de que Mariana haya escrito una receta de Loramet para Sofía. Pecaríamos de ingenuos si creyéramos que eso es algo insignificante. El diálogo entre Eduardo y Sofía  demuestra que Sofía no toma pastillas con facilidad. Mariana sabía eso porque ella había incluido ese diálogo en el cuaderno que envió a Mariana. A pesar de tener esta información, la psiquiatra descuida tratar a su amiga como era necesario. Además, el intento de suicidio por parte de Raimundo, el amigo de Mariana, constituye la crítica más acerba de su vocación de psiquiatra. Admitamos que resulta irónico, y hasta desconcertante, que su amigo hubiera intentado suicidarse. Todos estos argumentos ponen en tela de duda la capacidad profesional de Mariana. 

Tal vez Mariana no puede ayudar a otros sin antes que ayudarse a sí misma. Ella admite a Sofía que “necesitaría tumbarme en el diván y que tú vinieras a sentarte a la cabecera”. Resulta difícil creer además que Mariana esté bien, ya que ella misma admite sufrir una “maldita deformación profesional”. Ella se refiere a la “la boca del lobo” para comunicar un sentimiento de decepción, considerándose a sí misma como el lobo y su pacientes como las Caperucitas Rojas, y lo expresa de manera tácita: “Pero también sabía que no tenía ganas de volver a la habitación del diván, identificada cada vez más con la boca de un lobo”. Los pacientes vienen a verla y sin embargo, sus motivos son dudosos. Es una manera de hablar de un poder sospechoso. (Ella se considera siquiera la “Dra. Jekyll Leon” ). 

Si por un lado Sofía no tenía mucho poder en su vida, por otro Mariana tiene mucho, quizá demasiado. Es una persona que necesita controlar a otra gente para poder actuar como una persona equilibrada. Silvia, la amiga de Mariana, dice por ejemplo: “No te importa nada de mí absolutamente nada. Ni de nadie. De Raimundo tampoco. Te lo quitas de en medio en cuanto de estorba. Lo tienes en jaque” . Es muy importante que Silvia hable de este deseo. Se trata de un deseo de jugar y de manipular a la gente. No obstante, Mariana no sólo tiene que controlar la vida de otra gente sino también su propia vida. Sirvan de ejemplos estas confesiones de Mariana: Habla de las personas “sobre quien yo ejercía influencia” . Entonces dice: “Ya sabes que soy tajante cuando decido algo, y por aquellos días había decidido obedecer ciegamente a mi domador, que me mandaba desentenderme de Guillermo, de ti y de todo lo que pudiera oponerse a mi condición de fiera amaestrada”. El hecho de que ella señale que tiene que obedecer ciegamente a su “domador” revela que el superego controla el espíritu de Mariana. Es la parte de su mente que dicta lo que debería hacer y lucha también contra los deseos del id. Abramos un paréntesis aquí con el fin de entender los motivos de este comportamiento. En su libro Our Inner Conflicts, Karen Horney describe este tipo de personalidad de una manera lapidaria, diciendo que tiene “una ley de la selva” . Horney habla de una persona neurótica que tiene que manipular a la gente que le rodea para sentirse más poderosa. Utilizando de nuevo el vocabulario de Horney, se puede decir que en ella todo se orienta hacia el ser, llegar a ser, o por lo menos mostrar una faceta de fortaleza. 

Igualmente, Horney describe esta conducta como una manipulación indirecta por medio del servilismo, que consiste que el individuo coloque a otras personas bajo deuda y les haga creer, por medio del raciocinio o la previsión, que deban someterse a su control. Pero, ella juega un papel de una persona ultra-poderosa con el fin de poder evadir sus sentimientos. Ella refiere en efecto de “el hilo de su discurso mental”. Con sus propias palabras, Horney explica el comportamiento de un individuo que sufre los mismo de Mariana: "[P]ara evitar caer en un abismo de auto-desprecio, él se ve obligado a adoptar actitudes defensivas como auto-ensalzamiento, distanciamiento de sí mismo, y sentimiento de irrealidad hacia su persona, perpetuando así su neurosis .Mariana siente que hay una “bombilla encendida en [su] mente”  y entiende que su neurosis va de mal en peor y habla de un deseo de escaparse de todo: “Me he librado de un auténtico castigo -me dije-. ¡He conseguido escapar” . ¿Escapar de quién o de qué? Sobre todo tiene que escapar de sí misma, del papel de una persona tan poderosa que se conoce muy poco. Es como si ella se mirara en un espejo roto y no es el psicoanálisis “científico” el que va a ayudarle a entender su imagen. 

