08/04/2024

cinefòrum abril 2024, la crònica

 


per Pilar Marcos


    El passat divendres 5 d’abril va tenir lloc una nova sessió del Cinefòrum de Vespres Literaris. En aquesta ocasió es va projectar “La Ola”, pel·lícula alemanya de l’any 2008 dirigida per Dennis Gansel i que recrea com a una escola alemanya, durant la setmana de projectes, el professor Rainer Wenger te la idea de fer un experiment per explicar als seus alumnes el funcionament d’un règim totalitari. En pocs dies, el que semblava una simple prova basada en la disciplina i el sentiment de comunitat, va esdevenir una situació sobre la qual el professor perd el control.

    El film està basat en l’experiment anomenat “La tercera ola” que un professor nord-americà va realitzar l’any 1967 a l’institut on treballava per demostrar als seus alumnes com va ser possible la formació del nacionalsocialisme a Alemanya. Per explicar el fenòmen va establir a l’aula un règim totalitari, amb normes molt estrictes i càstigs molt durs creant un fort sentit de comunitat. Passats cinc dies va haver d ’aturar l’experiment i va mostrar als seus alumnes els paral·lelismes entre el que havia tingut lloc a classe i el règim nazi.

    La idea de Gansel era mostrar com seria recrear aquest experiment a l’Alemanya del moment, on en general els alumnes deien estar cansats de tractar constantment el tema del Tercer Reich i es creien immunes davant la possibilitat que la història es repetís, el director volia demostrar com una dictadura pot reaparèixer en qualsevol democràcia.


    Després d’una breu introducció a la part més formal de la pel·lícula i de la projecció d’aquesta, i abans d ’entrar en debat, vam comptar amb la presència de Carmen Trinidad Cascudo, psicòloga, docent i formadora, especialista en Psicologia Social, membre de la Càtedra de Neurociencia i Facilitadora en situacions de conflicte i justícia restaurativa, per explicar com funciona el nostre cervell i quins mecanismes s ’activen per portar-nos a situacions com les que vam veure a la projecció.

    La seva exposició va començar explicant en quin entorn és va realitzar l’experiment original als EUA. Va ser als anys 60 del segle passat, un període molt actiu en la realització d’experiments psicològics sobre el comportament de les persones davant de determinades situacions límit, amb estudis sobre la obediència i la competició entre grups (per exemple l’experiment de la presó d ’Stanford). Era un moment històric propici per fer-se determinades preguntes sobre el comportament humà per tal d ’investigar quins mecanismes podrien portar a convèncer els joves per anar a la guerra del Vietnam.

    La Carme, amb l’ajut de la reproducció d’un cervell, i d’una manera molt didàctica, va explicar com és el procés de maduració d’aquest òrgan, procés que dura fins als 28 anys. El cervell madura de dins cap a fora i del darrere cap al davant i la part que ens fa ser éssers humans, és a dir, pensar en el futur, decidir, etc.… està situada a la part frontal, mentre que a la part interior estan les emocions, és el que s’anomena el sistema límbic, on neixen aquestes. És per aquest motiu que els adolescents són especialmente influenciables (tot i que tots ho som). Bàsicament les primeres respostes són sempre emocionals, a les persones ens agrada estar bé i si ens ofereixen un propòsit de vida, uns valors i un sentit de comunitat ens sentim millor. El problema és quan aquestes influències fan que modifiquem la nostra vida, per tant el que ella reivindicar és no perdre mai i cuidar molt el pensament crític.


    La pròxima sessió tindrà lloc el 31 de maig i es projectarà la pel·lícula “Erin Brockovich” de l’any 2000, dirigida per Steven Soderbergh, per tal de introduir-nos en el tema de la contaminació ambiental. 

    La pel·lícula està basada en la història real d’Erin Brockovich, una activista ambiental que va obtenir una important victòria judicial contra una gran corporació nord-americana.














