18 de juny 2021

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¡QUÉ BELLO SERA VIVIR SIN CULTURA!: LA CULTURA COMO ANTIDOTO FRENTE A LOS PELIGROS DE LA IDIOTIZACIÓN

Cesar Antonio Molina

Editorial Destino, 2021

páginas: 432

 

"En El cuarteto de Alejandría, Lawrence Durrell cuenta una anécdota, real o apócrifa, que le sucedió al escritor francés Paul Claudel cuando representaba diplomáticamente a su país en Japón. Un día salió de su residencia en Tokio para acudir a una fiesta y cuando regresaba contempló con estupor que su casa estaba siendo devorada por un gran incendio. El poeta pensó inmediatamente en sus manuscritos y en su biblioteca, repleta de joyas bibliográficas. Cuando alcanzó el jardín vio que un hombre salía de entre las llamas llevando algo en sus brazos. Era el mayordomo que, dirigiéndose a él, le informó muy orgulloso: « ¡No se alarme señor. He salvado el único objeto de valor!». Ese objeto no era otro que su uniforme de gala. Desde hace algún tiempo yo tengo una pesadilla semejante. Regreso a mi casa como el personaje de John Cheever, el nadador, después de haber recorrido, no las piscinas por las que él iba nadando,  sino las bibliotecas del mundo, y me encuentro en la misma situación que el autor galo de El zapato de raso. A mi encuentro no acude ningún sirviente, sino un ser indefinido que repite las mismas palabras que el mayordomo japonés y me entrega un pendrive. Él añade que ahí no solo están todos mis libros desaparecidos, sino que ha incluido los fondos de las principales instituciones del mundo. Me quedo sorprendido, pero le digo que yo solo necesito mis libros físicamente, aquellos que yo compré y me han acompañado toda la vida. Son mis mejores amigos y no puedo prescindir de ellos. Él me responde muy seriamente que eso no solo es ya imposible sino, además, una estupidez. «¿Para qué quiere usted tantos volúmenes que le ocupan gran parte de su casa si los tiene todos aquí, en este objeto más pequeño que el dedo de su mano?». Compruebo que la discusión no lleva a ningún sitio y, entonces, despierto. Cuando lo hago, veo que todo aún está en su caótico lugar. Por las mesillas, por las mesas y las estanterías dobladas por el peso, aún reposan las miles de hojas impresas protegidas por las portadas multicolores. Toco unos libros, abro otros y recuerdo la historia de cada uno de ellos: su nacionalidad, su lengua, el peso que arrastran desde el origen. Mi biblioteca está compuesta por cientos de ciudades, miles de calles y otros tantos paisajes. Por estos espacios he caminado con los autores y sus personajes. He vivido sus vidas a lo largo de muchos siglos y cuando toco las páginas que estoy leyendo percibo sus lágrimas o sus risas, sus olores, veo los colores del amanecer o del ocaso. Un libro también es un objeto, una materia, una representación, un símbolo, una dimensión.”

 

El mundo digital, las nuevas tecnologías y las redes sociales están transformando nuestra vida cotidiana, y estos cambios se reflejan en áreas tan importantes como el trabajo, la enseñanza, las relaciones sociales o la economía. Cada vez vivimos más conectados, lo que provoca que nos sintamos atados y vigilados y que el deseo de consumir algoritmos aumente, mermando nuestro poder de decisión y nuestro espíritu crítico. Al mismo tiempo, somos adictos a esta tecnología y sentimos angustia y confusión cuando nos desconectamos del continuo torrente de estímulos e información que recibimos a través de las pantallas.

¿Pero cómo podemos protegernos de las redes sociales en la nueva realidad? Y en medio de esta gran transformación social y cultural, ¿cuál es el papel del arte, la literatura, la lectura, las bibliotecas, la escritura, las ideologías o las creencias? ¿Cómo podemos saber la verdad cuando estamos rodeados de tantas noticias falsas, de populismos políticos o de la ficticia sensación de libertad y felicidad que nos proporciona internet? ¿Acaso estamos condenados a vivir en un mundo sin cultura, sin pensamiento o reflexión, un mundo en el que la individualidad de cada ser humano se disolverá en una masa informe?


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