Para regresar a nuestra hipótesis, es la literatura que ayuda a Mariana y a Sofía con sus problemas o mejor dicho gracias a la literatura ellas llegan a comprender sus problemas psicológicos. Las dos mujeres hacen lo mismo que Scherazad, el cual tenía que contar cuentos para no ser matada. En pocas palabras, las dos mujeres necesitan de la literatura para sobrevivir. Aunque no tengan que ganarse la vida escribiendo, ambas lo viven de una manera diferente. Mariana acaba de entrar al mundo literario, mientras que Sofía ha nacido en este ámbito. Por su parte, Mariana encuentra alivio terapéutico en la literatura íntima del mundo epistolar--un desahogo que no podía encontrar en su propio despacho--. Ella le dice a su amiga, por ejemplo: “Esta cautela previa de lo epistolar me parece saludable”. Sofía le confiesa a Mariana que el escribir es un “necesidad imperiosa porque no tenía otro camino”. ¿Por qué motivo? La respuesta se encuentra en este comentario de Mariana: “Es que, no sé, te lo querría contar bien, porque, si no, no lo voy a entender yo tampoco, menos mal que te puedo escribir”. Escribir cartas--o siquiera el hecho de escribir-es una manera de conocerse, de descubrir los recodos oscuros de la mente y, mediante la narración de los detalles de su vida, le permite capturar su autoconsciencia personal. Probablemente, por eso es que Mariana dijo a Sofía: “Y en todos tus cuentos había luz de luna… Era el duendecillo Noc”.

(…) quisiera insistir sobre una terapia literaria, especialmente para las mujeres en vista de que “[l]a queja femenina se resiste a la interpretación; el nudo del dolor femenino lo rechaza, reduciendo así, la capacidad y la integridad de la teoría psicoanalítica (Felman). Escribir es una forma de exorcizar la mentalidad masculina de Mariana y de Sofía, la cual está profundamente enraizada. Es verdad que como mujeres educadas, todas estamos poseídas-- sin darnos cuenta--de la "mente masculina que ha sido implantada en nosotras" (Felman ). No obstante la literatura tiene un diálogo con la sinrazón. Es decir, que una mujer puede escaparse del mundo masculino a través del inconsciente, siendo éste, el refugio de la mujer. Eso es en efecto lo que pasa con Sofía (o el duendillo Noc) y es por eso que Mariana confiesa que envidia a Sofía.

(…)

El tema del arte juega también un papel importante en el libro. Mariana y Sofía hablan de muchos cuadros como “La Mona Lisa”, “Las Meninas,” y “La Persistencia de la memoria” de Dalí, entre otros. Como el tema de la literatura, el arte en la Nubosidad variable ofrece un cuadro no más claro sino más complejo y más completo de la condición humana, para utilizar el vocabulario del principio de este ensayo. Podríamos decir que el libro de Martín Gaite se parece a la pintura “Gala contemplando el Mediterráneo, que vista desde veinte metros se convierte en el retrato de Abraham Lincoln” de Dalí. Para entender bien este cuadro, uno tiene que verlo desde un punto de vista diferente, desde más lejos y con mayor detenimiento. Por un lado, se ve una mujer desnuda contemplando el mar, buscando algo, y por otro se ve a Abraham Lincoln, el símbolo de la libertad. En pocas palabras, el tema de la mujer que está buscando la libertad se presenta en la obra de Dalí como en la obra de Martín Gaite. Para entender este tema en el libro (o en la vida), tenemos que ver las cosas de una manera diferente, como Sofía veía siempre los objetos extranjeros en las nubes, especialmente cuando “las lágrimas empezaron a nublarme los ojos,” como lo dijo . 

De todo lo que antecede se deduce que Nubosidad variable propone que la literatura y el arte ofrecen más iluminación sobre el espíritu humano (especialmente en el caso de la mujer) que el psicoanálisis “científico”. Ante tal aseveración se puede afirmar que Terry Eagleton no tiene razón al exponer que la literatura es un discurso “no pragmático” . La literatura-especialmente la literatura íntima tal como la literatura de cuadernos, cartas, y diarios-puede jugar un papel muy terapéutico y entonces es pragmático. Sin embargo, uno no debería pensar que esta terapia es la panacea par excellence. Es seguro que Martín Gaite no va a dejarnos pensar de esta manera optimista e ingenua. Por un lado, el fin de la historia y el hecho de que las dos mujeres se encuentren nos da la impresión de que ellas van a hallar un futuro más positivo. Pero, el último capítulo no viene de la pluma de Mariana ni la de Sofía, sino de un narradora (narrador) omnisciente. ¿Cómo interpretar este fin? ¿Quisiera decir que uno no puede contar su propia historia? ¿O quisiera decir que las mujeres no pueden contar su propia historia? Es irónico que el tema de la importancia de la autonarración para construirse no está confirmado en el último capítulo (el epílogo). Aunque, mirado desde otro ángulo, eso no es tan curioso si uno considera que, como las nubes, “nadie se queda en ningún sitio para siempre”.”

