28 de març 2023

invisible, 2

 


La opinión de Thersuva, 05/03/2018, en “críticas Regina Irae”

    “Sería difícil comentar Invisible sin hacer referencia a las diferencias entre contenido y continente, sin que el hecho de ir dirigida a un público adolescente (está clasificada como juvenil, y se recomienda la lectura a partir de los 12 años) sirva de excusa para cometer errores de forma fácilmente solucionables con una cuidada revisión.

    Entre los detalles más evidentes resalta la repetición de conceptos, referencias a cosas que se han hecho o dicho, lo que contribuye a dar la impresión de que falta un repaso en profundidad del texto, decidir qué se dice y cuándo, en qué punto hacer las revelaciones importantes, utilizar la sutileza en lugar de incidir tanto en algo que se anula el factor sorpresa, al intuirse algunas cosas casi desde el principio: el motivo de la «invisibilidad» del protagonista se deduce mucho antes del momento adecuado para causar mayor impacto.

    El autor alterna la narración en primera persona de un adolescente, de quien no se dice cómo se llama, con la tercera omnisciente, ambas en presente, párrafos a veces breves, que muestran los puntos de vista de otros personajes, desde familiares a compañeros y profesores del instituto al que asiste, a quienes se refiere con frases descriptivas para acabar, en ocasiones, dotándoles de nombre, sin que tenerlo, o no, parezca deberse a algo concreto, lo que crea cierta confusión.

    Están «La chica de las cien pulseras» (Kiri), «El chico con una cicatriz en la ceja» (Zaro), «Ella» (la psicóloga), aunque los personajes principales, quienes tienen algo que aportar a la historia, además del protagonista, son «El niño de los nueve dedos y medio» (MM), la profesora de literatura (el dragón) y Luna, la hermana de seis años del adolescente, a quien siempre se refiere así, la única persona para quien nunca ha sido invisible, por lo que hubiera sido lógico, para destacarla, que fuera la única con nombre.

    La profesora de literatura (la elección de asignatura no parece hecha al azar), protagoniza varios de los mejores pasajes de la novela, desde algunas «charlas» con su otro yo dragón, las ocasiones que este toma el mando («Lo que aún no sabe es que no es ella quien se está tatuando un dragón en la espalda, sino que es el dragón el que ha encontrado un cuerpo sobre el que poder vivir.») y las decisiones, hasta la intensa escena final en la que se erige como heroína de la historia. Pero, sobre todo, brilla en sus clases, cuando habla del significado de palabras como cobarde o empollón:

«—Pero imaginemos que a ese guerrero, al ver al dragón le entra miedo y sale huyendo de allí, eso sí, como tiene que demostrar su fuerza con alguien, decide pelear con un enemigo más débil, por ejemplo una ardilla. En ese momento se escuchó un «oh» en la clase.—¿Verdad que entonces ya no nos parecería tan valiente?»

«—¿Os imagináis que el doctor que os tiene que operar no estuviera ahí porque de pequeño no paraban de llamarle empollón?, ¿os imagináis que os toca el doctor más vago de su promoción?, o lo que sería ya total, pero que podría pasar algún día… ¿os imagináis que el doctor que os va a salvar es el mismo al que de pequeños vosotros insultabais por estudiar mucho?»

    También es interesante la reflexión del protagonista acerca de la diferencia entre héroes y villanos: «Recuerda una frase de una de sus películas preferidas de Batman: «O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en el villano». Sabe que es un héroe porque ha salvado una vida, pero sabe también que es un villano porque ha estado a punto de acabar con esa misma vida.»

    Relacionado con esto, llama la atención cómo se «analizan» (quizá de forma algo superficial, pero comprensible) las similitudes entre víctima y verdugo, y los motivos que pueden llevar a este último a actuar como lo hace, intentando, de alguna manera, comprender su actitud. Que la obra finalice cuando se conoce el cómo y por qué ha acabado en protagonista en la cama de un hospital, sin plantear algún tipo de solución a lo sucedido, es un acierto.

    En resumen, Invisible es una novela que tiene buenas ideas, sin ser originales, con una parte de misterio que impulsa a seguir leyendo para conocer la resolución de la historia, que envía un mensaje claro y directo, impactante, eficaz, hace reflexionar y hasta emociona en algunos momentos, lastrada por la falta de revisión de un texto que quizá funcionaría mejor si estuviera redactado de forma más «limpia».”

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada