20 d’ag. 2012

Sarajevo: testimonis 1




"«Hay que recorrer pacientemente la ciudad —leo en una guía de Sarajevo editada hace pocos años— para descubrirla, situar sus distritos principales y comprender que su corazón late siempre en la vieja Carsija, el barrio popular de los bazares. Comerciantes, curiosos y turistas. La Bascarsija,  nombre actual de esta parte de la villa, debe visitarse necesariamente a pie. En sus alrededores los aparcamientos son escasos y de localización difícil.» (….)
Hoy es un espacio desierto expuesto a los morterazos y obuses de los extremistas panserbios apostados en  las cimas del otro lado del río. Varios puestos callejeros de metal herrumbroso permanecen maltrechos y vacíos, una patética columna anunciadora, exhibe carteles desgarrados de actividades culturales muertas, un camión amarillo se ha inmovilizado para siempre junto al bello quiosco otomano de madera de cúpula estriada y rematada con dos bolas y una diminuta  medialuna. Los bazares están atrancados o han sido desventrados por los obuses,  sus tejados rojizos presentan boquetes o cicatrices de impactos,, los semáforos inútiles y rótulos indicativos de una Tourist route son  una reminiscencia ilusoria de pasados tiempos de dicha. (…)
El espectáculo de mayor desolación lo ofrece el antiguo Instituto de Estudios Orientales: la célebre biblioteca, de Sarajevo. El domingo 26 de agosto de 1992, los ultranacionalistas serbios arrojaron sobre ella un diluvio de cohetes incendiarios que redujeron en pocas horas todo su rico patrimonio cultural a cenizas. Como señala la Oficina de Información del. Gobierno de Bosnia-Herzegovina, dicho acto «constituye el atentado más bárbaro cometido contra la cultura europea desde la Segunda Guerra Mundial». En verdad —y tal era el propósito de la gavilla de mediocres novelistas, poetas e historiadores con vocación de pirómanos, cuyo Informe a la Academia de Belgrado fue el germen de la ascensión de Milosevic al poder y del subsiguiente desmembramiento de Yugoslavia—, dicho crimen no puede ser definido cabalmente sino como memoricidio. Puesto que toda huella islámica debe ser extirpada del territorio de la Gran Serbia, la biblioteca, memoria, colectiva del pueblo musulmán bosnio, estaba condenada a priori a desaparecer en las llamas de la vengadora purificación. (…)
En  el nuevo mapa de los Balcanes, trazado a sangre y fuego por los defensores de la primacía de los valores nacionales y religiosos, el mero nombre de Sarajevo simboliza la existencia de un cosmopolitismo odiado y sentido corno una afrenta: espacio de encuentros y convergencias, punto en donde las diferencias, en vez de ser causa de exclusión se entremezclan y fecundan por ósmosis y permeabilidad; la capital bosnia cifra — -me cuesta escribir cifraba — una concepción distinta,  estimulante y abierta de la ciudad europea.  Ciegos,  sordos y mudos,  estamos permitiendo que la destruyan."

Cuaderno de Sarajevo
 Anotaciones de un viaje a la barbarie
Juan Goytisolo

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada