04/04/2015

realisme brut II



Raymond Carver (1938-1988), poeta i escriptor de contes estatunidenc, és autor de narracions  ambientades en la costa nord-americana del Pacífic. La seva escriptura, de gran sobrietat, evita les disquisicions psicològiques i l'estil rebuscat i prima la “realitat bruta” , el minimalisme i la descripció realista de la vida dels personatges, sovint obrers alienats, dominats per la sensació de fracàs en la seva vida quotidiana. Les seves obres principals són Vols callar, sisplau? (1976); De què parlem quan parlem de l'amor? (1981) i Catedral (1984).

En la paret del seu dormitori va clavar amb xinxetes un retrat de Antonio Machado. Li dedica un poema que inclou en Sota una llum marina:


Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí
a dar mi paseo. ¡Presta atención! —decías,
Cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.
Con que miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté al sol, en mi sitio
De junto al río desde donde puedo ver las montañas
y cerré los ojos y escuché el sonido
del agua. Luego los abrí y me puse a leer
“Abel Martín”
Esta mañana pensé mucho en ti, Machado,
y espero, incluso cara a lo que sé de la muerte,
que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.
Pero está bien aunque no lo recibas. Que duermas bien.
Descansa. Antes o después espero que nos veamos.

Y entonces podré decirte estas cosas directamente. 

03/04/2015

Sean Penn&Bukowski

Entrevista de Sean Penn apareguda traduïda en el suplement “Radar” de la revista Página 12, el 27 de juny de 2004.


“Charles Bukowski nació en Andernach, Alemania, en 1920. A los tres años de edad llegó a los Estados Unidos y creció en Los Angeles. Actualmente reside en San Pedro, California, con su esposa, Linda. Famoso borracho, peleador y mujeriego, Genet y Sartre lo llamaron “el mejor poeta de los Estados Unidos”, pero sus amigos lo llaman Hank.

Bares: “Ya no voy mucho a bares. Saqué eso de mi sistema. Ahora, cuando entro a un bar, siento náuseas. Estuve en demasiados, es apabullante. Son para cuando uno es más joven: todo eso de irse a las manos con un tipo, hacerse el macho, levantarse minas. A mi edad, ya no lo necesito. Hoy sólo entro a los bares para mear. A veces cruzo la puerta y empiezo a vomitar”.

El alcohol: “El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido ser más libre en la cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas... Entonces el alcohol me gusta, cómo no”.

Fumar: “Me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Yo solía despertarme de una borrachera y había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas, casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me preguntaba: ‘¡Mierda! ¿Cómo se verán mis pulmones?’”.

Pelear: “La mejor sensación es cuando golpeas a un tipo que no se supone que puedas golpear. Una vez me metí con un tipo, me estaba insultando. Le dije: ‘Bueno, adelante’. No tuve ningún problema, le gané la pelea fácilmente. Estaba tirado en el piso. Tenía la nariz ensangrentada. Me dijo: “Jesús, te mueves siempre tan lentamente que pensé que sería fácil. Y cuando empezó la condenada pelea, ya no podía ver tus manos, te volviste tan rápido. ¿Qué pasó?”. Le dije: “No sé, hombre. Así son las cosas. Uno ahorra para cuando tiene que usarlo’”.

Los gatos: “Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores. Cuantos más gatos tenga uno, más tiempo vivirá. Si tienes cien gatos, vivirás diez veces más que si tienes diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo”.

Las mujeres y el sexo: “Yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo nunca están bien para ellas. Y cuando me tiran toda esa histeria... Tengo que salir, montarme en el coche e irme. A cualquier parte. Tomar una taza de café en algún lado. En cualquier lado. Cualquier cosa menos otra mujer. Supongo que están construidas de diferente manera, ¿no? Cuando la histeria empieza, se acaba todo. Uno se tiene que ir, ellas no entienden por qué. “¿Adónde vas?”, ¡te gritan. “¡Me voy a la mierda, nena!”. Piensan que soy un misógino, pero no es verdad. Es puro boca a boca. Escuchan que Bukowski es “un cerdo macho chauvinista”, pero no contrastan la fuente. Seguro, a veces pinto una mala imagen de las mujeres en mis cuentos, pero con los hombres hago lo mismo. Incluso yo salgo mal parado muchas veces. Si realmente pienso que algo es malo, digo que es malo, sea hombre, mujer, niño o perro. Las mujeres son tan quisquillosas, piensan que me las agarro con ellas en particular. Ése es su problema”.

La primera vez: “Mi primera vez fue la más rara. No sabía cómo hacerlo, y ella me enseñó a chuparle el coño y todas esas cosas de follar. Me acuerdo de que me decía: “Hank, eres un buen escritor, pero no sabes nada sobre las mujeres”. “¿Qué quieres decir? Estuve con un montón de mujeres.” “No, no sabes nada. Déjame enseñarte algunas cosas.” Le dije que bueno y ella: “Eres un buen estudiante, entiendes rápido”. Eso fue todo. (Está un poco avergonzado. No por los detalles sino por el sentimentalismo del recuerdo.) Pero todo ese asunto de chupar coños te deja en un lugar un poco servil. Me gusta hacerlas gozar, pero... Todo está sobrevalorado. El sexo sólo es una gran cosa cuando no lo practicas”.

El sexo antes del sida (y su boda): “Yo nada más entraba y salía de entre las sábanas. No sé, era como un trance, un trance de follar. Y las mujeres... uno les decía algo, las tomaba de la muñeca, “vamos, nena”, las guiaba hasta el dormitorio y se las follaba. Cuando uno entra en el ritmo, sigue adelante. Hay un montón de mujeres solitarias en el mundo. Son lindas, pero no se saben conectar. Están sentadas solas, van al trabajo, vuelven a la casa... es algo maravilloso para ellas que un tipo se les aparezca. Y si se sienta cerca, bebe y habla, es entretenimiento. Estuvo bien, tuve suerte. Las mujeres modernas... no te cosen los botones”.