07/04/2024

miguel delibes, 2

 



Claves para leer a Miguel Delibes

por Amparo Medina-Bocos
Biblioteca Miguel de Cervamtes

    "Si hubiera que definir en dos palabras a Miguel Delibes, podría decirse que Delibes es, ante todo, un hombre de fidelidades -a sus ideas, a sus amigos, a su tierra, también a su editor-, que ha convertido en literatura sus aficiones, sus viajes, sus preocupaciones y sus obsesiones, los problemas de su entorno. Y que, además, lo ha hecho manteniendo una absoluta coherencia entre su obra y sus ideas.

    Sabido es que Delibes ha sido un autor pródigo en expresar sus opiniones. Por eso, siempre que sea posible, voy a utilizar en estas páginas textos del propio Delibes, contrastados, eso sí, con las opiniones críticas que me parecen más relevantes a la hora de explicar o valorar sus creaciones. Y voy a hacerlo así por dos razones: porque creo que ha sido el mismo Delibes quien ha proporcionado a los estudiosos de su obra muchas de las razones que explican su creación literaria y porque nadie mejor que él ha dado las claves que deben ser tenidas en cuenta para comprender esta obra que cubre toda la segunda mitad del siglo XX, en un caso poco frecuente de escritura sostenida a lo largo de cincuenta años, desde que se dio a conocer con La sombra del ciprés es alargada, Premio Nadal 1947, hasta la publicación de El hereje en 1998.

Aprendizaje en el periodismo


    Delibes se ha mostrado siempre muy orgulloso de su condición de periodista y ha cultivado esta faceta suya a lo largo de toda su vida. En 1970 le confesaba a César Alonso de los Ríos que, antes del Nadal, apenas había escrito otra cosa que notas de redacción y críticas de cine para El Norte de Castilla. «Me fue muy útil el ejercicio del periodismo provinciano, porque en él tienes que hacer de todo. Solté la pluma. Y, sobre todo, aprendí algo fundamental: decir mucho en poco espacio»

    Tiempo después, en 1983, y cuando ya llevaba cuarenta años vinculado al periodismo, insiste en la misma idea al recordar sus comienzos como novelista: «En este tiempo aprendí dos cosas fundamentales para mi posterior dedicación a la novela: la valoración humana de los acontecimientos cotidianos -los que la prensa refleja- y la operación de síntesis que exige el periodismo actual para recoger los hechos y el mayor número de circunstancias que los rodean con el menor número de palabras posibles. Con este bagaje periodístico pasé a la narrativa y, a pesar de los años transcurridos, permanezco fiel a aquellos postulados, es decir, mi condición de novelista se apoya y se sostiene en mi condición de reportero. El periodismo ha sido mi escuela de narrador» 

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miguel delibes, 1

 


Unas "cuartillas" sobre Miguel Delibes

por Eduardo Martínez Rico
Zenda Libros
25/08/2022

    "Apareció de entre el público una mujer que me resultaba familiar. No tardé en identificarla: se llama Isabel Vázquez Fernández, profesora, y la conocí en un congreso de Literatura en la Universidad de A Coruña. Era ponente, como yo, o “comunicante”, según queramos decirlo: ella presentaba una comunicación y yo otra; recuerdo que también presentaba una comunicación, sobre Juan José Millás —sobre El orden alfabético, qué curioso recordar estos detalles cuando han pasado más de veinte años— el profesor Emilio Blanco, al que luego he tratado.

    Isabel Vázquez Fernández estaba haciendo una tesis sobre Delibes; creo que en aquel momento estaba trabajando en ello. Me invitó a su casa para hablar de literatura y enseñarme sus libros y allí me enteré de que conocía a mi padre, también gallego, desde hacía muchos años. Me regaló las Conversaciones con Miguel Delibes, de César Alonso de los Ríos, un libro que yo he utilizado bastante y que tengo muy subrayado, un libro que me gusta mucho. El mundo es pequeño como una novela, una novela no muy grande, un relato que nosotros vamos escribiendo a medida que vivimos, una novela o un artículo, según los momentos, un artículo como éste.