 

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01/11/2020

nubosidad variable, 1

 



Las narradoras en “Nubosidad variable” de Carmen Martín Gaite

Un estudio de Ricardo Fernández Esteban en el espacio “Las nueve musas:artes, ciencias y humanidades”


“Como la enumeración completa de esas fórmulas narrativas en toda esta novela sería muy extensa, me centraré en los primeros capítulos del libro (del I al VII) y en las principales formas narrativas de dichos capítulos.

Aunque el objetivo de este análisis son las funciones del narrador, haré algunas referencias al tiempo narrativo, ya que creo que es necesario para analizar la evolución de la narración entre las dos protagonistas.

La novela está estructurada con un enfoque narrativo doble. Las protagonistas ejercen de narradoras homodiegéticas (El narrador homodiegético es el narrador que cuenta la historia en primera persona.) alternándose los capítulos.  La narrativa es personal, ya que las narradoras están dentro de la diégesis  (El mundo- ficticio- en el que ocurren las situaciones y acontecimientos narrados. Contar, rememorar, a diferencia de mostrar.) y son los personajes principales; por ello, se puede confundir la función de narrador y personaje y, por tanto, la forma indirecta o directa de expresión. Debe distinguirse cuando las protagonistas relatan hechos accesorios y actúan como narradores indirectos, de cuando relatan sus vivencias personales directas como personajes.

En la literatura, las formas narrativas no suelen ser puras, por lo que me referiré a la tendencia principal en el discurso literario. Por otra parte, tampoco creo que un análisis demasiado pormenorizado nos dé una visión mejor de una obra o nos permita una crítica más correcta; más bien todo lo contrario, ya que tanto detalle puede dificultar la valoración del conjunto. Como se dice vulgarmente: “los árboles nos pueden impedir contemplar el bosque”.

Sería muy conveniente la lectura de “Nubosidad variable” antes o simultáneamente a abordar estos comentarios. Se trata de una magnífica obra, de la que dijo Rosa Mora en “El País”, cuando se publicó en 1992:

Dos mujeres, un ama de casa y una brillante psiquiatra, cada una con su crisis particular, reconstruyen su amistad de juventud a través de la literatura, porque para ellas, como para la propia Martín Gaite, “Ia literatura nos salva la vida”. (…/…) Sofía y Mariana, las dos protagonistas son amigas desde pequeñas; el primer amor las separa y emprenden caminos diferentes llenas de silencio. Muchos años después se reencuentran casualmente cuando ambas se enfrentan a la crisis y el fracaso. Sofía, casada sin amor con un ambicioso ejecutivo y madre de tres hijos. Mariana, convertida en una psiquiatra de moda. El ama de casa no es feliz; la psiquiatra muestra la falsa seguridad de la mujer que lo ha conseguido todo, amurallada contra todas las tormentas, hasta que comprende que está tan desvalida como las mujeres a las que trata. (…/…)

Veamos los comentarios a las funciones de las narradoras en los capítulos iníciales: 

Capítulo I: 

Inicio de los escritos de Sofía a Mariana. Sofía escribe a finales de Abril después de haberse encontrado con Mariana en la fiesta y por encargo de ésta, pero no nos enteramos de este encuentro, ni de que se trata de una carta, hasta el final del capítulo. 

Quién podía imaginarse que, después de los años mil, en ese local rebosante de famosos iba a encontrarme contigo, lo que son las cosas, con Mariana León en persona. 

 … mientras escribo esto, me pregunto: ¿te encontré en persona o en personaje? 

Sofía relata, en un monólogo autocitado, lo que le ha ocurrido el día anterior (día en que va a reencontrar a Mariana después de muchos años) 

Ayer, después de casi dos meses de tiempo inseguro…/… estalló por fin la primavera… 

En este relato del primer capítulo, introduce algunos diálogos, más que nada para reafirmar el relato, y efectúa algunas analepsis (escena retrospectiva —conocida también con la voz inglesa flashback— es una técnica, utilizada tanto en el cine y la televisión como en la literatura, que altera la secuencia cronológica de la historia, conectando momentos distintos y trasladando la acción al pasado.), que en este momento son externas. Aunque ya he indicado que el análisis tiempo no es lo fundamental de este análisis, es muy difícil prescindir de este vector, ya que a lo largo de la novela las protagonistas irán relatando su presente y su pasado, y este pasado entrará en conflicto entre ellas dos y entre sí mismas. De esa forma las analepsis se interiorizarán y de una forma iterativa irán completando y objetivando la historia anterior al inicio de la novela. Esta objetivación es relativa por la gran carga subjetiva que arrastran las protagonistas. 

