27 de març 2023

invisible, 1

 




La opinión de María José Guillén, en “mis palabras con letras”



    "Empiezo la reseña de «Invisible» comentando que, sin saberlo, ya había leído un libro de su autor, Eloy Moreno, en concreto, «Lo que encontré bajo el sofá».

    Pues bien, al margen de aquella lectura anterior, el libro que nos ocupa no lo había comprado para mí, era para mis hijos porque, un día buscando regalos para mis hijos, llamó mi atención su portada. Esa silueta, esas gotas azules rodeándola… Y, por supuesto, me atraparon esas preguntas que aparecen en su contraportada, sin mucha más información:

¿Quién no ha deseado alguna vez ser invisible? ¿Quién no ha deseado alguna vez dejar de serlo?

    ¿Qué respuestas me esperaban dentro del libro a esas preguntas? ¿Qué pasaría si me encontraba un libro juvenil que me aburriese o me dejase indiferente? Había que descubrirlo, sin ninguna duda.

“Es entonces cuando se da cuenta de que para ser un monstruo no es necesario hacer algo especial, a veces basta con no hacer absolutamente nada”.

    El libro trata el tema del acoso escolar, pero hay muchas más historias dentro de esa parte central.

“Muchos libros hablan del acoso escolar desde el punto de vista del acosado o del acosador, pero no encontré ninguno que se centrara en toda la gente que hay alrededor, que mira hacia otro lado y no hace nada escudándose en que son cosas de niños. No son cosas de niños, son conductas que hay que atajar cuanto antes”

    Para comprender la mentalidad de los niños, para poder recrear situaciones cotidianas y darles una mayor veracidad, Eloy Moreno se documentó en profundidad con especialistas en psicología infantil para entender mejor su mundo y su comportamiento, para adentrarse con el mayor rigor posible en su forma de ver y afrontar la vida.

    En palabras de su autor, el objetivo de escribir el libro con esta temática era visibilizar un problema cotidiano que a veces se considera tabú, tanto por los compañeros, como los profesores, los padres… incluso para el mismo que lo sufre. Para él, si con esta novela ha conseguido que salgan a la luz situaciones silenciadas en las aulas, habremos dado un paso adelante muy importante.

    Pero también ha dejado claro en numerosas ocasiones que él no es psicólogo, él no es quien para dar consejos de cómo actuar ante una situación así. Él simplemente ha escrito una historia que puede remover conciencias. Y, desde luego, lo hace.

    El libro se divide en varias partes: «Invisible», «Los monstruos», «No», «El chico avispa», «Cobarde», «Empollón» y «Visible».

    A su vez, estas partes se dividen en capítulos breves (algunos con título), que facilitan la lectura.

    «Invisible» es una historia sobre el acoso escolar, pero hay mucho más. No obstante, si quiero destacar que, en mi opinión, la verdadera protagonista del libro es la indiferencia. ¡Vaya palabra! ¡Cuántas veces nos hace cómplices!

    El relato está contado desde la perspectiva de un niño, de un adolescente. Es una historia de invisibilidad narrada desde su perspectiva, en primera persona, aderezada con emociones, sentimientos, pensamientos, miedos… ¡Cuántas veces hemos hecho a alguien invisible!

    Se nota que, para la caracterización del protagonista (y de otros personajes), Eloy Moreno estuvo hablando con varios psicólogos infantiles. Así ha conseguido reflejar de una forma fidedigna cómo se siente un adolescente, cómo se relacionan entre ellos, cómo se expresan, qué vocabulario utilizan. Realmente nos metemos en su piel.

    Los capítulos son cortos, sin excesos innecesarios, muy concisos y concretos, sin elementos superfluos. Además, nos plantean un mismo hecho desde distintos puntos de vista, diferentes prismas que parten de los distintos personajes.

    Y el libro recoge dos planos, uno el real -con toda su crudeza- y otro el imaginado por el protagonista, utilizando símbolos claramente reconocibles.

    Debo tener en cuenta que el autor ha insistido en numerosas ocasiones en no destapar ningún secreto del contenido. Así que voy a ser lo más cuidadosa posible para evitar irme de la lengua. Pero sí voy a subrayar que el libro recoge una historia conmovedora, un relato duro en el que todos podemos vernos reflejados, con situaciones que todos hemos podido vivir en un momento dado.

«Agradecería muchísimo que no se desvelara el núcleo de la novela, pues le quitaría magia al libro y siempre he preferido que los regalos sean sorpresa».

    Tal vez por eso, llega directamente al corazón y es imposible que te deje indiferente. Desde casi el principio, aunque se va acentuando, se pone un nudo en la garganta, que no ayuda a digerir lo que estás leyendo. Es complicado intentar mantenerse al margen, mantenerse fuera de lo que te están contando, de lo que se va sucediendo. Cada detalle es relevante, casi cada frase nos da pistas de la situación.

    Y, en este punto, vamos a hacernos una pregunta importante. Hay personas invisibles en todas partes, en muchos momentos y en numerosas circunstancias de nuestra vida nos encontramos con ellas, incluso nos hemos sentido de ese modo nosotros mismos (o por lo menos yo sí)… Vale, entonces las preguntas son: ¿son invisibles o les hacemos invisibles nosotros? ¿Somos invisibles o nos hacen los demás con sus actitudes?

    Puede que no os haya pasado, lo desconozco (aunque lo podéis comentar, como siempre), pero a mí me ha pasado, yo me he sentido invisible y no ha sido agradable. A lo mejor era merecido, pero es triste que, personas a las que aprecias, miren para otro lado o te eviten. Y, a pesar de eso, te hacen más fuerte. También es cierto que, en otras ocasiones, me hubiese encantado tener ese super-poder y desaparecer, que nadie se fijase en mí.

