3 d’ag. 2021

lenguas exiliadas, 3

 

Un solar abandonado

Mohamed El Morabet


218 páginas

Sitara, 2018

Primera novela del traductor, politólogo y columnista Mohamed El Morabet (Alhucemas, 1983).

El Morabet, nacido en el Rif pero está afincado en España desde su adolescencia, pertenece a ese reducido grupo de escritores de origen magrebí que forman parte de la literatura española.

SINOPSIS:

Un solar abandonado cuenta la historia de un traductor marroquí afincado en Madrid (no es exactamente el alter ego de Morabet, aunque quizás haya semejanzas) que viaja a Alhucemas, su ciudad natal, con la esperanza de llegar al entierro de su abuela. Un viaje en el que se mezcla la huida de una vida desorientada con el deseo de encontrar en el pasado alguna clave para el futuro, se funde la realidad con los sueños, la narración literaria elaborada con los textos inexistentes en una lengua oral, el Marruecos de nuestros días con las pautas de incomprensión que todo inmigrante arrastra.

“Una de las preguntas que se le planteaba repetidamente a Amin Maalouf y que le animó a escribir su ensayo Identidades asesinas fue: ¿Se siente más libanés o más francés? Afortunadamente, han pasado más de veinte años desde que se publicó el libro (la primera edición es de 1998) y no creo que sea necesario cuestionar en la actualidad ―aunque el debate sobre la identidad nacional, «Las identidades totémicas», usando la expresión de Juan Goytisolo, esté de moda, parece producto de una sociedad del pasado más que del futuro― con una pregunta parecida a un vecino de Madrid, de Paris, de Barcelona, de Nueva York o de Berlín. Esa es al menos mi sensación. Rara vez me he topada con alguien que me preguntase que si me sentía más marroquí o más español. Eso sí, a menudo se me pregunta por qué escribir en español y no en otra lengua de las que hablo.

Mi respuesta suele oscilar entre citas de dos escritores. La primera pertenece a Joseph Conrad, que no con cierta palmaria defensa de la lengua inglesa afirmó: «…de no haber escrito en inglés, nunca habría escrito ni una sola palabra». Mi realidad confirma esto, no he escrito nada que no fuese en español. Además, el autor ahonda en esta defensa de forma más explícita en su autobiografía Crónica Personal: «Fue un acto muy íntimo, y por esa misma razón me resulta también misterioso de explicar. Proponerse explicarlo sería tarea tan imposible como proponerse explicar el amor a primera vista. Hubo en esa conjunción de reconocimiento exultante, casi físico, algo muy similar al rendimiento y al abandono emocional, así como el orgullo de la posesión propia; ahora bien, en todo ello no hubo la menor sombra de esa horrorosa duda que cae sobre la mismísima llama de nuestras pasiones perecederas. Supe en lo más hondo de mí que aquello era ya para siempre». Cuando el dilema se presenta y estoy pasando por unos momentos de desánimo, siempre me agarro a esta ferviente aclamación de Conrad para salir al paso de la situación. ¿Quién puede dudar de una declaración de afecto hacia una lengua pronunciada por las palabras que hacen viva y apasionante esa misma lengua?

La segunda cita corresponde a Vladimir Nabokov. En el apéndice Sobre un libro llamado Lolita, el autor afirma que «un crítico norteamericano sugirió que Lolita era el relato de mis aventuras amorosas con la novela romántica. El reemplazo de “novela romántica” por “lengua inglesa” habría sido más correcto». Recurro a esta cita cuando me siento invencible y con ganas de comerme el mundo. ¿Qué mejor aventura que adentrarse en las profundidades de una lengua, recorrer sus entresijos, reconocerte en el espejo de sus metáforas y sentir que a medida que aciertas y erras en el uso que le otorgas, puedes indagar sobre tu personalidad, tu pasado y, sobre todo, acercarte al sentido de la vida? Nabokov que era dado a las citas apócrifas, seguramente incluyó la palabra «aventuras» solo para enfatizar la energía y la pasión que se desprende de la idea de proceso en que se ve embarcado un escritor que decide escribir en una lengua que no es su lengua materna.

Lo curioso es que las dos citas remiten al mismo concepto: El amor.

«Amor a primera vista», según Conrad, que no es más que manifestar una decisión de lugar, es como decir que aquí, dentro los límites que me traza esta lengua, he hallado un hogar y ahora solo me falta cultivar un pequeño jardín ficticio con las semillas de las flores que he cosechado a lo largo de todas las lenguas por las que he pasado. «La mar en medio y tierras he dejado / de cuanto bien, cuitado, yo tenía; / yéndome alejando cada día, / gentes, costumbres, lenguas he pasado.», nos dice Garcilaso de la Vega.

«Aventuras amorosas», según Nabokov, con el español, que me incitan a esforzarme, a enfrentarme al territorio de la duda, a las decisiones de tiempo, que, al fin y al cabo, son las que nos hacen vibrar por dentro, resplandecen nuestros miedos y nos permiten también formar parte de algo más ambicioso que nosotros mismos.

Y los días más perezosos, que suelen ser los más, cuando la pregunta, ¿por qué escribir en español?, aparece curiosa y desafiante, respondo ¿por qué no?”

Mohamed El Morabet

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