por Daniel Torres
El Tiempo
24/04/2017
“John Katzenbach es un hombre de sesenta y seis años que disfruta el
ambiente familiar. Tiene dos hijos, un perro y ama pescar, pero en su interior
está lleno de conflictos y de
pensamientos sombríos que él ha sabido convertir en historias tan truculentas
como apasionantes.
Trabajó como periodista en el
diario Miami Herald, cubriendo
crímenes y casos escabrosos que lo impactaron y que, al mismo tiempo, dieron
rienda suelta a su imaginación. En 1987 decidió abandonar el oficio y dedicarse
enteramente a la literatura.
Tras alcanzar reconocimiento por
llevar al cine sus libros In the Heat of
the Summer y Causa justa, en el
2002 publicó El psicoanalista, un best-seller que lo consagró como uno de
las estrellas del thriller
psicológico.
El próximo domingo (30 de
abril), el autor estadounidense estará en Colombia, invitado a la trigésima
edición de la Feria Internacional del
Libro de Bogotá, donde presentará su novela Personas desconocidas. En entrevista con EL TIEMPO, Katzenbach da detalles sobre este nuevo trabajo y revela
que está preparando la secuela de El
psicoanalista.
PREGUNTA: ¿Cómo fue su experiencia de ejercer el periodismo en
Miami durante el auge del narcotráfico?
RESPUESTA: El mejor lugar para ser periodista suele ser el peor
lugar para casi todos los demás. Me refiero a las zonas de guerra, a los
barrios acribillados por el crimen e incluso a Washington en este preciso
instante. Haber estado en Miami en esos años, con una libreta y un bolígrafo,
fue como estar en la primera fila del teatro del mal. Aprendí más de lo que
esperaba sobre las profundidades en las que puede hundirse una persona.
P: ¿Lo que vivió durante esos años influenció su escritura?
R: Por supuesto, pero de una forma más sutil que la que uno podría
imaginar. No se trata solo de aprender los pros y los contras del crimen, sino
de absorber la personalidad del mal. Fue recibir una educación sobre los lados más
oscuros de la humanidad. Cada palabra que escribo ahora está marcada por lo que
vi, escuché y entendí en aquel entonces.
P: ¿Cuándo escribe se pone “en los zapatos” del criminal?
R: Sí. Quiero que los pensamientos de mis personajes sean creíbles
para los lectores. Al fin y al cabo, lo que ocurre en sus cabezas los impulsa a
hacer lo que hacen. Independientemente de si estoy escribiendo sobre un asesino
en serie o una adolescente perdida, busco que el lector diga: “es lo mismo que
yo habría pensado o hecho en esa situación”. Esto les da a los libros una base
de verdad psicológica y de realidad.
P: En sus libros se ve muy interesado por los trastornos mentales.
¿Cree que, como escribió Cortázar,
“todos tenemos un poco de esa bella locura que nos mantiene andando cuando todo
alrededor es tan insanamente cuerdo”?
R: Los rangos de las emociones, desde la depresión y la locura
hasta la alegría y la satisfacción, siempre me han parecido las vigas que
sostienen cualquier novela, ya sea la historia de un crimen, la biografía de
una familia o incluso una aventura en el espacio. Dale un vistazo a Dickens o a Dostoievski y dime si no es cierto. Ahora bien, aunque estoy de
acuerdo con el punto subyacente de Cortázar,
no estoy seguro de describir la locura como bella. En mi experiencia, es tan
dura y dolorosa como los inviernos creados por el cáncer o las enfermedades
cardíacas. Pero creo que él hablaba menos de una enfermedad mental reconocible
y más de esa necesaria excentricidad del pensamiento independiente. Se refería
a la originalidad. Cortázar era un
observador brillante de la naturaleza humana.
P: ¿Es verdad que escribió El
profesor luego de ver a un amigo suyo padecer un grave trastorno mental?
