18 d’ag. 2018

padre y literatura, 3


Ordesa,  de Manuel Vilas

“Vilas habla con mucha claridad, sin adornos; en la literatura abunda demasiado una mezcla de pudor y de arrogancia genealógica tonta cuando uno habla de sus mayores y parece que se recuerda siempre una nobleza, un pasado glorioso, de la propia familia. Uno de los atractivos del libro es que ese pasado está visto en la luz de la verdad”

Antonio Muñoz Molina

“Cuántas veces llegaba yo a mi casa, cuando tenía dieciséis años, y no me fijaba en la presencia de mi padre, no sabía si mi padre estaba en casa o no. Tenía muchas cosas que hacer, eso pensaba, cosas que no incluían la contemplación silenciosa de mi padre. Y ahora me arrepiento de no haber contemplado más la vida de mi padre. Mirar su vida, eso, simplemente.
Mirarle la vida a mi padre, eso debería haber hecho todos los días, mucho rato.”

fragmento

“Mi padre muerto duerme conmigo y me dice: «Ven,  ven ya».  Los muertos están solos, quieren que vayas con ellos. Pero ¿adonde?  No existe el lugar en el que están.  Los muertos no saben dónde están. No saben decir el nombre del lugar en el que están. Pero el cadáver de mi padre es todo cuanto conservo o cuanto poseo en este mundo.  Está junto a mí.  Dirige su cadáver las grandes devastaciones de mi vida; gobierna su cadáver en mi cadáver; en la oscuridad de mi cadáver la oscuridad del suyo alienta fuertemente; administra su cadáver la luz de mi cadáver;  su cadáver es un maestro que enseña a mi cadáver la desconcertante alegría de seguir existiendo desde el cadáver, región olímpica, región de la liga de campeones, la Champions League, región de emociones ya sin tiempo y sin historia, emociones muertas que sin embargo perseveran sin cometido.

Estoy haciendo cualquier cosa y de repente aparece mi padre a través de un olor,  una imagen,  a través de cualquier objeto.  Entonces me da un vuelco el corazón y me siento culpable.

Viene a darme la mano, como si yo fuese un niño perdido.”

fragmento


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