    Isabel Vázquez, en la muy reciente presentación de mi último libro, Conversaciones del siglo XXI, en el Club Marítimo La Penela, me regaló otro libro, esta vez un libro suyo, precioso, Leyendo a Miguel Delibes, publicado por la Universidad de Valladolid en 2020. Y ahora, leyendo este libro, de asunto quizá académico pero tono amenísimo y de gran conocimiento por parte de su autora, me ha venido en tromba todo Delibes, todo Delibes y la historia que he contado, pues mi vida está entretejida de libros, de escritores, y también de profesores y periodistas, de editores, todos ellos compañeros y amigos a los que quiero y aprecio.

    Pero ahora quería escribir algo sobre Delibes. Yo no conocí a Delibes en persona, pero lo leí mucho. Lo conocí como escritor, y esta es una forma muy profunda de conocer a una persona; tal vez más, mucho más, que tratarlo. Yo he tratado a fondo a algunos escritores y me da la impresión de que en sus obras son muy distintos que viviendo, utilizando esta expresión, “viviendo”, un poco simplificadoramente. Me acuerdo que Francisco Umbral decía que cualquiera que hubiese escrito unos folios se daba cuenta de que la persona que se muestra ahí por escrito es muy distinta que la persona que vive —y vuelvo a simplificar con la expresión, pues el escritor vive tanto en su cotidianidad como en su obra—. Ahora pienso que el escritor vive dos vidas paralelas, aquélla su vida normal, habitual, y la vida que desarrolla en lo que escribe, lo que cuenta ahí, lo que expone ahí, lo que fabula o poetiza en su obra.

    La experiencia me ha enseñado que el escritor cuando escribe muestra otra faceta de su personalidad, quizá su personalidad más honda. Es el mismo, pero también es otro. Creo que alguien habló del yo profundo. No recuerdo muy bien quién era. Quizá muchos lo han hecho. Es una idea bastante clara e inmediata. El yo profundo es el que mostramos cuando escribimos, en este caso. El escritor se mueve entre profundidades, pienso ahora, cuando es bueno. Incluso cuando se muestra ligero y superficial el escritor está buceando dentro de sí, y dentro del mundo que tiene alrededor, dentro de lo que le ha marcado profundamente, de lo que ha vivido y leído profundamente.

    Delibes se nutrió mucho, por ejemplo, de la caza. Todo lo que le gustaba, todo lo que le apasionaba, todo lo que le ocupaba, finalmente, nutría su obra, su escritura, y esto es hermoso. Esto suele suceder en el escritor, en el escritor de verdad, y perdónenme aquí la distinción, en el “escritor a lo ancho”, verdadero, o simplemente lo que comúnmente entendemos por un escritor, quizá un escritor reconocido o consagrado. Nunca he creído mucho en lo cuantitativo en literatura, pero cada vez creo más —estoy cambiando de opinión—. Antes pensaba que daba igual escribir un libro que treinta, pero el que escribe treinta, digamos, se ha dejado más la piel, vital y literaria, y durante más tiempo —hay que suponerlo, aunque quizá no sea así—, que el que escribe uno. Ya he citado alguna vez en mis artículos de Zenda la frase de Ana María Matute, que tanto me sugiere: “El auténtico escritor es el que escribe por necesidad”.

    El escritor se vierte en el papel, hoy también en el ordenador, se deja la vida en su obra, para ganarla en la propia obra. No, hoy creo que no es lo mismo escribir treinta libros que escribir uno, a menos que sea Pedro Páramo, pues Juan Rulfo, su autor, escribió sólo unos cuantos libros y Pedro Páramo y El llano en llamas, cuentos, son excelentes.

    Sin embargo a mí me gusta recordar una idea de Menéndez Pelayo. Decía nuestro gran erudito, y me gusta mucho también la frase, por lo sorprendente y reveladora, que en literatura uno se impone por la cantidad. Hace años no lo hubiera aceptado, pero hoy creo que Menéndez Pelayo tenía mucha razón, en líneas generales tenía razón.

