1 de març 2021

desde la sombra, 1

 



La sombra del poder

por Jordi Gracia

“Como si fuese fiable la nebulosa de la memoria, la lectura de esta parábola política se anuda a El desorden de tu nombre y su secreta protesta también política, mientras late con nervio el laberinto de obstinaciones y fantasía de Millás. La sutileza del novelista incorpora la ironía a veces cruel, a veces sarcástica, del columnista de opinión mientras la desesperanza del presente se ilumina como si su tema no fuese la sublevación contra la indolencia del poder o su inoperancia: asedia desde dentro e irónicamente, piadosamente, la experiencia del capitalismo salvaje digerido por todos, comprendido por todos, tolerantemente asumido por todos.

Su protagonista carece de agonía, pero es un empleado que ha dejado de serlo por un despido tramposo, tras infinidad de años en la misma empresa. Su vida sin vida irá creciéndole por dentro mientras inventa un empleo propio, un autoempleo, entre el realismo fantástico y el realismo costumbrista y risueño. Su vida de fantasma es la vida fantasmal de los parados invisibles, estadísticos y porcentuales, datos neutros sin rostro ni corazón. Este tiene vida y tiene corazón, pero sólo tiene eso porque en su trama fantástica alienta el Millás de la ira política e ideológica sofrenado por la virtud de la ficción narrativa, dulce y hasta sentimental, pero a la vez cruel y sin rastro de arenga pero sí de conciencia crítica. Quizá por eso parece la mejor de las apologías del doble, habitual en Millás, a través de una novela tridimensional. Sucede dentro de la cabeza del personaje, pero también en un virtual plató televisivo (con un estupendo cameo de Iñaki Gabilondo). La fantasía diurna se hace geografía física y la trinchera social está detrás de todo, en combate, resistente, indócil e insumisa.

¿Cuánto hacía que no oíamos hablar de la alienación inherente al capitalismo? ¿Cómo se consigue que no desprenda el menor polvillo rancio saber que “el éxito de estos sistemas políticos y económicos” capitalistas procede “precisamente de sus víctimas”, como si estuviese el lector ante un catecismo marxista de la antigüedad mesopotámica? Millás lo hace con el humor inasible de una fantasía ligada a la caja de herramientas y a la imaginación del novelista. Sin rebajar nada del aire risueño de sus mejores novelas, fabrica una cruda fábula moral de intención política: el sabotaje de la docilidad rutinaria contra el desvalimiento, la subversión sin sermón del orden pacífico de nuestro tiempo mientras caen como moscas los parados y allí se quedan, invisibles, en la sombra y sin comprender las causas de sus males porque “eso era el poder, la capacidad de actuar desde la sombra”. Siguen fuera de campo, pegados a la línea quebrada de una estadística o de un gráfico de excel. “Paradójicamente, ahora que pasaba tantas horas dentro del armario se sentía libre” y empezaba a entender la opacidad de un mundo “en el que a menudo había dudado de su inteligencia”. No, desde luego, de la de Millás.”

 

El País, 25/04/2016


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