Capítulo II: 

Carta de Mariana a Sofía escrita los días 30 de abril y 1 y 4 de mayo. La enviará con posterioridad, como se verá en el capítulo IX. En lo escrito el 1 de mayo Mariana ya ha recibido la carta de Sofía en respuesta a la petición que le hizo el día que se reencontraron. 

…en el sobre grande que me mandaste anteayer… 

Como he indicado, la estructura del capítulo es la de una carta en la que de una forma “metadiegética” (un narrador metadiegético es aquel que está incluido en la narración, pero sin ser parte de ella. Solo cuenta lo que ve, sin participar directamente en los hechos. Narra en primera persona, y en tercera las acciones de otros.) está refiriendo a como escribe la carta, respetando sus antiguas normas: 

Querida Sofía: 

A pesar de los años que hace que no te escribo una carta, no he olvidado el ritual a que siempre nos ateníamos.

 …/… 

Dos referencias para que te sitúes, una de tiempo y otra de luz. Hace un rato que han dado las once y media en el reloj de pared…  …: te estoy escribiendo a la luz de una lámpara que también conoces.

…/… 

Nunca se tachará nada de lo escrito, a no ser… 

En resumen, la estructura de este capítulo es la de una carta “estilo discurso directo”. La protagonista narradora tiene una omniscencia total (grado cero, selectivo de la conciencia de Mariana). Respecto al espacio que le rodea, transmite a su narrataria (Sofía) una focalización externa muy completa como si se tratara de una cámara cinematográfica que va mostrando el espacio donde escribe la carta. Por otra parte, también introduce su punto de vista cuando se refiere a aspectos más subjetivos en una “focalización interna” 

…tardé en entender por qué estabas rara conmigo, por qué huías con los ojos a otra parte cuando me veías triste, en aceptar tus silencios: Tú también sufrirías, supongo…

…/… 

                Yo me lo preguntaba mucho aquella primavera en que nuestro oro fino se ennegreció y eran porqués sin respuesta, yo mismo en el fondo no quería buscarla…

…/…               

                Yo en cierto sentido capitalicé tu pérdida, suena horrible, pero eso fue un poco lo que pasó. 

…/… 

Entonces supe que sabías que yo lo sabía todo. 

                Esta mezcla de focalizaciones y los cambios de narrador-interlocutor son una demostración del interés de la autora por el tema de la comunicación y por la búsqueda del interlocutor. A lo largo de la novela, las dos protagonistas van a ir intercambiando sus puntos de vista sobre sus problemas, y más que buscar una respuesta,  buscan conocerse mejor a sí mismas o, todo lo contrario, engañarse a sí mismas. 

Capítulo III: 

En este capítulo Sofía habla de su presente y la narrataria no es Mariana sino ella misma. Esta información no la transmite a Mariana. No está detallado el tiempo en que se escribe esta carta pero es posterior al capítulo I, y al envío de su carta a Mariana que aún no tiene respuesta. 

Eran las cinco y media. Llegó Amelia vestida de azafata…  me quedé un poco cohibida de que me encontrase encerrada en el cuarto que sigue siendo suyo… 

                En resumen, el capítulo se expresa en “estilo directo regido”, con partes en las que el diálogo tiene mucha importancia: 

—¿Qué hacías mamá? 

—Nada. Enredos. Hoy me ha dado de pronto por dibujar… 

—No, no, me encanta. .. 

—Se titula… 

 y con párrafos más “narrativizados” 

  Enseguida supe que el motivo más urgente de su excursión al fondo de la casa había sido el de llamar por teléfono sin testigos. ….

             Abandoné mis tareas culinarias y me senté de codos en la mesa… 

Ahora necesita recuperar confianza y va hacia el espejo… 

Había descolgado nuevamente…

 Me levanté aprisa… 

 A pesar de que Mariana no es la narrataria de este capítulo, que trata de las relaciones con sus hijos, hay referencias a ella continuando ese intercambio entre las protagonistas: 

… en plan “relato a perdigonadas”, como Maria y yo llamábamos… 

Necesitaba pensar, por lo menos durante media hora, exclusivamente en Mariana León. Había huido para pensar en ella, para tratar de recordar su voz y reproducir sus gestos.  …/… No podré descansar hasta que me escriba. 