    A mí me preguntan con frecuencia, y desde hace muchos años, cuántos libros he publicado. Yo siempre pensaba, antes, que lo que importaba era que fueran buenos, aunque sólo hubiera publicado uno, pero hoy creo que es muy importante, aunque sólo sea de cara a los demás, de cara al público, que tanto importa, el número de libros publicados. Y me atrevería a decir que, de cara a la gente, cuantos más libros mejor. Por otro lado, los grandes escritores consagrados que conozco, a los que más admiro, han publicado muchos libros y son grandes trabajadores. Aquí no citaré nombres.

    Miguel Delibes escribió muchos libros. La escritura y publicación de libros formaba parte de su vida, de su ritmo de vida. En el libro de Isabel Vázquez dice que necesitaba escribir, aunque también afirma que sentía una especie de frustración, la de esperar mejores resultados de su escritura. Si no recuerdo mal lo decía. Pero sin duda le llenaba, como una especie de respiración. Escribir puede ser enormemente gratificante, y enormemente necesario, como apuntaba Ana María Matute.

    Delibes siempre dijo que su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, era muy mala, su peor novela, pero que si no llega a ganar el Premio Nadal con ella no se hubiera hecho escritor. Umbral decía que Miguel Delibes, antes de ponerse a escribir, había hecho ya muchas cosas antes en la vida, que la escritura no había sido para él una necesidad imperiosa —como probablemente lo fue para el mismo Umbral—, y yo pienso que tenía razón. Me da la sensación de que lo fue después.

    ¿Por qué escribimos? ¿Qué nos lleva a escribir? ¿Qué impulso, qué necesidad —una vez más la palabra—? Lo ignoro, pero lo cierto es que algunos lo hacen de vez en cuando, mientras que otros lo convierten en el eje de sus vidas. Miguel Delibes tuvo los días muy llenos. No me atrevería a decir que la escritura fuera el eje de su vida, pero desde luego un gran complemento. Para él era muy importante su mujer, su familia, su trabajo como periodista, como profesor, la caza, la “vida al aire libre”, etc., pero la escritura incluye todo lo que para el escritor es importante. Puede llegar a armonizarlo, en mi experiencia.

    Yo nunca hubiera pensado de niño que iba a dedicar mi vida a escribir, pero los libros, que siempre me gustaron y siempre tuvieron en mí una fuerte presencia, cada vez se me hicieron más importantes, más y más importantes, hasta que se puede decir que exploté, como un volcán, y ya no tuve más remedio que escribirlos, escribir mis propios libros, ser escritor, lo que tanto había admirado en otros. Con todo lo bueno y todo lo malo que eso implica, porque no todo es bueno. Pero ya antes había escrito textos literarios, en el colegio, para clase y para el certamen del colegio.

    El libro de Isabel Vázquez Fernández ha suscitado en mí estas reflexiones y otras, otros pensamientos que tendrán cabida, seguramente, en otros artículos, en otros espacios. Se palpa en Leyendo a Delibes lo mucho que Isabel Vázquez Fernández sabe del escritor, de la seriedad y, por qué no, el cariño con el que ha tratado su figura, su vida y su obra. Me ha gustado mucho el libro y me ha traído a la actualidad a este autor que ya forma parte de mi vida —como de la de muchos, pues muchos lo queremos—. He cogido de la estantería algunos libros que andaban por casa, aquí en Pontedeume, he realizado en ellos algunas “catas”, como diría Raúl del Pozo, y me he lanzado a escribir estas “cuartillas”, como se decía en la época en la que escritores como Cela y Delibes daban a luz obras maestras."

06/04/2024

el tren dels nens, fragment i 5

 

53


    "L’aire s’ha tornat fred de cop. Som a juny, però sembla novembre. Aquesta nit ha plogut. Un temporal que semblava no deixar esperances. Però resulta que aquest matí ha sortit un sol pàl·lid, un disc tènue i arrugat al bell mig del cel gris. De totes maneres la temperatura ha baixat, una tardor sobtada. Les persones pel carrer diuen que no es pot estar mai tranquil i que han hagut de tornar a treure les jaquetes del costat de l’armari on les havien guardades en fer el canvi de temporada.

    L’estació de piazza Garibaldi està atapeïda. Quan hi anava amb en Tommasino per veure marxar els trens, tot era el doble de gros. Recordo la veu que anunciava les arribades i les sortides, i la gent que aixecava maletes enormes, se les carregava a l’espatlla i es dirigia a l’andana. Aixeco els ulls cap al panell lluminós i hi llegeixo el número. Me’n vaig a pas lent cap a l’andana. L’última vegada que vaig ser aquí era fosc, tu i jo ens havíem barallat i jo corria descalç en direcció contrària als cants i les llums de la festa de Piedigrotta. Des de llavors sempre he evitat les estacions de tren, m’hi sentia incòmode. Ahir, però, vaig anar a l’agència i vaig canviar el bitllet d’avió per un de tren. Cal que torni a fer el mateix viatge de fa tants anys.

    A l’andana hi bufa un vent fred, i tots els que s’hi esperen s’embolcallen bé amb els abrics. Jo també m’estremeixo en la meva jaqueta de lli.

    Ha començat a ploure. Vaig arribar a la ciutat amb la cara mullada de suor i me’n vaig amb la cara mullada de pluja. A pesar de tot no estic trist, l’alegria del sol i del cel blau és una falsedat que pregonen les cançons populars, i el repicar de la pluja que cau, en canvi, em serveix per no pensar en el temps que passa.

    Miro el rellotge i em giro cap enrere per última vegada. Passejo la mirada per les persones que s’apinyen sota la marquesina i sospiro. El tren entra a l’estació amb un xiulet desafinat, tot seguit frena. Pujo lentament els graons cap al vagó, examino el bitllet i busco el meu lloc. No m’assec, continuo amb els ulls fixos a l’andana, esperant. Una senyora rossa amb un vestit de petites flors vermelles té el seient de davant meu. L’ajudo a pujar la maleta i a col·locar-la al portaequipatge. Ella em dona les gràcies amb un somriure i just llavors els veig arribar. Corrent i amb els cabells agitats pel vent, que cada vegada és més fort. Pico unes quantes vegades al vidre per cridar-los l’atenció. Passen per davant del meu vagó i es paren uns quants metres enllà. El tren fa un altre xiulet, però les portes encara són obertes. Baixo de pressa, en Carmine deixa anar la mà de la Maddalena i ve cap a mi.

    —L’autobús ha arribat tard, hi havia trànsit —em diu panteixant, mentre jo em poso a la gatzoneta i l’abraço.

    —Quan torni et vull trobar aquí esperant-me, d’acord?

    —Sí, tiet —diu en Carmine—, vindré amb el pare.

    El tren torna a xiular per últim cop, i jo hi pujo. Trec el cap per la finestra i estiro un braç enfora, però no arribo a la mà del nen. Li he regalat el meu violí, el que he retrobat gràcies a tu. És de la mida justa per a ell, ves a saber si tindrà ganes d’aprendre a tocar-lo. Podria fer-ho aquí, sense haver de fugir, sense haver de renunciar a tot el que té pels seus desitjos. Tot seguit les portes es tanquen i el tren arrenca. La Maddalena i en Carmine es fan més i més petits mentre la via llisca sota el vagó.

    La ciutat es queda enrere, primer a poc a poc i després una mica més de pressa, mentre minúscules gotes de pluja s’estenen pels vidres i s’esvaeixen regalimant cada vegada amb més intensitat.

    M’assec al meu lloc: a fora els arbres, les cases, els núvols passen rabents.

    La dona del vestit de flors que seu davant meu ha obert un llibre i ha començat a llegir. De tant en tant aixeca la mirada de les pàgines per observar-me, fins que assenyala la funda col·locada al costat de la maleta i em somriu.

    —És músic, vostè? A mi m’encanta la música simfònica.

    —Soc violinista.

    —Ha vingut per un concert?

    —No, he tornat a veure la família. Visc en un altre lloc, però la meva ciutat és aquesta —li responc, i em sorprèn que la veritat sigui tan fàcil. Allarga la mà cap a mi i es presenta. L’hi estrenyo, jo també li somric:

    —Tant de gust, Amerigo —dic. I afegeixo—: Speranza.