Escribir: “Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: “¿Le gusta violar a niñitas?”. Dije: “Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida”. Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga calada a su cigarrillo.) Es así. La calada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga...lam agia”.

La poesía: “Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la palabra ‘poeta’ o ‘poesía’, todos los tontos se reían y se burlaban. Puedo ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y endogámico por siglos. Es ultradelicado, sobreapreciado. Es un montón de mierda. Durante siglos, la poesía es casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes poetas, no me entienda mal. Hay un poeta chino llamado Li Po. Podía poner más sentimiento, realismo y pasión en cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía vino también. Solía quemar sus poemas, navegar por el río y beber vino. Los emperadores lo amaban porque podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó sus poemas malos. Lo que yo quise hacer, si me disculpa, es incorporar el punto de vista de los obreros sobre la vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la existencia del hombre común... algo que pocas veces se menciona en la poesía desde hace siglos. Mejor, que quede registrado que dije que la poesía es una mierda desde hace siglos. Y una vergüenza”.

Céline: “La primera vez que leí a Céline, me fui a la cama con una caja grande de galletitas Ritz. Empecé a leerle y me comía una galletita Ritz, me reía, me comía una Ritz, leía. Leí la novela entera de un tirón y me terminé la caja de galletitas. Y me levanté y tomé agua. Tendrías que haberme visto. No me podía mover. Eso es lo que un buen escritor te puede hacer. Casi te puede matar. Un mal escritor puede hacerlo, también”. 

Shakespeare: “Es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio proceso de pensamiento. Me desagradan”.

Sus lecturas favoritas: “Leí en el The National Enquirer una nota titulada ‘¿Es su marido homosexual?’. Linda me dijo: ‘¡Tienes voz de maricón!’. Yo dije: ‘Oh, sí, siempre me lo pregunté’. Ese artículo decía: ‘¿Su marido se depila las cejas?’. Y yo pensé, mierda, lo hago todo el tiempo. Ahora sé lo que soy. Me depilo las cejas, soy un maricón. Es muy amable de parte de The National Enquirer decirme lo que soy”.

El humor y la muerte: “El último gran humorista era un tipo llamado James Thurber. Pero su humor era tan magnífico que tuvieron que ignorarlo. Este tipo era, podría decirse, un psiquiatra de las edades. Tenía algo ambiguo, hombre-mujer, veía cosas. Era sanador. Su humor era tan real que uno gritaba de risa, era como una liberación frenética. Aparte de Thurber, no puedo pensar en nadie... Yo tengo algo de humorista, pero no como él. No llamo humor a lo que tengo, lo llamo un ‘filo cómico’. Estoy colgado en eso. Casi todo lo que pasa es ridículo. Cagamos todos los días. Eso es ridículo, ¿no te parece? Tenemos que seguir meando, poniendo comida en nuestras bocas, nos sale cera de los oídos. Tenemos que rascarnos. Cosas feas y tontas, ¿o no? Las tetas no sirven para nada, salvo...”.

Nosotros: “La verdad es que somos monstruosidades. Si pudiéramos vernos, podríamos amarnos, darnos cuenta de lo ridículos que somos, con nuestros intestinos retorcidos por los que se desliza lentamente la mierda mientras nos miramos a los ojos y decimos: ‘Te amo’. Nos carbonizamos y producimos mierda, pero no nos tiramos pedos cerca del otro. Todo tiene un filo cómico”.

Ganar: “Y después nos morimos. Pero la muerte no nos ha ganado. No ha mostrado ninguna credencial. Nosotros hemos mostrado todas las credenciales. Con el nacimiento, ¿nos ganamos la vida? No realmente, pero de seguro la hija de puta nos tiene atrapados... La muerte me provoca resentimiento, la vida también, y mucho más estar atrapado entre las dos. ¿Sabes cuantas veces intenté suicidarme? Dame tiempo, sólo tengo 66 años. Sigo trabajando en eso. Cuando uno tiene tendencias suicidas, nada lo molesta, excepto perder en las carreras de caballos. ¿Por qué será? A lo mejor porque uno usa su mente en las carreras, no su corazón. Pero nunca cabalgué. No estoy muy interesado en el caballo sino en el proceso de acertar o no, selectivamente”.

Las carreras: “Traté de ganarme la vida con las carreras por un tiempo. Es doloroso. Es vigorizante. Todo está al límite, el alquiler, todo. Pero uno tiende a ser cuidadoso. Una vez estaba sentado en una curva. Había doce caballos en la carrera y estaban todos amontonados. Parecía un gran ataque. Todo lo que veía era esos grandes culos de caballo subiendo y bajando. Parecían salvajes. Miré esos culos de caballos y pensé: ‘Esto es una locura total’. Pero hay otros días en los que ganas cuatrocientos o quinientos dólares, ganas ocho o nueve carreras al hilo, y te sientes Dios, como si lo supieras todo. Y todo queda en su lugar”.

La gente: “No miro mucho a la gente. Es perturbador. Dicen que si miras mucho a otra persona, te empiezas a parecer a ella. Pobre Linda. La mayoría de las veces me la puedo pasar sin la gente. La gente no me llena, me vacía. No respeto a nadie. Tengo un problema en ese sentido. Estoy mintiendo pero, créeme, es verdad”.

La fama: “Es destructora. Es una puta, una perra, la destructora más grande de todos los tiempos. A mí me tocó la mejor parte porque soy famoso en Europa y desconocido aquí, en Estados Unidos. Soy uno de los hombres más afortunados. La fama es terrible. Es una media en una escala del denominador común, la meten trabajando a un nivel bajo. No tiene valor. Una audiencia selecta es mucho mejor”.