R: Así es. Lo escribí después de ver a un viejo amigo ser superado
por una demencia originada en el lóbulo temporal frontal –aunque el tipo de
demencia al que se refiere la novela es diferente–. Fue difícil ver a alguien
tan inteligente disminuirse con el tiempo, pero esa es la naturaleza de mi
profesión: que una conversación, una experiencia o una observación entre en tu
vida y se canalice en una historia que exige ser contada. Hay otra gran verdad
en cada uno de mis libros: puedo apuntar a un solo elemento –algo tan pequeño
como un breve intercambio de palabras o tan grande como una enfermedad fatal–
que me generó un pensamiento y que luego se convirtió en una trama con final.
P: ¿Cuál cree que fue la clave detrás del éxito que tuvo su libro El psicoanalista?
R: He pensado en ello durante años. Podría equivocarme, pero creo
que su popularidad tiene que ver con la vulnerabilidad y la superación de las
probabilidades. También con encontrarnos a nosotros mismos en nuestro propio
pasado y... podría seguir enumerando razones. Traté de poner algunas de esas
cualidades en mi último libro, Personas desconocidas, donde los personajes
principales se niegan a ser derrotados cuando la derrota sería una opción mucho
más fácil, emocionalmente y para sus carreras. Curiosamente, mientras probaba a
estos personajes y los enfrentaba a retos pensaba en Ricky Starks, el
protagonista de El psicoanalista.
Fueron esos pensamientos los que me llevaron a escribir el libro en el que
estoy trabajando, que será una secuela de esta obra. No puedo dar muchos
detalles, pero digamos que los problemas que el doctor Starks creía haber
resuelto no han terminado.
P: ¿Qué lo motivó a escribir Personas
desconocidas y a crear este universo oscuro donde todos los personajes
viven al límite de sus emociones?
R: Un tema que quería explorar es la idea de que algunos misterios
que parecen estar relacionados con una situación A realmente tienen que ver con
B. Incluso, puede que en definitiva todo se trate de C. También quería explorar
ciertas cuestiones del corazón que llevan a la gente a hacer cosas malas por
razones correctas. Me gusta escribir sobre mundos donde las líneas entre el
bien y el mal a veces son borrosas.
P: Así como El profesor,
esta novela tiene personajes que cometen delitos sexuales. ¿De dónde surge su
interés por estas conductas?
R: Trastornos mentales, comportamientos sexuales, abusos que se
esconden detrás de la normalidad y el privilegio… ¿Por qué me interesan? No lo
sé. Tal vez porque sugieren motivaciones más complejas para los personajes.
Debo decir que no me gustan para nada esos novelistas que simplifican las
emociones humanas, especialmente en los thrillers.
P: Ambos libros (El Profesor
y Personas Desconocidas) giran en torno a una niña extraviada. ¿Hay
alguna intención detrás de esto?
R: Realmente no creo que haya muchas similitudes entre Jennifer
Riggins (El profesor) y Tessa Gibson
(Personas Desconocidas), pero déjeme
decir algo: siempre me ha gustado escribir sobre personajes que se plantean
grandes preguntas y que no están preparados para encontrar las respuestas sin
una seria introspección. Este conflicto ayuda a alimentar la tensión inherente
a las novelas y es, en gran medida, el motor de mis historias.
P: Personas Desconocidas
mantiene la tensión psicológica de inicio a fin. ¿Cómo consigue alcanzar esta
intensidad en sus thrillers?
R: Ojalá tuviera una respuesta exacta. Creo que el enfoque que uso
consiste en crear situaciones donde los personajes se vean envueltos por dudas
desde la primera página hasta la última, generando cierta incertidumbre en el
lector. Hay demasiados libros en los que la audiencia sabe exactamente lo que
va a suceder. Esa previsibilidad derrota la tensión, así que trabajo duro para
asegurarme de que ninguno de mis personajes esté psicológicamente seguro a lo
largo del relato.
P: ¿Ha tenido que aprender algo sobre psicología o psicoanálisis
para escribir este tipo de historias?
R: Demasiado, pero no soy un clínico. Soy un narrador. Aunque en
cierto sentido los clínicos también son narradores. Ellos escuchan historias y
tratan de ayudar a crear un nuevo relato a partir de lo viejo. Esa es la magia
de la psicoterapia. La mayor diferencia radica en que ellos ayudan a las
personas, mientras que yo solo trato de mantenerlas despiertas hasta altas
horas de la noche, leyendo, cuando tal vez deberían estar durmiendo
plácidamente.”