    S’hi està bé, al vagó, el tren avança en silenci, no hi fa ni calor ni fred, les veus al meu voltant m’acaricien amb un lleuger xiuxiueig. Em queda molt de temps, però no tinc pressa, el viatge més llarg ja l’he fet: he hagut de desfer tot el camí fins a tu, mare.

    El meu violí és al portaequipatge i la dona rossa s’ha tornat a concentrar en la lectura. De tant en tant les nostres mirades es troben. Tot d’una em sento molt cansat, com un nen satisfet, o sigui que tanco els ulls, recolzo el cap al respatller i el son arriba lentament."

El tren dels nens
Viola Ardone
traducció d'Alba Dedeu
Columna, 2020
pàgines: 299-302

cuines literàries

 




Pizza margarita

    Fue en Nápoles, en 1889, donde un conocido chef, Raffaele Esposito, decidió crear una pizza tricolor en honor a la bandera de Italia.

    Su fórmula era básica: tomate, mozzarella y albahaca. Por aquel entonces en el imperio italiano reinaba Margarita de Saboya y en honor a ella la bautizó como «Margherita» a cambio esta le dio el sello real a su pizzería.

    La pizza, aunque sencilla, se convirtió en la comida preferida de la reina y no tardó en popularizarse y traspasar las fronteras hasta convertirse en una de las más apreciadas en el mundo.


05/04/2024

el tren dels nens, fragment 4

 

36



    "Va passar ahir a la nit. Havies preparat pasta amb salsa genovesa per a l’endemà. Vas rentar la fusta de tallar, el cullerot, la paella, i els vas col·locar a eixugar a l’escorreplats. Et vas treure el davantal i el vas deixar, perfectament plegat, a la cadira de la cuina. Et vas posar la camisa de dormir, et vas deixar anar els cabells, no t’agradava dormir amb els cabells recollits. Els cabells encara els tenies gairebé tots negres. Et vas ajeure al llit i vas apagar el llum. La pasta amb salsa genovesa es va quedar «reposant» fins l’endemà. Sempre deies que la pasta amb salsa genovesa ha de reposar. Llavors et vas adormir, i tu també vas reposar.

    M’han trucat aquest matí a l’alba. Quan he contestat al tercer truc i m’han donat la notícia, m’he adonat que he viscut durant molts anys amb aquesta amenaça al cor, com una mena de malefici. Ni tan sols he pogut plorar. Només he pensat, ah, doncs resulta que el malefici s’ha complert. He dit: «Sí, sí, entesos, d’acord, agafaré el primer vol», i he marxat. Ara que te n’has anat, tota sola en la nit, ja no hi ha cap trucada que em pugui fer por.

    Baixo de l’avió i entro en una bossa de calor. En una mà hi duc la maleta, en l’altra, la funda amb el violí. Un autobús lentíssim em deixa davant l’àrea d’arribades, recorro el passadís fins a la porta automàtica. S’obre, no m’espera ningú. Mentre vaig cap a la sortida, la veu de la megafonia anuncia l’embarcament del vol a Munic. Fora de l’aeroport un grup de turistes espanyols se m’acosta per demanar-me informació. Faig veure que no els entenc per no haver de confessar que jo també soc un estranger en aquesta ciutat. Tinc calor i les sabates em fan mal. Quan són noves sempre em fan sortir butllofes als talons. La jaqueta de lli clar, així que surto de la frescor artificial de l’aeroport, se m’enganxa a sobre.

    Busco un taxi i demano que em portin a piazza Plebiscito. El taxista fa el gest d’agafar-me la maleta i la funda de les mans per desar-les al maleter.

    —El violí no —dic—. Me’l quedo jo.

