4 de nov. 2022

ferrocarril subterrani, fragment 3

 


    “La granja Valentine había dado pasos magníficos hacia el futuro, dijo Mingo. Benefactores blancos los proveían de libros de texto para los niños, ¿por qué no pedirles que recaudaran fondos para escuelas enteras? Y no solo para una o dos, sino para docenas. Demostrando el empuje e inteligencia de los negros, argumentó Mingo, entrarían en la sociedad americana como miembros productivos de pleno derecho. ¿Por qué arriesgar algo así? Necesitamos ir más despacio. Alcanzar acuerdos con los vecinos y, sobre todo, poner fin a las actividades que les obligarán a descargar su ira sobre nosotros.

    —Hemos construido algo increíble —concluyó—. Pero es delicado y necesitamos protegerlo, alimentarlo, o si no, se marchitará como una rosa en una helada repentina.

    Durante los aplausos, Lander susurró a la hija de Mingo y volvieron a reírse por lo bajo. La niña arrancó una de las flores de tela del ramillete y se la prendió en el primer ojal de su traje verde.
Lander fingió oler la fragancia y desvanecerse.

    —Ha llegado el momento —dijo Royal mientras Lander estrechaba la mano de Mingo y ocupaba su lugar frente al atril.

    Royal se había pasado el día con él, paseando por la finca y conversando. Royal no estaba de acuerdo con lo que diría Lander, pero parecía optimista. Con anterioridad, cuando había surgido el tema del traslado, le había dicho a Cora que prefería Canadá al oeste.

    —Allí sí que saben tratar a los negros libres —había asegurado Royal.

    ¿Y su trabajo en el ferrocarril? En algún momento tenía que establecerse en alguna parte, dijo Royal. No se puede fundar una familia yendo de un lado para otro por culpa del ferrocarril. Al oír esto, Cora cambió de tema.

    Ahora vería por sí misma, todos verían lo que el hombre de Boston tenía en mente.

    —El hermano Mingo ha dicho varias verdades —dijo Lander—. No podemos salvar a todo el mundo. Pero eso no significa que no debamos intentarlo. A veces una ilusión útil es mejor que una verdad inútil. En este frío mezquino no crecerá nada, pero podemos tener flores.

    He aquí una vana ilusión: podemos escapar de la esclavitud. No podemos. Sus cicatrices nunca se borrarán. Cuando visteis cómo vendían a vuestra madre, pegaban a vuestro padre o un jefe o el amo violaba a vuestra hermana, ¿alguna vez pensasteis que hoy estaríais aquí, sin cadenas, sin yugo, rodeados de una nueva familia? Todo cuanto conocíais os decía que la libertad era un engaño y, sin embargo, aquí estáis. Todavía a la fuga, guiados por la luna llena hacia un nuevo refugio.

    La granja Valentine es una vana ilusión. ¿Quién os ha dicho que los negros merecen un refugio? ¿Quién os ha dicho que tenéis derecho a un refugio? Cada minuto de vuestra sufrida vida indica lo contrario. A juzgar por la historia precedente, no puede ser. Por tanto, este lugar también debe de ser una vana ilusión. Y, sin embargo, aquí estamos.

    Y América también es una vana ilusión, la mayor de todas. La raza blanca cree, lo cree con toda su alma, que está en su derecho de apropiarse de la tierra. De matar indios. De hacer la guerra. De esclavizar a sus hermanos. Si hay justicia en el mundo, esta nación no debería existir, porque está fundada en el asesinato, el robo y la crueldad. Y, sin embargo, aquí estamos.

    Se supone que debo responder a la petición de Mingo de un progreso gradual, de cerrar las puertas a los necesitados. Se supone que debo contestar a quienes opinan que este lugar está demasiado cerca de la penosa influencia de la esclavitud y que deberíamos trasladarnos al oeste. No tengo respuesta. No sé lo que deberíamos hacer. Nosotros, en plural. En cierto sentido, lo único que tenemos en común es el color de la piel. Nuestros antepasados vinieron todos del continente africano. Es bastante grande. El hermano Valentine tiene mapas del mundo en su espléndida biblioteca, podéis consultarlos. Nuestros antepasados tenían medios de subsistencia distintos, costumbres diversas, hablaban cien lenguas diferentes. Y esa gran variedad llegó a América en las bodegas de los barcos negreros. Al norte y al sur. Sus descendientes recolectaron tabaco, cultivaron algodón, trabajaron en grandes haciendas y en granjas más pequeñas. Somos artesanos y comadronas y predicadores y buhoneros. Manos negras levantaron la Casa Blanca, la sede del gobierno de la nación. Nosotros, en plural. Nosotros no somos un pueblo, sino muchos pueblos. ¿Cómo puede una persona hablar por esta raza, grande y bella, que no es una raza, sino múltiples razas, con un millón de deseos y esperanzas y anhelos para nosotros y para nuestros hijos?

    Porque somos africanos en América. Una novedad en la historia del mundo, sin modelos para lo que seremos.

    El color tendrá que bastar. Nos ha conducido a esta noche, a este debate, y nos conducirá al futuro. Lo único que sé de verdad es que nos alzaremos y caeremos como uno solo, una familia de color vecina de una familia blanca. Tal vez no conozcamos el camino que atraviesa el bosque, pero podemos levantarnos unos a otros cuando caigamos y llegaremos juntos.”

El ferrocarril subterráneo
Colson Whitehead
traducción de Cruz Rodríguez Juiz
Rabson House, 2017
Páginas 293-295

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