26 d’ag. 2021

la Grecia de Kallifatides, 1

 




Las facturas de guerra pendientes entre Grecia y Alemania

Hambrunas, poblaciones aniquiladas... La ocupación nazi del país heleno fue especialmente cruel y acabó con medio millón de muertos. El eco de las atrocidades todavía resuena. El Gobierno de Tsipras cifra ahora en 278.700 millones de euros el coste de las reparaciones que debería pagar Berlín

por Borja Olaizola
El Correo
09/04/2015


“El pasado siempre termina aflorando, en especial cuando el presente pinta oscuro. En Grecia, que lleva ya unos cuantos años de luto riguroso, están convencidos de que retroceder en el tiempo es la única forma de ver la luz. El amargo recuerdo de la ocupación nazi durante la II Guerra Mundial es una de las pocas cosas que unen a los griegos. Las atrocidades perpetradas entonces han quedado grabadas a sangre y fuego en su memoria. Ahora que Alemania ha pasado a desempeñar el papel de villano en la negociación sobre la deuda que asfixia al país, los fantasmas de aquel periodo han reaparecido con más fuerza que nunca y modelado un sentimiento de agravio compartido por toda la población.

Alexis Tsipras, el nuevo primer ministro heleno, ha amagado ya varias veces con formalizar una demanda contra Alemania para que compense los daños causados siete décadas atrás. El Gobierno de Atenas ha cuantificado ahora el dinero que, a su juicio, debería pagarle Berlín para reparar los destrozos provocadas entre 1941 y 1944: nada menos que 278.700 millones de euros, según ha anunciado en el Parlamento el secretario de Estado del Presupuesto, Dimitris Mardas.

Tsipras ha utilizado la reclamación como herramienta de presión en las negociaciones con la UE. Es consciente de que en ese terreno tiene las espaldas bien cubiertas, pues la memoria de la ocupación nazi sigue más viva que nunca entre los suyos. El catedrático de Historia de la Universidad del País Vasco Ludger Mees (1957, Essen, Alemania) considera que el sufrimiento que padeció la población helena justifica la pervivencia del recuerdo. "Fue una ocupación muy cruel, Grecia fue el país que más daños sufrió en aquella guerra después de Polonia, Ucrania y Yugoslavia". El historiador recuerda que los griegos buscaron al principio la neutralidad, pero se vieron forzados a tomar partido cuando los italianos intentaron invadirles. Mussolini quiso demostrar que sus tropas tenían tanto o más ardor guerrero que sus aliados nazis, entonces en el apogeo de su poderío militar, y las envió en octubre 1940 a conquistar la península helénica. El Duce, en sus delirios imperiales, estaba convencido de que Grecia formaba parte de su territorio de expansión natural.

Contra todo pronóstico, el Ejército griego no solo frenó la invasión, sino que se internó en la parte de Albania que había sido ocupada por los fascistas italianos y les hizo poner pies en polvorosa. Abochornado por el fracaso, el dictador ordenó una nueva ofensiva que volvió a ser repelida por los griegos con el respaldo puntual de tropas británicas. La inesperada derrota de Mussolini está considera como la primera victoria aliada en la II Guerra Mundial.

Pero la alegría no dura mucho en la casa del pobre. Hitler, por entonces enfrascado en sus preparativos para invadir la Unión Soviética, no podía permitirse dejar abierto el frente griego y ordenó el envío de sus divisiones hacia el sur. Debilitadas por el combate con los italianos, la resistencia de las tropas helenas a la maquinaria de guerra de la Werhmacht apenas duró un mes. Los alemanes, que habían cruzado la frontera el 6 de abril de 1941, izaban su bandera en la Acrópolis el día 27.

Mucho se ha especulado sobre lo que representó para el Eje la fallida invasión italiana de Grecia. "De no ser por ese contratiempo, que retrasó su entrada en la URSS, es muy posible que los nazis hubiesen tomado Moscú antes de la llegada del invierno y la historia hubiese sido distinta", observa el historiador Mees. La controvertida cineasta Leni Riefenstahl contaba en sus memorias que Hitler le confesó algo parecido: "Habríamos conquistado Leningrado y Moscú. No hubiese habido ningún Stalingrado".

Una vez ocupado, el país fue dividido en tres zonas que quedaron bajo dominio de Italia, Bulgaria y Alemania. "Los nazis se reservaron la explotación de los bienes en las tres demarcaciones y, además de desmantelar la industria, se incautaron de todas las cosechas", relata el historiador. La requisa de alimentos, unida al bloqueo marítimo que ejercían los aliados, dio como resultado una de las mayores hambrunas registradas en Europa. Se calcula que en el invierno posterior a la ocupación nazi fallecieron unas 300.000 personas por falta de alimentos.

La política de rapiña generalizada se hizo aún más patente en 1942, cuando los nazis obligaron al Banco de Grecia a suscribir un préstamo de 476 millones de marcos para financiar los gastos de la ocupación, es decir, los suministros y las pagas. La impresión masiva de dracmas para satisfacer las demandas de los ocupantes trajo como resultado una inflación astronómica y la práctica desaparición del sistema monetario. Se volvió al trueque y el oro se hizo imprescindible para cualquier transacción de cierta envergadura.

Pero el desmoronamiento de la economía fue la menos grave de las secuelas de la ocupación. Los búlgaros, que como buenos vecinos siempre habían reclamado parte del territorio griego, implantaron en su demarcación una política de asimilación que se tradujo en la expulsión de los funcionarios, el cierre de escuelas y la prohibición del idioma. La consiguiente insurrección se saldó con un castigo feroz: el Ejército búlgaro borró del mapa aldeas enteras.

Los búlgaros se limitaban a copiar los métodos de los nazis, que llevaron a cabo una política de tierra quemada en represalia por las acciones guerrilleras. Los partisanos griegos, muy activos, se convirtieron en una pesadilla para los ocupantes: saboteaban vías de comunicación, robaban suministros en audaces golpes de mano y se anticipaban a los movimientos de los nazis gracias a su conocimiento del terreno. Los alemanes reaccionaron con una inusitada ferocidad y llevaron a cabo acciones "ejemplarizantes" que se tradujeron en el asesinato de poblaciones enteras. Nombres como Kommeno, Distomo, Kalavrita o Ligiades se hicieron merecedores de un espacio en la historia de la infamia después de que sus habitantes fuesen ametrallados sin distinción de sexos o edades.

Los nazis se retiraron de Grecia en 1944. Se estima que medio millón de griegos perdieron la vida en la ocupación. "Así como hay plena conciencia de otras muchas barbaridades del régimen nazi, Alemania ha tardado en reconocer las atrocidades que se perpetraron en Grecia", reflexiona el historiador Ludger Mees, que admite que en su país natal no hay una memoria muy sólida de lo que allí ocurrió. "Puede que hayan faltado reflejos, es cierto, pero eso no justifica que el Gobierno griego envenene las relaciones entre los dos países con la amenaza de una demanda que, si alguna vez llega a formalizarse, traerá muchos más inconvenientes que ventajas a ambas partes".”

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