La soledad: “Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Ni varias personas. En otras palabras, la soledad no es algo que me molesta porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca pensé: ‘Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a follar, y me va a acariciar las pelotas, y me voy a sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. La gente común piensa: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos aquí sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada fuera. Es una estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Nunca tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me escondía en bares porque no quería esconderme en fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones, pero nunca me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo encontrar”.

El tiempo libre: “Es muy importante tener tiempo libre. Hay que parar por completo y no hacer nada por largos períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una ama de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas en las que no haces nada. Uno se tira en una cama a mirar el techo. Hacer nada es muy, muy importante. ¿Y cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca. Por eso la mayoría está totalmente loca, frustrada, enojada y odiosa. Antes de casarme, o de conocer a muchas mujeres, bajaba las cortinas y me metía en la cama por tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y para comer una lata de cualquier cosa. Después me vestía y salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería recargada. Pero, ¿sabes qué me desmoralizaba? El primer rostro humano que veía en la calle. Solo esa cara me hacía perder la mitad de la energía. Esta cara monstruosa, sin expresión, tonta, sin sentimientos, cargada de capitalismo. Pero aun así valía la pena, me quedaba la mitad de la energía todavía. Por eso el tiempo libre es importante. Y no digo tomarse tiempo para tener pensamientos profundos. Hablo de no pensar en absoluto. Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno mismo. Sólo ser un haragán. Es hermoso”.

La belleza: “No existe algo como la belleza, especialmente en un rostro humano, eso que llamamos fisonomía. Todo es un imaginado y matemático alineamiento de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no sobresale mucho, si los costados están bien, si las orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es demasiado largo. Es una mirada generalizadora. La gente piensa que ciertos rostros son hermosos, pero, realmente, no lo son. La verdadera belleza, por supuesto, viene de la personalidad. No tiene nada que ver con la forma de las cejas. Me dicen de tantas mujeres que son hermosas... pero cuando las veo, es como mirar un plato de sopa”.

La fealdad: “No existe. Hay algo llamado deformidad, pero la simple fealdad no existe. He dicho”.

Érase una vez: “Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre intentando ser escritor en Nueva York. No había comido en tres o cuatro días. Así que finalmente dije: ‘Me voy a comer una gran bolsa de palomitas’. Cada grano era como un churrasco. Tragaba y echaba palomitas a mi estómago que decía ‘¡Gracias, gracias!’. Estaba en el paraíso, caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado y uno le dijo al otro: ‘¡Jesús!’. El otro dijo: ‘¿Qué pasa?’ ‘¿Viste a ese tipo comiendo palomitas? Dios, era horrible.’ Así que no pude disfrutar el resto de las palomitas. Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era horrible’. Yo estaba en el paraíso. Supongo que era un poco cochino. Ellos siempre pueden distinguir a un tipo hecho mierda”.

La prensa: “Disfruto las cosas malas que se dicen sobre mí. Aumenta la venta de libros y me hace sentir malvado. No me gusta sentirme bien porque soy bueno. ¿Pero malo? Sí. Me da otra dimensión. Me gusta ser atacado. ‘¡Bukowski es desagradable!’ Eso me hace reír, me gusta. ‘¡Es un escritor desastroso!’ Sonrío más. Me alimento de eso. Pero cuando un tipo me dice que dan un texto mío como material de lectura en una universidad, me quedo boquiabierto. No sé, me aterra ser demasiado aceptado. Siento que hice algo mal”.

El dedo: (Levanta el dedo meñique de su mano izquierda) “¿Viste alguna vez este dedo? (El dedo parece paralizado en una forma de “L”). Me lo rompí una noche, borracho. No sé por qué, pero nunca volvió a su lugar. Pero funciona perfecto para la letra ‘a’ de la máquina de escribir, y qué demonios, le agrega algo a mi personaje”.

La valentía: “A la mayoría de la gente supuestamente valiente le falta imaginación. Es como si no pudieran concebir lo que sucedería si algo saliera mal. Los verdaderos valientes vencen a su imaginación y hacen lo que deben hacer”.

El miedo: “No sé nada sobre eso”. (Se ríe.) La violencia: “Creo que, la mayoría de las veces, la violencia es malinterpretada. Hace falta cierta violencia. En nosotros hay una energía que necesita ser sacada. Creo que si esa energía es contenida, nos volvemos locos. La paz última que todos deseamos no es un área deseable. De alguna manera, no estamos destinados a eso. Por eso me gusta ver peleas de boxeo, y por eso yo mismo las protagonizaba en mi juventud. A veces se llama violencia a la expulsión de energía con honor. Hay locura interesante y locura desagradable. Hay buenas y malas formas de violencia. Es un término vago. Está bien si no se hace a expensas de otros”.

El dolor físico: “Con el tiempo uno se endurece, aguanta el dolor físico. Cuando estaba en el Hospital General, un tipo entró y dijo: ‘Nunca vi a nadie aguantar la aguja con tanta frialdad’. Eso no es valentía. Si uno aguanta suficiente dolor, uno cede. Es un proceso, un ajuste. Pero no hay forma de acostumbrarse al dolor mental. Me mantengo lejos de él”.

La psiquiatría: “¿Qué consiguen los pacientes psiquiátricos? Una cuenta. Creo que el problema entre un psiquiatra y su paciente es que el psiquiatra actúa de acuerdo al libro, mientras que el paciente llega por lo que la vida le ha hecho. Y aunque el libro pueda tener cierta perspicacia, las páginas siempre son las mismas y cada paciente es diferente. Hay muchos más problemas individuales que páginas. Hay demasiada gente loca como para resolverlo diciendo: ‘Tantos dólares por hora, cuando suena el timbre terminamos’. Eso sólo puede llevar a una persona un poco loca a la locura total. Cuando uno empieza a abrirse y a sentirse bien,  el psiquiatra dice: ‘Enfermera, concierte la próxima cita’. Todo es asquerosamente mundano. El tipo está ahí para quedarse con tu culo, no para curarte. Quiere tu dinero. Cuando suena el timbre, que entre el siguiente loco. Ahora, el loco sensible se va a dar cuenta de que cuando el timbre suena, significa que lo echaron. No hay límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he visto parecen estar al límite ellos mismos, además. Pero están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”.

La fe: “La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi fontanero que en el ser eterno. Los fontaneros hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya”.

El cinismo: “Siempre me acusaron de cínico. Creo que el cinismo es una uva amarga. Es una debilidad. Es decir: ‘¡Todo está mal! ¿Entiendes? ¡Esto no está bien! ¡Aquello no está bien!’. El cinismo es la debilidad que evita que nos ajustemos a lo que ocurre en el momento. El optimismo también es una debilidad. ‘El sol brilla, los pájaros cantan, sonríe.’ Eso es mierda también. La verdad está en algún lugar entre los dos. Lo que es, es. Si no estás listo para soportarlo, jódete”.

La moralidad convencional: “Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan pueden crearlo. Pienso que la gente está sobredomesticada. Uno tiene que averiguar lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un término extraño aquí: el bien. No sé de dónde viene, pero siento que hay un básico rasgo de bondad en cada uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en esta ‘bondad’, como un tubo dentro de nuestros cuerpos. Puede ser alimentada. Siempre es mágica, por ejemplo cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un extraño hace lugar para que alguien pueda cambiar de carril... es esperanzador”.


Sobre ser entrevistado: “Es como ser arrinconado. Es vergonzoso. Por eso, no siempre digo toda la verdad. Me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que si quieren saber algo sobre mí, no lean una entrevista. Ignoren ésta, también”.

un viejo indecente

“Algún hijoputa había acaparado todo el dinero, todos decían estar sin blanca, se acababa el juego, yo estaba allí sentado con mi compadre Elf, Elf estuvo jodido de pequeño, encogido todo, se pasó años tumbado en la cama apretando esas pelotas de goma, haciendo extraños ejercios, y cuando un buen día salió de aquella cama, era más ancho que alto, una risueña bestia musculosa que quería ser escritor pero escribía demasiado pareado a Thomas Wolfe y, Dreiser aparte, T. Wolfe fue el peor escritor norteamericano de todos los tiempos, y bueno, le arreé detrás de la oreja y la botella cayó de la mesa (él había dicho algo con lo que yo no estaba de acuerdo) cuando fue a levantarse yo tenía la botella agarrada, un escocés magnífico, y le aticé en la mandíbula y parte del cuello allí debajo y abajo se fue otra vez, y yo me sentía el amo del mundo, yo estudiaba a Dostoievski y escuchaba a Mahler en la oscuridad, y, bueno, tuve tiempo para beber de la botella, posarla, amagar con la derecha y empalmarle la izquierda justo debajo del cinturón, cayó contra el aparador, como un fardo, se rompió el espejo, hizo ruidos como de película, relampagueó y se hizo añicos y luego Elf me atizó en la frente, arriba, y caí hada atrás sobre una silla y la silla se aplastó como paja, mobiliario barato, y luego me vi yo en el suelo... (tengo manos pequeñas y no tenía muchas ganas de pelea y no le había dejado fuera de combate) y aquel papanatas de tres al cuarto vengativo se me vino encima y recibí más o menos uno por cada tres que aticé, no muy buenos, pero él quería seguir y el mobiliario se desmoronaba por todas partes, con muchísimo ruido y yo estaba deseando que alguien parase aquel maldito asunto: la casera, la policía, Dios, cualquiera, pero aquello siguió y siguió y siguió, y luego ya no me acuerdo.

Cuando desperté, el sol estaba alto y yo bajo la cama. Salí de allí debajo y descubrí que podía aguantar de pie. Tenía un gran corte debajo de la barbilla, los nudillos raspados, había tenido resacas peores, y había sitios peores para despertar, ¿cómo la cárcel? quizás, miré a mi alrededor, había sido real, todo roto, apestando, tirado, derramado (lámparas, sillas, aparador, cama, ceniceros), increíblemente macabro, no había nada delicado allí, no, todo era feo y muerto, bebí un poco de agua y luego pasé al retrete, aún seguía allí: billetes de diez, de veinte, de cinco, el dinero, yo lo había ido metiendo allí cuando entraba a mear durante la partida, y recordé que la pelea había empezado por el DINERO, recogí los billetes, los metí en la cartera, coloqué mi maleta de cartón en la cama inclinada y empecé a meter allí mis andrajos: camisas de faena, zapatones con agujeros en las suelas, calcetines sucios endurecidos, arrugados pantalones con perneras que querían reír, un relato sobre un tipo que agarraba ladillas en el Palacio de la Opera de San Francisco y un sobado diccionario de los Drugstores Thrifty: «Palingenesia: Recapitulación de estudios ancestrales de la vida y la historia».

El reloj funcionaba, el viejo despertador, Dios le bendiga, cuántas veces lo había mirado en mañanas de resaca a las siete y media y había dicho ¿que se joda el trabajo? ¡Qué se joda el trabajo! en fin, marcaba las cuatro de la tarde, estaba a punto de colocarlo en la maleta para cerrarla y cuando (claro, ¿por qué no?) alguien llamó a la puerta.

¿SI?
¿SEÑOR BUKOWSKI?
¿SI? ¿SI?
QUIERO ENTRAR A CAMBIAR LAS SABANAS.
NO, HOY NO. HOY ESTOY MALO.
OH, CUANTO LO SIENTO. PERO DEJEME ENTRAR Y CAMBIAR LAS SABANAS, ES UN MOMENTO LUEGO ME IRÉ.
NO, NO, ESTOY DEMASIADO ENFERMO, DEMASÍA DO. NO QUIERO QUE ME VEA USTED TAL COMO ESTOY.

Y la cosa siguió y siguió, ella quería cambiar las sábanas, yo decía, no. ella decía, quiero cambiar las sábanas, y dale y dale, aquella casera, aquel pedazo de carne, todo carne, todo gritaba en ella CARNE CARNE CARNE, yo sólo llevaba allí dos semanas, abajo había un bar. Venía gente a verme, no estaba yo, y ella decía siempre; “está abajo en el bar, siempre está abajo en el bar”, y la gente decía: “pero hombre por Dios, ¿qué PATRONA es ésa que tienes?”.”

Escritos de un viejo indecente
(fragment)

CHARLES BUKOWSKI

02/04/2015

jueves de Genarín

“Escrita está esta historia en los viejos murallones de esta ciudad, grabada en la memoria de sus más viejos ciudadanos, que sonrientes siempre recuerdan la algarabía de la Semana Santa. Rito ancestral sobre la muerte. Antiguo ritual del orujo.

          Genarín es la más atípica procesión de la Semana Santa Leonesa. Festividad poética en honor a un viejo pellejero, borrachín y putero, que llenó de anécdotas y chascarrillos a la ciudad de León en los años 20, haciéndose merecedor de un recuerdo eterno a través de la más surrealista y onírica de las procesiones de la Semana Santa Leonesa.

          En León, todos los Jueves Santos, sobre las doce de la noche, sale de la Plaza del Grano, la Procesión de la Cofradía de Nuestro Padre Genarín, conocida también como el Entierro de Genarín. Procesión de borrachos que festejan al orujo y los versos irónicos y lascivos que escribieron y escriben los seguidores del Santo Pellejero.


          Sus textos, su iconografía, elaborados por sus fieles seguidores, artistas y bohemios de esta ciudad, agrupados en la Cofradía de  Nuestro Padre Genarín, sobrepasan con creces las expectativas de imaginación y cachondeo que se pueda esperar en la Semana Santa Leonesa.

   Cada Jueves Santo, a las diez de la noche, y en un restaurante secreto del Barrio Húmedo, se reúnen los seguidores de la Cofradía de Nuestro Padre Genarín para celebrar, en recuerdo del Santo Pellejero, el aniversario de su muerte. La cena, mezcla de encuentro y rito iniciático, tiene su origen en los primeros momentos de la Cofradía, cuando Luís Rico invitaba a cenar a sus compañeros evangelistas y a alguno más, para conmemorar la muerte de Genarín  (se celebra desde 1929) y leer la encíclica (poema satírico sobre León y sus gentes) y siempre apócrifa. 

         Se celebra en un restaurante de la Plaza de San Martín, abarrotada en ese momento de leoneses que esperan con impaciencia la lectura de la Encíclica del año y el comienzo de la procesión.

         Poco a poco van llegando los cofrades, algunos de ellos desde puntos muy distantes, leoneses que han tenido que emigrar, y que vuelven durante la Semana Santa a su tierra para recordar sus costumbres.

         Son recibidos por el Abad de la Cofradía con saludo y vaso de buen vino. También el Abad recibe a los neófitos, aspirantes a cofrades que se iniciarán en el apostolado genariniano, una vez bautizados con un buen orujo, repetidas las palabras litúrgicas y haciendo la promesa de no renunciar nunca a una copa de orujo y a un buen polvo, para pasar así, a ser miembros de la Cofradía.

         Durante la cena se discute apasionadamente sobre los misterios de la vida de Genarín. No es en vano que la vida de sencillez y pobreza de Nuestro Santo Patrón haya dejado grandes vacíos en su historia y en sus hechos. Uno de los principales temas de discusión es sobre lo que había estado haciendo en casa de la Bailabotes, si vendiendo sencillamente cartoncillos a los clientes del prostíbulo o "descapullando". Esta duda surge de lo avanzado de la edad de Genarín en la que sucede el desgraciado hecho de su muerte, 61 años, edad de la que muchos opinan, que dada la vida de alcohol y desenfreno estaba ya más bien buey, y muy lejos del toro que había sido en sus años mozos. Estas divagaciones y otras, como lo que podía estas haciendo junto a la muralla en aquella desgraciada hora en la que fue atropellado por el primer camión de la basura de León, sumerge a los más fervientes cofrades en profundas meditaciones, eso sí, siempre acompañado de un vaso de buen vino de esta tierra seca y yerma.

         Terminada la cena, y en presencia de todos los hermanos asistentes, se procede al bautismo de los neófitos con buen un buen orujo y a la lectura de la Encíclica en la que se recuerda los acontecimientos del año en la provincia de León, desde los desmanes y promesas incumplidas de los políticos locales hasta las más afamados acontecimientos populares, deportivos, artísticos y culturales.

         A continuación se reconoce con la insignia de plata a los discípulos más dispuestos y dedicados al apostolado genariniano, quedando así reflejado su dedicada abnegación a esta fe en el orujo, el buen humor y otras actividades lúbricas.
         Concluidos los ritos posteriores a la cena, bautizados yá los nuevos discípulos de Nuestro Padre Genarín, solo queda la ofrenda final consistente en beber una copina de orujo de un trago mientras que se recita sus más sagradas palabras.

...Y siguiendo sus costumbres
que nunca fueron un lujo,
bebamos en su memoria
una copina de orujo.

         Posteriormente todos los asistentes se dirigen a la Plaza del Grano para iniciar la procesión y realizar la primera parada en la Calle de la Sal, pasándo préviamente por esta misma Plaza de San Martín.”




charles bukowski, poemes I


" Algunos dicen que debemos eliminar del poema             
los remordimientos personales, 
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero   
¡POR DIOS!        
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!          
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores! 
¡Es intolerable! 

¿Tratas de joderme como a los demás?  
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?              
Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos en el rincón.   
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50,         
pero no mis poemas.     

No soy Shakespeare       
pero puede ser que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros.            
Siempre habrá dinero y putas y borrachos            
hasta que caiga la última bomba,             
pero como dijo Dios,     
cruzándose de piernas:  
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía. "


A la puta que llevó mis poemas

Charles Bukowski 

01/04/2015

vida y muerte

Bukowski amb Sean Penn
i Madonna, any 1995
“La ambulancia estaba llena pero me encontraron un sitio arriba de todo y allá nos fuimos. Había estado vomitando sangre en grandes cantidades y me preocupaba el que pudiese vomitar sobre la gente que iba abajo. Viajábamos oyendo la sirena. Sonaba como muy lejos, como si el sonido no lo produjese nuestra propia ambulancia. Íbamos camino al hospital del condado, todos nosotros, los pobres. Los casos de beneficencia. Teníamos todos males distintos y muchos no volverían. Lo único que teníamos en común era el ser pobres y el no haber tenido grandes oportunidades. Allí estábamos hacinados. Nunca había pensado que en una ambulancia pudiese caber tanta gente.

-Dios mío, oh Dios mío -oí decir a una mujer negra debajo-, ¡Jamás pensé que pudiera sucederme esto a mi! ¡Jamás creí que pudiese pasar algo así, señor...!
Yo no compartía tales sentimientos. Llevaba cierto tiempo jugando con la muerte. No puedo decir que fuésemos grandes amigos, pero nos conocíamos bien. Aquella noche se me había acercado un poco más y un poco más deprisa. Había habido advertencias: dolores como espadas aguijoneándome el estómago, que yo había ignorado. Me consideraba un tipo duro y el dolor era para mí sólo como la mala suerte: lo ignoraba. Simplemente, bañaba el dolor con whisky y seguía entregado a lo mío. Lo mío era beber y emborracharme. La culpa era del whisky; debería haber seguido fiel al vino.

La sangre de vomito no es del color rojo brillante de la que sale, por ejemplo, de un corte en el dedo. La sangre de vomito es oscura, de un púrpura casi negro, y apestosa, huele peor que la mierda. Aquel fluido vivificante olía peor que una mierda de cerveza.

Sentí que llegaba otro espasmo de vómito. Era la misma sensación que cuando se vómita comida, y después de echar la sangre uno se sentía mejor, pero era simple ilusión... cada vomitada te acercaba cada vez más a Papá Muerte.
-Oh Dios mío, nunca pensé...

Vino la sangre y la retuve en la boca. No sabía qué hacer. Desde allá arriba, desde la hilera superior, habría regado a todos los compañeros que iban abajo. Retuve la sangre en la boca e intenté pensar lo que podía hacer. La ambulancia dobló una esquina y la sangre empezó a escapárseme por las comisuras de la boca. En fin, un hombre ha de mantener el decoro hasta cuando agoniza. Procuré serenarme, cerré los ojos y tragué otra vez la sangre. Era repugnante. Pero había resuelto el problema. Mi única esperanza era llegar pronto a algún sitio donde pudiera liberarme de la próxima.

En realidad, no pensaba en absoluto en morir; mi único pensamiento era: qué terrible inconveniente, ya no controlo lo que pasa. Te reducen las posibilidades y te arrastran de un lado a otro. Por fin llegó la ambulancia a su destino y allí me vi en una mesa donde me hacían preguntas: ¿cuál era mi religión? , ¿dónde había nacido?,  ¿debía dinero al condado por anteriores viajes a su hospital?,  ¿vivían mis padres?,  ¿casado? En fin, todo lo que sabéis. Hablan a un hombre como si dispusiese de todas sus facultades. Ni siquiera se les ocurre que puedas estar agonizando. Y no se dan, ni mucho menos, prisa. Esto produce un efecto calmante, pero no es ése su motivo: simplemente están aburridos y no le preocupa si tú te mueres, vuelas o tiras pedo. No, más bien prefieren que no te tires un pedo.

Luego me vi en un ascensor y se abrió la puerta a lo que parecía una bodega oscura. Allí me llevaron. Me metieron en una cama y se fueron. E inmediatamente apareció un ayudante brotado de la nada que me dio una pildorita blanca.

-Tome esto -dijo. Tragué la píldora, me entregó un vaso de agua y desapareció. Era lo más amable que me había sucedido en bastante tiempo. Me recosté y examiné los alrededores. Había ocho o diez camas, ocupadas todas por norteamericanos varones. Todos teníamos una jarrita metálica de agua y un vaso en la mesilla de noche. Las sabanas parecían limpias. Estaba muy oscuro aquello y hacia frio, y la sensación era la del sótano de una casa de apartamentos. Había una bombillita sin pantalla. Junto a mi había un hombre corpulento, viejo, de cincuenta y tantos. Miraba fijamente hacia arriba, hablaba hacia el techo.

-... y era tan buen chico, un chico tan limpio y tan agradable, necesitaba el trabajo, decía que necesitaba el trabajo, y dije: "me agradas mucho, muchacho. Necesitamos un buen cocinero, un cocinero honrado, y sé distinguir una cara honrada, muchacho, sé conocer a la gente, trabajaras conmigo y con mi mujer y tendrás aquí un buen puesto para toda la vida, muchacho...". Y él dijo: "de acuerdo, señor", y parecía feliz de conseguir aquel trabajo y yo dije: "Martha, tenemos ahora un buen chico, un chico listo y limpio, no hará como los otros sucios hijos de puta". En fin, salí e hice una buena compra de pollos, una compra excelente. Martha puede hacer grandes cosas con un pollo, tiene toques mágicos con los pollos. Salí y compré veinte pollos para el fin de semana. Íbamos a tener un fin de semana excelente. Íbamos a echar a Col Sanders del negocio. Un buen fin de semana como aquel puedes sacar doscientos billetes de beneficio limpio. El muchacho nos ayudó incluso a preparar y cortar los pollos. Lo hizo en sus horas libres. Martha y yo no teníamos hijos. Estábamos tomándole cariño al muchacho. En fin, Martha preparó los pollos en la parte de atrás, los preparó todos... teníamos pollos preparados de diecinueve maneras distintas, nos salían pollos hasta por el culo. Lo único que tenía que hacer el muchacho era cocinar el otro material, las hamburguesas, los filetes, etc. Los pollos estaban listos. Y tuvimos un gran fin de semana, desde luego. Noche del viernes, sábado y domingo. El muchacho era buen trabajador, y muy simpático, además. Daba gusto tenerle allí. Y hacia aquellas bromas tan divertidas. A mí me llamaba Col Sanders y yo le llamaba hijo. Col Sanders e Hijo, eso éramos. Cuando cerramos el sábado por la noche, estábamos muy cansados pero muy contentos. Habíamos vendido todos los pollos. El local se había llenado, la gente esperando, nunca había pasado una cosa así. Cerré las puertas y saqué una botella de whisky y nos sentamos allí, cansados y felices, a echar un buen trago. El chico lavó todos los platos y fregó el suelo. "bien, Col. Sanders, ¿a qué hora vengo mañana?" dijo, sonriendo. Le dije que a las seis y media y cogió su gorra y se fue. "es un chico magnifico, Martha", dije, y luego fui a la caja a contar las ganancias. ¡La caja estaba VACIA! Sí, lo que dije: " ¡La caja estaba VACIA!". Y la caja de puros con el beneficio de los otros dos días, también la había encontrado, un chico tan majo y tan limpio... no lo entiendo...le dije que podría tener puesto de trabajo para toda la vida, eso le dije... veinte pollos... Martha realmente sabe lo que es un pollo... y aquel muchacho, aquel cabrón de mierda, se escapó con todo el dinero, aquel muchacho...

Luego se puso a gemir. He oído llorar a mucha gente, pero no había oído llorar a nadie así. Se incorporó forzando las ligaduras que le ataban a la cama y empezó a gritar. Parecía que iba a lograr romper las ligaduras. Toda la cama rechinaba, la pared nos lanzaba de rebote el chillido. El hombre sufría terriblemente. No era un grito breve. Era un grito largo, largo y seguía y seguía. Por fin cesó. Los ochos o diez norteamericanos varones, enfermos, tumbados en nuestras camas, saboreamos el silencio.

Luego empezó a hablar otra vez.

-Era tan buen muchacho, me gustaba su aspecto. Le dije que podría tener un puesto de trabajo para toda la vida. Hacia aquellas bromas tan divertidas, era agradable tenerle allí. Salí y compré aquellos veinte pollos. Veinte pollos. Un fin de semana bueno puedes sacar doscientos. Teníamos veinte pollos. El chico me llamaba Col Sanders...

Me incliné hacia un lado y vomité en el suelo una bocanada de sangre...

Al día siguiente apareció una enfermera que me cogió y me acompaño hasta una litera de ruedas. Yo aún vomitaba sangre y estaba muy débil. Me llevó en la litera al ascensor.

El técnico se situó detrás de su máquina. Me punzaron en el vientre y me dijeron que esperase allí. Me sentía muy débil.

-Estoy demasiado débil para aguantarme de pie -dije.
-Vamos, vamos, estese ahí -dijo el técnico.
-No creo que pueda -dije.
-Aguante.
Poco a poco, fui dándome cuenta que empezaba a caerme de espaldas.
-Me caigo -dije.
-No se caiga -dijo él.
-Estese quieto -dijo la enfermera.
Me caí de espaldas.
Tenía la sensación de estar hecho de goma. No sentí nada al tocar el suelo. Me sentía muy ligero. Probablemente lo estuviese.
-¡Maldita sea! -dijo el técnico.
La enfermera me ayudó a levantarme y me aguantó contra la maquina con aquella aguja en la barriga.
-No puedo sostenerme -dije-, creo que estoy agonizando. No puedo sostenerme, lo siento pero no puedo sostenerme.
-Aguante firme -dijo el técnico-. Aguante usted ahí.
-Aguante ahí -dijo la enfermera.
Sentí de nuevo que caía. Caí.
-Lo siento -dije.
-¡Hombre, por dios, qué hace usted! -gritó el técnico-. ¡Ya he estropeado dos películas! ¡Y esas malditas películas cuestan dinero!
-Lo siento -dije.
.Llévatelo de aquí -dijo el técnico.

La enfermera me ayudó a levantarme y me colocó otra vez en la litera. Tarareando me arrastró otra vez hasta el ascensor.

Me sacaron de aquel sótano y me pusieron en una sala grande, muy grande. Había allí unas cuarenta personas agonizando. Los cables de los timbres estaban desconectados y había grande puertas de madera, unas puertas muy gruesas de madera, reforzadas con tiras metalizas a ambos lados, que nos separaban de las enfermeras y de los médicos. Habían puesto biombos alrededor de mi cama y me pidieron que utilizase la cuña pero a mí no me gustaba la cuña, ni para vomitar sangre ni, menos aún, para cagar. Si alguien inventase alguna vez una chata cómoda y práctica, enfermeras y médicos le odiarían por toda la eternidad y hasta después.

