28 d’abr. 2014

shoah, 2



"¿Cómo hacer que se vea lo que no tiene huella visible y es inimaginable? Esta sería la pregunta. Shoah, la película de Claude Lanzmann, es una respuesta.

La película no hace la Historia. No fabrica una memoria. No es la memoria de nada. Además, no recurre a ningún archivo. No es un documento sobre el pasado. No rememora ni conmemora nada. Shoah no es un monumento. Se aproxima lo más cerca y muestra. Película en presente. En el presente. Del presente. Hace que se vea algo que está allí y que invade. Que nos mira. Shoah no habla de un acontecimiento pasado, crea un acontecimiento para nuestra mirada, aquí, ahora. Shoah no es una película "sobre", es una obra que hace de la Shoah un acontecimiento visible en nuestro presente.

Hay que tomar esto tal cual, porque no solamente pienso que es adecuado decir que Shoah no es un filme "sobre" la Shoah, sino que lo que se llama hoy la "Shoah" es muy precisamente lo que muestra el film de Lanzmann. Sabemos, por otra parte, que el empleo regular del nombre de "Shoah" para designar la destrucción de los judíos en Europa —palabra hebrea que significa catástrofe, devastación y también tempestad, tormenta—, aun cuando ya se había utilizado no hacía mucho entre otros, se ha impuesto, desde y por la película de Lanzmann, en lugar de todos los demás nombres y precisamente contra el nombre, religioso y culpable a mi entender, de "Holocausto". Por lo que la película de Lanzmann no forma sólo parte del acontecimiento de la Shoah: contribuye a constituirla como acontecimiento.

El acontecimiento contra el monumento. En la medida en que Shoah constituye un acontecimiento y no un monumento, es por lo que mantengo también que esta película constituye una obra de arte."



Gérard Wajcman, escritor











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