    ¡Ser o no ser invisible! Hay veces en las que cada persona elige ser o no visible. Sin embargo, hay otras en las que no es así. Son los que nos rodean los que nos hacen desaparecer. Y ahí es donde entran la incertidumbre, la angustia o el dolor. Aparece el miedo, y ese sentimiento nos puede paralizar, nos puede atormentar e incluso nos puede llevar a renunciar a lo que creemos o somos.

    El libro me ha producido un desasosiego enorme. Al principio, durante el primer tercio aproximadamente, no sabía muy bien qué estaba pasando, iba teniendo en cuenta algunas pistas, estaba a la expectativa, intuyendo la razón de lo que se iba planteando, intentando atar cabos sin precipitarme. Pero luego ¡uf! Podría decir que me ha producido tensión, sobre todo emocional.

    He llegado a sufrir y lo te tenido que compartir para desahogarme, lo he hablado con mis hijos y les he preguntado si lo expuesto era real. Y me he cuestionado si esto ha pasado siempre, si no se profundiza en el tema conscientemente, si la sociedad prefiere no saber y no entrar. También si no podemos desterrar definitivamente la frase «son cosas de niños», si todos formamos parte de este importante problema, si no ha llegado la hora de afrontarlo abiertamente.

    Y he llorado, he llorado bastante. Incluso, cuando leía por la noche antes de acostarme, me costaba conciliar el sueño, no podía dejar de pensar en el libro. Todo el mundo se haría preguntas al leerlo, pero es que soy madre y hay temas que te afectan más directamente. Muchos fragmentos me partían en dos, me desvelaban y me llenaban de preocupaciones.

    Algunos párrafos me han dejado absolutamente descolocada, casi sin capacidad de reacción y, por supuesto, al borde del llanto. Y, sobre todo, he sentido muchísima impotencia, ¿Hasta dónde es capaz de llegar el ser humano? ¿Por qué permitimos determinadas conductas a nuestro alrededor? ¿Por qué la cobardía está tan extendida? ¿Cuál es la razón por la que nos arrastra tanto el grupo?

    Sin duda, es una historia que se puede leer a cualquier edad. Creo que sería muy conveniente que se leyese en los colegios, en los institutos. Y que, después, se comentase en voz alta, en clase, entre todos los alumnos de las aulas. También me gustaría que llegase a muchos padres, especialmente a aquellos que se ríen de algunos bromas o de algunos comportamientos no demasiado acertados.

    Todos hemos escuchado comentarios poco apropiados o hemos asistido a escenas no muy ejemplares. Nos hemos acostumbrado a callar, a no replicar, a ser meros espectadores, aunque nos parezcan fuera de lugar. Preferimos no meternos en líos, no exponer nuestro criterio. Nos dejamos llevar, nos mimetizamos con el entorno. Mejor no hacerse notar.

    Me ha encantado la profesora de lengua, porque ofrece unos argumentos sólidos, porque no impone un criterio, porque busca la reflexión.

«Fue hace mucho tiempo, pero es capaz de sentir el dolor y el miedo cada vez que piensa en ello, no hay forma de borrarlo. Con el paso de los años se ha dado cuenta de que algunos recuerdos duelen igual que si hubieran ocurrido ayer».

    Y me ha gustado saber y profundizar en los distintos puntos de vista de los personajes. Nada justifica determinadas acciones pero las personas no somos planas o lineales, ni buenas o malas sin más. Tenemos un pasado, unas vivencias, unos recuerdos que marcan nuestro carácter. Cada uno arrastra (o arrastramos) sus propios dramas personales, sus conflictos internos, sus quebraderos de cabeza. Y nos marcan, nos condicionan e influyen en nuestras respuestas ante las situaciones.

    Por otra parte, el protagonista me ha metido en su bolsillo, me ha conmovido, me ha emocionado, me ha hecho sufrir un montón. Me hubiese encantado abrazarle, mirarle a los ojos, sentarme a su lado en silencio. A pesar de todo, a veces, me ha dibujado una sonrisa, por su inocencia, por su imaginación, por sus ganas de escapar con recursos inesperados.

    Me ha dado una rabia increíble ver cómo se convierte en su peor enemigo. Me ha emocionado lo sencillo que es quedarnos paralizados. Y me ha producido una enorme ternura comprobar cómo la fantasía se convierte en su compañera más fiel y en su única arma de defensa, me ha desarmado saber cómo lo va llevando de la mano a otros escenarios para permitirle escapar.

    La trama me ha llevado a pensar lo cruel que tiene que ser actualmente el acoso escolar por el uso de las redes. Ahora la difusión es inmediata e implacable, los grupos de Whatsapp aguantan casi todo y cualquier bulo, cualquier tema se difunde como la pólvora. Además, existen los memes. Y los vídeos van que vuelan. Pero si graban hasta las peleas o delitos que cometen.

    Creo que estas herramientas empeoran la situación y la pueden convertir en un infierno constante y demoledor. El problema es el mismo, desde luego. No obstante, se acrecienta en su parte más perversa, en su lado más inhumano. Y, probablemente, aumente el número de cómplices porque el alcance es casi infinito y la rapidez da vértigo.

    Sin ninguna duda, es una amena lectura que hace pensar porque profundiza en un tema actual, el acoso escolar. Es sencillo de leer, aunque a menudo tengas que parar para respirar profundo y pasar el trago, para mirar al horizonte y ponerte en el lugar de esa criatura a la que es imposible no coger cariño. Es una narrativa cercana y adecuada para el tema.

    En conclusión, no miréis para otro lado, adentraros en una historia que parece dedicada a los adolescentes, pero que imprescindible para todos."

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