Llevaba tiempo con ganas de cagar, pero sin suerte. Por supuesto, lo único que me daban era leche y tenía el estómago destrozado, tanto que apenas podía mandar nada al ojo del culo. Una enfermera me había ofrecido un poco de carne asada de buey, con zanahorias semicocidas y patatas semimachacadas. Lo rechacé. Sabía que lo único que querían era disponer de otra cama libre. De todos modos, aún seguía con ganas de cagar. Extraño. Era mi segunda o tercera noche allí. Estaba muy débil. Conseguí descorrer una cortina y salir de la cama. Llegué hasta el cagadero y me senté. Hice fuerzas allí sentado, descansé, volví a hacer fuerza. Por fin me levanté. Nada. Solo un remolinito de sangre. Entonces se inició un tiovivo en mi cabeza y me apoyé contra la pared con una mano y vomité una bocanada de sangre. Tiré la cadena y salí. Cuando iba por la mitad del camino tuve otra arcada. Caí. Luego, en el suelo, vomité otra bocanada de sangre. No sabía que hubiese tanta sangre dentro de la gente. Solté otra bocanada.

-Oye hijo de la gran puta -aulló un viejo desde su cama-, cállate de una vez, aquí no hay quien duerma.
-Perdona, compadre -dije, y luego me desmayé...
La enfermera se puso furiosa.
-Pedazo de cabrón -decía-, te dije que no descorrieras las cortinas. ¡Este mierda me va a joder la noche!
-Oye, coño apestosa -le dije-, tu tenías que estar en una casa de putas en Tijuana.
Me alzó la cabeza, cogiéndome del pelo y me abofeteó.
-¡Retira eso! -dijo-. ¡Retira eso!
-Florence Nightingale -dije-, te amo.

Me soltó la cabeza y salió de la habitación. Era una dama con auténtico espíritu y auténtico fuego; eso me gustó. Me revolqué en mi propia sangre, manchando la bata. Eso la enseñaría.

Florence Nightingale volvió con otra sádica y me pusieron en una silla y la arrastraron hacia mi cama.

-¡Basta ya de ruidos! -dijo el viejo. Tenía razón.
Volvieron a meterme en la cama y Florence volvió a cerrar la cortinilla.
-Ahora, hijoputa -dijo-, no salgas de ahí porque si no la próxima vez te joderé.
-Chúpamela -dije-, chúpamela antes de irte.

Se apoyó en la cabecera y me miró a la cara. Tengo una cara muy trágica. Atrae a algunas mujeres.

La enfermera tenía unos ojos grandes y apasionados y los clavó en los míos. Levanté la sábana y me alcé la bata. Me escupió en la cara. Luego se fue...
Luego apareció la enfermera jefe.

-Señor Bukowsky -dijo-, no podemos darle a usted sangre. No tiene usted crédito de sangre. -Sonrió. Venía a comunicarme que iban a dejar que me muriera.
-De acuerdo -dije.
-¿Quiere usted ver al sacerdote?
-¿Para qué?
-En su ficha de ingreso dice que es usted católico.
-Lo puse por poner algo.
-¿Por qué?
-Lo fui. Si pongo "ninguna religión" siempre hacen un montón de preguntas.
-Está usted ingresado como católico, señor Bukowsky.
-Oiga, me resulta difícil hablar. Me estoy muriendo. De acuerdo, de acuerdo. Soy católico, si ése es su gusto.
-No podemos administrarle nada de sangre, señor Bukowsky.
-Escuche, mi padre trabaja para el condado. Creo que tienen un programa de sangre. Museo del Condado de Los Ángeles. Se llama señor Henry Bukowsky. Me odia.
-Comprobaremos eso...

Algo pasó con mis papeles mientras yo estaba arriba. No vi a un médico hasta el cuarto día, y por entonces descubrieron que mi padre, que me odiaba, era un buen tipo que tenía un trabajo y que tenía un hijo borracho agonizante sin trabajo y el buen tipo había dado sangre para el programa de sangre, así que cogieron una botella y me la sirvieron. Trece pintas de sangre y trece de glucosa sin parar. La enfermera se quedó sin sitio donde clavar la aguja...

Cuando desperté estaba a mí lado el sacerdote.

-Padre -dije-, váyase, por favor. Puedo morir sin esto.
-¿Quieres que me vaya, hijo mío?
-Sí, padre.
-¿Has perdido la fe?
-Sí, he perdido la fe.
-El que fue católico siempre es católico, hijo mío.
-Cuentos, padre.
Un viejo de la cama de al lado dijo:
-Padre, yo hablaré con usted. Hable usted conmigo, padre.

El sacerdote se acercó a él. Yo esperaba la muerte, sabes perfectamente que no fallecí entonces, porque si no, no estaría contándote esto...

Vida y muerte en el pabellón de caridad

Charles Bukoswski

realisme brut


El realisme brut (dirty realism) és un gènere literari que redueix el fet narrat als seus elements més fonamentals. Es caracteritza per l'economia del llenguatge, la precisió i una gran sobrietat descriptiva.

Cultivat en primer lloc en els Estats Units dels anys setanta, destaquen els autors: John Fante, Charles Bukowski i Richard Ford. El seu llegat ha estat recollit per l'escriptor Chuck Palahniuk, autor de l'obra El club de la lluita; hi ha un corrent cubana formada per Zoé Valdés, Pedro Juan Gutiérrez i Fernando Velázquez i, entre els espanyols, cal destacar a Carmelo Iribarren i Roger Wolfe.

El realisme brut reflecteix un món gris, sense els esdeveniments extraordinaris propis de la ficció, molt proper a la banalitat pròpia de la rutina dels éssers humans, fins al punt de caure, sovint, en la vulgaritat. Proper a postures filosòfiques nihilistes, és una temàtica que no té heroisme i les històries, com la vida mateixa, deixen un final sempre obert.


Els successos crucials que tota narració manté, els pics en la trama, es tanquen sense resoldre. Petites anècdotes, històries breus, llenguatge col·loquial ... L'èxit del realisme brut es basa a explicar històries que tots hem viscut. No són grans històries, les trames no donen peu a passions desenfrenades ni a un humanisme que permeti mostrar les grans passions de l'esperit, sinó tot el contrari.