    Pel camí miro per la finestra: els edificis, les botigues, els carrers no em diuen res. Les vegades que he tornat a la ciutat al llarg dels anys m’he limitat a ocupar-me dels afers que m’havien fet venir i a passar a saludar-te ràpidament. Mai no vaig tornar a posar els peus a casa teva. A tu et feia vergonya que jo me n’avergonyís. Ens vèiem a via Toledo, que en aquella època es deia via Roma, i et portava a dinar a fora. Reservava una taula vora el mar. T’agradava, tot i que l’aigua et feia por, perquè per a tu el mar només havia estat brutícia, humitat i pudor. El mar no serveix de res, deies. Al principi venia també l’Agostino, quan era més jove i encara t’escoltava. Més tard, a mesura que es feia gran, havia començat a inventar-se excuses. Deia: «Tinc feina». Val més així, pensava jo. Tu hauries volgut que estiguéssim més units, el meu germà i jo. Però què ens podria haver unit?

    Al taxi recolzo el cap contra el respatller i tanco els ulls. La roba se m’adhereix al cos per la suor i les butllofes als talons em palpiten dolorosament.

    El taxista m’observa pel mirall retrovisor.

    —Que sou professor de música? —pregunta mentre avança per un carrer estret i llarg.

    —No, soc actor —menteixo. Llavors recordo el violí i afegeixo—: Faig el paper d’un violinista. El porto per identificar-me amb el personatge.

    Li demano que em deixi a la plaça i agafo el carrer groc de sol. A la cruïlla amb la pujada fosca que porta al teu carreró m’aturo per fer temps, no estic preparat, però potser no ho estaré mai. Em trec el mocador de la butxaca. De llàgrimes no n’hi ha, m’eixugo la suor del front i continuo caminant."

El tren dels nens
Viola Ardone
traducció d'Alba Dedeu
Columna, 2020
pàgines: 223-225

el tren dels nens, fragment 3

 

28

    "El tren entra a l’estació, miro per la finestra per veure si hi ha la mare Antonietta, però no hi és. L’olor de la gentada m’entra pel nas, s’assembla a la de l’estable de la Rosa, però sense les vaques.

    De seguida que baixem, en Tommasino corre cap a la seva
família d’abans. Ahir encara el vaig veure abraçat al pare bigotut i a la mare d’allà dalt, i ara ni tan sols em diu adeu i s’esfuma entre la gent, agafat de la mà amb els germans de debò i amb la senyora Armida, la seva mare d’aquí baix. Allavòrens penso que tan bon punt vegi la mare Antonietta també per a mi tot el que ha passat aquests mesos desapareixerà en un instant, i em venen ganes de pujar altra vegada al tren i de tornar-me’n allà.

    En aquell moment, per darrere d’un senyor gras amb dues
maletes marrons, treu el cap la mare. Porta el vestit de mudar amb floretes, i els cabells a lloure sobre les espatlles. Ella no em veu, però jo a ella sí. Mira al seu voltant amb uns ulls espantats, com quan explicava la història del bombardeig en què va deixar la pell la meva àvia Filomena.

    Jo corro amb totes les meves forces i l’abraço per darrere, li enfonso el nas a l’esquena i li estrenyo els malucs amb els braços. La mare Antonietta, però, potser es pensa que soc un brivall i em clava un cop al cap amb el colze. Quan es gira crida:

    —Però tu em vols matar!

    S’ajup, em toca el cap, els braços, les cames, com si es volgués assegurar que ho tinc tot a lloc. Els nostres ulls estan a la mateixa altura. M’acosta una mà a la galta, com per acariciar-me, però el que fa és posar-me bé el coll de la camisa. Al final es redreça, mira fins on li arribo i diu:

    —T’has tornat alt. Les males herbes creixen…

    Durant tot el camí de tornada només parlo jo. La mare camina en silenci i no em fa preguntes.

    —Quan va néixer el vedell li van posar el meu nom —li dic per donar-me importància.

    —O sigui —diu ella—, no n’hi havia prou amb un, d’animal, que ara n’hi ha dos que es diuen igual.

     —I em clava una plantofada a la part del darrere del cap, però suau.

    La miro de reüll per veure si somriu. Em sembla que sí.

    Continuo parlant-li de la casa, del menjar, de l’escola, però ella no m’escolta. És com quan tens un somni i l’endemà al matí l’expliques, però ningú no hi està interessat. Però això meu no és un somni. Tinc la maleta plena de les coses que m’han regalat, el violí de l’Alcide dins de la funda, la roba i les sabates noves. Tot és de debò.