 Capítulo IV: 

Escribe Mariana a Sofía el siete de mayo en su viaje hacia el sur, explicándole lo que le ha pasado con Raimundo. No le envía de momento la carta. 

El estilo comienza muy descriptivo y normativo, similar al capítulo II, pero pronto introduce su tema conflictivo, “Raimundo”, para ir dándoselo a conocer con más detalle a Sofía, o para recapitular ella misma sobre su relación con él. También vuelve a resucitar su juventud con Sofía. 

Y aquí me tienes, bebiendo y pensando en ti, acodada en la mesita… ¡Qué graciosa eras a los trece años…! Hablábamos incansablemente… Un tema recurrente en esas historias… 

Fue allí donde te hablé por primera vez de Guillermo, ¿te acuerdas?, donde empezamos a ser una y no dos, a crecer. … 

 En la segunda parte del capítulo introduce los diálogos, al hablar de su relación con Raimundo, para intentar “desnarrativizar” el relato y darle mayor “objetividad”. Asimismo, introduce el tema de la doble personalidad de Mariana, como persona y como Dra. León. 

… Una mirada que ya conoce bien la doctora León y que a veces, a base de tacto y paciencia ha conseguido desactivar. Pero la doctora León no estaba, no me podía echar una mano. Se habría avergonzado de verme allí… 

                Y así se desdobla el personaje en Mariana y la Dra. León y se amplían las posibilidades de comunicación con esta protagonista desdoblada. 

Capítulo V: 

Habla Sofía de sus recuerdos y su presente, cuando aún no ha recibido carta de Mariana. 

Pero como Mariana todavía no me ha escrito ni sé nada de ella, esta mañana me desperté decidida a pasar en limpio esta última tanda de deberes en preparación para que no se pierdan los papelitos donde los tenía anotados de mala manera. 

 En este capítulo, como en el III, Sofía sigue hablando de su presente con algunas referencias al pasado. Por ello la narrataria sigue siendo ella misma, aunque se refiera a Mariana y a los deberes que está preparando para ella. Sigue esperando la respuesta de Mariana. 

De pronto me hace ilusión meter lo que sea, como ella me aconsejó el otro día en el cóctel… La cuestión ahora es llenar este cuaderno de limpio para poder regalárselo el día que la vuelva a ver

 Capítulo VI: 

Otra carta de Mariana a Sofía en que describe muy bien el entorno en que escribe, a la vez que introduce diálogos para dar más veracidad a lo que explica de otros personajes. 

Mariana te está escribiendo, quieta, ¿no lo notas? Te va a llegar un cuento largo, sí. …/… Yo esta noche te estoy contando cosas que no he contado nunca, que ni a mí misma me había contado así, tan despiadadamente. Me ha tocado el turno del diván, ya ves lo que son las cosas. 

                Mariana se dirige a Sofía, pero en realidad se está dirigiendo a ella misma; la carta es una excusa para plantearse un monólogo interior disfrazado de carta. 

A través del Guillermo que inventé y que no existía —plegado y deslumbrado ante mí, domesticado por una inteligencia serena y superior— me amaba más que nunca a mí misma. Fue mi primer fracaso… 

Capítulo VII: 

Sofía sigue hablando de su presente y su pasado, y luego utiliza como excusa una conversación (unos diálogos) con su asistenta Daría para ir profundizando en estos temas. 

Tiene la necesidad de comunicarse con Mariana, ya que aún no ha recibido respuesta escrita suya y lo hace a través del recurso de reproducir un mensaje dejado en el contestador de su consulta. 

¡Chica…! Te mandé unos deberes, ¿los recibiste? y luego he seguido escribiendo cosas en un cuaderno… Necesito que me vuelvas a mandar escribir, porque, si no, me parece que es una alucinación mía, que no te vi de verdad esa tarde… 

                Este mensaje, a modo de focalización interna (punto de vista de Sofía) de un monólogo interior que trasmite a Mariana, es la constatación de la necesidad que tiene de intercomunicarse con ella, más allá de cartas sin respuesta y cuadernos de deberes. 

Por fin, al final del capítulo llega la primera carta de Mariana. 

Esperé a oír cerrarse la puerta de la calle para salir corriendo al vestíbulo a recoger la que ya sabía, antes de verla, que era la primera carta de Mariana León después de tantos años. 

 Conclusión: 

 Este puede ser un buen punto, después de cerrado un primer bucle con la llegada de la primera carta de Mariana, para concluir estos apuntes sobre el inicio de “Nubosidad Variable”, que espero hayan servido como excusa para la lectura o relectura de esta magnífica novela epistolar de Carmen Martín Gaite.”