21 d’ag. 2012

Sarajevo: testimonis 2


“Había una guerra en Croacia. Todos fuimos testigos de los terrores infligidos a Vukovar. Nos indignaban las matanzas masivas. No soportábamos ver la destrucción de Dubrovnik. Nos llegaban noticias de las barbaridades cometidas en Bijeljina y Visegrad,  (en  Bosnia).  La guerra había comenzado en nuestro país.  Nos preguntábamos atónitos: ¿qué está pasando? y ¿por qué?  Nos llegaban rumores de que atacarían Sarajevo y Bosnia-Herzegovina en cuanto obtuviera el reconocimiento internacional.
Nosotros, los ciudadanos de Sarajevo, no nos lo creíamos.  Quiero decir, ¿por qué Sarajevo, (dónde)  las culturas occidentales y orientales (se habían) fundido en una sola? Es una hermosa ciudad en un valle,  rodeada de montanas cubiertas de bosques frondosos. Prados perfumados en verano... arroyos en la montana. Ahora estas montañas se han convertido en un nido del mal. (…)
Me gustaría decir algo sobre mis colegas, mis supuestos amigos. Después de los primeros ataques a Sarajevo, (algunos serbios) abandonaron la ciudad y se fueron a Pale, a Banja Luka, (bajo control serbio), y a otros lugares... Mis amigos me disparaban a mí, nos disparaban a nosotros.  ¿Has sentido alguna vez que se te parte el alma? Me duele en lo más profundo de mi corazón. Esto me ha hecho sufrir mucho. Muchos de ellos habían sido mis mejores amigos, gente que me solía ayudar, con la que he compartido alegrías y penas. Los he perdido para siempre de la forma más inaceptable. He pasado uno de los mayores dilemas humanos. (…)
El ruido de los bombardeos y las explosiones nos volvían locos, también el ruido del lanzacohetes múltiple. Pero el sonido mas terrible era el de las metralletas que se oía día y noche sin parar y el silbido de las balas de aquellos disparos aislados.
 ¿Te puedes creer que los niños estaban mas tranquilos que los adultos? Mi hijo, que por aquel entonces tenía nueve anos, tenía mucha sangre fría. Cada vez que me entraba el pánico y lo metía en un portal, me tranquilizaba: “¿no te has dado cuenta de que la granada ha pasado por encima de este edificio? Caerá en otro lado.” Y así era. En los momentos de tranquilidad salíamos. Los niños recogían trozos de bombas,  granadas y balas gastadas. Mi hijo tenía una colección. Se puso muy triste porque no dejé que se las llevará cuando nos escapamos de Sarajevo.
(Mi marido y mi hijo) estaban en casa (mientras yo estaba en el trabajo). Estaba enferma de miedo, preguntándome si estarían vivos cuando llegará a casa. Ellos se preguntaban si yo iba a volver por la noche. Yo tenía miedo todo el tiempo. Me dolía todo y se me encogía el estómago. Cada vez que llegaba a casa me ponía a llorar. Mis nervios no lo aguantaban.
Nos solíamos reunir alrededor de una radio pequeña, escuchando las noticias y esperando un milagro. Pensábamos que estábamos viviendo una pesadilla y que nos despertaríamos.  Pero los cuerpos de los muertos, los heridos y los mutilados eran reales. Y los asesinos eran nuestros antiguos amigos y vecinos. (…)
Aunque sabia que era la única forma de salvar la vida de mi hijo,  me costó salir de mi querida ciudad, abandonar a mi marido y a mis amigos, para dirigirme con un solo bolso de viaje a lo desconocido. El convoy nos llevo a Split. Yo estaba en un estado de shock. Era un día tranquilo y bonito. No había bombardeos, ni artillería. Las tiendas estaban llenas de comida y ropa.  Vi fruta y verdura...(…)
Simplemente floto por la vida. Los días pasan, uno tras otro. Los meses pasan y yo ni siquiera me doy cuenta del cambio de las estaciones. Ya no puedo disfrutar del olor de las flores.
(A mi hijo) le gusta Zàgreb. Se ha vuelto muy independiente. Va a la escuela y es muy buen alumno.  Conmigo le seria fácil embarcarse en otra aventura hacia lo desconocido. Podría dar la vuelta al mundo. Está estudiando idiomas, “por si me hacen falta”, dice.  Es un chico muy inteligente y tuvo la fuerza para ayudarme en los momentos de crisis. Sin su apoyo no sé si estaría viva ahora. Es el significado de mi vida, mi única luz. Debó aguantar por el, para darle todo lo que pueda. Tengo que luchar por su felicidad en el futuró."

Testimoni anònim d’una refugiada de 43 anys. Selección del llibre:


Armas para luchar, brazos para proteger
Las mujeres hablan de la guerra
Panos Institute

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