    Arribem al nostre carreró. Fa molta calor, totes les dones es venten amb el vano. La mare obre la porta i deixa la maleta a terra. Jo em quedo amb el violí, no sé on posar-lo. No tinc una habitació per a mi, no tinc ni un llit. Miro sota el de la mare, on hi havia les coses d’en Capa ’e fierro, però ja no hi ha res. La mare diu:

    —En Capa ’e fierro se n’ha anat.

    —Se l’han tornat a endur els policies?

    —Se n’ha anat amb la dona i els fills, viuen a Afragola. A partir d’ara ens haurem d’espavilar tu i jo sols. —Posa un got de llet i el pa del dia abans a taula—. Vols menjar res? Després del viatge deus tenir gana —diu.

    És el que menjava cada dia abans de marxar, però ara em sembla poca cosa. Tota la vida s’ha tornat a encongir. Obro la maleta i en trec els pots de melmelada, el formatge tou i el curat, el pernil i la mortadel·la, la coca amb salami embolicada amb la tela de ratlles blanques i grogues que encara fa olor de la cuina de la Rosa, la pasta fresca que va fer ahir al matí: jo la vaig ajudar a trencar els ous i a fer la massa, blanc de farina fins als colzes. Em sembla que ha passat un any en comptes d’un dia.

    Col·loco totes les coses en fila com si es tractés d’una festa, però a la nostra taula no hi caben pas totes. La mare ho toca i ho olora tot, com fa al mercat per veure si els aliments són frescos.

    —Guaita, ara són els fills els que porten menjar a les mares.

    Jo suco el pa dur de la mare a la llet i hi poso una mica de la melmelada de la Rosa.

    —Tasta-la, està feta amb fruita dels seus arbres.

    Ella fa que no amb el cap.

    —Menja tu, jo no tinc gana. —I treu la roba, els quaderns i els llibres de l’escola, la ploma i el llapis.

    —. Tu abans ja eres el Nobel, però ara t’han tornat professor de música, també, allà dalt. —I assenyala el violí.

    N’obre la funda i l’olor de fusta i de coles de la botiga de l’Alcide m’arriba al nas.

    —L’ha fet el meu pare d’allà dalt. A la funda hi posa el meu nom, ho veus?

    —No sé llegir —respon ella.

    —Vols sentir com el toco?

    La mare mira amunt.

    —Escolta’m bé, tu de pare només en tens un i se’n va anar a fer fortuna. Quan torni carregat de riquesa seràs tu que portaràs regals als altres, i ja no haurem de demanar caritat a ningú.

    M’agafa el violí de les mans i l’observa com si fos un animal estrany, que la pot mossegar en qualsevol moment.

    —Mentrestant ens haurem d’espavilar nosaltres sols. He tornat a parlar amb el sabater, t’agafarà a la botiga. Al principi t’ensenyarà l’ofici, després, amb el temps, quan en sàpigues, et donarà uns quants calerons…

    Jo penso que el somni no era la vida d’abans sinó aquest moment d’ara, i que, si obro els ulls, em despertaré i em trobaré al meu llit a casa de la Derna, amb la llum que dibuixa franges al llençol, la realitat és allò.

    —El mestre Ferrari diu que soc bo en matemàtiques…

    —I aquest mestre teu també diu que ens els enviarà ell, els diners per tirar endavant? —em renya—. Li has explicat, al mestre, que ta mare no va a robar, que aquí hi ha persones honestes?

    Va amunt i avall per l’habitació guardant totes les coses que he portat. La roba, els quaderns, el menjar. Ni tan sols puc veure on van a parar.

    —Això no et fa falta, ara —diu.

    El violí, la funda i el meu nom al folre desapareixen sota el llit. No dic res, em fico la mà a la butxaca i faig girar entre els dits la bala d’en Luzio. Això és el que em queda."

El tren dels nens
Viola Ardone
traducció d'Alba Dedeu
Columna, 2020
pàgines: 186-189